Saltar al contenido.

Entradas de la Categoría ‘Achebe, Chinua’

¿Dónde está la versión en igbo de “Todo se desmorona”?

Nº 1 AWS 1958

Nº 1 African Writers Series 1958

Por todos es sabido que el nigeriano Chinua Achebe decidió no escribir en su lengua materna, el igbo, para hacerlo en inglés. Lo hizo, según sus propias palabras, “para infiltrarse en las filas del enemigo y destruirlo desde dentro”*. Lo que muy pocos saben es que su obra maestra, Todo se demoronaparece seguir el mismo camino. Traducida a más de sesenta idiomas (incluido castellano, euskera, catalán y gallego), sin embargo no lo está en igbo.

Portada 50 aniversario

Portada 50 aniversario

Achebe introdujo proverbios y frases en igbo en este libro, de hecho él mismo, de niño, fue instruido en su cultura, al tiempo que lo hizo en la inglesa. En la obra, en un pasaje determinado, se destaca la importancia de la lengua: “¿Entiende el hombre blanco nuestras costumbres acerca de la tierra? ¿Cómo va a entenderlas, cuando ni siquiera habla nuestro idioma?“. Un idioma que es hablado por cerca de diecinueve millones de personas y que tiene en su haber obras literarias pre-coloniales redactadas por escritores que sí que la usaron. Pero no la traducción de la que es la obra más conocida internacionalmente de un escritor africano.

Ya en 2007, cuando se cumplieron cincuenta años desde que su publicación, se recogieron algunas voces en diversos medios de comunicación que hacían presagiar que la traducción se haría en un plazo de tiempo corto. A pesar de ello, el próximo año se cumplirán sesenta desde que la obra vio la luz y su lectura en igbo sigue siendo imposible de realizar.

Muchos, la mayoría desde Nigeria, nos hacemos la misma pregunta, ¿por qué?. Así que empecé a tirar del hilo.

La primera pista que encontré se remontaba a 2007. En el magazine All Africa se mencionaba a Izuu Nwankwo como el elegido traductor gracias al cual la novela, así acabada, llegaría al público lector igbo el primer semestre de 2008. En la nota se decía que Nwankwo tuvo la iniciativa de ponerse en contacto con Achebe, quien le animó a traducir la obra a cualquiera de las lenguas nigerianas, que se aseguró los derechos de autor para la editorial Heinemann y que la traducción le llevó cuatro años. Sin embargo, es imposible encontrar en la red más referencias de este hombre y de lo que ocurrió con su trabajo.

En fechas recientes ha aparecido la portada del clásico que el artista Viktor Ekpuk ha realizado para la edición que la casa “Penguin Random House” le ha encargado con el objeto de conmemorar los sesenta años de su publicación. A raíz de la proximidad de esta fecha, será en 2018, algunos intelectuales y escritores nigerianos han vuelto a sacar el tema de la no traducción a igbo de una obra de la que se han vendido más de 20 millones de copias desde su publicación, preguntándose ¿hasta cuándo?.

Portada realizada para los 60 años de su publicación. Autor: Viktor Ekpuk

Portada realizada para los 60 años de su publicación. Autor: Viktor Ekpuk

*. Traducción de la frase: Olga Barrios

¿Hablaremos de literatura sino-africana en un futuro?

Mahfuz

Mahfuz

La infancia de Jesús

La infancia de Jesús

Aké

Aké

Se habla mucho sobre la nueva influencia de China en el continente africano. Hay libros de periodistas que han investigado sobre terreno y suelen aparecer artículos de vez en cuando sobre el tema que van perfilando aún más la relación sino-africana. Sin embargo, apenas hay lecturas que nos descubran cuál está siendo la influencia (mutua) a nivel cultural.

A finales del año pasado quise indagar un poco en este tema y tras (re)leer varios libros surgió China y África: 3 libros sobre una relación muy actual. Buscaba en ellos un análisis a nivel socio-político y económico, y también cultural. Pero los tres libros comentados adolecían de un análisis sobre este último aspecto. Sin embargo, sí encontré datos y artículos de interés que criticaban, opinaban, o simplemente informaban sobre la influencia cultural.

En 2014 se dio en la Universidad de Pekín la primera conferencia en China sobre literatura africana. En aquel momento se cifraba en 27.000 los africanos que se encontraban estudiando en universidades de aquel país. Sobre el número de chinos que hacían lo mismo en el continente africano, no había datos.

El magazine on line New African, en un artículo titulado “How China´s Confucius centres affect African culture (21/05/2015), hablaba sobre los Institutos Confucios que se están instaurando por todo el continente. El objetivo de los mismos es promover la lengua y la cultura chinas y dar apoyo a la enseñanza del chino en todo el mundo a través de los Institutos Confucios asociados. Dentro de África el primero de ellos es el que se fundó en Nairobi. En la actualidad el continente cuenta con 35 Institutos. La enseñanza de la lengua y la cultura china está apareciendo en toda África, incluyendo Egipto y Marruecos, en el norte, y Benin, Botswana, Camerún, Kenia, Nigeria o Ruanda.

Para “New African” el establecimiento de estos locales en lugares que ellos consideran estratégicos no es algo que se deba tomar a la ligera. En su opinión un continente como el africano, que ya sufrió un “soft power” en el pasado cuando al ser colonizados se establecieron allí institutos de enseñanza inglesa o francesa, tiene que ver como una amenaza para las lenguas africanas este interés chino.

Todo se desmorona-Chinese

Todo se desmorona

Alá no está obligado

Alá no está obligado

Desgracia

Desgracia

Lo cierto es que desde el país asiático también se ha mostrado un interés cultural por África, más en concreto por la literatura africana. “Paper Republic” es un foro de traductores ingleses que comenzaron en 2007 a traducir a autores chinos para darles mayor difusión. En uno de sus artículos recogen que la edad de oro de la traducción de autores africanos al chino se produjo en la década de los 80, con títulos de autores tan reconocidos como Achebe, Soyinka, James Ngugi, Leopold Sengor o Mouland Mammeri, entre otros.

En el siglo XXI también se han publicados las novedades de los autores africanos, pero rara es la ocasión en la que estos títulos han sido traducidos al chino. Así se han publicado los relatos de los ganadores del “Caine Prize for African Writing” o a autores como Leila Aboulela, Binyavanga Wainaina, Laila Lalami, Chika Unigwe o Chimamanda Ngozi Adichie.

En relación al norte de África, en el artículo Arabic Literary Translations in China: A Brief History, se da un exhaustivo listado de los títulos que han sido traducidos desde el árabe. Como nota curiosa destaco el hecho de que ninguno de los traductores ha sido árabe, todos son chinos, y también la preferencia por los títulos de literatura moderna frente a los más clásicos, entre los que destacan las obras de Najīb Maḥfūẓ o de Ṭayyb Ṣāliḥ.

The cover for the Chinese edition of my novella Binti (SF World Mag). Illustration by Liu Junwei.

The cover for the Chinese edition of my novella Binti (SF World Mag). Illustration by Liu Junwei.

Esta misma semana nos enterábamos de que a Nnedi Okorafor le concedían el  “premio Hugo” en el apartado de mejor novela corta de ciencia ficción por Binti y la autora mostraba en su perfil de Twitter el impresionante trabajo realizado por la ilustradora Liu Junwei para la versión china del libro.

En 2011 el libro más demandado de un autor africano en el país asiático fue Todo se desmorona de Chinua Achebe. Pero en tan solo 3 años Chimamanda Ngozi Adichie pasó a ser la más solicitada con su Half of a Yellow Sun (Medio sol amarillo). Sin embargo, la obra de Achebe fue traducida al chino (por primera vez en 1964) y la de Adichie se vende y se lee en su idioma original: el inglés.

