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Entradas de la Categoría ‘Coetzee, J.M’

¿Hablaremos de literatura sino-africana en un futuro?

Mahfuz

Mahfuz

La infancia de Jesús

La infancia de Jesús

Aké

Aké

Se habla mucho sobre la nueva influencia de China en el continente africano. Hay libros de periodistas que han investigado sobre terreno y suelen aparecer artículos de vez en cuando sobre el tema que van perfilando aún más la relación sino-africana. Sin embargo, apenas hay lecturas que nos descubran cuál está siendo la influencia (mutua) a nivel cultural.

A finales del año pasado quise indagar un poco en este tema y tras (re)leer varios libros surgió China y África: 3 libros sobre una relación muy actual. Buscaba en ellos un análisis a nivel socio-político y económico, y también cultural. Pero los tres libros comentados adolecían de un análisis sobre este último aspecto. Sin embargo, sí encontré datos y artículos de interés que criticaban, opinaban, o simplemente informaban sobre la influencia cultural.

En 2014 se dio en la Universidad de Pekín la primera conferencia en China sobre literatura africana. En aquel momento se cifraba en 27.000 los africanos que se encontraban estudiando en universidades de aquel país. Sobre el número de chinos que hacían lo mismo en el continente africano, no había datos.

El magazine on line New African, en un artículo titulado “How China´s Confucius centres affect African culture (21/05/2015), hablaba sobre los Institutos Confucios que se están instaurando por todo el continente. El objetivo de los mismos es promover la lengua y la cultura chinas y dar apoyo a la enseñanza del chino en todo el mundo a través de los Institutos Confucios asociados. Dentro de África el primero de ellos es el que se fundó en Nairobi. En la actualidad el continente cuenta con 35 Institutos. La enseñanza de la lengua y la cultura china está apareciendo en toda África, incluyendo Egipto y Marruecos, en el norte, y Benin, Botswana, Camerún, Kenia, Nigeria o Ruanda.

Para “New African” el establecimiento de estos locales en lugares que ellos consideran estratégicos no es algo que se deba tomar a la ligera. En su opinión un continente como el africano, que ya sufrió un “soft power” en el pasado cuando al ser colonizados se establecieron allí institutos de enseñanza inglesa o francesa, tiene que ver como una amenaza para las lenguas africanas este interés chino.

Todo se desmorona-Chinese

Todo se desmorona

Alá no está obligado

Alá no está obligado

Desgracia

Desgracia

Lo cierto es que desde el país asiático también se ha mostrado un interés cultural por África, más en concreto por la literatura africana. “Paper Republic” es un foro de traductores ingleses que comenzaron en 2007 a traducir a autores chinos para darles mayor difusión. En uno de sus artículos recogen que la edad de oro de la traducción de autores africanos al chino se produjo en la década de los 80, con títulos de autores tan reconocidos como Achebe, Soyinka, James Ngugi, Leopold Sengor o Mouland Mammeri, entre otros.

En el siglo XXI también se han publicados las novedades de los autores africanos, pero rara es la ocasión en la que estos títulos han sido traducidos al chino. Así se han publicado los relatos de los ganadores del “Caine Prize for African Writing” o a autores como Leila Aboulela, Binyavanga Wainaina, Laila Lalami, Chika Unigwe o Chimamanda Ngozi Adichie.

En relación al norte de África, en el artículo Arabic Literary Translations in China: A Brief History, se da un exhaustivo listado de los títulos que han sido traducidos desde el árabe. Como nota curiosa destaco el hecho de que ninguno de los traductores ha sido árabe, todos son chinos, y también la preferencia por los títulos de literatura moderna frente a los más clásicos, entre los que destacan las obras de Najīb Maḥfūẓ o de Ṭayyb Ṣāliḥ.

The cover for the Chinese edition of my novella Binti (SF World Mag). Illustration by Liu Junwei.

The cover for the Chinese edition of my novella Binti (SF World Mag). Illustration by Liu Junwei.

Esta misma semana nos enterábamos de que a Nnedi Okorafor le concedían el  “premio Hugo” en el apartado de mejor novela corta de ciencia ficción por Binti y la autora mostraba en su perfil de Twitter el impresionante trabajo realizado por la ilustradora Liu Junwei para la versión china del libro.

En 2011 el libro más demandado de un autor africano en el país asiático fue Todo se desmorona de Chinua Achebe. Pero en tan solo 3 años Chimamanda Ngozi Adichie pasó a ser la más solicitada con su Half of a Yellow Sun (Medio sol amarillo). Sin embargo, la obra de Achebe fue traducida al chino (por primera vez en 1964) y la de Adichie se vende y se lee en su idioma original: el inglés.

Cómo traducir a Mia Couto y no morir en el intento

tn_290_600_confissao_da_leoa_101112 Publicado originalmente en África no es un país.  04/05/2016

Nos informa J.M.Coetzee, en uno de los ensayos recopilados en Las manos de los maestros (Mondadori, 2016), de las “diversas dificultades cotidianas de naturaleza práctica” que han tenido sus traductores en los diferentes idiomas a los que ha sido trasladada su obra, veinticinco más o menos. Y considera que la palabra “noble” es el epíteto que mejor se ajusta no al escritor, sino al traductor, ya que su labor la realizan sin esperar fama ni fortuna.

Es cierto, valoramos, en general, muy poco a estas personas (y sus notables esfuerzos) sin las cuales muchos no hubiéramos podido disfrutar de tantas horas de buenas lecturas. En este sentido, afirmaba García Márquez: “Si traducir es la mejor manera de leer, también es la más difícil, la más ingrata y la peor pagada”.

Mia Couto acaba de ver traducida al castellano y al catalán su última novela, A confissão da Leoa (Camino, 2012). Basada en hechos y personajes reales Couto, biólogo en otro tiempo, nos descubre una historia alrededor de una serie de crímenes en una aldea mozambiqueña que vuelve a cimentarse en esa realidad mágica que se vive en el continente africano sin asombro, porque “en Mozambique no es que se viva puro realismo mágico. Es que es  realismo real”.

