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Entradas de la Categoría ‘En blanco y negro’

Buchi Emecheta, mucho más que un icono literario

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Recuerdo las primeras líneas que leí sobre su vida y me dejó anonadada. Después leí su obra y me confirmó que estaba ante una mujer excepcional.

Nacida en Lagos en 1944, de familia humilde, su destino cambió al casarse a los 16 años con el hombre con quien se había comprometido desde los 11 y con quien emigraría cuatro años después a Londres. La pareja tuvo cinco hijos antes de que el matrimonio se rompiera. Fue la suya una convivencia violenta. Emecheta 18cuenta en su autobiografía novelada Second Class Citizen que en una ocasión Sylvester Onwordi, que así se llamaba su marido, llegó a quemar sus manuscritos. Aquel hecho supuso la ruptura definitiva, compatibilizando a partir de entonces cuidado de hijos, trabajo y escritura y llegando a graduarse en sociología. Ella misma llegó a definirse como una escritora no “a pesar de ser madre sino precisamente desde ahí”.

En 1983 apareció junto a Salman Rushdie y Martin Amis en la primera edición de la lista de Granta de los “Mejores novelistas jóvenes británicos”. De 1982 a 1983 Emecheta, junto con su hijo Sylvester, que era periodista, dirigió la Ogwugwu Afor Publishing Company. Escribió más de 20 novelas (no todas recibieron críticas positivas) y obras de teatro en su vida, abarcando temas que van desde la maternidad a la independencia y la libertad de las mujeres a través de la educación. En 2005, le fue otorgada la Orden del Imperio Británico.

En castellano podemos leer: Kehinde (Étnicos de Bronce, 1996 y La otra orilla, 2008) y Las delicias de la maternidad (Ediciones Zanzíbar, 2004). Aunque tengo que advertir que están descatalogadas.

16298668_10202751455744306_60356887120455338_nKehinde tiene como protagonista a una mujer nigeriana que vive en Londres con su marido y sus dos hijos y que disfruta de una vida que cambiará al verse obligada a volver a Nigeria.  El choque entre los dos mundos es el centro sobre el que gravita esta novela, cuya reseña podéis leer en el blog de Mary Okeke, una gran admiradora de su obra.

Pero fue sobre todo Las delicias de la maternidad la que la convirtió en una figura de primer orden dentro del mundo de las letras. Una de sus obras más aclamadas, presenta a la mujer en medio de fuerzas contrapuestas: la tradición que provoca el deseo de una familia numerosa, principalmente varones para continuar el linaje del marido y la dura realidad, que hace que la mujer se enfrente sola a su propio destino. Con esta obra se situó como la “primera novelista africana que articuló la opresión patriarcal de las sociedades africanas” * al ofrecer una “visión devastadora” del discurso patriarcal en torno a la maternidad.

“El feminismo africano está libre de las ataduras de las ilusiones occidentales y tiende a ser mucho más pragmático”, dijo una vez. Ella no se consideraba feminista, como tantas mujeres africanas, sino que prefería el womanism de la escritora Alice Walker y se ponía a si misma una “f” pequeñita. Atacaba el patriarcado, las tradiciones opresoras y los prejuicios que ella misma soportó como madre soltera e inmigrante negraSu obra, su historia, su vida novelada, fue un hito al hablar de mujeres relegadas a ser ciudadanas de segunda, empujadas a una vida de procreación y servidumbre. Su llamada era clara: “las mujeres negras de todo el mundo deben volver a unirse y volver a examinar la forma en que la historia nos ha retratado”. 

Buchi Emecheta, que admiraba a Flora Nwapa, se desvió de los temas sobre los que trataban muchos de los libros de la literatura poscolonial; injusticia del colonialismo (aunque este también lo incluyera en sus obras), guerras, hambre, imposición cultural… para centrarse en la mujer, reivindicar su lugar y hacer oír su voz. A través de su obra las rescató y nos la presentó trazando unos impactantes retratos llenos de profundidad y vivencias. Escribió las historias de las vidas de las mujeres “para llamar la atención sobre las relaciones desiguales de género y de clase que trascienden las fronteras raciales y geográficas “.

*Escribir en femenino. Icaria. Beatriz Suarez, Belén Martín Lucas y Mª Jesús Fariñas Busto. 

María Nsué, entre un poco de sol y un poquito de sombra

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El pasado 18 de este mes fallecía la escritora guineoecuatoriana María Nsué. Muy poco, en comparación con su importancia, se sabe sobre la obra de esta mujer, que fue conocida como “la hija loca del ministro” y que fue la primera mujer escritora de su país, todo un hito en un lugar en el que hay apenas dos librerías y ninguna editorial.

Sobre su vida se puede encontrar algún dato más. Su padre, ministro de Educación, fue torturado por las autoridades coloniales españolas y murió asesinado por agentes de Macías en la embajada de Etiopía a los 53 años. Ella salió de Guinea Ecuatorial con 8 años y vivió en Madrid durante gran parte de su vida.

El 8 de noviembre del pasado año ofrecía una entrevista para el programa “Africanía” de la “Fundación Sur” en el que contaba lo que la llevó a escribir. Cuando llegó a Madrid no conocía nada de su propia cultura, sentía que había un gran vacío en torno a ella, por ello pensó escribir “para sus hijos, para sus nietos” a partir de dos personajes normales, en los que cualquiera se pudiera identificar.

En los años 90 volvió a Guinea Ecuatorial y llegó a trabajar de Directora General de Radiotelevisión.

En lo personal cuentan los que la conocieron que era una gran persona de trato amable. En las pocas apariciones públicas que aparecen grabadas en internet se muestra como una mujer de carácter, que opinaba sin pelos en la lengua, sensación quizás agudizada por las fuertes arrugas que endurecen su rostro. Confesando que no le interesaba la política manifestó en una entrevista para GuinGuinBali que “Obiang era la única persona en toda Guinea en quien confiaba” y se mostró muy crítica con aquellos que decían sentirse perseguidos por el régimen.

En otra aparición suya, la que mantuvo dentro de los encuentros que organiza “Casa África” dentro del marco de las “Letras africanas”, enfatizaba sobre la necesidad de no olvidar los orígenes, defendiendo la importancia de la tradición, la oralidad y la palabra silenciada.

No fue una escritora demasiado prolífica y siempre será recordada por Ekomo, publicada en 1985 (reeditada por Sial en 1988), y considerada la primera novela guineoecuatoriana de la post-independencia. Objeto de estudios, muy elogiado, es un libro envuelto de una sonora y cuidada poesía. Su protagonista es una mujer que se enfrenta a las tradiciones, “mostrando la realidad, sin ánimo de denuncia”.

Después vendrían Delirios (1991) en el que se compilan sus poemas y Cuentos de la Vieja Noa (1999). El pasado año la editorial Sial publicaba Cuentos y relatos, una recopilación de relatos cortos. 

En la citada entrevista para “Africanía” desvelaba su próximo proyecto con el que se mostraba muy ilusionada, un trabajo con niños.

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@Dibujando África

 

Ellen Kuzwayo, llamadme mujer

Hector Pieterson | by Robert Cutts (pandrcutts)

Hector Pieterson | by Robert Cutts (pandrcutts)

Hace cuarenta años, el 16 de junio de 1976, Ellen Kuzwayo estaba en Soweto. Los disturbios que convirtieron dicha fecha en día de luto nacional, habían comenzado porque los estudiantes se habían plantado ante la imposición de utilizar el afrikáans, en lugar del inglés, como lengua de enseñanza para la mayoría de las materias escolares. Ellos y ellas al ignorar aquella lengua, de repente se encontraron perdiendo el tiempo en la escuela y las clases se convirtieron en fuente de aburrimiento y frustración. Sus solicitudes cayeron en saco roto y salieron a la calle donde se toparon con la policía armada. Entre el fuego, los automóviles volcados y el desconcierto, una bala mató a un niño de diez años, Hector Petersen, cuya imagen se ha vuelto con el tiempo icónica. Pero no fue el único, muchos más niños y niñas murieron, fueron torturados o simplemente desaparecieron sin que se volviera a saber sobre su paradero.

El 16 de junio de 1976 multitud de madres perdieron su trabajo al tratar de encontrar a sus hijos y se quedaron en silencio para siempre, sin saber si su hijo o su hija había muerto, estaba en la cárcel o había abandonado el país. Ellen Kuzwayo tenía entonces 62 años. Había recorrido un largo camino hasta Soweto, el lugar plagado de pequeñas casitas “como cajas de fósforos” en el que viviría hasta su muerte. Hay quien decía que aquel lugar era un gueto, pero para ella fue su hogar. Sus convicciones morales frente al delito, como resalta Nadine Gordimer en el prólogo de su autobiografía, Llamadme mujer (Las femineras, 1985), se tambalearon frente a las precarias condiciones de vida de aquel suburbio en el que todo faltaba hasta el punto de hacerla confesar: “Me horroriza comprobar que mi actitud… ha ido cambiando con los años. Ahora cuando leo en la prensa la noticia del robo de varios miles de rands por personas negras… a menudo manifiesto el deseo de que no les atrapen”.

author_ellen_kuzwayoNacida en una familia privilegiada, conoció una infancia plácida en un ámbito rural en el que todavía se respetaba la titularidad de la tierra. Pero aquello cambió, y fue testigo del paso que supuso para muchas mujeres la emigración a la ciudad: donde tuvieron que cambiar sus labores al frente del campo por la venta clandestina de cerveza o el servicio doméstico.

Pronto comenzó a asistir junto a su padre a las conferencias del Congreso Nacional Africano. Junto a Mandela, Sisilu y Tambo fundó la “Liga Juvenil del CNA” del que fue su secretaria. También ejerció como maestra hasta que abandonó este trabajo defraudada mientras iba tomando más conciencia social de su entorno más inmediato lo que la llevó en 1952 a estudiar Trabajo Social. Los acontecimientos de Soweto la llevaron a un compromiso político más fuerte con su comunidad y un año después fue detenida y encarcelada durante cinco meses en la aplicación de la Ley contra el Terrorismo. Su vida personal se vio marcada por su primer matrimonio (con Moloto con quien tuvo dos hijos) que la someterá a violencia psíquica y física y cuyo divorcio le supondrá el dejar de ver a sus hijos. Con Mandela ocupó un cargo en el Parlamento sudafricano.

Fue la primera mujer en ganar el premio del Congreso Nacional Africano por esta obra escrita en 1983, en la que narra parte de su vida. Su voz esperanzada siempre quiso reconocer el de tantas mujeres negras que “se habían enfrentado a opresivas barreras sociales, culturales, económicas, políticas y educacionales” y que ellaimg039 ponía siempre como ejemplo de la fuerza que llevaría a su país hacia delante por eso su Llamadme mujer está plagada de ellas. De aquellas que fueron tildadas de inútiles, poco inteligentes y “menores” y se sobrepusieron a las extraordinarias adversidades con un espíritu de superación. Como en 1913 (antes del apartheid), hace recordar Ellen, cuando la ley que imponía el pase de las personas negras se aplicaba a hombres y mujeres por igual. Pero las mujeres de diversos distritos sudafricanos se opusieron lo que les supuso la cárcel en condiciones tremendas, incluso el acabar con lesiones crónicas. “Como recompensa lograron postergar durante unos cuarenta años la obligatoriedad de los pases para las mujeres. Y cuando finalmente se impuso, en 1955-1956, se hizo de un modo muy sigiloso”.

Las mujeres sudáfricanas jamás nos rendiremos ni aceptaremos la derrota, dejó escrito en este libro. Ellen Kuzwayo falleció en 2006. Tenía 91 años y el mismo espíritu que todas aquellas mujeres que la poblaban.

Flora Nwapa, cuando aún era más difícil

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Flora Nwapa. Getty Images

Mira lo que tienen las redes sociales.

Una se asoma un día como hoy a Twitter y se encuentra con esta maravillosa foto de Flora Nwapa y así se entera una de que nació en 1931. En Nigeria. Donde también falleció en 1993. Fue la primera en muchas cosas; la primera novelista nigeriana publicada y la primera mujer africana con un libro editado en Gran Bretaña.

La familia de Nwapa era influyente y por ello pudo ir a la escuela. Asistió a la Universidad de Ibadan, al igual que Chinua Achebe, y se licenció en Geografía e Historia, posteriormente acudió a la Universidad de Edimburgo. Acabó trabajando en la Universidad de Lagos y junto a su marido abrió una editorial, Tana Press. Influyó de manera decisiva en otras escritoras, entre ellas Buchi Emecheta que se llamaba a sí misma “la hermana de Nwapa” y firmó una docena de libros entre los que destaca Efuru (1966), todo un clásico del que en 2016 se celebra el 50 aniversario de su publicación, ¿un motivo para traducirlo?.

Efuru

CTIzYg4UsAEIUsbEfuru, una historia que hunde sus raíces en la figura de Mammy Watta, la diosa del lago nigeriana, “es un retrato de la vida en la cultura Igbo, sobre todo la vida de las mujeres. Situado en el pueblo de Oguta, donde vivía Nwapa, la novela cuenta la historia de una mujer mentalmente independiente llamada Efuru. Ella se convierte en un modelo a seguir y un catalizador para el cambio en su propia sociedad. A pesar de su éxito, es incapaz de tener un matrimonio duradero o dar a luz a niños como a otras mujeres en su pueblo. Se casa dos veces, pero de manera fallida en ambas ocasiones. Finalmente dará a luz a una niña que morirá. Sin embargo, a pesar de todo, Efuru se mantiene firme y fuerte manteniendo un negocio exitoso y próspero, como un perfecto ejemplo de generosidad y de inteligencia” (Ahmad Ghashmari)

Flora Nwapa fue una escritora que escribió sobre la mujer en un momento en el que hacerlo era muy difícil. El entorno que rodeaba a la nigeriana era el de un mundo en el que solo los hombres llegaban a escribir y publicar. Tuvo que sentir la condescendencia, cuando no el abierto desprecio y la falta de apoyos, que generaban aquellas que se decidían a escribir.

Frente a los personajes femeninos de las narrativas africanas que dibujaban a una mujer sumisa, doblegada y sin voz, ella siempre tuvo en mente proyectar una imagen positiva de la mujer. Tal y como recogen en Brittle Paper, “estaba cansada de la forma en que los escritores masculinos representaban a las mujeres africanas en sus novelas. Ella sabía que eran más que pobres mujeres, prostitutas o esposas infelices. Escribir sus propias novelas le permitió remodelar la feminidad de África a través de personajes complejos y de múltiples facetas”.

Fatima Mernissi, hablemos de feminismo e islam

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Dicen que morir es volver a la infancia y los recuerdos de la niñez de Fatima Mernissi se retrotraen a un patio abierto hacia dentro y cerrado hacia fuera. La vida en aquel harén en Fez, que ella describió como un lugar que poco tiene que ver con la imagen estereotipada que se tiene sobre el mismo en occidente, fue tal y como lo cuenta la escritora, sobrepasada.

Aquella niña dio paso a una mujer “que impuso su voz en un mundo intelectual gobernado por los hombres“. Hija y nieta de analfabetas, solo conoció el árabe hasta los veinte años pero casi siempre escribió en francés e inglés. Se licenció en Ciencias políticas, completó sus estudios en Francia y EEUU  y fue profesora en la Universidad de Rabat. A su regreso a Marruecos se dio cuenta de que debía de revisar los textos coránicos para poder vivir en igualdad. No se casó ni tuvo hijos y se volcó en la tarea de defender los derechos de las mujeres. Mernissi se dedicó con ahínco a demoler y a descubrir. No en vano está considerada una de las más importantes escritoras marroquíes y un referente intelectual en el mundo islámico. “Para vosotros los occidentales el islam es extremismo y monocultura. Para nosotros es multiculturalismo”, afirmaba. Falleció el pasado 30 de noviembre en Rabat, a los 74 años.1Ella, siempre lucida, también contemplaba el mundo desde parámetros más globales, visión de la que no se salvaban los países árabes: “La nueva fe mundial es la religión del mercado. Y tiene un aparato eclesiástico completo. Lo dice Richard C. Foltz: hay sacerdotes (economistas), misioneros (la industria publicitaria) y una iglesia (el centro comercial). Posee hasta un sistema ético cuya máxima virtud es ir de compras. Y los fieles se llaman consumidores”, afirmaba en una entrevista.

El choque actual, asegura, no es entre civilizaciones, como afirmaba Samuel Huntington, ni siquiera entre religiones, sino entre el concepto islámico de ulfa (amor generoso, desprendido, altruista) y el consumismo occidental, individualista y feroz. O quizá, apuntó en uno de sus artículos, sea un choque de sueños: El hombre moderno ha olvidado la religión, pero lo sagrado sobrevive, enterrado en su inconsciente. Ahí está el enigma y quizá la razón del desencuentro.

¿Islam y feminismo?

De por si la imagen que tenemos cuando pronunciamos islam (o sus derivados) suele ser negativa, cargada de muchosfatima-mernissi-intelectual (1) significados que se le han ido colgando a la palabra hasta el punto de crear recelo, cuando no rechazo abierto. Nuestra ignorancia ha llegado hasta el punto de creer que el “burka” es musulmán y/o un símbolo religioso, cuando no es ni lo uno ni lo otro, es “Una forma de terrorismo intelectual, religioso y moral contra la libertad de las mujeres”, tal y como afirma Wassyla Tamzali.

Sobre feminismo hemos hablado en alguna otra ocasión, constatando que la palabra no es muy del gusto de las mujeres africanas, aunque otras, como Chimamanda, lo defienden con naturalidad. Se trata de  una cuestión de conceptos, no de principios.

Lo cierto es que no hay un feminismo monolítico, tampoco dentro del mundo musulmán (mucho más amplio que el mundo árabe). Aunque unir feminismo e islam puede originar, en el mejor de los casos desconcierto, existen desde la década de los 90 diferentes corrientes en su seno, algunas con sub-corrientes: “feminismo árabe”, “feminismo musulmán”, “feminismo islámico” y “feminismo laico”, que conviven y en ocasiones se mezclan.

No existe un único feminismo musulmán

Sin duda si hablamos de feminismo árabe el nombre que primero nos viene a la cabeza es el de Nawal al Saadawi, quien no distingue entre hombre y mujer, oriente y occidente, norte y sur… para ellaEl feminismo es liberar la mente del sistema patriarcal, de la religión y del capitalismo, que son las principales amenazas para la mujer. Aunque no solo son amenazas para la liberación de la mujer sino también para los pobres. Yo no separo entre la opresión de clase y la opresión patriarcal.”

Otras mujeres árabes como Asma Lamrabet defienden que  “El feminismo islámico es el feminismo como lo conocemos en el resto del mundo, con principios universales, que reivindican libertad, emancipación y dignidad para la mujer. Es islámico porque se refiere a unos principios que están en nuestra cultura en lo referente al mensaje espiritual que encierra el islam (…) Lo que quisiera aclarar es que cuando hablamos de religión, hablamos de sistema, de una ideología religiosa y de una institución religiosa, pero dentro de todas las religiones hay un mensaje espiritual. Lo que ha traído la discriminación de la mujer son las instituciones religiosas y el sistema religioso, no el mensaje. Nosotras queremos reivindicar los derechos a partir de este mensaje espiritual y luchar contra las instituciones religiosas, que son las que han hecho una lectura patriarcal del mensaje espiritual.”

La argelina Wassyla Tamzali es una representante del “feminismo laico” (que defiende separación entre religión y ámbitos políticos y sociales). Ella mantiene que el “feminismo islámico es un oxímoron, una impostura que se ha infiltrado no sólo en las universidades, sino en organismos internacionales como la Unesco. No nos engañemos. El feminismo es una ideología de liberación y el Islam es de obediencia.

Muchas mujeres musulmanas se quejan de cómo, en ocasiones, se las ha mirado/se las sigue mirando desde el mundo occidental por encima del hombro. A menudo se da una conexión entre cultura y opresión que 3termina en una visión de la mujer musulmana como víctima, a la que se conmina a abandonar sus creencias para liberarse. Se ha centrado la visión con bastante frecuencia en cuestiones como la del velo, sin tener en cuenta los otros miles de condicionantes que provocan su situación. Partiendo de que las situaciones que les sobrevienen son globales y las pueden padecer cualquier mujer en cualquier punto del planeta, a veces se ha presupuesto que con darles lecciones sobre cómo tienen que actuar con temas como el anterior estamos ayudándolas a levantar por fin el yugo de su sometimiento. Cuando lo que las oprime tiene que ver también con la pobreza estructural o el racismo, por ejemplo, se las ha orientado a negar su propia cultura.

El problema es que “a la mujer musulmana no se la ve como individuo sino como portadora de una cultura. Es una visión que niega la existencia de movimientos sociales de todo el mundo. Es una visión orientalista, que evoca lo exótico” dice la historiadora irlandesa Mary Nash.

De Fatima Mernissi se ha dicho que fue un cruce de caminos.

Aportaciones de Mernissi

Tras estudiar los textos coránicos, Mernissi concluyó que no hay nada en El Corán que sea discriminatorio con la mujer. Ha sido una lectura histórica del mismo, la elección de unos hadices  los más conservadores frente a otros lo que provocó que la visión misógina se extendiera y asentará en gran parte del mundo musulmán. No fue el profeta Mahoma quien empezó a considerar a las mujeres como personas de segunda clase, sino otros hombres después de él.

Si los derechos de las mujeres son un problema para muchos hombres musulmanes de hoy, no es por causa del Corán ni del Profeta, ni de la tradición islámica, sino simplemente porque esos derechos entran en conflicto con los intereses de una élite masculina. No es sólo que hayan manipulado los textos sagrados, sino que esa manipulación es una característica estructural de la práctica del poder en las sociedades musulmanas

Fatima Mernissi fue crítica con el mundo occidental. En el libro El Harén en occidente sacó a relucir la supuesta libertad que poseen las mujeres occidentales a partir de un incidente que tuvo en unos grandes almacenes americanos, y que tituló “El harén de la mujer occidental es la talla 38.  También arremetió contra el canon de belleza occidental actual que obliga a las mujeres a permanecer siempre jóvenes.

Y siempre se hizo eco de las voces de las mujeres. Silenciadas y relegadas al olvido. Mujeres que tuvieron poder político y fueron intelectuales que marcaron su época. Nunca más olvidadas.

La falta de democracia, de libertad para las mujeres, durará poco, a juicio de Mernissi. La socióloga marroquí destaca que en numerosos países musulmanes está surgiendo una élite femenina que llega a la universidad y a las profesiones liberales. “Por eso digo a los europeos: si queréis un Mediterráneo equilibrado, no hay que invertir en armas, sino en promoción de la mujer. Una mujer analfabeta tiene de cinco a seis hijos; si tiene estudios secundarios, sólo tres”, argumenta.

Mernissi a través de sus libros

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El harén político: el profeta y las mujeres (1987) Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, y El velo y la élite masculina (1987)

En el ensayo El harén político estudia el papel de las esposas de Mahoma. Mernissi profundiza en el Corán y  en la vida de Mahoma para demostrar que el Profeta intentó ayudar a las mujeres y que luego sus palabras han sido manipuladas.El libro fue censurado en Marruecos, al igual que El velo y la élite masculina.

El poder olvidado. Las mujeres ante un islam en cambio (1995) Editorial Icaria, 2010

“En él recopiló una serie de artículos escritos en los años ochenta y principios de los noventa que intentaban responder, desde diferentes ángulos, a la pregunta que la obsesionaba por aquel entonces: ¿por qué los Estados árabes son tan hostiles a las mujeres? ¿Por qué no las pueden ver como fuerza motriz del progreso? “No comprendí el misterio de la hostilidad estatal hacia la mujer -afirmó en una ocasión- hasta que estalló la guerra del golfo Pérsico. Fue entonces cuando se vio claramente que no se trataba de una guerra contra la feminidad sino de una guerra contra la democracia.” [Fuente]

El miedo a la modernidad (1992) Ediciones del Oriente y del Mediterráneo

“Cuando los europeos dicen que el islam no es compatible con la modernidad, ¿a qué islam se refieren: al de quince siglos de experiencias que abarcan desde Indonesia al Senegal, al de la modernidad del emir del Golfo, al del chófer del emir o al del emigrado palestino que trabaja para el emir? Creo que un musulmán sería un estúpido si no utilizase los beneficios que le reporta la modernidad: el teléfono, el fax, el ordenador, el coche; Jomeini utilizaba la casete; pero queda un espacio al que no llega esa modernidad: los derechos humanos…” [Fuente]

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Las sultanas olvidadas (1990)  Muchnik Editores, 1997

Las sultanas olvidadas es un libro apasionante sobre las relaciones tormentosas entre las mujeres, el poder polí- tico mundano –en este caso, claramente diferenciado del poder espiritual–, y el olvido que las lecturas interesadas de la historia han depositado sobre el protagonismo de las mujeres árabes. El libro comienza su larga y prolija andadura a partir del asombro que, al parecer, produjo el que Benazir Bhuto, una mujer, ocupara democráticamente el poder en un estado musulmán.” (María José Guerra, “Mujeres, Poder político e Islam”)

Sueños en el umbral. Memorias de una niña del harén (1994) Editorial Península

Es su única obra narrativa. En ella desgrana su infancia y juventud en el ámbito limitado y estrecho del harén doméstico. Allí las mujeres logran traspasar sus límites, y no ceden. Tanto su madre como su abuela querrán que a Fatima le crezcan alas que la eleven.

“Por alguna razón, decía mi padre, cuando Alá creó el mundo separó a los hombres de las mujeres y colocó un mar entre musulmanes y cristianos. Existe armonía cuando cada grupo respeta los límites de los demás; la transgresión sólo causa pena y desdicha. Pero las mujeres soñaban con ella continuamente. Su obsesión era el mundo del otro lado del umbral. Fantaseaban durante todo el día con pasear por calles desconocidas, en tanto que los cristianos seguían cruzando el mar, trayendo consigo la muerte y el caos.” [Fragmento]

El amor en el Islam (2008) Ed.Aguilar

El amor en el Islam se reedita más de 20 años después de su creación debido en parte al redescubrimiento de una de las obras que lo inspira, El Collar de la Paloma, un tratado amoroso escrito por Ibn Hazm en el siglo XI que ha conseguido una importante difusión en los últimos tiempos gracias a Internet. Aquí podéis leer el prefacio a la moderna edición donde Mernissi reflexiona sobre este revival inesperado.