Love is in the air (o lo contrario), algunas pasiones literarias muy africanas

LoVE iS In tHe aIR

Binyavanga Wainaina- Chimamanda Ngozi Adichie

Adichie guarda de sus tiempos de aspirante a escritora su amistad con Binyavanga Wainaina quien desde entonces es uno de sus mejores amigos. Se conocieron en 2001 a través de internet, en un sitio web que les permitía compartir su pasión por la escritura. Quince años después la amistad continúa, ambos leen lo que escribe el otro y opinan sobre ello, a pesar de ser tan diferentes a la hora de escribir.

Cuando Adichie le explicó su intención de escribir sobre la guerra civil de Biafra (es el argumento central de Medio sol amarillo), Wainaina exclamó “¡estás loca¡” y le expresó sus temores sobre el tema elegido. Sin embargo, añade, “ella no tiene miedo y por eso pudo escribir esa novela”. Adichie, por su parte, opina que Wainaina no es solamente un magnifico escritor sino también una generosa persona.

Abdourahman A. Waberi- Nuruddin Farah

Nuruddin Farah Abdourahman-A.-Waberi1

En la propia página web de Waberi, éste se declara admirador del somalí, sobre el que escribió su tesis doctoral (una comparativa entre su obra y la de la argelina Assia Djebar). Le considera más que un maestro, un hermano mayor. Es raro leer alguna entrevista realizada al yibutí y que no aparezca por una u otra razón el de Nuruddin Farah, quien también suele nombrar a su amigo de manera constante. Ambos comparten además de región de nacimiento, un pasado doloroso y la “identidad del nómada” que tanto ha marcado la narrativa de Waberi, pasaje de lágrimas o país sin sombras.

“Uno no viaja para proveerse de exotismo y anécdotas con que adornarse como un árbol de Navidad, sino para que el camino lo desplume, lo enjuague, lo escurra, lo deje como esas toallas, raídas por los lavados con lejía, que te entregan junto con un pedazo de jabón en los burdeles… Sin este desapego y esta transparencia, ¿cómo puede uno esperar hacer ver lo que ha visto?” Elogio del nomadismo-Abdourahman A.Waberi

La primera novela de Waberi Le pays sans ombre (1994) está dedicado al somalí, quien le prologa el libro. Toda una declaración de amor.

… o ToDO lo CoNTrArIO

Chinua Achebe- Joseph Conrad

000272022W Chinua Achebe 1967

El nigeriano escribió un texto muy crítico en relación a la mítica obra de Joseph Conrad y le acusó de manera abierta de racista.“Una imagen de África: nazismo en “El corazón de las tinieblas” (1975), es una lectura del libro argumentado que “(la novela) proyecta la imagen de África como “el otro mundo”, la antítesis de Europa y, por tanto, de la civilización, un lugar donde la cacareada inteligencia y refinamiento del hombre son finalmente burlados por la bestialidad triunfante”. Desde la antítesis que plantea ya desde el inicio, entre dos ríos, uno europeo, el Támesis (la civilización), el otro africano, el Congo (el salvajismo), de donde parte y a donde llega Marlow, Achebe va mostrando sus argumentos para mostrar lo pernicioso de la novela, sobre todo en relación a las personas. “La cuestión es si una novela que celebra de deshumanización, que despersonaliza a una parte de la raza humana, puede denominarse una gran obra de arte. Mi respuesta es no, no puede”, concluyó

El discurso de Achebe ha tenido seguidores y detractrores, son muchos los que opinan que Conrad a pesar de su tibieza creó un texto con propósito anticolonial. Otros, en cambio, coinciden con Achebe y respaldan que fuera tan valiente y sintiera la responsabilidad de decir lo que opinaba.

Ngugi wa Thiong´o- Karen Blixen

39757744fd5515e4bef7986ae59c4fa6 Ngugi-Wa-Thiongo

Algo parecido a lo que le suscitó a Achebe la lectura del libro de Conrad, le ocurrió a Ngugi wa Thiong´o con la baronesa Blixen aunque en menor medida. Muchos han sido los libros que han indagado en la vida íntima de esta mujer que luchó contra viento y marea para escribir (tuvo que asumir el seudónimo masculino de Isak Dinesen para poder publicar) y que han mostrado que a pesar de lo idílico y romántico que adorna su perfil, no rechazó la política colonial en el continente, de hecho tuvo esclavos en su plantación de café.

Blixen tuvo una granja en Kenia, y su perro se llamaba Dust y su sirviente Kamante y a partir de ahí Ngugi wa Thiong´o escribió un texto en 1980 Her Cook, Her Dog. Frente a la conmoción que le supuso la lectura de  In the Castle of My Skin (1953) del escritor de Barbados George Lamming, Las memorias de África (1937) de la danesa le provocaron el efecto contrario, “uno de los libros más peligrosos que se han escrito sobre el continente desde una condescendencia que se hacía pasar por amor“. El escritor señala el uso repetido que realiza Blixen de la imaginería animal al describir a los africanos. En su representación de su sirviente Kamante, Ngugi ve la comparación de Blixen con un perro como insulto extremo. Opinión que también compartía Nuruddin Farah quien en su novela Regalos admite que “(Blixen) tal vez se enamorase de aquella parte del continente pero que sin duda no amó a las gentes del lugar”. Ella, por su parte, siempre soñó con volver a Kenia.

Baldwin & Achebe, el día que se conocieron

He estado buscando fotografías de escritores disfrutando del sol, durante semanas. Casi había arrojado la toalla cuando localicé dos imágenes de James Baldwin y Chinua Achebe paseando por la playa de Saint Augustine (Florida). La primera instantánea me pareció muy buena, por la naturalidad con la que ambos son fotografiados, sin posar, y por sus atuendos informales que dicen más de lo que parecen. El del estadounidense (Baldwin) es más serio y funcional, excepto por las gafas, y el del nigeriano (Achebe) nos trae resonancias africanas gracias a los elefantes y leopardos que tapizan su camisa. Caminan muy próximos, pero cada uno parece inmerso en su propio mundo.

Achebe conoció a Baldwin en 1980 cuando ambos fueron invitados para abrir una conferencia en Gainesville patrocinada por la African Literature Association (ALA). Esta fotografía fue tomada tras ese primer encuentro. Mucho antes sus vidas habían comenzado en lugares muy alejados sin saber que un día ambos serían considerados figuras de primera magnitud en el mundo literario, y que siete años después el norteamericano fallecería, víctima de un cáncer de estómago, sin poder cumplir la profecía que había pronunciado delante del nigeriano en aquel encuentro literario, en la que pronosticaba que él vería nacer el siglo XXI “por su propia terquedad”.

CLgkkmJUwAA9OBs

James Baldwin se crió en las calles del Harlem neoyorquino, que tanto marcarían su trayectoria posterior, en donde nació en 1924. Su familia, descendiente de esclavos, era muy pobre, tuvo que hacerse cargo de sus hermanos más pequeños, y él, habitual morador de las calles, encontraría en ellas demasiada realidad hasta el punto de llegar a decir: “A la gente le cuesta menos llorar que cambiar, una regla de psicología que la gente como yo aprendió en la calle siendo niño”. Su padre fue un severo pastor baptista y él mismo fue predicador para después apartarse de la religión, pero sin poder dejar atrás del todo su formación que se introduce en sus obras. Su cuerpo era menudo, de poca estatura, pero poseía un rostro singular que se llenaba con sus dos ojos saltones y su imponente nariz. Era (pongamos etiquetas) un norteamericano negro y homosexual (se podría añadir también y pobre) que vivió exiliado en Francia. Y escribió sobre ello; clamó contra las desigualdades que ambos colectivos soportaban, aún más él que lo vivió por partida doble, pero sobre todo luchó por los derechos civiles desde su inmensa humanidad,“no soy pobre ni negro ni gay ni norteamericano: esas son distracciones que no dejan a los demás verme como un ser humano”, llegó a afirmar.

