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Entradas de la Categoría ‘Djebar, Assia’

La lista de escritores argelinos de Assia Djebar

Responde Ryszard Kapuscinski en Los cínicos no sirven para este oficio a la pregunta de la entrevistadora que le requiere los lugares que más le han impresionado del continente africano, resaltando dos: uno de ellos es Argelia. Este fascinante país norteafricano ocupa un lugar destacado también en este blog, por el que han pasado, de momento, reconocidos escritores: Mohammed Dib, Malika Mokkedem, Yasmina Khadra y Rachid Boujedra. En El blanco de Argelia, título que hace mención al color del luto de los musulmanes, la escritora hace un repaso de muchos de los más importantes escritores de su generación.

Assia Djebar, tantas mujeres en una sola, nos entrega un libro que tiñe de blanco los recuerdos y la lengua, una especie de procesión (homenaje) de los muertos que le hablan, escritores que murieron por enfermedad, accidente o por asesinato. En concreto, rememora “a tres de ellos: Mahfud Boucebci -psiquiatra y autor-, M´hammed boukhobza -sociólogo y autor-, y Abdelkáder Alloula -uno de los más populares dramaturgos argelinos-. Es de nuevo “la escriba de Argelia” cuyo grito ahogado vuelve a emerger de su pluma que tantas veces ha buscado el lenguaje con el que poder hablar de ellos, de sus “queridos desaparecidos”. Porque una vez llega el dolor intenso, aparece también la tensión de no saber cómo expresarlo. “¿Cómo escribir sobre los muertos?, ¿qué alfabeto y qué lengua utilizar?: ¿aquel doble, de Dugga, o el de las piedras de Cesarea, el de mis amuletos infantiles, o en el de mis poetas franceses y alemanes?“, se preguntaba en otra obra suya Grande es la prisión.

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Fotografía: Ramzy Bensaadi, fotógrafo argelino

Argelia sufrió una de las guerras de independencia (1945-1962) más largas y duras del continente africano. En 1965 los militares se harían con el gobierno bajo la figura de Bumedián: “la tortura por razón de Estado  se abate tanto sobre la extrema izquierda como sobre los comunistas” (pág.242). Y la primera manifestación de resistencia democrática, escribe Assia Djebar, se concretará en luchar contra la tortura y denunciarla. “Un libro, El cuaderno negro de octubre, publicado en Argel, será el tercer jalón de esta literatura testimonial y de denuncia: El interrogatorio, en 1958, La arbitrariedad, en 1966 y, finalmente, este Cuaderno negro.” Es a finales de los 88-89 cuando los intelectuales se manifiestan en lucha por la democracia. Son sus amigos los que ella verá sucumbir, toda una generación de intelectuales.

¿Pero qué es lo que busco mientras hago que desfile esta procesión mortuoria? (Me atenaza la angustia, tal vez me atrape el violento deseo de pasar allá, del otro lado, también yo, de reunirme con ellos, aliviada y feliz, y, como ellos, evanescente) […] Nada a nuestro alrededor: ¿habéis dicho Argelia? ¿La del sufrimiento de ayer, la de la noche colonial, la de las mañana de fiebre y trance? Habéis dicho esta tierra, este país: no, un sueño de arena: no, una nutrida caravana, pero desvanecida: no, un Sahara completamente ahogado de petróleo y barro, un Sahara traicionado… (pág.180)

Fotografía: Ramzy Bensaadi

Fotografía: Ramzy Bensaadi, fotógrafo argelino

De funeral en funeral, las muertes de estos seres queridos van apareciendo y descubriéndonos mucho más de lo que a priori pudiéramos pensar (a través de la manera en la que se llevan a cabo las distintas celebraciones mortuorias se va mostrando un tapiz de una Argelia en la que habita la diversidad social, religiosa, política o cultural, “varios estilos enfrentándose al borde de las tumbas abiertas”). El enfado que aparece cuando, tras la muerte de Mulud Mammeri (escritor, lingüista y antropólogo), la televisión argelina habla de él por segunda vez, la primera fue para insultarle y la segunda para anunciar su desaparición, sin que pudiera emitir ninguna imagen de él, “porque nunca te había dado la palabra”, es parejo a lo que denuncia la escritora tras los funerales de Kateb Yacine: “se ha hablado y requetehablado de cómo los imanes de las mezquitas integristas lo habían convertido en el blanco de sus inflamados discursos: le prodigaron todos los insultos y todas las fatwas, y él riéndose a carcajadas desde el otro lado. Estos nuevos acusadores no habían leído una sola línea de Kateb: por supuesto, debieron de contarles lo de La Internacional, cantada en medio de las tumbas musulmanas” (pág. 211).

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Fotografía: Ramzy Bensaadi, fotógrafo argelino

En la lista de Assia Djebar aparecen: Albert Camus y Frantz Fanon y su mujer la periodista Josie Fanon que se suicidó. Los escritores asesinados: Mulun Feraoun, Tahar Djaout, Jean Sénac, Yúsef Sebti y Said Mekbel junto a los intelectuales que fallecieron por diversas causas (enfermedad o accidente): Jean Amrouche, Malek Haddad, Mulud Mammeri, Kateb Yacine, Anna Greki, Taos Amrouche y Bashir Hach Ali. La escritora apela a la memoria y al horror, el dolor de familiares y amigos, para mostrarnos una parte de la historia de su país, “una Argelia sangre-escritura” que nos lleve a entender “los funerales de ayer, los de la utopía argelina”.