Para leer el resto del artículo mapa-africa

Deconstruyendo a Hamlet desde un lugar de África occidental

Llego al relato del que os hablo más abajo después de andar trasteando y buscando información sobre el 400 aniversario de la muerte de Cervantes y de Shakespeare que se produce este mismo año (mientras estoy intentando, confieso, no mostrar mi confusión por celebrar los fallecimientos de dos genios literarios) y su relación con el continente africano. He hallado pocos datos, pero entre ellos encontré a Laura Bohannan y su divertido relato, “Shakespeare en la selva”. Deseché la idea de compartirlo a pesar de parecer un buen hallazgo dado el centenario, “de nuevo África y la antropología”, pensé, “además fue escrito en 1960”, y la olvidé. Pero no sé cómo la historia volvió a mi.

De acuerdo, voy a dejar fuera las licencias poéticas, sí lo sé… volvió debido a un texto de Coetzee.

Escribe y reflexiona este escritor, y mira que es coincidencia, en uno de los ensayos de Las manos de los maestros (libro que en este momento ando pensando) sobre la ociosidad sudafricana, partiendo de los hotentotes del Cabo de Buenaesperanza y 12514090_1194392633922460_5793808828373466269_o_1000las descripciones (no le echéis mucha imaginación) que expedicionarios, marineros etc… vertieron sobre ellos. Entre todas esas lindezas, sobre todo se les acusaba de perezosos. Así, la satisfacción del trabajo se presentaba como la única alternativa que podía devolver a aquellos salvajes al mundo civilizado. Ese peligro latente que podía inclinar la balanza de muchos hacia el lado de la ociosidad debía equilibrarse: no se entendió como un modo de vida y se combatió (también en Sudáfrica). Hoy la propensión a censurar a los hotentotes y su ociosidad no es tanta,  añade Coetzee,”Tenemos ya a nuestras espaldas un siglo de disciplina antropológica e histórica que nos hace pensárnoslo dos veces antes de desdeñar a la ligera las vidas de los pueblos extranjeros y de adoptar puntos de vista demasiado egocéntricos“.

El extraordinario (y breve) ensayo de Coetzee me ha llevado a recordar a Laura Bohannan, que desarrolló un trabajo de campo desde 1949 a 1953 junto a su marido, el también antropólogo Paul Bohannan entre los tiv de Nigeria. En “Shakespeare en la selva” nos narra con un tono ameno y divertido lo que ocurrió cuando tuvo la oportunidad y se dispuso a contar la historia de Hamlet a una tribu de África occidental, en concreto a un grupo de ancianos (hombres y mujeres) de la etnia Tiv. Lo que se deduce del relato (que si estáis interesado podéis encontrar con facilidad en internet) es que la universalidad de la obra de Shakespeare, lo mismo se puede decir de la de Cervantes, que siempre mencionamos al hablar de ellos, no es tal.

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Una de las primeras imágenes de los Tiv, de 1907

Bohannan partió de una actitud etnocéntrica. Creía que Hamlet era un personaje comprensible por cualquier persona en cualquier parte del mundo partiendo de la hipótesis de que la naturaleza humana es bastante similar en todas partes (universalización de las percepciones). Hasta que comenzó su relato y comprobó que los ancianos (además de los problemas derivados del lenguaje y la traducción) no reconocen algunos aspectos del mismo, se niegan a identificarlos, objetan y acaban reelaborando el texto desde sus propias categorías culturales. Afloran así las “diferencias morales y culturales que hacen imposible una recepción estandarizada por parte de los Tiv del relato de Hamlet al modo occidental“. Sin duda Hamlet es demasiado inglés y occidental.

Así, los Tiv en lugar de reconocer el heroísmo del dubitativo príncipe distinguen con admiración a Laertes, pues “hace falta un corazón muy fuerte para matar por brujería a la propia hermana” (1) y no entienden la idea de ver a un muerto (fantasma) y lo comparan con un presagio o niegan la existencia de los fantasmas, de que ellos puedan andar y tener sombras y lo tachan de brujería (llevan a su propia realidad la historia). Al ir narrando, una cada vez más desesperada Bohannan, fue siendo interrumpida e interpelada una y otra vez. Los ancianos se internaron en un mundo desconocido que narraba una extranjera al que intentaban dar luz desde sus propias categorías, creencias y vivencias.

La historia de Hamlet dejó de tener un único sentido para ser reinterpretado por unos ancianos que consideraban, al igual de Laura, que la suya era la correcta: “Envolviéndose en su raída toga, el anciano concluyó: alguna vez has de contarnos más historias de tu país. Nosotros, que somos ya ancianos, te instruiremos sobre su verdadero significado, de modo que cuando vuelvas a tu tierra tus mayores vean que no has estado sentada en medio de la selva, sino entre gente que sabe cosas y que te ha enseñado sabiduría”.

El choque entre  la versión de la antropologa y la que van creando los otros a raíz de su relato, es evidente. La vivencia de Laura nos va adentrando en una situación en la que los ancianos  la escuchan, aunque las frases del final pueden querer mostrar que la reelaboración ha podido tener mucho que ver con “querer llevar la historia a mi terreno”. Sea como sea, el resultado es otro relato muy diferente al que Bohannan tenía en mente, una combinación de lo que ella intenta narrar (mostrando la gran dificultad que existe cuando se intenta transmitir una historia propia a un grupo que no tiene nada que ver con nuestra cultura) y lo que van observando los Tiv. El producto de esta broma es la reescritura de la historia inicial, primero por Laura y luego por los ancianos. No encuentro que haya ningún final dialogado, tampoco un híbrido cultural. Presiento que lo que ha habido es el choque de dos visiones etnocéntricas que no quieren (¿entienden que deben?) moverse y el relato termina igual que comienza.

