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Lejos de Ghana- Taiye Selasi

lejos de ghana

A menudo me pregunto si el libro que tengo entre las manos lo habría llegado a leer de no ser por el “contexto”. Es decir, por el eco de críticas, elogios y reportajes que ha producido su publicación. Hace mucho tiempo, leí a un autor decir que a los libros se debería llegar sin nombres en las cubiertas. Una idea que ahonda en el bombo que se le da a ciertos títulos, algunos incluso sin haberse terminado de redactar, y que deciden tendencias, lecturas y ventas. Sobre esto hay mucho para hablar (lo haré). Con Lejos de Ghana (uno de los debut más publicitados de los últimos tiempos) también me ha pasado. Me explico; no he llegado a la novela con la mente en blanco, sin ideas previas ni imágenes probables sobre ella. No. Ya sabía quién era la autora, incluso había indagado un poco en su pensamiento al dar a luz ese término extraño que es el “afropolitanismo” y que tanto ha dado y dará que hablar. Lo difícil ha sido desembarazarme de todo ese ruido y dejarme llevar por la novela, por la historia, que es lo importante.

Por eso voy a realizar un nuevo ejercicio con este comentario, haré dos en lugar de uno: el primero, tratando el libro como una lectura sin referentes, ya que como la misma Tayie Selasie plantea: “Ojalá pensáramos en las novelas sin tener en cuenta el país o el continente de sus autores; que pensáramos solo en los mundos y los personajes que encierran” [1] y el segundo hablando sobre el mismo desde el conocimiento de lo investigado.

Lejos de Ghana, historia de una familia

Bolsa “Ghana must go”. Foto: http://www.alamodewearhouse.com

La novela se inicia con una muerte en solitario: la de Kwaku Sai, un reputado cirujano ghanés que emigró a América y luego regresó a su país de origen, en el que  construyó una casa que él mismo había diseñado y que nadie en Ghana quería llevar a la realidad. Kwaku va evocando trozos de su vida: el recuerdo de su primera mujer, su único amor y madre de sus hijos (Fola), el nacimiento de los mismos, y su ascenso y caída como cirujano. De forma fragmentada y difusa, se va contado la historia de una familia, de la que, a menudo, no tendremos datos suficientes para entender sus acciones y/o omisiones. Podríamos decir que se trata de una novela sobre el exilio, pero no.

El padre es un ser brillante y cobarde que no quiere afrontar la realidad, lo que provoca su infelicidad y por extensión la de los que le rodean. Porque ante un desgraciado devenir en su carrera profesional tomará una decisión de “huida”. Esa clase de decisiones que son irremediables y que producen ondas sísmicas alrededor. Los detalles, tan importantes en una vida: ese abrazo que no se dio, esa palabra que no se dijo. La postura de una madre que quiere lo mejor para sus hijos, pero que descubrirá el terrible lugar al que les envió. Ondas que envolverán las vidas de sus hijos, las de Kehinde y Taiwo, los mellizos, cuya belleza eclipsa todo lo demás. La vida serena y confortable de  Olu, el recto y solidario primogénito, o la de la acomplejada hija menor, Said. El momento en el que se toma un camino en la dichosa bifurcación, por miedo esta vez (¡qué paradoja¡ precisamente a perder el amor) y por el que ya no hay marcha atrás.

Una de las cosas que más llama la atención de la novela es la aparición de la belleza a cada momento. Bien sea la de la exuberante y verde Ghana o la de las personas. Sobre todo la de estas últimas. Porque Selasi parece decidida a hacer saber el precio que se paga por ser demasiado bella; como en el caso de Taiwo (¿su alter ego?), o por la absoluta carencia de la misma; como es el caso de la pequeña de la saga, Said: “invisible.No hermosa”.

‘Ghana must go’ (“Los ghaneses deben marcharse”) es como llaman en el oeste de África a una bolsa barata hecha de nilón o plástico resistente con estampado de cuadros, con la que el exiliado, el emigrante, almacena en ellas lo imprescindible para emprender su viaje. La expresión se popularizó en Nigeria en 1983, cuando el Gobierno forzó a miles de refugiados ghaneses a abandonar el país y da título (en el inglés original) a la novela de Taiye Selasi. Se tuvieron que marchar, como el protagonista de la novela, porque en Ghana, por ejemplo, en  mitad de una operación quirúrgica se apaga de pronto la luz y no se puede continuar. Y en algún momento tuvieron la necesidad de volver.

Selasie construye una novela que se convierte, a ratos, en un bucle que se envuelve en la propia escritura, como si tomara una idea y girara sobre la misma recreándose, re-escribiéndola. Sus personajes toman decisiones que pueden parecer poco creíbles u opacas, aunque se sigue hasta el final con atención, atrapados por unos personajes infelices en búsqueda de algo que jamás regresará. La incomunicación, en definitiva. La sensación de pérdida y la necesidad de encontrar un lugar al que llamar “casa”, bien sea un edificio, o el vientre de una madre sobre el que reposar. Lejos de Ghana habla de las experiencias brutales de la infancia perdida, que lleva a las personas a convertirse en islas de mayores, incapaces de amar.

