Saltar al contenido.

Jean Genet en Tánger-Mohamed Chukri

cubierta_diario.indd

Tánger, la ciudad-mito, la ciudad soñada a la que acudían los intelectuales y escritores americanos y europeos. Por allí pasaron, Burroughs, Jack Kerouac, Gore Vidal, Capote y los Bowles, entre muchos más. En aquellos días la ciudad estaba en pleno esplendor y tenía fraguada una fama de ciudad cosmopolita, abierta, tolerante e internacional. Todos querían ir a Tánger. En “Diario del ladrón”, Jean Genet escribía lo siguiente sobre la ciudad: “Hubiera querido embarcarme para Tánger. Las películas y las novelas han hecho de esta ciudad un lugar terrible, una especie de garito en que los jugadores negocian los planos secretos de todos los ejércitos del mundo. Desde la costa española, Tánger me parecía una ciudad fabulosa. Era el símbolo personificado de la traición“. En 1969, tal y como se rememora en este libro, había perdido toda su gloria, todo su brillo; Tánger  ya no volvería a ser nunca la misma.

Jean Genet, de padre desconocido y abandonado por su madre, vagó por orfanatos y correccionales, vivió en la calle y a los diez años ya era un ladrón, se prostituyó con hombres para sobrevivir y malvivió entre miseria y privaciones; su vida no fue un camino de rosas. Escribió en la cárcel para poder salir de ella (pasó intermitentes periodos entre rejas durante toda su vida, tras diez condenas consecutivas estuvo amenazado con la cadena perpetua) lo que él, en este libro, denomina como “literatura”: sus novelas, a sus obras de teatro no las da esta consideración.

Mohamed Chukri coincidió con él por primera vez en 1968 en un Café e inmediatamente quiso conocerlo y se presentó. Así comenzó una relación que trasladó a la escritura y que continuó más allá de 1974, año a partir del cual ya no quiso plasmar más en ningún libro sus conversaciones con él, paró cuando supo que a Jean Genet no le agradaba que siguiera escribiendo sobre él.

Mohamed Chukri y Jean Genet tenían mucho en común. Ambos se vieron obligados a vivir en la calle, siendo unos niños, sufrieron la miseria y tuvieron que pasar por crudas experiencias para poder sobrevivir. El marroquí nos lo contó en su obra “El pan a secas”, en donde narraba, con su peculiar estilo seco y directo, cómo su padre había dado muerte a su propio hijo. El francés lo hizo en “Diario del ladrón”, dando forma a la miseria desde un lirismo sórdido, en donde confesaba que había llegado a prostituirse con hombres para poder sobrevivir. También ambos sufrieron la censura e incluso la prohibición en el caso de Jean Genet en sus obras.

Chukri, siempre directo y ágil, nos describe en un libro de apenas 160 hojas al mítico Genet. De trato difícil, esquivo, imprevisible (podías esperar de él un beso o una bofetada), huraño, difícil, solitario, generoso y solidario con los más pobres, a contracorriente (se aloja en el Minzab, paradigma del colonialismo), transgresor y en frontal oposición  a los poderosos o enriquecidos. En el libro aparece un Jean Genet tranquilo, que solo a veces hace asomar al que fue, defendiendo el robo, en aquella Tánger “paraíso de los homosexuales“.

El marroquí quiere sobre todo hablar con él de literatura, y muchos de los pasajes de este libro giran en torno a la misma. Se menciona a Sartre en varios momentos (el filósofo escribió un largo ensayo en el que psicoanalizaba a Genet)  y vemos cómo un Genet ,a favor del pueblo palestino, pasó de la amistad a la enemistad debido al odio que el filósofo empezó a manifestar hacia lo árabe y lo musulmán. Pero también se habla de Stendhal, de Dostoievski, de Mallarmé o de Camus (que no gozaba de las simpatías de Genet, “escribe como un fanfarrón” pero sí de las de Chukri).

Sin embargo, a Genet le interesaba la política, no así a Chukri. Le interroga sobre el Sáhara para saber su opinión y Genet narra el momento en que tuvo acceso a los campos de refugiados en los Territorios Palestinos, llegando a entrevistarse con Yasir Arafat. A Chukri, en cambio, todo aquello no le interesa en absoluto.

Wiliam Burroghs prologó este libro y escribió lo siguiente: “Leyendo el diario de Chukri, veo y oigo a Genet con tanta claridad como si estuviera viendo una película sobre él. Para lograr semejante grado de precisión refiriendo hechos y palabras, se requiere una visión singularmente penetrante“. Lástima que en esta edición no se haya incluído dicho prólogo. A cambio tiene un epílogo en el que se nos dan algunos datos más sobre los últimos días de Jean Genet. Es El Katrani, el marroquí que adoraba a Genet, el que se lo cuenta y Chukri, quizás reconociéndose a si mismo en la actitud del escritor francés haciendo frente al cáncer elogia cómo vivió dignamente y afrontó su muerte a solas, sin pedir ayuda a nadie.

Estábamos en la terraza del Café de París. 

 -Jean, parece triste hoy-le dije

-Yo siempre estoy triste, y sé muy bien por qué.

Respeté su tristeza. Yo también tengo la mía.

Ficha:

  • Título original:  Jean Genet fi tanya (1992)
  • Idioma: Árabe
  • Traducción al castellano:  Editorial Cabaret Voltaire (2013)
  • Traductora: Rajae Boumediane El Metni
Todavía no hay comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: