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Lo literario y lo otro

Ciertos interrogantes me vuelven cada cierto tiempo. Sobre lo literario y la biografía. Ahora debido a Pablo Neruda y las últimas noticias extra-literarias que han aparecido en torno al chileno, ando girando otra vez sobre lo mismo. Recomendable leer este texto de la escritora Aroa Moreno Durán en el que reflexiona sobre estas revelaciones, por si las desconocéis aún. En realidad no son tales ya que las noticias sobre la actitud del poeta, de abandono, con su hija que nació con una hidrocefalia severa, ya habían visto la luz con anterioridad, aunque no en la manera totalizadora en la que lo han hecho en este marzo de 2018. Lo mismo que la violación, cuando él era cónsul en Colombo (Sri Lanka) en 1929, de una mujer negra y pobre, que él mismo cuenta en sus memorias Confieso que he vivido, a modo de anécdota. Dicen abandono y violación por parte del poeta. Añaden silencio por parte del mundo. Estamos hablando de Pablo Neruda.

Recuerdo otros casos. En Paul Bowles, el recluso de Tánger, su autor Mohamed Chukri denuncia que, bajo el pretexto de querer hacerle un favor, dando a conocer su obra, Bowles lo explotó; “En aquella época, yo no tenía agente literario, y ni siquiera sabía que existían. Otra desgracia más reservada para el tercer mundo: aprovecharse de su inocencia con el pretexto de dar a conocer a los artistas que, aunque con talento, permanecen ignorados. Como si, en lugar de darles el trato que se merecen, o de conseguir que éste sea más equitativo, se tratara de una obra de caridad”.

Citaré también a Rimbaud por tratarse este de un blog sobre literaturas africanas. Si su poesía te parece deslumbrante, seguro que habrás querido leer sus Cartas abisinias en la que nos mostraba al hombre materialista, al traficante de armas y esclavos que se escondía dentro de él. Ya lo escribió Albert Camus: “Para mantener la leyenda uno tiene que ignorar estas decisivas cartas. Son sacrílegas como a veces lo es la verdad”.

En definitiva, mantener la leyenda a costa de enterrar la verdad. Son intocables, por encima del bien y del mal. Y, a veces, ni siquiera eso: no hace falta ocultar nada. Basta simular que no se ha leído, tratarlo como un chisme sin importancia o una figura literaria del autor. Está pero nadie lo ve, o se ve pero nadie lo quiere sacar. Eran otros tiempos, se movían con otras claves. Puede ser ficción, no se puede probar, no se sabe, opinan. Nadie es perfecto: estas confesiones humanizan al artista, añaden.

El círculo literatura y vida se retroalimenta. Se mezcla una y otra vez. Nos preguntamos ¿cómo se puede escribir de esa forma siendo así?. ¿Crear belleza con ese déficit de humanidad?. ¿Ante una pluma brillante se olvida todo lo demás?. Al final parece que lo único que importa es la obra y no la vida del escritor.

Pero de pronto constatamos que puede ocurrir el fenómeno contrario.

Escritores mediocres con biografías alentadoras. Buenas personas con escaso talento. La literatura como mero juego de fuegos de artificio. Presencia la tienen. El respeto de mucha gente también, pero… ¿lectores de verdad?.

¿Entonces?.

Foto: The Power of Art. Captura YOUTUBE
5 comentarios Escribe un comentario
  1. Este es un debate que siempre me ha parecido interesante, y que sale a relucir de vez en cuando entre amigos a los que nos gusta la literatura y el cine también. Es frecuente preguntarse eso mismo sobre actores y directores: ¿es posible admirar a un artista que tiene una obra maravillosa pero que ha hecho o dicho cosas despreciables? Yo la verdad es que dudo mucho. La mayoría de las veces pienso que prefiero quedarme con la obra y valorar el producto del ingenio, sin contaminarme por lo que sea el autor en la vida real. Pero otras veces me cuestiono si eso es posible. ¿Cómo separar a la persona del artista? En el caso de los actores, quizás sea un poco más sencillo. A fin de cuentas, te puede parecer buena la manera en la que interpreta un papel. Pero en la literatura, siempre quedan las huellas del autor en lo que escribe. No sé, divago. Creo que no hay respuestas correctas para este dilema.

    Le gusta a 1 persona

    16 marzo, 2018
  2. Arancha #

    Como Ariana, “creo que no hay respuestas correctas para este dilema”. No sé hasta qué punto tiene sentido dejar de mirar a un cuadro, oír una música o ver una película por no estar de acuerdo con unas ideas o con una vida. O incluso por no conocer esa vida: si no sabemos nada del autor, ¿no podemos opinar sobre su obra? Tampoco tengo respuestas, pero no sé si sería capaz de leer cosas que no me interesaran por simpatizar con el autor. De todos modos, no soy particularmente fan de Neruda (o de lo poco que he leído de él, confieso). Pero sí, este tema da que pensar.

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    18 marzo, 2018
  3. Alberto Mrteh #

    Personalmente separo al artista de la persona. No voy a dejar de disfrutar viendo “Match point” por muchas noticias que lea en la prensa, aunque reconozco que puede ser un dilema. Sin embargo no me ha quedado clara tu opinión.
    Es un placer leerte siempre.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

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    22 marzo, 2018

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