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Entradas de la Categoría ‘Achebe, Chinua’

¿Dónde está la versión en igbo de “Todo se desmorona”?

Nº 1 AWS 1958

Nº 1 African Writers Series 1958

Por todos es sabido que el nigeriano Chinua Achebe decidió no escribir en su lengua materna, el igbo, para hacerlo en inglés. Lo hizo, según sus propias palabras, “para infiltrarse en las filas del enemigo y destruirlo desde dentro”*. Lo que muy pocos saben es que su obra maestra, Todo se demoronaparece seguir el mismo camino. Traducida a más de sesenta idiomas (incluido castellano, euskera, catalán y gallego), sin embargo no lo está en igbo.

Portada 50 aniversario

Portada 50 aniversario

Achebe introdujo proverbios y frases en igbo en este libro, de hecho él mismo, de niño, fue instruido en su cultura, al tiempo que lo hizo en la inglesa. En la obra, en un pasaje determinado, se destaca la importancia de la lengua: “¿Entiende el hombre blanco nuestras costumbres acerca de la tierra? ¿Cómo va a entenderlas, cuando ni siquiera habla nuestro idioma?“. Un idioma que es hablado por cerca de diecinueve millones de personas y que tiene en su haber obras literarias pre-coloniales redactadas por escritores que sí que la usaron. Pero no la traducción de la que es la obra más conocida internacionalmente de un escritor africano.

Ya en 2007, cuando se cumplieron cincuenta años desde que su publicación, se recogieron algunas voces en diversos medios de comunicación que hacían presagiar que la traducción se haría en un plazo de tiempo corto. A pesar de ello, el próximo año se cumplirán sesenta desde que la obra vio la luz y su lectura en igbo sigue siendo imposible de realizar.

Muchos, la mayoría desde Nigeria, nos hacemos la misma pregunta, ¿por qué?. Así que empecé a tirar del hilo.

La primera pista que encontré se remontaba a 2007. En el magazine All Africa se mencionaba a Izuu Nwankwo como el elegido traductor gracias al cual la novela, así acabada, llegaría al público lector igbo el primer semestre de 2008. En la nota se decía que Nwankwo tuvo la iniciativa de ponerse en contacto con Achebe, quien le animó a traducir la obra a cualquiera de las lenguas nigerianas, que se aseguró los derechos de autor para la editorial Heinemann y que la traducción le llevó cuatro años. Sin embargo, es imposible encontrar en la red más referencias de este hombre y de lo que ocurrió con su trabajo.

En fechas recientes ha aparecido la portada del clásico que el artista Viktor Ekpuk ha realizado para la edición que la casa “Penguin Random House” le ha encargado con el objeto de conmemorar los sesenta años de su publicación. A raíz de la proximidad de esta fecha, será en 2018, algunos intelectuales y escritores nigerianos han vuelto a sacar el tema de la no traducción a igbo de una obra de la que se han vendido más de 20 millones de copias desde su publicación, preguntándose ¿hasta cuándo?.

Portada realizada para los 60 años de su publicación. Autor: Viktor Ekpuk

Portada realizada para los 60 años de su publicación. Autor: Viktor Ekpuk

*. Traducción de la frase: Olga Barrios

¿Hablaremos de literatura sino-africana en un futuro?

Mahfuz

Mahfuz

La infancia de Jesús

La infancia de Jesús

Aké

Aké

Se habla mucho sobre la nueva influencia de China en el continente africano. Hay libros de periodistas que han investigado sobre terreno y suelen aparecer artículos de vez en cuando sobre el tema que van perfilando aún más la relación sino-africana. Sin embargo, apenas hay lecturas que nos descubran cuál está siendo la influencia (mutua) a nivel cultural.

A finales del año pasado quise indagar un poco en este tema y tras (re)leer varios libros surgió China y África: 3 libros sobre una relación muy actual. Buscaba en ellos un análisis a nivel socio-político y económico, y también cultural. Pero los tres libros comentados adolecían de un análisis sobre este último aspecto. Sin embargo, sí encontré datos y artículos de interés que criticaban, opinaban, o simplemente informaban sobre la influencia cultural.