Actualmente, en Argelia, tras los asesinatos en serie de escritores, periodistas e intelectuales, a los que se responde con una creciente represión – única política enarbolada contra un integrismo religioso decidido a tomar el poder cueste lo que cueste – y, delante de las convulsiones que hunden a mi país en una guerra a la que no se llama por su nombre, que vuelven a llamar “acontecimientos”, en esa vuelta a la violencia y a su vocabulario anestesiante, ¿qué es el “blanco”? (el blanco del polvo, de la luz sin sol, de la dilución…), ¿y por qué nombrarlo aquí?

Por mi parte, sólo puedo expresar mi desasosiego de escritora y argelina en referencia a ese color, o más bien, no-color “El blanco actúa sobre nuestra alma como el silencio absoluto”, decía Kandisky (pág. 298)

Ficha:

  • Título original:  Le blanc de l´Algerie (1995)
  • Idioma: Original: Francés
  • Traducción al castellano: Ediciones del Oriente y del Mediterráneo (1998)
  • Traductor: Inmaculada Jimenez Morell
  • Imagen de portada:  A partir de “La paix dans la lumière” (fragmento), òleo sobre tela de Paul-Elie Dubois
  • Nº páginas: 302
  • Revista 2384-Nº12 abril, artículo sobre Assia Djebar aquí

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Mal fin de semana para las letras, nos dejan: André Brink y Assia Djebar

descarga (3) Assia Djebarcopyright Giovannetti/effigie

Este fin de semana han muerto dos grandes escritores: del norte y del sur africano. Un hombre y una mujer. Nacieron con un año de diferencia y han fallecido el mismo día, el 6 de febrero. Dos activistas, dos personas comprometidas, versátiles, y dos escritores imprescindibles.

André Brink (Sudáfrica, 1935)

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André Brink fallecía, en un vuelo con destino a Ciudad del Cabo desde Ámsterdam, donde había recibido un doctorado honorario,  a la edad de 79 años. Novelista, dramaturgo, escritor de viajes, traductor, escritor, crítico y académico. Sudafricano de nacimiento, estudió también en París y después regresó a su tierra. Comprometido luchador contra el apartheid, fue uno de los promotores del movimiento literario anti-apartheid de los “Sestigers” (escritores de los 60 que pretendían formar una tradición literaria en afrikaans que se distinguiera claramente de la de lengua inglesa, y ampliar los límites de la ficción en dicha lengua). Los miembros del grupo “Die Sestigers” propusieron una literatura comprometida: la literatura afrikaans debía contribuir con sus propios medios a cambiar las condiciones sociales y tratar los temas sociopolíticos de actualidad [*].

Su debut como escritor lo realizó en 1962 con la publicación de su novela Lobola vir die lewe (Brink escribió tanto en afrikaans como en inglés). Su novela Kennis van die aand (publicada en 1973 y traducida al castellano bajo el título Mirando la oscuridad), fue la primera novela escrita en afrikaans prohibida por el gobierno del apartheid.

En 1976, An Instant in the Wind fue seleccionada para el Booker Prize, situación que se repitió en  1978 con su novela Rumours of Rain. Recibió múltiples premios y fue nominado al Nobel de Literatura en varias ocasiones.

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Cartel película “A Dry White Season”

Su mayor éxito internacional llegó con A Dry White Season, escrita en 1978, que cuenta la historia de un sudafricano blanco que investiga la muerte de dos amigos negros,  padre e hijo, opuestos al régimen del apartheid.

Fue llevada al cine y protagonizada por Donald Sutherland, Susan Sarandon, Zakes Mokae y Marlon Brando, quien fue nominado a un Oscar por “Mejor Actor de Reparto”.

Tras las rebeliones estudiantiles de Soweto, desaparece un estudiante. El profesor empieza a buscarlo y, a lo largo de las indagaciones, aprende dolorosamente que no se trata de una ley que obedece a una estructura burocrática sino que tiene que lidiar con una tremenda máquina de matar, que está dispuesta a llevar adelante su perversa noción de «ley» y «superioridad racial» con una extrema brutalidad. Al proporcionar una nueva perspectiva sobre la concienciación política del ciudadano corriente de clase media, André Brink, con esta novela, enriqueció la literatura sudafricana. Sin embargo, desde el punto de vista estrictamente literario, es su obra de ficción más floja. [Diccionario de Literatura del África subsahariana. Editorial Virus. pág. 35]

Tradujo más de 60 obras al afrikaans, entre ellas Don Quijote de la Mancha.

Su última novela publicada fue Philida (2012) con la que volvió a quedar finalista del Man Booker.

Obras publicadas en castellano:

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Mantis religiosa. La Otra Orilla

El embajador en París (1963). Javier Vergara Editor
Un instante en el viento (1976) An Instant in the Wind. Javier Vergara Editor
Rumor de lluvia (1978) Javier Vergara Editor
Mirando a la oscuridad (1979) Editorial Diana
El muro de la plaga (1984) The Wall of the Plague. Javier Vergara Editor
Estados de emergencia (1988). Javier Vergara Editor
La primera vida de Adamastor (1994) Anaya & Mario Muchnik
Al contrario (1996) Anaya & Mario Muchnik
Los derechos del deseo (2002) Ediciones del Bronce
Mantis religiosa(2005). La Otra Orilla

[*] Diccionario de Literatura del África subsahariana.

