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Entradas de la Categoría ‘Biografías y/o Testimonios’

Alumbrando: Reinas de África y heroínas de la diáspora negra

Pues es verdad. Te paras. Miras hacia atrás. Nada. ¿Cuántos nombres somos capaces de nombrar de heroínas negras del pasado, de la antigüedad?. ¿Cleopatra?… y eso que sigue en cuestión verla incluida en esta galería de nombres ocultados. Sin embargo, (¿todavía así?) las ha habido, no hace falta acudir a ejemplos como el anterior, y Sylvia Serbin, una periodista e historiadora de formación, que ha estado muchos años investigando antes de poder dar a luz esta obra, intenta con este libro mostrar de manera ambiciosa, frente a la tradicional imagen de mujer victima o sumisa, “cómo la mujer negra ha sabido siempre dar prueba de un liderazgo cuando la situación lo precisaba”.

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Sankara vive: libros que le recuerdan

Hoy, 15 de octubre de 2017, se cumple el 30º aniversario del asesinato de un hombre que nos mostró que la utopía era posible. Hablamos de Thomas Sankara, cuyo magnicidio aconteció en 1987.

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Ruanda: Entre las cuatro paredes de la 1930

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Ruanda nos queda lejos, lo sé. Y, esforzándonos, lo más que logramos asociar con este país es el genocidio tutsi. Aquellos 100 días que comenzaron el 6 de abril de 1994 y que nos vendieron como una “lucha étnica”, de esas matanzas medievales que solo se dan en África, olvidando que nada surge de la noche a la mañana, que siempre hay un pasado y que manejar la historia sin conjugar más de dos factores, es trampearla. Luego está nuestro eterno sentimiento de culpa por no hacer. Ruanda pareció quedarse congelada para todos en aquellos brutales días, hasta el punto de ser recordada por “la tierra donde esos africanos se matan a machetazos”.

El país parecía que iba a ser incapaz de acabar con su terrorífica imagen. Pero el milagro ocurrió. Han pasado más de veinte años desde entonces y es uno de los lugares que más crecen en el mundo. The Economist calificó a su presidente Paul Kagame como “uno de los líderes más exitosos de la historia de África”. Kagame es un tutsi,  fundador del Frente Patriótico Ruandés (FPR) conocido por haber puesto fin al genocidio. Su mandato se inició en 2000 y finalizará en 2017 -haced cuentas- aunque ya se ha reformado la constitución para que pueda ostentar un tercer mandato, que podría llegar hasta 2034. Con él daba la impresión de que esta nueva narrativa cogía impulso. El país prosperaba, el gobierno era estable y fuerte, recibían elogios de todas las partes del planeta y la reconciliación entre hutus y tutsis se decía asegurada. Ruanda, pues, próximo destino de vacaciones… Sin embargo, nada es simple, nada es sencillo.

Aparecieron otras voces que hablaban de otra parte de la historia no revelada. Las voces críticas con el gobierno de Kagame fueron surgiendo y algunas fueron silenciándose (una de ellas, la del ex jefe de inteligencia de Kagame, Patrick Karageya, que fue estrangulado en la habitación de un hotel sudafricano). Otras como la de Rusesabagina, que suena más conocido si digo que es el nombre del héroe-protagonista de “Hotel Ruanda” (la película que se basó en la historia verdadera del hutu que salvó a 1.268 personas, la mayoría tutsis, de morir a machetazos), aún hoy se oyen. Según él, sería necesario hacer una segunda parte del film “para contar qué está pasando hoy en Ruanda y también en Congo, pero no creo que el Gobierno ruandés lo permitiera“. Lo sabe bien él, que dice haber sufrido varios intentos de asesinato para silenciarle; “En los campos de refugiados del Congo los soldados tutsis del FPR no mataron a los genocidas, supuestamente jóvenes y fuertes. Mataron ancianos, mujeres, niños y gente enferma”, replica. “Ésos no son los genocidas”.

Lo sabe bien también Victoire Ingabire Umuhoza.

Tras 16 años de exilio en Holanda, Victoire decidió regresar a su país. “Todo comienza a mi regreso a Ruanda” (pág.13) escribe para comenzar su libro, que relata su vida durante 3 años (de 2010 a 2013) y que condensa en ese “todo” lo que iba a vivir a partir de entonces. Fundadora del FDU-INKINGI en el exilio, Victoire cree que ya es tiempo de volver a su lugar de nacimiento y emprender un nuevo camino. Y así lo hace el 16 de enero de 2010, con la intención de inscribir su partido para participar en las elecciones a la presidencia.

En su ingenuidad, según sus palabras, nada más aterrizar se dirige al Memorial del Genocidio de Kigali en Gisozi. Allí habla sobre el genocidio tutsi pero también sobre la necesidad de hacer justicia con la memoria de los hutus asesinados tanto en Ruanda como en el este de la RD Congo. Sus palabras son consideradas “ideología del genocidio, minimización del genocidio y divisionismo”.