Llevamos mucho camino andado para desdeñar nada, como dice Coetzee. Ningún relato tiene nunca una única interpretación, ni ninguna visión es la única. Reinterpretamos una y otra vez, según nuestra cultura y nuestras experiencias. Que seamos capaces de tener en cuenta, tratar de entender, bucear en sus contradicciones y escuchar de manera atenta, es el reto. Entonces, quizás, hayamos aprendido algo.


1-Javiera Carmona Jiménez. Periodismo y Antropología: Ficción y Lealtad

Esperando a los bárbaros- J.M.Coetzee

Martin A. La Regina

¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros?
Esta gente, al fin y al cabo, era una solución.

Dicen que J.M. Coetzee tomó el título de esta novela del poema del griego Konstantinos Kavafis. Dicen que se puede concluir que la narración transcurre en Sudáfrica. También dicen que el sudafricano se inspiró en el italiano Buzzati y su obra El desierto de los tártaros. Y dicen, para terminar, que tanto uno como otro deben el aliento a Kafka.

Lo de Kafka y Coetzee no es nuevo, ya que él mismo ha reconocido la influencia de éste en su narrativa. Si la visión de la experiencia humana ante ese laberinto incomprensible hasta el punto de volverse absurdo que alumbró Kafka devino en parábola pura, “con tantos significados como lectores pueda llegar a tener”, Coetzee analiza el Poder, a través de la historia de un pueblo que vive en los límites de la frontera con los nómadas, en apariencia sin sobresaltos, hasta que llega el desasosiego ante el rumor de una posible invasión de los bárbaros alentada por el Imperio.

Al igual que en El desierto de los tártaros, en el que se espera un ataque que nunca llega a producirse, un gobierno imperialista inventa un enemigo para justificar la violencia, las violaciones, la tortura, la muerte, en una palabra la represión, en Esperando a los bárbaros.

Esperando a los Bárbaros, más allá de sus méritos literarios, es un recordatorio de que las formas colectivas de exclusión no respetan geografías ni tiempos y parecen estar grabadas como temibles posibilidades en lo profundo del corazón humano. Diego Sheinbaum. 

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Imagen: bert nienhaus

Al prescindir de cualquier noción de ubicación y de tiempo, lo leído se vuelve tan inconcreto que asusta por sus dimensiones, sólo ya al nombrar al Imperio. ¿Qué podemos esperar?. Que quiera defender sus márgenes civilizados, que quiera sacar las garras y masacrar a todo aquel que se oponga a su necesidad de extenderse, aumentar, crecer. La invención del peligro y de un enemigo inexistente, son los hallazgos necesarios para propiciar que llegue la barbarie, incluso para llegar a reclamar su llegada ante el miedo difuso y manejado del peligro latente que parece emanar de los “otros”. La aparición de la policía y de un destacamento militar convertirán lo hipotético en realidad.

La relación del Magistrado, que administra el pueblo fronterizo y representa la ley, con una joven bárbara, una especie de esclavitud nunca consumada sexualmente que condena a la mujer a realizar masajes al hombre que roza la vejez, pero que el Magistrado emprende como una forma de búsqueda de perdón (una expiación), le hará comprender al final la naturaleza egoísta del mismo e intentará exculparse devolviendo a la joven a su lugar, lo que provocará que el Imperio se vuelva contra él.

El Imperio ataca a todo aquel que suponga una amenaza, no sólo a los bárbaros, también a los que, como el Magistrado, han dado un paso en su defensa. La salvaje tortura a la que someten al Magistrado es uno de los mecanismos de los que se vale el Imperio para someter, tras ella el hombre se encuentra despojado de todo en un acto de deshumanización total, quedando convertido en carne y huesos, y haciendo del Magistrado una víctima más del Imperio.

“Pero es ahora cuando empiezo a comprender lo fundamental que es la libertad. ¿Qué clase de libertad me han dejado? La libertad de comer o pasar hambre; permanecer en silencio o parlotear conmigo mismo o aporrear la puerta o gritar. Si cuando me encerraron aquí yo era el objeto de una injusticia, una injusticia insignificante, ahora no soy más que un montón de sangre, huesos y carne que se siente desgraciado.” (pág.127)

Los mecanismos logran su éxito, y si “Cuando los acuartelaron por primera vez, el pueblo los recibió con frialdad…Ahora que estos soldados forasteros parecen ser todo lo que se interponen entre nosotros y la destrucción, les agasajan con fervor.” (pág. 190). La sumisión que acaba anulando al individuo, bajo las órdenes que llegan desde los mandos (ya sean de forma escalonada policiales o militares) son acatadas sin que la barbarie que se siembra alrededor sea cuestionada, anulada toda voluntad por el miedo a lo desconocido y a ese “otro” que no se conoce y con el que jamás se ha contactado y al que se ha revestido adecuadamente de un halo de amenaza. Y triturado cualquier intento de disidencia a través de la violencia o la tortura, a pesar de que “Nadie cree realmente, pese a la histeria de las calles, que estén a punto de destruir el mundo de las tranquilas certezas en que hemos nacido. Nadie puede aceptar que hombres con arcos y flechas y viejos mosquetes oxidados que viven en tiendas y nunca se lavan y no saben leer ni escribir hayan aniquilado a un ejército imperial. Pero, ¿quién soy yo para burlarme de las ilusiones que nos ayudan a vivir?” (pág. 207)

Más allá de la lectura de denuncia de la colonización y dominación de los Imperios europeos o de la terrible situación que provocó el apartheid (más allá digo, pero no creáis que tan alegremente), trata, así lo veo yo, sobre el comportamiento colectivo dentro de un sistema injusto y depredador que no es enfrentado hasta que ya es demasiado tarde (para ellos mismos) y la propia búsqueda personal que a la larga deviene en fracaso. De hecho el Magistrado sabe que él ha sido parte de “eso” que ahora le abomina, tras haber vivido en carne propia el castigo que el Imperio (¿el sistema?) impone (aislamiento, hambre, tortura, humillación y denigración) a los “bárbaros”. En un momento dado reconoce que él era la mentira que un Imperio se cuenta a sí mismo en los buenos tiempos, y el coronel la verdad que un Imperio cuenta cuando discurren malos vientos (pág. 197).

