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Entradas de la Categoría ‘Biografías y/o Testimonios’

“Corazón que ríe, corazón que llora”, una Maryse Condé en lengua propia

La reconstrucción del pasado propio es un proceso complejo y, en gran medida, fallido. Partiendo de ahí, su plasmación por escrito exige calibrar lo que se recuerda y lo que la mente ha ido elaborando con el paso de los años, redimensionándolo y reinterpretándolo. Muchos escritores suelen tender a la idealización, embelleciendo lo que se vivió. Pero también los hay que intentan que prevalezca una cierta verdad desprovista de aderezos, una visión que no sea deshonesta y que muestre una existencia que no difiera, en lo posible, de la que se ha vivido. Leer Más

“El castigo”, un relato que muestra la grandeza de la escritura y de los libros

A veces una historia te lleva a querer saber más, sobre todo cuando se presenta en forma de rompecabezas con piezas que has ido conociendo a lo largo de los años y, que de pronto, en una pirueta genial, encajan. Es lo que me ocurrió con esta que hoy os presento.

La semana pasada estuve delante de una persona que en este momento es un reconocido escritor, pero cuya biografía podría haber sido completamente diferente al cruzarse su historia personal con eso que denominamos la historia con mayúsculas.

Se trataba de Tahar Ben Jelloun cuya obra El castigo (Cabaret Voltaire, 2018. Fántastica traducción de Malika Embarek) me había dejado doblemente impactada. Tanto por la dimensión del cautiverio tortuoso que sufrió junto con otros 92 estudiantes como por el destino que le dio otra oportunidad, lo que me llevó a indagar en aquel momento histórico que pudo cambiar la historia de Marruecos y la del propio escritor. Leer Más

100 años: Nelson Mandela en los libros

Muchas son las veces que el gran líder sudafricano aparece citado en numerosas obras. Su influencia y su carisma aparecen de manera continua en múltiples libros. Pero también el intento por analizar su figura icónica, su alcance y sus límites desde otros prismas, así como su tránsito de ser considerado un terrorista a “uno de los nuestros”. “El mismo Mandela fue consciente de los peligros de su idealización cuando expresó que una de sus principales preocupaciones en prisión era la ‘falsa imagen’ que involuntariamente proyectaba al mundo exterior: «Ser considerado como un santo que nunca fui, incluso si se define a un santo como un pecador que sigue intentándolo»”, tal y como recoge Matías Zibeli en un artículo.

Es cierto, además, que a Mandela muchos le han convertido en un producto de marketing y que no deja de surgir la rapiña y el oportunismo alrededor de él (el año pasado, sin ir más lejos, Graça Machel, pidió que se retirara un libro “que consideraba un asalto a la confianza y dignidad de su marido”). Alguien podría, incluso, acusarme a mi, en cierto modo, de esto último al publicar este texto; hoy precisamente: 18 de julio, pero lo asumo. Para mi es un homenaje y lo cierto es que no he encontrado otro momento mejor para hacerlo. Espero que, a cambio, sirva para acercar, a través de alguno de estos libros, ante todo a un enorme ser humano que luchó incansable siempre fiel a sus valores. Un auténtico revolucionario. Un héroe moral.

Quizás una de las mejores maneras de acercarse a su figura se encuentra entre las páginas de su libro autobiográfico El largo camino hacia la libertad (Ediciones El País, /Aguilar, 1995) el cual se abre con su infancia y en el que el líder sudafricano recorre  las luchas que lo transformaron en el representante de los excluidos de Sudáfrica. Habla de sus compañeros, de la evolución de su pensamiento, pero también nos acerca sus facetas más desconocidas. Por su páginas asoma un Mandela coqueto;  “Mi padre era un hombre alto, de piel oscura  y porte erguido y majestuoso que me gusta pensar que he heredado”. Un Mandela enamorado; “No sé decir con seguridad si existe el amor a primera vista, pero sí sé que en el momento en que vi por primera vez a Winnie Nonzamo supe que quería casarme con ella”. Y un Mandela apasionado de la música africana; “La extraña belleza de la música africana radica en que es capaz de levantar el ánimo aunque cuente una historia triste. Se puede ser pobre, vivir en una inmunda choza y haber perdido el trabajo, pero la música le da a uno esperanza. La música africana trata, a menudo, de las aspiraciones del pueblo, y es capaz de avivar la resolución política de aquellos que, sin ella, podrían mostrarse indiferentes”.