A partir de ese momento comienza un recorrido de pesadilla. En su libro describe el “sistema judicial ruandés” desde dentro. Interrogatorios, trampas continuas en las que cae, personas que la golpean, amenazas, los intentos por registrar su partido, la prohibición de visitar a su familia en los Países Bajos lo que conlleva los primeros baches emocionales al no poder acudir al cumpleaños de su hijo de ocho años…el ingreso en la cárcel y el miedo; “Estamos en un estado bananero, sin fe ni ley. Esos políticos son despiadados. Hay motivos para tener miedo a vivir en este país. Vengo de pasar más de doce horas entre rejas por no haber hecho nada. (pág.73).

Victoire comienza a vislumbrar que su vuelta ha hecho zozobrar la imagen que Kagame ha logrado gracias a “los elogios que le dedicaron por haber puesto fin al genocidio”, las felicitaciones por los grandes edificios y la pulcritud de las calles. Sigue una segunda detención, pasa 72 horas esposada de pie, sin dormir. Hasta el 26 de octubre en el que se produce la orden de ir a prisión.

El color rosa del uniforme que Victoire usará a partir de entonces significa que está pendiente de ser procesada. Chantal, una joven de 22 años, será su primera compañera de celda. Después vendrán otras, sobre las que hablará, contará sus vidas e incluso intentará ayudar, a pesar de saber que trabajan en su contra y la espían. La vida en prisión con toda su monotonía, algunos momentos de humor, y duras condiciones se impone.

Se la acusa de “difusión de la ideología del genocidio, complicidad con actos de terrorismo, sectarismo e intentar socavar la autoridad del estado”. Siendo uno de los puntos claves la inculpación de Ingabire en el intento de formación de un brazo armado del partido que ella fundó. Lo anterior se sustenta en el testimonio de cuatro hombres que aporta la fiscalía, entre ellos Vital (ex-FDLR) que declara que Victoire le había entregado dinero para la desestabilización del país. Ella, en cambio, se reafirma en la convicción de que “el último crimen que he cometido es criticar al gobierno“. Y trata de mostrar las diferencias con el FPR de Kagame, “invito a mis compatriotas a que tengan el valor de mirar la verdad de nuestra historia a la cara. Los invito a que reconozcan nuestra propia responsabilidad en la gestión de ese problema en vez de querer echarla sobre los extranjeros” (pág.135).

En relación a la complicidad con los actos de terrorismo, Ingabire confiesa en el libro que “la opción de crear una organización politico-militar también estuvo sobre la mesa” (pág.171) pero que, sin embargo, optaron por la vía pacífica, y añade: “sus testigos-habla al fiscal- pueden decir lo que usted les dice que digan, no encontrará en ningún lugar, ni en mis escritos, ni en mis discursos, nada donde preconicemos el recurso a la lucha armada”.

Estamos en 2016 y Victoire Ingabire sigue en la cárcel, con una condena de 15 años. Según afirman diversas ONG y organizaciones como Amnistía Internacional no ha tenido un verdadero acceso a la justicia y su proceso está plagado de irregularidades y fallas, además “sus condiciones de encarcelamiento han empeorado significativamente desde que recurrió ante la Corte africana de derechos humanos y de los pueblos, y desde que se publicó el libro Entre las cuatro paredes de la 1930, escrito en la cárcel y sacado de la misma bajo riguroso secreto.”

Mi único arrepentimiento es que haya supervivientes del genocidio que se han sentido heridos porque haya sido en el memorial de los tutsis donde he evocado los crímenes contra la humanidad perpetrados sobre los hutus. Que estén tranquilos, no fue mi intención herir a nadie. Incluso pido perdón a quienquiera que se haya sentido ofendido por mis palabras. Pero sigo convencida de que para llegar a una reconciliación efectiva del pueblo ruandés hay que hablar explícitamente de todos los crímenes cometidos en Ruanda, sin ningún tabú. (pág. 170)

Ficha:

  • Título original: Entre les quatre murs du 1930 (2015)
  • Idioma: Original: Francés (Editorial Scribe)
  • Prólogo: Judi Rever
  • Traducción al castellanoEditorial Tal y Cual (2016)
  • Traductor: Juan Carlos Figueira Iglesias
  • Lugares de venta: En la sede de Comités Umoya De lunes a viernes de 9:30 a 13:30. C/Argumosa, 1. 5ºA. Madrid. (Junto al metro Lavapiés)
    • Por email a umoya@umoya.org
    • Por teléfono en el 91 468 49 54, (de lunes a viernes de 9.30 a 13:30) para recibir por correo postal contra reembolso.

