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Entradas de la Categoría ‘Escribiendo y algo más’

Esbozo de Maryse Condé, la escritora insumisa

La concesión del “Premio Nobel alternativo de literatura” el año pasado a la escritora antillana, guadalupeña, Maryse Condé, a sus 81 años, la ha traído, de nuevo, a primer plano. Durante estos meses, muchas han sido las notas y las semblanzas que han aparecido sobre la autora en diversos medios de comunicación y en publicaciones en red.

Entre ellas, las que  nos hablan de una de sus facetas más notorias, la de ser una mujer viajera en extremo, “sin domicilio fijo”.  Destacando dos paradas entre todas ellas; la de su origen, entre su mundo caribeño y la metrópoli francesa, y la de África a donde llegó en búsqueda de sus orígenes (lo que la llevó a afirmar: “el orgullo de ser negra, el orgullo de ser mujer, el orgullo de ser lo que soy, ha sido África quien me lo ha aportado”). Leer Más

Binyavanga Wainaina, una vuelta muy esperada

A veces los escritores tienen tanta presencia mediática, en redes sociales, revistas on line…, que perdemos de vista la primera y verdadera dimensión de ellos, aquella que nos fascinó: su escritura. Wainaina es, a mi entender, uno de esos casos. Al menos es lo que me ha ocurrido a mi al darme cuenta de que él sigue tan presente en mi vida que he dejado de esperar que su promesa de publicar un nuevo libro se cumpla, al ir amontonando información sobre su turbulenta existencia, sin percibir que su única obra publicada hasta el momento Algún día escribiré sobre África (Sexto Piso editorial, 2013) la escribió… en 2011.

La trayectoria de este escritor nacido en Nakuru (Kenia) en 1971 no es de las que pasa desapercibida. De madre peluquera ugandesa y padre ejecutivo keniano, estudió en Sudáfrica mientras la verdadera pasión de su vida, escribir, seguía creciendo en él sin parar. Kenneth Binyavanga Wainaina sorprende ya desde su mismo nombre. Difícil de pronunciar, su familia prefiere el diminutivo de Ken, pero él se decidió por el completo al parecerle exótico y diferente. Su presencia tampoco es de las que pasa desapercibida. Su pelo se colorea en rojo y azul o en verde y sus gestos son exagerados, histriónicos, mientras observa con mirada penetrante y aguda, a veces elegantemente vestido con un tutú. Binyavanga Wainaina es un ser mediático, puede que exagerado, pero ante todo es un hombre que nació para escribir.

Iniciando el camino

En 2002 ganó el “Premio Caine para las letras africanas” con su relato Discovering Home, un premio que, después en 2014, criticó a través de una serie de tuits. Twitter ha sido, en ocasiones, el medio a través del cual ha hecho públicas muchas de sus opiniones, ya que el escritor ha usado con soltura, desde sus comienzos como escritor, las redes sociales. De hecho, una de las partes de su vida más conocidas es su amistad con Chimamanda Adichie, la creadora de la novela Medio sol amarilloSe conocieron en 2001 a través de internet, en un sitio web que les permitía compartir su pasión por la escritura. Dieciséis años después la amistad continúa, ambos leen lo que escribe el otro y opinan sobre ello, a pesar de ser tan diferentes a la hora de escribir.

Wainaina, ha escrito para The New York Times, The Guardian y para The National Geographic y es el director del “Chinua Achebe Center for African Writers and Artists at Bard College” de New York. Tras recibir el “Premio Caine” decidió fundar en 2003 una revista que sirviera de plataforma para los jóvenes escritores africanos, así nació Kwanique significa “Y ahora qué”. En su página web explican sus intenciones… “¿por qué solo se conoce a Ngugi wa Thiong´o o a Meja Mwangi? hay muchos jóvenes talentos que escriben y que quieren darse a conocer”. Aspiran a ser un lugar de encuentro, difusión y promoción de las letras africanas. The Kwani? Manuscript Project es un premio para celebrar la novela africana y su capacidad de adaptación y resistencia, un nuevo premio literario para la escritura africana e invitan a la presentación de manuscritos inéditos de ficción de escritores de todo el continente africano y de la diáspora.

En 2005 presentó un texto breve, un ensayo, enfadado por un artículo que la revista Granta había publicado. En Cómo escribir sobre África  mostró una escritura irónica y contradictoria, que desmontaba tópicos y clichés que aún hoy se ciernen sobre el continente cuando se escribe sobre él.

Su actividad e inquietud le hizo ser merecedor del “Joven Líder Global” que concede anualmente el “Foro Económico Mundial”. Sin embargo, Wainaina rehusó el reconocimiento por considerar que sería un acto en extremo fraudulento aceptar por su parte, la idea trillada de que a partir de ahí su figura “incidiría significativamente en los acontecimientos mundiales”.

Después, otros relatos cortos anticiparon la publicación de su única obra hasta el momento. Unas memorias en las que el escritor daba un repaso a la Kenia en la que había nacido tanto a nivel político, como cultural y social. Un libro emblemático que supuso una ruptura en la manera en la que se conocía la narración africana para mostrar un texto brillante, lleno de vocablos inventados y un manejo del lenguaje extraordinario, en el que la música adquiría un papel muy relevante. Y que, además, volvía a mostrar la intención de Wainaina por demoler los clichés que como garrapatas parecen no querer desprenderse de la imagen del continente. Se trataba de One Day I Will Write About This Place y que se tradujo por Algún día escribiré sobre África.

