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Entradas de la Categoría ‘Couto, Mia’

La confesión de la leona – Mia Couto

EL CAZADOR CONFUSO

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Publicado en origen en Altaïr Magazine. 22-09-2016.

Todo en Mia Couto parece escaparse de la extendida imagen que se tiene de los escritores de este continente, para mayor perplejidad de aquellos que acostumbran a mirar desde márgenes estrechos. Es un escritor blanco nacido en el norte de Mozambique e hijo de colonos europeos, que utiliza el portugués mezclado con otras lenguas de su país natal para escribir. Y, frente a la intención de muchos de intentar incluirle o excluirle de la etiqueta de “literatura africana”, el que está considerado uno de los escritores más importantes de las lusofonías, piensa que es parte de un juego de intereses y cuando alguien se lo pregunta responde que se siente más cercano a la literatura brasileña que a ninguna otra…

Para seguir leyendo…Altair

Cómo traducir a Mia Couto y no morir en el intento

tn_290_600_confissao_da_leoa_101112 Publicado originalmente en África no es un país.  04/05/2016

Nos informa J.M.Coetzee, en uno de los ensayos recopilados en Las manos de los maestros (Mondadori, 2016), de las “diversas dificultades cotidianas de naturaleza práctica” que han tenido sus traductores en los diferentes idiomas a los que ha sido trasladada su obra, veinticinco más o menos. Y considera que la palabra “noble” es el epíteto que mejor se ajusta no al escritor, sino al traductor, ya que su labor la realizan sin esperar fama ni fortuna.

Es cierto, valoramos, en general, muy poco a estas personas (y sus notables esfuerzos) sin las cuales muchos no hubiéramos podido disfrutar de tantas horas de buenas lecturas. En este sentido, afirmaba García Márquez: “Si traducir es la mejor manera de leer, también es la más difícil, la más ingrata y la peor pagada”.

Mia Couto acaba de ver traducida al castellano y al catalán su última novela, A confissão da Leoa (Camino, 2012). Basada en hechos y personajes reales Couto, biólogo en otro tiempo, nos descubre una historia alrededor de una serie de crímenes en una aldea mozambiqueña que vuelve a cimentarse en esa realidad mágica que se vive en el continente africano sin asombro, porque “en Mozambique no es que se viva puro realismo mágico. Es que es  realismo real”.

Para leer el resto del artículo mapa-africa

El último vuelo del flamenco-Mia Couto

El último vuelo del flamenco- Mia Couto

“Aunque la literatura lusófona no disfrute exactamente de la misma difusión editorial ni del mismo éxito comercial que sus homólogas francófonas y anglófonas”, tal y como nos recuerda Dulcinea Tomás Cámara, el portugues ha sobrevivido con bastante éxito, y desigual medida, tras la llamada descolonización en los países africanos de lengua portuguesa (Angola, Mozambique, Cabo Verde, Santo Tomé y Principe, Guinea Bissau). Mia Couto es el autor lusófono africano más reconocido internacionalmente en la actualidad (en fechas recientes ha recibido sucesivamente el premio Camões y el Neustadt), pero la obra de este autor nos revela que lo que hace Couto, en realidad, es reinventar la lengua portuguesa, mezclada con las lenguas locales.

Poeta ante todo, sus textos rezuman de juegos de palabras, neologismos, innovación al estilo del angoleño Luandino Vieira,  y música. Más que un escritor se considera un “creador de historias”. Etiquetado bajo la bandera del “realismo mágico” y reconociendo su deuda, su obra nos envuelve en un mundo mezcla de sueños, magia, fantasía e imaginación que tiene como resultado equilibrar la balanza de los desasosiegos y de las fatalidades, alumbrando una salida digna frente a lo oscuro y tenebroso, ya sea la guerra o el atropello de los sinvergüenzas y los tiranos.

El último vuelo del flamenco tiene un comienzo insólito. El sexo abultado y abolido de un casco azul, su pene, es el único rastro que se encuentra en la carretera que va a Tizangara. Sin embargo, lo insólito no nos tiene que desviar de lo que oculta tal hallazgo. Nos encontramos en una aldea mozambiqueña y la ONU ha enviado a sus efectivos para comprobar que se está llevando a cabo la pacificación de la zona. Sin embargo, éstos han estallado como “pompas de jabón”, sin dejar rastro.

