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Cuando la pintura habla de literatura y de deseos

Nota: Este artículo no contiene imágenes de las pinturas mencionadas en él porque no me han autorizado a incluirlas. He linkado los cuadros para que podáis verlos de manera rápida. El artículo gira en torno a una interpretación mía. El resto de la obra de Crosby se puede apreciar en su página web: http://njidekaakunyili.com/

“The Beautyful Ones Are Not Yet Born” Might Not Hold True For Much Longer es un cuadro de la reciente ganadora del Premio Canson 2016, la nigeriana Njideka Akunyili Crosby, asentada en EEUU. En él se contempla a una joven de espaldas, que viste un geométrico vestido sobre una compleja alfombra compuesta por retratos fotográficos y que da la impresión de estar relajada pero atenta, esperando algo o a alguien. El collage bajo su cuerpo es un conjunto de imágenes, algunas en blanco y negro (fotografías que muestran la vida más tradicional), otras en color (las más modernas) que, a simple vista, pueden pasar desapercibidas. El anterior es un recurso que Crosby repite en todas sus obras. Se trata de retazos de revistas y anuncios, escenas de la vida nigeriana, instantáneas personales e incluso imágenes sacadas de internet. Tal composición, que muestra dos mundos o tres, logra aunar la memoria del pasado con el presente más actual.

El cuadro alude al título de la novela del mismo título, obra del ghanés Ayi Kwei Armah, que figura, para muchos, a la altura de un Achebe, un Soyinka o un Ngugi, y que sido publicada y reeditada en un sinfín de ocasiones y traducida a múltiples idiomas, pero no al castellano. Ayi Kwei Armah tituló su novela de 1968 The Beautyful Ones Are Not Yet Born (Los “hermosos” no han nacido aún) a lo que Njideka Akunyili Crosby añadió en su cuadro de 2013: Might Not Hold True For Much Longer (podría no seguir siendo una afirmación cierta mucho más tiempo).

Ayi Kwei Armah escribió su primera obra, y la que le dio reconocimiento, a la edad de veintinueve años. En aquella época, 1968, él era editor de la revista “Jeune Africa” en París. Su novela se sitúa en una Ghana post-independencia, en los últimos días del régimen del presidente Kwame Nkrumah. La voz del héroe sin nombre que narra la trama nos lleva por un texto lleno de simbolismos donde la podedumbre y la corrupción parecen no tener fin.

Tras la independencia, que debía haber traído solamente “cosas hermosas”, llegó la desilusión al comprobar cómo todo se pervertía. Inscritos en una situación deplorable, la novela de Armah dibuja un escenario sombrío y pesimista, lleno de suciedad, con una clase política aberrante y una sociedad llena de excluidos que se ha librado de una opresión para caer en otra.

El libro fue objeto de varias polémicas. Quizás una de las más recias la tuvo con Chinua Achebe,  quien en su obra Morning Yet on Creation, calificó a Armah como un escritor de gran talento pero añadió que este título era un libro enfermo, no con la enfermedad de Ghana, aclaró, sino con la enfermedad de la condición humana. No es el único en creer que el texto es demasiado pesimista, también en relación a su visión del hombre, a muchos no gustaron sus imágenes negativas, su lenguaje “vulgar”.

La palabra “Beautyful” está, de manera deliberada, mal escrita en su título. Ante la intriga, las cuestiones surgen: ¿es un intento de huir del lenguaje inglés y mostrar una manera de expresarse que se sale de sus reglas, incluso ortográficas? o ¿se trata de mostrar que “lo bello” siempre viene acompañado de imperfecciones?. Pero, sobre todo, nos preguntamos: ¿a qué “hermosos” se refiere con este título?.

Njideka Akunyili Crosby pintó más de cuarenta años después, entre 2013 y 2015, una serie de cuadros bajo el nombre “The Beautyful Ones”. La pintora nacida en Enugu, en una familia de clase media, se marchó de una Nigeria bajo el gobierno de Sani Abacha para estudiar. Su obra íntima escenifica su entorno más cercano uniendo el mundo nigeriano, siempre representado en los collages que pueblan sus cuadros y que se infiltran en las escenas cotidianas con una fuerte connotación de llamada, con el americano. Crosby, perteneciente a la diáspora, siente que no encaja en ninguno de los dos mundos, creando a la postre un “tercer espacio” y asumiendo que es ella misma quien tiene que contar su propia historia; “mi trabajo se basa en mi autobiografía”, afirma.

