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Entradas de la Categoría ‘Awuney, Edem’

Explicación de la noche-Edem Awumey

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Con esta novela la Editorial Baile del Sol publica el número 7 de su colección “África“, dirigida por Jorge Portland. Además, desde Tenerife, donde tiene su sede, ha editado también títulos de ensayo escritos por artistas africanos, como el trabajo de El Hadji Amadou Ndoyeo la colección “Macaronesia” que incluye la obra del caboverdiano Joaquim Arena.

Para agrandar nuestro conocimiento, “África” nos ha traído, hasta el momento, estos títulos: La estación del caos, de W.Soyinka; Pasaje de lágrimas, de A.Waberi; GraceLand, de C.Abani, Los aromas esenciales, de Guita Jr. y Vínculos secretos de V.Sherif. Del togolés Edem Awumey ha publicado dos títulos. El primero fue Los pies sucios (2013) que a partir de una escritura luminosa nos hablaba de las geografías que se descubren a fuerza de necesidad desde la vivencia de los que están obligados a vagar sin remedio, desde África hasta Europa y después. El segundo es Explicación de la noche, texto a partir del cual Awumey nos interna en los acontecimientos que ocurrieron en un país donde el sol abrasa y que, sin embargo, ha sumergido a sus protagonistas en la oscuridad más absoluta.

Hubo un tiempo en el que manifestarse y levantarse servía para algo…¿dónde lo he leído?. Quizás en esta misma novela, no con estas palabras, con otras, pero viniendo a decir lo mismo. Quizás en otra obra, en muchas obras. Junto a esta, me viene también otra imagen, la marcha de cientos de personas que plantan cara, salen y se enfrentan, salen y gritan, salen y reclaman. Esa imagen trae unida una sensación vibrante, triunfal, gozosa, exultante. Se nos eleva el alma cuando vemos a la gente “tomar la calle” y con valentía exigir lo que les corresponde. Poco, muy poco, logramos saber sobre lo que viene después. Edem Awuney nos ayuda y nos interna en lo más profundo de esa noche (en este caso en la de la oscuridad total que lleva consigo una dictadura) que lleva aparejada la necesidad, la obligación que les surge a los que crecen en las calles del descontento frente a la represión, la tortura y la asfixia.

Ito Baraka agoniza de un cáncer y recuerda. Antes, hace veinte años, el joven Ito y sus amigos universitarios corrían delante del ejército, pequeñas moscas fáciles de abatir, intentando librarse de una bala perdida o de un porrazo en mitad del cráneo, un segundo antes, un segundo después y Final de partida. Creían, entonces, que todo era posible. E interpretaban a Beckett, teatro del absurdo, lo que irritaba al poder. En el camino se quedaron muchos, algunos terminaron en la cárcel, como él mismo, algunos se convirtieron también en traidores. Ito Baraka escribe un libro desde el principio de la novela y antes, impulsado por el aliento del viejo y ciego Koli Lem, “el hombre que camina” deslumbrado por el sol, que conoce muchas más tinieblas, con el que comparte celda y que no se separa de sus libros. La escritura y la lectura necesarias para sobrevivir, para recordarse, para morir.

Vuelve el exilio a ser uno de los protagonistas de esta obra poblada de seres que tras duras experiencias vitales (Ito, una dictadura en algún país africano, Kimi, su novia actual, la vida en una reserva india) tratan de encontrar una luz que les haga salir de las tinieblas, donde permanecen ya sin remedio. El amor como vía. La vida tal como era como solución.

Edem Awuney realiza una escritura absorbente y magnética. A pesar de que esta novela, desde mi punto de vista, finiquita las razones de las vidas de algunos personajes de una manera un tanto precipitada, su protagonista dolorido se agita con fuerza delante de nosotros evocando su pasado y su presente que sigue, como el de los pies sucios vagando, y en el caso de Ito además sumergido en las cloacas de la vida. La irracionalidad de un poder único que convierte a la época en peligrosa y que teme tanto a los estudiantes que interpretan obras de teatro, como a los ancianos acusados de brujería y a los “hombres voladores”, testigos y carne de tantas injusticias, que acaban desapareciendo sin saber qué ocurrió. Bucear en la explicación de las cosas es lo que nos ofrece el togolés. De una manera altamente bella, evocadora y profunda.

-El ganso, travesuras de críos, jugábamos en charcas limosas. El mejor momento era la noche. Después de la cena nos reuníamos en el centro del patio de los abuelos en torno a una hoguera grande. Las llamas doraban el bálago de los tejados mientras el abuelo nos contaba cuentos. (pág. 152)

Ficha:

  • Título original:  Explication de la nuit (2013)
  • Idioma: Original: Francés
  • Traducción al castellano: Colección África. Baile del Sol (2015)
  • Traductora: Iballa López Hernández
  • Nº páginas: 167

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Los pies sucios-Edem Awumey

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Edem Awumey contesta en una entrevista a la pregunta “¿De poder elegir qué animal le gustaría ser: perro o gato?”: Al igual que Mr. Bones en la novela de Paul Auster (se refiere a “Tombuctú”), me gustaría ser un perro que viaja a Tombuctú donde todas las almas de los perros terminan su camino. Me gustaría ser un perro, pero no en cualquier parte, no en las calles y los depósitos de chatarra del Sur, donde puedo ser expulsado por los transeúntes y puedo vivir bajo amenaza de lapidación cada día. Para los seres humanos, los perros y todas las criaturas, ésa es una vida difícil. Sin embargo, las personas son lapidadas hasta la muerte cada día. Entonces, ¿dónde está la diferencia con ser un perro?.