Junto a este libro podemos encontrar otros también escritos de su puño y letra: Un ideal por el cual vivo (Txalaparta, 2005) en el cual se recogen “los mejores discursos y artículos de su carrera política”. Al igual que Conversaciones conmigo mismo (Planeta, 2010) una “recopilación de cartas, diarios y borradores”.

Han sido también muchos los que han querido escribir sobre este hombre excepcional. Destaca El factor humano de Jhon Carlin (Seix Barral, 2010) que fue llevada al cine bajo el título Invictus con el gran Morgan Freeman como Mandela y dirigida por Clint Eastwood. En 1995 Sudáfrica acogía por primera vez la Copa de Mundo de Rugby, la final se jugaba entre Nueva Zelanda y Sudáfrica, la victoria en el último momento del anfitrión hizo que blancos y negros celebraran la victoria entre abrazos. Mandela había hecho del rugby “el factor humano” que necesitaba para intentar la reconciliación y la unión.

En 2007 el colectivo Umlando Wezithombe junto con la Fundación Nelson Mandela publicó Nelson Mandela. El cómic autorizado (Escalera, 2012) basado en su autobiografía. El prólogo del cómic, en palabras de David Fernández de Arriba está “extraído de un discurso del propio Mandela en 2007, explica con gran acierto las bondades del cómic, que considera la mejor manera de atraer a un público joven al legado de su vida”.

En la recopilación de Mis cuentos africanos (Siruela, 2007) Mandela fue el que escogió, pero no escribió como algunos pueden llegar a pensar, los 32 relatos, originarios de varios países como Tanzania, Zimbabwe, Namibia o Kenia, entre otros, aunque predominan los del sur del continente, aproximadamente 14 de ellos provienen del país de origen del mandatario. En la introducción, las palabras de Mandela, quien siempre puso mucho énfasis en la importancia de la educación (y los cuentos además de diversión son un vehículo educacional individual y colectivo de grandes dimensiones), desean a todos los niños de África “que nunca pierdan la capacidad de ampliar sus horizontes del mundo con la magia de los relatos”.

juvenil

Las últimas novedades sobre Mandela en castellano

Entre los libros más recientes está Cartas desde la prisión (Malpaso, 2018) que recoge las 255 cartas que Mandela  escribió durante su cautiverio en Robben Island (donde fue el preso 466 64 durante dieciocho de sus veintisiete años de presidio) “a las autoridades penitenciarias, a sus compañeros de lucha, a familiares o amigos, a su mujer y a sus hijos. En ellas reclama derechos a funcionarios inclementes; insta a proseguir el combate; recuerda momentos felices; muestra cariño, dolor o añoranza; elogia y anima, consuela y aconseja… “

Nelson Mandela, un jugador de damas en Robben Island (San Pablo, 2018) está escrito por el periodista Javier Fariñas Martín. La obra, que cuenta con un prólogo de Xavier Aldekoa y un epílogo de Carolina Valdehíta, es un amplio recorrido biográfico de Nelson Mandela.

“La historia personal de Nelson Mandela –dice Javier Fariñas en la introducción– no deja de ser la historia colectiva de un pueblo que necesitó casi medio siglo para zafarse de una de las mayores inmoralidades, injusticias y desigualdades generadas por el hombre en los últimos siglos: un sistema que separaba, discriminada y acosaba o agasajaba a los individuos tan solo por el color de su piel. Los blancos a un lado. El resto a otro. Mandela (…) nunca hubiera podido estar solo ante un peligro institucionalizado irracional y sólidamente arraigado en Sudáfrica desde 1948. Mandela necesitó a todos los demás, a los personajes secundarios de esta gran película de su vida que hemos de leer, obligatoriamente, a través de la existencia de otros. (…). De ahí que cada capítulo lleve el título de alguien que ayudó a Mandela a ser como fue, a convertirse en un árbol más –aunque fuera uno de los más robustos– del bosque que era la Sudáfrica del apartheid”.

