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“Cuentos para niños perdidos” sin tabúes ni armarios del somalí Diriye Osman

 

Autor invitado: Federico Vivanco

Adentrarse en las páginas de la colección de relatos del escritor somalí, Diriye Osman (Mogadiscio, 1983), Cuentos para niños perdidos es, entre tantas cosas, refutar algunas de las teorías que sostienen algunos africanos sobre la homosexualidad en el continente: “la homosexualidad es una importación occidental”, “no existe en África”, “es un mal extranjero introducido por la colonia, sus descendientes o extranjeros”. Estas teorías, como así también algunos mitos, pierden fuerza cuando se contraponen con testimonios e investigaciones que confirman que las prácticas y las relaciones homosexuales en África existían desde épocas precoloniales. Estas fueron suprimidas y censuradas en gran medida durante la época colonial, teniendo el cristianismo un papel importante en su erradicación.

Cuentos para niños perdidos significa para las letras africanas no solo un gran aporte en lo que a su temática se refiere, representa también el primer texto LGTBIQ+ de un escritor somalí. Ante una sociedad y heteronormativa africana estos relatos ponen en duda y desestabilizan el concepto de las rígidas “tradiciones” del continente y la idea de una sexualidad monolítica africana. Como narra el personaje principal en el que quizá es el cuento más autobiográfico de Diriye Osman, «Tú silencio no te protegerá», “la comunidad somalí es tremendamente tradicional y ese sentimiento de tradición obliga al secretismo, la represión y el puritanismo” (p.121).

¿Qué ha significado la producción de estos relatos para su autor? ¿Y para su traductor? Muchas veces los lectores no somos conscientes del profundo proceso emocional que coexiste entre el texto original y su traducción final, ese bullir de emociones que cohabitan en el arduo y extenso trabajo de traducción. Para el escritor, ensayista, crítico y artista visual, Diriye Osman, imperó la necesidad de escribir y dar voz a una comunidad, la LGTBIQ+ somalí, que no tenía al 2013 —año de publicación de la obra original en inglés—un libro en Somalia que tratara dicha realidad. Para su traductor, Héctor F. Santiago, en el aspecto emocional significó enfrentarse a duros momentos donde “había que traducir ciertos pasajes en los que Diriye habla de la guerra en Somalia, la situación de los refugiados en Kenia o de la realidad diaria de alguien que padece trastornos mentales”. Uno de los desafíos y dificultades más grandes con las que se ha encontrado su traductor “fue intentar reflejar lo mejor posible en castellano el registro coloquial utilizado en la mayoría del texto. Supuso igualmente un reto mantener el tono sensual —y no pocas veces explícitamente sexual— de algunos pasajes sin caer en lo soez”.

A la necesidad de “escribir y dar voz” a una comunidad se le suma el derecho natural de contar con puño y letra su propia historia, de narrar una realidad que ha sido desdibujada por agentes ajenos al continente. Con relación a esta necesidad en su ensayo “Why We Must Tell Our Own Stories” (“Por qué debemos contar nuestras propias historias”) el polifacético escritor afirma que escribe,

“para cualquier persona que tenga interés en las vidas de los demás (…) pero mi interés principal es representar la experiencia compleja y universal de los somalíes. Hago esto porque la representación mediática de la comunidad somalí está basada en clichés repletos de piratas, líderes militares, mujeres pasivas y niñas cuya existencia parece no ser más que una nota a pie de página sobre los peligros primitivos de la mutilación genital femenina. Escribo porque hace tiempo que quiero darle voz a una comunidad que ha experimentado una gran variedad de desafíos pero que se enfrenta constantemente a estos con humildad, dignidad y un sentido del humor mordaz”.

Las historias que Diriye Osman nos narra se apartan significativamente de aquella visión negativa que tuvo la primera generación de autores africanos, allá por los años 60 cuando se respiraban aires frescos de utópicas independencias africanas, a la hora de narrar y describir los escuetos personajes queer que podían aparecer en segundo plano en sus novelas. Eran otros tiempos, otra mentalidad, una generación que, directa o indirectamente caricaturizó, estigmatizó, excluyó y plasmó una percepción negativa del colectivo LGTBIQ+ africano.

