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Entradas de la Categoría ‘Diome, Fatou’

El otro lado de la inmigración: libros que caminan

Tengo un Club de lectura. O soy tenida por un Club de lectura. No sé cuál de las dos afirmaciones es la correcta. La cuestión es que un grupo de personas (por diversas razones, pero con el común denominador de su pasión por el continente africano y la lectura) se reúne una vez al mes para comentar, debatir e interpretar un libro escrito por un/a autor/a de “las áfricas”. La idea del Club no fue mía. Salió de la mente de dos hermanas: Laura y Maica de la Carrera, artífices de una galería llamada “Mamah Africa” en pleno Madrid. Los libros que leemos tampoco los pongo yo, lo hace Casa África desde las islas Canarias. Aunque en realidad solo soy una atenta y feliz oidora, figuro como coordinadora del Club.

El último que hemos leído ha sido Las que aguardan de Fatou Diome (autora también de la estupenda En un lugar del Atlántico). Es un libro crítico y duro (que no se merece su chirriante final) y que retrata con acierto dos generaciones de mujeres, desde dos planos distintos como madres unas y como frontal_power point3(trz)esposas las otras, que esperan el regreso de sus hijos/maridos que partieron para intentar conseguir una vida mejor. Desde Senegal hacia esa Europa que se considera el mejor talismán, la novela nos va descubriendo el reverso de una situación dramática. Pero, además, Diome va más allá y se adentra en el universo de aquellas que se quedan (“Feminismo o no, alimentar sigue siendo una tarea impuesta a las mujeres). Incapaz de quedarse callada ante las injusticias que sufren los senegaleses (esa pesca que daba para comer hasta que los occidentales se la apropiaron), ante los remedios que se les ofrecen (el negocio de las piraguas y los microcréditos que acaban por ahogarles aún más) y ante esa ayuda sobre la que piensa que “despertar es descubrir que a Occidente no le interesa que África se desarrolle pues perdería entonces su vivero de mano de obra barata” (pág.234).

En Las que aguardan, Diome nos habla también de múltiples paradojas, como la que se da al comprobar que las mujeres que se han casado con hombres que se han quedado viven mejor que las que lo hicieron con los que partieron,  o al descubrir lo necesaria que era la pesca que ese hijo traía día a día y que ahora que no está se muestra como un trabajo al que no se le daba su verdadero valor. Y, sin dejar de mirar hacia dentro, nos describe una sociedad polígama, patriarcal y llena de silencios, a través de la que se descubre que “la palabra inmigración contiene múltiples realidades, algunas de las cuales son tan subterráneas que escapan a la agudeza de los analistas del fenómeno” (pág.43)

Marchas

LitERaFRicA está poblada de libros que hablan de marchas. Lo comenté con el Club. Hay por todo el blog múltiples referencias, dije, pero ellos/ellas querían un listado, algo que aglutinara en cierta manera lecturas en relación con el tema. Me sorprendió no encontrar ninguno entre los trescientos y pico escritos hasta la fecha y me pareció muy buena idea comenzar uno. Consciente de que al tratarse de una realidad poliédrica sus múltiples caras dan para más de una entrada, dejo, como siempre, la puerta abierta a vuestras aportaciones.

en-un-lugar-del-atlantico mas-alla-del-horizonte-9788496095168 ¡Puta vida¡-Sami Tchak escanear0050

Dinaw Mengestu, de origen etíope, está considerado el “escritor que narra la inmigración africana” (así a lo bruto). Su propio padre tuvo que huir de Etiopía, tras la subida al poder de Mengistu Haile Mariam, temiendo la cárcel o una ejecución. El propio escritor, afincado en EEUU, afirma que  la “narrativa del inmigrante” funciona, como tantas cosas, en forma de cliché, de rótulo, o de “cajón de sastre”, y a tratar de desmontar esta imagen ha dedicado sus tres novelas publicadas 418juutKEEL._hasta el momento: The Beautiful Things That Heaven Bears, El lugar del aire y Todos nuestros nombres

Otros nombres nos hablan de las mujeres que dejaron Ghana y acabaron prostituidas en Alemania (Más allá del horizonte de Amma Darko), de los que atravesaron el Sahel descubriendo geografías a base de necesidad (Los pies sucios de Edem Awumey), de los que se metieron en una zodiac en Marruecos camino a la esperanza de una vida mejor (Esperanza y otros sueños de Laila Lalami), de los que huyeron de la pobreza y de un régimen asfixiante como el de Guinea Ecuatorial (El metro de Donato Ndongo) y también de los que se tuvieron que marchar porque les impedían amar a los que querían (El ejército de salvación de Abdelá Taia). 