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Por la vía de los ensayos controvertidos

Un año después publica la segunda parte de su satírico ensayo bajo el título: Cómo no escribir sobre África en 2012,  esta vez lo hace en The Guardian y empieza así: “Nairobi es el lugar perfecto para ser un corresponsal internacional. Hay vuelos regulares al genocidio más cercano, y hay césped, pistas de tenis y puedes conseguir un servicio adulador. Tienen panceta y puedes tener un chef estupendo para que trabaje en tu cocina por 300 euros al mes.”*

Su faceta de agitador cultural continúo cuando, a a finales de 2013, presentó un nuevo proyecto, se trataba de “Africa 39” para encontrar los mejores 39 escritores africanos por debajo de los 40 años, arrojando una lista atractiva y diversa que reconocía el trabajo de algunos y mostraba por primera vez el de otros tantos autores desconocidos.

Binyavanga Wainaina. Foto: Editorial Sexto Piso

A principios de 2014 sorprendía al mundo con el anuncio de su homosexualidad, publicando de nuevo otro artículo “Mum, I am homosexual“. Se trataba del capítulo perdido de su libro, aquel que no se atrevió a publicar hasta que su madre falleció y en el que confesaba que sabía que era homosexual desde los cinco años. En el libro él obviaba mencionar su orientación sexual, aunque una relectura del mismo, tras conocer el capítulo perdido, nos hace comprender muchas de las situaciones que vive, su comportamiento y su búsqueda y aceptación tanto personal como en su entorno más cercano y familiar. Además, publicó en YouTube las seis partes de un vídeo que tituló Debemos desatar nuestra imaginación donde hablaba sobre su decisión de dejar el país, la homosexualidad en África, la Iglesia y las leyes contra los homosexuales en el continente. Ese mismo año fue nombrado por la revista Time como una de las “Personas Más Influyentes del Mundo”. 

Mientras, seguía polemizando con unos y con otros sobre diversos temas, hasta que en 2015 sufrió un derrame cerebral que llevó a que se emprendiera una campaña de crowdfunding para pagar los gastos hospitalarios y médicos. Ese mismo año volvía a ser protagonista otra vez por motivos extraliterarios al denunciar en redes que había sido golpeado por un taxista alemán en Berlín. Para ya, en diciembre de 2016, realizar unas impactantes declaraciones al confesar que tenía SIDA.

A nivel literario, lo más reseñable estos años, ha sido su participación en la antología que el colectivo Jalada publicó sobre Ciencia Ficción (y del que la editorial 2709books ha traducido algunos para su volumen Afrofuturo(s), con el relato “Boonoonoonoos little bit Boonoonoonoos”.

Como curiosidad añadir que Wainaina colecciona recetas culinarias y que tiene alrededor de 13.000 tanto de cocina tradicional como moderna africana.

Un huracán devuelve al mejor Wainaina

Pero, por fin, este mismo año ha visto la luz otro ensayo suyo bajo el título “Since Everything Was Suddening into a Hurricane” de nuevo con Granta. En él escribe sobre su experiencia debida al derrame cerebral que sufrió y habla sobre su vuelta a Nairobi, al encuentro de su padre, en esta ocasión acompañado de su pareja. Se trata de un texto en el que las frases se cortan de manera deliberada, desajustando líneas, saltándose las reglas de puntuación y volviendo a jugar con las palabras, mezclando sustantivos y adjetivos. El ensayo ha sido calificado como “experimental” y ha hecho surgir una pequeña polémica entre los que alaban la manera en la que el escritor no sigue las reglas gramaticales y los que opinan lo contrario: que ocasionan un transtorno al lector y que las palabras deben ser claras y seguir un orden.

Lo cierto es que parece que Wainaina ha vuelto con fuerza, prueba de ello será la conferencia que dará en la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo, el próximo 25 de julio, bajo el título “How to write about Everything”. Promete.


*Traducción Aurora Alcojor.

Donato Ndongo, escribir cuando se desborda el corazón

Donato Ndongo.

Donato Ndongo

La editorial Verbum publica el poemario ‘Olvidos’ y los cuentos ‘El sueño y otros relatos’

Publicado originalmente en África no es un país.  Bilbao 22 ABR 2017 – 20:15 CEST

Donato Ndongo-Bidyogo tiene un rostro afable y una mirada inteligente. Habla despacio y mesurado, con las ideas bien ordenadas y claras en su mente. Está acostumbrado a escuchar de manera atenta. A veces sonríe, y tras mirar fijo un rato con el ceño en modo reflexión, responde con suavidad: “preferiría no contestar a eso”, dice igual que podría hacerlo el Bartlebly de Herman Meville. Tiene la piel expuesta pero ya curtida por años opinando, escribiendo, hablando, y sus ojos se cierran casi hasta transformarse en dos puntos al argumentar que ya ha hablado de eso en el pasado, y que ahora no lo quiere hacer, esquivando de esta manera aquellas preguntas que considera que ya no debe contestar; como por ejemplo dar su opinión sobre la obra de tal o cual escritor de su país de origen: Guinea Ecuatorial.

