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Ellen Kuzwayo, llamadme mujer

Hector Pieterson | by Robert Cutts (pandrcutts)

Hector Pieterson | by Robert Cutts (pandrcutts)

Hace cuarenta años, el 16 de junio de 1976, Ellen Kuzwayo estaba en Soweto. Los disturbios que convirtieron dicha fecha en día de luto nacional, habían comenzado porque los estudiantes se habían plantado ante la imposición de utilizar el afrikáans, en lugar del inglés, como lengua de enseñanza para la mayoría de las materias escolares. Ellos y ellas al ignorar aquella lengua, de repente se encontraron perdiendo el tiempo en la escuela y las clases se convirtieron en fuente de aburrimiento y frustración. Sus solicitudes cayeron en saco roto y salieron a la calle donde se toparon con la policía armada. Entre el fuego, los automóviles volcados y el desconcierto, una bala mató a un niño de diez años, Hector Petersen, cuya imagen se ha vuelto con el tiempo icónica. Pero no fue el único, muchos más niños y niñas murieron, fueron torturados o simplemente desaparecieron sin que se volviera a saber sobre su paradero.

El 16 de junio de 1976 multitud de madres perdieron su trabajo al tratar de encontrar a sus hijos y se quedaron en silencio para siempre, sin saber si su hijo o su hija había muerto, estaba en la cárcel o había abandonado el país. Ellen Kuzwayo tenía entonces 62 años. Había recorrido un largo camino hasta Soweto, el lugar plagado de pequeñas casitas “como cajas de fósforos” en el que viviría hasta su muerte. Hay quien decía que aquel lugar era un gueto, pero para ella fue su hogar. Sus convicciones morales frente al delito, como resalta Nadine Gordimer en el prólogo de su autobiografía, Llamadme mujer (Las femineras, 1985), se tambalearon frente a las precarias condiciones de vida de aquel suburbio en el que todo faltaba hasta el punto de hacerla confesar: “Me horroriza comprobar que mi actitud… ha ido cambiando con los años. Ahora cuando leo en la prensa la noticia del robo de varios miles de rands por personas negras… a menudo manifiesto el deseo de que no les atrapen”.

author_ellen_kuzwayoNacida en una familia privilegiada, conoció una infancia plácida en un ámbito rural en el que todavía se respetaba la titularidad de la tierra. Pero aquello cambió, y fue testigo del paso que supuso para muchas mujeres la emigración a la ciudad: donde tuvieron que cambiar sus labores al frente del campo por la venta clandestina de cerveza o el servicio doméstico.

Pronto comenzó a asistir junto a su padre a las conferencias del Congreso Nacional Africano. Junto a Mandela, Sisilu y Tambo fundó la “Liga Juvenil del CNA” del que fue su secretaria. También ejerció como maestra hasta que abandonó este trabajo defraudada mientras iba tomando más conciencia social de su entorno más inmediato lo que la llevó en 1952 a estudiar Trabajo Social. Los acontecimientos de Soweto la llevaron a un compromiso político más fuerte con su comunidad y un año después fue detenida y encarcelada durante cinco meses en la aplicación de la Ley contra el Terrorismo. Su vida personal se vio marcada por su primer matrimonio (con Moloto con quien tuvo dos hijos) que la someterá a violencia psíquica y física y cuyo divorcio le supondrá el dejar de ver a sus hijos. Con Mandela ocupó un cargo en el Parlamento sudafricano.

Fue la primera mujer en ganar el premio del Congreso Nacional Africano por esta obra escrita en 1983, en la que narra parte de su vida. Su voz esperanzada siempre quiso reconocer el de tantas mujeres negras que “se habían enfrentado a opresivas barreras sociales, culturales, económicas, políticas y educacionales” y que ellaimg039 ponía siempre como ejemplo de la fuerza que llevaría a su país hacia delante por eso su Llamadme mujer está plagada de ellas. De aquellas que fueron tildadas de inútiles, poco inteligentes y “menores” y se sobrepusieron a las extraordinarias adversidades con un espíritu de superación. Como en 1913 (antes del apartheid), hace recordar Ellen, cuando la ley que imponía el pase de las personas negras se aplicaba a hombres y mujeres por igual. Pero las mujeres de diversos distritos sudafricanos se opusieron lo que les supuso la cárcel en condiciones tremendas, incluso el acabar con lesiones crónicas. “Como recompensa lograron postergar durante unos cuarenta años la obligatoriedad de los pases para las mujeres. Y cuando finalmente se impuso, en 1955-1956, se hizo de un modo muy sigiloso”.