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Fatima Mernissi (1940-2015)

Baldwin & Achebe, el día que se conocieron

He estado buscando fotografías de escritores disfrutando del sol, durante semanas. Casi había arrojado la toalla cuando localicé dos imágenes de James Baldwin y Chinua Achebe paseando por la playa de Saint Augustine (Florida). La primera instantánea me pareció muy buena, por la naturalidad con la que ambos son fotografiados, sin posar, y por sus atuendos informales que dicen más de lo que parecen. El del estadounidense (Baldwin) es más serio y funcional, excepto por las gafas, y el del nigeriano (Achebe) nos trae resonancias africanas gracias a los elefantes y leopardos que tapizan su camisa. Caminan muy próximos, pero cada uno parece inmerso en su propio mundo.

Achebe conoció a Baldwin en 1980 cuando ambos fueron invitados para abrir una conferencia en Gainesville patrocinada por la African Literature Association (ALA). Esta fotografía fue tomada tras ese primer encuentro. Mucho antes sus vidas habían comenzado en lugares muy alejados sin saber que un día ambos serían considerados figuras de primera magnitud en el mundo literario, y que siete años después el norteamericano fallecería, víctima de un cáncer de estómago, sin poder cumplir la profecía que había pronunciado delante del nigeriano en aquel encuentro literario, en la que pronosticaba que él vería nacer el siglo XXI “por su propia terquedad”.

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James Baldwin se crió en las calles del Harlem neoyorquino, que tanto marcarían su trayectoria posterior, en donde nació en 1924. Su familia, descendiente de esclavos, era muy pobre, tuvo que hacerse cargo de sus hermanos más pequeños, y él, habitual morador de las calles, encontraría en ellas demasiada realidad hasta el punto de llegar a decir: “A la gente le cuesta menos llorar que cambiar, una regla de psicología que la gente como yo aprendió en la calle siendo niño”. Su padre fue un severo pastor baptista y él mismo fue predicador para después apartarse de la religión, pero sin poder dejar atrás del todo su formación que se introduce en sus obras. Su cuerpo era menudo, de poca estatura, pero poseía un rostro singular que se llenaba con sus dos ojos saltones y su imponente nariz. Era (pongamos etiquetas) un norteamericano negro y homosexual (se podría añadir también y pobre) que vivió exiliado en Francia. Y escribió sobre ello; clamó contra las desigualdades que ambos colectivos soportaban, aún más él que lo vivió por partida doble, pero sobre todo luchó por los derechos civiles desde su inmensa humanidad,“no soy pobre ni negro ni gay ni norteamericano: esas son distracciones que no dejan a los demás verme como un ser humano”, llegó a afirmar.

La familia de Chinua Achebe era igbo, una de las etnias que habitan Nigeria. Nació en 1930 y su infancia fue un “cruce de culturas” entre el mundo de educación occidental cristiana al que le empujaba su padre, y el de sus orígenes. Gracias a sus capacidades y a su entorno, pudo estudiar en colegios en los que se formaba a la futura élite nigeriana. Sus padres (unos pastores protestantes) le educaron dentro de la nueva religión, pero él pronto demostró su intención de volver a sus raíces, dejando su nombre inglés de lado (estaba bautizado como Albert) y recuperando su nombre original. Como parte de aquella élite privilegiada, formó parte del gobierno efímero de Biafra, experiencia que le resultó decepcionante. Escribió sobre el poder y sus vasallajes, sobre el horror y la deshumanización. Y contó la historia de la colonización por la boca de un africano, intentando siempre transmitir a sus lectores “que su historia, a pesar de todas sus imperfecciones, no fue la larga noche de salvajismo de la que los europeos, actuando en nombre de Dios, vinieron a liberarnos”. Fue el escritor que Mandela leía en la cárcel, el líder sudafricano se refirió a Achebe y a su obra como una fuerza “en cuya compañía los muros de la prisión se derrumbaban”.

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En un artículo titulado The Day I Finally Met James BaldwinChinua Achebe recordaba aquel encuentro que se había postergado varias veces a lo largo del tiempo. El nigeriano anotaba que estuvo dando vueltas a cómo iniciar la conferencia. Una vez en el escenario en el que su interlocutor esperaba, se giró hacia él para decirle, en una transposición de aquella célebre frase: “El Señor Baldwin, supongo“, lo que obtuvo por respuesta un cambio de semblante en el rostro grave y serio del escritor norteamericano que se tornó sonriente, desmoronándose al instante en una amplia sonrisa feliz. El público lo tomó con alegría aplaudiendo y profiriendo exclamaciones joviales, creando un ambiente positivo y a la vez serio. Todo iba perfecto en aquella conferencia anual de la ALA. Baldwin hablaba de Todo se desmorona, la novela que había encumbrado a Achebe, “la había leído en francés”, añadiendo que trataba de personas y costumbres que desconocía, pero que al leerlas, las había reconocido en su plenitud. “Aquel hombre, Okonkwo, es mi padre” había afirmado cuando una voz irrumpió la charla por el sistema de megafonía. Alguien comenzó a lanzar insultos racistas contra Baldwin, quien tras aparecer nervioso en un primer momento, se irguió y respondió al intruso. La conferencia continúo y, a pesar de que la muerte no les volvió a dar la oportunidad de volver a estar juntos, Achebe no dio por terminada la charla entre ellos.

Fueron dos seres muy diferentes, tanto a nivel humano como a nivel literario. Y eran negros. Uno sabía lo que era la esclavitud, la discriminación, la injusticia y el racismo. El otro sabía lo que era la colonización, la deshumanización, la explotación, la corrupción y el racismo. Demasiadas palabras para nombrar lo mismo: el rechazo, la negación y la desigualdad. Ninguno se ponía ninguna venda innecesaria: sabían y reconocían también que entre “los suyos” se originaban situaciones injustas y terribles. En aquella charla, el racismo contra Baldwin también le dolió a Achebe; por familiar que fuera no dejaba nunca indiferente, la misma rabia aparecía de nuevo en otro lugar. Los dos sabían de qué se trataba: la archiconocida supremacía blanca. Eran dos caras (todavía lo son) diferentes y complementarias.

Miro la extraña segunda fotografía que he localizado de aquel encuentro. Ésta es en blanco y negro, con los dos escritores frente a frente, en la misma playa, con idéntico atuendo, pero ahora se están mirando, no permanece cada uno en su mundo, parecen mantener un diálogo. James Baldwin se ha quitado sus gafas de sol, un parapeto innecesario. La altura de Chinua Achebe le dota de una posición privilegiada, pero entre ellos no se aprecia rivalidad ninguna, al contrario. Añade Achebe que Baldwin no tenía miedo de nadie ni de nada. Tampoco él lo tuvo. Al fondo, unas olas lamen la orilla. El viento levanta las solapas de la camisa del norteamericano, al igual que en la primera instantánea hacía lo mismo con la del nigeriano. Entre ambos, alrededor, junto y en, parece fluir el comienzo. África. Siempre África.

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Fotografías: James Baldwin and Chinua Achebe in St. Augustine, Florida, 1980. Vía Okayafrica

Recordando a Achebe

Chinua Achebe 1967

El 21 de marzo pasado se cumplieron dos años del fallecimiento de Chinua Achebe. Está considerado uno de los más grandes (influyentes) escritores del continente africano, adquiriendo su figura carácter universal. Son muchos los que se consideran deudores de su persona, y los que agradecen su camino que logró colocar la literatura del continente en primer plano y, con ella, a sus escritores.

Por mi parte, le tengo que agradecer en especial que me diera la idea para abrir este blog, cuando leí que, en una conferencia, había recordado este proverbio africano: “Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, la historia de la caza siempre glorificará al cazador“. Nada más leerlo, supe que había llegado el tiempo de escuchar a los leones.

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Achebe nació en 1930 (Ogidi-Nigeria) dentro de la cultura igbo, lo cual marcaría su trayectoria literaria en la que reflejaría la lengua y cultura de su pueblo, a través de una gran riqueza de proverbios, fábulas y cuentos, rituales o costumbres. Sus padres (unos pastores protestantes) le educaron dentro de la nueva religión, pero él pronto demostró su intención de volver a sus raíces, dejando su nombre inglés de lado (estaba bautizado como Albert) y recuperando su nombre original.

Durante los años de su primera escolarización, Achebe pasaba gran parte de su tiempo en la biblioteca de la escuela leyendo a autores como Charles Dickens, W. B. Yeats, Joseph Conrad y Robert Louis Stevenson, destacando por su erudición y su facilidad al escribir. Después, fue uno de los primeros estudiantes que se graduaron en la “Universidad de Ibadan”, lugar en el que coincidiría con otros escritores como Wole Soyinka o  John Pepper-Clark. Se formó como productor de radio y director de radiodifusión externa, estudió en la BBC en Londres en 1956 y durante este período comenzó su carrera como escritor.

Colaboró en revistas (como la prestigiosa revista literaria Okike, en la que jugosos debates dieron lugar al libro Hacia la descolonización de la literatura africana, escrito por Chinweizu, Jemie y Madubuike), fue el editor de la serie “African Writers Series” que, fundada en 1962 por la editorial Heinemann, recogía las obras de los escritores africanos, siendo casi la única posibilidad de ver sus trabajos publicados, y fue el escritor que Mandela leía en la cárcel. El líder sudafricano se refirió a Achebe y su obra como una fuerza “en cuya compañía los muros de la prisión se derrumbaban.”

Cuando todo se desmorona 

Things-fall-apartEn 1958 inició su “trilogía africana” con Todo se desmorona, a la que siguieron La flecha de Dios [1986] y Me alegraría de otra muerte [2011].

Sin duda, fue su primera novela Things fall apart (Todo se desmorona), escrita en inglés como el resto de su narrativa, la que le encumbró. Traducida a más de cincuenta lenguas (se puede encontrar en euskera, catalán y gallego) es la obra más (re) conocida de un escritor africano. Centrada en la época colonial, aportaba el punto de vista de un africano contando su historia.

Achebe, a través de la historia de Okonkwo y su pueblo, desafió al eurocentrismo y lo hizo sobre todo para los propios africanos, para que superaran el estado permanente de humillación y subestima, “yo estaría completamente satisfecho si mis novelas, especialmente las que situé en el pasado, hubieran servido al menos para enseñar a mis lectores que su historia, a pesar de todas sus imperfecciones, no fue la larga noche de salvajismo de la que los europeos, actuando en nombre de Dios, vinieron a liberarnos (Cbinua Achebe, “The novelist as teacher”, en Hopes and Impediments, Doubleday, Nueva York, p.45, traducción María Sofía López Rodriguez).

En 1966 publicó Un hombre del pueblo. Esta novela pertenece a la llamada “literatura del desencanto“. El tiempo del colonialismo ya pasó y ese final, que se descargaanhelaba lleno de ilusiones, se fue desinflando sin remedio. El escritor había mostrado su disgusto con una Nigeria donde los líderes que había luchado por la independencia se habían convertido en traidores después de alcanzar el poder, y habían sacrificado su país a cambio de comodidades y lujos.

Es en ese punto en el que se colocó Achebe para narrarnos esta historia, llena de humor e ironía, y situada en un lugar indeterminado de África, en donde un joven maestro, Odili, es invitado por quien había sido su profesor, el jefe Nanga, un hombre del pueblo convertido en el todopoderoso y corrupto ministro de Cultura. Un texto de una triste vigencia.

Además de Termiteros de la sabana [1987], publicó cuentos, libros para niños, poemas y diversos libros de ensayos, hasta llegar a escribir el último de sus libros en el que hablaba sobre la historia de Biafra: There was a country: a personal history of Biafra [2012]. Achebe participó en el aparato cultural de la efímera República de Biafra (1967-1970) y en el libro habla sobre ello. “Mi objetivo no es proporcionar todas las respuestas, sino plantear preguntas y quizás provocar algunos dolores de cabeza” dijo al respecto.

Su obra más polémica

En 1975 escribe un breve texto titulado “Una imagen de África: nazismo en El corazón de las tinieblas, de Conrad“ que ocasionó un gran revuelo tras su publicación. Se trata de una lectura muy crítica del conocido libro de Joseph Conrad argumentado que “(la novela) proyecta la imagen de África como “el otro mundo”, la antítesis de Europa y, por tanto, de la civilización, un lugar donde la cacareada inteligencia y refinamiento del hombre son finalmente burlados por la bestialidad triunfante”.

Desde la antítesis que el libro del escritor polaco plantea ya desde el inicio, entre dos ríos; uno 8ebab60a392abc763813ddcdff7a83bfeuropeo, el Támesis (la civilización), el otro africano, el Congo (el salvajismo), de donde parte y a donde llega Marlow, Achebe va mostrando sus argumentos para mostrar lo pernicioso de la novela.

Achebe no dudó en llamar racista a Conrad. Para ello eligió fragmentos de la novela tan significativos como éste: “los hombres  eran… No, no eran inhumanos. Bueno, sabéis, eso era lo peor de todo: esa sospecha de que no fueran inhumanos brotaba en uno lentamente. Aúllaban y brincaban y daban vueltas y hacían muecas horribles, pero lo que estremecía era pensar en su humanidad (como la de uno mismo), pensar en ese remoto parentesco de uno con ese salvaje y apasionado alboroto. Desagradable. Sí, era francamente desagradable; pero sí uno fuera lo bastante hombre, reconocería que había en su interior una ligerísima señal de respuesta a la terrible franqueza de aquel ruido, una oscura sospecha de que había en ellos un significado que uno, tan alejado de la noche de los primeros tiempos, podía comprender”.