    Cuenta Twitter: @ComitesUmoya

  • Otros libros sobre el genocidio de Ruanda:
    • Una temporada de machetes de Jean Hatzfeld (Anagrama)
    • La sombra de Imana de Veronique Tadjo (El Cobre Ediciones)
    • Murambi, el libro de los huesos de Boubacar Boris Diop (Wanafrica)
    • Notre-Dame du Nil de Scholastique Mukasonga (Gallimart)
    • Rwanda l’histoire secrète (Francés) de Abdul Joshua Ruzibiza (Editions du Panama)
    • Africa’s World War: Congo, the Rwandan Genocide, and the Making of a Continental Catastrophe (Inglés) de Gérard Prunier (Oxford Univ Pr)

Ellen Kuzwayo, llamadme mujer

Hector Pieterson | by Robert Cutts (pandrcutts)

Hector Pieterson | by Robert Cutts (pandrcutts)

Hace cuarenta años, el 16 de junio de 1976, Ellen Kuzwayo estaba en Soweto. Los disturbios que convirtieron dicha fecha en día de luto nacional, habían comenzado porque los estudiantes se habían plantado ante la imposición de utilizar el afrikáans, en lugar del inglés, como lengua de enseñanza para la mayoría de las materias escolares. Ellos y ellas al ignorar aquella lengua, de repente se encontraron perdiendo el tiempo en la escuela y las clases se convirtieron en fuente de aburrimiento y frustración. Sus solicitudes cayeron en saco roto y salieron a la calle donde se toparon con la policía armada. Entre el fuego, los automóviles volcados y el desconcierto, una bala mató a un niño de diez años, Hector Petersen, cuya imagen se ha vuelto con el tiempo icónica. Pero no fue el único, muchos más niños y niñas murieron, fueron torturados o simplemente desaparecieron sin que se volviera a saber sobre su paradero.

El 16 de junio de 1976 multitud de madres perdieron su trabajo al tratar de encontrar a sus hijos y se quedaron en silencio para siempre, sin saber si su hijo o su hija había muerto, estaba en la cárcel o había abandonado el país. Ellen Kuzwayo tenía entonces 62 años. Había recorrido un largo camino hasta Soweto, el lugar plagado de pequeñas casitas “como cajas de fósforos” en el que viviría hasta su muerte. Hay quien decía que aquel lugar era un gueto, pero para ella fue su hogar. Sus convicciones morales frente al delito, como resalta Nadine Gordimer en el prólogo de su autobiografía, Llamadme mujer (Las femineras, 1985), se tambalearon frente a las precarias condiciones de vida de aquel suburbio en el que todo faltaba hasta el punto de hacerla confesar: “Me horroriza comprobar que mi actitud… ha ido cambiando con los años. Ahora cuando leo en la prensa la noticia del robo de varios miles de rands por personas negras… a menudo manifiesto el deseo de que no les atrapen”.

author_ellen_kuzwayoNacida en una familia privilegiada, conoció una infancia plácida en un ámbito rural en el que todavía se respetaba la titularidad de la tierra. Pero aquello cambió, y fue testigo del paso que supuso para muchas mujeres la emigración a la ciudad: donde tuvieron que cambiar sus labores al frente del campo por la venta clandestina de cerveza o el servicio doméstico.

Pronto comenzó a asistir junto a su padre a las conferencias del Congreso Nacional Africano. Junto a Mandela, Sisilu y Tambo fundó la “Liga Juvenil del CNA” del que fue su secretaria. También ejerció como maestra hasta que abandonó este trabajo defraudada mientras iba tomando más conciencia social de su entorno más inmediato lo que la llevó en 1952 a estudiar Trabajo Social. Los acontecimientos de Soweto la llevaron a un compromiso político más fuerte con su comunidad y un año después fue detenida y encarcelada durante cinco meses en la aplicación de la Ley contra el Terrorismo. Su vida personal se vio marcada por su primer matrimonio (con Moloto con quien tuvo dos hijos) que la someterá a violencia psíquica y física y cuyo divorcio le supondrá el dejar de ver a sus hijos. Con Mandela ocupó un cargo en el Parlamento sudafricano.

Fue la primera mujer en ganar el premio del Congreso Nacional Africano por esta obra escrita en 1983, en la que narra parte de su vida. Su voz esperanzada siempre quiso reconocer el de tantas mujeres negras que “se habían enfrentado a opresivas barreras sociales, culturales, económicas, políticas y educacionales” y que ellaimg039 ponía siempre como ejemplo de la fuerza que llevaría a su país hacia delante por eso su Llamadme mujer está plagada de ellas. De aquellas que fueron tildadas de inútiles, poco inteligentes y “menores” y se sobrepusieron a las extraordinarias adversidades con un espíritu de superación. Como en 1913 (antes del apartheid), hace recordar Ellen, cuando la ley que imponía el pase de las personas negras se aplicaba a hombres y mujeres por igual. Pero las mujeres de diversos distritos sudafricanos se opusieron lo que les supuso la cárcel en condiciones tremendas, incluso el acabar con lesiones crónicas. “Como recompensa lograron postergar durante unos cuarenta años la obligatoriedad de los pases para las mujeres. Y cuando finalmente se impuso, en 1955-1956, se hizo de un modo muy sigiloso”.