La familia de Chinua Achebe era igbo, una de las etnias que habitan Nigeria. Nació en 1930 y su infancia fue un “cruce de culturas” entre el mundo de educación occidental cristiana al que le empujaba su padre, y el de sus orígenes. Gracias a sus capacidades y a su entorno, pudo estudiar en colegios en los que se formaba a la futura élite nigeriana. Sus padres (unos pastores protestantes) le educaron dentro de la nueva religión, pero él pronto demostró su intención de volver a sus raíces, dejando su nombre inglés de lado (estaba bautizado como Albert) y recuperando su nombre original. Como parte de aquella élite privilegiada, formó parte del gobierno efímero de Biafra, experiencia que le resultó decepcionante. Escribió sobre el poder y sus vasallajes, sobre el horror y la deshumanización. Y contó la historia de la colonización por la boca de un africano, intentando siempre transmitir a sus lectores “que su historia, a pesar de todas sus imperfecciones, no fue la larga noche de salvajismo de la que los europeos, actuando en nombre de Dios, vinieron a liberarnos”. Fue el escritor que Mandela leía en la cárcel, el líder sudafricano se refirió a Achebe y a su obra como una fuerza “en cuya compañía los muros de la prisión se derrumbaban”.

james_baldwin_zps7f1bb8d7

En un artículo titulado The Day I Finally Met James BaldwinChinua Achebe recordaba aquel encuentro que se había postergado varias veces a lo largo del tiempo. El nigeriano anotaba que estuvo dando vueltas a cómo iniciar la conferencia. Una vez en el escenario en el que su interlocutor esperaba, se giró hacia él para decirle, en una transposición de aquella célebre frase: “El Señor Baldwin, supongo“, lo que obtuvo por respuesta un cambio de semblante en el rostro grave y serio del escritor norteamericano que se tornó sonriente, desmoronándose al instante en una amplia sonrisa feliz. El público lo tomó con alegría aplaudiendo y profiriendo exclamaciones joviales, creando un ambiente positivo y a la vez serio. Todo iba perfecto en aquella conferencia anual de la ALA. Baldwin hablaba de Todo se desmorona, la novela que había encumbrado a Achebe, “la había leído en francés”, añadiendo que trataba de personas y costumbres que desconocía, pero que al leerlas, las había reconocido en su plenitud. “Aquel hombre, Okonkwo, es mi padre” había afirmado cuando una voz irrumpió la charla por el sistema de megafonía. Alguien comenzó a lanzar insultos racistas contra Baldwin, quien tras aparecer nervioso en un primer momento, se irguió y respondió al intruso. La conferencia continúo y, a pesar de que la muerte no les volvió a dar la oportunidad de volver a estar juntos, Achebe no dio por terminada la charla entre ellos.

Fueron dos seres muy diferentes, tanto a nivel humano como a nivel literario. Y eran negros. Uno sabía lo que era la esclavitud, la discriminación, la injusticia y el racismo. El otro sabía lo que era la colonización, la deshumanización, la explotación, la corrupción y el racismo. Demasiadas palabras para nombrar lo mismo: el rechazo, la negación y la desigualdad. Ninguno se ponía ninguna venda innecesaria: sabían y reconocían también que entre “los suyos” se originaban situaciones injustas y terribles. En aquella charla, el racismo contra Baldwin también le dolió a Achebe; por familiar que fuera no dejaba nunca indiferente, la misma rabia aparecía de nuevo en otro lugar. Los dos sabían de qué se trataba: la archiconocida supremacía blanca. Eran dos caras (todavía lo son) diferentes y complementarias.

Miro la extraña segunda fotografía que he localizado de aquel encuentro. Ésta es en blanco y negro, con los dos escritores frente a frente, en la misma playa, con idéntico atuendo, pero ahora se están mirando, no permanece cada uno en su mundo, parecen mantener un diálogo. James Baldwin se ha quitado sus gafas de sol, un parapeto innecesario. La altura de Chinua Achebe le dota de una posición privilegiada, pero entre ellos no se aprecia rivalidad ninguna, al contrario. Añade Achebe que Baldwin no tenía miedo de nadie ni de nada. Tampoco él lo tuvo. Al fondo, unas olas lamen la orilla. El viento levanta las solapas de la camisa del norteamericano, al igual que en la primera instantánea hacía lo mismo con la del nigeriano. Entre ambos, alrededor, junto y en, parece fluir el comienzo. África. Siempre África.

tumblr_nsl88iflHq1r75zhlo2_1280

Fotografías: James Baldwin and Chinua Achebe in St. Augustine, Florida, 1980. Vía Okayafrica

Recordando a Achebe

Chinua Achebe 1967

El 21 de marzo pasado se cumplieron dos años del fallecimiento de Chinua Achebe. Está considerado uno de los más grandes (influyentes) escritores del continente africano, adquiriendo su figura carácter universal. Son muchos los que se consideran deudores de su persona, y los que agradecen su camino que logró colocar la literatura del continente en primer plano y, con ella, a sus escritores.

Por mi parte, le tengo que agradecer en especial que me diera la idea para abrir este blog, cuando leí que, en una conferencia, había recordado este proverbio africano: “Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, la historia de la caza siempre glorificará al cazador“. Nada más leerlo, supe que había llegado el tiempo de escuchar a los leones.

descarga1 23achebe_inline-articleinline images-11

Achebe nació en 1930 (Ogidi-Nigeria) dentro de la cultura igbo, lo cual marcaría su trayectoria literaria en la que reflejaría la lengua y cultura de su pueblo, a través de una gran riqueza de proverbios, fábulas y cuentos, rituales o costumbres. Sus padres (unos pastores protestantes) le educaron dentro de la nueva religión, pero él pronto demostró su intención de volver a sus raíces, dejando su nombre inglés de lado (estaba bautizado como Albert) y recuperando su nombre original.

Durante los años de su primera escolarización, Achebe pasaba gran parte de su tiempo en la biblioteca de la escuela leyendo a autores como Charles Dickens, W. B. Yeats, Joseph Conrad y Robert Louis Stevenson, destacando por su erudición y su facilidad al escribir. Después, fue uno de los primeros estudiantes que se graduaron en la “Universidad de Ibadan”, lugar en el que coincidiría con otros escritores como Wole Soyinka o  John Pepper-Clark. Se formó como productor de radio y director de radiodifusión externa, estudió en la BBC en Londres en 1956 y durante este período comenzó su carrera como escritor.

Colaboró en revistas (como la prestigiosa revista literaria Okike, en la que jugosos debates dieron lugar al libro Hacia la descolonización de la literatura africana, escrito por Chinweizu, Jemie y Madubuike), fue el editor de la serie “African Writers Series” que, fundada en 1962 por la editorial Heinemann, recogía las obras de los escritores africanos, siendo casi la única posibilidad de ver sus trabajos publicados, y fue el escritor que Mandela leía en la cárcel. El líder sudafricano se refirió a Achebe y su obra como una fuerza “en cuya compañía los muros de la prisión se derrumbaban.”

