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Simplemente literatura

Leila Slimani, reciente Goncourt con “Canción dulce”

Desconocía que la novela con la que la marroquí Leila Slimani había ganado el Gouncourt el año pasado tenía por protagonista a una niñera asesina y que estuviera basada en un hecho real. Por eso me quedé tan sorprendida cuando en las primeras páginas de Canción dulce me encontré con el doble y salvaje infanticidio. Me sonaron a algo conocido, ya visto, ya leído, la niñera que acaba convirtiéndose en psicópata, perdida en su horripilante mundo y que mata de manera brutal a dos pequeños. Tampoco el estilo tan cinematográfico, que hacía ver cada línea, ayudó. Pensé, “otra vez una de estas historias…” Sin embargo, la narración comenzó a adquirir perfiles más afilados a medida que avanzaba por este thriller, para mi, “psico-social”.

La editorial Cabaret Voltaire lleva publicados varios libros muy interesantes del norte africano. A la recuperación de toda la obra de Mohamed Chukri, se han unido Amor por un puñado de pelos (Mohamed Mrabet), Infieles y Mi Marruecos (Abdelá Taia) y El caracol obstinado (Rachid Boudjedra). El último título publicado ha sido precisamente la novela de Slimani.

La escritora se crió en Rabat y vivió en Marruecos hasta los catorce años en una “burbuja”, tal y como ella misma ha descrito su existencia en el seno de una familia rica. Después se desplazó a Francia, para estudiar primero y abandonar después el periodismo y centrarse en la literatura, e irrumpió en 2014 de manera exitosa con su primera novela, Dans le jardin de l’ogre (Gallimard) donde contó la historia de una ninfómana de clase media.

Canción dulce va perfilándose con la precisión de un estilete. Escrita de una manera directa, heladora, te da la sensación de estar frente a una lectura incómoda todo el tiempo. Es como si te tocara la piel de un reptil a cada momento. Nada de lo que se narra provoca sentimientos agradables. Las escenas se suceden en una escalada en la que vamos entrando en mundos insatisfechos, infelices y brumosos. Y tan, tan, cotidianos.

Una mujer magrebí, Myriam, que quiere volver a trabajar y decide, junto a su pareja, dejar al cuidado de una niñera a sus dos hijos. Louise, de rubia cabellera y elegante porte, aparece como la candidata perfecta. El intercambio de papeles, la necesidad de ser aceptada y de vivir una vida soñada, van deslizándose por una trama que agarrota y que nos coloca dentro de un escenario que vivimos a nuestro alrededor, en nuestras propias vidas. El racismo, el clasismo, la situación de la mujer, los prejuicios, la pobreza y sus situaciones de no-retorno, y la oscuridad en la que circunscribimos a los que no son “como nosotros” van apareciendo en inteligentes pinceladas, a pesar de que la propia escritora ha negado querer hacer ninguna crítica de tipo social.

“No existen razones simples o binarias para explicarse lo que sucede en mi libro, pero no se debe ignorar que la miseria provoca violencia y locura, y que puede empujar a cometer actos terribles. Cuando uno hiere a un animal, este se vuelve contra su agresor y es capaz de devorarlo. Incluso cuando está domesticado” ha afirmado la escritora en una entrevista reciente.

En el universo acomodado de la joven pareja, la supuesta integración y acogida que se hace a la niñera, como si fuera una más de la familia, acaba colocando a cada cual en su sitio: “nosotros arriba, tú abajo”, parecen decirle cuando a medida que transcurre la historia, la presencia de la mujer les empieza a agobiar, “Solo las negras aceptarían un trabajo como ese” (pág.121), le dice incluso el propio marido de Louise.

La maternidad y la compaginación con la vida profesional (la de ella, claro) y las dudas que ello genera son otro de los pivotes de la obra. Las críticas y las opiniones de todo tipo sobre la maternidad afloran bajo varios prismas y por ende se refleja también el papel de la paternidad hoy en día.

En Canción dulce, sabes lo que está pasando y cuál va a ser el resultado, pero aún así la lectura agranda como una lupa la convivencia del día a día, esos momentos que van creando una montaña de falta de comunicación, donde “los otros” son molestos excepto si sirven para algo. Porque Louise cuando sale del círculo cálido, alegre y despreocupado, de ese piso situado en un barrio burgués parisino, tiene (ha tenido) otra vida, incluso ha sido madre.  ¿Qué conoce la familia de la vida de esa mujer extraña, cada vez más enigmática y que les incomoda cada día más?. ¿De esa mujer que les ha salvado la vida y de la que poco a poco se va destapando su historia?. “¿A dónde va Louise?”, se preguntan en una ocasión en la que la vislumbran por la calle.

Canción dulce (Chanson douce, 2016) – Editorial Cabaret Voltaire. Traducción: Malika Embarek López. 2016.

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Esta entrada fue publicada en 28 abril, 2017 por en Novela, Slimani, Leila y etiquetada con .
“La razón por la que escribo tanto sobre África es porque me indigna cómo es vista por el resto del mundo. Cuando la literatura sudamericana llegó a Europa cambió por completo nuestra perspectiva sobre los seres humanos. Pronto sucederá lo mismo con la literatura africana: entonces nos enteraremos de lo que tienen que decir sobre la humanidad” Henning Mankell.

“Desde luego había aprendido mucho sobre un pequeño y relativamente poco importante pueblo de África occidental” (El antropólogo inocente– Nigel Barley. 1983)

“A la gente le cuesta menos llorar que cambiar, una regla de psicología que la gente como yo aprendió en la calle siendo niño” (James Baldwin. 1977)

“Cuando se nos muestran escenas de niños muriendo de hambre en África, con un llamado para que hagamos algo para ayudarlos, el mensaje ideológico subyacente es algo como, “¡No pienses, no politices, olvídate de las verdaderas causas de la pobreza, solo actúa, dona dinero, así no tendrás que pensar!” (Vivir en el fin de los tiempos-Slavoj Žižek, 2010)

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