Las mujeres sudáfricanas jamás nos rendiremos ni aceptaremos la derrota, dejó escrito en este libro. Ellen Kuzwayo falleció en 2006. Tenía 91 años y el mismo espíritu que todas aquellas mujeres que la poblaban.

Fátima Djarra Sani nos habla sobre el paso de la mutilación a la vida

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Siempre es difícil ir a contracorriente. Fátima Djarra lo sabe. En Guinea Bissau, como en otra veintena de países, la mutilación genital (ablación) es una terrorífica costumbre enraizada con fuerza y que siguen soportando mujeres y niñas. Pero, en su caso, lo que estaba destinado a someterla, la hizo más fuerte. “Desde que me extirparon la mayor parte del clítoris y los labios menores de la vagina a los cuatro años, llevo la rebeldía en la sangre. Rebeldía, que no ira.” Desde entonces su voz se ha alzado para hablar de manera incansable para que esta atroz práctica desaparezca, a través de una trayectoria vital que se inició en Bissau y la llevó fuera del continente hasta Pamplona, y que Fátima describe en su autobiografía.

El sol lucía imponente aquel día, rememora Fátima. Era una jornada festiva, alegre, en la que ella y su hermana estrenaban ropa para acudir a la casa de la fanateca y que pronto contrastó con el ambiente sucio del baño que solo contenía un cubículo para defecar, donde encima de un pareo sobre el cemento, les practicaron la ablación. Fátima es directa y supongo que habrá estado tiempo pensando en qué palabras usar para transmitir el momento, aquella difícil e inolvidable experiencia. “Un afilado grito me alarmó” (pág.42) es el primer signo de lo que le espera a la niña que no volverá a hablar de ello hasta que años después es iniciada.

Indomable nos adentra en una sociedad secreta. Dentro del bosque, “donde se sembraban los cimientos de la sumisión femenina“, y al que ella accedió ir de manera voluntaria deseando convertirse en una mujer de provecho, las niñas eran obligadas a someterse a una ceremonia que duraba tres meses. Las ancianas transmitían que lo que pasaba en el bosque se quedaba en el bosque, por eso era (es) tan difícil hablar con otras mujeres sobre ello. Pero Fátima decidió romper ese círculo de ocultismo y miedo y habló. Allí Fátima adolescente se vio sometida a aprender a “callar y a plegarse” y contempló el sufrimiento generado por la ablación en otras niñas a las que se lo practicaban en aquel momento.

Después (pronto) vendrían las consecuencias. La muerte por desangramiento de alguna de las niñas, el dolor al orinar, los efectos de la ablación en su vida sexual que son descritos de tal manera que el lector siente la angustia de Fátima cada vez que intenta tener relaciones sexuales, y los problemas para concebir.

Después (mucho después) vendrían el rechazo, el insulto y las amenazas cuando se incorporó a “Médicos del Mundo” y empezó a hablar (aquí y allí) sobre lo que había sufrido y sus consecuencias. Pero también le llegaron la comprensión y los testimonios de otras mujeres que habían pasado por aquel duro trance. Madres que habían aceptado la mutilación porque creían que era lo mejor para sus hijas, ancianas que no pronunciaban ni una sola palabra en contra, mujeres que se negaban y argumentaban que “no hay un sólo versículo (en el Corán) donde se especifique que la pureza de una mujer va ligada a la mutilación” o hombres que rechazaban de plano la práctica al conocer la dimensión de la atrocidad.

En 2015 Nigeria y Gambia la prohibieronPero en muchos países la siguen practicando a pesar de estar prohibida (Burkina Faso) o la siguen defendiendo (Sierra Leona). Fátima, valiente, sigue hablando con unos y con otros, dando testimonio directo y soportando el precio que supone el que todo el mundo conozca que ella es una mujer mutilada, porque sabe que eso también es necesario.