Los estudiosos de El corazón de las tinieblas suelen decirte que a Conrad no le preocupaba tanto África como el deterioro de una mente europea causada por la soledad y la enfermedad. Te señalan que Conrad es, si acaso, menos caritativo con los europeos de la historia que con los nativos, que el tema del relato consiste en ridiculizar la misión civilizadora de Europa en África (…) En parte esa es la cuestión. África como escenario y telón de fondo que elimina al africano como factor humano. África como campo de batalla metafísico dedicado a toda la humanidad reconocible, en el que el europeo errante penetra por su cuenta y riesgo (…) La auténtica cuestión es la dehumanización de África y los africanos que esta eterna actitud ha fomentado y continúa fomentando en el mundo. (pág. 49)

Fuera de África

Desde la década de los 90 residió en Estados Unidos, donde ejerció de profesor y en donde un accidente de tráfico le postró en una silla de ruedas. Allí le alcanzaría la muerte el 21 de marzo de 2013, unos meses antes que a Nelson Mandela.

Es, cuando menos extraño por decir algo, que se le escapara, en reiteradas ocasiones, el “Nobel de Literatura”. En una entrevista para “The Sahara reporters“, Wole Soyinka reveló, tras la muerte de Achebe, que había recibido peticiones para que mediara en la concesión del premio con carácter póstumo, lo cual el laureado consideraba que era hacer un flaco favor tanto a la obra del escritor, como a la propia literatura que emana del continente. En 1988 un reportero le había preguntado al propio Achebe sobre su sentimiento por no haber ganado el Nobel, a lo que él respondió: “Mi posición es que el Premio Nobel es importante, pero es un premio europeo. No es un premio africano”.

Y lo suyo era África.

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La obra de Chinua Achebe en euskera, catalán y gallego:

Mal fin de semana para las letras, nos dejan: André Brink y Assia Djebar

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Este fin de semana han muerto dos grandes escritores: del norte y del sur africano. Un hombre y una mujer. Nacieron con un año de diferencia y han fallecido el mismo día, el 6 de febrero. Dos activistas, dos personas comprometidas, versátiles, y dos escritores imprescindibles.

André Brink (Sudáfrica, 1935)

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André Brink fallecía, en un vuelo con destino a Ciudad del Cabo desde Ámsterdam, donde había recibido un doctorado honorario,  a la edad de 79 años. Novelista, dramaturgo, escritor de viajes, traductor, escritor, crítico y académico. Sudafricano de nacimiento, estudió también en París y después regresó a su tierra. Comprometido luchador contra el apartheid, fue uno de los promotores del movimiento literario anti-apartheid de los “Sestigers” (escritores de los 60 que pretendían formar una tradición literaria en afrikaans que se distinguiera claramente de la de lengua inglesa, y ampliar los límites de la ficción en dicha lengua). Los miembros del grupo “Die Sestigers” propusieron una literatura comprometida: la literatura afrikaans debía contribuir con sus propios medios a cambiar las condiciones sociales y tratar los temas sociopolíticos de actualidad [*].

Su debut como escritor lo realizó en 1962 con la publicación de su novela Lobola vir die lewe (Brink escribió tanto en afrikaans como en inglés). Su novela Kennis van die aand (publicada en 1973 y traducida al castellano bajo el título Mirando la oscuridad), fue la primera novela escrita en afrikaans prohibida por el gobierno del apartheid.

En 1976, An Instant in the Wind fue seleccionada para el Booker Prize, situación que se repitió en  1978 con su novela Rumours of Rain. Recibió múltiples premios y fue nominado al Nobel de Literatura en varias ocasiones.

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Cartel película “A Dry White Season”

Su mayor éxito internacional llegó con A Dry White Season, escrita en 1978, que cuenta la historia de un sudafricano blanco que investiga la muerte de dos amigos negros,  padre e hijo, opuestos al régimen del apartheid.

Fue llevada al cine y protagonizada por Donald Sutherland, Susan Sarandon, Zakes Mokae y Marlon Brando, quien fue nominado a un Oscar por “Mejor Actor de Reparto”.

Tras las rebeliones estudiantiles de Soweto, desaparece un estudiante. El profesor empieza a buscarlo y, a lo largo de las indagaciones, aprende dolorosamente que no se trata de una ley que obedece a una estructura burocrática sino que tiene que lidiar con una tremenda máquina de matar, que está dispuesta a llevar adelante su perversa noción de «ley» y «superioridad racial» con una extrema brutalidad. Al proporcionar una nueva perspectiva sobre la concienciación política del ciudadano corriente de clase media, André Brink, con esta novela, enriqueció la literatura sudafricana. Sin embargo, desde el punto de vista estrictamente literario, es su obra de ficción más floja. [Diccionario de Literatura del África subsahariana. Editorial Virus. pág. 35]

Tradujo más de 60 obras al afrikaans, entre ellas Don Quijote de la Mancha.

Su última novela publicada fue Philida (2012) con la que volvió a quedar finalista del Man Booker.

Obras publicadas en castellano:

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Mantis religiosa. La Otra Orilla

El embajador en París (1963). Javier Vergara Editor
Un instante en el viento (1976) An Instant in the Wind. Javier Vergara Editor
Rumor de lluvia (1978) Javier Vergara Editor
Mirando a la oscuridad (1979) Editorial Diana
El muro de la plaga (1984) The Wall of the Plague. Javier Vergara Editor
Estados de emergencia (1988). Javier Vergara Editor
La primera vida de Adamastor (1994) Anaya & Mario Muchnik
Al contrario (1996) Anaya & Mario Muchnik
Los derechos del deseo (2002) Ediciones del Bronce
Mantis religiosa(2005). La Otra Orilla

[*] Diccionario de Literatura del África subsahariana.

Assia Djebar (Argelia, 1936)

assia_djebar2 assia_djebar Assia Djebar copyright Giovannetti/effigie

Assia Djebar, seudónimo utilizado por Fattma Zohra Imalhayène, falleció a la edad de 78 años, en un hospital parisino. Nació en una Argelia aún colonia francesa. Por línea materna tenía antepasados bereberes lo que con frecuencia ha aflorado en su literatura. Su padre la envió en 1955 a la escuela normal superior en Sèvres (Francia), antes ya había pasado por la escuela coránica, convirtiéndose en la primera mujer musulmana en conseguir ser aceptada.

En 1956, durante la huelga de estudiantes argelinos en París, escribió su primera novela, La Soif. Su hermano fue detenido a los 17 años en la guerrilla. Assia colaboró, en 1958, en el Moudjahid del Frente de Liberación Nacional (FLN). Después de la independencia argelina, en 1962, regresó a su país y trabajó como profesora de historia moderna y contemporánea, en la Universidad de Rabat y luego ingresó como docente a la Universidad de Argel.

Tras el golpe de estado de Boumedian, se trasladó a París, donde se dedicó a actividades de crítica literaria y cinematográfica y al teatro. En 1973  puso en escena una obra teatral sobre Marilyn Monroe, de Tom Eyen. En 1974 regresó a la Universidad de Argel. En los años siguientes realizó dos largometrajes (“La Nouba des femmes du mont Chenoua“, premio de la crítica en la Bienal de Venecia de 1979 y la “Zerba ou les chants de l´oubli”)

He tenido dos maridos y de los dos me he separado. Mi hija vive en París; mi madre, entre París y Argelia. Yo vivo sola en Estados Unidos y vivir sola me permite una especie de exilio muy especial. Siempre he vuelto a Argelia, incluso en los años más negros, entre 1992 y 1997, porque mi hija estudiaba allí. Ahora las cosas están mejor. La resistencia de las mujeres, de los opositores y de los demócratas ha impedido que Argelia se convierta en una república integrista. [Fragmento entrevista realizada por Rosa Mora en 2002 para el periódico “El País”]

Miembro de la Academia Francesa de las Letras (primera mujer de origen magrebí en serlo), manifestó, en el discurso pronunciado con motivo de la recepción del Premio de la Paz 2000, “la imperiosa voluntad de no olvidar”. Bajo este propósito inició con El amor, la fantasía la redacción de un cuarteto para contar la historia de Argelia colonizada y, al tiempo, su propia historia.

Su nombre aparecía una y otra vez en las nominaciones al Nobel de Literatura sin que llegara a conseguirlo nunca. Sí que se hizo con numerosos reconocimientos, entre otros, el prestigioso Neustadt en 1996.

Contó la historia desde el punto de vista de la mujer. Su compromiso con la liberación de la mujer argelina se propuso como parte integrante de la liberación nacional. Exprimió la escritura para contarse a si misma, al tiempo que contaba la desangrada historia argelina. Puso voz, en francés, pero volviendo siempre la mirada a su lengua materna, a la historia de múltiples mujeres silenciadas, valientes y a menudo “fugitivas sin saberlo”.

Obras traducidas al castellano y al catalán:

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  • “Cuarteto argelino”: compuesto por El amor, la fantasia (1985); Sombra sultana (1995); Grande es la prisión (1997); El Blanco de Argelia (1998) Ediciones Oriente y mediterráneo
  • Lejos de Medina: hijas de Ismael Alianza Editorial (1992)
  • Las noches de Estrasburgo Editorial Alfaguara (2002)
    • Les nits d Estrasburg [cat.] Edicions 62 (2002)
  • Sombra sultana Editorial Alpha Decay (2003)
    • Ombra sultana [cat.] Edicions 62 (2002)
  • Dones d’Alger en les seves estances [cat.] Pagés Editors (2002)
  • Sin habitación propia Editorial Lumen (2009)

[*] Fuentes consultadas : Ediciones Oriente y Mediterráneo

La vida soportada de Mohamed Chukri

Mohamed Chukri en su apartamento, Tánger febrero 2003 ©Luis Vega

Publicado originalmente en África no es un país.  24/12/2014

Mohamed Chukri (1935-2003) fue niño de la calle y analfabeto hasta los veintiuno y logró, gracias a una extraordinaria sensibilidad y una insaciable ferocidad lectora, convertirse en escritor. Le dio igual que ganara o perdiera, se entregó totalmente a la lectura y a la escritura, que se convirtieron en su refugio. Fue la suya una literatura áspera, dura, una literatura a secas, surgida del fango y la podredumbre, como dice Atxaga “desde el interior de la pobreza”, que le llevó a codearse con los intelectuales que llegaban a Tánger al reclamo de aquella ciudad-mito, mentes ajenas y deslumbradas que acudían a aquel paraíso artificial sin que repararan casi nunca en aquellos que allí vivían su día a día: aquellos para los que, como el escritor, la pobreza y la miseria eran sus acompañantes cotidianos.

En cambio Chukri, que vivió entre prostíbulos y bares, siempre los tuvo presentes, “Yo estoy comprometido socialmente” dijo en una ocasión. “Me inclino a defender a las clases marginadas, olvidadas y aplastadas. No soy Espartaco, pero creo que todas las personas tienen una dignidad que tiene que ser respetada. Aunque no hayan tenido oportunidades en la vida”.

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Desnudándose dedicó su escritura a narrar su propia historia, aquella vida soportada, desparramándola en diversos libros que rezuman dolor pero también denuncia. Contó su infancia de niño abofeteado sin una sonrisa para él con los recuerdos del adulto, sabiendo que es difícil llegar a conocer la primera etapa de nuestras vidas porque “al niño ‘niño’ no lo entiende más que otro niño”. Lo contó en la primera entrega de su autobiografía, El pan a secas (reeditada por la editorial Cabaret Voltaire y basada en la edición árabe publicada en el 2000 y revisada por el propio autor). Desde las primeras páginas de esta impresionante novela sabes que no va a haber lectura tranquila, el escritor usa palabras sinceras y directas, rotos gran número de tabúes y miedos, expandiendo su primer recorrido vital en toda su cruda y extrema realidad. El eco de esta obra, traducida a más de cuarenta y ocho idiomas, que le perseguirá para siempre (“Me siento como esos escritores aplastados por la fama de un solo libro”, le llegará a decir a su amigo Javier Valenzuela), resuena en nuestros días sin que, por desgracia, haya perdido un ápice de actualidad.

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En su momento fue censurada por el escándalo que suponía para la sociedad marroquí y tangerina la aparición de un libro que narraba el “yo” con tanta intensidad por lo que, a pesar de estar escrito en 1972, no se publicó en árabe hasta diez años después (se le calificó de autor inmoral y pornográfico y fue amenazado de muerte). Sin embargo, El pan a secas ya era conocido a nivel internacional debido a la traducción al inglés que Paul Bowles había realizado en 1973. Chukri lo traducía en su cabeza del árabe clásico al español y se lo iba dictando a Bowles que lo traducía al inglés.

Eran los duros años del protectorado español en el Rif, cuando el colonialismo trajo consigo la violencia y la miseria. En aquel entorno de hambre, el futuro escritor describe un núcleo familiar horripilante; lo componían un padre bestial, parado, violento y alcohólico, que sometería a palizas constantes a su mujer y a sus hijos y que en un momento de cólera llegaría a estrangular al hermano pequeño de Mohamed, y una madre que le quería, pero sumisa y doblegada. El hambre les llevaba a hurgar en las basuras e incluso a intentar cocinar animales muertos, carroña, y tomaba forma de ese pan a secas que era todo lo que, a veces, podían llevarse a la boca. La huida se presentó como la única alternativa a este niño apaleado física y moralmente y enfrentado a la cruda y dramática realidad que soportan todos a los que han cerrado cualquier otro camino, sin oportunidades de ningún tipo. En la novela, dura, descarnada, nos habla de cómo llegó a prostituirse para sobrevivir, al igual que otro escritor, Jean Genet, a quien también le dedicó otro libro. “Cuando me escapé de casa, yo vivía en los cementerios para no ser violado por los mayores” confesará, y tras las calles, las malditas calles, la suciedad, el sexo, el alcohol, el kif, el contrabando, las peleas a navajazos… aguantar al qahr (extrema penuria) y la violenta lucha interior.

