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El diablo en la cruz-Ngugi wa Thiong’o

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Ejercicio de imaginación. Pongamos que eres escritor y que te encarcelan por exponer tu punto de vista en una obra de teatro Ngaahika Ndeenda, escrita en gikuyu y traducida como Me casaré cuando yo quiera, cuya puesta en escena en Kenia, en 1977, ha levantado tales ampollas que el actual presidente del país, Moi, ordena tu encarcelamiento, sin cargos, en una cárcel de máxima seguridad, la de Kamiti. Una vez en presidio, te quieren castigar aún más y, entre otros “divertimentos”, te dan un papel higiénico duro como la lija. Fin del ejercicio de imaginación.

Lo anterior no te pasó a ti, lo sé, le pasó a Ngugi Wa Thiong´o, pero si te hubiera ocurrido piensa cómo y en qué habrías ocupado tu tiempo en presidio. Él usó el papel higiénico para escribir una de sus novelas más conocidas, que supuso un punto de ruptura en la narrativa africana. Además aprovechó su año de encarcelamiento para repensar. De allí salió con una convicción: no volver a usar el inglés, el idioma del colonizador. En adelante, dejaría de llamarse James Ngugi y escribiría en gikuyu, su lengua materna. Así nació Caitaani mũtharaba-Inĩ, (El diablo en la cruz). 

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Caitaani Mutharabaini (original en gikuyu)

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Shetani msalabani (versión Swahili)

El diablo en la cruz, es una novela plagada de simbolismos, en la que se mezclan canciones, cuentos y la voz del Tañedor de Gicaandi, que en la mejor tradición africana nos cuenta la extraordinaria historia de cinco personas que se suben a un matatu para ir desde Nairobi hasta Illmorog, invitados, sin conocer la razón, a una extraña celebración: una fiesta del diablo, una competición para escoger siete expertos en robos y hurtos. Durante el viaje estas personas irán contando sus vidas y repasando el antes y después de la independencia de Kenia.

Calificada de “crítica demoledora de la Kenia moderna, donde el autor refleja las huellas dejadas por el imperialismo británico” (Txalaparta), “es un inmisericorde ajuste de cuentas al periodo neocolonial y, en consecuencia, al estado paupérrimo en que ha quedado sumido el país, representado fielmente por su capital: guarida impune de bandas mafiosas, urbe corrupta, militarizada, suspicaz y particularmente cruel con sus mujeres, a las que obliga a vender su cuerpo a cambio de empleo, por no hablar de la mermada libertad de expresión que amordaza y sume en la paranoia a sus ciudadanos” (Africaneando).

Cinco personajes y…

La novela gravita en torno a cinco personajes que a través de sus periplos vitales van desgranando los males (y las salidas) a la situación en la que se encuentra la Kenia postcolonial. Antes doblegados por los colonizadores, hoy siguen estando bajo el peso de las potencias occidentales que expanden el capitalismo, perpetrando el mayor de los latrocinicios y amenazando con hacer desparecer todo rasgo identitario bajo un imperialismo cultural y una falta absoluta de libertad de expresión (“Los matatus son los únicos sitios que quedan en los que la gente puede discutir las cosas libremente” pág.69):

1-Jacinta Wariinga-Gaturia 

Wariinga es una mujer, joven y bella, pero que rechaza ser negra, por lo que utiliza productos para alisar su pelo y blanquear su piel. Ella piensa que su apariencia es la raíz de todos sus problemas. Wariinga comenzará la novela siendo una mujer infeliz al borde del suicidio, vapuleada por su jefe que, la deja sin empleo por no querer acostarse con él, por su novio que la abandona, por su casero que la arroja de su casa y por su deambular por las calles de la ciudad sin lograr ningún trabajo; sufre doble injusticia, primera como mujer, y después como trabajadora. Al retroceder el relato en el tiempo, conoceremos el pasado de Wariinga, hija de un matrimonio cuyos dos miembros acabaron en la cárcel, y cuyo tío la “vendió” a cambio de un terreno a un viejo rico que la dejará embarazada para luego abandonarla. Tras pasar por la cueva de los ladrones, enamorarse y abrir su mente, la nueva y bella Wariinga, fuerte, independiente, auto-suficiente, nos sorprenderá en un gesto final que no es sino el anticipo de batallas más duras.

Gaturia, es el intelectual, estudiante de la Universidad de Nairobi, lector de cultura africana, perteneciente a las clases altas, que habla gikuyu y que “sabía muy bien que la esclavitud del idioma es la esclavitud de la mente y no es algo de lo que uno pueda enorgullecerse” (pág.70). Defensor a ultranza de la cultura propia, sabe que la suya ha sido dominada por la cultura imperialista de Occidente, es el “imperialismo cultural”, madre de la esclavitud de la mente y del cuerpo, debido a lo cual ningún extranjero puede convertirse en el verdadero guía de otro pueblo.

