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Entradas de la Categoría ‘En blanco y negro’

Cómo escribir, hoy, sobre Binyavanga Wainaina

Aún recuerdo la sacudida que me produjo el leer Cómo escribir sobre África. Fue un rebrote eléctrico, de esos que te dejan aturdida y revisándote por dentro y por fuera, una y otra vez. No solo era la forma, aquella manera tan satírica y brillante de transmitir tantas imágenes y lecturas erróneas y falsas sobre el continente africano y su gente, era lo que se sumergía detrás de cada palabra. Aquella provocación, aquellas opiniones e ideas como puñales que seguían su trayectoria certera para penetrar y escarbar. Las frases que muchos han rechazado como si les picara una serpiente venenosa. Así era Wainaina. Un intelectual, un agitador, para un mundo que le estaba esperando con urgencia. Leer Más

Pautas para saber más de un escritor desconocido: El caso Gabriel Okara

Ha fallecido otro escritor que también escribió novela y teatro, pero que fue poeta ante todo: Gabriel Okara. Murió en su casa, el pasado 25 de marzo, en la localidad de Yenagoa, al sur de Nigeria, a los 97 años. Las redes se llenaron de titulares que destacaban que se había ido “un gigante literario”, “uno de los grandes nombres de la literatura africana anglófona”, “un icono de la literatura africana” o “el primer escritor modernista africano”. Brenda Marie Osbey, editora de una antología de sus poemas, comunicó a la agencia EFE que: “es con la publicación del primer poema de Gabriel Okara cuando se puede decir que la literatura nigeriana y la poesía africana moderna en inglés realmente comenzaron“. Leer Más

Nos deja Bernard B. Dadié, más de un siglo de literatura y lucha

103 años, una auténtica biblioteca ambulante llena de palabras transcendentes para defender con ellas su cultura, se acaban de marchar. Bernard B. Dadié, uno de los pioneros de las literaturas africanas, considerado por muchos el mejor de los escritores marfileños, fallecía este sábado, 9 de marzo, en su país: Costa de Marfil. Leer Más

No se ha ido. Antonio Lozano está aquí

Este domingo ha fallecido el escritor Antonio Lozano. Nacido en Tánger en 1956 pasó allí los primeros 27 años de su vida. De su biografía quiero destacar que su pasión por África, con la que se sentía muy identificado, le convirtió en un experto en literaturas africanas, siendo el creador y responsable del programa Letras Africanas y del Club de Lectura de “Casa África”, así como asesor de publicaciones de literatura africana de esta institución, entre muchas otras facetas.

“Cuantos más seamos los enamorados de África, mejor para contagiar a los demás” afirmó en una ocasión, en entrevista con Ángeles Jurado. Y él lo demostró con una trayectoria literaria, llena de buena literatura, que hunde sus raíces una y otra vez en este continente, que le fascinaba. Leer Más

Buchi Emecheta, mucho más que un icono literario

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Recuerdo las primeras líneas que leí sobre su vida y me dejó anonadada. Después leí su obra y me confirmó que estaba ante una mujer excepcional.

Nacida en Lagos en 1944, de familia humilde, su destino cambió al casarse a los 16 años con el hombre con quien se había comprometido desde los 11 y con quien emigraría cuatro años después a Londres. La pareja tuvo cinco hijos antes de que el matrimonio se rompiera. Fue la suya una convivencia violenta. Emecheta 18cuenta en su autobiografía novelada Second Class Citizen que en una ocasión Sylvester Onwordi, que así se llamaba su marido, llegó a quemar sus manuscritos. Aquel hecho supuso la ruptura definitiva, compatibilizando a partir de entonces cuidado de hijos, trabajo y escritura y llegando a graduarse en sociología. Ella misma llegó a definirse como una escritora no “a pesar de ser madre sino precisamente desde ahí”.

En 1983 apareció junto a Salman Rushdie y Martin Amis en la primera edición de la lista de Granta de los “Mejores novelistas jóvenes británicos”. De 1982 a 1983 Emecheta, junto con su hijo Sylvester, que era periodista, dirigió la Ogwugwu Afor Publishing Company. Escribió más de 20 novelas (no todas recibieron críticas positivas) y obras de teatro en su vida, abarcando temas que van desde la maternidad a la independencia y la libertad de las mujeres a través de la educación. En 2005, le fue otorgada la Orden del Imperio Británico.

