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Simplemente literatura

Saliendo del armario africano a través de la literatura

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Fotografía de Zanele Muholi

Publicado originalmente en:

Afribuku – Cultura africana contemporánea.  22/09/2014 0a314b3d152e29bd2f1d035138db7c3f_400x400

Últimamente, las noticias sobre más y más medidas represivas en contra de las minorías sexuales en África (Uganda, Nigeria o Etiopía endurecían los castigos para las personas pertenecientes a este colectivo) han propiciado un conocimiento mayor que el que se había producido hasta el momento sobre la realidad que padecen muchas personas, debido a su orientación sexual, en el continente africano. Parece que la homofobia y la transfobia amenazan seriamente con silenciar las voces de gays, lesbianas, bisexuales, transexuales e intersexuales africanos. En cambio, la resistencia continúa, cada vez son más los que anuncian y reafirman públicamente su condición sexual y los que denuncian la situación de persecución criminal que sufren.

En el ámbito literario, varios acontecimientos recientes en torno a esta cuestión han propiciado que la atención se gire hacia África, en cuya literatura, al menos hasta ahora, no han abundado los títulos con esta temática. Sin embargo, la tendencia está cambiando. A principios de año, el autor de la memorialística Algún día escribiré sobre África (Sexto Piso, 2013), el escritor keniata Binyavanga Wainaina (Nakuru, 1971), descolocaba y asombraba al mundo literario con una declaración en forma de “capítulo perdido” de dicho libro: “Mamá, soy homosexual”, lo que le trajo muchos apoyos, pero también ataques y críticas.

En abril, se publicaba el libro Esto no es africano (Editorial Xplora, 2014), a través del cual el periodista catalán Marc Serena (Manresa, 1983), quien viajó siete meses (2011–2012) de norte a sur del continente, retrata de manera meticulosa las vidas africanas de gays, lesbianas, bisexuales, trans e intersexuales. Su libro “no es un libro sólo para gays y lesbianas, es un libro que habla del amor, la amistad, la familia, la religión, la libertad, la política… y, a la vez, nos actualiza la visión que tenemos de África.”

Fotografía de Zanele Muholi

Fotografía de Zanele Muholi

Finalmente, en mayo, nos llegaba el conjunto de relatos Los deseos afines. Narraciones africanas contra la homofobia (Editorial Dosbigotes, 2013). Se trata de una colección dieciséis cuentos y dos extractos de novela firmados por escritores sub-saharianos (Beatrice Lamwaka, K. Sello Duiker, Monica Arac de Nyeko o Richard de Noo, entre otros) que plasman vivencias propias y ajenas sobre la realidad queer africana, combinando narraciones rompedoras y trágicas con otras más sensibles y delicadas, y mostrando desde una variedad de enfoques y estilos la realidad tan plural y diversa que viven los hombres y mujeres pertenecientes a las minorías sexuales en aquel continente.

Lo anterior es un reflejo del cambio que se está produciendo despacio pero constante, en relación a dicha temática. A grandes pinceladas, hasta hace poco en la literatura africana, todo lo relacionado con este ámbito ha venido siendo un reflejo de la realidad que se vivía en el continente:apareciendo bajo la etiqueta de “no africano” o atribuyéndose únicamente a influencias occidentales en África.

Ejemplo de lo anterior lo encontramos en la novela de Wole Soyinka (Abeokuta, 1934) Los intérpretes(1965), en la cual aparecía el afroamericano Joe Golder, profesor y gay. A resaltar que el único personaje homosexual de la novela no era un nigeriano, inimaginable en aquella época (e incluso hoy, Nigeria es uno de los países africanos con leyes más duras en este ámbito), sino una persona que proviene de la diáspora (es decir, de fuera). En cierta medida, Golder es visto por el resto de “intérpretes” de la obra como extranjero (en cuanto afroamericano) y extraño (por su homosexualidad). Golder, en un momento de la novela, se ofrece a compartir su casa con Sagoe (el periodista), pero Sagoe comienza a sentirse incómodo y temeroso, inconscientemente ha descubierto algo sobre Golder que no se atreve a exteriorizar; la homosexualidad del profesor le incomodará y molestará.

Después, las voces de este colectivo comenzaron a encontrar sus espacios para manifestarse. En 2011 nacía la pionera revista electrónica bilingüe (inglés-francés) con sede en Burkina Faso por, para y sobre las minorías sexuales africanas, Q-zine, que publica en cada uno de sus números al menos una pieza y un poema en relación a las mismas, convirtiéndose en el promotor más consistente de la escritura creativa LGBTI en África. Tienen por objetivo promover la inspiración y la creación dentro de los grupos de minorías sexuales para celebrar, discutir y explorar la creatividad y la riqueza cultural de la vida queer en el continente. Su número seis estuvo por entero dedicado a los escritores del colectivo y recogía información sobre la antología de escritos y relatos Queer African Reader (Pambazuka, 2011).

Si bien la mayoría de los escritores que escriben sobre la temática proceden de Sudáfrica, o han publicado allí, donde la situación es más favorable (Shadow game, (1972) de Michael Power, primera novela sobre la relación entre un hombre blanco y uno negro, Thirteen cents (2000) de K. Sello Duiker o Porcupine (2009) de Jane Bennet, entre otras obras, así como antologías varias: Open: An Erotic Anthology by South African Women Writers, The Invisible Ghetto, o Transgender Life Stories from South Africa), en otras partes del continente también se escribe literatura sobre las minorías sexuales.

