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Tierra sonámbula- Mia Couto

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El 27 de mayo de este año, Mia Couto recibió el “XXV Premio Camões”. Se trata del premio más prestigioso de literatura en lengua portuguesa. Fue creado en 1998 por los gobiernos de Brasil y Portugal con el objetivo de estrechar los lazos culturales de los países lusófonos a través de sus escritores más representativos. Otros escritores galardonados anteriormente con este premio han sido José Saramago, Antonio Lobo Antunes o el angoleño Artur Pestana, pepetela. El primer escritor mozambiqueño que ganó dicho premio fue el poeta José Craveirinha, en 1991.

“Estoy harto de vivir entre muertos”, dice Muidinga uno de los dos protagonistas de esta novela, lo mismo podría haber afirmado Mia Couto, quien decía en una entrevista1: “Tengo 42 años y he pasado la mitad de mi vida en guerra”. Esta es la realidad de la que parte esta extraordinaria novela que nos adentra en un país, Mozambique, en plena guerra [tras la independencia en 1975, estalló el conflicto civil que se mantuvo hasta 1992]. Vivir entre muertos y, a pesar de todo, sobrevivir; marchitos y desesperanzados. Escrita en portugués, el traductor nos advierte de la dificultad de su tarea ante la riqueza del texto (el autor suele jugar  con el lenguaje y crear neologismos, alterar la sintaxis, y servirse de la tradición oral y de los proverbios), con gran cantidad de frases escritas en alguna de las lenguas mozambiqueñas  que, Mia Couto, junto con el portugués,  ha utilizado en la novela.

Se inicia la historia con la llegada, a un machimbombo (autobús) quemado, de dos seres que parecen venir de la nada,  del lugar donde han sido despojados de todo, en un momento en el que parecía que todas las sombras habían caído sobre el mundo (esta situación inicial me recuerda, ahora, a la planteada en el libro “La carretera” de Cormac McCarthy, en la que un padre y un hijo caminan huyendo de un infierno apocalíptico). Los camineros, en este caso, son el crío Muidinga, abandonado a su suerte  y el viejo Tuhair que lo ha acogido bajo su protección.

Entre los restos del esqueleto quemado del vehículo encontrarán una maleta con los papeles que alguien ha abandonado; son los Diarios de Kindzu y, gracias a ellos, ambos pasarán las noches repasando aquellas vidas ajenas que reviven al ser leídas y les hacen huir de la realidad maldita que les rodea de la que ya ni se asombran, escuchando el matraquear de la muerte, lamentos de vidas que se apagan formando parte del paisaje. Erráticos en su caminar, volverán una y otra vez, al autobús, como si necesitaran completar un círculo.

De las sucesivas lecturas iremos descubriendo, entre asombrados y horrorizados, hasta dónde puede llegar a alcanzar el sufrimiento de un ser humano. Pero también los esfuerzos por mantener con vida a un hijo, ante la amenaza de rifles y cuchillos; la desesperación ante la incomprensión de los que lo dividen todo “en razas”; la resolución de Kindzu en convertirse en un naparama, un guerrero en pro de la justicia para poner orden dentro del caos que todo lo pervierte; descubrimos la codicia, la crueldad, la soledad y el abandono, pero también el amor, la amistad y la entrega. Y, cómo no, la muerte.

Junhito el niño obligado a mutarse en pollo, el padre muerto cuyo barco meten en casa porque puede volver viniendo del mar, Siqueleto empeñado en  hacer manar ríos, Farida la mujer exiliada en las entrañas de un barco… Historias mágicas que se entrecruzan con las verdaderas, o igual es al revés. No se sabe muy bien en qué orilla te encuentras mientras avanzas por las páginas de este libro como si avanzaras por un mar lleno de sorpresas.

El texto sume al lector en un estado de  falso suelo o incertidumbre, el mundo de los sueños o de los muertos se aparece con sus fronteras livianas,  en contacto con los vivos. A menudo, esas fronteras desaparecen y nos encontramos leyendo en una especie de sueño profundo, sin saber si lo que leemos es real o fruto de un estado de sonambulismo que parece acompañarnos desde que iniciamos la lectura. No sé describirlo de otra manera.

Tiene algo este libro imprescindible, pura literatura, que te imanta y te hace difícil el cerrarlo del todo, es de los que se quedan pegados en la mente como una especie de nube durante días. Conmueve con sus frases y sus historias, tan llenas de poesía y belleza y al tiempo tan llenas de sufrimientos y silencios. Produce la sensación de hacernos entender que, a pesar de los pesares, el ser humano tiene resortes para continuar hacia delante, gracias a la fuerza y la dignidad que transmiten los personajes de esta novela.

Quizás sea que propone la lectura como vía para sobrevivir, para continuar, para reencontrarnos a nosotros mismos a través de ella, para sentir que formamos parte de una cadena subterránea y que, a través de los libros, los sueños, lo real y lo mágico, se puede seguir avanzando, huyendo del árido y terrorífico presente, como el crío soñador, como el viejo prodigioso, con toda su humanidad intacta.

-¿Esta guerra va a acabar algún día?

Asentí. Pero mi corazón se pequeñó, constreñidito. Farida quería saber más: saber el motivo de la guerra, la razón de aquel desfile de infinitos lutos. Recordé las palabras de Surendra: tenía que haber guerra, tenía que haber muerte. ¿Y todo para qué era? Para autorizar el robo. Porque hoy ninguna riqueza podía nacer del trabajo. Sólo el saqueo daba acceso a las propiedades. Era necesario que hubiese muerte para que las leyes fuesen olvidadas. Ahora que el desorden era total, todo estaba autorizado. Los culpables serían siempre los otros.

Ficha:

  • Título original:  Tierra Sonâmbula (1992)
  • Idioma: Portugués
  • Traducción al castellano: Ediciones Santillana, S.A-Alfaguara (1998)
  • Traductor: Eduardo Naval
  • Imagen de la cubierta: Víctor Abundancia.
  • Premios: Entre otros premios, en 1999 recibió el Premio Virgílio Ferreira, por el conjunto de su obra. En 2013 recibe el Premio Camões.
  • Otras publicaciones de esta obra:
    • “Tierra sonámbula”. Punto de Lectura
  •  Otras obras traducidas:
    • “Voces anochecidas”. Editorial Txalaparta
    • “El último vuelo del flamenco”. Editorial Alfaguara
    • “Cada hombre es una raza”. Editorial Alfaguara
    • “Raíz de rocío”. Diputación Provincial de Málaga
    • “Venenos de dios, venenos del diablo”. Editorial Txalaparta
    •  “Cronicando”. Editorial Txalaparta
    • “Jesusalén”. Editorial Alfaguara

Terra sonânbula, la película

“Terra sonâmbula” (Dirigida por Teresa Prata. 2007) http://www.cineol.net/pelicula/17409_Tierra-Sonambula

  • “En Mozambique, una tierra sonámbula camina en círculos” de Sergio Ceballos de La Torre. Crítica en castellano de la película, aquí.

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