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Entradas de la Categoría ‘Abani, Chris’

Cuando la historia del propio libro rivaliza con la que encierra dentro

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Antoine Tempé; Sénégal

A veces despreciamos el poder que puede llegar a tener un libro. Sin embargo, la quema o destrucción de los mismos nos indican que muchos son portadores de ideas o historias capaces de llegar a poner sobre las cuerdas a un régimen político, a un fanatismo religioso o a unos dirigentes. Un libro que sea crítico y cuyo autor no se calla puede suponer una obsesión para aquellos que son incapaces de soportar una idea contraria a lo que piensan/a lo que creen. Así, la desaparición de los libros señalados como peligrosos o inmorales suele ser la consecuencia más natural, cuando no la de la mano que los alumbra, por desgracia.

La lista de autores que han sido perseguidos, amenazados de muerte o se han tenido que exiliar es larga y en este blog abundan. Por citar algunos, el argelino Rachid Boudjedra, el marroquí Mohamed Chukri, el egipcio Naguib Mahfuz o el somalí Nuruddin Farah que debido a su trilogía Variations on the Theme of an African Dictatorship, llena de comentarios críticos y satíricos contra el régimen del dictador Siad Barre, tuvo que exiliarse.

En esta ocasión os voy a hablar de dos novelas que demuestran el poder que puede llegar a tener la literatura, convirtiéndose en una amenaza real y logrando que su existencia tenga una vida propia, además de la que cuenta en sus páginas.

El propio Ngugi wa Thiong´o lo resume muy bien en esta frase introductoria a su libro Matigari, “El libro ha tenido una historia que casi rivaliza con el relato de ficción que encierra entre sus tapas.”

Masters of the Board

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El general Sani Abacha fue el décimo Presidente de Nigeria entre 1993 y 1998. En la lucha que protagonizó (y protagoniza) el pueblo Ogoni, el escritor y activista Ken Saro Wiwa fue una de las voces que se posicionó a favor de ellos y en contra de la compañía petrolífera Shell. Abacha mandó ejecutar al escritor, ahorcándole, junto con ocho personas más. Antes gobernó Nigeria otro general, Ibrahim Badamasi Babangida entre 1985-1993 que también vio en la escritura un peligro.

Chris Abani (Afikpo, Nigeria 1966) tenía 16 años cuando escribió su primera novela. Se titulaba Masters of the Board y se trataba de un thriller políticoEl argumento giraba en torno a un golpe militar frustrado y gracias a él ganó el premio “Delta”.

Según sus propias palabras “Ese primer libro fue un thriller extraño. Un complot de neo-nazis para tomar Nigeria e instituir el Cuarto Reich, que se frustrará finalmente por un James Bond nigeriano llamado Kayode Williams. Toda la trama de la novela se basa en un juego de ajedrez de Bobby Fischer.”

La paranoia ante la probabilidad de que ocurriera lo que en la obra se narraba, llevó a Abani por primera vez a la cárcel, después de su publicación, en 1985, durante 6 meses. El régimen del general Ibrahim Badamasi Babangida le encerró entre rejas bajo la acusación de que la obra había incitado el golpe de estado frustrado del general Mamman Jiya Vatsa quien será ejecutado en 1986 por dicha razón.

La historia fue lo suficientemente convincente como para que que el gobierno nigeriano le mandara a la cárcel por pensar que se describía algo que había ocurrido en la vida real, es decir por ser algo así como el manual para hacerse con el país y Abani el autor intelectual de un frustrado golpe de estado.

Matigari

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El escritor fue perseguido tanto por el primero (Jomo Kenyatta) como por el segundo (Arap Moi) presidente de Kenia. Se le impidió ejercer como profesor, sus libros fueron prohibidos, fue encarcelado y finalmente soportó una violencia extrema  en un suceso tremendo que vivió cuando regresó a Kenia, después de más de veinte años en el exilio. Con Matigari, considerada una sátira memorable de la traición a los ideales humanos, logró lo que muchos escritores sueñan: que su personaje traspasara los límites de la ficción.