A algunos les escandalizará que una africana divulgue sus secretos más íntimos. Simplemente es un mal necesario. Ojalá sirva para acercarnos a los europeos y enterrar los falsos mitos. Porque las africanas nos hemos convertido en un enigma que la mayoría de los occidentales no se molesta en interpretar. (pág. 14)

Ficha:

  • Título original:  Indomable, de la mutilación a la vida (2015)
  • Coautoría: Gorka Moreno Arratibel
  • Idioma: Original: Castellano
  • Editorial: Península (2015)
  • Nº páginas: 192
  • Portada: Fotografía Iñigo Aranguren Osinaga

Amkullel, el niño fulbé – Amadou Hampaté Bâ

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Nombrar a Amadou Hampaté Bâ invariablemente lleva a afirmar que fue un sabio y a citar su frase más conocida la cual se ha quedado unida a este hombre de manera irremediable, ocultando otras muchas que nos regaló a través de su obra y que nada tienen que envidiar a la anterior.

En África, cuando un anciano muere, una biblioteca arde, fue pronunciada en 1960, con la independencia de Mali, cuando fundó el “Instituto de las Ciencias Humanas” en Bamako y representó a su país en la “Conferencia General de la UNESCO”. 

Sin dejar de reconocer que se trata de una gran frase, pero enfrentados a esta imagen de tradición y oralidad que a menudo se ha asociado al continente, y lidiando con el choque entre oralidad-escritura, nuevas generaciones la rebaten de manera irónica, como Alain Mabanckou quien escribía en su novela Vaso Roto: “al  dueño del Crédito se fue de viaje (un personaje del libro) no le gustan las frases hechas del tipo en África, cuando un anciano muere, arde una biblioteca y cuando oye este tópico manido, se enfada un montón y suelta al momento depende del anciano, dejaos de chorradas, yo sólo me fío de lo que está escrito.”

Pero no podemos olvidar que la tensión entre la prevalencia de lo escrito sobre lo oral limitó y ninguneó al continente. La cultura occidental ha asociado siempre la literatura con la escritura. Tal y como afirmaba Frantz FanonLas palabras vuelan, los escritos permanecen. Bellas palabras que forman parte del “reparto racial de la culpabilidad”. Sin duda, ha sido la falta de un testimonio escrito lo que ha llevado a que se negara durante siglos la existencia de una historia y una cultura africanas. Por ello el estudio y trabajo del maliense fue tan importante: “destacó en su labor en el campo de la recuperación y transmisión de la cultura africana y sus archivos manuscritos, fruto de medio siglo de investigación sobre las tradiciones orales”.

Lo cierto es que estamos hablando de un hombre que quiso ser, ante todo, “un eterno investigador, un eterno alumno”. Pero más allá de la imagen de recto sabio, los retratos de este ser que vivióamadouhampateba casi 100 años nos devuelven una intensa mirada azul tras la que se ocultaba la memoria prodigiosa y la clarividencia de un ser atemporal. Tras esta estampa tan seria y erudita se encontraba un hombre con gran sentido del humor que salpicaba sus memorias de recuerdos escatológicos y picarescos, al igual que el Lazarillo de Tormes, y que incluso  escribía relatos sorprendentes bajo títulos como “El coxis calamitoso”, tal y como nos recuerda su amigo Théodore Monod en el prólogo de Amkullel, el niño fulbé.

Elogio a la memoria africana

Afirman que los pueblos que no han testificado por escrito tienen mejorada y agudizada la memoria. La verdad es que tras leer el primer tomo de las memorias del sabio de Bandiagara (el segundo no está traducido al castellano: Oui, mon comandant abarca desde 1921-1933), sobreviene el desconcierto por el cúmulo de detalles y por lo afilado y preciso de las descripciones y situaciones…máxime cuando el que lo escribe confiesa tener más de ochenta años.

Tratar de encasillar las memorias del niño fulbé bajo un género parece un camino desacertado. Aún así, la clasifican bajo “Recuerdos de juventud” (la obra abarca hasta los 23 años del escritor), pero hay mucho de historia (se trata de una introducción a las dos primeras décadas del siglo XX africanas), a pesar de que él mismo denuncia que no se puede generalizar (aunque hay rasgos comunes sobre todo del área de África occidental) y de etnología.

Hampaté Bâ nos introduce en el seno de su familia noble, mezcla de etnias, donde el linaje es lo que importa y donde “todo lo que somos y todo lo que tenemos se lo debemos sólo una vez a nuestro padre, pero dos veces a nuestra madre” (pág.67). En un entorno en el que las cofradías y el mundo mágico se imponen de manera natural frente a los que no creemos en ese mundo espiritual. En este sentido, afirma el escritor en la introducción que una de las cosas que molestan a los occidentales son los sueños premonitorios. En este libro también los hay y nos sumergen en ese mundo donde sueño y realidad, vida y muerte, parecen darse las manos y que tanto nos habla de este continente. También habla de las migraciones de este a oeste y de la aparición de los blancos … hasta la muerte de “la primera infancia” con siete años que se produce con la ruptura de su vida cimentada en el animismo y sus comienzos en las enseñanzas del Corán.