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Chukri, quien encontró en la literatura una forma de redención y lucha, parece que renunció a la escritura en los años setenta y ochenta hasta 1992 fecha en la que apareció Tiempo de errores (Ed.Cabaret Voltaire, 2013), la segunda entrega de su biografía. En ella Chukri tenía veinte años. Fue entonces cuando empezó a acudir a una escuela de Larache a aprender a escribir y leer. Aún así nada le libró de la miseria, de la pobreza y del hambre. Chukri desliza sus días entre vahos etílicos, promiscuidad y ansias de leer. Aparece el ávido consumidor de libros y el exacerbado escritor (lo único que lo salva). En el deambular del adolescente seguimos viendo al niño al que expulsaron a la calle y que vivió allí, a riesgo de todo. Se rodea de borrachos, de violencia y de miseria y de prostitutas, de las que a veces se enamora. También desvela que Chukri será internado en varios hospitales psiquiátricos, en donde exclamará: “Echaba de menos este aislamiento”. Es en este libro sobre todo en el que más escribe sobre su relación con las mujeres, tal y como resalta su amigo Mohamed Becerra en el prólogo; son historias desgraciadas, de amores imposibles. Su mirada, siempre enamorada de Tánger, sigue siendo de las que duele.

Tánger atraviesa de lado a lado toda su narrativa, hasta el punto de que Mohamed Becerra le preguntará en una carta si acaso no ha llegado a cambiar el amor de una mujer por el amor a TángerTánger, la ciudad de sus maravillas, la ciudad-mito, la ciudad idealizada y soñada a la que acudían los intelectuales y escritores americanos y europeos (“Tenía un amigo que opinaba que quien no supiese soñar su vida se viniese a Tánger.”) Todos querían ir a Tánger. Por allí pasaronBurroughs, Jack Kerouac, Gore Vidal, Truman Capote y los Bowles, entre muchos otros. En aquellos días aún conservaba su esplendor y tenía fraguada una fama de ciudad cosmopolita, abierta, tolerante e internacional. Para el escritor Tánger fue una obsesión, incluso cuando, tal y como se rememora en varios de sus libros, había perdido toda su gloria, todo su brillo; cuando la ciudad ya no volvería a ser nunca la misma, el escritor la seguía recordando en todos sus desahogos literarios, “Lo vi marchar y pensé que Tánger hoy en día inspira el suicidio a quien no puede dejarla. Ha perdido todo lo que tenía de legendario y bello.”

Chukri mostró un Tánger real (enseñando otras vidas, otros rostros) alejado del glamour superficial y despreocupado que parecían otorgarle los que llegaban de fuera. William Burroughs, quien se estableció en la ciudad en uno de los peores momentos de su vida (hasta el extremo de que los habitantes de Tánger le conocían como “El Hombre Invisible” aludiendo así al estado de extremo abandono y total aislamiento en el que vivía), decía de ella que era “el santuario de la No Interferencia”. Frente a esa idea mítica, Chukri rompió el punto de vista que unía a la ciudad con el lujo, el glamour o el libertinaje, con aquel mundo “atrayente pero frívolo”. “Tánger, ¿un mito? Cierto es innegable, pero ¿para quién? Tánger ¿un paraíso perdido? Si, porque existen todavía testigos de su antigua prosperidad, pero ¿para quién? ¿El encanto irresistible e indomable de Tánger? No deja de ser cierto, pero, repito ¿para quién?”, preguntaba molesto por la vida que llevaban los que llegaban a la ciudad y se marchaban sin llegar a conocerla. Aquellos que apenas salían de su mundo, no entablaban conversaciones con los tangerinos y sólo utilizaban la ciudad como materia para sus creaciones. El escritor hablaba de la magia tangerina no sin lanzar una crítica al peregrinar de aquellos turistas literarios, “cualquiera puede pasar aquí unas cuantas semanas y escribir un librito” escribiría con amargura, que ahondaban en la imagen de Tánger como destino artístico (sobre todo literario) en el que encontrar la inspiración.

Fueron muchos los escritores que se pasearon por la ciudad, la mayoría de ellos para una estancia corta. Sin embargo, hubo otros que la alargaron; el miembro de la Beat Generation, William Burroughs (1954-1957) y sobre todo Paul Bowles(1947-1999) quien moriría allí. Abrió así una nueva trilogía, la que le dedicó además de al anterior a otros dos escritores famosos a los que frecuentó (Jean Genet y Tennesse Williams).En Paul Bowles, el recluso de Tánger (Ed.Cabaret Voltaire, 2012) Chukri va deslizando por sus páginas una imagen para nada amable del autor de El Cielo protector queacabará con su amistad. Puritano, receloso, racista, poco amigo de sus amigos, tacaño (donde otros decían austero), complicado y retorcido, para el que el sexo siempre iba unido a criminalidad, Bowles seguía alimentando un mito de Tánger que le interesaba a él pero que ya no se correspondía con nada, como si evocara sombras que no se podían tocar. Mientras la gente real sufría, se peleaba con los piojos, pedía unas pocas monedas para sobrevivir, tanto éste como la élite de intelectuales que sobrevolaban la ciudad obtenían todo lo que deseaban.

Jean Genet, en cambio, había tenido una vida más parecida a la suya. Mohamed Chukri coincidió con él por primera vez en 1968 en un Café e inmediatamente quiso conocerlo y se presentó. Así comenzó una relación que trasladó a la escritura y que continuó más allá de 1974, año a partir del cual ya no quiso plasmar más en ningún libro sus conversaciones con él, paró cuando supo que a Jean Genet no le agradaba que siguiera escribiendo sobre él. Con Bowles las cosas acabarían de otra manera.

En Paul Bowles, el recluso de Tánger el tangerino denuncia que, bajo el pretexto de querer hacerle un favor, dando a conocer su obra, Bowles lo explotó; “En aquella época, yo no tenía agente literario, y ni siquiera sabía que existían. Otra desgracia más reservada para el tercer mundo: aprovecharse de su inocencia con el pretexto de dar a conocer a los artistas que, aunque con talento, permanecen ignorados. Como si, en lugar de darles el trato que se merecen, o de conseguir que éste sea más equitativo, se tratara de una obra de caridad”. Tal y como nos recuerda Juan Goytisolo en el prólogo de la edición de Cabaret Voltaire, la labor de intérprete y traductor de Bowles se extiende “a otros autores marroquíes comoDriss Ahmed Cherradi (Una vida llena de agujeros), y a su amigo a todasMohamed Mrabet (Amor por un puñado de pelos)… a los que había que añadir los relatos de Abdelslam Bulaich y Ahmed Yacubi”.

En el caso de Chukri, el nombre del americano apareció como coautor en los libros que escribió el marroquí y además se acordó que cada uno de ellos obtendría el 50% por derechos de autor de una obra escrita por una sola persona. Chukri afirma que “Exceptuando los magros anticipos que recibí a la  hora de firmar el contrato, nunca he cobrado un centavo.” Pero parece ser que Bowles fue aún más allá; Nirvana Tanoukhi  ha comparado el texto en árabe y en inglés aportando ejemplos que quieren mostrar cómo la labor de Bowles no se limitó a la de mero traductor de la obra, omitió pasajes, cambió palabras o situaciones al objeto de darle una apariencia más occidental.

Mohamed Chukri. Fuente Cabaret Voltaire
Finalmente, su tercer texto autobiográfico llegó en 1992, Rostros, amores, maldicionesúltimo de los textos del escritor que “Cabaret Voltaire” ha reeditado, en un esfuerzo considerable por recuperar su obra agotada o en gran parte inédita. Se trata de un tapiz de seres marginales que se buscan y se pierden, pleno de historias que apenas se pueden concebir como reales (y a la postre lo son, como el pasaje en el que un hombre practica una felación a su padre para que éste no busque una compañera y así proteger su herencia) y cuyos protagonistas se zarandean en ese mundo de prostíbulos, alcohol y sexo (y también amor imposible) tan conocido en el universo del escritor, rotos muchos límites pero también reencontrándose en ellos.

Cierra, de esta manera el gran Chukri, el ciclo dedicado a su vida. En Rostros, amores, maldiciones, mira hacia atrás con una pizca de ira pero sin añoranzas, logrando sentir la dulzura de la vida, afirmando que “El ser humano no siempre es como ha empezado ni como acaba“. Habla con tristeza de su niñez teñida de nubes negras (“Y si hoy me siento orgulloso de haber sido testigo de mi niñez, y de la de otros niños como yo, es porque intento en la mayoría de mis escritos aclarar cuánto hay de oscuro en ella”), ve en la escritura y los libros las dos fuentes que nunca agotó (“Dirigen mis sueños y mis ideas ocultas. Me liberan del punto de vista, no de la visión, me conducen al exilio interior”) y nos transmite que su rostro, al final, es el espejo de sus sueños mágicos.

Radwa Ashour, la autora de “Granada”

Los inicios de Radwa Ashour en la escritura no fueron fáciles. En su ensayo, My Experience With Writing, Ashour muestra una de sus obsesiones; el dilucidar si ella misma era o no una escritora de talento. De la incertidumbre pasó a la inacción y en la década de 1970 renunció a la escritura. Pero el deseo de escribir volvió. La primera novela de Radwa Ashour fue The Journey: Memoirs of an Egyptian Student in America (1980), una exploración crítica de la sociedad y la psique estadounidense a través de los ojos de un graduado egipcio que visita los EE.UU por primera vez. Esta obra la escribió después de haber rozado casi la muerte debido a sus problemas de salud que ya no la abandonarían el resto de su vida.

La que está considerada una de las más influyentes escritoras en lengua árabe, nació en El Cairo, en 1946. Se graduó en “Literatura Comparada” por la “Universidad de El Cairo” y obtuvo, además, un doctorado en literatura afro-americana por la “Universidad de Massachusetts”, ejerciendo la docencia como 4161469profesora de la “Universidad Ain Shams”. Se casó en 1970, año de la muerte de Nasser, con el poeta y escritor palestino Mourid Barghouti, y su hijo es el poeta Tamim al-Barghouti.

Fue, además de una persona muy reconocida en el ámbito docente, una intelectual políticamente comprometida. A menudo, Palestina aparecía como uno de los temas más reiterativos en sus trabajos. Además de sus novelas (entre las que destacan Spectres o Sira Aj) Ashour tomó su propia vida para escribir una autobiografía en 2013 titulada Athqal Min Radwa, en la que relataba su continua lucha contra la enfermedad, junto con sus experiencias en la plaza Tariq durante la primavera árabe egipcia. Es también coautora de un importante trabajo sobre las escritoras árabes: Arab Women Writings: A Critical Reference Guide: 1873-1999 (traducción al inglés del original árabe).

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granadaPero, sin duda, su obra más celebrada y premiada fue su Trilogía de Granada, escrita entre 1994-1995,  obra que la “Editorial Oriente y Mediterráneo” tradujo al castellano, agrupando los tres volúmenes de la trilogía en uno: Granada, Moraima y La Partida.

Radwa Ashour recordaba en el artículo “La vida en medio de la muerte” de José Andrés Rojo, El País, 2008, el momento en que empezó a escribirla: “Escuchaba los bombardeos de Estados Unidos sobre Irak, y vi la imagen de una mujer desnuda. Empecé a tirar de ahí y salieron los personajes, el movimiento, el clima de amenaza. Granada es una metáfora que expresa mi propia experiencia y también la historia de Palestina. Soy hija de una derrota y sé que construimos a la sombra de la muerte“.

En ella nos muestra, a través de una saga familiar de moriscos del barrio granadino del Albaicín, la pérdida de Al-Andalus, cómo los granadinos musulmanes vivieron la muerte de su cultura y la transformación de su ciudad. Ashour explicó que “Granada es un tema muy popular en la cultura árabe, hay muchas escrituras sobre este tema, que, por un lado, se dedican a glorificar ese pasado y, por el otro, a expresar un llanto por lo que se perdió” y añadió que cuando comenzó a escribir la trilogía “no tenía en mente ninguno de estos dos puntos de vista” y que la obra, más bien al contrario, acabó convirtiéndose en una “reivindicación de la simbiosis entre distintas culturas”.

Por la primera parte de su  Trilogía de Granada recibió el Premio a la mejor novela del año de la “Feria del Libro de El Cairo” (1994). Por la segunda y tercera partes, el Primer Premio de la “Feria del Libro de la Mujer Árabe” (El Cairo 1995).

Radwa Ashour falleció el pasado 30 de noviembre, víctima del cáncer. Me gustaría recordar estas palabras que la escritora pronunció en un encuentro en Granada en el que pedía a la crítica y lectores europeos que no traten a los escritores árabes “con la lógica de ‘Las Mil y Una Noches'” y que, en su lugar, “simplemente nos lean sin prejuicios” para que árabes y europeos puedan “interactuar de tú a tú”.