Askia, el protagonista de “Los pies sucios“, decide buscar a su padre tras treinta años de ausencia. Precisará hacer un viaje para ello: Sahel – París. Ese duro, largo y agotador recorrido. La primera advertencia llegará de la mano del poeta palestino Mahmoud Darwish en el poema que abre el libro: ” Y guárdate del mar … y los viajes¡”. Askia se llevará con él, como equipaje, los recuerdos de una niñez llena de escasez y privaciones, las palabras de su madre que le hablaban del ausente y el anhelo de encontrarlo.

Pienso en el niño que fue el protagonista. Siempre me vuelvo hacia la infancia. Un niño creciendo en los suburbios, jugando en un vertedero de basura, entre restos y deshechos, junto a otros niños que, a veces, se muestran crueles (niños del Sur lapidando perros). Evocar una infancia así y continuar caminando. Después ya adulto, continuar vagando. No es difícil acertar quiénes son los pies sucios y porqué se les llama así.

En París, ejercerá de taxista (aunque no es ésta su verdadera profesión, solo una tapadera, la auténtica es mucho más terrible) y por este medio conocerá a Olia que asegura haber conocido y retratado a su padre. Dentro del taxi, recorremos con él una ciudad malvada y desoladora (es París, pero puede ser Barcelona o Londres, cualquier gran ciudad europea). Un lugar que quiere verse despoblado de negros, de inmigrantes, de pobres. Cuadrillas con cazadora de cuero negro dispuestos a pelear y matar. Vecinos que no quieren ver en su horizonte a nadie que provenga de otro sitio y no tenga nada, nada que perder ya. Un presente triste y gris (unido a la muerte, al crimen también), el de los condenados a caminar de un lado a otro. Hay geografías que se descubren a fuerza de necesidad. Los pies sucios andarán o reventarán por Europa. Otros emprenderán el camino contrario y contemplarán África como un tránsito, nuevos brujos recolonizando a los negros.

Y en el centro siempre la búsqueda del padre.

No es gratuita la mención a Telémaco en la novela. Como el hijo de Ulises, Askia ansía recobrar el rostro amado. La figura paterna, inquietante y huidiza, que aparece y desaparece. Una sombra. ¿Y que son sino estos seres humanos, obligados a abandonar sus tierras y perdidos en la demoledora ciudad?.  Bosquejos, garabatos como su padre. Sidi Ben Sylla, un nombre de alguien que existió y del que conocemos por referencias de terceros. Un padre que una fotógrafa retrató, pero del que ahora no encuentra ninguno de los retratos que le hizo; un padre cuya madre dice o soñó que se marchó a tierras francesas porque recibió una carta que le obligaba a hacerlo por “un asunto de humillación”; todo es difuso, inconcreto, evanescente. Misterioso pasado, misteriosa huida. Una obsesión encontrarlo, para entender, quizás. Para encontrarse a si mismo, tal vez. Toda una vida detrás de un único motivo.

Las fotografías tienen un gran peso en toda la narración. Pueden llegar a constituir un lugar, un país, a base de rostros desconocidos pero que evocan un momento vivido en el pasado. A falta de un sitio al que poder apelar, las instantáneas cubren la necesidad de tener una pertenencia, mitigando la soledad y el desarraigo. Olia dice hacer retratos de gente negra, porque “saben captar y retener la luz”, como esta novela.

Cuesta entrar en la trama, con multitud de referencias y con una ambientación evocadora, misteriosa, pero también confusa. A menudo las frases que usa Awumey son complejas, de gran belleza, salpicadas de metáforas, convertidas ellas mismas en eficaz espejo del que las pronuncia. Hay que releerlas porque en pocas palabras puede transmitir decenas de ideas y sensaciones. Askia, el personaje principal, se nos muestra a la vez demasiado confuso y acabamos un poco como la propia Olia, sin saber “quién es” (¿es eso lo que intenta saber él mismo?), perdidas todas la coordenadas iniciales.

Tras la lectura, perdura una narración capaz de hacernos sentir el dolor de todos aquellos que no han tenido otro remedio que vagar, sobrevivientes sin esperanza alguna, sin un lugar al que poder regresar. Tiene razón Tahar Ben Jelloun cuando dice sobre esta obra “… nos encontramos con personajes que pertenecen al dolor de toda la humanidad”. Los pies sucios, los ojos llenos de salitre, los cuerpos vaciados de carne, sí, bajo nuestra mirada.

Habían sufrido la canícula, las lluvias, el monzón y el perverso harmatán. El harmatán porque tenían grietas en los talones y la piel muy seca, arrugada. Y entre los pliegues había suciedad, una mezcla de sudor y de tierra. (pág. 81).

Ficha:

  • Título original:  Les pieds sales (2009)
  • Idioma: Original: Francés
  • Traducción al castellano: Colección África. Baile del Sol (2012)
  • Traductora: Laura Salas Rodríguez
  • Nº páginas: 127
  • Premios del libro: Finalista Premio Goncourt 2009

Olvier Jobard 2

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