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El caracol obstinado- Rachid Boudjedra

cubierta_diario.inddRachid Boudjedra, (en árabe: رشيد بوجدرة), bilingüe perfecto, escribió su novela El caracol obstinado (1977) en francés, idioma que abandonó a partir de 1981 cuando se dedicó a escribir en árabe, para retornar al francés en la década de los noventa. “Me hice publicar en Francia-dice en una entrevista– para huir de la censura argelina hacia fines de la década de los 60, pero hubiera podido escribir en árabe. Reconozco, no obstante, que escribir en Francia da una repercusión mucho más importante que si hubiera escrito en Argelia; Francia, y sobre todo París, da una difusión universal.”

Su prolífica obra se inicia con una colección de poemas, Para dejar de soñar (1965) en los cuales aparecen algunos de los temas que desarrollará en su primera obra narrativa, El repudio (1972) en la que “desnuda los costados más alucinantes de la cultura árabe: la sexualidad desbocada, la superstición y la hipocresía conforman la trama novelesca de una infancia saqueada.”

A pesar de que se considera a Boudjedra  un escritor político, él se manifiesta en contra de dicha literatura, “Intento dar placer al lector por medio del texto; estoy en contra de la literatura comprometida. La literatura es como la música. ¿Por qué no se habla del compromiso político de la música? El escritor es como el músico, se da placer, escribiendo, y da placer al lector cuando lo lee… Nosotros obtenemos placer de leer a los otros también… “. En su opinión, “Toda la escritura es charlatanería”, (lo cual) “quiere decir que la literatura no tiene una misión, no tiene un mensaje para dar; es un parloteo simpático… Se parlotea con el prójimo pero se instruye haciéndolo…” Y continúa enumerando sus aportaciones, “Le ofrecí la lengua árabe, le ofrecí la relectura de la Mil y una noches, le ofrecí los sabios y filósofos, como Ibn Khaldoun. Lo digo sin pretensión, pero los franceses descubrieron a Ibnou Arabi, por ejemplo, a través de Rachid Boudjedra… Casi en todas mis novelas, hablé de Ibn Khaldoun… Yo magnifiqué siempre el costado positivo, rico, de la cultura árabe-musulmana, y siempre le conté, al Otro, de nuestra civilización árabe-musulmana… Yo no paré de hablar del costado científico, cultural y artístico de nuestra civilización…”.

Enseguida he pensado en los condenados a muerte. Semejante veneno podría humanizar seriamente la pena capital. Pero sería una lástima. ¿No estamos exterminando a las ratas? En realidad ése no es mi problema. Últimamente tengo tendencia a politizarlo todo. No debería hacerlo.  (Página 36)

En El caracol obstinado, un modélico, obsesivo y solitario funcionario de una ciudad del norte de África nos envuelve en sus pensamientos durante seis días. En un ejercicio de masturbación mental, en círculos que parecen girar y girar dentro de su cabeza, a través de repeticiones, nos muestra la rutina de un hombre obsesionado por las ratas (trabaja en una oficina de desratización) a las que no teme y parece comprender y amar (más que a las personas, al menos). En cambio a quien sí teme es a un caracol que parece pisarle los talones sin descanso.

La novela se puede leer desde tres perspectivas, al menos. Como la vida de un hombre “despojado” de vida, sus miedos, sus manías, sus patéticos ritos cotidianos sin los cuales estaría perdido, su sexualidad reprimida, su infancia y su ya vejez neurótica, habitada por una idea central: limpiar la ciudad de las ratas. O también como una fábula sobre la vida argelina, bajo el peso férreo del control, ausente cualquier posibilidad de respiro, avocada a la tristeza alienante que vacía al hombre de sentido. ¿Y la tercera?. Necesitaría una relectura para atreverme… o que alguien lo haga por mi.

Un lema. Un guía. Nada resistirá a semejante ley. A las masas les gusta que uno se haga cargo de ellas. A las ratas también. (Página 131)

 

Ficha:

  • Título original:  l’escargot entêté (1977)
  • Idioma: Original:Francés
  • Traducción al castellano: Editorial Cabaret Voltaire, S.L. (2012)
  • Traductora: Souad Hadji-Ali Mouhoub
  • Imagen de portada:  Fotografía de Kurt Kranz “Autorretrato” 1930
  • Nº páginas: 151

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