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Zanzíbar fue una de las editoriales pioneras publicando obras del continente africano

Dejó un legado de 18 títulos traducidos, entre ellos varios clásicos imprescindibles

Somos de ideas y sueños. Somos de ilusiones y realismo. Y así, solamente así, es como surgen y desaparecen proyectos como Zanzíbar.

Son muchas las veces que el nombre de esta editorial ha aparecido a lo largo de los años junto a libros firmados por autores/as de primera línea del continente africano, hoy imposibles de conseguir.

Evocar a esta casa de publicaciones es hablar de un proyecto que surgió hace más de 18 años para llenar un vacío que nos empobrecía a todos. Su trabajo pionero, junto al de otras pocas casa editoriales más, fue imprescindible para dar a conocer las letras del continente africano en un momento en el que estos libros eran preciosas gotas de agua en el desierto.

Jose Manuel Esquinas, una de las dos personas que estaban detrás de la editorial, habla con cierta nostalgia de aquellos orígenes. Con las palabras de quien decidió montar un negocio sobre la base de aquello que le entusiasmaba: los libros. “A la ilusión y el interés por la lectura y los libros, se une el hecho de que  fui un escritor frustrado; editar es una forma de estar cerca de lo que hubiera querido ser. De alguna forma editar es crear algo nuevo, aunque sea en una pequeña escala”, afirma Esquinas sobre su trabajo pasado.

La idea surgió en un viaje por tren de Dakar a Bamako y del encuentro fortuito con una apasionada lectora luxemburguesa de literaturas africanas, trayecto que terminó con una lista llena de referencias literarias que al futuro editor le entusiasmaron. “Aquella fue la primera piedra del edificio”, subraya al respecto.

El primer libro salió en 2003 y fue El baobab que enloqueció de Ken Bugul (reciente reedición de Casa África y Baile del Sol con traducción de Antonio Lozano). Con esta escritora tuvieron un trato muy cercano, incluso editaron otro libro suyo Riwan o el camino de arena y la trajeron para hacer una gira literaria. Pero Esquinas comenta que ni aun así consiguieron un éxito relativo. A la lista de títulos le siguieron obras de la importancia de Mi carta más larga  de Mariama Bâ (reeditada en fechas recientes por Wanafrica), Las delicias de la maternidad de Buchi Emecheta, traducida por Maya García Vinuesa, Un grano de trigo de Ngugi wa Thiong´o o Njeddo Dewal, madre de la calamidad de Amadou Hampaté Ba.

El editor con Ken Bugul

El editor con Ken Bugul

Además, editaron ensayos, Otras mujeres, otras literaturas en edición de Inmaculada Diaz Narbona y Amparo Aragón Varo, libros infantiles o biografías, tal es el caso de Un camino nada fácil hacia la libertad de Nelson Mandela, entre otros.

Sobre su trabajo como editor comenta que “Lo más interesante y lo que realmente tiene un gran atractivo es descubrir un libro que te cautive y hacer cábalas sobre si sería factible publicarlo; después todo el proceso de investigación y negociación para hacernos con los derechos, traducción, maquetación, cubierta y promoción. Lo que menos me gusta es algunos aspectos de la promoción, sobre todo si contamos con algún autor que hay que buscar prensa, actos promocionales, etc… todo eso es muy estresante”.

A la cuestión de qué libro le hubiera gustado publicar y no lo hizo, contesta: “Me gustó mucho Le pauvre Christ de Pemba del camerunés Mongo Béti, es una novela muy completa y muy bien escrita, con una trama que sorprende al final. Es importante porque trata de responsabilidad de la iglesia en la colonización. Creo que no  hubiera sido comercialmente una buena idea; además el autor ya ha fallecido y la obra se escribió en los años 50 y eso le resta interés para los que les gusta la novedad”.

mandela

Pero la ilusión y las ganas no bastan por si solas y la editorial tuvo que cerrar. “Una editorial es un negocio”, comenta al respecto. “Claro que hay mucha ilusión, pero también tiene que haber mucho realismo. Podíamos haber cerrado muchísimo antes, pero fue la gente la que nos mantuvo abiertos”. Todos queremos encontrar motivos, causas, saber por qué algo no funciona… Al respecto, Esquinas menciona: “Los lectores buscan en la literatura diversos motivos: curiosidad, información, evasión, entretenimiento… les gustan tramas interesantes con personajes en los que se puedan reflejar o que tengan algo en común. Yo creo que hay un cierto prejuicio sobre África y no es falta de interés, pero creo que un africano no les va a sorprender y gratificar tanto como un occidental que escriba sobre África. Por ejemplo: una autora como Karen Blixen fue muy popular y a raíz de la película Memorias de África mucho más; el romance entre una aristócrata europea y un aventurero inglés envuelto en la I Guerra Mundial con un proyecto económico de fondo que fue ruinoso ha cautivado a muchos lectores. Esa misma historia narrada por uno de los kikuyo que estaban al servicio de la aristócrata no hubiera generado ningún interés, independientemente de la calidad literaria que tuviera”.

Se enteró de que Ngugi wa Thiong´o visitaba Madrid el pasado mes de mayo pero estaba fuera y no pudo ir a escucharle. De nuevo aparece la nostalgia o ese poso del pasado, ese algo que hace renacer al editor que leyó Un grano de trigo y quiso publicarlo en 2006, impactado por su lectura, y traducirlo por la extraordinaria Marta Sofía López Linares. También tiene que haber otro tanto de satisfacción, como lector, supongo, al haber abierto la puerta para que otros lectores conocieran a semejante escritor.

A Ngugi todavía tiene oportunidad de llegar a verle en persona, lo que ya no le ocurrirá con Ken Saro Wiwa, “me hubiera encantado conocerle, pero estaba claro que llegué tarde a él, pues fue ejecutado por la junta militar que dirigía el país en aquel entonces” añade. De este autor publicaron Historia de Lemona (traducida por el propio Esquinas), en esto también fue pionera Zanzibar, ya que es la única obra traducida a castellano del escritor nigeriano.

El 10 de noviembre de 1995 Ken Saro-Wiwa fue ahorcado junto a otros siete presos de conciencia por el general Sani Abacha que en aquel momento gobernaba Nigeria.

En la cárcel mientras esperaba ser ejecutado reescribió Historia de Lemona, en el que narra la historia de una mujer cuyas circunstancias la conducen a la desgracia y finalmente al callejón de la muerte.  Saro-Wiwa y Lemona se encuentran en las misma prisión de Port Harcourt. Allí, el activista comprometido decidió volver a escribir una novela cuyo texto original se había extraviado. ¿Su intención?. Quizás fuera esta: “¿Acaso no es el fin de una historia, de una buena historia, conmovernos y reconocer su calidad intríseca, que pueda conectar con nuestra propia existencia, con nuestra vida y la adoptemos para que se funda con nosotros y como experiencia general pase a formar parte de la tradición y sea de dominio común?” (pág.19)

2 comentarios Escribe un comentario
  1. La literatura no entiende ni le importa el color, el país, la cultura, la clase social (para la sociedad aún existe eso). La literatura solo entiende de palabras, y solo le importa eso. Sí alguien tiene prejuicios en leer un libro de un escritor/ a africano/a, es que no ama la literatura ni la respeta.

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    10 julio, 2019
  2. Alberto Mrteh #

    Me ha resultado particulamente interesante la reflexión sobre el prejuicio que tenemos sobre África.
    Es un placer leerte.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

    Me gusta

    5 septiembre, 2019

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