K. Sello Duiker, la incipiente estrella de rock literaria que se quebró

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K. Sello Duiker

En 2004 Phaswane Mpe fallecía, a la edad de treinta y cinco años, víctima del SIDA. Un mes después, su amigo y también escritor, K. Sello Duiker, se suicidaba, ahorcándose, a la edad de treinta años. Ambos estaban considerados las más firmes promesas de la literatura post-apartheid sudafricana.

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K. Sello Duiker

La temprana desaparición, de manera sucesiva, de los que estaban llamados a ser los narradores de la “nueva Sudáfrica”, dejó un vacío enorme, sobre todo en los círculos literarios y en las jóvenes generaciones de escritores. Se fueron, precisamente, cuando el apartheid vivía sus últimas horas.

El también escritor Fred Khumalo resaltó que Kabelo Sello Duiker era, en aquel momento, una estrella en ascenso y estaba ungido como portavoz de su generación. “Quizás, en cierta forma, nosotros lo matamos. Lo pusimos en un pedestal. Pusimos demasiada presión y expectativas en él”, sugiere en un intento por entender los motivos de su muerte. Antes, Duiker había explorado temas poco convencionales, se había adentrado en la denuncia de la situación de los “niños de la calle” y la explotación sexual, había escrito sobre homosexualidad, un tema tabú, y estaba considerado “la más prometedora de las emergentes figuras literarias del África negra.”

Soweto, 1974

Tenemos que remontarnos a 1974, año en el se había aprobado el Decreto Medio de Afrikáans, para hallar el año de su nacimiento. En aquella época mediante el mencionado decreto se obligaba en las escuelas a usar el afrikáans, el idioma del opresor. Tras la medida, la tensión fue en aumento, hasta que en 1976 los estudiantes tomaron las calles, organizando una marcha y uniéndose frente a la “Orlando West High School”, en Soweto. La Policía dispersó a los casi 20 mil alumnos a balazos, se contaron por centenares las víctimas de aquella masacre.

Soweto, 1976

El apartheid marcó la vida de muchas personas. También la del futuro escritor. Duiker procedía de una familia acomodada y sus padres decidieron enviarle a un colegio privado de blancos, con el objeto de proporcionarle la mejor educación posible. Sólo otro niño negro asistía a aquellas clases con él. De naturaleza sensible, sintió de manera profunda las diferencias raciales que le dejaron íntimas cicatrices de por vida y que, con posterioridad, volcó en su obra.

In Search of Phaswane Mpe

Phaswane Mpe

Debido al trabajo de su padre, en una compañía internacional, viajó mucho con su familia a Londres y a Francia, donde prosiguió sus estudios, pero donde. sobre todo, leía sin mesura. Duiker afirmó que fue su madre, lectora compulsiva, la que le mostró la pasión por la lectura. Entre los escritores prefería a Bessie Head, Dambudzo MarecheraBen Okri, Zadie Smith o Ayi Kwei Armah.

En 1995, retornó a Sudáfrica, un año después de las primeras elecciones que consolidaron el fin del apartheid, y se matriculó en periodismo en la Universidad de Rhodes, creando con Phaswane Mpe el círculo de poesía “Seeds”. En 1998, viajó a Ciudad del Cabo, donde escribirá la primera de sus tres novelas.

“Thirteen cents”: encontrando su voz

Su primer libro, Thirteen cents (2000), del que se ha realizado una re-edición en 2013, y con el que ganó el “Commonwealth Writers Prize for Best First Book” 2002, lo escribió en Ciudad del Cabo, donde el autor dijo, en una ocasión, “encontró su voz”. Lejos de su acomodada vida, Duiker se perdió en Ciudad del Cabo, durmió en la calle, tomó drogas y experimentó con el sexo. Allí, durante tres semanas compartió su vida con los “niños de la calle”.Vivencias que después trasladó a la ficción.

Azure, el protagonista de Thirteen cents, un niño huérfano de apenas trece años, se ve obligado a prostituirse para sobrevivir en la ciudad. Las explícitas escenas de sexo (en Los deseos afines, se puede leer un capítulo del mismo en castellano) con una relación de comercio sexual entre el joven negro y un hombre rico blanco, junto a la descripción del sórdido, violento y despiadado mundo en el que se mueve el joven, supusieron el abordaje de temáticas novedosas y arriesgadas hasta el momento y lograron que la atención se girara hacia Duiker: había nacido la nueva estrella de las letras sudafricanas.

“The quiet violence of dreams”: la confirmación

descarga (1)Su segunda novela fue descrita por el periódico británico “The Guardian” como “una mirada fascinante a la cultura juvenil y a la manera en la que los jóvenes sudafricanos, blancos y negros, tratan de crear una identidad mezcla de sus raíces africanas con una cultura más global”.

La trama de la novela gira en torno a Tshepo, estudiante de la Universidad de Rhodes que ha estado confinado en una institución mental después de un episodio de ‘psicosis inducida por cannabis’. Una vez que consigue acabar sus estudios, marcha a Ciudad del Cabo donde comienza a trabajar como camarero pero Tshepo pierde su trabajo y, desesperado por la carencia de ingresos, acepta trabajar dando masajes para hombres bajo el seudónimo de “Angelo”.

Charl Blignaut and Sello Duiker share a moment a few months before his death. Foto: Belinda Blignaut

Con su segunda obra confirmó que “el sexo en sus novelas era una manera de volver a lo esencial, escondido detrás de la raza y el género”. Por este trabajo obtendría el “Herman Charles Bosman de literatura en inglés” y los halagos de la crítica y del público. No fue, por lo tanto, un escritor sin reconocimiento. Al contrario, gozaba de éxito de ventas y trabajaba, además, escribiendo episodios para una conocida telenovela.

Los paralelismos entre el argumento de la novela y su vida, hicieron que se especulara sobre cuánto de autobiográfico había en la misma, sobre todo en relación a su tendencia sexual. Sin embargo, cuando era interpelado sobre la cuestión, Duiker contestaba que los paralelismos se limitaban a que tanto Tshepo como él habían estudiado en la misma universidad y habían ido a Ciudad del Cabo después. Eso era todo, también en el hecho de que habían tomado drogas, admitía.

K.Sello Duiker

Dicen que Duiker, no ocultaba su malestar ante la actidud de sus compatriotas que tenían una visión exclusivista sobre lo que debía entenderse como cultura. “¿Siempre tengo que pedir disculpas por querer más de lo que tiene mi cultura que ofrecer?”, se preguntaba su personaje Thsepo, “¿Soy un vendido, un Tío Tom?, ¿Los que se adhieren estrictamente a su propia cultura no practican una especie de estancamiento, una forma de incesto?”.

En los últimos tiempos, Duiker, a pesar de trabajar como editor, parecía insatisfecho, odiaba su trabajo, se encontraba en un lugar en el que no quería estar. Se sentía atrapado por su estilo de vida, la mercantilización y el consumismo son temas comunes en su obra, al igual que la búsqueda de la identidad.

Si el adolescente de Thirteen cents pierde su nombre Azure, por el seudónimo “Azul” en referencia al color de sus ojos, y en su segunda novela Thsepo se convierte en “Angelo”, estas pérdidas de identidad son el resultado de un largo proceso. La familia de Duiker (nombre afrikáans) la vivió cuando tuvo que renunciar al original “Lesufi”, una forma como otra cualquiera de intentar ser aceptados en la Sudáfrica del apartheid.

El 19 de enero de 2005, sumido en una profunda depresión, se habla de trastorno bipolar, puso fin a su vida. Momentos antes había expresado que sentía cómo la medicación que tenía que tomar era un peaje a pagar demasiado grande, tanto para su creatividad artística como para mantener su alegría de vivir.

Nadine Gordimer, la escritora comprometida

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Nadine Gordimer, 1961

1961. Foto: Alamy

La primera, y única, mujer africana en ganar un Nobel de Literatura (cuando se lo concedieron, 1991, hacía 25 años que no lo recibía ninguna mujer) falleció el pasado 13 de julio, a los 90 años. Nadine Gordimer confesó en una ocasión que nunca se había propuesto ser escritora, entendía que se nacía con ese impulso natural. A pesar de que comenzó a escribir a los 15 años, pocos saben que de joven quiso ser bailarina, pero una enfermedad cardíaca la alejó de la danza.

Nadine Gordimer, 1974

1974. Foto: Booker Prize

Los que la conocieron dicen que era menuda y frágil, etérea, pero tras esa apariencia se encontraba el espíritu y la valentía de una mujer con una brutal fuerza que dedicó toda su vida a la lucha contra aquel régimen terrible que fue el apartheid sudafricano, y que después continuó denunciando la injusticia y las desigualdades de la Sudafrica post-apartheid. Fue precisamente su postura vital uno de los méritos que se resaltaron en el momento de concederle el Nobel; se destacaba que sus escritos habían sido “de gran beneficio para la humanidad“.

Blanca y africana

Nadine Gordimer, quien a los 18 años vio que “tenía más en común con los jóvenes negros que con los blancos, sólo interesados en las actividades de la comunidad blanca”, luchó por eliminar esas fronteras raciales. “Soy africana y el color de la piel no importa” aseguraba.

Con Nelson Mandela

Sus convicciones la llevaron a comprometerse políticamente en la lucha, en aquella Sudafrica devastada por el régimen de segregación racial. Estableció contactos, para después implicarse de lleno, con el “Congreso Nacional Africano” de Mandela y en los momentos peores, en los que la violencia estalló de forma más abrupta, permaneció en su tierra: “En los años ochenta, mi esposo y yo llegamos a creer que vendría una guerra civil, que acabaríamos asesinados. Pero nos quedamos. Hoy, hay problemas, no lo niego, pero comparto el espacio con una mayoría negra. Hay blancos que huyeron a Canadá o Australia para no ver esto”.

Cuando, en una ocasión, un periodista le preguntó si era consciente del riesgo de ser blanca en un país marcado por el odio racial, contestó: “Si un grupo de negros sudafricanos me mata, habrá que responsabilizar al apartheid y no a los autores materiales”.

Nacer en Sudáfrica

Getty Images 1923-2014

Foto: Getty images

Compromiso es la palabra que más veces se repite cuando se habla sobre Gordimer, sin embargo ella consideraba que su escritura quedaba fuera de la lucha que se libraba a pie de calle: “Mis libros siempre estuvieron al margen de esa lucha porque nunca quise escribir propaganda. Me impuse que en mi escritura no hubiera activismo. Nunca mostré a los luchadores contra el apartheid como ángeles ni a los colonizadores como demonios. Mi escritura nunca fue un grito contra el sistema racista. Eso lo hice con mis acciones.” Gordimer lamentaba la falta de compromiso social de los intelectuales de fin del siglo XX, sobre todo europeos, y defendía una literatura, citando a Salman Rushdie, “que diga lo indecible y exprese lo impronunciable” .

Gordimer con Wole Soyinka, Derek Walcott, y Toni Morrison © nytimes

La narrativa de Gordimer surgía de su necesidad de escribir, en un intento por encontrar la manera de describir y comprender el mundo que la rodeaba: “A través de la palabra los escritores buscan realizar su propia lectura de la sociedad que les rodea, del mundo del cual son una parte. Es en esta indisoluble e indescriptible complicidad que la escritura siempre, y al mismo tiempo, es una búsqueda del yo y del mundo, de la existencia individual y colectiva”. “La escritura –explicó– es resultado de tu propio desarrollo, del desarrollo de tus propias emociones y, por supuesto, de tus relaciones con el mundo exterior, con lo social y lo político. La necesidad de escribir viene de esos dos impulsos: de lo que te sucede dentro y de lo que te viene impuesto desde la sociedad, el país, la política, la moral.”

Gordimer a través de sus libros

El conservador

La hija de Burger

La gente de July

La gente de July

El conservador, 1974

“Tengo que separar mi persona del trabajo. Mi propia vida, mis propios temores y esperanzas son una cosa, pero no le pertenecen a mis personajes a menos que quiera hacer un personaje como yo. No he hecho eso desde mi primera novela porque la primera novela es siempre autobiográfica. Estás vengándote de tus padres y ese tipo de cosas. Yo hice eso, como todos, pero no lo he repetido desde entonces. Si ven el tipo de mis personajes, por ejemplo en mi novela El conservador, ¿alguien podría ser menos parecido a mí? Políticamente es opuesto a mí, pertenece al otro sexo, todo es diferente en él, pero desde luego conozco a mucha gente como él y me fascinan.  Así es que mi persona está separada de mi trabajo.” (*)

La hija de Burger, 1979

“Publicada originalmente en el Reino Unido -todo hacía presagiar que sería censurada en Sudáfrica- la temática escoció el imaginario de los blancos sudafricanos, pues los protagonistas y perspectiva no eran la de los humillados y esclavizados negros, sino la de los activistas blancos comprometidos con el movimiento anti apartheid. La prensa oficial la calificó de procomunista y lo que ahora se recuerda de ella es que uno de los ejemplares llegó a manos de Nelson Mandela en su prisión de la isla de Robben” (*)

La gente de July, 1981

“La novela La gente de July, que es la única novela futurista que he escrito —en los años ochenta—, narra algo que nunca sucedió: la guerra civil en Sudáfrica. Sin embargo, pudo haber sucedido muy fácilmente. Para mí esto no era algo futurista, bien pudo haber pasado al año siguiente, estaba en el aire, los hombres blancos corrían como animales al precipicio, listos para caer.” (*)

Historia de mi hijo

Mejor hoy que mañana, 2013

Mejor hoy que mañana

La historia de mi hijo, 1990

A través de la mirada y los sentimientos de un adolescente, Will, la capacidad de penetración psicológica y la agudeza intelectual de la autora perfilan un sobrecogedor retrato de la familia en la Sudáfrica de las violencias racistas. “Si en algunas novelas anteriores veíamos un final apocalíptico, y la visión futurista de una Sudáfrica libre, en La historia de mi hijo no hay lugar para las utopías: la liberación de Sudáfrica que anunciaba Sonny (el padre del protagonista), en su conmovedor discurso, nos transmite de forma implícita la escritora, está todavía muy lejana” (*)

Mejor hoy que mañana, 2013

Su última novela la escribió con 89 años. Mejor hoy que mañana  nos introduce en la Sudáfrica de hoy en día. Muy crítica con personajes como el actual presidente Jacob Zuma, ejemplo de aquellos que antes lucharon y hoy se han prostituido y han corrompido aquello por lo que lucharon y dolida al comprobar el tipo de libertad que trajo el final del apartheid, sin igualdad, al aparecer la “clase” y las desigualdades sociales y económicas,  el libro es un texto agridulce pero sincero con la realidad de su país. Gordimer, sin embargo, opina que aún es posible y parece querer decirlo desde el mismo título; nunca es tarde para empezar.