Las mujeres sudáfricanas jamás nos rendiremos ni aceptaremos la derrota, dejó escrito en este libro. Ellen Kuzwayo falleció en 2006. Tenía 91 años y el mismo espíritu que todas aquellas mujeres que la poblaban.

Amnesia Colectiva: Cómo es de verdad una mujer negra caminando que respira

A Koleka Putuma la invitaron. Estuvo dudando, según confiesa ella misma para una entrevista, entre acudir o no hacerlo. Otra escritora, Panashe Chigumadzi, había declinado la invitación, pero ella, finalmente, aceptó. Se trataba de grabar una sesión para el canal TEDxStellenbosch, pero se eliminó uno de sus poemas (el titulado Water) lo cual supuso una censura hacia su obra. Putuma calificó este acto, en una carta abierta al canal TEDxStellenbosch, de “opresión artística” hacia una obra que “habla abierta y honestamente sobre el dolor negro y el hedor del colonialismo que aún perdura y se respira en nuestra ciudad”. Leer Más

La literatura africana también se lee en euskera, catalán o gallego (I)

Hace tiempo que tenía en mente realizar esta entrada. Si no lo he  hecho hasta ahora ha sido fundamentalmente porque carecía de datos suficientes para emprenderla con cierto éxito. Las traducciones al euskera, catalán o gallego de obras literarias africanas no abundan, lo cierto es que los títulos no son muchos y siempre serán insuficientes pero existen.

Hoy el post se lo dedico al euskera, pero continuaré con el catalán y el gallego. Leer Más

Mejor hoy que mañana-Nadine Gordimer

Mejor hoy que mañana

¿Coetzee o Gordimer?. Suele ser una pregunta recurrente, siempre que me la preguntan me acuerdo de otras tantas parecidas, ¿The Beatles o The Rolling Stones?, por ejemplo. A pesar de que ambas me parecen una visión limitada o reduccionista, podéis encontrar la respuesta a la primera en este mismo blog si atendéis al número de entradas comentadas de uno y otro autor (no es una buena regla en general, pero en este caso, sí). Reduccionista, porque hay mucho campo literario en Sudáfrica antes y después de estos dos nobeles literarios. Ellen Kuzwayo, André Brink, Achmat Dangor (La maldición de Kafka), Damon Galgut, Zakes MdaNiq Mhlongo y Lauren Beukes desde la ciencia ficción o James McClure (La canción del perro) desde la novela negra, por citar algunos, demuestran lo anterior.

Mejor hoy que mañana es la última  novela de la premio nobel sudafricana Nadine Gordimer, activa a sus 89 años. Incansable luchadora contra el apartheid, en sus últimas entrevistas aflora un sentimiento de desilusión por la situación actual por la que atraviesa Sudáfrica, frente a la que no se resigna. “Siempre me he definido como una realista optimista. Los que luchamos sabemos que unidos pudimos hacer cosas buenas. Cuando terminó el apartheid lo celebramos todos: negros, blancos, ricos y pobres. Pero después de la fiesta viene la resaca: estamos en esa mañana de después. Debes recordar a tus compatriotas que llevamos apenas veinte años de libertad, y nos queda mucho por delante. No tenemos excusa para no crear una vida decente para todos. Pero si a pesar de la enorme y larga lucha que empezó en 1652, cuando llegó el primer barco holandés, lo conseguimos, seguro que podemos hacer cosas buenas, hacer buena nuestra libertad.” (El Cultural)

La pareja compuesta por el blanco Steve (de padre cristiano y madre judía) y la negra Jabuille (descendiente de un Baba zulú que se educó desafiando las costumbres de su pueblo en Suazilandia), el primero químico (puso sus conocimientos para la fabricación de bombas para el CNA) y la segunda abogada, casados a pesar de la prohibición del apartheid en este sentido, ahora con dos hijos y con todo su pasado a cuestas (han participado activamente en la lucha), se enfrentan a una nueva realidad, la que llegó tras el fin del apartheid y tras los primeros pasos titubeantes de la Sudáfrica democrática, en el que contemplan cómo antiguos compañeros en la lucha son seducidos por el poder y el dinero, la brecha social cada vez más amplia (hoy incluso más que cuando gobernaban los blancos) y la xenofobia, provocan un estado de desolación e incomodidad del que Steve empieza a querer salir, buscando como alternativa la posibilidad de mudarse a Australia.

