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La magia de África dibujada

mascara

Máscara “El pensador”. ©Belén García

Publicado originalmente en África no es un país.  07/09/2015

 

Mirar África desde una perspectiva diferente es lo que nos propone Belén García con su libro de ilustraciones Dibujando África. El ejemplar es una galería de dibujos, apenas acompañados de unas líneas explicativas y realizados con diversas técnicas, que plasman tanto aspectos cotidianos o culturales relacionados con el África rural como ”las inequidades que salpican a diario la vida colorista de cualquier comunidad del África subsahariana”, componiendo un caleidoscopio multitemático que nos habla de la diversidad y la belleza de aquellas tierras.

Lo más usual es que nuestro acercamiento a este continente, a nivel artístico, se haya producido a través de los libros, las fotografías, la pintura o el cine. Así, su propuesta es original, sin ella proponérselo, y atractiva, porque invita a pensar y remirar cada dibujo encontrando significados nuevos cada vez. La delicadeza de los trazos, la gama cromática y los lugares, objetos y personas, que por ellos asoman nos sugieren que nos paremos por un momento y “veamos”.

Los dibujos son el fruto de la sensibilidad artística de la autora, testigo directo tanto de acontecimientos históricos como cotidianos de un quinteto de países africanos, ya que el recorrido vital de Belén García la ha llevado a vivir durante largas temporadas en diversos países de dicho continente (Mozambique, Angola, Mauritania, Guinea Bissau y Guinea Ecuatorial). Ahora, próxima a cumplir los cincuenta, sigue ligada a aquellas tierras, bien colaborando en proyectos de salud, bien a través de su blog o las redes sociales.El inicio de su pasión por África (y más en concreto por Angola, país en el que residió durante siete años) comenzó con las clases de francés que una monja misionera le daba de pequeña y en las que le contaba la historia del continente, y en las cartas que un primo suyo, cooperante de “Medicus Mundi”, le enviaba desde Burkina Faso. Así fue cómo prendió la mecha de un interés hacia todo lo relacionado con África que no ha dejado nunca de crecer.

Formada en el campo de la cooperación internacional y la medicina tropical, partió en 1999 hacia el norte de Mozambique, su primer destino, sin saber que permanecería en aquel continente más de nueve años. Allí la bautizarían como “Njolela” que en umbundu, lengua bantú, significa “la que trae alegría”, aunque también la podrían haber llamado “la que transmite a través de los dibujos” porque nada más llegar se dio cuenta de lo necesario que era para ella tener cerca sus útiles de pintura, para poder plasmar sus vivencias y experiencias en aquel lugar. Esa pasión la pone de manifiesto ella misma cuando nos descubre que utilizaba para ello cualquier material que encontraba, incluso algunos están realizados sobre los cartones en los que llegaba envuelta la ampicilina, y que la llevó a tener siempre cerca su “kit personal de supervivencia”, que consistía en un pequeño cuaderno, pinceles y acuarelas.

La autora en el terreno.
A Angola, el país en el que se “hubiera quedado a vivir para siempre, sin duda”, llegó en el año 2000, en plena guerra civil. “Cooperar en zona de conflicto bélico-cuenta- no es como pensaba mi madre. Ella creía que iba a estar poco menos que en una trinchera rodeada de sacos y las balas silbando por encima. No sé si acabé acostumbrándome al sonido de los disparos, ráfagas y explosiones; al toque de queda, a no poder salir de un corto perímetro, a no poder viajar al poblado de al lado, a tener que ir acompañada la mayoría de las veces, a estar vigilada, a las minas antipersona…”

Para escapar de su duro trabajo y de la difícil situación, Belén cuenta que siempre aprovechaba cualquier momento libre para dedicarse a sus pinceles y que uno de aquellos días le ocurrió algo que sirve para poner de manifiesto lo mucho que se valora el arte en aquellas tierras y que ella recuerda de esta manera: “Un día soleado había comprado un plato grande de mimbre y me puse a pintar dentro a un africano tocando el tambor. Como estaba sentada en el porche de la casa que daba la sombra, me rodearon los vecinos entre exclamaciones, pues algunos pequeñines no habían visto nunca una mano que dibujaba. Poco a poco el público fue en aumento y tuve que interrumpir el dibujo porque estaba completamente rodeada. Lo que más me asombró de todo aquello fue que los padres de los niños me pidieron permiso para que tocaran mi cabeza, como si con esa acción se les transmitiera el arte o algo así, aún me estremezco al recordarlo.”