La novela original en kikuyu se publicó en 1986 bajo el régimen de Arap Moi (presidente de su país entre 1978 y 2002). Desde el primer momento tuvo una gran resonancia. En la obra, Ngugi contaba  la historia de Matigari ma Njiruungi, un hombre que ha luchado por la independencia de su país y que regresa para reconstruir su vida y tener un futuro, pero comprueba que nada de lo que se encuentra es como lo soñó. El nombre del protagonista pasaba de boca en boca y era el centro de las conversaciones en muchos lugares por lo que el régimen pensó que se trataba de un personaje real, así que ordenó su arresto.

El propio escritor lo explicó así,Matigari es bastante interesante. El libro fue escrito cuando estaba en el exilio. Fue publicado en Kenia en 1986. Este fue un año muy malo en lo que respecta a la represión política en Kenia. Hubo arrestos de intelectuales a gran escala. Fueron encarcelados con falsas acusaciones que se presentaron contra ellos. Fue entonces cuando salió el libro. El personaje de ficción en el libro, que tiene el nombre de la novela, Matigari, quiere saber dónde puede encontrar la verdad y la justicia. El Presidente Moi se enteró de esto, es decir, que Matigari se atrevía a ir por todo el país haciendo este tipo de preguntas. Por ello, el presidente ordenó su detención inmediata. La policía no tardó en descubrir, sin embargo, que este Matigari era sólo un personaje de un libro. Moi ordenó que el libro fuera detenido en su lugar. En 1987, la policía irrumpió en todas las librerías del país y requisó cada copia del libro. También confiscaron los ejemplares en el almacén de la editorial. Por ello, el libro sólo está disponible en Inglés y aún así fuera de Kenia. Así, uno podría argumentar que el libro y el personaje se han unido a su autor en el exilio.”

El personaje que creó Ngugi fue tan realista que soportó una orden de arresto. El héroe fue confundido por el gobierno con un agitador revolucionario verdadero. Al no poder hacerlo, decidieron eliminar el libro.

Graceland- Chris Abani

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Chris Abani sufrió persecución política por la publicación de su primera novela, con dieciséis años, “Masters of the Board” (1985), un thriller cuya trama sobre un golpe militar frustrado en Nigeria fue tan convincente que desencadenó la paranoia en la dictadura política de su país. Su creatividad junto con su activismo universitario le llevaron a varias condenas de prisión, a veces en régimen de aislamiento. Abani volcó su experiencia en poemas que Harold Pinter calificó como “la más desnuda, desgarradora expresión imaginable de la vida en prisión y de la tortura política”. Después se expatrió a Europa y América, donde reside en la actualidad, es profesor en la Universidad de California, sin perder nunca de vista sus raíces, su Nigeria natal.

Chris Abani rezuma humanidad. En sus libros, en sus charlas, podréis ver a un Abani que ha tenido una vida dura, sufrió la guerra de Biafra de niño, luchó contra el gobierno de joven, le torturaron y estuvo hasta tres veces en el corredor de la muerte. Su voz se quiebra a menudo cuando recuerda momentos tremendos de su biografía (no solo sobre si mismo), utiliza el humor como vía para tratar de hacer lo contado más llevadero, y siempre se muestra razonablemente optimista (sin ser sentimental), de esa manera en la que únicamente las personas que han vivido los más profundos pozos de la desesperación, la sinrazón y el dolor lo saben ser.