Cuando todo se desmorona 

Things-fall-apartEn 1958 inició su “trilogía africana” con Todo se desmorona, a la que siguieron La flecha de Dios [1986] y Me alegraría de otra muerte [2011].

Sin duda, fue su primera novela Things fall apart (Todo se desmorona), escrita en inglés como el resto de su narrativa, la que le encumbró. Traducida a más de cincuenta lenguas (se puede encontrar en euskera, catalán y gallego) es la obra más (re) conocida de un escritor africano. Centrada en la época colonial, aportaba el punto de vista de un africano contando su historia.

Achebe, a través de la historia de Okonkwo y su pueblo, desafió al eurocentrismo y lo hizo sobre todo para los propios africanos, para que superaran el estado permanente de humillación y subestima, “yo estaría completamente satisfecho si mis novelas, especialmente las que situé en el pasado, hubieran servido al menos para enseñar a mis lectores que su historia, a pesar de todas sus imperfecciones, no fue la larga noche de salvajismo de la que los europeos, actuando en nombre de Dios, vinieron a liberarnos (Cbinua Achebe, “The novelist as teacher”, en Hopes and Impediments, Doubleday, Nueva York, p.45, traducción María Sofía López Rodriguez).

En 1966 publicó Un hombre del pueblo. Esta novela pertenece a la llamada “literatura del desencanto“. El tiempo del colonialismo ya pasó y ese final, que se descargaanhelaba lleno de ilusiones, se fue desinflando sin remedio. El escritor había mostrado su disgusto con una Nigeria donde los líderes que había luchado por la independencia se habían convertido en traidores después de alcanzar el poder, y habían sacrificado su país a cambio de comodidades y lujos.

Es en ese punto en el que se colocó Achebe para narrarnos esta historia, llena de humor e ironía, y situada en un lugar indeterminado de África, en donde un joven maestro, Odili, es invitado por quien había sido su profesor, el jefe Nanga, un hombre del pueblo convertido en el todopoderoso y corrupto ministro de Cultura. Un texto de una triste vigencia.

Además de Termiteros de la sabana [1987], publicó cuentos, libros para niños, poemas y diversos libros de ensayos, hasta llegar a escribir el último de sus libros en el que hablaba sobre la historia de Biafra: There was a country: a personal history of Biafra [2012]. Achebe participó en el aparato cultural de la efímera República de Biafra (1967-1970) y en el libro habla sobre ello. “Mi objetivo no es proporcionar todas las respuestas, sino plantear preguntas y quizás provocar algunos dolores de cabeza” dijo al respecto.

Su obra más polémica

En 1975 escribe un breve texto titulado “Una imagen de África: nazismo en El corazón de las tinieblas, de Conrad“ que ocasionó un gran revuelo tras su publicación. Se trata de una lectura muy crítica del conocido libro de Joseph Conrad argumentado que “(la novela) proyecta la imagen de África como “el otro mundo”, la antítesis de Europa y, por tanto, de la civilización, un lugar donde la cacareada inteligencia y refinamiento del hombre son finalmente burlados por la bestialidad triunfante”.

Desde la antítesis que el libro del escritor polaco plantea ya desde el inicio, entre dos ríos; uno 8ebab60a392abc763813ddcdff7a83bfeuropeo, el Támesis (la civilización), el otro africano, el Congo (el salvajismo), de donde parte y a donde llega Marlow, Achebe va mostrando sus argumentos para mostrar lo pernicioso de la novela.

Achebe no dudó en llamar racista a Conrad. Para ello eligió fragmentos de la novela tan significativos como éste: “los hombres  eran… No, no eran inhumanos. Bueno, sabéis, eso era lo peor de todo: esa sospecha de que no fueran inhumanos brotaba en uno lentamente. Aúllaban y brincaban y daban vueltas y hacían muecas horribles, pero lo que estremecía era pensar en su humanidad (como la de uno mismo), pensar en ese remoto parentesco de uno con ese salvaje y apasionado alboroto. Desagradable. Sí, era francamente desagradable; pero sí uno fuera lo bastante hombre, reconocería que había en su interior una ligerísima señal de respuesta a la terrible franqueza de aquel ruido, una oscura sospecha de que había en ellos un significado que uno, tan alejado de la noche de los primeros tiempos, podía comprender”.

Los estudiosos de El corazón de las tinieblas suelen decirte que a Conrad no le preocupaba tanto África como el deterioro de una mente europea causada por la soledad y la enfermedad. Te señalan que Conrad es, si acaso, menos caritativo con los europeos de la historia que con los nativos, que el tema del relato consiste en ridiculizar la misión civilizadora de Europa en África (…) En parte esa es la cuestión. África como escenario y telón de fondo que elimina al africano como factor humano. África como campo de batalla metafísico dedicado a toda la humanidad reconocible, en el que el europeo errante penetra por su cuenta y riesgo (…) La auténtica cuestión es la dehumanización de África y los africanos que esta eterna actitud ha fomentado y continúa fomentando en el mundo. (pág. 49)

Fuera de África

Desde la década de los 90 residió en Estados Unidos, donde ejerció de profesor y en donde un accidente de tráfico le postró en una silla de ruedas. Allí le alcanzaría la muerte el 21 de marzo de 2013, unos meses antes que a Nelson Mandela.

Es, cuando menos extraño por decir algo, que se le escapara, en reiteradas ocasiones, el “Nobel de Literatura”. En una entrevista para “The Sahara reporters“, Wole Soyinka reveló, tras la muerte de Achebe, que había recibido peticiones para que mediara en la concesión del premio con carácter póstumo, lo cual el laureado consideraba que era hacer un flaco favor tanto a la obra del escritor, como a la propia literatura que emana del continente. En 1988 un reportero le había preguntado al propio Achebe sobre su sentimiento por no haber ganado el Nobel, a lo que él respondió: “Mi posición es que el Premio Nobel es importante, pero es un premio europeo. No es un premio africano”.

Y lo suyo era África.

20020913100106_ChinuaAchebe4_nuus_wk-5w13g8xp18aw4t54xgrd4ppy2gk4eothci8ud6pqvl6

La obra de Chinua Achebe en euskera, catalán y gallego:

Un hombre del pueblo – Chinua Achebe

descarga

Es curioso que hace apenas un par de semanas escribiera en el blog sobre dos novelas cuyas historias casi rivalizan con el relato de ficción que encierran entre sus tapasy comenzara el año leyendo otra que se podría haber incluido también en aquel artículo. Chinua Achebe escribió Un hombre del pueblo cuando todavía Nigeria no había sufrido ninguno de los múltiples golpes de estado que después padecería, pero describió, como en un anticipo, uno en su novela.

Marta Sofía López, autora del excelente prólogo, nos recuerda cómo “al día siguiente de su publicación, el 15 de enero de 1966, el general Nzeogwu proclamó el triunfo del primer golpe de Estado militar de los muchos que habrían de sucederse en las siguientes décadas en Nigeria. Achebe se vio sorprendido por acusaciones de haber estado al tanto del asunto, o incluso de haber participado en su gestación, imputaciones que demostraron ser falsas.” Ante esto, muchos críticos tildaron a la novela de “profética” pero para el crítico Bern Lindfors la novela reflejaba un sentimiento generalizado entre la población nigeriana: el ejercito era visto como un eventual restaurador del orden y “numerosas voces clamaban por una intervención militar”.