Por último, Nelson Mandela. El camino a la libertad (Anaya, 2018) de Antonio Lozano que presentó en marzo en Agüimes. Se trata de una biografía novelada que en principio está orientada a jóvenes a partir de 14 años sobre la que es ocioso recalcar que es una obra sin fronteras lectoras de ningún tipo. De hecho en palabras del propio escritor “está escrito para adultos”.

Se trata de un texto muy bien documentado, centrado sobre todo en su infancia, que llenará de sorpresas a aquellos que piensan que lo conocen todo sobre este hombre, y que parte de las preguntas que no le hizo a Mandela un biznieto suyo (es tradición conocer la historia familiar a través de las preguntas). Del que fue un hombreextraordinario, con sus claroscuros, Lozano destaca su “capacidad de liderazgo, pero sobre todo de reconciliación, de perdón”.

Nelson Mandela fue amigo de Chinua Achebe, a quien admiraba profundamente, y cuyos libros leyó en prisión, hasta el punto de que afirmó en una ocasión: “Es el escritor en cuya compañía cayeron las paredes de la cárcel”.

Sin duda, la lectura le ayudó a sobrellevar su estancia en la frialdad de su celda.De hecho, durante aquellos largos años recitó sin cesar éste que viene a continuación y que fue su poema favorito, aquel que le continuó dando fuerzas para no rendirse y mantenerse.

Invictus (desconozco la autoría de la traducción) fue escrito por William Ernest Henley en 1875.

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

 

Alumbrando: Reinas de África y heroínas de la diáspora negra

Pues es verdad. Te paras. Miras hacia atrás. Nada. ¿Cuántos nombres somos capaces de nombrar de heroínas negras del pasado, de la antigüedad?. ¿Cleopatra?… y eso que sigue en cuestión verla incluida en esta galería de nombres ocultados. Sin embargo, (¿todavía así?) las ha habido, no hace falta acudir a ejemplos como el anterior, y Sylvia Serbin, una periodista e historiadora de formación, que ha estado muchos años investigando antes de poder dar a luz esta obra, intenta con este libro mostrar de manera ambiciosa, frente a la tradicional imagen de mujer victima o sumisa, “cómo la mujer negra ha sabido siempre dar prueba de un liderazgo cuando la situación lo precisaba”.

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Sankara vive: libros que le recuerdan

Hoy, 15 de octubre de 2017, se cumple el 30º aniversario del asesinato de un hombre que nos mostró que la utopía era posible. Hablamos de Thomas Sankara, cuyo magnicidio aconteció en 1987.

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Ruanda: Entre las cuatro paredes de la 1930

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Ruanda nos queda lejos, lo sé. Y, esforzándonos, lo más que logramos asociar con este país es el genocidio tutsi. Aquellos 100 días que comenzaron el 6 de abril de 1994 y que nos vendieron como una “lucha étnica”, de esas matanzas medievales que solo se dan en África, olvidando que nada surge de la noche a la mañana, que siempre hay un pasado y que manejar la historia sin conjugar más de dos factores, es trampearla. Luego está nuestro eterno sentimiento de culpa por no hacer. Ruanda pareció quedarse congelada para todos en aquellos brutales días, hasta el punto de ser recordada por “la tierra donde esos africanos se matan a machetazos”.

El país parecía que iba a ser incapaz de acabar con su terrorífica imagen. Pero el milagro ocurrió. Han pasado más de veinte años desde entonces y es uno de los lugares que más crecen en el mundo. The Economist calificó a su presidente Paul Kagame como “uno de los líderes más exitosos de la historia de África”. Kagame es un tutsi,  fundador del Frente Patriótico Ruandés (FPR) conocido por haber puesto fin al genocidio. Su mandato se inició en 2000 y finalizará en 2017 -haced cuentas- aunque ya se ha reformado la constitución para que pueda ostentar un tercer mandato, que podría llegar hasta 2034. Con él daba la impresión de que esta nueva narrativa cogía impulso. El país prosperaba, el gobierno era estable y fuerte, recibían elogios de todas las partes del planeta y la reconciliación entre hutus y tutsis se decía asegurada. Ruanda, pues, próximo destino de vacaciones… Sin embargo, nada es simple, nada es sencillo.