Le comento, entonces, la eterna cuestión… si cree que la voz africana está siendo secuestrada por escritores de la diáspora frente a los que escriben en el continente y tienen que luchar para que su obra sea oída y leída. “Por lo que sé, ningún escritor africano ejerce de africano”, contesta. “No somos africanistas, sino africanos, vivamos donde vivamos empujados por las circunstancias de nuestras azarosas existencias. Más bien creo que somos voceros autorizados y cualificados para hablar en nombre de todos nuestros compatriotas que sufren en silencio, o porque no pueden expresarse por vivir bajo tiranías, o carecer de la instrucción, proyección u oportunidades que ayudan a crear opinión”.

Para leer el resto del artículo mapa-africa

¿Por qué Yismake Worku es el escritor más leído en Etiopía?

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En 2008 con solo 22 años, el etíope Yismake Worku publicó en amárico su primera novela, que está considerada un auténtico best – seller en su país, Dertogada, la cual ha sido traducida al inglés. A Worku se le considera un gran escritor, dotado de una gran imaginación y una capacidad intuitiva para describir detalles de la vida, la cultura y los incontables destinos de las gentes etíopes. Su traductor añade que ha sabido escoger caracteres interesantes, logrando lo que hasta ahora ningún otro escritor etíope ha conseguido: la posibilidad de interesar a la gente de su país… y también a un público más global. Leer Más

El diálogo introspectivo de Edjanga Jones Ndjoli

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Edjanga Jones. Ed.Carena

Edjanga Divendu (German Jones Ndjoli) nació en Madrid en 1982 y es hijo de equatoguineanos emigrados. Ha estudiado Ciencias Políticas (UNED), ha sido delineante y boxeador y Heredarás la tierra (Carena, 2016) es su primera novela. Para hacerla realidad dedicó cinco años en los que incluso llegó a vivir durante ocho meses en la tierra de sus antepasados, esa Guinea Ecuatorial que para él (y para tantos) era una desconocida.  Leer Más

¿Sabes quién es el escritor negro más leído en Sudáfrica?

Hace tiempo que tengo ganas de hablar de realidades africanas. Quiero decir que llevo tiempo queriendo iniciar algo. Una cara nueva del prisma que permita conocer lo que en estos momentos se está leyendo en el continente, cuáles son los libros más vendidos y los autores más reconocidos y apreciados por los lectores.

Un artículo de Sebastián Ruiz publicado en la revista Wiriko ha logrado que encuentre la manera de comenzar.

El periodista arroja dos datos de interés sobre Sudáfrica. El primero, que “solamente un millón de sudafricanos y sudafricanas, de una población de 53 millones, compra libros” y el segundo, que “de los 88 2863948348_5a3e01c9a7_zmejores libros en el país, sólo uno, en el número 87, está escrito por un escritor negro, Khaya Dlanga“. A los cuales añado el tercero:  en Sudáfrica, sólo un 8’4% de la población, aproximadamente, ya que el dato oscila, es blanca.

¿Y quién es Khaya Dlanga?…

Proveniente del mundo de la publicidad, ha sido galardonado en varias ocasiones tanto por su trabajo en este campo como por el que ha venido realizando como blogger. Khaya Dlanga, también columnista y miembro de la plataforma Thought Leader, es una especie de celebridad en Sudáfrica, un hombre que posee una gran influencia gracias a las redes sociales (una clase de “guru” mediático) las cuales maneja con destreza, ya sea a través de facebook, twitter (casi 300.000 seguidores, entre los que se encuentran desde Binyavanga Wainaina hasta Gemma Parellada), instagram o de su ya cancelado blog, para opinar sobre una gran variedad de temas. Dotado de un gran sentido del humor, una de las frases más conocidas sobre él, afirma: “Si no te gustan sus opiniones… tiene otras”.

Como autor escribe best-sellers basados en su vida y en sus experiencias. El primero fue In My Arrogant Opinion (Pan MacMillan, 2012), una selección de escritos, en el que sin contar nada en particular, ni de una manera especial, hablaba sobre sexo, amor, dinero, racismo y política de manera divertida… lo que no impedía que tratara también de lograr una cierta influencia.

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Este mismo año se ha lanzado una nueva edición de su segundo y exitoso libro, To Quote Myself: A memoir (2015). Unas memorias escritas a la edad de 35 en donde comparte algunas lecciones que ha aprendido en la vida.

En esta ocasión el texto ha sido revisado y se ha cuidado la edición con una premiada portada de diseño. A raíz de esta publicación ha surgido la polémica a causa de un artículo escrito por el periodista Rod MacKenzie en el que criticaba el libro y preguntaba si quizás su publicación tenía que ver con el hecho de que su autor es negro y, por lo tanto, más comercial. En respuesta, Khaya ha afirmado que MacKenzie utiliza un racismo velado para llegar justo a la conclusión contraria a la realidad; precisamente por ser él un hombre negro, contando las experiencias de un hombre negro, es por lo que su libro no es nada comercial.

Será que Khaya Dlanga tiene en cuenta los datos que ahora todos conocemos.