Chinua-Achebe-008

Chinua Achebe en 1966 – Foto: Carlo Bavagnoli/Time & Life Pictures/Getty Image

Un hombre del pueblo pertenece a la llamada “literatura del desencanto“. El tiempo del colonialismo ya pasó y ese final, que se anhelaba lleno de ilusiones, se fue desinflando sin remedio. El escritor había mostrado su disgusto con una Nigeria donde los líderes que había luchado por la independencia se habían convertido en traidores después de alcanzar el poder, y habían sacrificado su país a cambio de comodidades y lujos. Es en ese punto en el que se colocó Achebe para narrarnos esta historia llena de humor e ironía y situada en un lugar indeterminado de África, en donde un joven maestro, Odili, es invitado por quien había sido su profesor, el jefe Nanga, un hombre del pueblo convertido en el todopoderoso y corrupto ministro de Cultura.

Para Ngugi wa Thiong´o, otro de los comentaristas tempranos de la novela, esta no puede dejar de dirigir nuestra atención hacia el cinismo y la indolencia que se han instalado en las sociedades poscoloniales a solo unos años de las independencias: “Todo el mundo  está atrapado en su complicidad con el mal: las masas, con su cinismo […] y su indiferencia encallecida; y la élite, incluso la gente como Odili, demuestra estar peligrosamente cerca del jefe Nanga, con su avaricia, su falta de creatividad y su lamentable dependencia de sus anteriores gobernantes coloniales” (Del prólogo de Marta Sofía López).

“Todo para el pueblo y por el pueblo, pero sin el pueblo” parece ser la máxima que mueve al jefe Nanga, quien se ha convertido en rico a través del soborno, la corrupción y la intimidación. Aparente defensor de las tradiciones y creencias de la cultura africana precolonial, se opone a los intelectuales poscoloniales de carácter europeo. Sin cultura, pero aplaudido por la gente a pesar de demostrar su ignorancia, es el más veraz ejemplo de los regímenes que se instauraron en muchos lugares del continente africano tras las independencias.

Frente a él, se perfila un Odili que pertenece a una nueva generación crítica con lo que ve y partidaria de un cambio. Sin embargo, el personaje de Odili también tiene sus sombras. Al principio se deja obnubilar por la riqueza y el lujo en el que vive su antiguo profesor, sin cuestionarlo, y su “despertar”, su reacción contra el jefe Nanga no será motivado por el abuso, la amoralidad y la falta de cultura que descubre en su antiguo profesor. Odili decidirá plantar cara al ministro porque verá herido su orgullo propio, debido a que el jefe Nanga se acostará con su novia delante de sus narices.

Las mujeres aparecen en esta novela como el necesario objeto a través de las cuales demostrar si se tiene más o menos poder. Tanto Elsie (la novia de Odili), como Edna (la segunda futura esposa del jefe Nanga) o la propia mujer del ministro muestran distintas caras de una misma mujer ninguneada, sumisa, doblegada y relegada a ser poco más que “una mujer florero” en el mejor de los casos. Si el desprecio que siente el jefe Nanga hacia las mujeres es manifiesto, tampoco Odili tiene en gran consideración ni a Elsie, a quien tras el incidente llamará “vulgar furcia” ni a Edna, al menos al principio, a la que considera un trofeo en su propia batalla personal con Nanga.

Las razones que llevan a Odili, en un primer momento, a querer presentarse como un candidato opositor al jefe Nanga, surgen de un impacto emocional; son estrictamente personales y no surgen del deseo de instaurar un auténtico nuevo orden, alterar las premisas en las que se mueve el gobierno corrupto o hacer un poco de justicia, aunque al final será lo que perseguirá. Creará un nuevo partido y se enfrentará, constatando lo podrido que está todo y sufriendo en su propia carne las consecuencias de dicha oposición.

Dicen que esta es una de las novelas más cómicas de Achebe, pero también la más oscura del autor.  Nadine Gordimer, la escritora sudafricana y premio Nobel, elogió a Achebe llamándolo “un novelista que te hace reír y luego recobrar el aliento con horror, un escritor que no tiene ilusiones pero no está desilusionado”. No sé si lo dijo tras leer Un hombre del pueblo.

De la noche a la mañana, todo el mundo comenzó a rasgarse las vestiduras ante los excesos del régimen anterior, ante la opresión, la corrupción y los chanchullos del gobierno: los periódicos, la radio, los intelectuales y los funcionarios que hasta entonces habían permancecido callados… todo el mundo tenía algo que decir sobre aquella gentuza; y al día siguiente aquellos se había convertido en opinión pública. Y era precisamente la misma gente del pueblo que hasta hacía poco les había adulado con miles de palabras elogiosas (Pág. 196)

Ficha:

  • Título original:  A man of the people  (1966)
  • Idioma: Original: Inglés
  • Traducción al castellano: Random House Mondadori, S.A. (2010) DeBols¡llo
  • Traductores: Maya García de Vinuesa y Terri Ochiagha
  • Prólogo: Marta Sofía López Rodríguez
  • Nº páginas: 196
  • Otras traducciones:
  • Otros formatos: 
  • Review in English: Mary Okeke

images

A Man of the People (1966)

Planeta Kurtz. Más de cien años de “El corazón de las tinieblas”

escanear0068

A Conrad se le recuerda, además de por su obra escrita, por su amor al mar, ya a los 17 años dejó los estudios y, en contra de la opinión familiar, se fue a Marsella para enrolarse de marinero, en la marina mercante francesa, su verdadera obsesión, y “se olvida que los últimos treinta años de su existencia los pasó en tierra, llevando una vida insospechadamente sedentaria”. Se estableció en Inglaterra, formó una familia y se dedicó por entero a la literatura.

En 1899 escribió El corazón de las tinieblas y lo publicó en 1902. Hace ya más de un siglo. La novela se inicia en un bergantín con la narración de uno de los viajes de Marlow. Éste cuenta el recorrido que realizó en el pasado a África como agente de una empresa de marfil. Así narrará cómo llegó, qué es lo que vio, y cómo tuvo que remontar el río hasta dar con Kurtz, el enigmático Kurtz, perdido en las tinieblas.

Joseph Conrad. Caricatura

Joseph Conrad. Caricatura

Al narrador, Marlow, se le ha identificado con frecuencia como una especie de alterego del escritor polaco, que aparece en al menos otras tres novelas suyas. En El corazón de las tinieblas hay un momento en el que Marlow-Conrad nos describe ese momento en el que el deseo por viajar hacia un lugar desconocido (un espacio en blanco en el mapa) prende dentro, nos dibuja esa sensación de introducirnos en una aventura, en esa clase de viajes que parecen que en nuestro mundo globalizado actual han dejado de ser posibles, como escribe Nuno Cobre, “África casi ni resulta exótica. Por supuesto que lo es, pero no es ni de lejos tan desconocida como lo era en 1899.”

3558En aquella época había en la tierra muchos espacios en blanco, y cuando veía uno en un mapa que me resultaba especialmente atractivo (aunque todos lo eran), solía poner un dedo encima y decir: Cuando crezca iré aquí (…) Pero había un espacio, el más grande, el más vacío por así decirlo, por el que sentía verdadera pasión. En verdad ya en aquel tiempo no era un espacio en blanco. Desde mi niñez se había llenado de ríos, lagos, nombres. Había dejado de ser un espacio en blanco con un delicioso misterio, una zona vacía en la que podía soñar gloriosamente un muchacho. Se había convertido en un lugar de tinieblas. Había en él especialmente un río, un caudaloso gran río, que uno podía ver en el mapa, como una inmensa serpiente enroscada con la cabeza en el mar, el cuerpo ondulante a lo largo de una amplia región y la cola perdida en las profundidades del territorio. Su mapa, expuesto en el escaparate de una tienda, me fascinaba como una serpiente hubiera podido fascinar a un pájaro, a un tonto pajarillo. (pág.21-El corazón de las tinieblas, versión de Sergio Pitol, Editorial Lumen, 1991).