Aparecieron otras voces que hablaban de otra parte de la historia no revelada. Las voces críticas con el gobierno de Kagame fueron surgiendo y algunas fueron silenciándose (una de ellas, la del ex jefe de inteligencia de Kagame, Patrick Karageya, que fue estrangulado en la habitación de un hotel sudafricano). Otras como la de Rusesabagina, que suena más conocido si digo que es el nombre del héroe-protagonista de “Hotel Ruanda” (la película que se basó en la historia verdadera del hutu que salvó a 1.268 personas, la mayoría tutsis, de morir a machetazos), aún hoy se oyen. Según él, sería necesario hacer una segunda parte del film “para contar qué está pasando hoy en Ruanda y también en Congo, pero no creo que el Gobierno ruandés lo permitiera“. Lo sabe bien él, que dice haber sufrido varios intentos de asesinato para silenciarle; “En los campos de refugiados del Congo los soldados tutsis del FPR no mataron a los genocidas, supuestamente jóvenes y fuertes. Mataron ancianos, mujeres, niños y gente enferma”, replica. “Ésos no son los genocidas”.

Lo sabe bien también Victoire Ingabire Umuhoza.

Tras 16 años de exilio en Holanda, Victoire decidió regresar a su país. “Todo comienza a mi regreso a Ruanda” (pág.13) escribe para comenzar su libro, que relata su vida durante 3 años (de 2010 a 2013) y que condensa en ese “todo” lo que iba a vivir a partir de entonces. Fundadora del FDU-INKINGI en el exilio, Victoire cree que ya es tiempo de volver a su lugar de nacimiento y emprender un nuevo camino. Y así lo hace el 16 de enero de 2010, con la intención de inscribir su partido para participar en las elecciones a la presidencia.

En su ingenuidad, según sus palabras, nada más aterrizar se dirige al Memorial del Genocidio de Kigali en Gisozi. Allí habla sobre el genocidio tutsi pero también sobre la necesidad de hacer justicia con la memoria de los hutus asesinados tanto en Ruanda como en el este de la RD Congo. Sus palabras son consideradas “ideología del genocidio, minimización del genocidio y divisionismo”.

A partir de ese momento comienza un recorrido de pesadilla. En su libro describe el “sistema judicial ruandés” desde dentro. Interrogatorios, trampas continuas en las que cae, personas que la golpean, amenazas, los intentos por registrar su partido, la prohibición de visitar a su familia en los Países Bajos lo que conlleva los primeros baches emocionales al no poder acudir al cumpleaños de su hijo de ocho años…el ingreso en la cárcel y el miedo; “Estamos en un estado bananero, sin fe ni ley. Esos políticos son despiadados. Hay motivos para tener miedo a vivir en este país. Vengo de pasar más de doce horas entre rejas por no haber hecho nada. (pág.73).

Victoire comienza a vislumbrar que su vuelta ha hecho zozobrar la imagen que Kagame ha logrado gracias a “los elogios que le dedicaron por haber puesto fin al genocidio”, las felicitaciones por los grandes edificios y la pulcritud de las calles. Sigue una segunda detención, pasa 72 horas esposada de pie, sin dormir. Hasta el 26 de octubre en el que se produce la orden de ir a prisión.

El color rosa del uniforme que Victoire usará a partir de entonces significa que está pendiente de ser procesada. Chantal, una joven de 22 años, será su primera compañera de celda. Después vendrán otras, sobre las que hablará, contará sus vidas e incluso intentará ayudar, a pesar de saber que trabajan en su contra y la espían. La vida en prisión con toda su monotonía, algunos momentos de humor, y duras condiciones se impone.