Su novela “Graceland” nos ofrece un retrato de la ciudad de Lagos caótica, sucia, maloliente, y a la vez hermosa. Al igual que la historia de Elvis, un  joven con el nombre del cantante norteamericano, que se dedica a imitarle como forma de ganarse la vida, mientras sueña en convertirse en bailarín. Vive con su padre en un barrio pantanoso, un gueto llamado Maroko donde se enfangan calles y personas, donde un padre de diez hijos corre huyendo de la policía con la ropa robada para acabar inmolándose delante de todos o donde uno acaba por darse cuenta “de que solo es un pequeño grupo de gente el que está echando a perder nuestro país. La mayoría de la gente lo que quiere es trabajar duro, ganarse la vida y entretenerse un poco. Pero parece que hagan lo que hagan, siguen siendo pobres.” (pág. 318). Es también la narración  de la relación entre un padre y un hijo y de lo difícil que es ser hijo a veces y de lo que se puede llegar a hacer por defender un honor. Es el relato de un país que ha dejado atrás el pasado colonial y está sumido en una violenta dictadura. Es el relato de unos hechos que confirman como dice Innocent, el niño soldado, “hacía ya tiempo que había perdido cualquier creencia en la bondad innata de la causa rebelde y la maldad del enemigo. Antes le guiaba un profundo idealismo. Ahora solo quería sobrevivir.” (pág.242) Y es la historia también de un mundo que parece haberse perdido, de una deslumbrante cultura igbo sumergiéndose en otra cultura ajena, la americana. Demasiado, hasta perder sus raíces (de hecho, el final es lo que menos me gusta de la novela).

Este libro es duro y contiene un gran número de estercoleros: violencia, incesto, violación, asesinato, pobreza extrema, tráfico de órganos, drogas, prostitución, niños y niñas (de la calle-soldados-prostituidos-violados)… Parecería que una novela con tal cantidad de horrores en su interior debería hacerse intragable, pero Chris Abani es un gran narrador y la historia se convierte en algo imposible de abandonar, una página te arrastra a la otra, aunque no es fácil leerla de un tirón. Aunque seca, dice Abani que lo más bello del ser humano surge cuando se muestra su lado más feo, y demoledora, contiene dosis de optimismo. He leído en algún lugar que la acumulación de horrores de esta novela logra a la larga que el lector se insensibilice. En mi opinión, ocurre todo lo contrario.

Según sus propias palabras, “Lo que escribo es difícil para el lector y para mí, no sólo para el lector. En mis libros quito el orden moral para que el lector se vea involucrado y comience a hacerse preguntas personales e íntimas. El efecto que busco con mi narrativa es que las cosas sucedan en tiempo presente frente a los ojos de quien la lee. No juzgo a mis personajes, ese es un asunto del lector, lo cual resulta bastante incómodo para él porque muchas veces se verá simpatizando con un personaje que en teoría resulta malo…

He sido humano seis días, pero solo a veces”, dice en la charla de TED que he compartido con vosotros/as. Abani intenta transmitirnos que nadie va a venir y salvarnos de la locura y del mal, nadie tiene la receta mágica para entender porqué ocurren las cosas que ocurren. Coincido con Abani cuando pone en boca de su protagonista esta frase “Nada se resuelve nunca… Solo cambia“(pág.363). Ninguno de nosotros sabemos muy bien de qué hablamos cuando hablamos de nosotros mismos, solamente nos aproximamos, como niños intentando descifrar el misterio que se encuentra debajo de la superficie, más difícil aún saber de qué hablamos cuando lo hacemos sobre “el otro”. Buscar la humanidad en los otros, cuando deberíamos de intentar empezar por nosotros mismos. Es difícil sí, pero sería más honesto afirmar que lo intentamos, quizás seis días, quizás mucho menos, y ni siquiera todo el tiempo.

“Graceland” es la única obra de Chris Abani traducida al castellano gracias al empeño de la Editorial Baile del Sol (la traductora del libro, Alicia Moreno, ha recibido muchos elogios también). Esta vez la cita del final va a ser un poco más larga, pero creo que comprenderéis porqué.