 

De tal palo, tal astilla: Juliane Okot Bitek

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En 1966,  Okot p’Bitek publicó The Song of Lawino. Es decir, que este año se cumplen 50 desde que la obra del ugandés más conocido viera la luz (en su versión inglesa). Se trata de un largo poema que apareció en un momento en el que en África occidental seguía predominando la tradición oral y supuso la irrupción de una forma de contar la poesía nueva, desde el prisma africano.

Lawino es una mujer. Su queja da lugar a esta obra en la que lamenta que su marido Ocol la desprecie en favor de su segunda esposa, una europeizada Clementine. Tal y como señala Eva Torre, su traductora al castellano (CEDMA, ed.MARremoto, 2011, versión bilingüe), “La canción es una alabanza de las tradiciones Acholi y, en general, de las costumbres africanas, que se veían seriamente amenazadas en esa época de independencias y descolonización”.

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En origen escrita en acholi, fue traducida años después al inglés por su propio autor y en la actualidad se puede leer en más de 20 lenguas, incluídas luganda y swahili. Años más tarde, publicaría The Song of Ocol (1970), la respuesta del marido de Lawino.

Han pasado, como he dicho, más de 50 años. Y si bien mucho se le debe a este poema, la literatura ugandesa de hoy en día ha tomado otros caminos.

Juliane Okot Bitek es la hija del mítico escritor. También escribe como él. También poesía.

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Juliane Okot Bitek. Imagen: https://julianeokotbitek.com/

Nacida en Kenia el mismo año en el que el libro de su padre se publicaba en inglés, perdió la “p’” de su apellido paterno por razones prácticas al comenzar a residir en Vancouver. Ella es consciente de que parte de un entorno privilegiado. Su madre también fue una destacada narradora oral y de niña, a veces, hasta el propio Wole Soyinka la cuidaba a ella y a sus hermanos cuando sus padres tenían que ir a trabajar. Llamaba tíos y tías a talentos como JP Clark, Chinua Achebe, Taban lo Liyong, David Rubadiri y Wole Soyinka entre otros, que muchas noches debatían en su propia casa. Recuerdos de una infancia entre libros y conversaciones estimulantes.

Reconociendo el trabajo y la importancia de su padre, se aleja en cambio de su estilo sin dejar de experimentar nuevos caminos para su narrativa y publicando tanto en revistas especializadas como on line, “como hija de un exiliado, nacido en el exilio y que viven lejos del lugar al que llamo hogar, pertenencia, diáspora e identidad son los temas principales de mi trabajo”, afirma.

100 díasUno de sus trabajos más representativos es 100 days, el esfuerzo que realizó la escritora al completar un poema para cada uno de los 100 días ruandeses en los que el mundo pudo haberse detenido y no lo hizo. Se fueron publicando en la página web de Juliane, y este mismo año en enero lo han hecho en forma de libro (Universidad de Alberta Press, 2016).

En 2014 la artista Wangechi Mutu había comenzado un proyecto fotográfico para conmemorar los 20 años de lo ocurrido en Ruanda a través de facebook. Juliane, cuya familia sufrió las consecuencias del régimen de Idi Adim, está familarizada con el dolor. Da la circunstancia de que coincide en el Festival de poesía de Medellín con Yolande Mukagasana, víctima directa del genocidio ruandés, cuyo testimonio la impresiona y decide que ella quiere escribir también para ese proyecto que ha iniciado Mutu: #Kwibuka20#100 Days.

El resultado son 100 piezas tras las que Juliane confiesa sentirse exhausta, durante este período de tiempo siente que “corre” y su escritura se asemeja a un maratón.

Day 91

We couldn’t have known, nine days in
That it would ever be over
It was a time warp that had us
In flashes and then in woozy moments
That took forever

A machete hangs in a museum in Ottawa
A machete hangs perpetually in a museum in Ottawa
A machete hangs like a mockery of time
Like a semblance of that reality
In which another machete
Other machetes hang for what seemed a long time
But eventually they come down
Again and again and again and again and again
Even time marked by machete strokes
Can never be accurate

Mutu-kwibuka-91

Wangechi Mutu – 20th Anniversary Rwanda Genocide – day 91

Hoy, 26 de junio comienza el Festival Mundial de Poesía, en Caracas (Venezuela), de este año en el que ella va a participar en el Foro denominado “Poesía, Paz y Derechos humanos”. Juliane, junto a Koulsy Lamko (Chad), Alhaji Papa Susso (Gambia), Keorapetse Kgositsile (Sudafrica) y el argelino  Archour Fenni, serán los representantes este año del continente africano. Abordarán el tema de la poesía y la palabra como elemento pacificador en las zonas en conflicto, según fuentes del propio festival.

Las inquietantes (y cotidianas) visiones de Zoë Wicomb

La escritora sudafricana Zoe Wicomb. Fuente: Windham Campbell Prizes

La escritora sudafricana Zoe Wicomb. Fuente: Windham Campbell Prizes

Publicado originalmente en Wiriko-Artes y Culturas Africanas. 08/06/2016

Tenemos la costumbre de olvidarnos de algo cuando ya no aparece en primer plano. El Apartheid (en idioma afrikáans, separación), el régimen de segregación racial que comenzó en Sudáfrica en 1913, a mucha gente le parece, hoy en día, cosa del pasado. Sin embargo, solo han pasado veinticinco años desde la fecha en la que se le puso fin 1991, y como ya advirtió Nelson Mandela sigue sin ser fácil dar carpetazo a esos más de 80 años. La escritora Zoë Wicomb nació en Namaqualand en 1948, fecha que se reconoce como el inicio oficial del apartheid con la victoria del Partido Nacional, y lleva toda su vida escribiendo sobre ello, tras haber pasado por la experiencia del exilio en Gran Bretaña donde vivió treinta años antes de retornar a su tierra natal una vez finalizó el apartheid y acabar residiendo en la actualidad en Escocia.

