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Dambudzo Marechera: El doppelgänger de la literatura africana

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En su novela, La casa del hambre (The House of Hunger, 1978), y en diferentes entrevistas, Dambudzo Marechera solía decir que su padre había muerto “atropellado por un tren del siglo XX”, que “había vuelto a casa con un cuchillo en la espalda” o que “su cuerpo había sido encontrado en el depósito de cadáveres del hospital acribillado a balazos”. Sin embargo, la realidad no tenía nada que ver con lo que contaba. Su padre, un empleado del depósito de cadáveres,  fue atropellado por un coche lo que le ocasionó la muerte y sumió al hogar en la pobreza. 

Dambudzo Marechera nació en la antigua Rodesia, (hoy, Zimbabue) en Rusape, 1952. Eran tiempos difíciles. En 1965 el gobierno de Ian Smith había realizado una “Declaración Unilateral de Independencia”, instaurando un régimen racista igual al apartheid de la Unión sudafricana. Marechera había comenzado sus estudios en el Zimbaue colonial bajo dominio británico, pero fue expulsado por su activismo en contra del racismo imperante de la “Universidad de Rodesia”, en 1973. Una beca le permitió marcharse a Inglaterra para estudiar en el “New College de Oxford”. Allí destacó por ser un alumno sumamente inteligente pero anárquico, y con mala reputación por su tendencia al alcohol y a las peleas en los pubs de Oxford. Con un cuadro descrito como esquizofrenia, intentó quemar la facultad y en 1975 fue expulsado por alteración del orden y por negarse a recibir tratamiento psiquiátrico.

A partir de este momento, Marechera empezó a tener problemas más graves. Sin una residencia fija, pasó mucho tiempo en la calle, lo que le expuso a muchos peligros. A punto de pasar por la cárcel por posesión de marihuana, estuvo durante meses viviendo con una comunidadw_dambudzo_marechera_f45dfiu ocupa. En 1978 publicó La casa del hambre y en 1979 recibió el premio Guardian de ficción. Apareció borracho y vestido de una manera extravagante en el acto de entrega del premio, tirando cubiertos al público reunido para la ocasión. De vuelta a su país natal, siendo ya Zimbabue independiente en la década de los 80, falleció a la edad de treinta y cinco años, a causa de una neumonía contraída tras serle diagnosticado SIDA, al igual que su compatriota la escritora Yvonne Vera, quien falleció a los cuarenta años.

Marechera pertenece a esa clase de autores predestinados a que se hable más de su vida que de su obra. Publicó tres novelas (en 1980 Black Sunlightuna y en 1984  Mindblast; or, The Definitive Buddy), un volumen recopilatorio de obras de teatro y poesía y una colección de poesía, Cemetery of Mind (1992).

La casa del hambre es una obra difícil de definir (algunos la denominan novela, pero también es una colección de relatos). Desde el principio, nos avoca a contemplar la dureza de unas vidas que navegan en un mar de pobreza y caos. La misma estructura (si se puede llamar así) de la obra es diferente, reflejo del hilo interior del narrador, una especie de voz íntima que se plasma en variados formatos. Exige una permanente atención por parte del lector y nos confunde al saltar en el tiempo y en el espacio, sin explicación. Supone una nueva manera de escribir, vanguardista y rompedora con lo que se venía haciendo hasta el momento.

“Cogí mis cosas y me fui”. Es el inicio de la novela y quizás la frase que mejor defina la actitud vital del protagonista, en continua mudanza, a la búsqueda de aquello que le sacie el hambre de salir de la situación en la que está, traspasar las puertas de la pobreza, el dolor, la violencia y la miseria, hacia un horizonte en el que poder expresar y exteriorizar todo lo que lleva dentro y en el que poder respirar. No sólo quiere salir de ese hogar mísero, con una madre prostituta y alcohólica, de aquellas minúsculas dependencias donde compartía cama con sus padres, también del ambiente asfixiante que impone la segregación racial. Incluso decide no usar su lengua materna: “el shona formaba parte del gueto del que me quería escapar” (pág. 192).

El protagonista nos hace partícipe de sus deseos de escribir y de sus preferencias literarias (hay un par de páginas que se las dedica al “Corazón en las tinieblas” de Conrad y en las que aprovecha para criticar al colonialismo, la actuación del hombre blanco en aquella Zimbabue que sufrió también la segregación racial), salpicándolo con entrevistas a si mismo y con la descripción de escenas tremendamente duras y violentas que hacen que la lectura se nos atragante en varias ocasiones. Y, a pesar de todo, contemplando esa extraña luz que tienen las narraciones contadas desde las entrañas. ¿Puede algo ser terrible y hermoso a la vez?.

“Igual que escuchar un grito”, así es como Doris Lessing describió la lectura de  La casa del hambre.

Viviendo en el centro te acostumbras a todas las especies que pueblan el infierno. A veces adoptan la forma de adolescentes: Dos-yo iba muy borracho-me dieron una paliza y me robaron sesenta y cinco dólares. Recuerdo que me dejó indiferente el uso de la violencia y la pérdida del dinero, que era todo lo que poseía (aquella noche). El incidente era como todo lo demás: un suceso natural en un entorno antinatural. (pág.182)

Ficha:

  • Título original:  The house of hanger (1978)
  • Idioma: Original: Inglés
  • Traducción al castellano: Sajalín editores (2014)
  • Traductora: María Remedios Fernández Ruiz
  • Imagen de portada:  Ernst Schade
  • Nº páginas: 196
  • Cine: Se grabó una película que no llegó a terminarse por las desavenencias entre director y escritor.
the house of hanger

The house of hanger. 1978

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3 comentarios el “Dambudzo Marechera: El doppelgänger de la literatura africana

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Información

Esta entrada fue publicada en 27 mayo, 2014 por en Marechera, Dambudzo, Novela y etiquetada con .
“La razón por la que escribo tanto sobre África es porque me indigna cómo es vista por el resto del mundo. Cuando la literatura sudamericana llegó a Europa cambió por completo nuestra perspectiva sobre los seres humanos. Pronto sucederá lo mismo con la literatura africana: entonces nos enteraremos de lo que tienen que decir sobre la humanidad” Henning Mankell.

“Desde luego había aprendido mucho sobre un pequeño y relativamente poco importante pueblo de África occidental” (El antropólogo inocente– Nigel Barley. 1983)

“A la gente le cuesta menos llorar que cambiar, una regla de psicología que la gente como yo aprendió en la calle siendo niño” (James Baldwin. 1977)

“Cuando se nos muestran escenas de niños muriendo de hambre en África, con un llamado para que hagamos algo para ayudarlos, el mensaje ideológico subyacente es algo como, “¡No pienses, no politices, olvídate de las verdaderas causas de la pobreza, solo actúa, dona dinero, así no tendrás que pensar!” (Vivir en el fin de los tiempos-Slavoj Žižek, 2010)

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