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Simplemente literatura

Océano África-Xavier Aldekoa

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André Gide, viaje al Congo

Al principio, lo que hizo que muchos partieran hacia el continente africano fue la fascinación por descubrir nuevos territorios. Tengo guardado por ahí un cuadernillo de la revista “Siete Leguas” que escribió Pilar Rubio dedicado a África y sus “descubridores” y donde se pueden leer, además de relatos protagonizados por nombres conocidos, historias como las de la familia Tinné, formada por tres mujeres estrepitosamente ricas, que apostaron toda su fortuna a la posibilidad de llevar una vida sin tabúes, sin convencionalismos, partiendo a la búsqueda de las fuentes del Nilo.

Después (y durante) las voces que nos hablaron de África se diversificaron. Científicos, antropológos, historiadores o escritores tuvieron como centro de partida de tantos libros una África que todos nombraron como tal, a pesar de que no existiera. A la lista se unieron periodistas, corresponsales de guerra, reporteros o fotoperiodistas que habían acudido al continente y habían contado sus experiencias.

Pilar Rubio afirma que “los testimonios más atractivos suelen ser a menudo los de aquéllos que tuvieron la oportunidad de vivir in situ, dejándose impregnar por el lento transcurrir del tiempo.” Y da nombres y títulos de muchos que pasaron por allí y lo quisieron plasmar en papel. Algunos con un interés científico; Gerard Durrell (El arca sobrecargada) o Nigel Barley (El antropólogo inocente) y otros más literario; Conrad, GideGreene, Alberto Moravia (Paseos por África), Hemingway (Las nieves del Kilimanjaro), Evelyn Waugh (Gente remota) o Paul Theroux (En Lower River). Para finalizar con los viajeros y corresponsales de prensa; Kapuscinski (Ébano) o Javier Reverte (El sueño de África), entre otros.

Completando la selección incluyo las recomendaciones que realizaron en su día desde Cultura Africana y a dos escritores que no conocen África (de sobra saben que eso no es posible) Henning Mankell y Chema Caballero.

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Bru Rovira (Áfricas), Ramón Lobo (Isla África), José Naranjo (Los invisibles de Kolda), Gervasio Sánchez o Alfonso Armada (Cuadernos africanos) publicaron libros basados en sus vivencias en el continente africano. Xavier Aldekoa se une a ellos con su Océano África. El periodista que viajó por primera vez con poco más de veinte años al continente, vive desde el año 2009 en Johannesburgo, Sudáfrica.

descarga (2)La anterior introducción viene a cuento porque Aldekoa confiesa que es un ávido lector. Y en Océano África se respira que hay muchos libros detrás, no solo de Kapuscinski, a quien cita y nombra a lo largo de la narración varias veces. De hecho su primera África fue literaria, la conoció en uno de los relatos que su padre le contaba antes de ir a dormir y se la trajo Julio Verne y su obra Un capitán de quince años.

Después vinieron otras Áfricas. Muchas de ellas aparecen en este libro. Se trata de un trabajo que se lee con facilidad y que tiene una estructura que se repite en cada uno de los 21 capítulos de los que se compone, cada uno dedicado a un país africano (incluso hay espacio para hablar de la presencia China en el continente) y en el que aparecen un buen puñado de historias de personas africanas, acompañadas de datos y de una explicación histórica o socio-política amena y clara.

Si enseñamos a un niño que no sabe nada de la Guerra Civil diría que no le transmite nada, si creamos un contexto al lado entonces sí, ya sabemos lo que ocurre. Cuando vemos una foto de una patera nos olvidamos no sólo de dónde viene, sino lo que ha provocado y qué responsabilidad tenemos.

¿Qué mueve a Xavier Aldekoa a escribir el libro?. Desde las primeras páginas sobre el primer país que visitó, Malí, recuerda lo siguiente: “Aquella frase de Cissé, en la parte trasera de una canoa en medio del Níger, fue la primera de mis Áfricas. “Cuando seas presidente de Europa no te olvidarás de nosotros, ¿verdad?”, me había preguntado. Desde entonces, dedico mi vida a la parte del trato que puedo cumplir“. La parte del trato que Aldekoa puede cumplir es aquella que le lleva a ser testigo y dar voz a aquellos que occidente ha silenciado (historias que no aparecen en los medios). Su trabajo consiste en explicar África.

Habla alto, “Hay fortunas descomunales construidas sobre los riñones de miles de negros que trabajaron en condiciones inhumanas en granjas de blancos o en las profundidades del subsuelo sudafricano.” (pág.59). Es capaz de mirar más allá de la pobre creencia occidental de considerar a todo pueblo que vive al margen de la “civilización” como atrasado culturalmente, descubriendo culturas de una sofisticación social y ética admirables, y nombra a los bosquimanos del Kalahari o a los nuer de Sudán del Sur, al tiempo que denuncia los reasentamientos forzosos. Discrepa con la idea de progreso que aparece en grandes titulares al lado de muchos países africanos que está provocando enormes desigualdades e injusticias. Cuenta la tristísima historia que se vive en el Delta del Niger. Elogia el trabajo de personas que trabajan en el continente como los miembros de Médicos Sin Fronteras, cree que la educación (como Mandela) es el arma más poderosa para cambiar el mundo y confiesa que África no está perdida, “está esperando a que las mujeres ocupen el sitio que les corresponde” (aquí Aldekoa sí contempla África como un todo).