A pesar de ser enfermera, desarrolló otras actividades allí como logista, gestora, administradora o profesora. Siendo en estos dos últimos campos mencionados de donde ha extraído las lecciones más importantes. “Gracias a mi trabajo en el campo de la cooperación en salud y de la educación, he podido conocer mejor el continente africano, a su gente y sus costumbres. Los años que he pasado allí me han ayudado a ver el mundo con otros ojos, desde la perspectiva de los que viven en una situación más difícil, con menos oportunidades y en entornos de pobreza” afirma. Hasta que le llegó el momento de regresar, momento que al principio trató de evitar; “incluso cuando mi permiso de residencia acabó estuve valorando la posibilidad de quedarme en Angola a trabajar como enfermera, como otros habían hecho antes que yo, pero al estar sola tenía muchos inconvenientes que me hacían ser más vulnerable fuera del amparo de una ONG y por eso decidí salir del país”.

Portada del libro
Ahora que no está ya allí, de África echa de menos “desde la sencillez con la que vivía, que no es comparable a la sencillez con la que pueda vivir aquí, hasta los grandes amigos que allí he dejado, a las personas con las que he convivido y trabajado, y que desconozco si volveré a ver”. Mientras, continúa dibujando (además de este ejemplar, ha ilustrado el libro Medio Ambiente y salud en Áfricade AECID) y publicando sus trabajos en su blog.

Belén García ha englobado una parte de su trabajo bajo el título “La magia de África” que, según ella, “está presente cada día, en el ambiente, en las actividades cotidianas, en cada detalle y en cada persona”, y nos cuenta que uno de los dibujos que más aprecia de todos los que realizó en aquellas tierras es el de la máscara angoleña figurativa de “El Pensador”, referente y símbolo cultural de aquel país, “lo que hace que sea más especial es que en la boca de la máscara está representado el mundo. Quería contrastar la figura de una máscara de madera, un objeto inanimado relacionado con África, con la vida. Para mí significa que el continente africano tiene mucho que contar al mundo y tenemos que dejar que hable”.

La propia autora nos explica cómo surgió el dibujo de la página 134“En zonas rurales de África el camión tiene una doble utilidad: transporte de diferentes materiales y transporte de personas. Viajar en camión sale más económico que un taxi o furgoneta comunitarios, ya que las personas tienen que ir encima de la carga, con el consiguiente peligro que eso supone y demoran más tiempo en el recorrido, pues el camión tiene que ir parando en diferentes puntos de su itinerario para descargar y cargar, material o personas. Suelen ser viajes largos.El dibujo está basado en un viaje que hice en el año 2001 en columna de camiones con custodia militar de Benguela a Cubal, en Angola. La distancia eran 150 km del litoral al interior, pero el estado de la carretera y la situación de conflicto bélico hacían que el viaje demorara más de 15 horas. Yo iba en la cabina del camión que llevaba suministros sanitarios al Hospital de Cubal. Con el dibujo quise representar este tipo de transporte público, donde muchos hombres, mujeres y niños van agarrados como pueden soportando la lluvia o el sol intenso. Además del transporte de personas, hay otro detalle importante en el dibujo que quiero destacar, son las mascas de las rodadas del camión y el bache. Se deja ver el estado de la carretera pero para los que hemos trabajado en estos contextos significa mucho más. En el dibujo el camión sigue las rodadas de la carretera de tierra batida y entra en el enorme charco de agua formado por las lluvias intensas tropicales. ¿Por qué el camión no evita el bache?. En contexto de conflicto y en países como Angola, se sabe que carreteras, puentes o vías de tren son puntos estratégicos y susceptibles de colocar minas terrestres. Muchas de estas minas con el tiempo se mueven debido a las lluvias principalmente. Los vehículos de las organizaciones internacionales tienen que seguir la rodada del suelo. Por seguridad está prohibido esquivar un bache o cualquier otro obstáculo saliendo a los laterales de la carretera, ya que se han dado casos de explosión de minas al paso del vehículo.”

 

  1. Reblogueó esto en Dibujando África / Drawing Africa.

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    10 septiembre, 2015

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