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La edad de hierro-J.M. Coetzee

“La edad del hierro” y “Desgracia” son dos extraordinarias novelas difíciles de asimilar, como es difícil de asimilar lo que sucede hoy en tantas partes del mundo. Las situaciones, de pronto, escapan a todo control, los corazones se endurecen, la piedad, la compasión, desaparecen y ocupan su lugar el odio, la crueldad, la indiferencia. Todo esto son palabras, sin duda, y lo que escribe Coetzee no son más que ficciones. La señora Curren no ha existido nunca, Vercueil no ha existido nunca, Bheki no ha existido nunca, Magda no ha existido nunca, Lucy no ha existido nunca; no importa cuántas veces nos repitamos que no han existido nunca porque sabemos en nuestro fuero interno, como se decía antiguamente, que nos estamos engañando, que han existido siempre, que existen, en Sudáfrica y en otros lugares, y que seguirán existiendo. Porque en todos los naufragios siempre hay supervivientes, siempre queda alguien para contarlo. Texto: Manuel Arranz. “J.M. Coetzee y el nuevo realismo”_ Turia, 71-72, noviembre-febrero,2005.

Breve resumen:

Una mujer madura, condenada a muerte por un cáncer de huesos, escribe una larga carta a su  hija, quien vive en Estados Unidos alejada del infierno en el que se ha convertido su país natal y residencia de su madre: Sudáfrica, un escenario escabroso bajo el régimen del apartheid. El dia en que la protagonista regresa del médico con pésimas noticias, descubre a un vagabundo negro refugiado en su cobertizo, y así da comienzo una relación íntima y ambigua. Ni amigos ni amantes, ambos personajes se acompañan en una etapa personal e histórica especialmente dura. (Fuente: Random House Mondadori)

Tras leerlo:

La Señora Curren necesita encontrar su propio lenguaje. Para poder explicar su realidad, para hacerse entender, no valen las palabras de los demás, ella precisa hallar las letras adecuadas, las silabas que formen y conformen lo que precisa transmitir. Sobre todo en este momento (padece un cáncer incurable), y en este país (Sudáfrica en pleno apartheid). Tengo que encontrar mis propias palabras, que sean mías. De otra forma, no serán verdad.

¿Qué resta cuando una ha emprendido el camino del no retorno?, ¿cuándo en las palabras de un médico se acaba todo?. Una mujer anciana, cuyo cuerpo está terminado y sentenciado, tantea en la oscuridad para tratar de encontrar la manera de transmitir a su hija ,en una larga carta, todo el desolador mundo que la rodea, toda la tristeza acumulada, todo el amargor bebido a sorbos.

Se apoyará en Vercueil, el vagabundo que viene de la nada, que es ese lugar en el que deben de estar las personas como él, de la nada que huele a vino barato y a cuerpo sucio y viejo; de la nada, que se acomoda entre cartones y miradas perdidas. Extraña pareja la que conforman ambos, entre ama-criado, marido-mujer, blanca-negro. ¿Qué les queda a ambos si no es aliviar la soledad acercándose al calor de otro cuerpo?.

Y de fondo todo aquél régimen atroz. Los distritos segregados donde mujeres arden en llamas mientras piden ayuda y los niños se ríen ante ellas y echan más gasolina. Una guerra sin límites. Una lucha que empezaron los blancos y que ahora replican los negros. Niños preparados para volver encima del escudo. Sentenciados a una situación de la que no podrán huir con vida. Niños a los que se les ha hurtado su limpia infancia, su soñadora juventud y que deben portar armas, enfrentar al enemigo, ser acorralados y ajusticiados. Sangre y más sangre.

El discurso se evidencia en esta novela. La anciana y su despertar ante un mundo lleno de atrocidades, que llaman a su puerta. En realidad, da igual quién detente el poder, la situación se perpetuará y continuará, en este mundo donde la humanidad parece que ha huido para siempre. La Señora Curren siente vergüenza de los tiempos en los que vive e intentará oponerse a los otros que fingen ignorarla pero que tienen que escucharla a pesar de su vejez, aunque no logra detener ningún avance, no está en su mano. Espectadora del drama, incomprendida por todos, parece deslizarse a tientas para intentar no pisar las minas que tiene sembradas allí por donde pasa. Minas de dolor infinito, de amargura y rencor. Imposible llegar a entender algo, cuando todos los límites se han sobrepasado, la tarea de tratar de encajar las piezas es titánica, excesiva para un ser humano. Y, sin embargo, al final ella hace algo, intenta algo para que la injusticia no campe al menos tan a sus anchas, ella se enfrenta e intenta.

Coetzee vuelve a la carga con muchos de sus temas recurrentes: el fin de la vida privada, los perros, la muerte tan cerca, el apartheid y la soledad del alma humana, del alma blanca, del alma negra. Con toda su aridez, también como siempre.

Niños de hierro, he pensado. Florence también es un poco de hierro. Es la edad de hierro. Después de la cual viene la edad de bronce. ¿Cuánto falta para que les llegue el turno de regresar a las edades más amables, la edad de arcilla y la edad de tierra?.

Ficha:

  • Título original:  Age of iron (1990)
  • Idioma: Inglés
  • Traducción al castellano:  Editorial Random House Mondadori (2003)
  • Traductor: Javier Calvo
  • Imagen portada del libro: @Abbas/Magnum, archivo
  • Premios: Premio Nobel de Literatura (2003)
  • Otras publicaciones de esta obra/ Otras obras traducidas:
4 comentarios Escribe un comentario
  1. Mónica G.P. #

    Siempre que empiezo a leer a Coetzee, tengo la certeza “de que me va a entender”, de que lo voy a comprender. Él no sabe cuánto se está pareciendo la Argentina a Sudáfrica ¡Cuánto! Acabo de leer La edad de hierro. Soy jubilada, tengo cáncer y un hijo en Europa.Todavía no me estoy muriendo. Pero vuelve a sorprenderme. Es increíble cómo relata tanta soledad, tanta crueldad, tal desesperanza social y sin embargo encuentra algo maravilloso, animal, piadoso, en ese abrazo final.

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    4 octubre, 2014
    • Hola Mónica,
      Ante todo gracias por acercarte al blog.
      Me has dejado intrigada con tu comentario, ¿en qué sentido Argentina y Sudáfrica se están pareciendo?
      Gracias y un abrazo

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      5 octubre, 2014
      • Mónica G.P. #

        La Argentina viene descomponiéndose desde hace muchos años. La falta de educación y justicia, la corrupción política, han engendrado una violencia social salvaje que para robar un celular te abren la cabeza de un palazo o tres tiros o te prenden fuego. Los jóvenes no tienen trabajo, ni saben ni quieren tenerlo porque serán explotados y no les alcanzará para nada. Son los “ni ni”, ni trabajan ni estudian. No tienen esperanza, su vida no vale nada y por lo tanto la del prójimo tampoco.Ya hemos tenido en los 70 la lucha armada clandestina y resultó devastada toda una generación. Lo único que se desarrolló es la corrupción. Sólo un grupo de “blancos” seguimos viviendo como si hubiera normas y los poderosos continúan robando y acumulando riquezas sin ninguna vergüenza. Sin vergüenza no hay futuro.Ni esperanza.
        “Pero ¿por qué tengo que aceptar que mi vida habría sido absurda independientemente de quién detentara el poder en este país? El poder es el poder, al fin y al cabo. Invade. Es su naturaleza. Te invade la vida.” Coetzee.

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        5 octubre, 2014
      • Tremenda la situación que describes, que no es solo la realidad argentina.

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        5 octubre, 2014

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