Assia Djebar (Argelia, 1936)

assia_djebar2 assia_djebar Assia Djebar copyright Giovannetti/effigie

Assia Djebar, seudónimo utilizado por Fattma Zohra Imalhayène, falleció a la edad de 78 años, en un hospital parisino. Nació en una Argelia aún colonia francesa. Por línea materna tenía antepasados bereberes lo que con frecuencia ha aflorado en su literatura. Su padre la envió en 1955 a la escuela normal superior en Sèvres (Francia), antes ya había pasado por la escuela coránica, convirtiéndose en la primera mujer musulmana en conseguir ser aceptada.

En 1956, durante la huelga de estudiantes argelinos en París, escribió su primera novela, La Soif. Su hermano fue detenido a los 17 años en la guerrilla. Assia colaboró, en 1958, en el Moudjahid del Frente de Liberación Nacional (FLN). Después de la independencia argelina, en 1962, regresó a su país y trabajó como profesora de historia moderna y contemporánea, en la Universidad de Rabat y luego ingresó como docente a la Universidad de Argel.

Tras el golpe de estado de Boumedian, se trasladó a París, donde se dedicó a actividades de crítica literaria y cinematográfica y al teatro. En 1973  puso en escena una obra teatral sobre Marilyn Monroe, de Tom Eyen. En 1974 regresó a la Universidad de Argel. En los años siguientes realizó dos largometrajes (“La Nouba des femmes du mont Chenoua“, premio de la crítica en la Bienal de Venecia de 1979 y la “Zerba ou les chants de l´oubli”)

He tenido dos maridos y de los dos me he separado. Mi hija vive en París; mi madre, entre París y Argelia. Yo vivo sola en Estados Unidos y vivir sola me permite una especie de exilio muy especial. Siempre he vuelto a Argelia, incluso en los años más negros, entre 1992 y 1997, porque mi hija estudiaba allí. Ahora las cosas están mejor. La resistencia de las mujeres, de los opositores y de los demócratas ha impedido que Argelia se convierta en una república integrista. [Fragmento entrevista realizada por Rosa Mora en 2002 para el periódico “El País”]

Miembro de la Academia Francesa de las Letras (primera mujer de origen magrebí en serlo), manifestó, en el discurso pronunciado con motivo de la recepción del Premio de la Paz 2000, “la imperiosa voluntad de no olvidar”. Bajo este propósito inició con El amor, la fantasía la redacción de un cuarteto para contar la historia de Argelia colonizada y, al tiempo, su propia historia.

Su nombre aparecía una y otra vez en las nominaciones al Nobel de Literatura sin que llegara a conseguirlo nunca. Sí que se hizo con numerosos reconocimientos, entre otros, el prestigioso Neustadt en 1996.

Contó la historia desde el punto de vista de la mujer. Su compromiso con la liberación de la mujer argelina se propuso como parte integrante de la liberación nacional. Exprimió la escritura para contarse a si misma, al tiempo que contaba la desangrada historia argelina. Puso voz, en francés, pero volviendo siempre la mirada a su lengua materna, a la historia de múltiples mujeres silenciadas, valientes y a menudo “fugitivas sin saberlo”.

Obras traducidas al castellano y al catalán:

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  • “Cuarteto argelino”: compuesto por El amor, la fantasia (1985); Sombra sultana (1995); Grande es la prisión (1997); El Blanco de Argelia (1998) Ediciones Oriente y mediterráneo
  • Lejos de Medina: hijas de Ismael Alianza Editorial (1992)
  • Las noches de Estrasburgo Editorial Alfaguara (2002)
    • Les nits d Estrasburg [cat.] Edicions 62 (2002)
  • Sombra sultana Editorial Alpha Decay (2003)
    • Ombra sultana [cat.] Edicions 62 (2002)
  • Dones d’Alger en les seves estances [cat.] Pagés Editors (2002)
  • Sin habitación propia Editorial Lumen (2009)

[*] Fuentes consultadas : Ediciones Oriente y Mediterráneo

El déjà vu de los candidatos africanos al Nobel de Literatura

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Empiezo a sentir una especie de déjà vucada vez que se anuncian las apuestas para ganar el Premio Nobel de Literatura, en relación con los posibles nombres que se barajan en general y en particular por parte del continente africano. Si clikais aquí, aquí y aquí vais a entender en seguida el porqué.

La diferencia fundamental está en el orden, en 2010 el primero de los autores africanos con posibilidades era el keniata Ngũgĩ wa Thiong’o y parece que ocurre lo mismo este año. En cambio, en 2013 se le adelantaba la argelina Assia Djebar. El somalí Nuruddin Farah, en cambio, siempre ha estado en un discreto medio. En las apuestas de Ladbrokers para este año (es muy significativo que los posibles ganadores salgan de los resultados que arrojan los apostantes, lo que ahonda en la imagen que el propio premio refleja para muchos) aunque el japonés Haruki Murakami sigue estando el primero, sorprende que el segundo y tercer puesto lo ocupen escritores africanos, podría deberse a algún tipo de filtración, ya que a estas alturas los candidatos, que han sido nominados por miembros de la propia Academia Sueca, profesores de literatura en importantes universidades, sociedades literarias de gran prestigio o los propios autores premiados en ediciones anteriores, se han reducido a 5 nombres.

