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Simplemente literatura

El estereotipo del lector occidental que lee libros africanos

La visión que tenemos de nosotros mismos y la que tienen los demás no siempre coincide. Sobre estas percepciones y alguna más, cuando era niña, leí un artículo en una revista de psicología, la cual iba acompañado de unas imágenes que intentaban ilustrar cada una de ellas y que han permanecido grabadas en mi mente a pesar del tiempo transcurrido. Aparecían cuatro visiones diferentes que atendían a los siguientes estadios: “Cómo nos ven los demás”, “Cómo creemos que nos ven los demás”, “Cómo nos gustaría que nos vieran los otros” y “Cómo somos en realidad”.

Abrir este blog me hizo darme cuenta de una (no es, en absoluto, la única) realidad que hasta entonces no había percibido. Que un extenso grupo de personas me etiquetaba como lectora-occidental-que-lee-libros-de-literatura-africana y hablaban sobre las razones y los motivos por los que la leía, y escribían sobre mis gustos y mis intereses a la hora de elegir un libro u otro. Me consificaban de manera invariable y de manera redundante cada cierto tiempo. Casi nada. Tras sus análisis, parecía que mis lecturas se debían a que había tenido una necesidad de conocer esta literatura por motivos académicos, o porque tenía un interés específico por el continente africano, o porque, lo más fácil y directo, había estado allí (si todos los libros que he leído en mi vida los hubiera leído por esta razón se iba a reír Phileas Fogg y el inventor del tunel del tiempo). Al parecer leo libros de literatura africana: porque tengo un interés por África, que bien pudiera estar basado en la antropología, o en la cooperación internacional; los temas que busco en los libros que selecciono son los relacionados con desastres-tipo africano (todos sabemos cuáles son, ¿acaso ocurren en algún otro lugar del planeta?) y en mis lecturas tiene que haber mucha sangre y violencia. Esto, dicen, es lo que me interesa. “Vaya con los clichés”, pensé, “¡cómo me ven los demás¡”.

Estamos acostumbrados a hablar sobre los estereotipos alrededor y en relación con el mundo africano. Para mí el más fuerte y el que engloba todo lo demás es el que nos da una imagen de África como “ese lugar” en el que pasan situaciones tremendas y que no nos interesa. Y no me vale que esa imagen pesa tanto que el resto del mundo es incapaz de elevarse sobre ella y saltarla, porque aquí y allí hay ya muchos caminos abiertos para interesarse, conocer y penetrar en el mundo africano. Seamos serios, vivimos en un planeta en el que tenemos al alcance de un “clic” información de todo tipo. El problema está en otra parte y también en ese “no nos interesa”. Pero, ¿no es esta otra generalización?, porque… ¿”solo” África no interesa?, ¿en serio?… y ¿Asia?, ¿qué conocemos de la literatura, ya que estamos hablando de ella, que se hace en India, además de Khushwant Singh? o en Irán, ¿además de Kader Abdolah?…¿Acaso la denominada literatura latinoamericana no es también una reducción?…

Vivimos bajo la tiranía del etiquetaje, sin duda. E intentando salir de ella.

Pero los estereotipos tienen doble recorrido, también pesan por este lado y engloban de manera sistemática a aquellas personas que leen literatura africana (potencial grupo consumidor, todo hay que decirlo). Hace unos meses escribí una especie de desahogo bajo el título “Razones para NO leer literatura africana“, y lo hice porque era mi manera de reclamar “más libros, más” (como Groucho Marx pedía “más madera, más”), porque era mi manera de decir que se vaya a freír espárragos el mercado, el marketing, el poderoso caballero Don Dinero y que se publique más sobre escritores de ese continente, vamos, la típica rabieta de lectora insatisfecha y harta (me comprenderán todas las editoriales, profesores, revistas, bibliotecas, libreros y blogs que hacen el esfuerzo contrario). Pero lo menciono porque en él daba algunos motivos por los que la gente debería leer literatura africana, que son los mismos por los que la gente debería leer. Punto.

El marketing editorial es otra cosa. Podría mencionar un sinfín de libros en los que el resumen que aparecía en sus contraportadas era pura ficción con respecto al ejemplar que tenía entre manos (agradezco a todas aquellas personas que realizan el ejercicio honesto contrario). Del mismo modo, podría mencionar un número amplio de escritores sobrevalorados pero que siguen en lo alto gracias al poder de los grupos editoriales, medios y demás (mis respetos por todos los que apuestan por aquellos que esperan su oportunidad y la merecen). Y, por supuesto, todo lo contrario a lo mencionado… en todos los continentes. ¿Qué lo anterior debería de cambiar?… sin duda, y por eso está peleando mucha gente, y los que más los propios escritores, libro a libro.

Esta lectora-occidental-que-lee-literatura-africana cuando sus manos tocan por primera vez la portada de un libro no va en busca de un profundo conocimiento antropológico del continente africano (alguna vez sí he tenido ese interés, ¿eh?, que no me voy a salir del estereotipo tan fácil). Solo espera encontrarse con una buena historia, desea sumergirse en un texto que conmueva, revuelva, aporte conocimiento, le de la vuelta entera y la haga sentirse al acabarlo, “Citius, altius, fortius”, trate del tema del que trate, venga del país del que venga. Toda esa magia, ¿me explico?.

Las percepciones son diversas. Plurales. Multi. Que coincidan o no con las que los otros tienen es algo que no se debería forzar. Se corre el peligro de que de tanto estirar y moldear el “Cómo creemos que nos ven los demás” se acabe por empequeñecer y limitar el “Cómo somos en realidad”.

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Esta entrada fue publicada el 9 abril, 2016 por en De Profundis.
“La razón por la que escribo tanto sobre África es porque me indigna cómo es vista por el resto del mundo. Cuando la literatura sudamericana llegó a Europa cambió por completo nuestra perspectiva sobre los seres humanos. Pronto sucederá lo mismo con la literatura africana: entonces nos enteraremos de lo que tienen que decir sobre la humanidad” Henning Mankell.

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