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El amor, la fantasía- Assia Djebar

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Assia Djebar, escritora, historiadora, cineasta y miembro de la Academia Francesa de las Letras, manifestó, en el discurso pronunciado con motivo de la recepción del Premio de la Paz 2000, “la imperiosa voluntad de no olvidar”. Bajo este propósito inició con El amor, la fantasía la redacción de un cuarteto para contar la historia de Argelia colonizada y, al tiempo, su propia historia. El comienzo de esta novela se sitúa en 1830, momento en el que la Armada francesa tomó Argel. Después, su memoria desangrada se vertió en otras tres novelas más; Sombra sultana, más íntima, Grande es la prisión, compendio de historias de mujeres “fugitivas sin saberlo” y, la última, El blanco de Argelia, cuyo título hace alusión al color del luto para los musulmanes.

Mezcla de autobiografía y de Historia, intercala reflexiones, momentos íntimos y personales de su propia vida, con hechos históricos que marcaron la doliente historia de Argelia. La escritora se sitúa a si misma en los márgenes de ese mundo de sus antepasados que trata de recuperar. El peso de la educación occidental que recibió la convierte en un “yo” disperso entre las dos orillas. Por ello, en El amor, la fantasía, intenta volver a esos inicios míticos o reales que la reconcilian con una parte de si misma a la que renunció.

La novela es la voz de las mujeres. Cada una de ellas contando su historia a través de ella, abrazando la voz colectiva, para que no se pierda y para reencontrarse en ellas. Formando una contracorriente a la historia oficial siempre narrada desde el punto de vista del hombre. Mujeres tremendas, luchadoras e incansables, que conmueven y mueven sentimientos. Madres que pierden hijos, amantes que se ven despojadas de sus vidas, hermanas que acompañan desde lejos, y tan cerca, el largo destierro carcelario. Mujeres brutales y heroicas, que sufren situaciones atroces. Mujeres marcadas por la tradición. Al contrario que ella misma, quien desde el mismo inicio se nos enseña como una chiquilla que va de la mano de su padre hacia la escuela francesa, Assia Djebar tuvo una educación diferenciada al resto de las mujeres que la rodeaban, existencias que la escritora expone, en diversas ocasiones, ante nuestros ojos. “¿Cómo una mujer podría hablar alto, ni siquiera en árabe, sino a las puertas de la vejez? ¿Cómo decir “yo”, pues eso sería desdeñar las fórmulas – pretexto que sujetan la trayectoria individual a la resignación colectiva?” (pág. 210)

La palabra de Djebar, “que solo aspira a una escritura de transhumancia”,  es tenaz y se revuelve a su pesar mientras usa el francés “el idioma del enemigo”. “Pues para mí, las viviendas francesas exhalaban un olor diferente y reflejaban una luz secreta-mi mirada permanece, desde entonces, fascinada por el espacio de los “Otros” (pág.37). Argelia colonizada. Sangrante y herida. La tribu de los Uled Riah aniquilada en sus cuevas. Las prisiones aterradoras, donde se tortura y martiriza. Sus mujeres que, mientras que el hombre sigue teniendo derecho a las cuatro esposas legítimas, disponen de cuatro lenguajes para expresar su deseo: el francés para la escritura secreta, el árabe para sus suspiros hacia Dios, el líbico-bereber para sus encuentros con sus ídolos más antiguos, el del cuerpo, que busca como un analfabeto, el destino de su mensaje de amor.

La escritura, para Djebar, es quitarse el velo en público. Y así lo demuestra: “Desnudarme en esta lengua hace que me mantenga en peligro constante de deflagración. Del ejercicio de autobiografía en la lengua del adversario de ayer…” (pág.282).

Aquellas dos argelinas-una agonizante ya casi rígida, con el corazón de un francés en la mano ensangrentada, y la segunda, en un arranque de bravura desesperada, haciendo estallar el cráneo de su hijo como una granada de primavera, antes de morir, consolada-aquellas dos heroínas entran, de ese modo, en la historia nueva.

Escrupulosamente, recojo la imagen, dos guerreras entrevistas, de espaldas o de soslayo, en medio del tumulto, por el ayundante de campo de mirada incisiva. Anuncio de una fiebre alucinadora, herida de locura… Imagen inauguradora de las futuras “mater dolorosas” musulmanas que, necróforas de harén, parirán, durante la sumisión del siglo venidero, generaciones de huérfanos sin rostro. (pág. 31)

Ficha:

  • Título original:  L’amour, la fantasia (1985)
  • Idioma: Original: Francés
  • Traducción al castellano: Ediciones del Oriente y del Mediterráneo (1990)
  • Traductor: Inmaculada Jimenez Morell
  • Imagen de portada:  A partir de “Corriendo la pólvora”, acuarela de Matteo BRondy (portada) y “Mujeres de Argel en las terrazas” (detalle) óleo sobre tela de Jules Muenier (contraportada)
  • Nº páginas: 296
  • Premios del libro: Premio de la Paz año 2000 en la feria de Francfort
  • Leer comienzo del libro, aquí

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Esta entrada fue publicada en 11 agosto, 2014 por en Djebar, Assia, Novela y etiquetada con .
“La razón por la que escribo tanto sobre África es porque me indigna cómo es vista por el resto del mundo. Cuando la literatura sudamericana llegó a Europa cambió por completo nuestra perspectiva sobre los seres humanos. Pronto sucederá lo mismo con la literatura africana: entonces nos enteraremos de lo que tienen que decir sobre la humanidad” Henning Mankell.

“Desde luego había aprendido mucho sobre un pequeño y relativamente poco importante pueblo de África occidental” (El antropólogo inocente– Nigel Barley. 1983)

“A la gente le cuesta menos llorar que cambiar, una regla de psicología que la gente como yo aprendió en la calle siendo niño” (James Baldwin. 1977)

“Cuando se nos muestran escenas de niños muriendo de hambre en África, con un llamado para que hagamos algo para ayudarlos, el mensaje ideológico subyacente es algo como, “¡No pienses, no politices, olvídate de las verdaderas causas de la pobreza, solo actúa, dona dinero, así no tendrás que pensar!” (Vivir en el fin de los tiempos-Slavoj Žižek, 2010)

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