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El brujo del cuervo-Ngugi wa Thiong’o

portada-brujo-cuervo_grande

Por escribir una obra de teatro en kikuyu (o gikuyu) crítica con el gobierno y por ponerla en escena con campesinos y trabajadores, el dictador Daniel Arap Moi ordenó su encierro en prisión. Y fue en la cárcel de máxima seguridad de Kamiti donde escribió, usando para ello el papel higiénico de su celda, la primera novela moderna escrita en lengua kikuyu, Caitaani mũtharaba-Inĩ (“El diablo en la cruz”, editada por Txalaparta en 1994). Este escritor habla del inglés como “lengua no africana” y por esa razón decidió que su narrativa posterior se escribiría en su lengua materna. En una reciente entrevista para la BBC se expresaba así:

Desde su brillante comienzo, El brujo del cuervo te hace subir a una atracción de la que no querrás bajarte con facilidad. Ngũgĩ wa Thiong’o condensa en más de setecientas páginas, cientos de historias y personajes llenos de originalidad, imaginación y magia. Se habla de “realismo mágico” y es que la narración no cesa de sorprendernos, entre la risa y la congoja. El “Sunday Times” de Londres reseñaba esta obra así: “Una traviesa y alucinante sátira sobre un dictador. Como si Saddam Hussein hubiera dado un golpe de estado en el País de las Maravillas y enviado a Alicia y al conejo a un campo de trabajo soviético.”

La trama se balancea sobre los extremos de lo trágico y lo hilarante en la imaginaria República Libre de Aburĩria. Un dictador, aupado gracias a una nube de seguidores, que son capaces de someterse a diversas operaciones de cirugía estética para llegar a ser su boca, sus ojos, su nariz y sus oídos, y que le mantienen en su estatus de “dios”. Un proyecto delirante, “Camino al Cielo” que no es sino una altísima torre, que se va a financiar por el Banco Mundial, a la que  mediante una nave espacial, se elevará al soberano hasta tocar (cómo no) el cielo. Un pueblo tiranizado pero no sometido, que hace interminables colas para conseguir trabajo. Una pareja mágica, que acaba convertida en el centro de los deseos de todos los que necesitan que la realidad sea de una forma diferente, “empujándoles” a mutarse en las dos caras de “el brujo del cuervo”. Y una especie de conjuro que hace que toda la historia arrastre, conmueva, divierta, entristezca, asombre y provoque que en nuestras bocas tan pronto aparezca la sonrisa como se nos quede la comisura helada.

Ngũgĩ wa Thiong’o echa mano de una desbordante imaginación para colocarnos en este universo que parece traído del sueño/pesadilla de un personaje de ficción. La descripción de las prácticas del dictador que somete sin atisbo de piedad y grandes dosis de egolatría a un pueblo que tiene que recurrir a vías extraordinarias para poder hacer frente a tanta barbarie y sinrazón. Un texto que nos habla sobre las imperfecciones no solo desde los ojos de occidente, sobre la falta de liderazgo en el continente africano, crítico con el Banco Mundial y con sus compatriotas que padecen de “blanquitis”. Una novela donde todo puede ocurrir al revés y ser las mujeres las que pegan a los hombres y los hombres los que se quedan embarazados. Ngugi hace de una mujer el “enemigo público número uno” y nos alerta de que una alta formación académica no conlleva pareja una buena gobernanza. La privatización, las ONG, las antiguas colonias, los lavados de cara de los regímenes dictatoriales para poder continuar (“todo tiene que cambiar para que nada cambie”), el torbellino de críticas no cesa, a cada cual más brillante, a cada cual más certera.

A veces desternillante, siempre satírica e irónica, con una elaboración tan perfecta que nunca cansa, excede con mucho lo que este blog puede comentar sobre este libro.

Pero la mierda sigue siendo mierda, aunque cambie de nombre-dijo Nyawira-Puede que las líneas de batalla no se distingan bien, pero no han cambiado.

Ficha:

  • Título original:  Wizard of the crow (2006)
  • Idioma: Original: Murogi wa Kagogo [kikuyu]: para la traducción: Inglés
  • Editorial:  Editorial Alfaguara-Santillana (2008)
  • Traductora: Susana Rodríguez-Vida
  • Número de páginas: 707

4 comentarios Escribe un comentario
  1. Omar Peña Reyes #

    Es como subirse en una montaña rusa e ir inventando el camino.

    Me gusta

    11 octubre, 2016

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