Una escritura arcaica en unas tablillas de álamo indescifrables aparecen una y otra vez en el camino del Magistrado, intuyendo que se trata de una vuelta a un pasado que fue mejor y que ya se ha olvidado (“Sucumbiremos sin haber aprendido nada” pág.207) para dar paso a un mundo cerrado en si mismo, carente de un rasgo de humanidad frente al otro que vive fuera de él, excluyente e insolidario, donde el control y sus mecanismos asfixiantes aplastan al que estorba sin apenas resistencia (el anciano magistrado), sabedores de que pronto se olvida y se pasa página con gran rapidez. Lo que nos lleva a preguntarnos (entre muchas otras interrogantes); ¿quiénes son los bárbaros?.

¿Por qué no podemos vivir en el tiempo como el pez en el agua, como el pájaro en el aire, como los niños? ¡Los imperios tienen la culpa! Los imperios han creado el tiempo de la historia. Los imperios no han ubicado su existencia en el tiempo circular, sino en el tiempo desigual de la grandeza y la decadencia, del principio y el fin, de la catástrofe. Los imperios se condenan a vivir en la historia y a conspirar contra la historia. La inteligencia oculta de los imperios solo tiene una idea fija: cómo no acabar, cómo no sucumbir, cómo prolongar su era (pág.194)

Ficha:

  • Título original:  Waiting for the Barbarians (1980)
  • Idioma: Original: Inglés
  • Traducción al castellano:  Editorial Debolsillo (2013)
  • Traductores: Concha Manella y Luis Martinez Victorio
  • Otras ediciones: Editorial Random House
  • Premios: Premio de las letras sudáfricanas CAN

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La cita que encabeza el comentario está sacada del poema de Kavafis, “Esperando a los bárbaros”

Vida y época de Michael K-J.M. Coetzee

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Leer a Coetzee es apostar fuerte; es hacerlo en el entendido de que uno no saldrá incólume de la experiencia porque, de hecho, terminará convirtiéndose en propia. Y enfrentarse con uno mismo no es nada sencillo. (Jorge Alberto Gudiño Hernández1)

Breve resumen:

Nos encontramos en una Sudáfrica dividida por la guerra civil, en una ciudad atemorizada por el aullido de las sirenas del toque de queda. En medio de la violencia que sacude el país, un jardinero, Michael K, acompaña a su madre a refugiarse en el campo. Pero el viaje se interrumpe pronto entre las paredes de un hospital. Solo y desamparado, Michael no tiene otro remedio que buscar un trozo de tierra que le permita empezar de nuevo y vivir con dignidad. (Fuente: contraportada del libro).

Ficha:

  • Título original:  Life & time of Michael K (1983)
  • Idioma: Original: Inglés (Publicado por acuerdo con Peter Lampack Agencgy, Inc, Nueva York)
  • Traducción al castellano: Random House Mondadori, S.A. (2006) De Bolsillo
  • Traductora: Concha Manella
  • Imagen de portada:  Fotografía de Angela Wyatt, Stone/Getty images
  • Nº páginas: 187
  • Cine: –
  • Premios del libro: Booker Prize  y Prix Étrager Fémina

Tras leerlo:

Pues sí, otra vez viene Coetzee a ponernos delante del espejo. En esta ocasión lo hace de la mano de Michael K (con “K” final de resonancias kafkianas, y lo iremos viendo), para casi todos es un simple, mudo y estúpido, el objeto de burlas sin fin, y su deformación física (labio leporino) le marca a simple vista impidiéndole tener amigos. Michael y su madre con una dura vida por detrás, se verán arrastrados por una guerra  implacable, entre los desahuciados y los vagabundos, por los más áridos y demoledores lugares. Y el desasosiego, la tristeza y la frialdad acompañarán sus pasos como compañeros adheridos de los que no les será posible librarse.

La “K” de su nombre nos lleva a asociarlo de inmediato con Kafka, y algo de esto hay en la novela. Toda la trama tiene esa atmósfera de pesadilla, de pasillo estrecho y cerrado por el que apenas se deja avanzar al lector, de escalera infinita sin principio ni fin. Porque acompañar a Michael, es viajar  por un universo extraño. Una guerra (la civil, ¿O es que mi memoria falla y la he confundido con otra guerra?) una guerra nombrada, que está ahí como un gigantesco fantasma y que viene acompañada de “campamentos de refugiados”, más bien “campos de exterminio”. Un hombre solo, que lucha por encontrar su propio camino y hallar su propio espacio, que no quiere ser ayudado, que no quiere “ser alimentado, ser mantenido”, como le señalan varias veces, que quiere afirmarse como ser humano y salir de aquel laberinto, volver a los orígenes, conectarse con la tierra. Un mundo absurdo, que se construye a base de la dominación del otro, que ha relegado al ser humano a ser clasificado en alguna de las categorías en las que ir colocando a cada cual en su sitio, sin posibilidad de moverse, sin hueco para la diferencia, la autoafirmación, la propia autodeterminación.

Nos hieren los demás, a menudo nos sobran. Es cierto que hay un contexto de guerra, pero algunos de los pasajes de este libro ilustran mucho más. Los campamentos, donde los seres humanos pierden su condición y se convierten en trozos de carne a los que se les confina, donde se les castiga, maltrata, explota y, a cambio,  tan solo se les “mantiene” con vida, a pesar de su íntima voluntad; la caridad, la necesidad de apiadarnos, pero sin llegar a respetar y contemplar al otro en su plenitud, de sentir el calorcito que proporciona dar unas migajas,de dejar aflorar nuestra pena por el otro (¡tan humana¡) y continuar nuestro camino; la discriminación, casi automática, a la que sometemos a todo aquel que no encaja en nuestros parámetros mentales; la vida de miles de seres marginales, pero poblados de identidad, de humanidad y de elecciones.