Las experiencias y la vida de muchos de ellos ya en el lugar de llegada también se han visto reflejadas en obras como ¡Puta vida¡ (Sami Tchak) que es un compendio de situaciones que pueden atravesar los hijos de los inmigrantes, en esa sombreada tierra del medio, entre sus orígenes (que desmitifica y muestra en uno de sus lados menos conocido, pero no por ello menos real) y el país de acogida (que no los quiere allí). O la misma Americanah de Chimamanda Adichie Ngozie, que se abre a las personas que, como la propia Adichie, han realizado estudios en el extranjero y después han regresado.

La tierra prometida de Pathé Cissé se inscribe dentro de las obras de no ficción, contadas en primera persona por sus mismos protagonistas. Mahmud Traoré dedicó más de tres años de su juventud a llegar a Europa, en un viaje que le llevó a través del Sahel, el PARTIR PARA CONTAR PEQUE(1)Sáhara, Libia y el Magreb y que narró en Partir para contar (en colaboración con Bruno Le Dantec). “Hay más personas que mueren en el desierto que en la valla… pero eso no importa, claro, eso no sale en las noticias, porque están lejos… cuando están cerca sí que es peligroso, ¿no?”, ironiza. También Mamadou Dia contó su viaje en su libro 3052: Persiguiendo un sueño, que se pudo publicar gracias a una campaña de crowfunding. Cuando se le pregunta a este senegalés cuál era su situación antes de tomar la decisión de subirse a un cayuco contesta:Una situación malísima. Estaba estudiando en Dakar y mi madre me mantenía. Se pasaba todo el día trabajando, desde la madrugada. Mis hermanos tampoco trabajaban aun estando formados. Una situación de precariedad. Había mucha población juvenil parada. Yo no quería tener estudios y estar en Senegal dando vueltas…”

Otro punto de vista nos los dan los que nos acercan a los africanos/as que viven entre nosotros bien sea a través de la novela negra (Jon Arretxe y sus libros sobre el detective – vidente Touré en la pequeña África bilbaína) bien a través de la novela juvenil (Me llamo Suleimán de Antonio Lozano) que intenta que los jóvenes miren de otra manera a estas personas que acumulan “los dramas impersonales de cada día, el dolor vivido y una profunda sensación de  injusticia“. Por último José Naranjo y sus obras, Cayucos y Los Invisibles de Kolda que se escriben dentro del reportaje periodístico, rescata del olvido la que está considerada como “la mayor catástrofe de la historia de la inmigración africana hacia Europa” y vuelve visibles a los que una y otra vez hemos invisibilizado: “Cuando los jóvenes africanos van a subirse al cayuco en dirección a Canarias piden a su marabout un conjuro que los haga invisibles y esquivar así la vigilancia europea. Gran conjuro debe ser que mueren a cientos y nadie en Europa se preocupa por ellos y que incluso a aquellos que logran llegar seguimos sin verlos”.

En un lugar del Atlántico-Fatou Diome

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Ahora que ha terminado el Mundial os hablo sobre un libro que describe, entre muchos otros temas, la pasión por el fútbol de un grupo de jóvenes senegaleses. Para estar al tanto de lo que va ocurriendo en la “Copa Europea de fútbol 2000”, uno de ellos, Madické desde una isla frente a Dakar, telefonea a su hermana, Salie, que vive en Francia, para que ésta le vaya retransmitiendo los partidos en los que juega su ídolo. En el fondo, la pasión por el fútbol no es hacia el deporte en si mismo, sino a lo que él,  junto con muchos jóvenes,  cree o piensa que puede conllevar: salida de la pobreza, respeto, fama…

Fatou Diome logró, en esta su primera novela, transmitirnos con ternura, ironía e incluso humor, varios mundos; el de un pueblecito de pescadores en Senegal y el de la Francia más inhóspita. Diome, quien afirma: “nada de aquello que concierne a la literatura es ajeno a lo humano. Así que todo lo que tiene que ver con el lugar de origen de alguien es soluble en la propia humanidad”, nos muestra la más amarga de las tristezas y el más sincero de los cariños, las tradiciones junto a la modernidad, el individuo frente a lo colectivo, el sueño y la realidad a través de un puñado de personajes de su tierra natal.