“The Beautyful Ones” es una serie de cuatro lienzos que muestran los retratos de otros tantos niños y adolescentes, del círculo familiar de la pintora. El único niño de la serie posa de manera divertida, mientras el verde lo invade todo. El panel que se eleva a su lado, junto a una puerta (otro de los elementos recurrentes en la obra de Crosby, junto a las ventanas), contiene imágenes desasosegantes de Sani Abacha y otros militares y también aparece el telepredicador Chris Okotie con su casaca roja, pero el niño tiende su mirada firme y retadora. El primero de la serie, el de la niña con gafas, tiene dos versiones en las que aparece la misma niña con idéntica indumentaria y pose. La diferencia entre la versión de 2012 y la de 2015 se encuentra en el collage fotográfico que es la marca de Crosby. En la más reciente ha preferido prescindir de muchas de ellas y resaltar una media docena que se repiten en el resto de sus cuadros también. Ninguno de los retratados apela de manera directa a la belleza. Son niños y niñas corrientes, pero que miran de frente con firmeza, como si quisieran decirnos que aceptan algún reto. Son “los hermosos”.

Volvemos al cuadro de partida, el que hacía mención al libro de Ayi Kwei Armah. En la alfombra sobre la que se sienta la joven de “The Beautyful Ones Are Not Yet Born” Might Not Hold True For Much Longer se despliegan múltiples fotografías. Todas son de mujeres; algunas con el tocado tradicional nigeriano (geles), otras con vestidos largos de noche o ropa más moderna. Entre ellas hay personalidades diversas; se puede ver en una a la escritora Chimamanda Ngozie Adichie o a la estrella de Nollywood, Genevieve Nnaji. En la mesa, una lámpara de queroseno, tan habitual en muchas zonas nigerianas donde la electricidad escasea, parece hablarnos de las dificultades que aún se tienen por delante.

“Aún no han nacido”, escribió Ayi Kwei Armah, pero él parecía creer que lo harían, que llegaría un tiempo en el que “los hermosos” harían frente a tanta injusticia y desigualdad (¿hablaba solo sobre Ghana?). Debido a su postura de no conceder entrevistas, ni escribir artículos sobre su obra, desconocemos sus intenciones de primera mano. Lo cierto es que han pasado más de cuarenta años. Desde un cuadro, una joven con su bello peinado y su atuendo vitalista, moderno, ecléctico y hermoso, nos está hablando de una fuerza nueva que ha ido surgiendo. De espaldas, ella espera atenta. Muchos creen, como Crosby, que falta poco.

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2 comentarios el “Cuando la pintura habla de literatura y de deseos

  1. misosoafrica
    15 agosto, 2016

    Que buen post, se podrá conseguir aquel libro en portugués o en francés? Vi unas obras de la artista a la que te refieres en el Museo de Arte de Raleigh. Impresiona su técnica ya que a través de las fotos no se puede distinguir del todo. También aprovecho de comentar que hay una reproducción de una de sus obras en un rincón de Chelsea, en Manhattan, justo frente al High Line y al Museo Whitney, donde si mal no recuerdo también tienen uno de sus tríptico… para quien no haya tenido ocasión de conocerle… y ande de paseo por “la gran manzana”, como le dicen…

    Gracias y saludos desde MisosoAfrica

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Esta entrada fue publicada en 11 agosto, 2016 por en Kwei Armah, Ayi, Novela y etiquetada con .
“La razón por la que escribo tanto sobre África es porque me indigna cómo es vista por el resto del mundo. Cuando la literatura sudamericana llegó a Europa cambió por completo nuestra perspectiva sobre los seres humanos. Pronto sucederá lo mismo con la literatura africana: entonces nos enteraremos de lo que tienen que decir sobre la humanidad” Henning Mankell.

“Desde luego había aprendido mucho sobre un pequeño y relativamente poco importante pueblo de África occidental” (El antropólogo inocente– Nigel Barley. 1983)

“A la gente le cuesta menos llorar que cambiar, una regla de psicología que la gente como yo aprendió en la calle siendo niño” (James Baldwin. 1977)

“Cuando se nos muestran escenas de niños muriendo de hambre en África, con un llamado para que hagamos algo para ayudarlos, el mensaje ideológico subyacente es algo como, “¡No pienses, no politices, olvídate de las verdaderas causas de la pobreza, solo actúa, dona dinero, así no tendrás que pensar!” (Vivir en el fin de los tiempos-Slavoj Žižek, 2010)

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