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El Metro-Donato Ndongo

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¿Alguna vez te has preguntado qué se esconde detrás de la mirada profunda de ese hombre que te ofrece llaveros, linternas, pañuelos o mecheros a la salida del metro?. Casi seguro que, en algún momento, has pasado delante de las mantas extendidas que tapizan los suelos con objetos accesorios o llamativos y quizás, hasta en alguna ocasión, has preguntado el precio. Sin embargo, me atrevo a afirmar que es probable que no hayas cruzado más palabras con él, ni hayas escuchado cuál ha sido la travesía que le ha llevado a colocarse justo ahí, delante de ese trapo colorido y viejo. El metro nos cuenta la historia de uno de estos vendedores ambulantes; la del camerunés Obama Ondo.

A menudo, parece que la historia de los inmigrantes es siempre la misma. Asistimos, con rabia e impotencia, a veces, y con aburrimiento e indiferencia, otras, a la llegada de africanos que intentan partir del continente. Dentro de nuestro insensibilizado mundo, en el que equivocamos países o conflictos, las imágenes y los estereotipos nos hacen, con frecuencia pensar que “esta historia ya nos la han contado”. Y, sin embargo, al leer novelas como ésta apreciamos que cada narración es única, personal e intransferible y que está poblada de múltiples detalles que componen una vida diferente al resto. Hallamos momentos, pensamientos y sentimientos que nos suenan conocidos, pero bajo el prisma y el enfoque de un ser que individualizamos y dotamos de rostro, nunca jamás ya parte de la masa anónima de generalidades, que llega a disminuirles hasta ser un mero número, con la que con frecuencia les identificamos.

El guineoecuatoriano Donato Ndongo decidió emprender la escritura de esta novela para responder a unas preguntas que le inquietaban; ¿por qué estas personas se marchaban de África?, ¿qué les llevaba a arriesgar su vida, a soportar una travesía durísima para alcanzar Europa donde tampoco encontrarán la felicidad?. En un revelador pasaje se afirma al respecto que nadie sabrá nunca el inmenso sufrimiento que padecen estos africanos para llegar a Europa, la minoría, porque la mayoría perece en el intento, en el desierto o en el mar, y nunca se conocen sus historias. Así, el escritor se zambulle en la vida de un camerunés desde su África natal hasta el momento presente en el que sobrevive vendiendo mercancías en el metro madrileño, mediante un texto directo, narrado con fluidez, en el que arroja gran cantidad de reflexiones.

Obama Ondo huye de la miseria y de un régimen político que socava libertades para terminar en un mundo occidental que lo ignora, explota y margina, la situación de injusticia y de explotación que se muestra es tanto interna como externa. En el medio, aparecerá el mosaico de su sociedad de origen, su cultura bajo la influencia de un colonialismo no olvidado, en la que el peso de la tradición se impone al proyecto personal. En El Metro hay también una historia de amor imposible que empuja a los amantes a caminar por el mundo siempre envueltos en tristeza, alejados los caminos para siempre. En El Metro hay mujeres y madres (a pesar de que la novela carece de puntos de vista profundos del lado femenino), obligadas a prostituirse, que son usadas como si solo fueran un pedazo de carne, sin dedicarles una sola mirada de más, una simple caricia. En El metro hay un recorrido horrible, infernal, doloroso hasta el infinito que es el que separa una realidad, del mundo de las esperanzas. En El Metro hay mucha humanidad, una mirada cercana y nunca lo suficientemente narrada hacia ese “otro” que tenemos delante de manera casi cotidiana y al que apenas reconocemos si no es por su tintineo cuando se acerca con su manojo de artículos a la búsqueda de un cliente que le compre algo, lo que sea. En El Metro surge la mirada también del migrante hacia nosotros, cómo nos ve y cómo nos percibe, se refleja el egoísmo de nuestro mundo, nuestra indiferencia y nuestra insolidaridad pero también se individualiza en personas que se muestran generosas y abiertas ante la realidad de Lambert Obama. En El Metro, en definitiva, hay mucha soledad, la del migrante africano en nuestras sociedades y mucho dolor al dejar atrás un mundo que ama y al que no quiere dejar de pertenecer. ¿Alguien a estas alturas piensa que un ser humano puede emprender semejante calvario si no es debido a que huye de algo terrible o de una falta total de futuro?.

Obama Ondo entona el cántico de muchos de sus compatriotas; preferiría no hacerlo, de poder elegir se quedaría, pero sabe que ha de marchar.

Escucho hablar de la “narrativa del inmigrante”. Creo que sus historias nunca serán lo bastante contadas, lo bastante oídas, lo bastante escuchadas o lo bastante narradas. El Metro ofrece otra oportunidad, esta vez la de conocer la vida de Obama Ondo. Con nombre y apellido.

Obama Ondo supo que la curiosidad de los blancos es inagotable. Quieren saberlo todo. Quizá por ello progresaban. Y que tampoco era fácil la monótona vida de aquella gente: levantarse siempre al alba, hacer el mismo trayecto cada jornada, asistir a la misma rutinaria faena cinco o seis días a la semana, dejar que el tiempo transcurriese con la sola ilusión de que siempre llegaría el domingo y descansarían un poco, sacarían a la parienta y a los niños de paseo, verían un rato la televisión, tomarían un chatito con los amigos. Toda una vida agobiados, con ese trajin. No era fácil para nadie ganar dinero. Requería abnegación, esfuerzo, organización. Ya nunca más creería que los blancos son  seres privilegiados: su sacrificio les costaba comer cada día, adquirir aquellos pisitos como colmenas, pagar los plazos del coche y de los muebles, vestir, educar a los hijos. (Página 451)

Ficha:

  • Título original:  El Metro (2007)
  • Idioma: Original: Castellano
  • Traducción al castellano: El Cobre (2007)
  • Nº páginas: 458

2014: La editorial Assata Ediciones ha reeditado El Metro

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