Comenzó su trayectoria literaria con un libro de cuentos en 1987, You Can’t Get Lost in Cape Town. Después publicó las novelas David’s Story (Kwela, 2000), Playing in the Light (Umuzi, 2006) y The One That Got Away (Umuzi, 2008). En todas ellas aborda desde diferentes prismas lo que supuso el régimen de segregación racial sudafricano. October (The New Press, 2014) es su última publicación y ha sido descrita por ella misma con tres palabras, “Hogar, desarraigo y secretos familiares”. No en vano narra la historia de una mujer Marcia que vuelve desde Glasgow a su Ciudad del Cabo natal después de más de veinte años de exilio.

Para leer el resto del artículo:Wiriko

Sarah Ladipo, apuesta por una editorial africana para publicar su segunda novela

Sara Ladipo Manyika nació en Nigeria y ha vivido en Kenia, Francia e Inglaterra. En la actualidad reside en EEUU, pero ha elegido una editorial africana Cassava Republic para la publicación y difusión de su segunda novela, Like a Mule Bringing Ice Cream to the Sun

Ladipo parece una escritora a la que no le gusta caminar por caminos transitados.

Para su primera novela eligió una historia de amor. Ella misma explica cómo entre las muchas novelas que había leído no había encontrado ninguna historia de amor ambientada en África y Ladipo quería leer una narración de este tipo (añadiendo que sería un amor interracial) y que transcurriera en África occidental desde 1960 hasta la actualidad. Al no encontrarla, decidió que la escribiría para si misma. Así surgió su primera novela, In Dependence (2008). Un año después, Irene Sabatini escribió  The Boy Next Door, con la que ganó el Premio Orange, localizada en Zimbabue y que también trataba sobre una historia de amor interracial que se extendía por la década de los 80-90.

in depenenceIn Dependence se expande por tres continentes y cuatro décadas, trata de la difícil relación entre Tayo, un joven nigeriano con una beca para Oxford, y Vanessa, la hija de un oficial colonial británico.

Dicen que Ladipo huye de todo exotismo para centrarse en perfilar unos personajes creíbles que luchan por cuestiones como el amor, las relaciones familiares y la responsabilidad personal.

Pero no es “solo” una novela de amor, como telón de fondo surge una Nigeria, con todos los cambios políticos que se dieron desde la época de la independencia hasta hoy, y también Londres y San Francisco, lugares sobre los que se tuvo que documentar durante años.

Ladipo que también es jurado del Premio Etisalat (un premio literario pan-africano), ha publicado ensayos y relatos breves, hasta este mismo año en el que ha aparecido su segunda novela.

Elogiada por Aminatta Forna, NoViolet Bulawayo, Bernardine Evaristo o E.C. Osondu, por su prosa de gran calidadLike-A-Mule-1 y elegante, la historia de la jubilada profesora Dr.Morayo Da Silva contiene múltiples lecturas. En Like a Mule Bringing Ice Cream to the Sun se habla sobre identidad, el paso del tiempo y la amistad. Mientras la escribía anunciaba que estaba “explorando la cuestión de cómo se experimenta envejecimiento en América cuando uno viene de una cultura que tiene un enfoque muy diferente al envejecimiento en ese continente”.

En fechas recientes ha escrito un artículo para explicar su decisión de publicar con una editorial africana, la nigeriana Cassava Republic, que acaba de abrir sucursal en Londres.  Afirma que mucha gente se muestra escéptica ante su decisión, sobre todo teniendo en cuenta que ella reside en EEUU y que tiene mayor facilidad para poder contactar con grandes editoriales tanto americanas como europeas. Tras este tipo de comentarios lo que parecen sugerirle, según Ladipo, es si una editorial africana puede ser tan buena como una occidental. Y su respuesta es sí.

Considera que Cassava Republic en cuanto a todo lo relacionado con el marketing huye del cliché de lo que se vende como “literatura africana”. Las portadas de sus libros son frescas y creativas. Y han apostado por su historia sin tanto miedo al mercado. “Así que me siento orgulloso de apostar por África y sus editoriales de vanguardia para ofrecer nuevos nombres y nuevas historias que van a enriquecer y ampliar aún más las historias del mundo”, afirma convencida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto: annadeaveresmithprojects.net

La escritura como forma de luto de Scholastique Mukasonga

De Scholastique Mukasonga se dice que fue el genocidio de los tutsis de Ruanda en 1994 lo que la hizo escritora. Treinta y siete miembros de su familia, incluida su madre, fueron asesinados dentro del cataclismo en el que se sumió su tierra natal. Ella había abandonado su país antes, pero reunió el coraje necesario para volver en 2004 y enfrentarlo. Sintió el deber de hacerlo. Tal y como resalta Carlos Bajo, “Se trata seguramente de la sensación de tener la responsabilidad de contar y de buscar en la literatura algo así como una catarsis.”