Si bien la lista repite posibles ganadores, sin introducir ninguna novedad por el momento (el año pasado se mencionó que también estaba Mia Couto-a recordar que ha ganado el “Premio Internacional Neustadt de Literatura” 2014-conocido como el Nobel americano, Ben Okri o Chimamanda Ngozi Adichie), no propiciará la polémica que surgió el año pasado en el continente africano. Cuando, tras la muerte de Chinua Achebe,  Wole Soyinka desveló, en una entrevista para “Sahara Reporters”, que había recibido peticiones y solicitudes por escrito para que él, como ex ganador del premio, utilizara su posibilidad de nominar candidatos y apoyará el nombre de Achebe para concederle un premio póstumo. Soyinka consideró tal petición como algo “obsceno e hipócrita” y que, en el fondo, le hacía un flaco favor al ya universal nigeriano; Chinua Achebe no necesitaba ganar ningún premio póstumo para ser considerado un gran escritor, su obra ya hablaba por él.

Este año se apunta con fuerza, de nuevo, hacia Ngũgĩ wa Thiong’o. Su primera novela fue escrita en 1962 Weep not Child (traducida al euskera por la editorial Txalaparta, bajo el título Negarrik ez, haurra), en la que contaba la oposición de los Mau Mau frente a la autoridad colonial británica, después vinieron, entre otras, Un grano de trigo, El diablo en la cruzMatigarisu hilarante, brillante y genial El brujo del cuervo, cuya historia transcurre en la imaginaria República Libre de Aburĩria. Su faceta de pensador ha alumbrado varios títulos como el ensayo Decolononising the Mind: The Politics of Language in African Literature y también ha escrito obras de teatro como Ngaahika Ndeenda Ngaahika Ndeenda (Me casaré cuando yo quiera), que fue representada en Kenia y motivo de su encarcelamiento. Lo más reciente lo ha publicado en 2012 con la segunda parte de sus memorias, In the house of the interpreter. En Ngũgĩ, se une una alta calidad literaria con una vida de compromiso y denuncia.

Si bien no es una mujer (13 ganadoras de un total de 113, de las que sólo una ha sido africana: Nadine Gordimer, ninguna africana negra), escribe en su lengua materna, gikuyu o kikuyu. Para un premio en el que la mayoría de los ganadores son escritores en lenguas europeas (el top lo tiene el inglés e idiomas como el árabe solamente tienen un ganador en nómina, el también africano Naguib Mahfuz), un ganador que se negó a usar la lengua del colonizador, desafiando la hegemonía del inglés, y apostó por el uso de una lengua propia, con los obstáculos para la difusión que suelen acompañar a este tipo de opciones, sería una victoria y un reconocimiento también para las miles de lenguas que en el mundo siguen vivas y tienen voluntad de perdurar y seguir siendo vehículo de expresión literaria.

Pero, tan injusto como el olvido de tantos otros nombres que deberían de haber figurado como ganadores, eternos candidatos que nunca lo lograron, puede ser el hecho de que  Ngũgĩ wa Thiong’o pase a ser recordado como una rara avis; algo así como “el Nobel que escribía en un idioma africano”, es decir, como otro exotismo más que unir al continente. Me estoy adelantando, lo sé, pero es mejor decirlo desde ya: Ngũgĩ wa Thiong’o es un gran escritor, que ama su cultura y que además escribe en su lengua materna: una lengua africana, gikuyu. 

5 escritoras africanas para leer online

El relato corto o cuento es un género bastante frecuentado en el continente africano. Uno de los principales premios que se conceden allí es el Premio Caine, que premia, anualmente, el mejor relato original de un autor africano y publicado en inglés. A veces, es llamado el “Booker africano” y este año ha recaído en la escritora keniata Okwiri Oduor.

A continuación, os acerco cinco relatos de otras tantas escritoras africanas, que se pueden leer online y en castellano. Proceden de generaciones y países diferentes, tanto del norte del país como del áfrica sub-sahariana, y las temáticas también son diversas: desde la homosexualidad y el choque religioso, hasta el intento de explicar cómo se mueve el mundo.

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“El Señor de la casa” forma parte del libro Los deseos afines de la editorial Dos bigotes y es un relato de Beatrice Lamwaka. Esta ugandesa, secretaria de la Asociación de Escritoras de Uganda (FEMRITE), nos acerca una historia conmovedora, mediante la evocación de una persona que sufrió en el pasado el rechazo, debido a su escasa masculinidad. Tal y como recoge la profesora Pumla Dineo Gqola en el prólogo del libro: “El señor de la casa es una historia de amor en el sentido más radical: el empeño en reclamar la parte de nosotros mismos que repele y asusta a los demás. Es lo que hacía sentir bien a la narradora cuando era una niña y ahora como una mujer adulta. Es una reivindicación del amor, entendido como una fuerza transformadora del mundo y como un regalo a uno mismo.”