Se paseaba por las casas de sus compañeros con una dolorosa sensación de anhelo, la necesidad de formar parte de un linaje, de sentir que descendía de una serie de rostros enmarcados. Que su familia careciera de antepasados era inquietante. Parecía sugerir que todo en ellos era fingido, falso. (pág. 277)

Lejos de Ghana, la narrativa africana en un mundo globalizado

Taiye Selasi

Foto: kalamu.com

Taiye Selasi impone en las fotografías por su físico exuberante, elegante, y que transmite seguridad en si misma. En 2005 había escrito un ensayo  titulado: ByeBye Barbar or What is an Afropolitan? acuñando un nuevo concepto el “afropolitanismo“ que no ha dejado de provocar críticas y contra-críticas. Selasi cuenta además con el amadrinamiento de la Nobel Toni Morrison, los elogios de Salman Rushdie y el trabajo de su agente Andrew Wylie, alias El Chacal. La persigue su estela de mujer cosmopolita (ha estudiado en Oxford y Yale, ha nacido en Londres, de padre ghanés y madre nigeriana, ha vivido en Nueva York y en Roma) y sofisticada (los y las afropolitas son jóvenes africanos políglotas, con estudios superiores y un buen nivel económico).

Lejos de Ghana, con tintes autobiográficos, propone un amalgama de culturas, desde la nigeriana y ghanesa hasta la americana. Todo aparece mezclado, sin que los protagonistas sientan necesidad de identificarse con ninguna de ellas. Son seres “despoblados” en este sentido. No tienen raíces en ninguna parte e incluso el engarce familiar se les ha roto. Quizás el único “lugar” al que podrían llamar “origen”. Son, eso que Selasie llama afropolitano, como ella misma: “mi hogar está donde está mi portátil”.

Selasie, de todos modos, carga también contra los afropolitas, “Ling y Olu haciendo el bien en climas cálidos, dos robots programados para sacar títulos universitarios, para obtener becas, androides dedicados a hacer el bien, la viva imagen de la perfección, de la perfección a la que aspiraban los nuevos inmigrantes, de la cobardía recompensada” (pág.146) y deja claro que estas personas no buscan una identidad.

Taiwo, una de las hijas de Kwaku Saia y Fola vive en Boston, y en un momento dado mirando las casas de su barrio, piensa “que la gente que vive en ellas está en su hogar. Y ella no. Ella también tiene una casa, pero no un hogar”. El desarraigo de los inmigrantes de primera o segunda generación, que no se sienten como “del lugar” a pesar de hacer sus vidas allí. Lo mismo que piensa la propia Fola, “En esta casa o en otra, con este pasaporte u otro, en Baltimore, Lagos, Boston, Acra, con ropa cara o de segunda mano, florista o abogada, viva o muerta, en el fondo tanto daba. Si uno podía morir sin identidad, disociado de todo contexto, entonces también podía vivir del mismo modo” (pág.125).

Sin embargo, al final del libro Selasie pone en boca de Fola esta reflexión “¿no podíamos haber aprendido, aprendido a no marcharnos? (…) Aprendimos a querer. Que ellos aprendan a quedarse” (pág.343).

Vives toda la vida en este mundo, en estos mundos, y sabes lo que piensan de ti, sabes lo que ven. Dices que eres africano y acto seguido tratas de excusarte, de explicar “pero soy listo”. Sin que ello implique nngún juicio de valor, simplemente lo sientes así. Dices “Asia, la antigua China, la antigua India” y todo el mundo piensa “ooh, la sabiduría ancestral de Oriente”. Dices “la antigua África” y todo el mundo piensa “irrelevante”. Polvorienta e irrelevante. Condenada. A nadie le importa una mierda. Quieres que te vean como algo valioso, no irrelevante, polvoriento y atrasado, ¿entiendes? (pág.331)

Ficha:

  • Título original:  Ghana must go (2013)
  • Idioma: Original: Inglés
  • Traducción al castellano: Ediciones Salamandra (2014)
  • Traductora: Rita da Costa
  • Imagen de portada:  Shutterstock / Elsa Suárez Girard
  • Nº páginas: 348

Ghana Must Go

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4 comentarios el “Lejos de Ghana- Taiye Selasi

  1. Mary Okeke reviews
    12 mayo, 2014

    Aún no me lo he leido. Esperaré, leerlo antes de leer tu reseña. Hay mucha publicicdad sobre este libro. En fin, te has entretenido?

    Me gusta

    • sfqu
      12 mayo, 2014

      Demasiado ruido previo, sí, pero no hay que dejarse llevar por las apariencias, cada cual que opine, después de leerlo, claro. Mejor la lees y comentamos. Un abrazo¡

      Me gusta

  2. Pingback: Los libros (no sólo) son para el verano - Wiriko

  3. Pingback: Los libros (no sólo) son para el verano | actua y comunica

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Esta entrada fue publicada en 8 mayo, 2014 por en Novela, Selasi, Taiye y etiquetada con .
“La razón por la que escribo tanto sobre África es porque me indigna cómo es vista por el resto del mundo. Cuando la literatura sudamericana llegó a Europa cambió por completo nuestra perspectiva sobre los seres humanos. Pronto sucederá lo mismo con la literatura africana: entonces nos enteraremos de lo que tienen que decir sobre la humanidad” Henning Mankell.

“Desde luego había aprendido mucho sobre un pequeño y relativamente poco importante pueblo de África occidental” (El antropólogo inocente– Nigel Barley. 1983)

“A la gente le cuesta menos llorar que cambiar, una regla de psicología que la gente como yo aprendió en la calle siendo niño” (James Baldwin. 1977)

“Cuando se nos muestran escenas de niños muriendo de hambre en África, con un llamado para que hagamos algo para ayudarlos, el mensaje ideológico subyacente es algo como, “¡No pienses, no politices, olvídate de las verdaderas causas de la pobreza, solo actúa, dona dinero, así no tendrás que pensar!” (Vivir en el fin de los tiempos-Slavoj Žižek, 2010)

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