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Punto de inflexión

“Literafricas” comenzó nutriéndose de libros que el tiempo había sumergido en ese agujero negro en el que condenamos a todo lo que no sea novedad. Empezó rescatando obras, eso fue, en una zambullida colosal en tantos títulos que hoy es casi imposible leer si no acudimos a las Bibliotecas (esos templos) o alguna de esas Librerías (benditas todas ellas) que guardan libros antiguos como se guardan los tesoros a la espera de que un lector los saque de sus estanterías olvidadas.

Ha sido una búsqueda fabulosa. Una aventura trepidante. Abrirse a un universo que nuestro mundo había ido dejando de lado, ajeno a las modas, reseñas y listas. Autorías de las que apenas se sabía nada, títulos que habían quedado varados en puertos que ya nadie frecuentaba, tantas páginas flotando en el aire del olvido. Pero, también, ha habido mucha pena, al llegar el momento de querer compartir algunos de ellos y hacerse imposible ya que surgía infranqueable esa palabra: “descatalogado”. El desánimo, la tristeza, ha sido muchas veces otro inevitable compañero de camino.

Dicen que se lee cada vez más. Desde luego lo que sí se hace es publicar y mucho (más de 70.000 títulos el año pasado llegaron para desbordarnos). En esa maraña, nos sentimos abrumados, desconcertados y, a veces, desnortados.

Olvidamos, a veces, lo principal.

Habitaría en el engaño si no os dijera que, a menudo, me siento bloqueada. Siento que vivimos en un mundo que rápido y voraz necesita conocer lo último de lo último. No nos dan tregua, todo deviene instantáneo, fugaz, envuelto en brillante neón reclamando nuestra atención como consumidores, siempre acechante la siguiente novedad que también llegará para deslumbrarnos. Vamos a acabar todos ciegos ante tanta luminosidad.

En ese torbellino imperfecto, extraño y acuoso en el que nos movemos a los que amamos leer nos falta tiempo para parar y reflexionar. Cada lector es único, hace del libro un libro diferente. Somos diversos, nos atraen formas, intereses y contenidos distintos. Porque ante todo leer es una aventura apasionante. De las pocas cosas que no están sobrevaloradas. Pero lleva tiempo, no se consigue de la noche a la mañana convertirnos en mejores lectores, más exigentes y más críticos. Y requiere madurez y desilusión, eso he aprendido, honestidad y autocrítica para poder discernir entre lo que se nos ofrece y lo que de verdad vamos buscando. Hallar y traer las voces que ansiamos escuchar.

Toda moda es pasajera. Toda moda tiene trampa. Esto también lo sabemos. Se confeccionará según quieran los de siempre y el mundo, nuestro mundo, la tragará con fruición, sin pararse un momento a reflexionar si lo que nos están poniendo en el escaparate es lo que íbamos a buscar. El escaparatismo es una mezcla infernal entre imagen, acceso y globalización de gustos. Se nutre sobre todo de lo más último, más moderno, más impactante. Aleja lo que no encaja, es diferente o supone imperfecto, lo que no está en la ola de la cresta. Es cruel.

Las novedades son importantes, nos demuestran que estamos vivos. Pero es bueno desempolvar. Mirar en ese rincón que son los títulos del pasado y que acumula tantos tesoros y rastrear. Zambullirnos con ilusión, hacer nuestro propio canon, ese que nadie nos podrá arrebatar nunca porque será el fruto de nuestra propia y única búsqueda. Aquel que conservaremos como el más auténtico, al que cada cierto volveremos y al que iremos añadiendo nuevas lecturas que nos han apasionado.

Mientras tanto, andaremos el camino como podamos. Intentando no perder de vista quiénes somos y dónde estamos. Lo frágil que es nuestro conocimiento y lo extenso e inabarcable que es el mundo de las literaturas africanas de las que solo vislumbramos la punta del iceberg. De las que seguimos sin ver claro qué lugar están ocupando, qué voces se están perfilando en los muestrarios del consumo global, si estamos volviendo la vista hacia ellas de verdad o estamos empezando a ser atrapados por otra incipiente y conducida moda.

Que lo sea o no, nuestras lecturas lo decidirán.

5 comentarios Escribe un comentario
  1. Alberto Mrteh #

    Me ha gustado muchísimo esta reflexión e intuyo que realmente te sientes desbordada en algunas ocasiones. No creo que sea una exageración para que este texto quede más redondo.
    Y me alegro de estar haciendo precisamente el camino contrario…, mi último “descubrimiento”, otro autor muerto marroquí: Mohamed Zafzaf, una absoluta maravilla.
    Es un placer leerte.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

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    7 enero, 2019
  2. Carmen Peire #

    Si te sirve de consuelo, gracias a tu blog me he hecho una entusiasta de las literaturas africanas (lo pongo en mayúscula por abarcar un continente con una gran variedad) y he pegado el entusiasmo a más gente. Sigo tu blog y suelo comprar lo que recomiendas. Llevo cinco años haciéndolo, pese al desánimo, modas u obras descatalogadas, como Mi carta más larga, de Mariama Ba. Ánimo y gracias por todo lo que se aporta desde este blog.

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    14 enero, 2019
    • Muchas gracias a ti por comentar. Contagiar las ganas de leer estas literaturas es mi mayor recompensa. Un abrazo. Sonia

      Me gusta

      14 enero, 2019
  3. Carmen Peire #

    Quería decir que uso literaturas africanas en plural, no en mayúscula

    Le gusta a 1 persona

    14 enero, 2019

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