Salie vive en un pequeño apartamento en Estrasburgo, sola, después de casarse con un hombre blanco y ser rechazada por la familia de éste en Francia y divorciarse y conocer las penalidades por las que pasan la mayoría de las mujeres emigrantes africanas. En la actualidad escribe y tiene una situación más desahogada, y, sin embargo, no quiere que su hermano, que reclama su ayuda para marcharse a Francia, emigre como ella. Salie, como la propia Diome (el libro tiene muchos paralelismos con su vida), habla desde la experiencia de la emigración, intentando hacer ver a su hermano que no todo es tan “de rosa” como se lo cuentan. Pero, ¿cómo le va a convencer Salie si su hermano tiene ejemplos demoledores a su alrededor como el rico que vuelve, el hombre de Barbés, y se exhibe sin pudor, ocultando la verdad que está detrás de su prosperidad?, ¿cómo le va a convencer Salie si ella misma no quiere regresar?.

Por un lado, lo que Fatou Diome descubre en En un lugar del Atlántico es el drama del emigrante en tanto persona que marcha para llegar a una especie de El Dorado. La creencia de que fuera de África, sobre todo en Europa, la vida que le espera será por fuerza mejor, hace que el que marcha no pueda decir que ha fracasado. En este sentido, la novela de Diome nos habla sobre la imposibilidad del que parte de contarles a los suyos las penurias por las que ha pasado, la situación en la que se encuentra, incluso el mismo hecho de no haber obtenido nada de lo que pensaba obtener: el haber fracasado, en una palabra. Moussa, el joven que partió para convertirse en futbolista y que no logrará su objetivo, mostrando con su historia la de tantos “juguetes rotos” enlodados con la otra cara-trampa de este deporte, será  incapaz de contar la verdad y no soportará la vergüenza de su vuelta teniendo un final trágico. Su historia sirve de ejemplo al maestro del pueblo para que los demás jóvenes reconsideren su intención de partir, azuzada ésta por la ostentación de otros que regresan de Europa con dinero, ocultando la manera en la que lo ha logrado, orientando siempre su narración hacia el éxito y el dinero y olvidandóse de contar la otra cara de su exilio

Por otro lado, Salie, rota en varias identidades, vaga en un mundo cuyos únicos anclajes verdaderos son los afectos: su abuela, su hermano.  Y al tiempo su vida se desenvuelve en un lugar que aún extraño, forma también parte de ella. No quiere prescindir de la libertad que posee en Francia, pero sabe al mismo tiempo que el precio es demasiado alto: no estar con los que ama. Conoce lo que es perder a los que se quedan, el tremendo dolor de vivir con ese profundo surco el tiempo que le reste.”¿Qué significa la libertad, salvo la nada, cuando ya no se refiere al otro?” (pág.202).

¿Volver?. Puede llegar un momento en el que no se sepa muy bien a dónde, partida de forma salomónica en dos mitades reclamadas cada una de ellas por Europa y por África, “arraigada en todas partes, exiliada siempre” (pág. 193). Pero Salie, como Diome, escribe. No podemos olvidar que estamos escuchando la historia de una emigrante escritora.  Sabedora de que cada libro leído, cada cuaderno llenado, cada diccionario consultado suponen un ladrillo menos entre los dos mundos, Salie afirma: “Busco mi territorio en una playa blanca; un cuaderno cabe en una bolsa de viaje. De modo que mi casa es ese lugar donde dejo mis maletas” (pág.271)

El exilio es mi suicidio geográfico. Lo que está más alla me atrae pues, virgen de mi historia, no me juzga sobre la base de los errores del destino, sino en función de lo que he decidido ser; es para mi una prenda de libertad, de autodeterminación. Partir es tener el valor de parirse a una misma, pues nacer de sí es el más legítimo de los nacimientos. (Página 240)

Ficha:

  • Título original:  Le ventre de l´Atlantique (2003)
  • Idioma: Original: Francés
  • Traducción al castellano: Editorial Lumen (2004)
  • Traductor: Manuel Serrat Crespo
  • Imagen de portada:  Fotografía de
  • Nº páginas: 271

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