Tremenda y dura. Produce vértigo leer esta novela, como otras de este autor. Coetzee no se decidió a escribir para ser complaciente, lo sé.

Y lo celebro.

Quiero vivir aquí, pensó, quiero vivir aquí siempre, donde han vivido mi madre y mi abuela. Es así de fácil. Qué pena que para vivir en estos tiempos uno tenga que estar dispuesto a vivir como una bestia. Quien quiera vivir, no puede vivir en una casa con luz en las ventanas. Tiene que vivir en un agujero y esconderse durante el día. Uno tiene que vivir sin dejar huella de su vida. A eso hemos llegado.

Sobre el  autor:

Nacido en Ciudad del Cabo, Sudáfrica (1940) y  nacionalizado australiano, país donde reside actualmente. Pasó su infancia y su primera etapa formativa entre Ciudad del Cabo y Worcester, además de en la provincia de El Cabo. Se licenció en matemáticas e inglés en la Universidad de Ciudad de El Cabo. A comienzos de los años 60 se desplazó a Londres, donde trabajó durante algún tiempo como programador informático. Dejó constancia de esta etapa de su vida en su novela ‘Juventud’ (2002). Más tarde realizó estudios de postgrado en literatura en la Universidad de Texas, tras lo que dio clases de lengua y literatura inglesas en la Universidad de Búfalo (EE UU) hasta 1983. En 1984 volvió a Sudáfrica a ocupar una cátedra en Literatura inglesa en la Universidad de Ciudad de El Cabo, donde ejerció la docencia hasta su retiro en el año 2002. Durante 1989 estuvo en Estados Unidos como profesor visitante de la Universidad Johns Hopkins. En la actualidad desempeña funciones de investigador en el Departamento de inglés de la Universidad de Adelaida (Australia). Coincidiendo con la Semana Literaria de Adelaida en Marzo de 2006, Coetzee recibió la nacionalidad Australiana, sin que ello según él le aleje de Sudáfrica, su lugar de nacimiento y donde transcurre gran parte de su obra. Fue el primer escritor galardonado en dos ocasiones con el Premio Booker (el más prestigioso de la literatura en lengua inglesa), por sus obras ‘Vida y época de Michael K.’ (1983), la historia de un superviviente de la guerra civil sudafricana, y ‘Desgracia’ (1999), que trata acerca de un profesor de literatura marginado del mundo por acoso sexual. En 2003 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose así en el cuarto africano que lo recibe. Además de novelas, también ha publicado numerosas críticas literarias y diversas traducciones. En sus obras, marcadas por un estilo simbólico y metafórico, cuestiona el régimen del apartheid y cualquier tipo de racismo, y explora sus negativas consecuencias en el hombre y en la sociedad. (Fuentes: Casa Africa, Wikipedia y Nobelprize)

  •  Otras obras traducidas:
    • “En medio de ninguna parte” 1977
    • “Esperando a los bárbaros” 1980
    • “Foe” 1986
    • “La edad de hierro” 1990
    • “El maestro de Petesburgo”1994
    • “Desgracia” 1999
    • “Infancia” 2000
    • “Juventud” 2002
    • “Elizabeth Costello” 2004
    • “Hombre lento” 2005
  • Premios: Nobel de Literatura (2003); Booker Prize por Vida y época de Michael K y por Desgracia; CNA por En medio de ninguna parte y Esperando a los bárbaros; Jerusalem Prize, The Irish times international fiction prize, Premio Llibreter (2003) y Premio Reino de Redonda.

Para saber más:

La edad de hierro-J.M. Coetzee

“La edad del hierro” y “Desgracia” son dos extraordinarias novelas difíciles de asimilar, como es difícil de asimilar lo que sucede hoy en tantas partes del mundo. Las situaciones, de pronto, escapan a todo control, los corazones se endurecen, la piedad, la compasión, desaparecen y ocupan su lugar el odio, la crueldad, la indiferencia. Todo esto son palabras, sin duda, y lo que escribe Coetzee no son más que ficciones. La señora Curren no ha existido nunca, Vercueil no ha existido nunca, Bheki no ha existido nunca, Magda no ha existido nunca, Lucy no ha existido nunca; no importa cuántas veces nos repitamos que no han existido nunca porque sabemos en nuestro fuero interno, como se decía antiguamente, que nos estamos engañando, que han existido siempre, que existen, en Sudáfrica y en otros lugares, y que seguirán existiendo. Porque en todos los naufragios siempre hay supervivientes, siempre queda alguien para contarlo. Texto: Manuel Arranz. “J.M. Coetzee y el nuevo realismo”_ Turia, 71-72, noviembre-febrero,2005.

Breve resumen:

Una mujer madura, condenada a muerte por un cáncer de huesos, escribe una larga carta a su  hija, quien vive en Estados Unidos alejada del infierno en el que se ha convertido su país natal y residencia de su madre: Sudáfrica, un escenario escabroso bajo el régimen del apartheid. El dia en que la protagonista regresa del médico con pésimas noticias, descubre a un vagabundo negro refugiado en su cobertizo, y así da comienzo una relación íntima y ambigua. Ni amigos ni amantes, ambos personajes se acompañan en una etapa personal e histórica especialmente dura. (Fuente: Random House Mondadori)

Tras leerlo:

La Señora Curren necesita encontrar su propio lenguaje. Para poder explicar su realidad, para hacerse entender, no valen las palabras de los demás, ella precisa hallar las letras adecuadas, las silabas que formen y conformen lo que precisa transmitir. Sobre todo en este momento (padece un cáncer incurable), y en este país (Sudáfrica en pleno apartheid). Tengo que encontrar mis propias palabras, que sean mías. De otra forma, no serán verdad.

¿Qué resta cuando una ha emprendido el camino del no retorno?, ¿cuándo en las palabras de un médico se acaba todo?. Una mujer anciana, cuyo cuerpo está terminado y sentenciado, tantea en la oscuridad para tratar de encontrar la manera de transmitir a su hija ,en una larga carta, todo el desolador mundo que la rodea, toda la tristeza acumulada, todo el amargor bebido a sorbos.