Lo podéis leer aquí, vía GuinGuinBali

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“Una experiencia privada” es uno de los relatos que componen el volumen Algo alrededor de mi cuello de la editorial Alfaguara, todos ellos escritos por Chimamanda Ngozi Adichie. Esta nigeriana que tuvo como padrino literario a Chinua Achebe, es la escritora africana más conocida y reconocida en la actualidad. No se entiende una lista con nombres de su continente en la que no aparezca ella. Hasta Beyoncé ha caído rendida a sus piesEn “Una experiencia privada” nos encontramos con dos mujeres de edades y estrato social muy diferentes; una cristiana, moderna y que conoce el extranjero, y la otra musulmana, más humilde, que jamás ha viajado fuera, que se esconden juntas en una tienda vacía, tras unos altercados en el mercado. Ellas esperan, ocultas, a que se pase el peligro conversando, “mientras las dos hablan, hay musulmanes hausas matando a cristianos igbos a machetazos y pedradas“. De eso se enterarán después.

Lo podéis leer aquí, vía Mango Street

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“La liberada” forma parte del volumen Lejos de Medina, que reúne una serie de crónicas en las que la intención última es resucitar numerosos destinos de mujeres. No es algo nuevo en la narrativa de Assia DjebarEn realidad el nombre con el que se la conoce es el seudónimo literario de Fatema Zohra Imalayen. Esta mujer multifacética, lo mismo escribe novelas que dirige películas con gran éxito. Mujer comprometida con su país, después de la independencia de Argelia y de trabajar como periodista para un diario del FLN, ejerció de profesora en la universidad, hasta que, a causa del golpe de Estado de Bumedián, se vio obligada a abandonar Argelia. Eterna candidata al nobel de literatura, lleva mucho tiempo sin publicar nada. Desde 2005 es miembro de la Academia Francesa.

Lo podéis leer aquí, vía Mango Street

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Eté Utú de por que en África las cosas son lo que son es un libro publicado en el 2009 cuyo título significa: “¿Y por qué?”. Incluye 31 cuentos de tradición oral de las aldeas y pueblos de la República de Benin y recopilados en sus lenguas tradicionales (gun, fon o yoruba). En estos cuentos se trata de explicar el mundo y su funcionamiento. El volumen está ilustrado con fotos en blanco y negro de Serrat Agboton y la autora de la selección es Agnes Agboton quien ha realizado una importante labor al recuperar estas narraciones orales y quien afirma: “A uno y otro lado del mar de arena los hombres y las mujeres no son, a fin de cuentas, tan distintos”.

Podéis leer dos narraciones del mismo aquí (clikar en el icono pdf), vía Biblioteca Cervantes

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Nadine Gordimer nos abandonó este mismo año. La muerte le llegó a los noventa años, tras haber publicado en 2013 su última novela Mejor hoy que mañana, que parecía premonitoria desde el mismo título. Esta obra es una especie de testamento, en el que hace un repaso al momento actual que se vive en Sudáfrica, al tiempo que, realista y desilusionada, transmite su intención de no resignarse ya que para ella todavía quedan motivos para la esperanza. “¿No hay otro lugar donde podamos encontrarnos?” forma parte de uno de los varios libros de relatos que Nadine Gordimer escribió: La suave voz de la serpiente, y “Dos metros de tierra”, al volumen que lleva el mismo título.

Lo podéis leer aquí, vía Mango Street

 

El amor, la fantasía- Assia Djebar

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Assia Djebar, escritora, historiadora, cineasta y miembro de la Academia Francesa de las Letras, manifestó, en el discurso pronunciado con motivo de la recepción del Premio de la Paz 2000, “la imperiosa voluntad de no olvidar”. Bajo este propósito inició con El amor, la fantasía la redacción de un cuarteto para contar la historia de Argelia colonizada y, al tiempo, su propia historia. El comienzo de esta novela se sitúa en 1830, momento en el que la Armada francesa tomó Argel. Después, su memoria desangrada se vertió en otras tres novelas más; Sombra sultana, más íntima, Grande es la prisión, compendio de historias de mujeres “fugitivas sin saberlo” y, la última, El blanco de Argelia, cuyo título hace alusión al color del luto para los musulmanes.

Mezcla de autobiografía y de Historia, intercala reflexiones, momentos íntimos y personales de su propia vida, con hechos históricos que marcaron la doliente historia de Argelia. La escritora se sitúa a si misma en los márgenes de ese mundo de sus antepasados que trata de recuperar. El peso de la educación occidental que recibió la convierte en un “yo” disperso entre las dos orillas. Por ello, en El amor, la fantasía, intenta volver a esos inicios míticos o reales que la reconcilian con una parte de si misma a la que renunció.