Río Congo

Leyendo este fragmento, podemos casi, casi, ver al joven Conrad con la nariz pegada al cristal mirando el mapa. Aquella magnífica serpiente que era el río Congo ejercía una fascinación sobre él y, a pesar de las burlas de los que no le creían, acabó yendo. Él mismo reconoció que sus vivencias en África formaron parte de esta novela.

Años después, El corazón en las tinieblas fue una dramatización radiofónica realizada en 1945 por Orson Welles. Años después, el cineasta Francis Ford Coppola adaptó la novela para dar forma a Apocalypse Now, película cuya acción se situaba en Vietnam, y que se iniciaba con el tema “The End” de The Doors, con su también magnética “the snake is long”. Y, años después, estamos hablando de más de un siglo, esta obra se sigue leyendo, sigue inspirando, sigue preguntando y sigue removiendo.

La primera vez que leí El corazón de las tinieblas no tuve conciencia de estar leyendo un libro sobre la colonización africana como tema central, flotaba en mi algo inconcreto, profundo, terrible y desolador, semejante a haber abierto la puerta un poquito y haberla cerrado pronto ante el saqueo y la crueldad. Con el paso del tiempo y las relecturas (bastante recientes), al cerrarlo he llegado a sentir una especie de vacío clavado en la cuenca de mis ojos, como si hubiera asistido al descenso a unas tinieblas terribles e inabarcables (a lo anterior creo que han contribuido también y mucho Coppola y el Rey Lagarto) y hubiera contemplando insólita todo lo que al corazón se le había hecho callar durante tantos actos injustos, crueles y despiadados en tantas conquistas, en tantos saqueos y apropiaciones. ¿Cómo explicarlo?, ¿llegar a elegir las palabras exactas que lo condensen todo?. Una serpiente enroscada hacia el corazón de la bestia.

El horror.

Llegar a conocer la magnitud de ese abismo en el que muchos nos adentramos de puntillas, duro y firme como una roca (el poder absoluto, por encima de todos y a pesar de todos, masacrando y humillando). Y la locura, claro. Kurtz en el centro de esa espiral tremenda de tiranía y voracidad. Aquella sensación, aquel removerme entera, que provocó en mi su lectura, todavía me sigue ocurriendo y no tiene nada que ver con nada y tiene que ver con todo. No solo en la luz, pienso, la oscuridad es un buen lugar para buscarse y encontrarse. “Fue algo bastante sombrío, digno de compasión…, nada extraordinario sin embargo…, ni tampoco muy claro. No, no muy claro. Y sin embargo, parecía arrojar una especie de luz.” (pág.20)

Kurtz y su planeta

Busqué este libro de ensayos “Planeta Kurtz. Cien años de El corazón de las tinieblas”, porque Chinua Achebe había escrito uno de ellos.  “Una imagen de África: nazismo en “El corazón de las tinieblas”, de Conrad“, es una lectura muy crítica del libro argumentado que “(la novela) proyecta la imagen de África como “el otro mundo”, la antítesis de Europa y, por tanto, de la civilización, un lugar donde la cacareada inteligencia y refinamiento del hombre son finalmente burlados por la bestialidad triunfante”. Desde la antítesis que plantea ya desde el inicio, entre dos ríos, uno europeo, el Támesis (la civilización), el otro africano, el Congo (el salvajismo), de donde parte y a donde llega Marlow, Achebe va mostrando sus argumentos para mostrar lo pernicioso de la novela, sobre todo en relación a las personas.

Achebe no duda en llamar racista a Conrad (es una de las clásicas afirmaciones que se vuelcan sobre el escritor, al igual que su machismo). Para ello elige fragmentos tan significativos como éste: “los hombres  eran… No, no eran inhumanos. Bueno, sabéis, eso era lo peor de todo: esa sospecha de que no fueran inhumanos. Brotaba en uno lentamente. Aúllaban y brincaban y daban vueltas y hacían muecas horribles, pero lo que estremecía era pensar en su humanidad (como la de uno mismo), pensar en ese remoto parentesco de uno con ese salvaje y apasionado alboroto. Desagradable. Sí, era francamente desagradable; pero sí uno fuera lo bastante hombre, reconocería que había en su interior una ligerísima señal de respuesta a la terrible franqueza de aquel ruido, una oscura sospecha de que había en ellos un significado que uno, tan alejado de la noche de los primeros tiempos, podía comprender” (pág.43). Achebe resalta la descripción que realiza Conrad de uno de los africanos, el fogonero: se le tilda de”salvaje”, se le compara con un perro que da saltos y brincos y se le llama “ejemplar perfeccionado”, y también la contraposición entre las “dos mujeres” de Kurtz, la africana, salvaje y feroz; la inglesa, sensible y con alma.

Los estudiosos de El corazón de las tinieblas suelen decirte que a Conrad no le preocupaba tanto África como el deterioro de una mente europea causada por la soledad y la enfermedad. Te señalan que Conrad es, si acaso, menos caritativo con los europeos de la historia que con los nativos, que el tema del relato consiste en ridiculizar la misión civilizadora de Europa en África (…) En parte esa es la cuestión. África como escenario y telón de fondo que elimina al africano como factor humano. África como campo de batalla metafísico dedicado a toda la humanidad reconocible, en el que el europeo errante penetra por su cuenta y riesgo (…) La auténtica cuestión es la dehumanización de África y los africanos que esta eterna actitud ha fomentado y continúa fomentando en el mundo. (pág. 49)

La fascinación de lo abominable

1407867529_327915_1407867725_album_normal

Ilustraciones de Abraham Cruzvillegas para “El corazón de las tinieblas”. Editorial Sexto Piso

En su clásico “Verdad, idea e imagen en Conrad”, Edward Said señala en qué se sustenta la afinidad entre Marlow y Kurtz en la novela: “en un nivel metafísico como una afinidad entre oscuridad y luz, entre el impulso hacia la oscuridad mantenida por Marlow hasta que ve a Kurtz y el impulso hacia la luz mantenida por Kurtz en la más profunda oscuridad.” (pág.213) Ya que es el espíritu de aventura y el colonialismo los que han llevado a Kurtz al centro de las cosas, y es allí donde Marlow espera encontrarlo. Así, Lomomba Emongo y Patrick Cloos afirman que “innegablemente Conrad fue un crítico de la colonización (…) lo que no es óbice para que el autor de El corazón de las tinieblas sea él mismo merecedor de crítica.” (pág.78) Porque si bien Conrad fue crítico no tomó distancia con aquello que fustigaba. Y aquello que fustigaba se torna testimonio en las bocas de los congoleños de la época, unos testimonios abrumadores.

