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Los caminos de mi destino – Bakala Kimani

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Tiene mucho de fascinante el río Congo y, a su pesar, también de sobrecogedor. Esa serpiente enredada y enredadora que hizo que Joseph Conrad conociera y mostrara a la bestia inhumana colonizadora. Suelen tomarse estos caudales de agua como metáfora de la existencia, pero también, a menudo, como señal del afán de dividir de manera ilusoria. “El río aquí se llamaba Congo, allí, al otro lado, Zaire. Pero todo se debía a la estupidez de los hombres”, dirá Dadou el protagonista de El antipueblo de Sony Labou Tansi, el escritor de R.D. del Congo (conocido como Congo Belga) que falleció a los 47 años de SIDA, justo cuatro días después que su esposa debido a la misma enfermedad.

Bakala Kimani, natural del otro Congo (antigua colonia francesa), añade en Los caminos de mi destino: “Frente a mí tenía un río que separa las dos capitales más cercanas del mundo: Brazzaville y Kinshasa. Cruzar ese río era tan fácil que en menos de media hora, podía encontrarme fuera de peligro de muerte. Pero marcharse de Brazzaville para refugiarse en Kinshasa, es como irse del paraíso para refugiarse en el infierno”. Kimani se tuvo que exiliar por haber escrito un artículo que no gustó nada, sobre los desaparecidos del “Beach”, una matanza colectiva de refugiados que retornaban a su tierra tras el último conflicto civil (detrás del cual, como muchos otros, el escritor vio la mano de Francia). Y que convirtieron (no fueron los únicos) el corazón de Kimani en el “cementerio de los muertos desconocidos”.

Escribe Achille Mbembe que “un vínculo íntimo ha unido siempre el nombre “negro” con la muerte, el asesinato y la sepultura”. Bakala Kimani, recogiendo la idea anterior, afirma en un libro que mezcla más realidad que ficción, que él va a hablar ante todo de la muerte, tan unida al destino del África negra. De esa muerte, nada dulce y nada esquiva, sobre la que disgusta tanto hablar, pero que está tan presente y que se presenta en estos relatos asociada al SIDA, a las guerras, a la miseria y al abandono. Y sobre las vidas que se encuentra encerrada en sus relatos de muerte.

Sorteamos como podemos los textos que supuran dolor y rabia. En denuncia constante, testimonial, a ratos imposible de sostener, El camino de mi destino, repite una y otra vez Bakala Kimani, “es personal, pero no es individual”. Por esa vía le acompañan todos esos seres que murieron de mil formas para entrar en su propio destino y no abandonarle nunca más. Forma así una voz que se  nutre de la colectividad, expresada a su vez también desde apenas media docena de relatos o micro-historias que nos adentran en las tinieblas más profundas de esas vidas traspasadas, cuarteadas y abandonadas, que no pudieron elegir su destino. A través de ellas, nos muestra una realidad social y política extenuante y hace suyo el grito duro y en carne viva por aquellos que han sido una y otra vez marginados, relegados, explotados sexualmente y apartados por la homofobia, vaciados a fuerza de ser violentados día tras día, hundidos en la miseria.

Son las muertes silenciosas de un pabellón hospitalario, a donde se llega exhausto y solo, explotando de SIDA o de cualquier otra cosa.  Son las muertes en carne viva de los amigos desaparecidos, asesinados, mutilados, torturados e incinerados. Son las muertes de los ahogados en la zodiac que intenta alcanzar el otro lado. Kimali los lleva dentro y pide para ellos memoria, mientras clama también contra sus propios dirigentes africanos que permiten que esto ocurra.

Bakala Kimani pone en el centro al ser humano y lo nombra. Él mismo ha vivido cerca las historias que narra. Se baña ensangrentado en los desgarros y en las injusticias de los que ha conocido, hasta hacerse uno. Expresándolo sin velos, en toda su crudeza, mostrando esa realidad desoladora e inhumana que transcurre, a menudo, bajo nuestra propia indiferencia. Tomando todos los destinos, todos los caminos.

No tengo que extenderme porque los tiempos de los discursos ya pasaron. Un negro no tiene derecho a extenderse. Un negro debe actuar. Debe hacer. Porque desde hace siglos se ha actuado por él. Ahora tiene el deber de hacer. Tiene el deber de actuar.(pág.29)

Ficha:

  • Título original:  Los caminos de mi destino (2016)
  • Idioma: Original: Castellano
  • Traducción al castellano: Editorial Afrokairós (2016)
  • Páginas: 106
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Esta entrada fue publicada en 22 junio, 2016 por en Kimani, Bakala, Relatos y etiquetada con .
“La razón por la que escribo tanto sobre África es porque me indigna cómo es vista por el resto del mundo. Cuando la literatura sudamericana llegó a Europa cambió por completo nuestra perspectiva sobre los seres humanos. Pronto sucederá lo mismo con la literatura africana: entonces nos enteraremos de lo que tienen que decir sobre la humanidad” Henning Mankell.

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