La novela es la voz de las mujeres. Cada una de ellas contando su historia a través de ella, abrazando la voz colectiva, para que no se pierda y para reencontrarse en ellas. Formando una contracorriente a la historia oficial siempre narrada desde el punto de vista del hombre. Mujeres tremendas, luchadoras e incansables, que conmueven y mueven sentimientos. Madres que pierden hijos, amantes que se ven despojadas de sus vidas, hermanas que acompañan desde lejos, y tan cerca, el largo destierro carcelario. Mujeres brutales y heroicas, que sufren situaciones atroces. Mujeres marcadas por la tradición. Al contrario que ella misma, quien desde el mismo inicio se nos enseña como una chiquilla que va de la mano de su padre hacia la escuela francesa, Assia Djebar tuvo una educación diferenciada al resto de las mujeres que la rodeaban, existencias que la escritora expone, en diversas ocasiones, ante nuestros ojos. “¿Cómo una mujer podría hablar alto, ni siquiera en árabe, sino a las puertas de la vejez? ¿Cómo decir “yo”, pues eso sería desdeñar las fórmulas – pretexto que sujetan la trayectoria individual a la resignación colectiva?” (pág. 210)

La palabra de Djebar, “que solo aspira a una escritura de transhumancia”,  es tenaz y se revuelve a su pesar mientras usa el francés “el idioma del enemigo”. “Pues para mí, las viviendas francesas exhalaban un olor diferente y reflejaban una luz secreta-mi mirada permanece, desde entonces, fascinada por el espacio de los “Otros” (pág.37). Argelia colonizada. Sangrante y herida. La tribu de los Uled Riah aniquilada en sus cuevas. Las prisiones aterradoras, donde se tortura y martiriza. Sus mujeres que, mientras que el hombre sigue teniendo derecho a las cuatro esposas legítimas, disponen de cuatro lenguajes para expresar su deseo: el francés para la escritura secreta, el árabe para sus suspiros hacia Dios, el líbico-bereber para sus encuentros con sus ídolos más antiguos, el del cuerpo, que busca como un analfabeto, el destino de su mensaje de amor.

La escritura, para Djebar, es quitarse el velo en público. Y así lo demuestra: “Desnudarme en esta lengua hace que me mantenga en peligro constante de deflagración. Del ejercicio de autobiografía en la lengua del adversario de ayer…” (pág.282).

Aquellas dos argelinas-una agonizante ya casi rígida, con el corazón de un francés en la mano ensangrentada, y la segunda, en un arranque de bravura desesperada, haciendo estallar el cráneo de su hijo como una granada de primavera, antes de morir, consolada-aquellas dos heroínas entran, de ese modo, en la historia nueva.

Escrupulosamente, recojo la imagen, dos guerreras entrevistas, de espaldas o de soslayo, en medio del tumulto, por el ayundante de campo de mirada incisiva. Anuncio de una fiebre alucinadora, herida de locura… Imagen inauguradora de las futuras “mater dolorosas” musulmanas que, necróforas de harén, parirán, durante la sumisión del siglo venidero, generaciones de huérfanos sin rostro. (pág. 31)

Ficha:

  • Título original:  L’amour, la fantasia (1985)
  • Idioma: Original: Francés
  • Traducción al castellano: Ediciones del Oriente y del Mediterráneo (1990)
  • Traductor: Inmaculada Jimenez Morell
  • Imagen de portada:  A partir de “Corriendo la pólvora”, acuarela de Matteo BRondy (portada) y “Mujeres de Argel en las terrazas” (detalle) óleo sobre tela de Jules Muenier (contraportada)
  • Nº páginas: 296
  • Premios del libro: Premio de la Paz año 2000 en la feria de Francfort
  • Leer comienzo del libro, aquí

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Y el Premio Nobel de Literatura 2013 va para…

descargaYa lo he dicho en más de una ocasión. Debería de ir a África. En todas partes hay buenos escritores/as, también allí. En marzo de este año murió Chinua Achebe. Ya es tarde para reconocer todo lo que este hombre aportó a la literatura. Como en tantas ocasiones, otro agravio más para este continente. Sólo cuatro escritores africanos han sido galardonados con el premio desde su creación: Wole Soyinka (1986), Naguib Mahfouz (1988), Nadine Gordimer (1991) y JM Coetzee (2005). A veces se añade también a Doris Lessing (2007) quien no nació en África, pero se crió allí y varios de sus libros están basados en este continente.

En las últimas horas las apuestas (no olvidemos que donde hay un premio, hay apuestas) que se están haciendo a través de Landbrokes (una empresa británica dedicada a juegos de azar y apuestas deportivas), van arrojando nombres. Estas apuestas aunque no siempre aciertan, a veces lo hacen, como ocurrió en  2011, cuando el Nobel fue para Tomas Tranströmer. Según Landbrokes, la lista de favoritos la encabeza el japonés Haruki Murakami.

Sin embargo, la Academia sueca suele provocar muchas sorpresas también y, como he dicho, la mayoría de las veces los apostantes no aciertan en el pronóstico. Por eso, no podemos olvidarnos de los nombres africanos que suenan con fuerza en la lista de Landbrokes (son nombres que año tras año aparecen como candidatos al Nobel) y que me sirven de excusa para hablar de ellos ahora en este blog:

