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El asesino de Banconi- Moussa Konaté

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Moussa Konaté nació en Kita (Malí) en 1954 y falleció el pasado 30 de noviembre en Limoges (Francia). Escritor pura sangre se dedicó primero a la enseñanza antes de abandonar su puesto de funcionario para dedicarse de lleno a lo que más le gustaba hacer: escribir, decisión que en su momento fue considerada una locura. En 1997, se convirtió en el primer editor de Malí creando “éditions Le Figuier”, especializada en literatura infantil, género muy poco desarrollado en Malí, después se abrió a novelas, ensayos o cuentos. Moussa Konaté quería crear con el Gobierno de Malí, una pequeña biblioteca en cada una de las escuelas. Dicen que el mejor homenaje que se le puede hacer a un escritor es leerlo; a uno como él, leerlo y comentarlo.

El asesino de Banconi” es una novela negra. Junto a este término vemos asociados otros parecidos como novela policiaca, de intriga o de supense, thriller… Muchas son las variedades que aparecen relacionados con el crimen y que requieren más reflexión de la que se le puede dar en esta entrada. En términos generales no es una literatura muy abundante en el continente africano. Achille F. Ngoye (Zaire-actual RD Congo, 1944) inauguró el género policíaco en 1996 con su novela “Agence Black Bafoussa”. Otros como Yasmina Khadra, Aïda Mady Diallo, Theo Ananissoh, Baenga Bolya, Henri Lopes o Abasse Ndione lo han cultivado. Moussa Konaté afirmó al respecto que la intriga policial era un pretexto, que lo importante era mostrar diferentes puntos de vista de la realidad maliense.

Ambientada en el pobre y marginal distrito de Banconi, salpicado de chabolas y de supersticiones, magia y religión, “El asesino de Banconi” comienza con un cadáver encontrado en las letrinas, al que seguirán otras dos muertes más. La incipiente revuelta de la gente, que se atribuye pronto a descontentos con el gobierno e intentos de desestabilizarlo, junto a la aparición de billetes falsos en la casa de un joven, indican que si no se remedia la Policía Política aplicará sus propios métodos para endosar las muertes al oportuno cabeza de turco. Es aquí cuando aparecen el comisario Habib y el inspector Sosso.

Habib, que aparecerá también en tres novelas posteriores de Konaté, “L’Honneur des Kéita” (2002), “Empreinte du Renard” (2006) y “La malédiction du Lamantin” (2009), ninguna traducida al castellano, es un policía con aires de intelectual, alto y delgado, de aspecto frágil.  Concibe su trabajo como un deber y es consciente de que nunca tendrá un final. Habib sabe que detrás de los índices de criminalidad hay múltiples factores, como le hace saber a su joven e inexperto acompañante Sosso: “Lograr que haya menos robos cuando cada vez hay más pobres; lograr que haya menos abortos clandestinos cuando hay cada vez más mujeres a las que no les queda nada más que su cuerpo por ofrecer; lograr que haya menos niños drogadictos cuando los padres bajan la guardia y las familias se hacen añicos”.

La religión ocupará un lugar predominante en la intriga. El Islam es la creencia mayoritaria y la que rige la vida de este humilde barrio. Junto con la superchería, la magia y los poderosos que se prevalen de su situación de poder para enriquecerse de manera impune. La corrupción que asoma por todos los rincones, policías que son sobornados, delincuentes con expedientes plagados de delitos que siguen libres, se mezclan con las condiciones de vida deplorables y sobre todo con los recónditos anhelos personales, inalcanzables si no media ya otro tipo de brujería. Trama ágil, de denuncia y de desenmascaramiento, se adorna con la ciudad de Bamako, que descubrimos rebosante de movimiento, con interminables atascos, surcada por un río Níger que asiste indolente a las “angustias e infamias de la ciudad” y que, a veces, no es tan hermoso.

El cementerio era un solar sembrado de hormigueros, arbustos y hierbajos pisoteados que se confundían con la tierra. Las tumbas, señaladas por montículos de tierra, se sucedían en desorden, algunas agrietadas, otras recién construidas, otras totalmente hundidas. Aquí y allá yacían osamentas de animales, porque el cemento servía a la vez de vertedero. (página 14)

Ficha:

  • Título original:  L’Assassin du Branconi (2002)
  • Idioma: Original: Francés. Ediciones Gallimard.
  • Traducción al castellano: Editorial Almuzara (2008)
  • Traductor: Antonio Lozano González
  • Nº páginas: 157
  • Portada: Ilustración de cubierta basada en obra de Lucian.
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Moussa Konaté (1954-2013)

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