El niño se pone bajo la disciplina del maestro Tierno Bokar (a quien dedicó un libro) que le castiga (corporalmente) si no se sabe la lección y quien le obliga a estudiar de memoria el texto en árabe sin conocer su significado, mientras funda su primera asociación con unas jerarquías y un modo de organizarse que sorprende sin duda en niños tan pequeños (7-8 años). Todo su mundo es positivo, o lo ve desde ese enfoque, por eso pueden llegar a chirriar las semblazas de los primogénitos y del segundo padre de Amkullel (seudónimo de Amadou), con una perfección que hace pensar que lo que ha hecho el escritor es idealizar a estos seres, desechando cualquier connotación negativa que pudieran tener.

El libro, “testimonio de una civilización de la oralidad“, y salpicado de proverbios, erige en protagonista a la palabra como eje sobre el que gira todo conocimiento: “La escritura es una cosa y el saber es otra. La escritura es la fotografía del saber, pero no es el propio saber. El saber es una luz que está en el hombre. Es la herencia de todo lo que los antepasados pudieron conocer y nos han transmitido en germen, al igual que todo el baobab está contenido, potencialmente, en su semilla” (pág.253). En torno a ella surgen frases rotundas y bellas que evocan un mundo en el que la generosidad, la lealtad y el deseo de aprender parecen haber desterrado cualquier intento de egoismo o maldad.

Permanece a la escucha-se decía en la vieja África-, todo habla, todo es palabra, todo intenta comunicarnos un conocimiento… pág.39

Pero, además, es un libro de encrucijadas. Hampaté Bâ vivió la tradición peule y la turcoror (su madre se casó dos veces) y conoció la colonización (y aunque no aparezca en estas memorias, la descolonización). También conoció el pasado a través de las narraciones sobre sus antepasados que le habían ido contando boca a boca. Además, sus primeros pasos los dio en el animismo, para después estudiar en la escuela coránica y acabar en la occidental-francesa. Si bien el escritor ve aspectos positivos y negativos en la colonización, acaba afirmando de manera contundente: “una empresa de colonización jamás es una empresa filantrópica, salvo en palabras. Uno de los objetivos de la colonización, bajo cualquier cielo y en cualquier época que sea, siembre ha sido comenzar desbrozando el terreno conquistado” (pág. 487).

Las memorias del niño fulbé nos devuelven la imagen de un mundo único que Hampaté Bâ nos da la oportunidad de conocer y escuchar. A cambio de sumergirnos en él nos reportará múltiples facetas de un saber africano desconocido y necesario. Como muestra el fragmento en el que a partir de las comidas, sagradas, da una auténtica lección del arte de vivir.

Toda aquella disciplina no pretendía en absoluto torturar inútilmente al niño, sino enseñarles todo un arte de vida. Mantener los ojos bajos n presencia de los adultos, sobre todo los padres-es decir, los tíos y los amigos del padre-,era aprender a dominarse y a resistir la comunidad. Comer a solas era limitarse a lo que se tiene. No hablar era dominar la propia lengua y ejercitarse en el silencio: hay que saber dónde y cuándo hablar. No tomar un nuevo puñado de alimento antes de haber terminado el precedente era dar pruebas de moderación. Sujetar el borde del plato con la mano izquierda era un gesto de cortesía, enseñaba humildad. Evitar lanzarse sobre la comida era aprender la paciencia. Finalmente, esperar a recibir la carne cuando se terminaba la comida y no servirse uno mismo conducían a dominar el apetito y la gula. (pág.249)

Ficha:

  • Título original:  Amkoullel l’enfant peul (1991)
  • Idioma: Original: Francés
  • Traducción al castellano: El Cobre. Casa África (2009)
  • Traductor: Manuel Serrat Crespo
  • Nº páginas: 531
  • En catalán: Amkul·lel, el nen ful. Editorial Límits

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  • En la actualidad, su hija Roukiatou Bâ, dirige una Fundación que, desde Adbiján lugar en el que el etnólogo pasó sus últimos días, quiere “conservar y difundir el patrimonio intangible”.

Un viejo maestro africano (Tierno Bokar) decía: hay mi verdad y tu verdad, que jamás llegarán a encontrarse. La Verdad se encuentra en el medio. Para acercarse, debe cada uno desprenderse un poco de su verdad y dar un paso hacia el otro…

Próximo estreno: La infancia de Soyinka en el cine, “Aké”

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2014. Año Nigeria, año Soyinka. Si el pasado 23 de abril, el mundo miró hacia Nigeria, cuando el escritor dio inicio al comienzo de la “Capitalidad Mundial del libro” en Port Harcort, leyendo la lista de seleccionados al Premio Caine, ahora, le ha tocado el turno al propio Soyinka, ya que este mismo mes, se estrenará una película basada en sus memorias, Ake the years of childhood, traducidas al castellano como Aké Los años de la niñez.

