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Crónicas abisinias-Moses Isegawa

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Al final de la novela hay una “Nota del autor” en el que señala que, como muchos otros, este libro se apoya a su vez en varios libros. Isegawa señala cómo para documentarse para los pasajes del libro que hablan sobre la expulsión de los asiáticos de Uganda recurrió a From citizen to refugee de Mahmood Mandani. A menudo, a pesar de haber vivido un momento histórico, precisamos de puntos de vistas externos que nos ayuden a recolocar de nuevo todas las piezas. Entre muchas otras cosas, los libros a eso también ayudan. En Crónicas abisinias, se habla de las persecuciones étnicas en Uganda durante el régimen del dictador Idi Amin. En 1972, ordenó, iniciando lo que él denominó una “guerra económica”, la expulsión de los asiáticos del país (la mayoría de ellos eran indios; si hablamos de cifras, sobre 80.000). “Todo marchaba bien. Nos llevábamos bien con los demás hasta que Idi Amin lo arruinó todo”, dice un escueto cartel del proyecto Uganda Stories (Historias de Uganda), una idea del fotógrafo Sunil Shah, quien aquel año, (un año, por otro lado, tan cercano) siendo un niño, tuvo que abandonar Uganda junto con todos sus familiares.

Breve resumen:

Enmarcado en la reciente historia de Uganda, narra la vida de Mugesi, protagonista de este libro, en siete partes que empiezan con 1971: “Los años de la aldea” y termina con “Locuras del gueto”. Mugesi nace el mismo año en que Uganda obtiene su independencia y las lluvias torrenciales castigan el país, incluyendo su aldea, que abandonará para estudiar en un seminario católico de la capital. Decepcionado por la política del nuevo presidente, Mugesi se unirá a la guerrilla sólo para descubrir que la corrupción reina en todas partes. Gracias a la ayuda de una organización europea consigue viajar a Holanda. De este modo el autor consigue repasar todas las facetas sociopolíticas de su país, regalando una visión lúcida de las consecuencias del colonialismo, entrando específicamente en el día posterior a la emancipación de la metrópolis y la decepción de toda una generación (Fuente: Ediciones B).

Ficha:

  • Título original:  Abessijnse Kronieken (1988)
  • Idioma: El original fue escrito en inglés: “Abyssinian Chronicles” y la primera publicación se hizo en neerlandés, 1988 (De Bezige Bij, Amsterdam, Holanda)
  • Traducción al castellano: Ediciones B, S.A. (2000)
  • Traductor: Luis Ogg
  • Nº páginas: 462
  • Otras publicaciones de “Crónicas abisinias”: Punto de lectura, 2002

Tras leerlo:

No se trata de una novela autobiográfica (“La novela es 90 por cien ficción y 10 por cien realidad”) 1, pero hay mucho en los rasgos de Mugesi, su protagonista, en común con los de Isewaga. Si Mugesi, se vuelca en los libros gracias a un sacerdote, la afición por la escritura del escritor data de su época como estudiante en un seminario católico, etapa en la cual el sacerdote Emmanuel Kasajja le incentivó a probar suerte como escritor. Además, ambos fueron profesores y ambos emigraron a Holanda. Y, aunque podemos tomar la novela desde ese punto de vista, la descripción de la infancia, adolescencia y madurez de un ugandés de familia humilde, que nace con la independencia de su país, el mayor logro de “Crónicas abisinias” es conseguir, a través de un recorrido vital escrito con ritmo, minucioso sin que decaiga el interés, enseñarnos de manera clara lo que ocurrió en Uganda en la segunda mitad del siglo XX.

La acertada descripción de la vida cotidiana de la saga familiar de Mugesi está tan bien trazada que nos sentimos en el centro de la misma, mirando con ojos privilegiados de primera mano lo que allí ocurre. Mugesi no escamotea adjetivos ni situaciones y nos traslada página a página su senda vital de forma realista y directa. Si los primeros pasos son más inocentes y procuran una manera de ver la realidad ensoñadora y pícara, la entrada en la madurez llegará de forma dura e inolvidable.