Foto: Alfaguara

♦La argelina Assia Djebar está a 12/1:  (en árabe أسيا جبار ) seudónimo literario de Fatema Zohra Imalayen, nació en Cherchell, Argelia en 1936. Su nombre aparece a menudo entre los candidatos al Nobel. Escritora, cineasta y feminista comprometida, ingresó en la Academia Francesa en 2005. Su trayectoria literaria incluye poesía, teatro, drama, narración o ensayo, además de películas de cine. Recibió el prestigioso Premio Internacional Neustadt de Literatura. Entre su obra destacan: Grande es la prisión  (1995) y el Cuarteto Argelino en el que la autora recorre la atormentada historia de Argelia y se recorre a sí misma. Mujer comprometida con su país, después de la independencia de Argelia y de trabajar como periodista para un diario del FLN, ejerció de profesora en la universidad de Argelia, hasta que, a causa del golpe de Estado de Bumedián, se vio obligada a abandonar el país

Foto: La Vanguardia

♦El keniata Ngugi wa Thiong’o está a 20/1: Novelista, ensayista, dramaturgo, periodista, editor, conferenciante y profesor universitario, ha desarrollado además una importante labor como activista político y social. La publicación de Petals of Blood (1977), un fresco crítico acerca del régimen poscolonial del país, provocó su encarcelamiento. En prisión decidió abandonar el inglés y escribió en kikuyu, su lengua natal, la novela Caitani Mutharabaini (Diablo en la Cruz(1982). El acoso político y las dificultades para continuar trabajando en su país motivaron su exilio. Su siguiente novela, Matigari (1986), fue prohibida en Kenia. En 2004, tras la dictadura de Moi, trató de instalarse de nuevo en su tierra, pero fue torturado brutalmente junto con su esposa que fue violada. Su decisión de no volver a escribir en inglés y hacerlo solamente en kikuyu, le ha hecho ganar fieles seguidores en todo el mundo que admiran su firmeza y su compromiso. Entre su obra destaca más reciente destaca El brujo del cuervo.

♦El somalí Nuruddin Farah está a 100/1: Estudió en Chandigarh, India, así como en las universidades de Londres y Essex. From a Crooked Rib (1970) ha sido reconocida como la primera novela moderna escrita por un hombre centrada en la opresión de las mujeres. Ha escrito varias trilogías, la segunda es quizás la más conocida: Maps (1986), Gifts (1992) y Secrets (1998). Con Eslabones comienza su tercera y más ambiciosa trilogía, a la que pertenecen también Nudos y Crossbones. También es un escritor muy comprometido con su país, de hecho tuvo que exiliarse, sus libros críticos con la dictadura de Mohamed Siad Barre, provocaron su exilio de Somalia del que solo regresó en 1996. Actualmente reside en Ciudad del Cabo y hace periódicas visitas a su país. A nivel literario, sus obras tienen dos grandes protagonistas: la propia Somalia y su proceso de autodestrucción (“escribo sobre mi país, para tratar de mantenerlo vivo”), y el papel de la mujer somalí

Dentro de poco se va a conocer al Premio Nobel de Literatura 2013. Nunca he sido amiga de los grandes premios. En sus listas siempre hay dudosas distinciones y tristes omisiones. El Nobel de Literatura va unido, a menudo, a motivos ideológicos, políticos y de oportunidad. Además es un premio que desdeña a las lenguas minoritarias; la mayoría de los ganadores son escritores en lenguas europeas (el top lo tiene el inglés). En cuanto a las mujeres; 12 ganadoras de un total de 112. El mismo Chinua Achebe decía que si bien el Nobel era importante, era un premio europeo, no africano.

Hoy quizás tengamos un Nobel africano, cualquiera de los tres mencionados se lo merece, sé que no se debe de premiar nada más que la pura literatura, pero quiero destacar que en los tres mencionados se une una extraordinaria trayectoria literaria con un gran compromiso personal. Y si no lo ganan da igual, os invito a leer sus obras. Y las de Chinua Achebe.

Grande es la prisión- Assia Djebar

277ma

La historia de Tin-Hinan nos cuenta el viaje de una esbelta mujer que decidió abandonar su residencia de Tafilalet, en el suroeste del Atlas (en el actual Marruecos), montada en una camella blanca y acompañada de su doncella Tamakat y de un séquito de esclavos negros. Su caravana se estableció en el entonces fértil valle de Abalessa donde creó su reino y permaneció hasta su muerte. Se la considera la fundadora del pueblo Tuareg. En esta novela la escritora nos da a conocer las escrituras encontradas en su tumba, que son un legado de mujer más allá del tiempo.

Breve resumen:

Grande es la prisión que me aplasta, ¿de dónde me llegarás, liberación?. Dice la endecha bereber que abre esta novela sobre la Argelia de las mujeres de ayer y de hoy. Como en el presente de ese doliente país, se entremezclan tragedias, pasiones y mutaciones de unas mujeres que nunca se detienen: la narradora navegando por el desierto silencioso de una pasión no expresada; su abuela casada a los catorce años con un rico septuagenario, pero que supo ser ella misma e impuso su voluntad a un entorno asombrado; su madre, que rompe todos los convencionalismos de una ciudad provinciana y, sin velo, marcha a Francia a visitar a su hijo encarcelado en los años de efervescencia nacionalista… y otras muchas “fugitivas y sin saberlo”, que improvisan cantos de duelo, de alegría, de lucha… de esperanza. Las últimas páginas se tiñen con la sangre de los amigos asesinados en ese vértigo de locura que en los últimos años se ha apoderado del país. (Fuente: Ediciones Oriente y Mediterráneo).