No se trata de la primera película que adaptará la obra del que es el primer Nobel de Literatura del continente. En Nigeria hay una película suya, Blues for a Prodigal (1984), dirigida y escrita por él mismo, pero ningún director extranjero ha filmado sobre su obra (lo que sí ha ocurrido con los otros Nobeles). Dentro del continente, el director senegalés Joseph Gaï Ramaka realizó el cortometraje So Be It (1997), a partir de su obra de teatro escrita en inglés The Strong Breed (1964). [1]

La fecha en la que se estrenará la película no es fruto del azar. Recordemos que en 2014 se han cumplido 100 años, desde que las autoridades coloniales británicas fusionaron lo que eran entonces dos protectorados separados, la Nigeria del norte y la del sur, para formar una entidad geopolítica única que desde entonces ha sido conocida como Nigeria, país que no obtuvo su independencia hasta 1960. Junto a lo anterior, Wole Soyinka cumplirá el 13 de julio, 80 años.

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Aké, los años de infancia

Wole Soyinka

1946

En 1989 emprende la escritura de su obra autobiográfica (en castellano la editó Alfaguara). En ella narra su infancia en la aldea de Aké, una niñez en la “que se mezclaba la vida tradicional africana, las relaciones y la presencia del mundo colonial”. La obra se inicia con un Soyinka de apenas tres años, que va contando el día a día de una existencia vivida dentro de la cultura yoruba, con sus creencias y sus mitos, y cristiana. Junto al niño aparecen sus  padres: el director de la Escuela, Essay y la madre, a quien llama “la Cristiana Salvaje”, quienes le proporcionaron un hogar que supuso un  estímulo tanto vital como intelectual.

Leer este libro es adentrarse en un universo rico y complejo, mágico y sorprendente. “Aké ya no es más que un terreno extendido y ondulante”, así empieza el libro. La escritura del adulto Soyinka rememorando sus años de niñez, nos traen al pequeño, curioso e inquieto, que con tan sólo tres años se plantó  en la escuela ante el asombro de los adultos. Un niño que se pasaba el tiempo pensando, rodeado de toda una cultura yoruba que nos habla de los abiku, seres que están entre los dos mundos, o de los egúngún, espíritus de los muertos.

Alejándose de la dificultad de lectura que encierran otras obras suyas, Soyinka usa un lenguaje amable, no exento de sentido del humor, y poético, repleto de referencias a su mundo (canciones, comidas, mitos yoruba) y a su momento (en el medio la segunda guerra mundial, el movimiento nacionalista nigeriano y la Unión de Mujeres Egba, en la que su madre participará activamente). Soyinka, activista siempre comprometido, no deja pasar ni la crítica al colonialismo ni a esa occidentalización y caída de su país en el materialismo.

Del libro al cine

El proyecto ha estado en proceso durante un largo período de 25 años, cuando se planteó por primera vez como una serie de televisión. press05

La película está dirigida por Yemi Akintokun, el director artístico de “Oracles Repertory Theatre” en Ibadan. El guión lo ha escrito Tunde Babalola y está protagonizada por Ben Tomoloju Tony Umole, Taiwo Ajai-Lycett, Tina Mba, y Akin Lewis.

La producción de la película comenzó en junio de 2013. Se ha rodado en Abeokuta, Ibadan y Lagos. Su presupuesto asciende a 2,5 millones de dólares.

La película, que contará con la narración con voz del propio Wole Soyinka, apenas ha sido publicitada. En la página oficial aparecen diversas fotografías con las localizaciones y se afirma que “promete ser el proyecto cinematográfico más importante realizado en Nigeria.”

[1] Fuente: Casa África. Cuaderno nº5

 

Mañana cumpliré 20 años-Alain Mabanckou

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Los libros de Alain Mabanckou suelen aparecer plagados de referencias literarias. Rimbaud, es una de ellas, tal y como responde cuando se le pregunta al respecto. De hecho, en esta obra, no solo se le menciona sino que se convierte en un personaje más de la historia, amigo imaginario del protagonista. Además, el título de la novela está inspirado en un verso de un poema del considerado “Rimbaud negro”, el congolés Tchicaya U Tam’si. La otra referencia que Mabanckou menciona (y que también aparece explícitamente en esta novela), esta vez para dar forma a su voz infantil, es El principito de Saint de Exupéry. Sin embargo, JMG Le Clézio (otro de los escritores maravillados con Rimbaud), en un epílogo a esta traducción, comparara “Mañana cumpliré veinte años” con El guardián entre el centeno de Salinger.