En 2014 se dio en la Universidad de Pekín la primera conferencia en China sobre literatura africana. En aquel momento se cifraba en 27.000 los africanos que se encontraban estudiando en universidades de aquel país. Sobre el número de chinos que hacían lo mismo en el continente africano, no había datos.

El magazine on line New African, en un artículo titulado “How China´s Confucius centres affect African culture (21/05/2015), hablaba sobre los Institutos Confucios que se están instaurando por todo el continente. El objetivo de los mismos es promover la lengua y la cultura chinas y dar apoyo a la enseñanza del chino en todo el mundo a través de los Institutos Confucios asociados. Dentro de África el primero de ellos es el que se fundó en Nairobi. En la actualidad el continente cuenta con 35 Institutos. La enseñanza de la lengua y la cultura china está apareciendo en toda África, incluyendo Egipto y Marruecos, en el norte, y Benin, Botswana, Camerún, Kenia, Nigeria o Ruanda.

Para “New African” el establecimiento de estos locales en lugares que ellos consideran estratégicos no es algo que se deba tomar a la ligera. En su opinión un continente como el africano, que ya sufrió un “soft power” en el pasado cuando al ser colonizados se establecieron allí institutos de enseñanza inglesa o francesa, tiene que ver como una amenaza para las lenguas africanas este interés chino.

Todo se desmorona-Chinese

Todo se desmorona

Alá no está obligado

Alá no está obligado

Desgracia

Desgracia

Lo cierto es que desde el país asiático también se ha mostrado un interés cultural por África, más en concreto por la literatura africana. “Paper Republic” es un foro de traductores ingleses que comenzaron en 2007 a traducir a autores chinos para darles mayor difusión. En uno de sus artículos recogen que la edad de oro de la traducción de autores africanos al chino se produjo en la década de los 80, con títulos de autores tan reconocidos como Achebe, Soyinka, James Ngugi, Leopold Sengor o Mouland Mammeri, entre otros.

En el siglo XXI también se han publicados las novedades de los autores africanos, pero rara es la ocasión en la que estos títulos han sido traducidos al chino. Así se han publicado los relatos de los ganadores del “Caine Prize for African Writing” o a autores como Leila Aboulela, Binyavanga Wainaina, Laila Lalami, Chika Unigwe o Chimamanda Ngozi Adichie.

En relación al norte de África, en el artículo Arabic Literary Translations in China: A Brief History, se da un exhaustivo listado de los títulos que han sido traducidos desde el árabe. Como nota curiosa destaco el hecho de que ninguno de los traductores ha sido árabe, todos son chinos, y también la preferencia por los títulos de literatura moderna frente a los más clásicos, entre los que destacan las obras de Najīb Maḥfūẓ o de Ṭayyb Ṣāliḥ.

The cover for the Chinese edition of my novella Binti (SF World Mag). Illustration by Liu Junwei.

The cover for the Chinese edition of my novella Binti (SF World Mag). Illustration by Liu Junwei.

Esta misma semana nos enterábamos de que a Nnedi Okorafor le concedían el  “premio Hugo” en el apartado de mejor novela corta de ciencia ficción por Binti y la autora mostraba en su perfil de Twitter el impresionante trabajo realizado por la ilustradora Liu Junwei para la versión china del libro.

En 2011 el libro más demandado de un autor africano en el país asiático fue Todo se desmorona de Chinua Achebe. Pero en tan solo 3 años Chimamanda Ngozi Adichie pasó a ser la más solicitada con su Half of a Yellow Sun (Medio sol amarillo). Sin embargo, la obra de Achebe fue traducida al chino (por primera vez en 1964) y la de Adichie se vende y se lee en su idioma original: el inglés.