Se apoyará en Vercueil, el vagabundo que viene de la nada, que es ese lugar en el que deben de estar las personas como él, de la nada que huele a vino barato y a cuerpo sucio y viejo; de la nada, que se acomoda entre cartones y miradas perdidas. Extraña pareja la que conforman ambos, entre ama-criado, marido-mujer, blanca-negro. ¿Qué les queda a ambos si no es aliviar la soledad acercándose al calor de otro cuerpo?.

Y de fondo todo aquél régimen atroz. Los distritos segregados donde mujeres arden en llamas mientras piden ayuda y los niños se ríen ante ellas y echan más gasolina. Una guerra sin límites. Una lucha que empezaron los blancos y que ahora replican los negros. Niños preparados para volver encima del escudo. Sentenciados a una situación de la que no podrán huir con vida. Niños a los que se les ha hurtado su limpia infancia, su soñadora juventud y que deben portar armas, enfrentar al enemigo, ser acorralados y ajusticiados. Sangre y más sangre.

El discurso se evidencia en esta novela. La anciana y su despertar ante un mundo lleno de atrocidades, que llaman a su puerta. En realidad, da igual quién detente el poder, la situación se perpetuará y continuará, en este mundo donde la humanidad parece que ha huido para siempre. La Señora Curren siente vergüenza de los tiempos en los que vive e intentará oponerse a los otros que fingen ignorarla pero que tienen que escucharla a pesar de su vejez, aunque no logra detener ningún avance, no está en su mano. Espectadora del drama, incomprendida por todos, parece deslizarse a tientas para intentar no pisar las minas que tiene sembradas allí por donde pasa. Minas de dolor infinito, de amargura y rencor. Imposible llegar a entender algo, cuando todos los límites se han sobrepasado, la tarea de tratar de encajar las piezas es titánica, excesiva para un ser humano. Y, sin embargo, al final ella hace algo, intenta algo para que la injusticia no campe al menos tan a sus anchas, ella se enfrenta e intenta.

Coetzee vuelve a la carga con muchos de sus temas recurrentes: el fin de la vida privada, los perros, la muerte tan cerca, el apartheid y la soledad del alma humana, del alma blanca, del alma negra. Con toda su aridez, también como siempre.

Niños de hierro, he pensado. Florence también es un poco de hierro. Es la edad de hierro. Después de la cual viene la edad de bronce. ¿Cuánto falta para que les llegue el turno de regresar a las edades más amables, la edad de arcilla y la edad de tierra?.

Ficha:

  • Título original:  Age of iron (1990)
  • Idioma: Inglés
  • Traducción al castellano:  Editorial Random House Mondadori (2003)
  • Traductor: Javier Calvo
  • Imagen portada del libro: @Abbas/Magnum, archivo
  • Premios: Premio Nobel de Literatura (2003)
  • Otras publicaciones de esta obra/ Otras obras traducidas:

Desgracia-J.M. Coetzee

Una vez en la librería Gandhi de la ciudad de México, Gabriel García Márquez me habló con mucho entusiasmo de la excelente calidad narrativa de J.M. Coetzee, quien acababa de ganar el Premio Nobel en 2003, lo que mostraba que el autor colombiano siempre estaba al tanto de la actualidad novelística mundial y tenía tiempo para seguir los pasos de sus sucesores en el magno reconocimiento literario mundial. Como su compatriota sudafricana Nadine Gordimer -quien se hallaba por esas fechas en México en el Congreso Internacional del Pen y le mandaba saludos al maestro a través mío-, Coetzee narra la desgracia de su país, anclado en la guerra y la violencia del Apartheid, que por esas fechas parecía sin solución alguna, tanto el odio entre las partes era profundo. A un lado estaban los negros encabezados por el luchador guerrillero Nelson Mandela, en la cárcel desde hacía décadas, y al otro el gobierno implacable y terco de los gamonales blancos y ojiazules que se negaban a un cambio profundo de la propiedad de la tierra y la ancestral discriminación racial de la plebe negra.  Los tres Premio Nobel de esa región, Coetzee, Gordimer y Doris Lessing, son blancos, pero a diferencia de los racistas terratenientes que dominaban al país y sumían a la población negra en la esclavitud y la discriminación, tratan de contar a través del género novelístico el drama nacional, profundizando en las entrañas de la violencia ciega y terrible, buscando las razones profundas de las acciones de los negros insurrectos, que no eran ningunas mansas palomas.  Por supuesto que los insurrectos negros sudafricanos cometían atrocidades, pero si lo hacían en la lucha contra el Apartheid era por razones profundas, históricas e ineludibles y la solución al problema no estaba en llenar las cárceles de rebeldes o los cementerios de cadáveres de guerrilleros, o de calificarlos de hijos del Infierno, sino de dar el paso hacia un gran cambio del país, lo que vendría después tras la liberación de Mandela y la llegada al poder de la plebe y la infame turba negra odiada por los hacendados blancos y ojiazules. [Texto: “Las desgracias de Coetzee” -26/04/2009- Autor:  Eduardo García Aguilar – Fuente: http://egarciaguilar.blogspot.com.es].