Ella tiene su lectura de los hechos, tiene el dolor de la mortaja continua, tiene el peso de la rabia contenida del que sabe que todo aquello se pudo evitar. Ella espanta todos esos cuentos sobre el salvajismo bárbaro entre los hutus y los tutsis y pone el acento sobre lo que ocasionó la erosión.

C. Hélie/Gallimard

Foto: C. Hélie/Gallimard

Antes de que llegaran los colonos no se sabe a ciencia cierta si entre hutus y tutsis había rivalidades insalvables, parece que no. Pero está documentado que los belgas midieron las narices y los cráneos de los tutsis y concluyeron que eran más bellas, más rectas, y determinaron que eran diferentes, concediéndoles el carácter de superiores y sembrando la cizaña y la división con los hutus que eran mayores en número y, a partir de entonces, inferiores. Y dotaron a ambas etnias de documentos de identidad, lo que propició la rápida identificación de cada ruandés, en uno u otro grupo. Estamos hablando de la década de los 30.

Scholastique Mukasonga nació en Gikongoro en 1956. El 1 de noviembre de 1959, Mbonyumutwa, un activista hutu, recibió una brutal paliza de manos de un grupo tutsi que lo dejó al borde de la muerte. Dos años antes, los hutus habían comenzado a levantarse pregonando que eran el 85% de la población y, sin embargo, estaban sometidos, lo que había propiciado que los belgas convocaran elecciones y se pusieran del lado hutu. Aquel incidente fue la mecha de una matanza que propició el primer progromo contra los tutsis, miles de ellos murieron a machetazos y muchos huyeron a Uganda. Fue el primer genocidio ruandés. Después hubo más, en 1963 y en 1964, años en los que era fácil identificar a unos y a otros gracias a los documentos de identidad y en los que los hutus incitaban a la segregación, hasta el horror de 1994.

notre_dame_du_nilAsí, su primera novela no estrictamente autobiográfica como fueron las tres primeras: Inyenzi ou les Cafards, 2006; La femme aux pieds nus, (2008); L’Iguifou, Nouvelles rwandaises, (2010), se sitúa con deliberación en la década de los 70. Publicada originalmente en francés, como el resto de su narrativa, Notre-Dame du Nil (2012) recrea a través de un microcosmos la atmósfera de tensión y violencia racial que se vivía en el país y que terminaría en el agujero negro y sin fondo que se conocería como “los 100 días”.

La novela, narrada por una adolescente, transcurre en un internado a orillas del río Nilo, un selecto lugar al que son llevadas también jóvenes pertenecientes a la élite del país. “He optado por el género de la novela para tomar distancia, escapar del sufrimiento (…). Soy el testigo de fuera, no vivo el sufrimiento de la víctima”, aclara la autora en una entrevista.

Traducida al inglés el año pasado, Our Lady of the Nile opta al “International Dublin Literary Award 2016”. Premio que ha tenido entre sus preseleccionados a Zakes Mda (Rachel’s Blue), Mandla Langa (The Texture of Shadows)Imraan Coovadia (Tales of the Metric System), Dinaw Mengestu (All Our Names) Laila Lalami (The Moor’s Account), entre otros.

-Modesta, dijo Gloriosa, ¿observaste el rostro de la Virgen?
-¿Cual?
-El de la estatua de Nuestra Señora del Nilo.
-¿Y entonces? Es verdad que no es como el de las otras María. Es negro. Los blancos lo maquillaron de negro. Sin duda para darnos el gusto a los ruandeses, pero su hijo, en la capilla, sigue siendo blanco.
-¿Pero no te fijaste en su nariz? Es una naricita derecha, la nariz de los tutsi.
-Tomaron una Virgen que era blanca, la pintaron de negro, conservaron la nariz de los blancos.
-Sí, pero ahora que es negra, es la nariz de una tutsi.
-Sabés, en esa época, los blancos y los misioneros estaban del lado de los tutsi. Entonces, una Virgen negra con una nariz tutsi, estaba muy bien.
-Sí, pero yo no quiero una Santa Virgen con una nariz tutsi. Ya no quiero rezar delante de una estatua que tiene una nariz tutsi.
-¡Qué querés que hagamos! Creés que la madre superiora o Monseñor, si se los vas a pedir, van a cambiar la estatua. A menos que hables con tu padre…
-Por supuesto que hablaré con mi padre… Por otro lado me dijo que iban a destutsificar las escuelas y la administración. Ya empezó en Kigali y en la universidad de Butare. Nosotras vamos a destutsificar a la Santa Virgen, le voy a rectificar la nariz, algunas entenderán la advertencia.
-¡Querés romperle la nariz a la estatua! Cuando sepan que hiciste eso corrés el riesgo de hacerte echar.
-Para nada, le explicaré a todo el mundo por qué debía hacerlo : es un gesto político y van a felicitarme y además mi padre…
-Bueno, entonces, ¿cómo vas a hacer?
-No es difícil : rompemos la nariz de la estatua y le pegamos una nueva nariz. Un domingo iremos a lo de los Batwa, los hay en Kanazi. Tomamos arcilla, bien preparada, bien prensada, aquella con la que hacen las macetas, y le modelaremos una nueva nariz a María.
-Y esa nueva nariz, ¿cuándo la vas a pegar? Iremos de noche, la víspera de la peregrinación y, al día siguiente, todo el mundo verá la nueva nariz de Nuestra Señora del Nilo. Una verdadera nariz de ruandesa, la del pueblo mayoritario. Todo el mundo apreciará. Aún la madre superiora. Sin necesidad de explicarle. O más bien sí, yo le explicaré. Conozco algunos que bajarán la cabeza, que tratarán de esconder su naricita. Vos primera, Modesta, con la nariz de tu madre. Pero me vas a ayudar ya que sos mi amiga.
-Gloriosa, tengo miedo. Tendrás problemas de todos modos y yo, sobre todo, si te ayudo.
Nuestra Señora del Nilo, Gallimard, 2012 [Traducción del francés: La chanson de la cigale]