2-Wangari-Muturi

La situación de la mujer se refleja también en el relato de Wangari. Ella, una campesina, que ha vivido en los tiempos de la colonización, y luchó por una nueva Kenia, se ha encontrado tras la independencia sin nada. No pudo devolver un pequeño crédito para pagar unas vacas y su parcela de dos acres fue subastada. Para poder salir adelante y alimentar a sus hijos, busca desesperada un trabajo en la ciudad, en la que por toda respuesta recibe esta: “me dijo que el único trabajo que me podía ofrecer era que me abriera de piernas” (pág.53). Su voz, triste y amarga, es la de obreros y campesinos despojados, que no tienen ni lo más básico.

Muturi, el obrero, es el que impide que Wangari se quede en tierra, proponiendo que entre todos paguen una parte del precio del viaje de la mujer. Desde el principio se va perfilando como un convencido de la fuerza común, el trabajo entre todos, conocedor de que el harambee del pasado es el que entonan ahora corruptos y ricos. Es la fuerza y el aliento, es el trabajador que cree en el futuro y en el pueblo.

3-Mwaura

El conductor del matatu matata matamu modelo T. Ford es un ser deshumanizado que ama el dinero por encima de todo y que no dudará en llegar a matar si es necesario. Gente como él vendieron a su patria en el momento colonial y lo siguen haciendo en el actual neocolonialismo. No tienen valores positivos, su único afan es poseer más y su única religión  “el negocio es mi templo y el dinero es mi Dios”.

…el diablo…

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Kenya money 1996

Los ladrones, en esa fantástica fiesta que quiere dilucidar quién es quién en el robo moderno (en el que el edificio del progreso está construido sobre cadáveres humanos), proceden de todos los lados: están las rapiñas locales que no dudan en abusar de sus compatriotas, especulando con la tierra, burlándose de su posición de sumisión, tratando a sus mujeres de manera miserable como mero objeto sexual.

Son los ladrones de la cueva, la salvaguarda del diablo-neoliberalismo-capitalismo. Llamarles nauseabundos es un calificativo que les queda corto. “El hambre multiplicado por la sed trae la hambruna a las masas” y “Hambruna entre las masas=Riqueza para un hombre de artimañas” son las equaciones que guiarán los pasos de Gititu wa Gaatanguru hacia la especulación de la tierra para enriquecerse a costa de los pobres campesinos. Vender la tierra en latas o embotellar el aire son otras de sus ideas. Mwiweri wa Mukiraai, el quinto ocupante del matatu, exhortará a las potencias occidentales a que abandonen Kenia para ser ellos mismos los que la puedan explotar. Kihaahu wa Gatheeca ve en la vivienda el germen de la riqueza, construir nidos de pájaro es su aportación. Nditika wa Nguunji, se dedica a “el contrabando y el mercado negro”, que propone la teoría de la Santísima Trinidad del robo: “Robar, Extorsionar y Confiscar” y propone como manera de diferenciarse de los pobres, construir una fábrica que produzca dos bocas, dos estomagos, dos pollas y dos corazones para los ricos. El top lo ostenta Kimeendeeri wa Kanyuanjii que en el paroxismo de lo cruel propone exportar sangre humana y carne.

Frente o junto a ellos están los expertos ladrones extranjeros: organismos internacionales como el Banco Mundial, y países como EEUU, Inglaterra, Alemania, Francia. Italia, Japón y los países escandinavos, que saben que “quienes venimos del mundo desarrollado tenemos la experiencia de muchos años en el robo y el hurto moderno”, “el dinero gobierna el mundo” y que “creen en la libertad, la libertad  que permite a cada uno robar y atracar según sus habilidades. Esto es lo que nosotros llamamos iniciativa personal y empresa individual” (pág.219)

…el diablo en la cruz

Mau Mau por la tierra y la libertad

Colonización-descolonización-neocolonización. Los tentáculos de las potencias coloniales siguen puestos en los países colonizados y la situación de los keniatas es fruto, en parte, de ese lazo que no llega a cortarse sumado a la propia abducción de algunos keniatas, la élite y los gobernantes, dispuestos a seguir al diablo capitalista por la senda que les marquen los anteriores. La novela a pesar de tener largos párrafos de ideas políticas, deslumbra por la manera en la que entreteje la cultura gikuyu, dando vida a unos personajes icónicos que promueven un despertar ante el que la fuerza vendrá de reivindicar una cultura propia, una identidad tanto cultural como social y una nueva manera más justa e igualitaria de vivir en sociedad.

En 2010 la familia de Ngugi se mostró desilusionada cuando el Nobel se lo llevó Vargas Llosa y Javier Triana nos contaba en una divertida no-noticia, su no-artículo sobre el “Nobel Ngugi“. Casi seguro que esta vez tampoco se lo van a dar, pero estaría bien, como dice Ana Henríquez , para que al menos sigan traduciendo el resto de su obra, sobre todo, pide ella (por pedir que no quede) el ensayo Decolononising the Mind: The Politics of Language in African Literature. De mientras, aquí puedes leer algunos de los pensamientos que vuelca en dicha obra y leer (si no te atreves con el inglés o el gikuyu) Un grano de trigo, El brujo del cuervo, Matigari o Negarrik ez, haurra (traducción al euskera de Weep not, child, su primera novela). A cruzar los dedos.