Se la acusa de “difusión de la ideología del genocidio, complicidad con actos de terrorismo, sectarismo e intentar socavar la autoridad del estado”. Siendo uno de los puntos claves la inculpación de Ingabire en el intento de formación de un brazo armado del partido que ella fundó. Lo anterior se sustenta en el testimonio de cuatro hombres que aporta la fiscalía, entre ellos Vital (ex-FDLR) que declara que Victoire le había entregado dinero para la desestabilización del país. Ella, en cambio, se reafirma en la convicción de que “el último crimen que he cometido es criticar al gobierno“. Y trata de mostrar las diferencias con el FPR de Kagame, “invito a mis compatriotas a que tengan el valor de mirar la verdad de nuestra historia a la cara. Los invito a que reconozcan nuestra propia responsabilidad en la gestión de ese problema en vez de querer echarla sobre los extranjeros” (pág.135).

En relación a la complicidad con los actos de terrorismo, Ingabire confiesa en el libro que “la opción de crear una organización politico-militar también estuvo sobre la mesa” (pág.171) pero que, sin embargo, optaron por la vía pacífica, y añade: “sus testigos-habla al fiscal- pueden decir lo que usted les dice que digan, no encontrará en ningún lugar, ni en mis escritos, ni en mis discursos, nada donde preconicemos el recurso a la lucha armada”.

Estamos en 2016 y Victoire Ingabire sigue en la cárcel, con una condena de 15 años. Según afirman diversas ONG y organizaciones como Amnistía Internacional no ha tenido un verdadero acceso a la justicia y su proceso está plagado de irregularidades y fallas, además “sus condiciones de encarcelamiento han empeorado significativamente desde que recurrió ante la Corte africana de derechos humanos y de los pueblos, y desde que se publicó el libro Entre las cuatro paredes de la 1930, escrito en la cárcel y sacado de la misma bajo riguroso secreto.”

Mi único arrepentimiento es que haya supervivientes del genocidio que se han sentido heridos porque haya sido en el memorial de los tutsis donde he evocado los crímenes contra la humanidad perpetrados sobre los hutus. Que estén tranquilos, no fue mi intención herir a nadie. Incluso pido perdón a quienquiera que se haya sentido ofendido por mis palabras. Pero sigo convencida de que para llegar a una reconciliación efectiva del pueblo ruandés hay que hablar explícitamente de todos los crímenes cometidos en Ruanda, sin ningún tabú. (pág. 170)

Ficha:

  • Título original: Entre les quatre murs du 1930 (2015)
  • Idioma: Original: Francés (Editorial Scribe)
  • Prólogo: Judi Rever
  • Traducción al castellanoEditorial Tal y Cual (2016)
  • Traductor: Juan Carlos Figueira Iglesias
  • Lugares de venta: En la sede de Comités Umoya De lunes a viernes de 9:30 a 13:30. C/Argumosa, 1. 5ºA. Madrid. (Junto al metro Lavapiés)
    • Por email a umoya@umoya.org
    • Por teléfono en el 91 468 49 54, (de lunes a viernes de 9.30 a 13:30) para recibir por correo postal contra reembolso.

    Cuenta Twitter: @ComitesUmoya

  • Otros libros sobre el genocidio de Ruanda:
    • Una temporada de machetes de Jean Hatzfeld (Anagrama)
    • La sombra de Imana de Veronique Tadjo (El Cobre Ediciones)
    • Murambi, el libro de los huesos de Boubacar Boris Diop (Wanafrica)
    • Notre-Dame du Nil de Scholastique Mukasonga (Gallimart)
    • Rwanda l’histoire secrète (Francés) de Abdul Joshua Ruzibiza (Editions du Panama)
    • Africa’s World War: Congo, the Rwandan Genocide, and the Making of a Continental Catastrophe (Inglés) de Gérard Prunier (Oxford Univ Pr)

Ellen Kuzwayo, llamadme mujer

Hector Pieterson | by Robert Cutts (pandrcutts)

Hector Pieterson | by Robert Cutts (pandrcutts)

Hace cuarenta años, el 16 de junio de 1976, Ellen Kuzwayo estaba en Soweto. Los disturbios que convirtieron dicha fecha en día de luto nacional, habían comenzado porque los estudiantes se habían plantado ante la imposición de utilizar el afrikáans, en lugar del inglés, como lengua de enseñanza para la mayoría de las materias escolares. Ellos y ellas al ignorar aquella lengua, de repente se encontraron perdiendo el tiempo en la escuela y las clases se convirtieron en fuente de aburrimiento y frustración. Sus solicitudes cayeron en saco roto y salieron a la calle donde se toparon con la policía armada. Entre el fuego, los automóviles volcados y el desconcierto, una bala mató a un niño de diez años, Hector Petersen, cuya imagen se ha vuelto con el tiempo icónica. Pero no fue el único, muchos más niños y niñas murieron, fueron torturados o simplemente desaparecieron sin que se volviera a saber sobre su paradero.