 

Ngũgĩ wa Thiong’o, el luchador incansable

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Publicado originalmente en África no es un país.  02/11/2015

Podríamos haber hablado de este escritor keniata las semanas pasadas cuando las sempiternas apuestas le señalaban, una vez más, como firme candidato al premio Nobel de Literatura. O también los días posteriores al anuncio del nombre de la ganadora (el de la periodista bielorrusa Svetlana Alexijevich), cuando se desplomó una vez más la oportunidad de que se le concediera el premio a uno de los más grandes escritores del continente africano (ya pasó, sobre todo, con Chinua Achebe y también con Assia Djebar, y puede volver a pasar con Nawal El Saadawi o con él mismo).

Sin embargo, es ahora con la traducción de  un nuevo libro suyo (y una reedición de su obra El brujo del cuervo), al albur de su eterna nominación al Nobel, que reúne cuatro conferencias escritas entre 1981-1985 (y en el que se echa en falta un prólogo del escritor a día de hoy) agrupadas bajo el descriptivo título de Descolonizar la mente (Editorial Debolsillo, 2015), cuando parece más propicio repasar su narrativa a partir de sus propias reflexiones y opiniones. Pero, ¿por qué recuperar un texto de hace más de treinta años sobre la política lingüística en las literaturas africanas, “aparentemente solo de interés para especialistas”, tal y como afirma Marta Sofía López, también autora de la traducción, en el prólogo?.

Descolonizar la mente es el fruto de un largo debate sobre en qué lengua se debe de escribir la literatura africana, que continúa hoy en día. El escritor argumenta que la asunción del lenguaje del colonizador supuso aceptar su visión del mundo; “La lengua fue el vehículo más importante mediante el cual el poder fascinó y atrapó el alma”. Para él cualquier lengua posee un doble componente, en cuanto medio de comunicación pero también como vehículo de la propia cultura. Es un elemento crucial de la propia identidad. Así, “El control político y económico no puede ser total ni efectivo sin el dominio de las mentes. Controlar la cultura de un pueblo es dominar sus herramientas de autodefinición en relación con otros“. Pero el libro habla también del Imperialismo y las formas de resistencia y aporta mucha información y reflexiones importantes para conocer en mayor profundidad la obra y el pensamiento de este hombre que nació en Limuru en 1938, en el seno de una extensa familia campesina que se relacionaba en gikuyu, y que es uno de los referentes indiscutibles no solo de las letras (africanas), sino también como artista comprometido.

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Zukiswa Wanner, una escritora africana

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Zukiswa Wanner. Foto: BooksLive courtesy Vodacom Now!

Esta mujer lo mismo escribe en “The Star“, un periódico local sobre sus experiencias en Nairobi (Kenia), ciudad en la que vive, que publica novelas o ensayos (en revistas literarias o de otro tipo como la que dirige Oprah o en la mismísima “Elle”), que se involucra activamente en una iniciativa destinada a alentar a los sudafricanos a leer obras sudafricanas.

La zambiana Zukiswa Wanner asegura que solo escribe cuando tiene algo que decir, y ésta puede ser, según ella, la razón por la que no la encontraréis en Twitter; se le hace difícil encontrar algo interesante que escribir cada día.

Zuki y Soyinka

Se considera una gran lectora y prefiere leer a escribir. A los 10 años se había leído todos los libros de Enid Blyton. Después, sus preferencias alcanzan a señalar hasta 7 títulos imprescindibles: Asenath Bole Odaga (A Bridge in Time), George Orwell (1984 y La granja), Jane Austen (Orgullo y prejuicio), Aldous Huxley (Un mundo feliz), Chimamanda Ngozie Adichie (Medio sol amarillo), y su libro favorito de todos los tiempos, Shimmer Chinodya (Harvest of Thorns).

Si se trata de nombrar a escritores africanos sus preferencias se decantan por: Leonora Miano, HJ Golakai, Ondjaki, Chika Unigwe y Thando Mgqolozana.

Zukiswa se describe en su blog como escritora, feminista, africana, madre y amante. Por si lo anterior fuera poco, ha sido incluída en la lista #Africa39 que relacionaba a algunos de los escritores más prometedores del continente y ha dirigido talleres en diversos festivales de Zimbabwe, Dinamarca, Alemania, Kenia y Uganda (FEMRITE 2013 con Doreen Baingana).