El miembro de la ONU encargado de investigar el suceso, un italiano que habla portugués, atenderá, entre asombrado y perplejo, a las explicaciones que le van dando en relación al suceso. Pronto tendrá la necesidad de un traductor, que es el que narra la historia. Un mundo no se explica a través del lenguaje, parece querer decirnos Couto, lo que encierra contiene unas claves que no todos (en este caso, los occidentales) están preparados para interpretar. Ante la evidencia de la desaparición de los seis cascos azules, el italiano pensará que es imposible que hayan desaparecido sin más, lo que los aldeanos de Tizangara aceptan con normalidad. No “se habla” el mismo mundo y por ende no se comprenden. “Ahora usted me pregunta por esos soldados que desaparecieron. Me pregunta si el soldado zambiano murió. ¿Murió? Bien, murió relativamente. ¿Cómo? ¿Usted me pregunta cómo se muere relativamente? No lo sé, no lo puedo explicar. Tendría que hablar en mi lengua. Y es algo que ni este muchacho puede traducir.” (pág.163)

Plagado de un lenguaje poético que conmueve hasta los cimientos (“Y el ala iba deshojando, ala en ala, las transparentes páginas del cielo” (pág.123), el libro avanza con unos personajes que tienen voluntad de salir de las páginas del libro y saltar a nuestro mundo. Couto no defrauda y despliega ante nuestros ojos un buen puñado de seres alucinantes, sorprendentes, tiernos y fabulosos. La historia de Temporina que tiene aspecto de vieja pero cuerpo joven, o la del padre del narrador que cada noche “cuelga sus huesos”, se unen a la del ave, el flamenco, hermosa metáfora de lo que, en realidad, encierra la novela.

El último vuelo del flamenco habla de una perversa fabricación de ausencia –la falta de una tierra toda entera, un inmenso rapto de esperanza practicado por la ganancia de los poderosos. El avance de esos comedores de naciones nos obliga a nosotros, escritores, a un creciente empeño moral. Contra la incidencia de los que se enriquecen a costa de todo y de todos, contra los que tienen las manos manchadas de sangre, contra la mentira, el crimen y el miedo, contra todo eso se debe erguir la palabra de los escritores. […] Recuerdo para cerrar las palabras del hechicero Zeca Andorinho: Somos madera que agarró lluvia. Ahora no encendemos ni damos sombra. Tenemos que secar a la luz de un sol que todavía hay. Y ese sol sólo puede nacer dentro de nosotros.

Palabras de Mia Couto, en la entrega del Premio Mario Antonio de la Fundación Calouste Gulbenkian, 12 de junio de 2001

Es cierto que la novela es un canto contra los que se corrompen, los tiranos y los sinvergüenzas. Porque lo que va desmarañando el escritor es un mundo que primero se ha resistido a ser colonizado, que después ha luchado para que esa colonización (que a menudo en el libro se niega: “Hablan mucho de colonialismo. Pero dudo mucho de que eso haya existido. Lo que hicieron esos blancos fue ocuparnos (pág. 164) despueble sus almas y sus mentes y que ahora se encuentra con la toma de poder de los que son como ellos: “Pero, en mi aldea, había ahora tanta injusticia como en el tiempo colonial. Parecía, por el contrario, que ese tiempo no había terminado. Ahora lo estaban dirigiendo personas de otra raza” (pág. 118). Un mundo, que intenta que nadie los salve más en un futuro, que sean ellos mismos quienes lo hagan.

Mia Couto nos adentra en un mundo para el que ha tenido que construir un lenguaje que lo explique. No me refiero solamente a las palabras, me refiero a las historias que levanta como castillos plagados de sueños y verdad. De la misma manera que ha confesado que le costó mucho encontrar su propia voz como escritor, la novela muestra el empeño en encontrar una manera de expresar el mundo que le rodea. Puede resultarnos extraño, por desconocido, como le ocurre al soldado italiano. Y nos puede llevar tiempo entender algunos pasajes porque como ya hizo en Tierra sonámbula, Mia Couto nos muestra ese alma africana que no da la espalda a los muertos, ni al pasado. Todo cabe en el presente.

 Era el punto final. Al oscurecer, la voz de mi madre se desvaneció. Miré el poniente y vi a las aves cargando el sol, empujando el día hacia otros más allá (pág.123)

 Ficha:

  • Título original: O último voo do flamingo (2000)
  • Idioma: Original: Portugués
  • Traducción al castellano: Santillana Ediciones Generales (Alfaguara) (2002)
  • Traductor: Mario Merlino
  • Páginas: 238
  • Cine: Llevada al cine en 2011 por  Joao Ribeiro hay una adaptación al cine, de 2010, que dicen que es una de las primeras películas, si no la primera, rodada íntegramente en Mozambique, y con  un 90% del personal implicado contratado in situ.

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Mia Couto gana el Premio Neustadt, conocido como el “Nobel americano”

El premio Neustadt es el principal premio entregado en Estados Unidos que reconoce a autores de todo el mundo. Poetas, novelistas y dramaturgos compiten en este premio, en igualdad de condiciones. Cuatro de los ganadores del Neustadt han recibido posteriormente el premio Nobel de Literatura: Gabriel García Márquez, Octavio Paz, Tomas Tranströmer y Czesław Miłosz.

blogdabn.wordpress.com

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Este año lo ha ganado el mozambiqueño Mia Couto. El 27 de mayo de este año, Mia Couto recibió el “XXV Premio Camões“, se trata del premio más prestigioso de literatura en lengua portuguesa y ahora recibe el Neustadt. Nueve jurados internacionales provenientes de países tan diversos como Etiopía y Corea del Sur eligieron a los escritores nominados para el premio de este año y se reunieron el 31 de octubre en Norman (Oklahoma) para elegir un ganador. Ayer dieron a conocer el nombre: Mia Couto, quien salió como el favorito sobre sus rivales entre los que estaban Chang -Rae Lee, Edward P. Jones y Haruki Murakami.

Desde que leí “Tierra sonámbula” y como lectora ávida de García Márquez, el universo de Mia Couto me atrapó sin rechistar. Pero el mozambiqueño no es un exponente más del denominado “realismo mágico”, además de ser un mago creando palabras, relata esa dura realidad envuelta en sueños, creando una átmosfera propia y plena de poesía y de historias redondas. Y como Gabo, es cierto también, nos conmueve, nos agarra y nos zarandea por su profunda humanidad.

Mia Couto, el escritor ensoñado

António Emílio Leite Couto, conocido como Mia Couto (Beira, Mozambique, 1955) es uno de los nombres más importantes de la literatura en lengua portuguesa, y el autor mozambiqueño más traducido. Autor comprometido por la causa africana, ha recibido numerosas distinciones, entre otras, el Premio Nacional de Literatura en Portugal (1993), el Premio Nacional de Literatura en Mozambique (1995), el Premio Africa Hoje en Maputo (2002), y el Premio Eduardo Lourenço 2011 “por ensanchar los horizontes de la lengua y la cultura portuguesas”.  Algunas de sus novelas se han llevado al cine, como es el caso de “Tierra sonámbula” y, recientemente, “El último vuelo del flamenco”. En la actualidad vive en Maputo, donde trabaja como biólogo. (*)

Han dicho de él:

«Uno de los escritores contemporáneos más importantes de África.» Henning Mankell.

«Él es un autor que se dirige no sólo a su país sino al mundo entero, a todos los seres humanos.» Gabriella Ghermandi, quien le nominó para el Premio Neustadt.

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Obra: Su obra traducida se ha difundido por la Editorial Txalaparta y por la Editorial Alfaguara principalmente.

  • Cronicando
  • Voces anochecidas
  • Tierra sonámbula
  • Raíz de rocío. (Diputación Provincial de Málaga)
  • Venenos de dios, venenos del diablo
  • El último vuelo del flamenco
  • Cada hombre es una raza
  • Jesusalén

Entrevistas:

El Premio Internacional Neustadt de Literatura

El Premio Internacional Neustadt de Literatura es un premio bienal patrocinado por la Universidad de Oklahoma y World Literature Today. El premio consiste en $ 50.000, una réplica de un elenco pluma de águila en plata, y un certificado. Una generosa donación de la familia Neustadt de Ardmore, Oklahoma y Dallas, Texas, asegura la concesión a perpetuidad. El premio fue establecido en 1969 como el Premio Internacional de Literatura, luego rebautizado las Books Abroad / Premio Neustadt antes de asumir su actual nombre en 1976, el Premio Internacional Neustadt de Literatura. 

Es el primer premio literario internacional de esta envergadura que se originan en los Estados Unidos y es uno de los pocos premios internacionales en el que poetas, novelistas y dramaturgos son igualmente elegibles. 

Mia Couto se erige como el tercer ganador africano de este premio. Anteriormente lo han obtenido la argelina Assia Djebar en 1996 y el somalí Nuruddin Farah en 1998.

 

Tierra sonámbula- Mia Couto

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El 27 de mayo de este año, Mia Couto recibió el “XXV Premio Camões”. Se trata del premio más prestigioso de literatura en lengua portuguesa. Fue creado en 1998 por los gobiernos de Brasil y Portugal con el objetivo de estrechar los lazos culturales de los países lusófonos a través de sus escritores más representativos. Otros escritores galardonados anteriormente con este premio han sido José Saramago, Antonio Lobo Antunes o el angoleño Artur Pestana, pepetela. El primer escritor mozambiqueño que ganó dicho premio fue el poeta José Craveirinha, en 1991.

“Estoy harto de vivir entre muertos”, dice Muidinga uno de los dos protagonistas de esta novela, lo mismo podría haber afirmado Mia Couto, quien decía en una entrevista1: “Tengo 42 años y he pasado la mitad de mi vida en guerra”. Esta es la realidad de la que parte esta extraordinaria novela que nos adentra en un país, Mozambique, en plena guerra [tras la independencia en 1975, estalló el conflicto civil que se mantuvo hasta 1992]. Vivir entre muertos y, a pesar de todo, sobrevivir; marchitos y desesperanzados. Escrita en portugués, el traductor nos advierte de la dificultad de su tarea ante la riqueza del texto (el autor suele jugar  con el lenguaje y crear neologismos, alterar la sintaxis, y servirse de la tradición oral y de los proverbios), con gran cantidad de frases escritas en alguna de las lenguas mozambiqueñas  que, Mia Couto, junto con el portugués,  ha utilizado en la novela.

Se inicia la historia con la llegada, a un machimbombo (autobús) quemado, de dos seres que parecen venir de la nada,  del lugar donde han sido despojados de todo, en un momento en el que parecía que todas las sombras habían caído sobre el mundo (esta situación inicial me recuerda, ahora, a la planteada en el libro “La carretera” de Cormac McCarthy, en la que un padre y un hijo caminan huyendo de un infierno apocalíptico). Los camineros, en este caso, son el crío Muidinga, abandonado a su suerte  y el viejo Tuhair que lo ha acogido bajo su protección.

Entre los restos del esqueleto quemado del vehículo encontrarán una maleta con los papeles que alguien ha abandonado; son los Diarios de Kindzu y, gracias a ellos, ambos pasarán las noches repasando aquellas vidas ajenas que reviven al ser leídas y les hacen huir de la realidad maldita que les rodea de la que ya ni se asombran, escuchando el matraquear de la muerte, lamentos de vidas que se apagan formando parte del paisaje. Erráticos en su caminar, volverán una y otra vez, al autobús, como si necesitaran completar un círculo.

De las sucesivas lecturas iremos descubriendo, entre asombrados y horrorizados, hasta dónde puede llegar a alcanzar el sufrimiento de un ser humano. Pero también los esfuerzos por mantener con vida a un hijo, ante la amenaza de rifles y cuchillos; la desesperación ante la incomprensión de los que lo dividen todo “en razas”; la resolución de Kindzu en convertirse en un naparama, un guerrero en pro de la justicia para poner orden dentro del caos que todo lo pervierte; descubrimos la codicia, la crueldad, la soledad y el abandono, pero también el amor, la amistad y la entrega. Y, cómo no, la muerte.

Junhito el niño obligado a mutarse en pollo, el padre muerto cuyo barco meten en casa porque puede volver viniendo del mar, Siqueleto empeñado en  hacer manar ríos, Farida la mujer exiliada en las entrañas de un barco… Historias mágicas que se entrecruzan con las verdaderas, o igual es al revés. No se sabe muy bien en qué orilla te encuentras mientras avanzas por las páginas de este libro como si avanzaras por un mar lleno de sorpresas.

El texto sume al lector en un estado de  falso suelo o incertidumbre, el mundo de los sueños o de los muertos se aparece con sus fronteras livianas,  en contacto con los vivos. A menudo, esas fronteras desaparecen y nos encontramos leyendo en una especie de sueño profundo, sin saber si lo que leemos es real o fruto de un estado de sonambulismo que parece acompañarnos desde que iniciamos la lectura. No sé describirlo de otra manera.

Tiene algo este libro imprescindible, pura literatura, que te imanta y te hace difícil el cerrarlo del todo, es de los que se quedan pegados en la mente como una especie de nube durante días. Conmueve con sus frases y sus historias, tan llenas de poesía y belleza y al tiempo tan llenas de sufrimientos y silencios. Produce la sensación de hacernos entender que, a pesar de los pesares, el ser humano tiene resortes para continuar hacia delante, gracias a la fuerza y la dignidad que transmiten los personajes de esta novela.

Quizás sea que propone la lectura como vía para sobrevivir, para continuar, para reencontrarnos a nosotros mismos a través de ella, para sentir que formamos parte de una cadena subterránea y que, a través de los libros, los sueños, lo real y lo mágico, se puede seguir avanzando, huyendo del árido y terrorífico presente, como el crío soñador, como el viejo prodigioso, con toda su humanidad intacta.

-¿Esta guerra va a acabar algún día?

Asentí. Pero mi corazón se pequeñó, constreñidito. Farida quería saber más: saber el motivo de la guerra, la razón de aquel desfile de infinitos lutos. Recordé las palabras de Surendra: tenía que haber guerra, tenía que haber muerte. ¿Y todo para qué era? Para autorizar el robo. Porque hoy ninguna riqueza podía nacer del trabajo. Sólo el saqueo daba acceso a las propiedades. Era necesario que hubiese muerte para que las leyes fuesen olvidadas. Ahora que el desorden era total, todo estaba autorizado. Los culpables serían siempre los otros.

Ficha:

  • Título original:  Tierra Sonâmbula (1992)
  • Idioma: Portugués
  • Traducción al castellano: Ediciones Santillana, S.A-Alfaguara (1998)
  • Traductor: Eduardo Naval
  • Imagen de la cubierta: Víctor Abundancia.
  • Premios: Entre otros premios, en 1999 recibió el Premio Virgílio Ferreira, por el conjunto de su obra. En 2013 recibe el Premio Camões.
  • Otras publicaciones de esta obra:
    • “Tierra sonámbula”. Punto de Lectura
  •  Otras obras traducidas:
    • “Voces anochecidas”. Editorial Txalaparta
    • “El último vuelo del flamenco”. Editorial Alfaguara
    • “Cada hombre es una raza”. Editorial Alfaguara
    • “Raíz de rocío”. Diputación Provincial de Málaga
    • “Venenos de dios, venenos del diablo”. Editorial Txalaparta
    •  “Cronicando”. Editorial Txalaparta
    • “Jesusalén”. Editorial Alfaguara

Terra sonânbula, la película

“Terra sonâmbula” (Dirigida por Teresa Prata. 2007) http://www.cineol.net/pelicula/17409_Tierra-Sonambula

  • “En Mozambique, una tierra sonámbula camina en círculos” de Sergio Ceballos de La Torre. Crítica en castellano de la película, aquí.

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