Es esta tercera generación polifónica, la de este joven y prometedor escritor somalí, la que ha surgido y ha comenzado a abordar temas que eran anteriormente tabú en la literatura africana. En el caso de Osman —como también ocurre con algunos de sus ricos y heterogéneos personajes— el escritor ha tenido que experimentar el doble exilio: primero en Kenia cuando estalló la guerra civil en Somalia en 1991, y luego el segundo exilio en el Reino Unido. Su primera expatriación en Nairobi significó lidiar con un sistema de soborno por el simple hecho de ser un inmigrante y enfrentarse a la afrofobia, ese odio extendido en algunos países africanos por una cuestión que no implica el “color” del individuo sino su “nacionalidad”. Además, en su segundo exilio, ya en el Reino Unido, tuvo que experimentar y aprender a convivir con su trastorno bipolar.

Las vivencias de su autor toman vida en sus relatos; confluyen y cimentan la experiencia interseccional de ser negro, somalí, musulmán, inmigrante, refugiado, queer y vivir en la diáspora. Son jóvenes somalíes que sufren las dificultades del arduo, tenso y a veces contradictorio proceso de la construcción identitaria y de la orientación sexual. “Niños perdidos” que desean, como ocurren en el relato «Dile al sol que deje de brillar», que sea siempre de noche para no tener que enfrentarse a la realidad del día a día. Niños que se hacen hombres y mujeres y que están obligados a vivir y a convivir, no solo con el rechazo de una nación sino, incluso y peor aún, con el de sus propias familias. Niños que reclaman su legítimo lugar en una sociedad africana u occidental.

Cada relato se centra en la experiencia de hombres y mujeres que deben lidiar día a día con lo que significa ser homosexual en África; o gay, musulmán y negro en Occidente. Lo que es vivir un estrés postraumático, ser rechazado por una orientación sexual y sufrir la xenofobia. Por si esto no fuera suficiente, el autor y algunos de los personajes de sus cuentos han tenido que lidiar también con la esquizofrenia: “En la cultura somalí, las enfermedades mentales son un tabú, por lo que sentía una necesidad tremenda de esconderme. Y así lo hice” (p.116). No obstante, cada narrativa está construida positivamente desde la objetividad, el optimismo y sin el dramatismo y el victimismo que han estado intentando plasmar, erróneamente, los medios occidentales sobre el continente africano. Nos hace cuestionar cuál es la frontera entre realidad y ficción y ser protagonistas de las vicisitudes por las que tiene que atravesar el personaje principal —¿el autor?— en distintos entornos: musulmán, africano, occidental, demencial, hetero/homo/bi-sexual, bélico, el del expatriado, el de la vergüenza y la persecución.

Nos encontramos ante once narrativas cortas que portan la riqueza que tienen las letras africanas a la hora de dar vida a sus personajes: una sola lengua no es suficiente, a veces se necesita una polifonía de lenguas, dialectos y jergas para expresar una realidad que está incrustada y es natural en una comunidad lingüística. También ocurre con «Cuentos para niños perdidos»: el inglés estándar se mezcla con la musicalidad del argot de la calle, el patois jamaiquino, el sheng (argot keniano), árabe, swahili e italiano. Estas voces discurren entre caligrafías árabes e ilustraciones de su propio autor que han hecho que muchísimos jóvenes se hayan sentido identificados con las situaciones y la problemática que se narran en sus relatos. Sin duda, otra manera de no sentirse tan solos.

Esta colección de narrativas cortas fue publicada en su idioma original, el inglés, en 2013; al año siguiente fue premiada como mejor debut literario por los Premios Polari —siendo su autor el primer escritor africano con dicho galardón en su haber. Y como suele ocurrir con las letras africanas y las literaturas minoritarias, hemos tenido que esperar algunos años para poder tener en nuestras librerías su traducción al castellano.  Actualmente se puede conseguir en versión papel y en versión electrónica en España y Latinoamérica a través de Amazon.

 

Autor: Federico Vivanco

Filólogo inglés, investigador en literaturas angloafricanas

Twitter: @FedericoVivanco 

Un comentario Escribe un comentario
  1. Alberto Mrteh #

    Gracias por el descubrimiento.
    Es un placer visitar este blog.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

    Me gusta

    13 septiembre, 2019

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