En castellano podemos leer: Kehinde 1994 (Étnicos de Bronce, 1996 y La otra orilla, 2008) y Las delicias de la maternidad 1979(Ediciones Zanzíbar, 2004). Aunque hay que advertir que están descatalogadas.

16298668_10202751455744306_60356887120455338_nKehinde tiene como protagonista a una mujer nigeriana que vive en Londres con su marido y sus dos hijos y que disfruta de una vida que cambiará al verse obligada a volver a Nigeria, tras recibir el padre de familia una carta.  El choque entre los dos mundos es el centro sobre el que gravita esta novela, cuya reseña podéis leer en el blog de Mary Okeke, una gran admiradora de su obra.

Pero fue sobre todo Las delicias de la maternidad la que la convirtió en una figura de primer orden dentro del mundo de las letras. Una de sus obras más aclamadas, presenta a la mujer en medio de fuerzas contrapuestas: la tradición que provoca el deseo de una familia numerosa, principalmente varones para continuar el linaje del marido y la dura realidad, que hace que la mujer se enfrente sola a su propio destino. Con esta obra se situó como la “primera novelista africana que articuló la opresión patriarcal de las sociedades africanas” * al ofrecer una “visión devastadora” del discurso patriarcal en torno a la maternidad.

“El feminismo africano está libre de las ataduras de las ilusiones occidentales y tiende a ser mucho más pragmático”, dijo una vez. Ella no se consideraba feminista, como tantas mujeres africanas, sino que prefería el womanism de la escritora Alice Walker y se ponía a si misma una “f” pequeñita. Atacaba el patriarcado, las tradiciones opresoras y los prejuicios que ella misma soportó como madre soltera e inmigrante negraSu obra, su historia, su vida novelada, fue un hito al hablar de mujeres relegadas a ser ciudadanas de segunda, empujadas a una vida de procreación y servidumbre. Su llamada era clara: “las mujeres negras de todo el mundo deben volver a unirse y volver a examinar la forma en que la historia nos ha retratado”. 

Buchi Emecheta, que admiraba a Flora Nwapa, se desvió de los temas sobre los que trataban muchos de los libros de la literatura poscolonial; injusticia del colonialismo (aunque este también lo incluyera en sus obras), guerras, hambre, imposición cultural… para centrarse en la mujer, reivindicar su lugar y hacer oír su voz. A través de su obra las rescató y nos la presentó trazando unos impactantes retratos llenos de profundidad y vivencias. Escribió las historias de las vidas de las mujeres “para llamar la atención sobre las relaciones desiguales de género y de clase que trascienden las fronteras raciales y geográficas “.

*Escribir en femenino. Icaria. Beatriz Suarez, Belén Martín Lucas y Mª Jesús Fariñas Busto. 

María Nsué, entre un poco de sol y un poquito de sombra

María Nsue

El pasado 18 de este mes fallecía la escritora guineoecuatoriana María Nsué. Muy poco, en comparación con su importancia, se sabe sobre la obra de esta mujer, que fue conocida como “la hija loca del ministro” y que fue la primera mujer escritora de su país, todo un hito en un lugar en el que hay apenas dos librerías y ninguna editorial.

Sobre su vida se puede encontrar algún dato más. Su padre, ministro de Educación, fue torturado por las autoridades coloniales españolas y murió asesinado por agentes de Macías en la embajada de Etiopía a los 53 años. Ella salió de Guinea Ecuatorial con 8 años y vivió en Madrid durante gran parte de su vida.

El 8 de noviembre del pasado año ofrecía una entrevista para el programa “Africanía” de la “Fundación Sur” en el que contaba lo que la llevó a escribir. Cuando llegó a Madrid no conocía nada de su propia cultura, sentía que había un gran vacío en torno a ella, por ello pensó escribir “para sus hijos, para sus nietos” a partir de dos personajes normales, en los que cualquiera se pudiera identificar.

En los años 90 volvió a Guinea Ecuatorial y llegó a trabajar de Directora General de Radiotelevisión.

En lo personal cuentan los que la conocieron que era una gran persona de trato amable. En las pocas apariciones públicas que aparecen grabadas en internet se muestra como una mujer de carácter, que opinaba sin pelos en la lengua, sensación quizás agudizada por las fuertes arrugas que endurecen su rostro. Confesando que no le interesaba la política manifestó en una entrevista para GuinGuinBali que “Obiang era la única persona en toda Guinea en quien confiaba” y se mostró muy crítica con aquellos que decían sentirse perseguidos por el régimen.