El 16 de junio de 1976 multitud de madres perdieron su trabajo al tratar de encontrar a sus hijos y se quedaron en silencio para siempre, sin saber si su hijo o su hija había muerto, estaba en la cárcel o había abandonado el país. Ellen Kuzwayo tenía entonces 62 años. Había recorrido un largo camino hasta Soweto, el lugar plagado de pequeñas casitas “como cajas de fósforos” en el que viviría hasta su muerte. Hay quien decía que aquel lugar era un gueto, pero para ella fue su hogar. Sus convicciones morales frente al delito, como resalta Nadine Gordimer en el prólogo de su autobiografía, Llamadme mujer (Las femineras, 1985), se tambalearon frente a las precarias condiciones de vida de aquel suburbio en el que todo faltaba hasta el punto de hacerla confesar: “Me horroriza comprobar que mi actitud… ha ido cambiando con los años. Ahora cuando leo en la prensa la noticia del robo de varios miles de rands por personas negras… a menudo manifiesto el deseo de que no les atrapen”.

author_ellen_kuzwayoNacida en una familia privilegiada, conoció una infancia plácida en un ámbito rural en el que todavía se respetaba la titularidad de la tierra. Pero aquello cambió, y fue testigo del paso que supuso para muchas mujeres la emigración a la ciudad: donde tuvieron que cambiar sus labores al frente del campo por la venta clandestina de cerveza o el servicio doméstico.

Pronto comenzó a asistir junto a su padre a las conferencias del Congreso Nacional Africano. Junto a Mandela, Sisilu y Tambo fundó la “Liga Juvenil del CNA” del que fue su secretaria. También ejerció como maestra hasta que abandonó este trabajo defraudada mientras iba tomando más conciencia social de su entorno más inmediato lo que la llevó en 1952 a estudiar Trabajo Social. Los acontecimientos de Soweto la llevaron a un compromiso político más fuerte con su comunidad y un año después fue detenida y encarcelada durante cinco meses en la aplicación de la Ley contra el Terrorismo. Su vida personal se vio marcada por su primer matrimonio (con Moloto con quien tuvo dos hijos) que la someterá a violencia psíquica y física y cuyo divorcio le supondrá el dejar de ver a sus hijos. Con Mandela ocupó un cargo en el Parlamento sudafricano.

Fue la primera mujer en ganar el premio del Congreso Nacional Africano por esta obra escrita en 1983, en la que narra parte de su vida. Su voz esperanzada siempre quiso reconocer el de tantas mujeres negras que “se habían enfrentado a opresivas barreras sociales, culturales, económicas, políticas y educacionales” y que ellaimg039 ponía siempre como ejemplo de la fuerza que llevaría a su país hacia delante por eso su Llamadme mujer está plagada de ellas. De aquellas que fueron tildadas de inútiles, poco inteligentes y “menores” y se sobrepusieron a las extraordinarias adversidades con un espíritu de superación. Como en 1913 (antes del apartheid), hace recordar Ellen, cuando la ley que imponía el pase de las personas negras se aplicaba a hombres y mujeres por igual. Pero las mujeres de diversos distritos sudafricanos se opusieron lo que les supuso la cárcel en condiciones tremendas, incluso el acabar con lesiones crónicas. “Como recompensa lograron postergar durante unos cuarenta años la obligatoriedad de los pases para las mujeres. Y cuando finalmente se impuso, en 1955-1956, se hizo de un modo muy sigiloso”.

Las mujeres sudáfricanas jamás nos rendiremos ni aceptaremos la derrota, dejó escrito en este libro. Ellen Kuzwayo falleció en 2006. Tenía 91 años y el mismo espíritu que todas aquellas mujeres que la poblaban.

