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El escritor- Yasmina Khadra

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A estas alturas, quien más quien menos, sabe que detrás del nombre Yasmina Khadra se encuentra un escritor. Argelino por más señas y militar antes de dedicarse a la escritura. Su verdadero nombre es Mohamed Moulessehoul, pero tras seis novelas escritas con su nombre real, decide en 1989 publicar bajo seudónimo, fundamentalmente para poner fin a la autocensura que se había impuesto debido a la delicada situación política de su país y a su posición dentro del ejército. De todo esto nos habla en El escritor, que es una novela autobiográfica, tras la cual hizo pública su verdadera identidad lo que causó un gran escándalo tanto en Francia (en donde residía en aquella época) como en Argelia. Por un lado, porque muchos creían que sus obras estaban escritas por una desgarrada mujer argelina y al descubrir la verdad se sintieron decepcionados y, por otro lado, su pertenencia a un ejército que había perpetrado masacres le acarrea fuertes críticas. El descubrimiento también le ocasionó amenazas por parte de los integristas.

El escritor se lee con atención pero sin entusiasmo. Aporta, eso sí, el germen del nacimiento de la necesidad de escribir en Khadra y su amor por la literatura, lugares estos con los que se pueden identificar todos aquellos que, publicando o no, escriben. Y es, a la vez, un elogio al libro y a la lectura.

Mohamed es un niño feliz y despreocupado hasta el día en el que su padre, un ex-oficial del ejército argelino, decide ingresarlo en la Escuela de Cadetes, junto a su primo. Se trata de una ruptura terrible en su vida, de la que ya nunca más se recuperará. La relación con su padre, un hombre al que en un principio tiene idolatrado, se resentirá para siempre de esta decisión. A partir de ese momento, no volverá a tener la clase de sentimientos que albergaba hacia él. Sin embargo, su vínculo afectivo jamás llegará a romperse del todo. La descripción de los sentimientos del niño de nueve años que solo espera que su padre le abrace, mientras el otro se mantiene alejado, hierático y desapasionado, nos hace comprender hasta qué punto afectó a Mohamed aquella decisión. 

La visión del niño al que pronto colocan en un lugar tan disciplinado y rígido como es el cuadro militar, bajo órdenes férreas, sufriendo física y mentalmente y sintiendo un desamparo que no logra entender (a la Escuela de Cadetes van huérfanos, pero él no lo es), nos hablan de la pérdida de la niñez y su imposible retorno. La necesidad de mantener el vínculo con sus familiares es lo único que lo mantiene a flote, junto a su cada vez más creciente deseo por escribir. Khadra es un niño, y sus lecturas son las de un niño, leyendo Pulgarcito es cuando se dará cuenta de la fuerza del verbo, su lectura será como una iluminación: “Yo había nacido para escribir” (pág.95). Algo que ya se le mostrará como irremediable: “Lo que sí sé es que me han aportado lo esencial: el valor para aceptar mi destino y no renunciar nunca a lo que considero que es más fuerte que un destino, mi vocación de escritor” (pág.127).

El niño crece, y el joven Khadra vivirá sus primeros amores y contemplará cómo su pasión por la escritura no encaja en la disciplina militar de la que no escapará hasta la edad de cuarenta y cinco años cuando decide dedicarse a escribir, “Pero si como civil ya es sopechoso un escritor, ¿qué no será en el ejército? En la institución militar tienes derecho a llevar la cabeza bien alta a condición de que no sobresalga entre las demás. “(pág.212). De ese choque surgirá la necesidad de resguardarse bajo un seudónimo para poder escribir, como hizo con posterioridad. Porque Khadra necesitaba escribir como respirar, rodeado de unos padres a los que ama, pero que se muestran incapaces de llevar adelante una familia; un padre que repudia a su mujer y les obliga a vivir en la indigencia, una madre que es incapaz de vivir en su nueva situación, y una Argelia desesperanzada.

La lectura, en un entorno opresivo y duro, como tabla de salvación, que libera y abre horizontes. Una vez más.

La lectura era nuestra principal forma de evasión. Nos hablaba del mundo que tanto echábamos de menos, de gente que nos hubiera gustado conocer, de tierras lejanas y de otras civilizaciones: nos contaba las guerras, los dramas y las aberraciones de una humanidad en perpetuo cuestionamiento: nos explicaba los mecanismos de la gloria y la decadencia, nos enseñaba a conocer mejor a los demás y nos hablaba de acontecimientos en los que una escuela como la nuestra no tenía por qué fijarse. Teníamos sed de aprender, sed de vivir y de existir; no ya como matrículas, como individuos, con lo que eso supone en cuanto a estados de ánimo, aspiraciones, voluntad de ser distintos, de vestirse de manera distinta, de caminar de manera distinta en lugar de caminar al paso, de llevar el mismo uniforme y la misma cruz sin tener la posibilidad de examinar nuestra situación o de contar con todo. (pág.165)

Ficha:

  • Título original:  L´Écrivain (2001)
  • Idioma: Original: Francés
  • Traducción al castellano: Alianza Editorial, S.A. (2001)
  • Traductor: Santiago Martín Bérmudez
  • Nº páginas: 262

Lécrivain

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