Joan Bestard arroja un poco de luz sobre las últimas palabras de Kurtz, “El horror de Kurtz es realmente el horror de la colonización llevada a cabo por Leopoldo II, rey de Bélgica y del Estado Libre del Congo. Bajo la apariencia de una gran misión civilizadora se escondía el horror de una población que huye aterrorizada ante la presencia colonial o es esclavizada y castigada por los blancos (…) Conrad consideraba que era un buen conocedor del horror colonial. Así hablaba de él en una carta a un amigo: ‘Os podría explicar cosas. Cosas que yo he intentado olvidar y cosas que nunca conocí.’ ” (pág.61) y Frank Westenfelder, tras dar un repaso a la figura de los mercenarios,  afirma que “Probablemente, el horror del que Conrad nos habla tenía su origen en el propio espanto de verse enfrentado a una desaforada realidad de la que él mismo formaba parte. O quizás, como hijo de su tiempo, no estaba en disposición de aceptar la terrible banalidad del mal en toda su dimensión.” (pág.251)

Simon Njami escribe, desde la “crítica cultural”, sobre el arte producido en África y su mirada. “El malentendido fundamental que persiste cuando cuando se habla de creación africana deriva sin duda del hecho de que, hasta el día de hoy, las definiciones y las categorizaciones han sido establecidas por unas miradas exteriores, y de que estas nuevas aspiraciones, en las que se basa el arte actual africano, no son siempre tenidas en cuenta.” (pág.152). Mientras, el escritor guineano Donato Ndongo, lo hace desde la “crítica política” y opina al igual que Jorge Luis Marzo que la novela no cuestiona la filosofía del colonialismo en si, pero sí la forma, los métodos empleados. Hablando del África actual señala ” nada puede existir si no es otorgado por el líder: y de la misma manera, fuera de la protección del líder sólo son posibles las tinieblas, la nada. Así fundamenta Kurtz su poder, en el que la misión última, la acumulación de riquezas, se convierte en realidad en una finalidad secundaria, puesto que lo único importante es la dominación por si misma. Es, en palabras de Conrad, la “fascinación de lo abominable” que los imitadores africanos de Kurtz supieron asimilar.” (pág. 129)

Retomando una cita de Conrad, “Porque uno sólo escribe la mitad del libro-insistía Conrad-la otra mitad está en el lector”, Jeanne  Randolph nos introduce en los pasadizos psicoanalíticos de la obra y enfatiza sobre el hecho de que ella es una mujer lectora: “nada en mi psique reconoce el tono de voz de Marlow; apenas puedo adivinar cuándo se muestra sarcástico; sus fugaces declaraciones acerca de sus propias necesidades casi se me escapan íntegramente, mientras que los atrozmente insignificantes hombres de la compañía que le irritan siguen siendo demasiado ubicuos en nuestro días, y el implosivo narcisismo que constituye la maldición personal de Kurtz es, por desgracia, una condición intemporal” (pág. 166)

Marc Roig nos trae la lectura a la actualidad. “Me parece un argumento absurdo pensar que los problemas políticos de África se deben a la falta de cultura o de preparación política de los africanos. Los africanos ofrecieron resistencia a la ocupación europea y luego, en los procesos  de independencia, plantearon propuestas serias de soberanía. En el caso del Congo, el asesinato de Lumumba y el apoyo estadounidense y belga al golpe de estado de Mobutu truncaron cualquier posibilidad, cualquier sueño de un “verdadero Congo independiente”(pág. 195).

Joseph Conrad y Roger Casement

En este libro se menciona en varios lugares a Roger Casement. Casement (1864-1916), esto lo dice la Wikipedia, viajó a África por primera vez en 1883, a los diecinueve años. Trabajó en el Estado Libre del Congo para varias empresas y para la Asociación Internacional Africana fundada por el rey Leopoldo II de Bélgica. Durante su estancia en el Congo, conoció al famoso explorador Henry Morton Stanley y también a Joseph Conrad, que era entonces un joven marino y no había publicado todavía su novela El corazón de las tinieblas.

Joseph Conrad mantuvo una amistad con Roger Casement en cuya compañía se sentía a gusto, tal y como nos dice Joan Bestard, que aparece recogido en su Diario del Congo. Pero no llegó a la denuncia expresa y explícita a la que llego éste.

Casement escribió La tragedia del Congo en 1903, a donde fue enviado para narrar lo ocurrido allí. Viajó a África, convencido de que el colonialismo era un movimiento benéfico para los indígenas porque les aportaba el cristianismo y la civilización, era el sueño de Leopoldo II. Sin embargo, descubrió que era un sistema de explotación monstruoso y profundamente destructor.

Casement se abstiene casi en todo momento de hacer comentarios, se limita a transcribir testimonios y a describir lo que ve, y es precisamente esa neutralidad, volcada sobre la macabra fantasmagoría que describe, la que hace que su informe se convierta en algo más que un simple texto oficial o en una “galería de los horrores” (…) El tono de Casement no es frío porque le falte emoción, sino porque la emoción ha rebasado en él el límite de lo comunicable. (El Cultural)

Ficha:

  • Título original: Planeta Kurtz. Cien años de “El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad” (2002)
    • Jorge Luis Marzo y Marc Roig son los comisarios de la exposición “El corazón de las tinieblas”.
  • Editorial: Mondadori, 2002
  • Autores: Chinua Achebe, Edward Said, Lomomba Emongo y Patrick Cloos, Joan Bestard, Frank Westenfelder, Simon Njami, Donato Ndongo, Jorge Luis Marzo, Jeanne  Randolph, Marc Roig
  • Páginas: 283

 

Todo se desmorona – Chinua Achebe

9788499082691

En marzo de este año fallecía Chinua Achebe. Ha sido considerado “el padre de la literatura africana” (la primera en denominarlo así fue Nadine Gordimer) y siempre ha sonado para que le concedieran el Nobel de Literatura, pero nunca lo logró. Wole Soyinka, el primer africano que consiguió el premio y nigeriano como él, en una entrevista pocos días después de la muerte de aquel para  saharareporters.com, rechazaba la repetida afirmación de considerar a Achebe como “padre de la literatura africana”, según él tiene tan poco sentido y denota tanta ignorancia como denominar a Mazisi Kunene padre de la poesía épica africana, o a Kofi Awoonor padre de la poesía africana, o a él mismo padre del teatro contemporáneo africano. Además, añade, sobre el último libro de Achebe: “There Was A Country: A Personal History” (sobre Biafra) en el que habla abiertamente de genocidio, “es un libro que me habría gustado que nunca hubiera escrito, al menos no de la manera en la que lo ha hecho”.

Para algunos tales afirmaciones han sido consideradas como de “mal gusto, oportunistas, desilusionantes” entre otras razones por la proximidad con respecto a la muerte de Achebe, tan solo dos meses después. Le recriminan no haber hablado sobre ello con Achebe vivo. Otros, en cambio, no se han sorprendido en absoluto, ya que Soyinka y Achebe, a pesar de ser escritores, nigerianos y haber estudiado en los mismos centros, nunca han sido amigos. Cada uno de ellos desciende de una de las tres etnias dominantes en Nigeria: Chinua de los igbos; Soyinka de los yorubas. Enfrentadas y rivales históricas (aunque no siempre).

Sin embargo, tras la muerte de Achebe, Wole Soyinka le escribió una elegía: “Elegy for a nation: A tribute to the late Prof. Chinua Achebe”. Soyinka siempre se ha sentido deudor de Achebe. En concreto, me parece uno de los mejores homenajes que se le ha hecho a Achebe por parte de otro escritor.