The Hairdresser of Harare (2010) de Tendai Huchu (Bindura, 1982), sobre la divertida rivalidad entre dos peluqueros (hombre y mujer), “cuenta la historia de Dumi, un joven forzado a llevar una doble vida para evitar las duras consecuencias de ser abiertamente gay en el Zimbabue de Mugabe”. La vida en este país, con un presidente que dijo que los gays y lesbianas son “peores que los perros y los cerdos”, se presenta bastante complicada para ellos y ellas. Reflejo de esta realidad, además de otros valores, la obra de Huchu nos dibuja la situación que se ve obligado a soportar el joven dentro de una sociedad homofóbica. “Sabía que había algo raro sobre Dumi desde la primera vez que puse los ojos en él”, es la frase que da comienzo a la novela.

Desde el norte del continente también nos ha llegado literatura sobre el tema, El edifico Yacobián (2003), del egipcio Alaa al Aswany (El Cairo, 1957), que rompía tabúes hablando sobre la moderna sociedad egipcia y sus hábitos sexuales, entre otros temas, se mantuvo en la lista de best-sellers del país durante dos años e incluso fue llevada al cine. En Marruecos, Abdelá Taia (Salé, 1973), al igual que Wainaina, aprovechó una entrevista y salió en portada en el semanario marroquí TelQuel  haciendo pública su homosexualidad y siendo el primer intelectual de su país en hacerlo, razón por la que fue muy criticado. En su novela, El ejército de salvación (2006),  narra cómo fue encontrando su propia voz, yendo hacia una libertad cada vez mayor a la vez que iba descubriendo los límites de la misma. Una melancolía árabe (2008) o El día del Rey (2010), siguen mostrando sus vivencias y sentimientos al tiempo que suponen una denuncia de las desigualdades y la homofobia en Marruecos.

Encontrar literatura sobre relaciones entre mujeres es más difícil. El somalí Nuruddin Farah escribía en su libro Secretos (1998) sobre relaciones homo y bisexuales masculinas, pero nada sobre relaciones lésbicas. Donde sí aparecen es en uno de los libros que, recientemente, ha recomendado Nuruddin Farah; Fairy tales for lost children de Diriye Osman (Mogadiscio, 1983), quien se describe a sí mismo de esta manera; “primero somalí, segundo musulmán y tercero homosexual“. En esta colección de historias cortas, narradas por gente constantemente al borde de la auto-revelación, sus personajes -jóvenes, homosexuales y lesbianas somalíes- deben navegar por las complejidades de la familia, la identidad y la experiencia de la imigración.

Fotografía de Sabelo Mlangeni

Sobre relaciones sexuales entre mujeres sí escribe Dolar Vasani, quien en 2013 publicó su libro Not yet uhuru, doce relatos lésbicos ambientados en Kenia, Malawi o Zimbabue, por nombrar algunas de las ubicaciones geográficas de los cuentos. La ugandesa Monica Arac de Nyeko. (Kitgum, 1979), en la recopilación Los deseos afines. Narraciones africanas contra la homofobia, nos ofrece su relato El Jambulcon el que ganó el Premio Caine 2007 y en el que destila sentimientos y sensaciones a flor de piel. En un país en el que las relaciones lésbicas están prohibidas, dos mujeres se aman y muestran la fuerza y la capacidad de los seres humanos para soñar y elevarse por encima de un entorno hostil, así como la hipocresía en relación a lo que es y no moral. Miedo, intolerancia e hipocresía social, situaciones que también denuncian muchos de los anteriores escritores.

Los libros mencionados nos hablan sobre situaciones, realidades y vidas que tienen necesidad de ser expresadas, hacernos partícipes de sus dolores y sus miedos, así como de sus goces y sus sueños.Porque a pesar de la persecución, la violación de derechos fundamentales, el miedo, la intolerancia y el rechazo social, en muchos países africanos se sigue luchando de múltiples maneras para lograr vivir cada uno/una su propia sexualidad en toda su plenitud de manera igualitaria, y una de esas vías es a través de libros como los citados, que invitan a reflexionar, a compartir y a derribar prejuicios (muchos y no todos en torno al colectivo LGBTI).

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Esta entrada fue publicada el 26 septiembre, 2014 por en Especiales.
“La razón por la que escribo tanto sobre África es porque me indigna cómo es vista por el resto del mundo. Cuando la literatura sudamericana llegó a Europa cambió por completo nuestra perspectiva sobre los seres humanos. Pronto sucederá lo mismo con la literatura africana: entonces nos enteraremos de lo que tienen que decir sobre la humanidad” Henning Mankell.

“Desde luego había aprendido mucho sobre un pequeño y relativamente poco importante pueblo de África occidental” (El antropólogo inocente– Nigel Barley. 1983)

“A la gente le cuesta menos llorar que cambiar, una regla de psicología que la gente como yo aprendió en la calle siendo niño” (James Baldwin. 1977)

“Cuando se nos muestran escenas de niños muriendo de hambre en África, con un llamado para que hagamos algo para ayudarlos, el mensaje ideológico subyacente es algo como, “¡No pienses, no politices, olvídate de las verdaderas causas de la pobreza, solo actúa, dona dinero, así no tendrás que pensar!” (Vivir en el fin de los tiempos-Slavoj Žižek, 2010)

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