“Siempre me he definido como una realista optimista. Los que luchamos sabemos que unidos pudimos hacer cosas buenas. Cuando terminó el apartheid lo celebramos todos: negros, blancos, ricos y pobres. Pero después de la fiesta viene la resaca: estamos en esa mañana de después. Debes recordar a tus compatriotas que llevamos apenas veinte años de libertad, y nos queda mucho por delante. No tenemos excusa para no crear una vida decente para todos. Pero si a pesar de la enorme y larga lucha que empezó en 1652, cuando llegó el primer barco holandés, lo conseguimos, seguro que podemos hacer cosas buenas, hacer buena nuestra libertad.”

Nadine Gordimer

Nadine Gordimer, 1923-2014

Amos Tutuola o la literatura del vino de palma

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“Sangrador de vino de palma”.Twins Seven-Seven

El vino de palma es una bebida que se  obtiene de las palmeras, en su parte superior, en la corona de la palma aceitera, se hace una incisión en el cogollo más alto y se coloca un recipiente para recoger la savia. Luego se deja fermentar donde no haya mucho calor para que no se avinagre y se conserva en calabazas en un lugar fresco. El vino de palma juega un papel importante en muchas ceremonias en algunas partes de Nigeria sobre todo entre los Igbo  y en África central y occidental en diversos lugares. Recibe múltiples nombres, “nkwu Elu” (igbo) “doka” (Ghana) o “poyo” (Sierra Leona) por citar algunos de ellos.

Esta bebida aparece en muchas obras literarias africanas junto a la nuez de cola. El congoleño Emmanuel Dongala tituló a su colección de relatos “Jazz et vin de palme” y varios de los personajes de Soyinka consumen esta bebida, pero fue Amos Tutuola quien hizo del vino de palma el protagonista de una innovadora novela.

Amos Tutuola

Su novela más conocida, “El bebedor de vino de palma“, comienza con estas palabras: “He sido un bebedor de vino de palma desde que tenía diez años. No he hecho otra cosa en mi vida que beber vino de palma. En aquellos tiempos el único dinero que conocíamos eran los caracoles, así que todo era muy barato y mi padre era el hombre más rico del pueblo. Mi padre tenía ocho hijos y yo era el mayor. Todos los otros trabajaban muy duro, pero yo era un maestro bebiendo vino de palma. Bebía vino desde por la mañana hasta por la noche y desde por la noche hasta por la mañana. Ya en aquellos tiempos no podía beber agua corriente, sino vino.

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Ilustración para “Palm Wine Drinkard” por la ilustradora Lara Hawthorne.

Tutuola nació en Abeokuta en 1920, de familia perteneciente a los yoruba, su padre fue un agricultor. Sus comienzos no fueron fáciles, para poder ayudar a sus padres tuvo que dejar de ir a la escuela. De joven practicó diversos oficios: desde cartero hasta vigilante nocturno en un almacén para sobrevivir. Después fundó el Mbari Club, asociación de escritores nigerianos, fue profesor universitario en la  Obafemi Awolowo de Nigeria y trabajó en el programa internacional de escritura creativa de la Universidad de Iowa (EEUU). Murió con 76 años en su tierra natal. Detrás había dejado una obra interesante y no exenta de polémica. Escribió, entre otras, My Life in the Bush of Ghosts (Mi vida en la maleza de los fantasmas, Siruela 1954), Simbi and the Satyr of the Dark Jungle (1955), The Brave African Huntress (1958) o The Witch-Herbalist of the Remote Town (1981).

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Esta es de manera muy resumida su vida, pero ¿cuándo tomó Tutuola la decisión de escribir?, ¿cuál fue su camino?. Tutola solía explicar que desde los tiempos en los que iba a la escuela ya era un contador de historias. Su hijo, Yinka Tutuola, en una entrevista [en] explicaba que su padre estaba siempre escribiendo, sin descanso, de día y de noche, y que nada podía evitar que lo hiciera. Su primera novela fue The Wild Hunter in the Bush of ghosts y cuando la terminó la envió a una editorial inglesa con una nota muy curiosa: el autor se ofrecía a enviarles las fotografías de los fantasmas que protagonizaban la obra. La editorial no quiso dejar pasar aquella oportunidad de oro y aceptó, pero cuando recibió el envío de Tutuola comprobó que en lugar de fotografías el escritor había enviado unos simples dibujos de fantasmas. La anécdota muestra la manera de ser de Tutola, añadía imaginación y osadía cuando le faltaba realidad.

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Wild Hunter in the Bush of Ghosts. Ilustración de Max Winkler

El bebedor de vino de palma” para la que eligió un inglés que no dominaba frente a su lengua natal, narra el viaje que tiene que realizar el protagonista cuando su sangrador se cae del árbol y muere. La novela se mueve entre lo fantástico y lo irreal, entre la vida y la muerte, entre lo natural y lo espiritual. Tomando como base los relatos de la tradición oral de su pueblo, el escritor inventó una historia cimentada en ese estilo, logrando un texto lleno de riqueza, imaginación y sorpresa.

Sin embargo, cuando se publicó en 1952 no fue bien recibida en Nigeria. En su tierra natal arreciaron las críticas: el protagonista era un borracho y encima analfabeto, la imagen que Tutuola daba de África era negativa y deshonrosa. Además estaba escrita en un mal inglés, repleto de repeticiones, frases inconexas, fallos gramaticales y errores sintácticos. Wole Soyinka, en cambio, opinaba que la obra de Tutola constituía la mayor aportación realizada a la literatura africana del siglo XX y Chinua Achebe también la destacó.

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Edición de 1977

La obra de Tutuola se tomó como exótica en Europa, una curiosidad, una rareza. ¿Estaba mal escrita la novela porque se escribía desde la tradición oral?, ¿se había de tratar con desdén una obra escrita en un inglés lleno de errores porque estaba en las antípodas de nuestra manera de concebir la narración y la escritura?, ¿tan pequeño y estrecho es nuestro mundo que no cabían en él otras expresiones por extrañas y ajenas que nos parecieran?…La crítica de la época parece condescendiente. Por ejemplo, en 1967 Martin Tucker escribió con débiles elogios, “los nigerianos lo consideran como un primitivo que no muestra ningún deseo de salir de su hábitat primitivo. Sin embargo, es probable que con el tiempo se vea como un verdadero talento, no sólo como un fenómeno que introdujo las barbaridades exóticas de la selva africana en los salones del mundo” [1].

Nacido en Uganda en 1939, Taban Lo Liyong, poeta y escritor de ficción y crítico literario, y feroz opositor del sistema post-colonial educativo que se implantó en África oriental, opinaba de esta manera: ¿Escribe Tutuola fuera de la gramática?.Sí. Pero James Joyce está más fuera de la gramática que Tutuola. Ezekiel Mphahlele siempre ha dicho y escrito que los escritores africanos están destrozando el inglés. ¿Destrozar? ¿No destrozó el inglés mucho más James Joyce? La obra de Mark Twain “Huckleberry Finn” está escrita en nueve dialectos. Está considerada un clásico. Aceptamos su incorrecta gramática y la olvidamos para superarla e indagar sobre lo que Mark Twain nos quiso contar. [2]

Gracias al poeta Dylan Thomas que la acogió y defendió con entusiasmo, lo mismo que T.S.Elliot,  y a Raymond Queneau quien la tradujo al francés (como curiosidad comentar que el nombre de Tutuola era tan poco conocido que se pensó al principio que la obra la había escrito Queneau bajo un seudónimo) la novela fue siendo cada vez más conocida, logrando que el escritor fuera conocido internacionalmente.

En último término, su publicación lo que supuso fue la irrupción de un nuevo modo de contar el mundo: el africano.  Con el tiempo “El bebedor de vino de palma” fue ganándose el respeto, incluso entre sus colegas africanos, y está considerada un clásico, llegando a encontrar su propio lugar, el que le corresponde a una obra original, bella, nueva y única, narrada desde la honestidad de querer transmitir un mundo propio, con su propio lenguaje, con toda su complejidad y riqueza.

Bessie Head, la buscadora de estrellas

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Foto:kinnareads.com

Bessie Head no quiso que se la llamara escritora africana, escritora negra, escritora feminista, escritora revolucionaria, a ella no le gustaban las etiquetas, prefería pensar que su literatura era para cualquier persona en cualquier lugar, en cualquier momento. Al contrario que algunos escritores que se sienten rusos, británicos, alemanes o franceses en primer lugar y solo en segundo universales, su postura era justo la contraria.

Leyendo su biografía se observa que nunca perteneció del todo a ningún mundo. Nació en Sudáfrica, pero se la considera la máxime representante de la literatura de Bostwana. Habitó el mundo terrenal, con sus carencias y sus injusticias, pero también el de la ensoñación o pesadilla que surge de lo más recóndito de la mente.

Bessie Head es un inmenso espejo que devuelve miles de caras. “Estoy construyendo una escalera a las estrellas…Por eso escribo”, nos comunicó en su último escrito “Why do I write“. Como en tantos casos, murió pobre, justo en el momento en el que rozaba las puertas de un reconocimiento que se le escabulló en vida y joven, demasiado joven para cualquiera y más para una escritora, pero dejó tras de si una obra única, llena de magia.

Escapando del laberinto

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Bessie Head (1945) Foto:newint.org

Como escribió en una de sus cartas, siempre se veía obligada a dar información biográfica así que ella empezaba diciendo “Nací en Pietermaritzburg (Sudáfrica) el 6 de julio de 1937” por alguna parte tenía que comenzar. Lo cierto es que los inicios de la escritora no son habituales. En palabras de la propia Head, su madre, Bessie Amelia Emery (Toby), fue una mujer blanca que regresó a Sudáfrica, a la casa familiar, tras un matrimonio roto y que mantuvo relaciones con un hombre negro encargado del cuidado de los establos, en un tiempo en el que las relaciones interraciales estaban prohibidas en Sudáfrica. Nunca llegó a conocerles. Su padre, un total desconocido para Head, desapareció y a su madre su familia la repudió (o quiso alejarla de la tensa situación en la que se había visto envuelta tras el embarazo) y la internó en un hospital psiquiátrico, donde nacería Bessie Head.

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Foto: enloehs.wcpss.net/

A excepción de la abuela de Bessie Amelia, el resto de la familia de Toby no quería saber nada de ella ni de la niña. Ante la incapacidad de Toby para cuidar de su hija se intentó darla en adopción a una pareja de blancos que la devolvió al comprobar que era más negra que blanca. Fallecida Toby, cuando Head contaba 6 años, una pareja de devotos católicos negros se encargó de ella y a la edad de 12 años la metieron en un internado anglicano. Su vida dio un giro violento cuando con 14 años, descubrió la verdad sobre sus padres. En su novela autobiográfica A question of power (1974) este episodio subyace como el detonante del colapso metal de la protagonista (una profunda cicatriz que ya contenía el germen del apartheid).

Tras finalizar sus estudios, se dedicó a la enseñanza en Durban, durante un breve período de tiempo. A pesar de iniciar esta nueva etapa con gran entusiasmo, empezó a sentir que no era valorada y a menudo se veía a si misma en el límite de una crisis mental. Es la época  en la que se acerca al hinduismo y acepta un trabajo como periodista en Ciudad del Cabo. Se convirtió así en una periodista independiente, trasladándose a Johannesburgo al año siguiente, donde conoció a periodistas africanos de renombre y entró en contacto con el Congreso Panafricano, uniéndose con posterioridad a su líder Robert Mangaliso Sobukwe, uno de sus héroes de por vida. Su vida política se saldó con una detención. A continuación ocurrió otro episodio que la marcaría de headforma irremediable: un conocido artista, a quien admiraba mucho, la agredió sexualmente. En plena desesperación, trató de suicidarse. Después de un tiempo en el hospital, regresó a Ciudad del Cabo y comenzó a escribir de nuevo. En un estado que sería habitual en ella, volvió a entrar en depresión. Durante meses se tornó “invisible”. Cuando resurgió, creó su propio periódico “El Ciudadano”, en el que expresaba sus puntos de vista políticos.

