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MatatArt: libros al alcance de niños que viven en slums y otras zonas degradadas en Kampala (Uganda)

Sam Deckers 3

Fotografía: Sam Deckers

Me enamoré de este matatu, así de sencillo. Fue ver la galería de imágenes que el fotógrafo Antonino Codorelli publicó en “El País”, dentro de la sección “Planeta Futuro”, y querer saberlo todo sobre este vehículo reconvertido, entre otras cosas, en Biblioteca en Kampala (Uganda). Así que me puse en contacto con Francesco De Pasquale, uno de los tres impulsores del proyecto.

MatatArt, como se llama esta original idea, se puso en marcha en julio de 2016 tras analizar “la situación de la educación en Uganda, su sistema educativo y sus faltas”. Francesco incide en resaltar que “el sistema educativo utilizado en Uganda, así como en muchas ex – colonias, es el llamado  banking model, donde la educación tiene un carácter fundamentalmente narrativo”.Así, continúa explicando, se refuerza la falta de pensamiento crítico, ya que lo que hace el alumno es recibir del profesor, memorizar y repetir.

Frente a ello, dos italianos y una ugandesa, pensaron que otro camino de llegar a la cultura y la educación era posible y visionaron una manera de darle forma. Querían una combinación que enfocada a las artes en general se uniera a la idea de movilidad. Se inspiraron, para ello, en “el hombre del helado” con su furgoneta repartiendo helados por el barrio, “nos imaginamos los niños corriendo detrás de nuestro matatu colorado, buscando arte y cultura de la misma manera que correrían detrás del hombre del helado”, comenta. Pusieron en marcha una campaña de crowdfunding para comprar la furgoneta  y lograron patrocinadores internacionales que se implicaron en el proyecto como Litworld y Global Glow.

Así fue como pusieron en marcha MatatArt.

Sam Deckers 2

Fotografía: Sam Deckers

Decoraron el vehículo de vistosos colores y formas y lo llenaron de arte, música y sobre todo muchos libros. El matatu se mueve en Kampala, en los “slum” o áreas informales de la capital. “Nuestro proyecto se dirige a los niños que no tienen acceso a una educación formal y que viven en contextos degradados dentro de la urbe”, añade Francesco. El matatu es un medio para convertir un espacio degradado en un lugar de colores, arte y divertimento.

A la furgoneta se acercan sobre todo niños que nunca fueron a la escuela y aquellos que la abandonaron por diversas razones. Junto a ellos “también recibimos niños en edad escolar”, todos entre 3 y 15 años, que disfrutan leyendo y participando en actividades de animación a la lectura, como las diversas representaciones que se transmiten en inglés y que después son traducidas a luganda, la lengua local.

“Los libros que leemos a los niños son historias breves con representaciones gráficas. Las historias tienen que durar entre 3-5 minutos leídas en voz alta y para mantener la atención de los niños. Los libros que utilizamos son comprados a escritores locales, librerías, pero también los recibimos a través de donaciones”, comenta Francesco. Un punto fundamental a la hora de seleccionar las lecturas es “que los niños necesitan relacionar las historias de los libros con sus propias experiencias reales. Esto ayuda a establecer interés y estimular voluntad de leer más.

¿Qué libros infantiles ugandeses podríais recomendar?

Recomendaría los libros de la Uganda children writers association porque escriben historias populares divertidas que originan de las historias que los bisabuelos contaban como medio de educación. Y también como Nambi y Kintu, Nsangi y algunos otros en los idiomas locales. También me gustaría recomendar ‘Amani the boda rider’ (boda es el moto-taxi de Kampala).

Sam Deckers 4

Fotografía: Sam Deckers

Ellos sienten que “el tipo de actividades que proponemos son únicas, no solo para los niños que viven en las áreas informales de la capital, sino también para los niños de familias que tienen más posibilidades y que sufren de las deficiencias de un sistema educativo que no permite un desenvolvimiento pleno de las capacidades de ellos”. De esta manera entienden que ofrecen una vía diferente de vida, con la posibilidad de tener una perspectiva de futuro, alejada del ambiente en el que viven. Sin duda, una gran idea y un proyecto de impacto en el que se implican personas de la propia sociedad ugandesa y también de todo el mundo.

Mientras contemplan la idea de ser completamente auto-sostenibles de manera bastante próxima (objetivo que alcanzarán en los próximos años), sueñan con expandirse a otros lugares de Uganda y del mundo para “dar oportunidades a más y más niños de soñar con nosotros”.

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