Ficha:

  • Título original:  Vaste est la prision (1995)
  • Idioma: Francés
  • Traducción al castellano: Ediciones del oriente y del mediterráneo (1997). www.orienteymediterraneo.com
  • Traductora: Inmaculada Jiménez Morrell

Tras leerlo:

Escribir sobre el pasado es morir lentamente, como la propia escritora nos confiesa al comienzo del libro, es reabrir las heridas y dejar que afloren los testimonios hirientes y la historia dolorida, pero también otros sentimientos como la pasión, la tristeza o el horror, que en último término se convierten en imposibles de plasmar en toda su extensión.

Las mujeres que la rodean trenzarán sus historias desde el hammán, ese espacio femenino donde la memoria aflora, “enemigo” es la forma en la que designan en secreto las mujeres a su marido.

Esa necesidad de contar tantas historias no contadas que sube imparable por la garganta de la narradora hasta darle forma en su escritura. Porque esa es la intención de la escritora: trasladar las vidas de aquéllas que no tienen espacio en la historia. Mujeres anónimas, “fugitivas y sin saberlo”.

Empezando por la suya propia, la de una pasión en silencio, que fluye bajo la escritura, trece meses que se borran y dan paso a un recuerdo y como en un sueño desaparecen en un día, o la de la escritura misteriosa de la estela de Dugga, bilingüe, que permanece oculta durante siglos. En 1842 la piedra es destruida: serrada en dos para facilitar su transporte al Museo Británico (un crimen), hasta que se desentraña el misterio de la doble escritura: púnica y líbica. Más antigua aún la escritura encontrada en la tumba de Tin –Hinan, enterrada en el vientre de África, tan antigua como la etrusca o la de las runas y aún susurrante de voces.

Es el comienzo del movimiento de las mujeres en sombra cuando fluyen bajo las letras sus vidas nunca escritas; su madre valiente que cruza el país, sola y sin velo, para reunirse con su hijo encarcelado en Francia, apenas quince minutos le permiten estar frente a frente con el hijo amado y de nuevo separado. Dolor y pasión de madre y mujer que desde su pequeñez se impone al mundo. Su abuela, casada a los catorce años, con un viejo, soporta los cotilleos, las ganas de saber sobre su vida conyugal y lo sobrevuela con discreción, hasta que puede imponer su voluntad de ir a vivir a las montañas, lejos de aquella casa. La de Aixuxa la pequeña niña analfabeta, que es la de la injusticia social y económica,  y  la de la increíble Yasmina y la joven polaca que es la que se ahoga en su garganta, condesando todo el horror y la sangre de los últimos años en Argelia.

Y una vez llega el dolor intenso, no saber cómo escribirlo. ¿Cómo escribir sobre los muertos? ¿qué alfabeto y qué lengua utilizar?: ¿aquel doble, de Dugga, o el de las piedras de Cesarea, el de mis amuletos infantiles, o en el de mis poetas franceses y alemanes?. Porque todos quieren contar su historia y encontrar la manera de hacerlo es uno de los caminos que se emprenden al escribir.

Aixuxa, la pastora analfabeta de ocho años, un escándalo en la Argelia de hoy, y esto a setenta kilómetros de Argel. Aixuxa, la verdadera extranjera, de hecho, en aquel lugar en el que creo ver el porvenir despuntando imperceptiblemente.

Sobre la  autora:

Assia Djebar, seudónimo literario de Fátima Zohra Imalayen, nació en Cherchell, antigua Cesarea (Argelia, 1936). Liberada del enclaustramiento propio de las mujeres de su entorno, estudia en Argel y Sèvres (Francia). En 1956, durante la huelga de estudiantes argelinos en París, escribe su primera novela, La Soif. Su hermano es detenido a los 17 años en la guerrilla. Assia colabora en 1958 en el Moudjahid del Frente de Liberación Nacional (FLN). En 1962, comienza a dar clases de historia en la Universidad de Argel. Tras el golpe de estado de Boumedian, se traslada a París, donde se dedica a actividades de crítica literaria y cinematográfica y al teatro. En 1973  pone en escena una obra teatral sobre Marilyn Monroe, de Tom Eyen. En 1974 regresa a la Universidad de Argel. En los años siguientes realiza dos largometrajes (La Nouba des femmes du mont Chenoua, premio de la crítica en la Bienal de Venecia de 1979 y la Zerba ou les chants de l´oubli). (Fuente: Ediciones Oriente y Mediterráneo)

  • Otras obras traducidas:
    • “Cuarteto argelino”: “El amor, la fantasia”; “Sombra sultana”. Ediciones Oriente y mediterráneo
    • “Las noches de Estrasburgo”. Editorial Alfaguara (2002)
    • “Les nits d Estrasburg”. [Catalá] Edicions 62 (2002)
    • “Sombra sultana”. Editorial Alpha Decay (2003)
    • “Ombra sultana”. [Catalá] Edicions 62 (2002)
    • “Dones d’Alger en les seves estances” [Catalá] Pagés Editors (2002)
    • “Sin habitación propia” Editorial Lumen
    • “Lejos de Medina: hijas de Ismael” Alianza Editorial
    • “Blanco de Argel” Ediciones Oriente y mediterráneo
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