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Cartas abisinias- Arthur Rimbaud

cartas-abisiniasBreve resumen:

En el verano de 1880 Rimbaud parte de Chipre con destino incierto hacia las ciudades costeras del Mar Rojo. Desde allí se interna en Etiopía, pasando a vivir largas épocas en Harar. Once años después regresaría a Marsella, en la costa mediterránea de Francia, para morir. Tenía 36 años. Las cartas de esa época de su vida, apenas nos dan atisbos del sufrimiento de una persona que había perdido su lugar en el mundo. Son cartas que cuentan proyectos, casi siempre poco realistas, y el deseo, por encima de todo, de conseguir establecerse como un feliz burgués, una pacífico padre de familia en la lejana y húmeda Francia. Una historia de desarraigo en que el poeta va poco a poco avanzando hacia la soledad en tierra africanas y que no regresa a su patria más que a morir trágica y prematuramente. (Fuente: Ediciones del Viento)

Ficha:

  • Título original:  De la edición de Éditions Gallimard,1972
  • Idioma: Francés
  • Traducción al castellano: Ediciones del Viento, 2010  www.edicionesdelviento.es
  • Traducción, notas, prólogo y epílogo: Lolo Rico, con la colaboración de Marijose Oliver
  • Fotografía de portada: Arthur Rimbaud, primero por la izquierda, entre un grupo de cazadores. Sheikh-Othmanin cerca de Adén (Yemen). Ca. 1882. Archivo Revista Poesía.
  • Nº páginas: 245
  • Otras publicaciones de esta obra: “Cartas abisinias”. Editorial Tusquets.

Tras leerlo:

En estas cartas nada extraordinario ocurre, siendo precisamente eso lo extraordinario, proviniendo de quien vienen. Rimbaud había abandonado la poesía y su vida y se había marchado a África. Ahora sabemos que quería hacer dinero. Huía, parece ser. ¿De su escandalosa vida en París?, ¿de su relación con Verlaine?, ¿de si mismo?. Tras su muerte, muchas preguntas quedaron sin responder y sus cartas fueron (siguen siendo) el objeto de estudio y de lecturas de muchas personas que buscaban un porqué. Sin embargo, pocas respuestas vamos a encontrar en sus cartas o, quizás, todas.

Por lo demás, las cartas son aburridas y desconcertantes al principio, cuando habla de planes comerciales, de dinero y de peticiones de libros con títulos como “Manual del viajante” o “Construcciones marítimas” a su madre y su hermana. Después descubriremos que aceptó el tráfico de armas (para suministrar a Menelik) y el tráfico de esclavos (sobre los esclavos, “si no lo hizo, sí que los utilizó para sus caravanas”[prólogo]) como manera de ganarse la vida. Entre tanto ni un verso. Lo que más sorprende es la desapasionada redacción de las misivas. De un poeta como él, se esperaría un mayor apasionamiento hacia su nueva aventura, una descripción sensible y luminosa de las tierras y las gentes por las que deambuló desde 1880-1891; Adén (Yemen), sobre todo Harar (Etiopía) y, en menor medida, Egipto.

A medida que vamos avanzando en las lecturas de las cartas, empezamos a comprender la soledad de Rimbaud, en un mundo ajeno, pero en el que continúa, lamentando la falta de vínculos afectivos (una esposa, unos hijos). Mucho se ha estudiado, especulado y hablado sobre los últimos años de Rimbaud. Hay pocas fotografías del poeta (si no me equivoco en la actualidad hay nueve). Esta (la que aparece en la portada del libro) fue tomada cerca de Adén (Yemen), Rimbaud es el primero de pie empezando por la izquierda. Es una figura enigmática, huidiza, en una postura extraña. Su rostro apenas se vislumbra, pero parece como si mirara huraño, grave y reflexivo. Sabemos que sufrió mucho al final y que estuvo muy solo.

La supuesta casa en la que vivió, durante su estancia (casi cinco años) en Etiopía, en Harar, una casa hermosa de madera, grande de tres pisos, construida por un comerciante indio y con coloridos cristales en las ventanas, no fue de su propiedad y no vivió allí. En la actualidad aloja una casa-museo. Si preguntas en Harar te dirán que le gustaba aquella vida, que estuvo con dos mujeres abisinias, que nunca se supo que era poeta. Podemos creer lo que nos dicen o no hacerlo en absoluto, podemos leer alguno de los libros que se han escrito sobre su persona (Enid Starkie escribió una biografía muy completa) y podemos peregrinar tras sus pasos como hicieron muchos. Evelyn Waugh, se sintió decepcionado al no encontrar ninguna pista sobre la estancia del poeta en aquellas tierras, tal y como expuso en su relato sobre la coronación de Halie Selassie, “Gente remota”. Como él, otros quisieron encontrar respuestas a algunas de las preguntas que giraban alrededor del poeta, intentando contestar a las múltiples interrogantes que se abrían tras su huida a África… ¿la razón por la que el poeta dejó de escribir versos?, ¿el motivo que le hizo abandonar toda su vida y refugiarse en el continente africano?, ¿los pasos que debió de dar para pasar de ser un poeta a un traficante de mentalidad materialista?…