“Tocó la brillante cubierta de pasta blanda: Al encuentro del hombre negro, de James Baldwin. Lo abrió por la página doblada que señalaba por dónde iba y empezó a leer. Jesse acababa de llegar a la escena del linchamiento con su padre. Mientras leía, Elvis empezó a ver muchos paralelismos entre él y la descripción de un negro muriendo lentamente devorado por las llamas. Las manos del hombre usando las cadenas que lo ataban como contrapeso para levantarse y acabar con la tortura. Se encogió en la parte en que el hombre blanco sin nombre de la historia le cortaba los genitales al negro linchado. Cerró el libro y se imaginó qué clase de cicatriz dejaría eso. Sería una cosa viva que levantaría los brazos al cielo en una súplica, descendiendo para enraizarse en el chakra inferior, nuestra naturaleza más básica. Hasta que el hombre muerto se convirtiera en el cielo, el árbol, la tierra y la inconmensurable tristeza de todo ello. Conocía esa cicatriz, ese dolor, esa vergüenza, esa degradación que ninguna metáfora podía contener, grabándola en su cuerpo. Y aún más, él era esa cicatriz, tallada por el odio, la pequeñez y el miedo en el rostro del mundo. Él y todos los que eran como él, hasta que la tierra ardiera con hombres negros  marcados muriendo en árboles de fuego” (pág. 362)

Ficha:

  • Título original:  Graceland (2004)
  • Idioma: Original: Inglés
  • Traducción al castellano: Baile del sol (2013)
  • Traductora: Alicia Moreno Delgado
  • Nº páginas: 364
  • Premios del libro:Hemingway/PEN Prize, entre otros

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Lagos: medio suburbio, medio paraíso

Lagos, Nigeria

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Alpha Beach (Lagos). Fotografía: Teemi

No conocía la pobreza y la violencia de Lagos hasta que llegó. Era como si la gente conspirara con la ciudad para tender una red de silencio alrededor de sus partes desagradables. Los que no vivían en Lagos solo veían postales de sus rascacielos, extensos pasos elevados, playas y hoteles. Y los que vivían allí, cuando regresaban a sus aldeas ancestrales en Navidad, llevaban ropa de diseño y gastaban mucho dinero. Aparecían alegremente, vivían una vida cara como un torbellino, y se marchaban tras un par de semanas para volver a sus vidas en el gueto. 

Pero por un brillante momento, deslumbraban: las mujeres, con ropa a la moda, maquillaje y bolsos a juego con los zapatos, se atrevían a fumar en público y a  beber cerveza directamente de las botella; y los hombres, bien vestidos, no se chivaban a tus padres si te pillaban fumando. Te dejaban tomar sorbos de su cerveza y echaban unas nairas en el bolsillo de tu camisa.

Pero Lagos tenía también muchos barrios buenos y gente adinerada, y desde su llegada había descubierto que un tercio de la ciudad parecía trasplantado de las ricas urbanizaciones del oeste. Había bellas casas rojizas en mitad de patios bien arreglados, haciendas de estilo español de color ocre y blanco relucientes, elegantes edificios estilo Frank Lloyd Wright y coches extranjeros nuevecitos. De cualquier cosa, Lagos tiene una copia, por lo que se la apoda precisamente “Copia”. Graceland” 2004, Chris Abani. Editorial Baile del Sol (2013) pág. 16

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Lagos Fotografía:iamforevernigerian.tumblr.com

Su ruta mostraba la ciudad tan descuidada como los restos de un plato de comida a medio terminar. Elvis meditaba sobre lo personal que parecía, adaptándose específicamente para encajar en cada circunstancia. En su camino hacia el club, las calles que había recorrido eran rectas y orgullosas con quemaduras de cuerda por fricción o verdugones de vara. Ahora todos los callejones con las paredes a punto de derrumbarse, las puertas de hierro forjado, los charcos de agua putrefacta y meado y las guirnaldas de ratas muertas parecían únicos. Aun así, pese a que cada centímetro cuadrado era diferente, la ciudad en general seguía siendo como un insulto gritado en una calle atestada.Graceland” 2004, Chris Abani. Editorial Baile del Sol (2013) pág,121

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Lagos. Fotografía:stellamaris.blog.lemonde.fr

Abandonó la lectura y dejó vagar su mente mientras observaba la ciudad, medio suburbio, medio paraíso. Se preguntaba cómo podía ser un sitio tan horrible y violento y a la vez tan hermoso. Graceland” 2004, Chris Abani. Editorial Baile del Sol (2013) pág,16

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Fotografía:Jacob Holdt, Lagos, Nigeria

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