Fátima Djarra Sani nos habla sobre el paso de la mutilación a la vida

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Siempre es difícil ir a contracorriente. Fátima Djarra lo sabe. En Guinea Bissau, como en otra veintena de países, la mutilación genital (ablación) es una terrorífica costumbre enraizada con fuerza y que siguen soportando mujeres y niñas. Pero, en su caso, lo que estaba destinado a someterla, la hizo más fuerte. “Desde que me extirparon la mayor parte del clítoris y los labios menores de la vagina a los cuatro años, llevo la rebeldía en la sangre. Rebeldía, que no ira.” Desde entonces su voz se ha alzado para hablar de manera incansable para que esta atroz práctica desaparezca, a través de una trayectoria vital que se inició en Bissau y la llevó fuera del continente hasta Pamplona, y que Fátima describe en su autobiografía.

El sol lucía imponente aquel día, rememora Fátima. Era una jornada festiva, alegre, en la que ella y su hermana estrenaban ropa para acudir a la casa de la fanateca y que pronto contrastó con el ambiente sucio del baño que solo contenía un cubículo para defecar, donde encima de un pareo sobre el cemento, les practicaron la ablación. Fátima es directa y supongo que habrá estado tiempo pensando en qué palabras usar para transmitir el momento, aquella difícil e inolvidable experiencia. “Un afilado grito me alarmó” (pág.42) es el primer signo de lo que le espera a la niña que no volverá a hablar de ello hasta que años después es iniciada.

Indomable nos adentra en una sociedad secreta. Dentro del bosque, “donde se sembraban los cimientos de la sumisión femenina“, y al que ella accedió ir de manera voluntaria deseando convertirse en una mujer de provecho, las niñas eran obligadas a someterse a una ceremonia que duraba tres meses. Las ancianas transmitían que lo que pasaba en el bosque se quedaba en el bosque, por eso era (es) tan difícil hablar con otras mujeres sobre ello. Pero Fátima decidió romper ese círculo de ocultismo y miedo y habló. Allí Fátima adolescente se vio sometida a aprender a “callar y a plegarse” y contempló el sufrimiento generado por la ablación en otras niñas a las que se lo practicaban en aquel momento.

Después (pronto) vendrían las consecuencias. La muerte por desangramiento de alguna de las niñas, el dolor al orinar, los efectos de la ablación en su vida sexual que son descritos de tal manera que el lector siente la angustia de Fátima cada vez que intenta tener relaciones sexuales, y los problemas para concebir.

Después (mucho después) vendrían el rechazo, el insulto y las amenazas cuando se incorporó a “Médicos del Mundo” y empezó a hablar (aquí y allí) sobre lo que había sufrido y sus consecuencias. Pero también le llegaron la comprensión y los testimonios de otras mujeres que habían pasado por aquel duro trance. Madres que habían aceptado la mutilación porque creían que era lo mejor para sus hijas, ancianas que no pronunciaban ni una sola palabra en contra, mujeres que se negaban y argumentaban que “no hay un sólo versículo (en el Corán) donde se especifique que la pureza de una mujer va ligada a la mutilación” o hombres que rechazaban de plano la práctica al conocer la dimensión de la atrocidad.

En 2015 Nigeria y Gambia la prohibieronPero en muchos países la siguen practicando a pesar de estar prohibida (Burkina Faso) o la siguen defendiendo (Sierra Leona). Fátima, valiente, sigue hablando con unos y con otros, dando testimonio directo y soportando el precio que supone el que todo el mundo conozca que ella es una mujer mutilada, porque sabe que eso también es necesario.

A algunos les escandalizará que una africana divulgue sus secretos más íntimos. Simplemente es un mal necesario. Ojalá sirva para acercarnos a los europeos y enterrar los falsos mitos. Porque las africanas nos hemos convertido en un enigma que la mayoría de los occidentales no se molesta en interpretar. (pág. 14)

Ficha:

  • Título original:  Indomable, de la mutilación a la vida (2015)
  • Coautoría: Gorka Moreno Arratibel
  • Idioma: Original: Castellano
  • Editorial: Península (2015)
  • Nº páginas: 192
  • Portada: Fotografía Iñigo Aranguren Osinaga
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