En otra aparición suya, la que mantuvo dentro de los encuentros que organiza “Casa África” dentro del marco de las “Letras africanas”, enfatizaba sobre la necesidad de no olvidar los orígenes, defendiendo la importancia de la tradición, la oralidad y la palabra silenciada.

No fue una escritora demasiado prolífica y siempre será recordada por Ekomo, publicada en 1985 (reeditada por Sial en 1988), y considerada la primera novela guineoecuatoriana de la post-independencia. Objeto de estudios, muy elogiado, es un libro envuelto de una sonora y cuidada poesía. Su protagonista es una mujer que se enfrenta a las tradiciones, “mostrando la realidad, sin ánimo de denuncia”.

Después vendrían Delirios (1991) en el que se compilan sus poemas y Cuentos de la Vieja Noa (1999). El pasado año la editorial Sial publicaba Cuentos y relatos, una recopilación de relatos cortos. 

En la citada entrevista para “Africanía” desvelaba su próximo proyecto con el que se mostraba muy ilusionada, un trabajo con niños.

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@Dibujando África

 

Ellen Kuzwayo, llamadme mujer

Hector Pieterson | by Robert Cutts (pandrcutts)

Hector Pieterson | by Robert Cutts (pandrcutts)

Hace cuarenta años, el 16 de junio de 1976, Ellen Kuzwayo estaba en Soweto. Los disturbios que convirtieron dicha fecha en día de luto nacional, habían comenzado porque los estudiantes se habían plantado ante la imposición de utilizar el afrikáans, en lugar del inglés, como lengua de enseñanza para la mayoría de las materias escolares. Ellos y ellas al ignorar aquella lengua, de repente se encontraron perdiendo el tiempo en la escuela y las clases se convirtieron en fuente de aburrimiento y frustración. Sus solicitudes cayeron en saco roto y salieron a la calle donde se toparon con la policía armada. Entre el fuego, los automóviles volcados y el desconcierto, una bala mató a un niño de diez años, Hector Petersen, cuya imagen se ha vuelto con el tiempo icónica. Pero no fue el único, muchos más niños y niñas murieron, fueron torturados o simplemente desaparecieron sin que se volviera a saber sobre su paradero.

El 16 de junio de 1976 multitud de madres perdieron su trabajo al tratar de encontrar a sus hijos y se quedaron en silencio para siempre, sin saber si su hijo o su hija había muerto, estaba en la cárcel o había abandonado el país. Ellen Kuzwayo tenía entonces 62 años. Había recorrido un largo camino hasta Soweto, el lugar plagado de pequeñas casitas “como cajas de fósforos” en el que viviría hasta su muerte. Hay quien decía que aquel lugar era un gueto, pero para ella fue su hogar. Sus convicciones morales frente al delito, como resalta Nadine Gordimer en el prólogo de su autobiografía, Llamadme mujer (Las femineras, 1985), se tambalearon frente a las precarias condiciones de vida de aquel suburbio en el que todo faltaba hasta el punto de hacerla confesar: “Me horroriza comprobar que mi actitud… ha ido cambiando con los años. Ahora cuando leo en la prensa la noticia del robo de varios miles de rands por personas negras… a menudo manifiesto el deseo de que no les atrapen”.

author_ellen_kuzwayoNacida en una familia privilegiada, conoció una infancia plácida en un ámbito rural en el que todavía se respetaba la titularidad de la tierra. Pero aquello cambió, y fue testigo del paso que supuso para muchas mujeres la emigración a la ciudad: donde tuvieron que cambiar sus labores al frente del campo por la venta clandestina de cerveza o el servicio doméstico.

Pronto comenzó a asistir junto a su padre a las conferencias del Congreso Nacional Africano. Junto a Mandela, Sisilu y Tambo fundó la “Liga Juvenil del CNA” del que fue su secretaria. También ejerció como maestra hasta que abandonó este trabajo defraudada mientras iba tomando más conciencia social de su entorno más inmediato lo que la llevó en 1952 a estudiar Trabajo Social. Los acontecimientos de Soweto la llevaron a un compromiso político más fuerte con su comunidad y un año después fue detenida y encarcelada durante cinco meses en la aplicación de la Ley contra el Terrorismo. Su vida personal se vio marcada por su primer matrimonio (con Moloto con quien tuvo dos hijos) que la someterá a violencia psíquica y física y cuyo divorcio le supondrá el dejar de ver a sus hijos. Con Mandela ocupó un cargo en el Parlamento sudafricano.