Breve resumen:

A los cincuenta y dos años, David Lurie tiene poco de lo que enorgullecerse. Con dos divorcios a sus espaldas, apaciguar el deseo es su única aspiración; sus clases en la universidad son un mero trámite para él y para los estudiantes. Cuando se destapa su relación con una alumna, David, en un acto de soberbia, preferirá renunciar a su puesto antes que disculparse en público. Rechazado por todos, abandona Ciudad del Cabo y va a visitar la granja de su hija Lucy. Allí, en una sociedad donde los códigos de comportamiento, sean de blancos o de negros, han cambiado; donde el idioma es una herramienta viciada que no sirve a este mundo naciente, David verá hacerse añicos todas sus creencias en una tarde de violencia implacable  (http://www.randomhousemondadori.com)

Ficha:

  • Título original:  Disgrace (1999)
  • Idioma: Inglés
  • Traducción al castellano:  Editorial Mondadori y Circulo de Lectores (2000)
  • Traductor: Miguel Martínez- Lange
  • Premios: Premio Booker por Desgracia (1999) Nobel de Literatura (2003)
  • Cine: En 2008 la película fue lleva al cine con el mismo título que la novela, dirigida por Steve Jacobs.
  • Otras publicaciones de esta obra/ Otras obras traducidas:  Ver ISBN: http://www.mcu.es/webISBN

Tras leerlo:

A menudo nos encontramos en la vida con actos que no somos capaces de comprender. Cada sociedad y cada ser humano tiene su propio código. Si difícil es llegar a entender porqué una sociedad se comporta de una u otra manera, lo es también comprender a cada uno de los seres humanos que pueblan el planeta. Somos islas, cada uno con nuestras propias contradicciones y si nuestra intención es intentar sumergirnos un poco en el otro, lo primero que tendremos que hacer será abrir bien la mente. En este magistral libro no esperes respuestas, pero aunque no puedas entenderlo y te produzca rechazos varios, léelo. Te llevará a descolocarte, desconcertarte y, finalmente, a repensarte.

A pesar de que toda la novela transcurre en Sudáfrica, no lo percibimos al principio cuando el tono de la narración es la de David Laurie, el profesor blanco universitario de Ciudad del Cabo. Nada nos induce a pensar que no ha vivido ajeno al horror del apartheid, su vida parece cómoda, sin sobresaltos, una vez cubiertas sus necesidades básicas, y él las tiene cubiertas con creces; una cierta fama, un status y dinero. Su desencantado vagar cotidiano se enfoca, a la edad de cincuenta y dos años, hacia intentar cubrir sus necesidades sexuales. Desligado cualquier sentimiento amoroso hacia las mujeres que frecuenta, divorciado dos veces y frecuentador de prostitutas, llevado solo por el deseo, nada se interpone entre él y sus sucesivas presas. Hasta el día en el que comete un error y la sociedad en la que vive, no se lo perdona.

David Laurie intenta sentirse vivo ahora que empieza a ver que el final de la recta está cerca. Cuando ya el balance entre el debe y el haber de su vida le indica que le falta poco para hacer algo que le trascienda cuando ya no esté en este mundo (lleva años dando forma a una ópera sobre Byron). La sociedad, su país, implacable con el comportamiento del profesor le juzga y le castiga. El código moral en el que vive, esa comunidad de los rectos le exige un arrepentimiento, un claudicar de sus acciones, un espectáculo televisivo, pero él no se muestra dispuesto a hacerlo. Fiel a si mismo se impone frente a todos y no cede. La sociedad, su país no quiere viejos, Si los viejos montan a las jóvenes, ¿cuál es el futuro de la especie?….Suspira. Los jóvenes abrazados, inconscientes, atentos sólo a la música sensual. No es este un país para viejos.

Pero siempre puede haber algo peor. Nuestras vidas pueden verse alteradas de un instante a otro, el mundo está lleno de momentos atroces, de caídas memorables y de horror, mucho horror. Estar en un peldaño más cerca del infierno no significa que no nos quede cientos por delante. Solo hay que mirar alrededor para comprobar en qué situación vive tanta gente, ajena a nuestro mundo. Obligado a dejar su puesto universitario, decide marcharse de su ciudad y visitar a su hija Lucy, quien vive en una zona aislada y rural, manteniendo una granja. La hija hippie, que hace manualidades, trabaja la tierra, está rodeada de perros (estos animales tienen tanto protagonismo como el resto de personajes y se perfilan, en último término, ¿como los únicos merecedores de hacer aflorar el amor?) y  tiene relaciones con mujeres. Ha de haber un hueco en el sistema, un hueco para las mujeres y lo que les sucede. Su situación está rodeada de peligro y ella lo sabe. En cualquier momento la chispa puede saltar y de hecho salta.

Aparecen los negros. Aparece la sombra alargada del apartheid. Aparece la segregación, la discriminación, la humillación, aquel considerar a la raza negra inferior. Aparece todo aquel odio escondido a la fuerza, taponado con cientos de golpes que lo han llevado a tener una tan alta condensación que, cuando se ha abierto tras la abolición del apartheid, ha surgido con una fuerza atronadora, con una fuerza destructora y violenta que reclama su lugar y no siempre de forma amable. Son nuevos tiempos, ahora el poder ya no está exclusivamente en la mano de los blancos y ellos reclaman su lugar. Petrus, el negro. Para David son unos desconocidos, a los que no logra entender. Las coordenadas son otras, también el idioma parece incapaz de transmitir las nuevas realidades, el inglés es insuficiente para narrar a la nueva Sudáfrica.

Como en cualquiera de los conflictos bélicos que en la actualidad perviven en el mundo, se perpetra una violación. La mujer como una de las torres que se quieren conquistar para derrotar al enemigo. El cuerpo de la mujer como arma de guerra. La primera conquista la mujer, la segunda conquista la tierra (el que posee siempre está en riesgo). Da igual que sean negros o blancos, la violencia se ejercerá, la situación se perpetuará y nada cambiará es lo que parece decir en su desolador mensaje esta novela.  Vuelve el mismo silencio cómplice con lo ocurrido, el mismo ocultar los hechos y bajar la cabeza, dejar que pasen, dejar que se mantenga para que el circulo de la venganza se cierre y para poder sobrevivir: adaptarse o huir no hay otro camino. El campo va llegando a las puertas de la ciudad, pronto habrá ganado paciendo otra vez por el parque de Rondebosch, pronto la historia habrá trazado otra vez un círculo completo. El padre viejo, la mujer lesbiana, el ambiguo negro, cada uno de ellos en su particular isla.

Una buena persona. No es una mala resolución que tomar y menos en tiempos tan oscuros.