De madre profundamente católica, Mugesi, va describiendo aspectos de la vida social, religiosos, políticos, económicos y culturales. Y lo hace desde la narración de historias imaginadas, plenas de personajes que nos arrastran y nos ensueñan. El niño que ha de ocuparse de sus hermanos menores, bajo la situación de poder, tratada a veces con humor y a veces con espanto, de unos padres que  Mugesi no duda en calificar como “déspotas” y cuya imaginación es alimentada por las historias que cuenta el tío Kawayida, crecerá sin pelos en la lengua, contándonos sus travesuras, sus pequeñas venganzas, su despertar sexual, su enamoramiento más profundo y sin salida, su propia pesadilla en forma de violación, sus logros como hombre de negocios y su contacto con la guerrilla.

Así, la visión en un primer momento positiva del golpe militar de Idi Amin, quien ayudado por militares británicos e israelíes derrocó a Obote, el hombre que les había llevado a la independencia (En las aldeas se bailó, se cantó y se celebró de muy diversas maneras. Yo, sinceramente, no sabía qué pensar), acabará tornándose en desilusión primero y en lamento después.

La religiosidad exarcebada (yo no estaba dispuesto a cambiar una dictadura por otra), personificada en su madre Candado (también conocida como Sor Pedro) y el proselitismo religioso, son también objeto de punzante critica, al igual que la actuación de las ONG (en su versión más deplorable). Junto a ellos aparecen: la dictadura con sus sangrantes consecuencias (violaciones, detenciones arbitrarias, asesinatos, persecuciones…); la corrupción, la vuelta obligada por los grandes poderes occidentales de los asiáticos expulsados (antes vistos con conmiseración y ahora como rivales); el horror de estar en un territorio donde no hay leyes, ni justicia, donde la impunidad reina sin control ninguno, y el colonialismo y sus independencias, como el gran e inhumano telón de fondo.

Leer “Crónicas abisinias” es acompañar durante horas a un niño que va creciendo, sorteando miles de obstáculos y momentos que, nosotros, pobladores de esa área que hemos consensuado en llamar “Norte”, solemos calificar como duros e injustos cuando hablamos de lo ocurrido con las áfricas. Nada puede devolver los momentos del pasado que podían haber sido de otra manera. Queda la memoria, sí, en este caso lo escrito, como testimonio y punto de partida para emprender el viaje (¿alguna vez será el definitivo?) hacia el “País de Nunca Jamás”.

El padre Gilles Lageau tenía el aspecto de Sean Connery en el papel de James Bond. A su lado, Kaanders parecia un pordiosero pidiéndole limosna a un fornida surfista californiano. El viejo, con su pelo estropajoso, su artritis, sus esfínteres flojos y sus dientes cariados, apenas podía seguir al jactancioso norteamericano. Desde el principio quedó claro que si se establecía una relación entre ellos sería por la insistencia de Kaanders al respecto. Observábamos a los dos blancos casi desde un punto de vista antropológico. Estábamos fascinados por los contrastes del mundo occidental, al menos por una temporadita.

Sobre el  autor:

El escritor Wava Sey, cuyo nacimiento se produjo en Uganda el 10 de agosto de 1963, es reconocido dentro del universo intelectual bajo el seudónimo de Moses Isegawa porque así ha decidido este autor que en 1995 obtuvo la nacionalidad neerlandesa, firmar sus materiales. De su infancia y juventud se sabe que parte de ella transcurrió en Kikunganya en compañía de su abuelo Yosef Muwanha, mientras que la restante tuvo lugar en Masaka, la localidad que habían elegido sus progenitores para establecerse.Su afición por la escritura data de su época como estudiante en un seminario católico, etapa en la cual el sacerdote Emmanuel Kasajja lo incentivó a probar suerte como escritor.Tras dedicarse durante cuatro temporadas a enseñar Historia en una escuela de Uganda, quien fuera estudiante de la Universidad de Makerere decidió marchar a los Países Bajos en busca de un futuro mejor.Instalado en Beverwijk, este talentoso integrante del denominado grupo de la literatura de inmigrantes de Países Bajos (conjunto al cual pertenecen también personalidades como Abdelkader Benali, Kader Abdolah y Hafid Bouazza) se ocupó primero de aprender neerlandés y, más tarde, se animó a dar sus primeros pasos como generador de contenidos literarios. Regresó a su tierra natal en 2005 pero aún conserva la ciudadanía neerlandesa. (Fuente: Poemas del alma).

Para saber más:

  • Entrevistas:
  • Críticas/reseñas sobre “Crónicas abisinias”: 

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