Evelyn Waugh podía haber leído estas cartas (desconozco si estaban publicadas en su época y si lo hizo, en caso de ser así). Ya lo escribió Albert Camus:“Para mantener la leyenda uno tiene que ignorar estas decisivas cartas. Son sacrílegas como a veces lo es la verdad”. Leyéndolas se habría dado cuenta de que Rimbaud, el gran innovador, el luminoso poeta, el que en una carta a Georges Izambard en 1871 había escrito:”(…) Yo es otro … Nos equivocamos al decir: yo pienso, deberíamos decir me piensan”, no estaba en ellas, ni tampoco en Etiopía.

(…) Me aburro tanto como siempre; nunca he conocido a nadie que se aburra como yo. ¿Acaso no es miserable esta existencia sin familia, sin ocupaciones intelectuales, perdido en medio de negros cuya suerte nos gustaría mejorar, mientras que ellos sólo buscan aprovecharse y nos impiden solucionar nuestros asuntos en un breve plazo? Obligados a hablar su chapurreo, a comer su asquerosa comida y a padecer un sinfín de problemas debidos a su pereza, a sus traiciones y a su estupidez.

Lo más triste no termina aquí sino en el miedo de que poco a poco uno pueda embrutecerse, aislados como estamos de toda sociedad inteligente (…).

Harar, 4 de agosto de 1888

Fragmentos  de algunas de las cartas, aquí

Sobre el  autor:

Arthur Rimbaud nace en Charleville, Francia, en 1854. Hijo de un militar y segundo de cinco hermanos, muy pronto sufrió el abandono del hogar por parte de su padre, dejando a los hijos al cargo de una madre autoritaria. De temprana vocación literaria, escribe a Verlaine, ya consagrado poeta simbolista, que lo invita a reunirse con él en París. Su relación acabaría con la famosa trifulca del verano del 73. Regresó a Charleville, donde escribió Una temporada en el infierno y, en 1874 viajó a Londres, donde finalizó sus Iluminaciones. En 1880 llega a Yemen y permanecerá a ambas márgenes del golfo de Arabia hasta su regreso a Marsella, en 1891 con una pierna gangrenada, cuya amputación no lograría evitarle la muerte. (Fuente: Ediciones del viento).

En el año 1871 entra en contacto con Paul Verlaine por carta; éste, intrigado por sus versos misteriosos, le manda una carta con un tiquet de tren para París y le responde “Ven, querida gran alma. Te esperamos, te queremos”. Una vez instalado en la casa que Verlaine compartía con su mujer de 17 años, embarazada, éste y Rimbaud inician una tormentosa relación sentimental, que los llevaría a vivir como vagabundos, enfant terrible el uno, abandonado de sí mismo el otro, en vorágines bohemias y discusiones perpetuas. En una de ellas Verlaine disparó a Rimbaud en la muñeca, lo cual pareció definitivo: dos años de cárcel para el uno y el regreso al pueblo natal para el joven poeta, que terminaría entonces de escribir su famosa Una temporada en el infierno. (Fuente: La Central).

Obras: 

Para saber más:

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Un comentario el “Cartas abisinias- Arthur Rimbaud

  1. Pingback: Harar, ciudad amurallada de Etiopía | eaTropía

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Esta entrada fue publicada en 26 noviembre, 2013 por en No ficción, Vinieron de fuera y etiquetada con .
“La razón por la que escribo tanto sobre África es porque me indigna cómo es vista por el resto del mundo. Cuando la literatura sudamericana llegó a Europa cambió por completo nuestra perspectiva sobre los seres humanos. Pronto sucederá lo mismo con la literatura africana: entonces nos enteraremos de lo que tienen que decir sobre la humanidad” Henning Mankell.

“Desde luego había aprendido mucho sobre un pequeño y relativamente poco importante pueblo de África occidental” (El antropólogo inocente– Nigel Barley. 1983)

“A la gente le cuesta menos llorar que cambiar, una regla de psicología que la gente como yo aprendió en la calle siendo niño” (James Baldwin. 1977)

“Cuando se nos muestran escenas de niños muriendo de hambre en África, con un llamado para que hagamos algo para ayudarlos, el mensaje ideológico subyacente es algo como, “¡No pienses, no politices, olvídate de las verdaderas causas de la pobreza, solo actúa, dona dinero, así no tendrás que pensar!” (Vivir en el fin de los tiempos-Slavoj Žižek, 2010)

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