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Buenos días, camaradas- Ondjaki

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La mirada de un niño puede ser un recurso para presentar realidades y hechos que bajo el prisma de un adulto costaría más explicar. Su lengua puede transmitir lo que observa sin más peligro que el de recibir una reprimenda de vez en cuando. Lo que un niño diga no tiene apenas consideración, quiero decir lo que diga en relación al mundo de los adultos. O es más fácil “quitarle hierro”. Por eso los mayores, cuando eso ocurre, miramos a los niños y les decimos: qué cosas tiene este niño. Es lo que le ocurre al narrador de “Buenos días, camaradas”, cuando desgrana en voz alta las verdades que contempla, “que ya no íbamos a tener monopartidismo y hasta tendríamos elecciones. Yo quise preguntar: ¿Pero cómo van a hacer elecciones si en Angola solo hay un partido y un presidente…? (pág.134). Una novela autobiográfica que narra, de manera conmovedora y lúcida, la infancia de Ondjaki.

El año pasado, Ndalu de Almeida que es su verdadero nombre, ganó el Premio José Saramago (que premia la obra publicada en portugués de autores con menos de 35 años) con “Os transparentes”, que es un retrato de la Luanda de posguerra, con sus desigualdades sociales y sus contrastes. “Este premio no es mío, es de Angola”, afirmó Ondjaki al recoger el premio que no es el primero, ni casi seguro el último que recibe. Además ha codirigido un documental sobre la ciudad de Luanda (“Ojalá crezcan Pitangas – historias de Luanda”, 2006). Y hace afirmaciones como esta: “para que la novela (se refiere a “El silbador”) sea literariamente verosímil, he tenido que “reducir un poquito” la versión de los hechos.”

Buenos días, camaradas” es una novela corta. “Es un libro muy especial para mí, dice en una entrevista para Afribuku, porque recuerda a los profesores cubanos de mi niñez desde una perspectiva afectiva y porque fue una obra escrita instintivamente. No tuve tiempo para pensar, simplemente escribí.” Su protagonista es un niño de unos diez años, que relata su día a día, desde una conciencia y visión del mundo que ya quisiera yo para muchos adultos.

Angola se adentra en sus primeros años como país independiente y el niño no entiende cómo puede haber quién estuviera a gusto bajo el dominio de los portugueses, “Pero Antonio…¿no crees que cada cual debe mandar en su país? ¿Qué es lo que estaban haciendo aquí los portugueses? (pág.14). Mientras para el niño, es inaúdito concebir que se pueda vivir sin libertades, personas como Antonio le contestan que con los portugueses no se vivía mal y que podía ir de un lado a otro sin problemas.

La recién lograda independencia (1975) asoma ya con uno de sus perfiles, la del dictador omnipresente y único ante el que se deben plegar para obedecer, incluso cuando pasa el coche. Al niño le sorprende descubrir que el presidente de Portugal camine sin escolta, todo lo contrario a lo que ocurre con el de su país. Más absurdo es el hecho de que los rusos tengan en Angola un mar propio (tras la independencia del país de los portugueses, se originó una guerra civil y con la Guerra Fría en un momento de pugna cada uno los movimientos independentistas buscó sus aliados: por un lado Sudáfrica y Estados Unidos, por otro Unión Soviética y Cuba): ” A lo mejor nosotros también deberíamos tener una playa para angoleños en la Unión Soviética” (pág.53).

Una obra cargada de ironía “un brindis también por nosotros, los niños, las “flores de la humanidad” como nos llamó el camarada profesor Ángel” (pág.112), de sentido del humor, y de ternura, con un niño con unos ojos grandes que va descubriendo el mundo y una voz que elige historias increíbles o no tanto. En Luanda todo es posible. “Exageradas o no, en Luanda era posible que sucedieran estas cosas. Es decir: una escuela entera huyendo a todo correr; unos a punto de ser atropellados por sus camaradas en el patio; otros desmayándose e incluso otros, o mejor dicho otra, saltando como un lince sin tocar el muro y sin dejar rastro en la arena (…) En fin, aquí en Luanda no se puede dudar de las historias que te cuentan. Hay muchas cosas que pueden suceder y otras que, sino pueden, terminan por suceder de alguna manera” (pág. 106).

No esperéis grandes acontecimientos, pero sí encontrar historias de amistad como la que une al niño con Antonio, un intendente de la casa paterna; de gratitud como la que siente hacia sus profesores cubanos; de imaginación y humor, como la que surge en torno a la historia del “Ataud Vacío” (que en el fondo es una historia terrible, cruel y que recuerda la violencia que aún les rodea) y también de tristeza ante una pérdida. Esas pequeñas cosas, nada más, ¿pero no es eso la vida?.

“Si esto que voy a decir es posible, entonces aquella noche tenía un olor cálido. Imagínense un olor que incluya rosas muy encarnadas, hojas de enredadera con un poquito de polvo, mucha hierba, ruido de grillos, ruido de babosas andando por encima de su propia baba, ruido de langostas, el ruido de una sola cigarra, un cactus pequeño, helechos verdes, dos hojas grandes de plátano y un aroma enorme de té de caxinde. Imagínense todo eso bien exprimido y yo creo que era el olor de esa noche.” (Págs.97-98)

Ficha:

  • Título original: Bom dia camaradas  (2003 )
  • Idioma: Original: portugués (Editorial CAminho, S.A, Lisboa)
  • Traducción al castellano: Editorial Txalaparta (2010)
  • Traductora: Ana M. García Iglesias
  • Páginas: 135
  • Otras obras traducidas al castellano de Ondjaki:
    • Y si mañana el miedo (2006)

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