Júlia Badenes

¿Y tú qué vas a hacer?. Fotografía: Júlia Badenes. Tomada en el campo de refugiados de Dadaab

Aldekoa habla también de la “ayuda”. En Dadaab, el mayor campo de refugiados del mundo,  mantiene un intercambio de opiniones con Mathieu, “que conocía la región como su casa”. Frente a su creencia de que la emergencia humanitaria si se perpetúa convierte a quien la recibe en dependiente, Mathieu le responde que Dadaab es la última oportunidad para miles de personas. Los campos de refugiados suponen un problema muy grave de seguridad ante todo, y también un tremendo no-futuro para miles de personas, algunas de las cuales nunca han conocido otra vida más allá de esas fronteras.

Bru Rovira percibía la distancia kilométrica que hay entre “ellos” y “nosotros”, reconociendo en su Áfricas que él se gana la vida contando historias de las que se encontraba siempre a salvo. Aldekoa en un momento del libro se muestra decepcionado y confuso al comprobar cómo al lado de su artículo publicado en el periódico “La Vanguardia”, dedicado a la denuncia de un acoso a una familia bosquimana junto a una mina de diamantes, aparecía un anuncio publicitario con vivas letras: “Compramos diamantes”.

Más de una vez, después de Sarajevo, después de Ruanda, he sentido la inutilidad de todas las palabras con las que cuidadosamente trato de describir lo que veo y lo que siento. La sensación de que tanto el sufrimiento como su relato son inútiles (inútiles para alterar el estado de las cosas) me traba como un perro los tobillos. Pero no por ello dejo de insistir, dejo de, acaso, ser testigo, de mirar dentro del horror, de volver al corazón de las tinieblas. Acaso sea ése un perverso sentido: el propio viaje con el que llenar la vida sin dejar de visitar, de vez en cuando, los lugares más atroces del mundo. (Alfonso Armada. Cuadernos africanos)

Más allá de las guerras, del hambre, del SIDA, más allá de todo el infinito dolor e injusticia en el que se baña el continente, las personas que allí viven demuestran un coraje y una fuerza, una ventaja inusitada. Es hora de romper tanto silencio en torno a las áfricas, abrirse a su diversidad, a su creación artística, a su riqueza musical y literaria, al día a día cotidiano y dejarnos sorprender. Es hora de dejar de lado la simplificación. Aldekoa, por su parte, cumple con creces, y que lo siga haciendo por muchos años, su parte del trato.

Para querer a África no basta con soñarla, hay que caminar sus calles, reírse con su gente, escuchar sus alegrías o tristezas, sentirse ridículo por no entender nada y volver a sorprenderse para comprender. Cualquiera que ansíe conocer un territorio tan vasto y diverso debe recorrerlo con los ojos abiertos y cerrarlos para volver a empezar. pág. 137

Ficha:

  • Título original: Océano África (2014)
  • Idioma: Original: Castellano
  • Editorial: Península, 2014
  • Páginas: 292
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4 comentarios el “Océano África-Xavier Aldekoa

  1. madamebovary
    21 diciembre, 2014

    Hace un rato lo he escuchado en la SER, en una charla con Gervasio Sánchez y Javier del Pino. Hablaban de la diversidad de África y de lo lejos que está de la agenda y los focos mediáticos; de pobreza, pero también de riqueza y diversidad cultural; de la gran desigualdad, de la fuerza y tesón de las mujeres, pero también de su ‘masculinización’ cuando ocupan poder. He pensado en tu blog. Un abrazo.

    Me gusta

    • sfqu
      21 diciembre, 2014

      No sabes lo que me alegra que al oír esa charla te hayas acordado de mi blog. Mi mejor regalo de este año. Gracias otra vez. Un abrazo

      Me gusta

  2. José Cervera
    23 diciembre, 2014

    Que disfrutes unas felices fiestas, feliz Navidad.

    Me gusta

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Esta entrada fue publicada el 20 diciembre, 2014 por en No ficción, Vinieron de fuera.
“La razón por la que escribo tanto sobre África es porque me indigna cómo es vista por el resto del mundo. Cuando la literatura sudamericana llegó a Europa cambió por completo nuestra perspectiva sobre los seres humanos. Pronto sucederá lo mismo con la literatura africana: entonces nos enteraremos de lo que tienen que decir sobre la humanidad” Henning Mankell.

“Desde luego había aprendido mucho sobre un pequeño y relativamente poco importante pueblo de África occidental” (El antropólogo inocente– Nigel Barley. 1983)

“A la gente le cuesta menos llorar que cambiar, una regla de psicología que la gente como yo aprendió en la calle siendo niño” (James Baldwin. 1977)

“Cuando se nos muestran escenas de niños muriendo de hambre en África, con un llamado para que hagamos algo para ayudarlos, el mensaje ideológico subyacente es algo como, “¡No pienses, no politices, olvídate de las verdaderas causas de la pobreza, solo actúa, dona dinero, así no tendrás que pensar!” (Vivir en el fin de los tiempos-Slavoj Žižek, 2010)

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