Love is in the air (o lo contrario), algunas pasiones literarias muy africanas

LoVE iS In tHe aIR

Binyavanga Wainaina- Chimamanda Ngozi Adichie

Adichie guarda de sus tiempos de aspirante a escritora su amistad con Binyavanga Wainaina quien desde entonces es uno de sus mejores amigos. Se conocieron en 2001 a través de internet, en un sitio web que les permitía compartir su pasión por la escritura. Quince años después la amistad continúa, ambos leen lo que escribe el otro y opinan sobre ello, a pesar de ser tan diferentes a la hora de escribir.

Cuando Adichie le explicó su intención de escribir sobre la guerra civil de Biafra (es el argumento central de Medio sol amarillo), Wainaina exclamó “¡estás loca¡” y le expresó sus temores sobre el tema elegido. Sin embargo, añade, “ella no tiene miedo y por eso pudo escribir esa novela”. Adichie, por su parte, opina que Wainaina no es solamente un magnifico escritor sino también una generosa persona.

Abdourahman A. Waberi- Nuruddin Farah

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En la propia página web de Waberi, éste se declara admirador del somalí, sobre el que escribió su tesis doctoral (una comparativa entre su obra y la de la argelina Assia Djebar). Le considera más que un maestro, un hermano mayor. Es raro leer alguna entrevista realizada al yibutí y que no aparezca por una u otra razón el de Nuruddin Farah, quien también suele nombrar a su amigo de manera constante. Ambos comparten además de región de nacimiento, un pasado doloroso y la “identidad del nómada” que tanto ha marcado la narrativa de Waberi, pasaje de lágrimas o país sin sombras.

“Uno no viaja para proveerse de exotismo y anécdotas con que adornarse como un árbol de Navidad, sino para que el camino lo desplume, lo enjuague, lo escurra, lo deje como esas toallas, raídas por los lavados con lejía, que te entregan junto con un pedazo de jabón en los burdeles… Sin este desapego y esta transparencia, ¿cómo puede uno esperar hacer ver lo que ha visto?” Elogio del nomadismo-Abdourahman A.Waberi

La primera novela de Waberi Le pays sans ombre (1994) está dedicado al somalí, quien le prologa el libro. Toda una declaración de amor.

… o ToDO lo CoNTrArIO

Chinua Achebe- Joseph Conrad

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El nigeriano escribió un texto muy crítico en relación a la mítica obra de Joseph Conrad y le acusó de manera abierta de racista.“Una imagen de África: nazismo en “El corazón de las tinieblas” (1975), es una lectura del libro argumentado que “(la novela) proyecta la imagen de África como “el otro mundo”, la antítesis de Europa y, por tanto, de la civilización, un lugar donde la cacareada inteligencia y refinamiento del hombre son finalmente burlados por la bestialidad triunfante”. Desde la antítesis que plantea ya desde el inicio, entre dos ríos, uno europeo, el Támesis (la civilización), el otro africano, el Congo (el salvajismo), de donde parte y a donde llega Marlow, Achebe va mostrando sus argumentos para mostrar lo pernicioso de la novela, sobre todo en relación a las personas. “La cuestión es si una novela que celebra de deshumanización, que despersonaliza a una parte de la raza humana, puede denominarse una gran obra de arte. Mi respuesta es no, no puede”, concluyó

El discurso de Achebe ha tenido seguidores y detractrores, son muchos los que opinan que Conrad a pesar de su tibieza creó un texto con propósito anticolonial. Otros, en cambio, coinciden con Achebe y respaldan que fuera tan valiente y sintiera la responsabilidad de decir lo que opinaba.

Ngugi wa Thiong´o- Karen Blixen

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Algo parecido a lo que le suscitó a Achebe la lectura del libro de Conrad, le ocurrió a Ngugi wa Thiong´o con la baronesa Blixen aunque en menor medida. Muchos han sido los libros que han indagado en la vida íntima de esta mujer que luchó contra viento y marea para escribir (tuvo que asumir el seudónimo masculino de Isak Dinesen para poder publicar) y que han mostrado que a pesar de lo idílico y romántico que adorna su perfil, no rechazó la política colonial en el continente, de hecho tuvo esclavos en su plantación de café.