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Con su hijo Howard.Foto: esaach.org.za

En 1961 se casó con Harold Head. La vida matrimonial, en un principio, parecía feliz (sin embargo, la propia escritora comparó a su  marido con Garasego el personaje principal del cuento “La coleccionista de tesoros”, a quien describe como un ser egoísta e incapaz de sentir afecto por su mujer o sus hijos). Su hijo, Howard, nació el año siguiente. Sin embargo, a finales de 1963 el matrimonio había fracasado. Los bruscos cambios de temperamento de Bessie junto con el ambiente asfixiante del apartheid, habían acabado por convertir a la escritora en un ser inestable con un precario sistema nervioso. En esta época escribió su primera novela, The Cardinals, que será publicada tras su muerte. Con un visado solo de ida en la mano decidió abandonar Sudáfrica y dirigirse a Serowe, Botswana, entonces todavía protectorado de Bechuanaland, donde se convertiría en refugiada durante quince años hasta que en 1979 consiguió la ciudadanía.

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Foto: blackamericaweb.com

Comenzaría así un peregrinaje que la llevó a ser profesora, trabajadora agrícola y mecanógrafa, en su afán por salir de la pobreza y tratar de mejorar las condiciones en las que vivía. Con su hijo Howard acabó en 1966 en Francistown, un asentamiento de refugiados. Continuó escribiendo y sus obras fueron finalmente aceptadas por una editorial de New York, pero siguió con constantes alucinaciones y delirios, lo que la acarrearon problemas en Francistown por lo que decidió regresar a Serowe. Allí, convertida en el centro de las habladurías, escribe hasta que una fuerte crisis nerviosa la llevó a ser internada de nuevo en un hospital. When Rain Clouds Gather (1968) se publica en Londres y New York. Es una de las primeras mujeres africanas en ser reconocida como escritora. Lo anterior no la saca de la pobreza, pero consigue construir una casa. Cuando Maru fue publicada en 1971, Bessie estaba gravemente enferma con depresión y 9a86a346e9ee5173ff03b41f84923968alucinaciones. Dado su estado, fue ingresada en un hospital psiquiátrico y a su salida emprenderá la elaboración de la que está considerada su obra más importante A question of power, que en cuanto se publicó fue un éxito de público y críticas. Siguió escribiendo hasta que en la década de los 80 aparecía agotada, se van sumando los años de privaciones y pobreza.

Bessie Head murió el 17 de abril de 1986 en Serowe. Solo tenía 49 años. Se consideraba una solitaria, pero afirmaba que su mundo se poblaba de miles de personas cuando soñaba, un mundo lleno de amor, ternura, alegría y risa. A pesar de las duras condiciones de su vida, a pesar de las alucinaciones, de su internamiento psiquiátrico, de su delicado equilibrio nervioso, Head la luchadora, Head la buscadora de estrellas, Bessie Head.

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When Rain Clouds Gather (1968)

Situada en la época pre-independencia de Botswana, narra la historia de Makhaya, un joven sudafricano que acaba de ser liberado de la cárcel. Incapaz de soportar el duro trato de las personas de raza negra en su país de origen, decide huir, con la esperanza de encontrar la tranquilidad que siempre ha soñado en el vasto territorio que conforma el resto de África. El libro explora las consecuencias de estar atrapado en la tradición y habla sobre la resistencia al cambio y sobre la opresión.

Maru (1971)

Dos amigos, casi hermanos de sangre, Maru y Moleka se convierten en enemigos debido al amor que sienten hacia la misma mujer, Margaret Cadmore, una Masarwa que ha venido a la aldea de Dilepe para ocupar un puesto de profesora. Nacida en la cuneta, fue adoptado por la mujer blanca de un misionero. Margaret se levanta por encima de la intensa discriminación racial para convertirse en profesora, convirtiéndose en el centro de la intriga, el odio y los prejuicios raciales. El descubrimiento de Margaret acerca de su propia gente Masarwa que son tratados como parias la afianza más en su decisión de defender con orgullo sus orígenes.

A Question of Power (1973)

Parecía casi incidental que él fuera un africano. Tan vastas habían sido sus percepciones internas, aumentadas a lo largo de los años , que él prefería más una identificación con la humanidad que una identificación con un entorno particular. Y, sin embargo, como africano, parecía haber hecho una de las declaraciones más perfectas: “Yo soy cualquiera.” (página 11) Con esta frase comienza la novela en la que habla una mujer Elizabeth, cuya vida es clon de la Head, madre blanca y padre negro en la terrible Sudáfrica del apartheid, madre que como la de Head, es considerada loca y a la que le hacen una advertencia que  tiene visos de querer convertirse en realidad; si no anda con cuidado acabará como ella. La novela, que se puede leer tanto como el despiece de una mente llena de sufrimiento en los márgenes del shock y de la crisis nerviosas o como una exploración de las relaciones de poder y de la opresión, es dificil, lírica, llena de alucinaciones, construida desde conversaciones en las que se confunde la distinción entre lo que es real y lo que es proyección de la mente de Elizabeth, desde delirios que nos conducen a las puertas de la locura, dentro-fuera.

Opinión de Mary Okeke [en] sobre A question of power, aquí

La coleccionista de tesoros (1977)

En esta colección de relatos, único libro traducido al castellano de la autora, Bessie Head emplea el lenguaje y la imaginería de los cuentacuentos para presentar al lector un mosaico de relatos ambientados en la Bostwana posterior a la independencia. Un período de transición entre un mundo ancestral que no ha cambiado, donde impera la voluntad de los hechiceros y los jefes de las tribus, y la modernidad, representada por las a menudo dudosas aportaciones del hombre blanco: el cristianismo, la medicina moderna y las costumbres distintas, que no siempre encajan con la forma de vida de los lugareños. En este nuevo entorno encontramos a mujeres emancipadas, esposas devotas, madres y abuelas que intentan hacerse un hueco en un mundo dominado todavía por las necesidades y deseos de los hombres, lo que las convierte en muchos casos en pioneras en sus comunidades. (Texto: Contraportada del libro)

Bibliografía completa:

  • When Rain Clouds Gather (1968)
  • Maru (1971)
  • A Question of Power (1974)
  • Looking for a Rain God (1977)
  • The Collector of Treasures and Other Botswana Village Tales (1977). La coleccionista de tesoros (El Cobre, 2003)
  • Serowe: Village of the Rain Wind (1981)
  • A Bewitched Crossroad (1984)
  • Tales of Tenderness and Power (1989)
  • A Woman Alone: Autobiographical Writings (1990)
  • A Gesture of Belonging: Letters from Bessie Head, 1965-1979 (1991)
  • The Cardinals (1993)

 Fuentes:

Yvonne Vera, en contra del silencio

Sin conocer a la escritora en profundidad, ni haber visto ningún vídeo suyo, las fotografías que aparecen con su imagen me transmiten que Yvonne Vera tuvo que ser una mujer fuerte, decidida y valiente. Su rostro me parece el de una mujer inteligente que no se amedrentaba con facilidad, pero al tiempo hay algo frágil en el fondo de su mirada, como si tuviera una especie de áurea que la rodeaba de misterio.

Su madre, Ericah, en la biografía que escribió sobre su hija, “Petal Thoughts: Yvonne Vera” recoge varios pasajes que nos hacen aproximarnos más a esta especial escritora. En concreto, escribe cómo una vez que Yvonne quería recoger unas entrevistas sobre mujeres, Ericah le prohibió hacerlo porque no era conveniente que una mujer viajara sola. Yvonne amenazó con suicidarse, salió a la calle y se puso en la mitad de la carretera. Su madre, aterrorizada, se dio cuenta de que Yvonne iba en serio cuando vio a los coches derrapando para no atropellarla. “Estoy en contra del silencio”, dijo en una ocasión. No hace falta más que leer cualquiera de sus obras para saber que Yvonne decía la verdad.

De los campos de algodón a Toronto

Yvonne Vera, nació en Bulawayo, Rodesia del Sur (actual Zimbabue), el 19 de septiembre de 1964. Trabajó en los campos de algodón desde los ocho años cerca de la ciudad de Chegutu. Más tarde estudió literatura inglesa y viajó a Canadá donde se casó en 1987 y obtuvo su Doctorado. De vuelta en Zimbabue, fue nombrada en 1997 directora de la Galería nacional de Zimbabue en Bulawayo, labor que realizó con gran entusiasmo y talento, apoyando a muchos artistas. Regresó a Canadá en 2004 donde murió al año siguiente. Apenas tenía cuarenta años cuando falleció, pero dejaba tras de si una trayectoria literaria brillante, valiente y verdadera.

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Photo by Ireen Dubel, Yvonne Vera Archives, 2012.

Vera era obsesiva en su hábito de escribir, y comparaba el tiempo lejos de la escritura con  “un período de ayuno”. Ella escribía durante diez horas diarias, sólo interrumpidas por carreras apresuradas hacia la nevera para tomar un bocadillo. Dijo una vez que la escritura era una parte no negociable de su vida, algo por lo que ella estaba dispuesta a sacrificar incluso las relaciones más íntimas. Estaba trabajando en una nueva novela, “Obedience”, cuando murió.

Un medio de cobertura de noticias canadiense reveló que ella había estado viviendo con el SIDA, un hecho que no se había dado a conocer durante su vida. La noticia de que había muerto de meningitis relacionada con el SIDA conmocionó al mundo, y muchos son los que se preguntan acerca de su decisión de permanecer en silencio en relación a la enfermedad.

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The Stone Virgins,traducida al idioma Ndebele

Vera dejó una huella indeleble en la literatura africana, ganando una gran cantidad de premios internacionales, incluyendo el Premio Macmillan para África, por “Stong virgins” en 2002, y el Premio Commonwealth en 1997 por “Under the togue” y el premio Tucholski del PEN sueco (2004) por el conjunto de su obra, “un corpus de obras que tratan temas tabú“.

Trayectoria literaria
Yvone Vera escribió cinco novelas y una colección de relatos. Los temas de las novelas de Vera son siempre arriesgados y nada complacientes, como la violación, el incesto o el infanticidio. Memory Chirere, escritor de Zimbawe, resumió la obra de Yvonne Vera en su blog, resumen que os ofrezco a continuación:

  • Why Don’t You Carve other Animals? (1993) es una colección de historias que retratan a las mujeres en diversas circunstancias que les piden salir de sus funciones ordinarias como madres y esposas. El escenario de fondo es la guerra de liberación de 1970.
  • Nehanda (1993) la iniciación de Vera en la hipnótica prosa poética escrita se basa en el luchador legendario liberación de Zimbabwe desde la década de 1890 hasta el Chimurenga de la década de 1970. Esta novela se centra en ficcionalizar algunos aspectos centrales de este mundialmente famosa heroína. Esta novela fue seleccionada finalista para el Commonwealth Prize de 1994.
  • Without A Name (1994) es, sin duda, el libro del que más se habla de toda su obra. La historia es sobre una mujer que viaja a través de la sociedad, de un amante a otro, en busca del amor, la libertad y la realización personal. Su inocencia se rompe muy temprano en la vida, cuando es violada por un hombre de uniforme. El momento central es cuando mata a su bebé recién nacido y ata el cadáver a su espalda, subiendo a un autobús de vuelta a su casa rural.
  • Under The Tongue (1996) probablemente marca la maduración de su estilo y, tal vez es por eso, que se considera como su novela más “difícil”. Cuenta la historia de un niño que ha sido violado por su padre y que, como consecuencia de ello, pierde a su madre. Se sugiere que la madre al matar al esposo al descubrir su crimen y previendo la muerte o la prisión, abandona al niño Zhizha con sus abuelos.
  • The Stone Virgins (2002)con él ganó el premio Macmillan para África en 2002. En 2006 ganó el Premio Aidoo / Snyder, dos años después de su publicación. Situada en las afueras de Bulawayo, esta novela explora las pruebas y tribulaciones de dos hermanas, Thenjiwe y Nonceba durante y después de la guerra de liberación. Explora los efectos de la guerra entre las fuerzas gubernamentales y los disidentes, en la vida de la gente común.

Mariposa en llamas

En 1998, publicó “Butterfly Burning”– la única de sus obras que está traducida al castellano: “Mariposa en llamas” (comentada en Literafrica) y al catalán: “Papallona encesa. “La magnética voz de Yvonne Vera arrastra al lector por las calles de la ciudad zimbabuense de Bulawayo hasta llegar al distrito de Makokoba, donde se desarrolla la historia. A los lados de Sidojiwe E2, la calle principal de Makokoba, los adultos deambulan ocupados en sus tareas y los niños ven pasar los coches mientras convierten en tesoros los objetos desechados que recogen. Ese trajinar diario va desgranando la historia de una comunidad y unos hechos sociales y políticos que la han marcado. Corre el año 1946 y Fumbada conoce junto al río Umguz a Fefelafi, de quien se enamora llevado por la fuerza que emana de esa mujer mucho más joven que él pero capaz con su espontaneidad e inexperiencia, de devolverle la fe en el mundo. Si bien ambos establecen una relación profunda y auténtica, la inquietud y la curiosidad por saber qué posibilidades le ofrece la vida bullen en Fefelafi. Necesita romper la amable rutina que la rodea encarando el futuro desde otros puntos de vista y tratando de definir su propia identidad. ¿Qué es capaz de hacer?. ¿Hasta dónde pueden conducirla su cuerpo y su mente?. ¿Cabe alguna forma de conciliar la realidad presente con el futuro que desea construir como mujer?.¿Qué debe sacrificar para perseguir sus sueños?”. (Fuente: Ediciones B)

Fuentes:

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