Breve resumen:

Okonkwo es un gran guerrero, cuya fama se extiende por toda el África Occidental, pero cuando mata accidentalmente a un prohombre de su clan es obligado a expiar su culpa con el sacrificio de su hijastro y el exilio. Cuando por fin puede regresar a su aldea, la encuentra repleta de misioneros y gobernadores británicos; su mundo se desintegra, y él no puede más que precipitarse hacia la tragedia. Publicada por vez primera en 1958, Todo se desmorona se asocia con las narraciones orales, pero también con la tragedia griega y las grandes novelas del XIX. (Fuente: Ediciones DeBols¡llo)

“La literatura africana sería impensable y estaría  incompleta sin las obras de Chinua Achebe. En pasión, intelecto y prosa cristalina, no hay escritor que lo haya superado.” (Toni Morrison)

Tras leerlo:

La decisión del escritor de escribir esta obra, así como el resto de su narrativa, en inglés fue algo pensado y meditado. Achebe consideraba que la mejor manera de combatir la imagen de una África salvaje y primitiva, con seres más cercanos a los animales que a los humanos, era utilizando la lengua de los colonizadores, lo que sin duda ayudó a su difusión. Sin embargo, Achebe enriquece la narración con múltiples expresiones del lenguaje igbo.

La ignorancia nos lleva a menudo a desconocer sobre lo que hablamos. Aquella África primitiva, repleta de seres simples, incapaces. A los que había que sacar de su pozo sin fondo, del salvajismo. A los que había que tratar necesariamente como inferiores para que pudiera justificarse el atropello, con la descarada apropiación de todos sus recursos humanos y materiales. Achebe desafió al eurocentrismo y derrumbó esa imagen de manera increíble, certera y sin concesiones de ningún tipo. Lo hizo sobre todo para los propios africanos, para que superaran el estado permanente de humillación y subestima, “yo estaría completamente satisfecho si mis novelas, especialmente las que situé en el pasado, hubieran servido al menos para enseñar a mis lectores que su historia, a pesar de todas sus imperfecciones, no fue la larga noche de salvajismo de la que los europeos, actuando en nombre de Dios, vinieron a liberarnos” (Cbinua Achebe, “The novelist as teacher”, en Hopes and Impediments, Doubleday, Nueva York, p.45, traducción María Sofía López Rodriguez)

No empezó a escribir lamentándose por la interrupción del hombre blanco en las idílicas e idealizadas vidas de las tribus africanas. No. Achebe descubre una aldea africana, con sus aspectos negativos y positivos, organizada, compleja, difícil de entender en muchos aspectos (la primera parte se detiene en exponer y diseccionar “aspectos culturales de los igbos que van desde las instituciones políticas tradicionales, los roles sociales de las mujeres y los hombres, los sistemas de redistribución de bienes, los sistemas de justicia, moralidad o filosofía” 1). Achebe quita cualquier envoltorio superfluo y va a la raíz, nos desnuda su tierra tal y como él la ve, tal y como un igbo ve a los suyos y lo que les ocurrió. No vale una África imaginada. No se trata de un África idealizada o estereotipada. Al contrario. Se trata de una África real narrada con el pulso y las palabras de “uno de ellos”. Se trata de una narración que cuenta cómo eran antes y qué ocurrió a consecuencia de la irrupción del colonialismo en sus vidas.

La novela gira también en torno al precio que se ha de pagar por obtener/mantener el poder. Okonkwo, “el mejor hombre de Umuofia”, es un hombre de acción que tiene miedo al fracaso, miedo a no lograr el poder. Él hará lo necesario por muy duro, terrible y cruel que esto sea. Okonkwo quiere ser señor de la aldea y para ello tiene que mantener su imagen de mejor guerrero, hombre fuerte, sin miedo. Realizará actos que hubiera deseado no realizar y que, como contra-efecto, no complacerán a la Tierra. Son estas actuaciones (crueles, terribles y duras) las que no se escamotean, se muestran, se describen, transcurren sin ningún tipo de jucio por parte del escritor, que emplea un lenguaje directo para ello. Es uno de los muchos aciertos de la novela.

“Todo se desmorona” relata cómo intervino el colonialismo (en este caso británico) en sus vidas. Otros escritores tomaron también esta tarea la de narrar los males del colonialismo a través de sus novelas, obras de teatro y poemas (Senghor, Camara Laye, Peter Abraham, Eskia Mphahlele etc.,) Achebe mostró a los blancos desbaratándolo todo, imponiendo su religión, su sistema, su modelo-modelísimo ejemplar y único, ocupando tras el ofrecimiento pacífico, menospreciando las creencias de los igbos, su modo de vida, su propia vida. Blancos que no intentaron comprender, compartir, escuchar; al contrario, blancos que ningunearon, pisotearon, arrasaron. Que, en definitiva, lo desmoronaron todo. Desmoronar, deshacer y arruinar. Una sociedad, una cultura, una manera de vivir, unos códigos, unas vidas. Aprendemos a través de su lectura, a dónde condujo (conduce) la entrada en mundos complejos y ajenos: sometimiento, explotación, desaparición.

Han pasado más de cincuenta años desde que se publicó esta novela. Se han vendido millones de ejemplares y se ha traducido a más de cincuenta idiomas. Aún hoy, es imprescindible leerla.

No hay ninguna historia que no sea cierta-dijo Uchendu-El mundo no tiene fin y lo que es bueno en un pueblo es abominable en otros. (Pág.143)

Ficha:

  • Título original:  Things fall apart  (1958)
  • Idioma: Original: Inglés
  • Traducción al castellano: Random House Mondadori, S.A. (2010) DeBols¡llo
  • Traductor: Jose Manuel Álvarez Flores
  • Prólogo: Marta Sofía López Rodríguez
  • Imagen de portada:  Fotografía de Edel Rodríguez
  • Nº páginas: 205
  • Otras traducciones:
    • “Gainbehera dator dena”-Chinua Acebe. Editorial Alberdania [Euskera]
    • Todo se esfarela-Chinua Acebe. Rinoceronte Editora [Galego]
    • “Tot se’n va en orris”Chinua Achebe. Ediciones 62 [Catalá]

Sobre el  autor:

descarga 23achebe_inline-articleInline images (1)

Albert Chinualumogu Achebe (Ogidi, 1930- Boston, Massachusetts, 2013) Era hijo de un profesor en un colegio misionero. Sus padres, aunque le instruyeron en muchos de los valores de la cultura del pueblo igbo, eran devotos protestantes y le bautizaron como Albert por el nombre del marido de la reina Victoria. Su nombre de pila significa literalmente “Dios luchará en mi favor”. Desde 1944 Achebe asistió al Government College en Umuahia, como otros autores nigerianos importantes, tales como Wole Soyinka, Elechi Amadi, John Okigbo, John Pepper Clark, y Cole Omotso. También fue educado en el Colegio Universitario de Ibadán, donde estudió Inglés, Historia y Teología. En la universidad, Achebe renegó de su nombre británico y tomó como nombre indígena Chinua. En 1953 se graduó . Antes de entrar en la Nigerian Broadcastin Company en Lagos, viajó por África y América y trabajó por un corto período de tiempo como maestro. En la década de 1960 fue director de servicios a cargo de La Voz de Nigeria. Desde 1971 colabora con Okike, una de las revistas literarias más influyentes de África. Se traslada a  Estados Unidos, donde vivía desde que en 1990 un accidente de tráfico le postró en una silla de ruedas. Allí falleció en marzo de 2013. (Fuente:Wikipedia)

  •  Otras obras traducidas:
    • “Arrow of God” 1964 – La Flecha del Dios
    • “A man of the people” 1966 – Un hombre del pueblo
    • “Anthills of the Savannah” 1987 – Termiteros de la sabana
    • “No Longer at Ease” 1960 – Me alegraría de otra muerte
  • Premios:  “Commonwealth poetry”; “Nigerian National Merit”; “Man Booker internacional” 2007. Miembro honorario de la American Academy of Arts and Letters, así como Doctor Honoris Causa de más de treinta escuelas y universidades.

Para saber más:

Obituario:

A %d blogueros les gusta esto: