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Entradas de la Categoría ‘De Profundis’

Punto de inflexión

“Literafricas” comenzó nutriéndose de libros que el tiempo había sumergido en ese agujero negro en el que condenamos a todo lo que no sea novedad. Empezó rescatando obras, eso fue, en una zambullida colosal en tantos títulos que hoy es casi imposible leer si no acudimos a las Bibliotecas (esos templos) o alguna de esas Librerías (benditas todas ellas) que guardan libros antiguos como se guardan los tesoros a la espera de que un lector los saque de sus estanterías olvidadas. Leer Más

Homenaje a los libros

A veces parece que Todo se desmorona. Son días en los que sientes Algo alrededor de tu cuello que te atenaza y te ahoga. Miras por la ventana y no hay ningún Paraíso que contemplar, solo Nubes de lluvia. Ves el Pan a secas y el Vaso roto encima de la mesa que ayer dejó El bebedor de vino de palma y te ríes al recordarle porque sabes que guarda muchos Secretos y que posee La inocencia del diablo . Como cuando te contó aquello que no querías oír, sabiendo que era para ti Fruta amarga. Pero a él, al que llamas también El vendedor de pasados, quien coquetea contigo diciendo Mañana cumpliré veinte años, se lo perdonas todo.

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Lo literario y lo otro

Ciertos interrogantes me vuelven cada cierto tiempo. Sobre lo literario y la biografía. Ahora debido a Pablo Neruda y las últimas noticias extra-literarias que han aparecido en torno al chileno, ando girando otra vez sobre lo mismo. Recomendable leer este texto de la escritora Aroa Moreno Durán en el que reflexiona sobre estas revelaciones, por si las desconocéis aún. En realidad no son tales ya que las noticias sobre la actitud del poeta, de abandono, con su hija que nació con una hidrocefalia severa, ya habían visto la luz con anterioridad, aunque no en la manera totalizadora en la que lo han hecho en este marzo de 2018. Lo mismo que la violación, cuando él era cónsul en Colombo (Sri Lanka) en 1929, de una mujer negra y pobre, que él mismo cuenta en sus memorias Confieso que he vivido, a modo de anécdota. Dicen abandono y violación por parte del poeta. Añaden silencio por parte del mundo. Estamos hablando de Pablo Neruda.

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Sobre la necesidad de escribir: cuando el silencio es imposible

Armel Uwikunze es un joven periodista y blogger burundés. El pasado mes de julio, el escritor Abdourahman A. Waberi le entrevistaba para Le Monde y transcribía sus palabras: “Escribo porque me es imposible pemanecer en silencio … También escribo porque es la única arma que sé utilizar y porque la guerra de las ideas es el único tipo de violencia que puedo aceptar. ” *

Como él son muchas las personas que sienten la necesidad de volcar en el papel lo que viven, experimentan, sienten y piensan. Sin embargo, en su caso y en el de tantos otros, este ejercicio difiere de modo determinante: escribir les puede acarrear consecuencias no deseadas. La escritura se convierte así en un ejercicio peligroso, a causa de la cual  la vida, a partir de ese momento, deja de ser cómoda y deviene en riesgo permanente. Y, al mismo tiempo, se dota de un carácter insospechado para muchos: el de ser posible (y eficaz) herramienta de lucha y plasmación de una realidad que se trata de ocultar.

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Colocando a cada cual en su sitio

Hasta hace poco más de tres años, leer y escribir han sido para mí actos privados. Podéis creerme o no si os digo que nunca me ha gustado hablar sobre los libros que he leído, mucho menos escribir sobre ello. Os confieso que si alguien me pedía algún consejo, intentaba darle un abanico de opciones siempre con la certeza de que me podía equivocar. He recomendado siempre con recelos y, a veces, sin ser consciente del destinatario, craso error. No creo que todos los libros sean para todas las personas en todos los momentos, pero sí creo que para cada persona hay al menos un libro en muchos momentos. Leer Más

El estereotipo del lector occidental que lee libros africanos

La visión que tenemos de nosotros mismos y la que tienen los demás no siempre coincide. Sobre estas percepciones y alguna más, cuando era niña, leí un artículo en una revista de psicología, la cual iba acompañado de unas imágenes que intentaban ilustrar cada una de ellas y que han permanecido grabadas en mi mente a pesar del tiempo transcurrido. Aparecían cuatro visiones diferentes que atendían a los siguientes estadios: “Cómo nos ven los demás”, “Cómo creemos que nos ven los demás”, “Cómo nos gustaría que nos vieran los otros” y “Cómo somos en realidad”.

Abrir este blog me hizo darme cuenta de una realidad que ha Leer Más

Razones para NO leer literatura africana

A menudo se me acerca gente preguntándome por qué leo literatura africana. Aquí no podéis verla pero para estas situaciones tengo ensayada una cara de poker, que oscila entre el cansancio y la perplejidad. “¿Y cómo no leerla?” es lo que pienso, pero nunca formulo mi interrogación en voz alta. Me la quedo para mí, al igual que cuando alguien comprueba que lo que tengo entre manos es algo “exótico” o “raro”, una extravagancia. En estas ocasiones no puedo evitar sentir un cierto enfado porque nunca se me ha acercado nadie para preguntarme acerca de mi interés por leer la obra completa de, por ejemplo, Kafka (esto parece que lo entienden, ¿?).

“¡Qué interesante¡” es una de esas frases reiterativas (que rara vez corresponden a un verdadero interés) y que suelen ser el comodín perfecto cuando no se sabe qué decir. Si bien pudiera parecer que la expresión es positiva, en realidad se pronuncia porque se desconoce (casi) todo sobre ese continente inmenso, plural y multi-todo que alguien llamó África. Y aún más sobre su literatura.

Con el tiempo, he llegado a la conclusión de que ese “¡Qué interesante¡” lo utilizamos o porque no nos interesa en absoluto y es una forma de salir por la tangente, o porque nos parece que todo lo relacionado con África es algo oculto, misterioso y ajeno y por lo tanto requiere una afirmación tan contundente. Tan ajeno, tan oscuro y tan misterioso que nos escudamos en ese “¡Qué interesante¡” que se queda bailando en el limbo para pasar página con rapidez.

Así nuestro imaginario africano sigue poblado de las mismas historias que han contado otros sin que les demos la oportunidad de enseñarnos otras voces, otros ámbitos, sin que abramos la puerta que da paso a otras vidas, otras experiencias, otros mundos, contados por sus principales protagonistas.

En definitiva, sin añadir mundos al mundo.

Por eso suelo decantarme por recomendar que NO se lea literatura africana, por los efectos que produce y que paso a listar a continuación:

1.- Disloque cerebral: Es una literatura muy peligrosa porque se te puede subir a la cabeza (incluso algunos opinan que es lo mejor que puede ocurrir). A la mínima que te descuides tu cerebro se bloquea. Para empezar te vas a dar cuenta de que te faltaba un continente, que eran cinco, tal como te enseñaron en la escuela, sí, pero de verdad. Para pasar en seguida a constatar que esa frase tantas veces escuchada de que África no existe como tal, ni tampoco su literatura (¿alguna vez has oído hablar de “literatura europea”?) es cierta. Si esto no te produce un cruce de cables, espera a que tu imagen de los african@s se desmorone. Contra nuestra natural tendencia a reducir y a abreviar para no complicarnos la existencia, leyendo sus obras descubrirás lo diversos, plurales y diferentes dentro del mismo continente que son. El diagnóstico de todas formas no será severo, una vez comprendido lo anterior solo querrás leer más y más.

2.- Sufrirás una mutación: Se produce en cuatro etapas. Al principio tendrás recelos, “a mi me hablan de leer algo sobre África y en seguida pienso en antropología, tribus y brujos” o “¿literatura africana?… entre tú y yo suena a latazo”. Después te dejarás aconsejar por alguien o buscarás en alguna web específica un libro por el que empezar. Los inicios son excitantes, irás de libro en libro, de autor en autor, de país en país, de lengua en lengua, descubriendo que “oye, pero si resulta que los africanos escriben desde hace tiempo y no siempre sobre los cuatro jinetes del Apocalipsis”. Pasadas unas cuantas lecturas habrás descubierto que en África hay iniciativas, ferias, festivales, revistas, editoriales, autores, de aquí y de allí; una bola de sensaciones vibrantes te pasará por encima y te arrastrará. En esta fase te puedes sorprender incluso volviendo a leer el título del libro que tienes entre manos confuso porque lo que te cuentan te suena extrañamente cercano. Lo imparable vendrá después, casi a punto de terminarse tu mutación, cuando ya no puedas evitar entrar en una librería, ojear una revista literaria, escanear la lista de libros más recomendados sin buscar un título de ese lugar. Para acabar preguntándote cómo es posible haber estado tanto tiempo sin leer literatura africana. Una vez mutado, el proceso es irreversible.

3.- Te indignarás bastante: Es algo que no vas a poder evitar cuando te resulte difícil encontrar un libro africano que llevarte a la boca. No entenderás porqué siempre aparecen mencionados los mismos autores cuando el continente hierve de voces que escriben novela, poesía, ensayo… Ni tampoco porqué el público lector occidental no demanda más narrativa africana. Te sentirás incomprendido cuando tengas que rastrear páginas y páginas en internet para intentar buscar información, no te digo ya los suplementos de los periódicos. Lo cual te indignará aún más de lo que ya estabas y en el tope de la indignación constatarás que los libros que provienen del continente africano merecen atención (casi siempre) cuando vienen avalados por algún “gurú” literario ya sea americano o europeo, salvo memorables excepciones. Contra la indignación sólo cabe hablar de ello con quien puedas, comentarlo por todos los canales que encuentres y difundir los medios que sí informan día tras día sobre las novedades de las letras africanas. Recomendarlo en tu entorno más cercano y escribir a las editoriales solicitando reediciones.

4.-Sentirás que muchas voces quieren poblarte: A esto yo lo llamo “espíritu cojonero”. No cuento nada nuevo si digo que de pronto en algún momento entre la página 1 y la 200 los personajes de algunos libros se ponen a tu lado, te acompañan en tu día a día, e incluso se van contigo a la cama. Los libros africanos funcionan de la misma manera, pero cuidado: porque como algún personaje bien creado (y hay muchos, créeme) se empeñe en andar a tu lado te será muy difícil desprenderte de él. Y además con estos ocurre que te cuentan cada uno una historia diferente a la que conocías, y a cada nueva historia te das cuenta de lo equivocado que estabas, se te empiezan a caer muchas creencias y mitos, desaparecen estereotipos y clichés, y alucinas con lo que te enseñan, con lo que te emocionan y te cuentan, y aquí el acabose… Los efectos secundarios de esta convivencia pronto se harán notar: te despertarás por la mañana sintiendo que sabes más, llegas más lejos y a más gente, eres mejor.

5.- Y el último y definitivo efecto que produce la literatura africana es que engancha.

No te la recomiendo. En absoluto. No quiero que luego digas que no te lo advertí.

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