En la novela, sobre todo, destaca la crítica política, a la figura del actual presidente sudafricano, Jacob Zuma, que a pesar de ser juzgado por violación (tremenda la frase que pronunció en el tribunal como defensa: “Jabu no puede hablarle a su padre de la otra orgullosa afirmación hecha en el juicio: que un hombre zulú “no puede dejar a una mujer en ese estado”. Que en la cultura zulú es tradicional satisfacer a una mujer que demuestra estar sexualmente excitada.” (pág.150), malversación y tráfico de armas consigue ser elegido como primer presidente de la nación. La escritora pone en boca de los personajes gran número de cuestiones que han surgido tras el fin del apartheid y el post-apartheid: desigualdades sociales, xenofobia, los estragos del SIDA, la falta de trabajo, la corrupción política y la ruptura en la Sudafrica post-Mandela (desde mediados de los 90 hasta finales de la década siguiente). Es a través de sus conversaciones cuando podemos llegar a introducirnos en esa Sudáfrica desconocida, en la que una Jabu se siente desconcertada cuando su marido defiende que la corrupción no es un demérito, está por todas partes, y es una consecuencia de formar parte del sistema democrático. O cuando piensa, frente a la posición de Steve, que sólo se puede decidir que no hay esperanza, si estás acostumbrado a tenerlo todo. O cuando el patriarca Baba defiende a Zuma, haciendo caso omiso de lo que Jabu le cuenta sobre él, a la vez que muestra la gran distancia entre ellos debido a su posición como mujer.

Gordimer (por otra parte, incombustible activista) con un estilo directo, claro, desapasionado, nos dibuja un mundo en el que se ha instalado la desilusión, en una novela que ayuda a conocer la situación actual del país africano. Antes, sus novelas fueron un grito contra la segregación racial (el apartheid prohibió tres de sus libros: A World of Strangers (Mundo de extraños), La hija de Burger y La gente de July), ahora, Mejor hoy que mañana, es una llamada de atención. Un grito, un alzamiento de manos enérgico que nos dice: “eh, mirad para aquí, que están pasando muchas cosas, que la situación tremenda es ésta”. Pero también de esperanza.

-¡Debemos tener esperanza…, tenemos que ser diferentes¡ Pero ¿qué estáis diciendo? Ubuntu … ¿Sabéis lo que significa eso? ¿Lo sabéis? ¿Qué está ocurriendo? (pág,119)

Ficha:

  • Título original:  No time like the present (2012)
  • Idioma: Original: Inglés
  • Traducción al castellano: Acantilado (2013)
  • Traductora: Miguel Temprano
  • Imagen de portada:  Karel Nel, cuyo cuadro Zero (2002) aparece en la cubierta de este libro, es un artista sudafricano de renombre internacional.
  • Nº páginas: 438

Afrikatik euskaraz datorren literatura

AFrikatik datorren literatura (Erresuma)

Chinua Achebe idazle nigeriarrak esan zuenez “Lehoiek beren historialaria sortzen ez duten arte, ehizaren Historiak ez du ehiztaria baino loriatuko”. Badirudi Afrika ezagun dugula Afrikaz kanpoko komunikabide, film edo liburuen bitartez. Askoz gutxiago, hala ere, Afrikako bertako jendearen ahotsen ikuspuntutik. Literaturaren bidez “besteengana” hurbiltzen gara, horrek muga asko gainditzen laguntzen digu, literaturaren bidez ahots desberdinak entzuten ditugu eta, bide batez, baita beren ikuspuntu, sentimendu eta ametsak ere. Leer Más

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