Blixen tuvo una granja en Kenia, y su perro se llamaba Dust y su sirviente Kamante y a partir de ahí Ngugi wa Thiong´o escribió un texto en 1980 Her Cook, Her Dog. Frente a la conmoción que le supuso la lectura de  In the Castle of My Skin (1953) del escritor de Barbados George Lamming, Las memorias de África (1937) de la danesa le provocaron el efecto contrario, “uno de los libros más peligrosos que se han escrito sobre el continente desde una condescendencia que se hacía pasar por amor“. El escritor señala el uso repetido que realiza Blixen de la imaginería animal al describir a los africanos. En su representación de su sirviente Kamante, Ngugi ve la comparación de Blixen con un perro como insulto extremo. Opinión que también compartía Nuruddin Farah quien en su novela Regalos admite que “(Blixen) tal vez se enamorase de aquella parte del continente pero que sin duda no amó a las gentes del lugar”. Ella, por su parte, siempre soñó con volver a Kenia.

Baldwin & Achebe, el día que se conocieron

He estado buscando fotografías de escritores disfrutando del sol, durante semanas. Casi había arrojado la toalla cuando localicé dos imágenes de James Baldwin y Chinua Achebe paseando por la playa de Saint Augustine (Florida). La primera instantánea me pareció muy buena, por la naturalidad con la que ambos son fotografiados, sin posar, y por sus atuendos informales que dicen más de lo que parecen. El del estadounidense (Baldwin) es más serio y funcional, excepto por las gafas, y el del nigeriano (Achebe) nos trae resonancias africanas gracias a los elefantes y leopardos que tapizan su camisa. Caminan muy próximos, pero cada uno parece inmerso en su propio mundo.

Achebe conoció a Baldwin en 1980 cuando ambos fueron invitados para abrir una conferencia en Gainesville patrocinada por la African Literature Association (ALA). Esta fotografía fue tomada tras ese primer encuentro. Mucho antes sus vidas habían comenzado en lugares muy alejados sin saber que un día ambos serían considerados figuras de primera magnitud en el mundo literario, y que siete años después el norteamericano fallecería, víctima de un cáncer de estómago, sin poder cumplir la profecía que había pronunciado delante del nigeriano en aquel encuentro literario, en la que pronosticaba que él vería nacer el siglo XXI “por su propia terquedad”.

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James Baldwin se crió en las calles del Harlem neoyorquino, que tanto marcarían su trayectoria posterior, en donde nació en 1924. Su familia, descendiente de esclavos, era muy pobre, tuvo que hacerse cargo de sus hermanos más pequeños, y él, habitual morador de las calles, encontraría en ellas demasiada realidad hasta el punto de llegar a decir: “A la gente le cuesta menos llorar que cambiar, una regla de psicología que la gente como yo aprendió en la calle siendo niño”. Su padre fue un severo pastor baptista y él mismo fue predicador para después apartarse de la religión, pero sin poder dejar atrás del todo su formación que se introduce en sus obras. Su cuerpo era menudo, de poca estatura, pero poseía un rostro singular que se llenaba con sus dos ojos saltones y su imponente nariz. Era (pongamos etiquetas) un norteamericano negro y homosexual (se podría añadir también y pobre) que vivió exiliado en Francia. Y escribió sobre ello; clamó contra las desigualdades que ambos colectivos soportaban, aún más él que lo vivió por partida doble, pero sobre todo luchó por los derechos civiles desde su inmensa humanidad,“no soy pobre ni negro ni gay ni norteamericano: esas son distracciones que no dejan a los demás verme como un ser humano”, llegó a afirmar.

