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Imaginad un páramo, “El escritor de un país sin librerías”

Sin librerías.

Pensad por un momento.

E Imaginad vuestro país sin esos lugares llenos de libros. Un páramo.

Es el título del documental que ha rodado Marc Serena en Guinea Ecuatorial. Centrado en la figura de Juan Tomás Ávila Laurel, es su voz quebradiza que se expresa en annobonés, con subtítulos en castellano, la que comienza a guiarnos por los 82 minutos que duran la película, para ir abriéndonos al secreto que guarda dentro.

 

A estas alturas, han sido muchos los que han dado su opinión o han expresado lo que la cinta, que mezcla también dibujos, les ha trasmitido. En mi caso, y al permitir múltiples ópticas, enfocarla solo a partir de una de ellas no me parece una idea descabellada.

Centrarse en una única escena. A la que os llevo de memoria.

La cámara del documentalista se coloca fija en una habitación en la que están sentados alrededor de una mesa tres escritores guineoecuatorianos. Los nombres no aparecen a modo de rótulo, como en otros documentales es frecuente que lo hagan. Pero son el propio Juan Tomás Ávila Laurel, protagonista del film, Recadero Silebo Boturu y Trifonia Melibea Obono. Tres escritores hablando entre ellos.

No es la primera vez que una cinta sobre este país se centra en sus escritores. Subvaloradas sin ser vistas. Voces literarias de Guinea Ecuatorial, estuvo dirigida por Mischa Hendel y también tenía como uno de sus protagonistas a Ávila Laurel, además de a Justo Bolekia.

Pero volvamos a la escena.

El espectador se mira dentro de la habitación, como si estuviera sentado con ellos. No puede evitar fijarse en la camisa a cuadros de Boturu y en los pantalones rotos de Trifonia. Hablan y se quitan la palabra como viejos conocidos. Se lamentan de la nula difusión, del desconocimiento total, que tienen sus libros entre su propia gente.

En Guinea Ecuatorial no se lee a estos escritores. Allí, que sería el primer lugar donde estas letras debieran ser difundidas, comentadas, disfrutadas, debatidas, experimentadas… allí, es precisamente, donde esto no ocurre.

Imaginad un país donde se reduce a cero a sus escritores. Un desierto.

El escritor Juan Tomás Ávila Laurel

El escritor Juan Tomás Ávila Laurel

La vista se detiene en el rostro preocupado de Trifonia, mezcla de indignación y cansancio. En la voz de Boturu vehemente y tierna. En las palabras de “Juanto”, como le llaman coloquialmente, que parece comprenderlo y compartirlo todo.

Tres seres para los que las historias, su puesta en papel o en escena, contadas o escritas, las palabras, son vitales para vivir.

Hablan de la dificultad de escribir allí, de publicar allí. Ávila Laurel tuvo que exiliarse en 2011 y ahora completa libros desde Cataluña. Boturu, a quien Liki Loribo le descubrió el arte de la escena, hace teatro y su compañía Bocamandja pone en escena obras de carácter social y de denuncia. Trifonia expone la realidad que supone ser mujer y lesbiana en su país.

El miedo. Otro gran protagonista.

Trifonia verbaliza lo que parece flotar todo el tiempo en el aire. Aquí, el activismo es sinónimo de ir al trullo.

La lucha cultural tantas veces invisibilizada. Y siempre tan imprescindible.

Un país sin librerías, sin editoriales y con escritores. Y con músicos que, cómo no, también escriben. Cartas. Como Negro Bey.

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