En una entrevista, Mabanckou desvela que su segundo nombre es Michel, como el protagonista del libro. En Congo significa “platanito” y a él no le gustaba  que le llamaran así, por eso nunca utilizaba este nombre, “pero cuando me puse a escribir este libro me dije que si quería escribir con claridad acerca de mi mismo tenía que usar un nombre que no habría usado nunca antes”. Éste es un libro que, él mismo confiesa, el más próximo a su propia vida. Su intención fue realizar una narración basada en la oralidad africana. Un largo relato escrito como si te estuvieran contando un cuento. Y así es como fluye la historia, pareciéndote que estás sentado junto a un niño de unos diez años que con su voz ingenua, clara y sorprendente, deseosa de entender, habla sobre su mundo y el de los adultos que le rodean.

Mañana cumpliré 20 años evoca su infancia. Y la verdad es que la suya no tiene nada de tenebrosa o torturada, al contrario, es un niño curioso, travieso, luminoso y divertido. Estamos en la década de los 70, en República del Congo, en Pointe Noire (“yo me siento hijo de Pointe-Noire. Aquí aprendí a caminar, a hablar”). La madre de Michel se unirá con el que él considera su padre ya una vez que él ha nacido. Papá Roger es recepcionista en un hotel y guarda un montón de libros que su clientela deja abandonados allí para leer cuando se jubile, además de escuchar la radio, “La voz de América”, a diario para estar al día de lo que ocurre. Así Michel nos hará conocedores del sufrimiento de los negros en los países árabes, de su presidente que se dice enviado por Dios y de sus opiniones sobre múltiples personajes históricos como Yaser Arafat, la Madre Teresa de Calcuta o el Sha de Persia, entre muchos otros. Las múltiples menciones a la política parecen indicar que se hace difícil explicar la vida sin ella.

A su alrededor toda una colmena de personajes, que no dejan de sorprendernos, como su tío René que se reconoce comunista, pero posee la única tienda que vende coches en el país y vive con una serie de lujos. Denominarse “capitalista” era un tremendo pecado. No falta el descubrimiento del primer amor, hermosa la historia con Caroline, la evolucionada, la hermana de Lounés, su mejor amigo, que le volverá loco con sus caprichosas peticiones. La forma aventajada con la que el niño vive el hecho de que su padre nutricio viva con dos mujeres alternativamente; con su madre Pauline y con Mamá Martine. Su intento de leer y entender a Rimbaud, a quien habla en la soledad, lo que le convierte en “un niño de día y una persona mayor por la noche, con el pelo blanco” p.306. La rivalidad con Mabélé que se vuelve el preferido de Caroline. Génevieve, esa novia eterna enamorada de su hermano mayor Yaya Gastón, de la que se vuelve confidente y cómplice. La escuela, donde a menudo no entiende nada. Los celos y el temor a verse desplazado, ante la llegada de un nuevo hermano/a.

Y todo ello narrado desde la simpleza y la naturalidad con la que un niño descubre el mundo de los adultos (“Las personas mayores son todas así, siempre están discutiendo con gente que vive en su pasado” p.235)  y comprende sus injusticias y su hipocresía de un solo vistazo (“El Sha de Persia se ha convertido en un vagabundo que va de país en país mientras ese monstruo de Idi Amín Dadá está tranquilo, nadie le persigue y descansa en Arabia Saudita” p.157).

Siempre original y mágico, Alain Mabanckou le da el poder a Michel de abrir y cerrar el vientre de su madre con una llave imaginaria, ¿se lo da el escritor o de hecho lo tiene?. Estamos de nuevo ante ese “realismo mágico” (aparecen también los dobles animales humanos como en otra de sus obras, “Memorias de puercoespín”) que, desde mi personal punto de vista, tiene mucho más que ver con la realidad de lo que nos suponemos, aunque a  nosotros/as que tenemos pervertido todo sentido de la realidad nos resulte imposible de entender.

Mañana cumpliré 20 años es uno de esos libros que te dejan flotando en un estado de ingenuidad, de limpia mirada y de nostalgia. Nos hace sentirnos de nuevo niños, retornar a aquellos días, cuando mirábamos el mundo de otra manera. Nos lleva a volver a descubrir en cada momento miles de historias, llenas de magia y de imaginación. Nos invita a volver a sorprendernos a cada segundo.

A estas alturas creo que ya os habréis dado cuenta de que, en este blog, habrá Mabanckou para rato. Que así sea.

Llegaré lejos, muy lejos, donde todas las carreteras del mundo se cruzan, donde se encuentra gente que nos ha abandonado y que no tienen ya el mismo rostro como cuando nos conocimos en la Tierra. (Página 385)

Ficha:

  • Título original:  Demain j´aurai vingt ans (2010)
  • Idioma: Original: Francés (Éditions Gallimard)
  • Traducción al castellano: El Aleph Editores, El Cobre (2011)
  • Traductor: Manuel Serrat Crespo
  • Imagen de portada:  Ilustración Sergio Piera
  • Nº páginas: 386

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