La familia de Chinua Achebe era igbo, una de las etnias que habitan Nigeria. Nació en 1930 y su infancia fue un “cruce de culturas” entre el mundo de educación occidental cristiana al que le empujaba su padre, y el de sus orígenes. Gracias a sus capacidades y a su entorno, pudo estudiar en colegios en los que se formaba a la futura élite nigeriana. Sus padres (unos pastores protestantes) le educaron dentro de la nueva religión, pero él pronto demostró su intención de volver a sus raíces, dejando su nombre inglés de lado (estaba bautizado como Albert) y recuperando su nombre original. Como parte de aquella élite privilegiada, formó parte del gobierno efímero de Biafra, experiencia que le resultó decepcionante. Escribió sobre el poder y sus vasallajes, sobre el horror y la deshumanización. Y contó la historia de la colonización por la boca de un africano, intentando siempre transmitir a sus lectores “que su historia, a pesar de todas sus imperfecciones, no fue la larga noche de salvajismo de la que los europeos, actuando en nombre de Dios, vinieron a liberarnos”. Fue el escritor que Mandela leía en la cárcel, el líder sudafricano se refirió a Achebe y a su obra como una fuerza “en cuya compañía los muros de la prisión se derrumbaban”.

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En un artículo titulado The Day I Finally Met James BaldwinChinua Achebe recordaba aquel encuentro que se había postergado varias veces a lo largo del tiempo. El nigeriano anotaba que estuvo dando vueltas a cómo iniciar la conferencia. Una vez en el escenario en el que su interlocutor esperaba, se giró hacia él para decirle, en una transposición de aquella célebre frase: “El Señor Baldwin, supongo“, lo que obtuvo por respuesta un cambio de semblante en el rostro grave y serio del escritor norteamericano que se tornó sonriente, desmoronándose al instante en una amplia sonrisa feliz. El público lo tomó con alegría aplaudiendo y profiriendo exclamaciones joviales, creando un ambiente positivo y a la vez serio. Todo iba perfecto en aquella conferencia anual de la ALA. Baldwin hablaba de Todo se desmorona, la novela que había encumbrado a Achebe, “la había leído en francés”, añadiendo que trataba de personas y costumbres que desconocía, pero que al leerlas, las había reconocido en su plenitud. “Aquel hombre, Okonkwo, es mi padre” había afirmado cuando una voz irrumpió la charla por el sistema de megafonía. Alguien comenzó a lanzar insultos racistas contra Baldwin, quien tras aparecer nervioso en un primer momento, se irguió y respondió al intruso. La conferencia continúo y, a pesar de que la muerte no les volvió a dar la oportunidad de volver a estar juntos, Achebe no dio por terminada la charla entre ellos.

Fueron dos seres muy diferentes, tanto a nivel humano como a nivel literario. Y eran negros. Uno sabía lo que era la esclavitud, la discriminación, la injusticia y el racismo. El otro sabía lo que era la colonización, la deshumanización, la explotación, la corrupción y el racismo. Demasiadas palabras para nombrar lo mismo: el rechazo, la negación y la desigualdad. Ninguno se ponía ninguna venda innecesaria: sabían y reconocían también que entre “los suyos” se originaban situaciones injustas y terribles. En aquella charla, el racismo contra Baldwin también le dolió a Achebe; por familiar que fuera no dejaba nunca indiferente, la misma rabia aparecía de nuevo en otro lugar. Los dos sabían de qué se trataba: la archiconocida supremacía blanca. Eran dos caras (todavía lo son) diferentes y complementarias.

Miro la extraña segunda fotografía que he localizado de aquel encuentro. Ésta es en blanco y negro, con los dos escritores frente a frente, en la misma playa, con idéntico atuendo, pero ahora se están mirando, no permanece cada uno en su mundo, parecen mantener un diálogo. James Baldwin se ha quitado sus gafas de sol, un parapeto innecesario. La altura de Chinua Achebe le dota de una posición privilegiada, pero entre ellos no se aprecia rivalidad ninguna, al contrario. Añade Achebe que Baldwin no tenía miedo de nadie ni de nada. Tampoco él lo tuvo. Al fondo, unas olas lamen la orilla. El viento levanta las solapas de la camisa del norteamericano, al igual que en la primera instantánea hacía lo mismo con la del nigeriano. Entre ambos, alrededor, junto y en, parece fluir el comienzo. África. Siempre África.

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Fotografías: James Baldwin and Chinua Achebe in St. Augustine, Florida, 1980. Vía Okayafrica
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