Fue la primera mujer en ganar el premio del Congreso Nacional Africano por esta obra escrita en 1983, en la que narra parte de su vida. Su voz esperanzada siempre quiso reconocer el de tantas mujeres negras que “se habían enfrentado a opresivas barreras sociales, culturales, económicas, políticas y educacionales” y que ellaimg039 ponía siempre como ejemplo de la fuerza que llevaría a su país hacia delante por eso su Llamadme mujer está plagada de ellas. De aquellas que fueron tildadas de inútiles, poco inteligentes y “menores” y se sobrepusieron a las extraordinarias adversidades con un espíritu de superación. Como en 1913 (antes del apartheid), hace recordar Ellen, cuando la ley que imponía el pase de las personas negras se aplicaba a hombres y mujeres por igual. Pero las mujeres de diversos distritos sudafricanos se opusieron lo que les supuso la cárcel en condiciones tremendas, incluso el acabar con lesiones crónicas. “Como recompensa lograron postergar durante unos cuarenta años la obligatoriedad de los pases para las mujeres. Y cuando finalmente se impuso, en 1955-1956, se hizo de un modo muy sigiloso”.

Las mujeres sudáfricanas jamás nos rendiremos ni aceptaremos la derrota, dejó escrito en este libro. Ellen Kuzwayo falleció en 2006. Tenía 91 años y el mismo espíritu que todas aquellas mujeres que la poblaban.

Flora Nwapa, cuando aún era más difícil

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Flora Nwapa. Getty Images

Mira lo que tienen las redes sociales.

Una se asoma un día como hoy a Twitter y se encuentra con esta maravillosa foto de Flora Nwapa y así se entera una de que nació en 1931. En Nigeria. Donde también falleció en 1993. Fue la primera en muchas cosas; la primera novelista nigeriana publicada y la primera mujer africana con un libro editado en Gran Bretaña.

La familia de Nwapa era influyente y por ello pudo ir a la escuela. Asistió a la Universidad de Ibadan, al igual que Chinua Achebe, y se licenció en Geografía e Historia, posteriormente acudió a la Universidad de Edimburgo. Acabó trabajando en la Universidad de Lagos y junto a su marido abrió una editorial, Tana Press. Influyó de manera decisiva en otras escritoras, entre ellas Buchi Emecheta que se llamaba a sí misma “la hermana de Nwapa” y firmó una docena de libros entre los que destaca Efuru (1966), todo un clásico del que en 2016 se celebra el 50 aniversario de su publicación, ¿un motivo para traducirlo?.

Efuru

CTIzYg4UsAEIUsbEfuru, una historia que hunde sus raíces en la figura de Mammy Watta, la diosa del lago nigeriana, “es un retrato de la vida en la cultura Igbo, sobre todo la vida de las mujeres. Situado en el pueblo de Oguta, donde vivía Nwapa, la novela cuenta la historia de una mujer mentalmente independiente llamada Efuru. Ella se convierte en un modelo a seguir y un catalizador para el cambio en su propia sociedad. A pesar de su éxito, es incapaz de tener un matrimonio duradero o dar a luz a niños como a otras mujeres en su pueblo. Se casa dos veces, pero de manera fallida en ambas ocasiones. Finalmente dará a luz a una niña que morirá. Sin embargo, a pesar de todo, Efuru se mantiene firme y fuerte manteniendo un negocio exitoso y próspero, como un perfecto ejemplo de generosidad y de inteligencia” (Ahmad Ghashmari)

Flora Nwapa fue una escritora que escribió sobre la mujer en un momento en el que hacerlo era muy difícil. El entorno que rodeaba a la nigeriana era el de un mundo en el que solo los hombres llegaban a escribir y publicar. Tuvo que sentir la condescendencia, cuando no el abierto desprecio y la falta de apoyos, que generaban aquellas que se decidían a escribir.

Frente a los personajes femeninos de las narrativas africanas que dibujaban a una mujer sumisa, doblegada y sin voz, ella siempre tuvo en mente proyectar una imagen positiva de la mujer. Tal y como recogen en Brittle Paper, “estaba cansada de la forma en que los escritores masculinos representaban a las mujeres africanas en sus novelas. Ella sabía que eran más que pobres mujeres, prostitutas o esposas infelices. Escribir sus propias novelas le permitió remodelar la feminidad de África a través de personajes complejos y de múltiples facetas”.

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