Sobre el  autor:

Nacido en Ciudad del Cabo, Sudáfrica (1940) y  nacionalizado australiano, país donde reside actualmente. Pasó su infancia y su primera etapa formativa entre Ciudad del Cabo y Worcester, además de en la provincia de El Cabo. Se licenció en matemáticas e inglés en la Universidad de Ciudad de El Cabo. A comienzos de los años 60 se desplazó a Londres, donde trabajó durante algún tiempo como programador informático. Dejó constancia de esta etapa de su vida en su novela ‘Juventud’ (2002). Más tarde realizó estudios de postgrado en literatura en la Universidad de Texas, tras lo que dio clases de lengua y literatura inglesas en la Universidad de Búfalo (EE UU) hasta 1983. En 1984 volvió a Sudáfrica a ocupar una cátedra en Literatura inglesa en la Universidad de Ciudad de El Cabo, donde ejerció la docencia hasta su retiro en el año 2002. Durante 1989 estuvo en Estados Unidos como profesor visitante de la Universidad Johns Hopkins. En la actualidad desempeña funciones de investigador en el Departamento de inglés de la Universidad de Adelaida (Australia). Coincidiendo con la Semana Literaria de Adelaida en Marzo de 2006, Coetzee recibió la nacionalidad Australiana, sin que ello según él le aleje de Sudáfrica, su lugar de nacimiento y donde transcurre gran parte de su obra. Fue el primer escritor galardonado en dos ocasiones con el Premio Booker (el más prestigioso de la literatura en lengua inglesa), por sus obras ‘Vida y época de Michael K.’ (1983), la historia de un superviviente de la guerra civil sudafricana, y ‘Desgracia’ (1999), que trata acerca de un profesor de literatura marginado del mundo por acoso sexual. En 2003 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose así en el cuarto africano que lo recibe. Además de novelas, también ha publicado numerosas críticas literarias y diversas traducciones. En sus obras, marcadas por un estilo simbólico y metafórico, cuestiona el régimen del apartheid y cualquier tipo de racismo, y explora sus negativas consecuencias en el hombre y en la sociedad. (Fuente: Casa Africa, Wikipedia y Nobelprize)

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Adaptaciones de obras literarias africanas por directores extranjeros

Cine y literatura se han dado las manos en múltiples ocasiones a veces con mejores resultados que en otras. Aunque se trate de dos lenguajes diferentes, parece que están condenados a entenderse. Cuando leemos un libro, ¿no realizamos un ejercicio de transposición visual de la acción, los personajes o los lugares  a  nuestra imaginación?. La lectura se visualiza, se hace imagen.

El cine puede ayudar a que una obra literaria sea más conocida. Tras haber visto una buena película y si está basada en un libro, a menudo una consecuencia natural es la de interesarnos por el texto escrito. El cine se intuye como un vehículo apropiado para difundir una obra literaria. Otras veces, en cambio, el cine no aporta nada a la obra literaria. Es un arte independiente y, aunque el texto sea de gran calidad, si no se es un buen director no se logran resultados.

Las relaciones del cine (africano/extranjero) con la literatura (esta sí solamente africana) tiene muchos ángulos para profundizar y analizar. Para comenzar por algún sitio, he escogido las adaptaciones que han hecho los directores extranjeros de las obras de los cuatro ganadores del Premio Nobel de Literatura africanos. Después os toca a vosotros decir si han estado o no a la altura de la obra escrita:

  John Maxwell Coetzee  (Premio Nobel en 2003)

Dos son las adaptaciones que directores extranjeros han realizado de la obra de este escritor sudafricano nacionalizado australiano:

descarga“En medio de ninguna parte” (1977) fue adaptada por la belga Marion Hänsel, en 1985, en su película “Dust”. Los actores principales también son extranjeros: Jane Birkin y Trevor Howard.
La película: cuenta la historia de Magda, quien asesina a su padre después de que éste mantenga una relación amorosa con la mujer de un trabajador de su plantación.

 

 

images“Desgracia” (1999) adaptada por el director australiano Steve Jacobs en 2008, bajo el mismo título.

John Malkovich y Jessica Haynes son padre e hija en esta película basada en la novela homónima del mismo nombre.

Un profesor universitario tiene que dejar su puesto de docente tras mantener una relación amorosa con una alumna. Trasladado a la granja de su hija, se verá inmerso en un conflicto violento al ser atacado por un grupo de jóvenes.

Nadine Gordimer (Premio Nobel en 1991)

 Una novela de Nadime Gordimer fue adaptada por el director danés Henning Carlsen para la película “Dilemma” (1962).

Naguib Mahfuz (Premio Nobel en 1988)

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El director mexicano Jorge Fons adaptó la novela “El callejón de los milagros” (1947), de Naguib Mahfuz, para la película del mismo título (1994). Interpretada por Salma Hayek y Ernesto Gómez Cruz.

La historia original ocurre en El Cairo en los años 40. El filme, adaptado por Vicente Leñero se traslada a los años 90 en pleno centro histórico de Ciudad de México. La historia es narrada desde tres diferentes perspectivas: Don Ru (Ernesto Gómez Cruz), el dueño de la cantina donde la mayoría de los hombres se reúnen a beber y jugar dominó, Alma (Salma Hayek), la chica hermosa del barrio y Susanita (Margarita Sanz quien ganó un Ariel por su papel), la dueña del condominio donde Alma y otros de los personajes viven.

Wole Soyinka (Premio Nobel en 1986)

En Nigeria hay una película suya, pero ningún director extranjero ha filmado sobre su obra.

Blues for a Prodigal (1984), dirigida y escrita por él, es una película experimental en yoruba y en otras lenguas de Nigeria, incluído inglés (pidgin).

El director senegalés Joseph Gaï Ramaka realizó el cortometraje So Be It (1997), dentro de Africa Dreaming, a partir de la obra de teatro escrita en inglés The Strong Breed (1964), de  Wole Soyinka. (Fuente: Cuaderno nº5. Casa África). 

 

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