Esa humanidad es el fruto de muchas manos trabajando juntas, porque, según el refrán gikuyu, un sólo dedo no puede matar un piojo; un simple tronco no puede hacer un fuego que arda toda la noche; un hombre solo, aunque fuerte, no puede construir un puente sobre un río; y muchas manos pueden levantar un fardo, cualquiera que sea su peso. La unión de nuestros sudores es la que nos hace capaces de cambiar las leyes de la naturaleza, lo que la doblega a las necesidades de nuestras vidas, en lugar de permanecer esclavos de ellas. Es por esto por lo que en gikuyu también se sentencia: cambia, porque las semillas de una sola calabaza no son siempre iguales. (pág.64)

Ficha:

  • Título original: Caitaani Mutharabaini (1980)
  • Idioma: Original: Gikuyu
  • Traducción al castellano: Editorial Txalaparta (1994)
  • Traductor: Alfonso Ormaetxea
  • Páginas: 323

The devil on the cross (en)

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7 comentarios el “El diablo en la cruz-Ngugi wa Thiong’o

  1. La mujer Quijote
    24 septiembre, 2014

    Yo he leído las cuatro novelas que tiene traducidas al español (creo que solo hay cuatro, nunca he encontrado más) y una de las cosas que más me sorprendió de Thiong’o es la variedad: “el grano de trigo” podría calificarse de novela estándar, “el diablo…” es puro simbolismo, “el brujo del cuervo” es una mezcla de picaresca y realismo mágico y “matigari” es pura oralidad, parece escrita para ser contada en voz alta en torno a una hoguera.
    Como comentas, ojalá le dieran el Nobel para ver si alguien se decide a traducir algo más, aunque tampoco es que la esperanza sea muy grande, Soyinka lo tiene y las traducciones son escasas. Pero la esperanza…
    Un saludo.

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    • sfqu
      25 septiembre, 2014

      También está traducida su primera novela “Weep not, child” por la Editorial Txalaparta al euskera “Negarrik ez, haurra”, que cuenta la historia de Njorogela y su familia en la Kenia de 1950, cuando los Mau Mau luchaban contra el imperialismo.

      Me gusta

      • La mujer Quijote
        25 septiembre, 2014

        Me temo que para mí, si está en esukera o en gikuyu es más o menos lo mismo, lo bueno sería que Txalaparta, ya que tiene derechos sobre la obra, sacara también también la versión en español. A vr si hay suerte.
        Un saludo

        Me gusta

      • sfqu
        25 septiembre, 2014

        Apoyo tu moción. Un saludo

        Le gusta a 1 persona

  2. Christian Javier
    25 septiembre, 2014

    También fue traducida “Pétalos de sangre” por una editorial cubana, próximamente hará lo mismo una editorial mexicana. Mi Universidad (UNAM) compiló una serie de cuentos de autores y autoras africanxs, entre ellos aparece uno de Ngugi wa Thiong´o

    http://christianjaviercastro.weebly.com/blog/ngugi-wa-thiongo-premio-nobel-de-literatura-2014

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    • sfqu
      25 septiembre, 2014

      Muchas gracias por la información, muy interesante tu aportación. He entrado en el enlace de “Elefanta Editorial” y es cierto que se va a publicar “Pétalos de sangre” próximamente. Me apunto el “Todos cuentan: narrativa africana contemporánea (1960-2003) (varios autores). Muchas gracias. Saludos.-

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    • La mujer Quijote
      25 septiembre, 2014

      Me apunto “pétalos de sangre”. La antología que comentas que hizo la UNAM en dos tomos, en Amazon hace unos meses tenía un precio imposible. Me puse en contacto con la Librería de la UNAM y tras cuatro o cinco correos míos preguntando cómo adquierirlo, sigo esperando que me contesten a alguno. En la Web de la librería permitían bajar gratis en pdf un cuento de cada tomo, es todo lo que conseguí.
      Si teneís méjores datos os lo agradecería.
      Un saludo

      Me gusta

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Esta entrada fue publicada en 24 septiembre, 2014 por en Novela, wa Thiong'o, Ngugi y etiquetada con .
“La razón por la que escribo tanto sobre África es porque me indigna cómo es vista por el resto del mundo. Cuando la literatura sudamericana llegó a Europa cambió por completo nuestra perspectiva sobre los seres humanos. Pronto sucederá lo mismo con la literatura africana: entonces nos enteraremos de lo que tienen que decir sobre la humanidad” Henning Mankell.

“Desde luego había aprendido mucho sobre un pequeño y relativamente poco importante pueblo de África occidental” (El antropólogo inocente– Nigel Barley. 1983)

“A la gente le cuesta menos llorar que cambiar, una regla de psicología que la gente como yo aprendió en la calle siendo niño” (James Baldwin. 1977)

“Cuando se nos muestran escenas de niños muriendo de hambre en África, con un llamado para que hagamos algo para ayudarlos, el mensaje ideológico subyacente es algo como, “¡No pienses, no politices, olvídate de las verdaderas causas de la pobreza, solo actúa, dona dinero, así no tendrás que pensar!” (Vivir en el fin de los tiempos-Slavoj Žižek, 2010)

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