Repasando su trayectoria hasta el momento

Toda su obra la ha publicado en el continente africano (en concreto en Sudáfrica), a lo cual se ha de añadir los problemas de distribución. Al respecto ella alega que su escritura puede no ser lo suficientemente africana como para gustar al público no africano. Y añade que le gustaría ser leída en el mundo entero pero que prefiere serlo en Argelia, Tanzania o Cabo Verde, por poner algunos ejemplos.

Su trabajo se ha visto reconocido con diversos premios, pero no hay traducciones al castellano de su obra (salvo error).

Además de 5 novelas, ha publicado 2 libros para niños: Refilwe (Jacana, 2014) y Jama loves Bananas.

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Es coautora de sendos libros de fotografías. 8115 A Prisoner’s Home (2010), con instantáneas del reconocido artista sudafricano Alf Kumalo, que recoge algunas de las imágenes más importantes y bellas de la familia Mandela y de su casa, dando una visión única de su vida en familia. Se la considera la biógrafa más joven de Nelson Mandela.

Así como de L’Esprit du Sport (2010) con la fotógrafa francesa Amelie Debray.

The Madams (Jacana, 2006)

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Thandi, la protagonista, ama su vida; a su hijo, a su ingenioso marido Mandla, también ama su trabajo en la oficina de turismo, y a sus mejores amigas Nosizwe y Lauren. Pero ella tiene que admitir lo difícil que resulta ser una “Superwoman” hoy en Sudáfrica.

Con esta novela debutó Zukiswa como escritora y también mostró por primera vez una de sus obsesiones, a la que volvería en 2013: las relaciones entre señoras-criadas (sirvientas domésticas).

Ella lo expresaba así: El continente africano tiene una clase media emergente que, a menudo, escribe y habla de la justicia, la equidad, la igualdad, pero con demasiada frecuencia también, las relaciones con sus trabajadoras domésticas no encajan con todos estos ideales.

Behind Every Successful Man (Kwela, 2008)

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Nobantu tiene todo lo que una chica puede soñar: un brillante hombre de negocios como marido, dos niños descarados pero adorables, y dos de las mejores amigas que una chica pueda pedir. Y, sin embargo, en su trigésimo quinto cumpleaños,  rodeada de brillo, glamour y fama, se da cuenta de algo importante: ¿Qué le han ocurrido a sus ambiciones? ¿Y su carrera? ¿Qué le ha pasado a Nobantu? Un cuento moderno, ingenioso, de una madre convertida en empresaria, para gran exasperación del magnate Andile, su marido.

Men of the South (Kwela 2010)

descargaUna novela fascinante acerca de tres hombres pertenecientes a tres mundos diferentes. Mfundo, músico y padre; MZI, gay y casado y Tinyae, un zimbabuense desplazado en Sudáfrica.
Con esta novela fue finalista del Commonwealth Writer’s Prize en 2011.
Zakes Mad ha dicho sobre ella: “The beauty of Zukiswa Wanner’s Men of the South is that she creates, in a compelling prose, effective characters with whom I easily identify. I recognise them and therefore respond to them as people I know and experience daily. In their interaction important social issues of our time emerge organically in an entertaining storyline and are narrated in a voice that is both sensitive and witty.”

Maid in SA: 30 Ways to Leave Your Madam (Jacana, 2013)

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Es una mirada peculiar a las mujeres de nuestras vidas; nuestras madres, nuestras hermanas, nuestras primas, nuestras amigas, nosotras. Es la relación entre criadas y sus señoras. Criadas y señoras ofrecen una mirada más ligera dentro de una de las más importantes y frecuentes relaciones que se pasan por alto en Sudáfrica: la que existe entre una trabajadora doméstica y su señora.

Reviewed by Brian Bwesigye, aquí

 


London – Cape Town – Joburg (Kwela Books 2014)

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London – Cape Town – Joburg establece un nuevo paisaje para los que tuvieron que exiliarse durante el apartheid y ahora tienen que volver a casa para reunirse con sus familias.

Reviewed by Lauren Beukes, aquí

La inteligente y extraña belleza de la narrativa de Aminatta Forna

La escritora Aminatta Forna. Fuente: The Guardian

La escritora Aminatta Forna. Fuente: The Guardian

Publicado originalmente en Wiriko-Artes y Culturas Africanas. 11/02/2015

En la década de los 80 se impuso la idea de que un autor blanco no podía escribir sobre negros, sobre la negritud o sobre la experiencia cultural negra o africana.  En una entrevista, Doris Lessing se expresaba así en relación al  dogma que proscribía esas narrativas: “Siento que yo puedo escribir de la experiencia africana tanto como un autor negro africano; así como un indio, como lo es Rushdie, puede escribir sobre la experiencia inglesa o Achebe, que es nigeriano, sobre la experiencia norteamericana.”  Parecería que este tipo de encorsetamientos fueran más propio del pasado, sin embargo en fechas recientes hemos leído artículos de opinión que volvían a encajonar la creatividad y libertad, así como la identidad, del escritor.

El más reciente ha sido el firmado por Ben Okri en el que hablaba sobre la “tiranía mental de los escritores africanos”. Alega que los escritores africanos (otro término sin definir) escriben siempre a partir de los temas que se espera de ellos (que esperan los lectores occidentales) por ser precisamente africanos; pobreza, dictaduras, guerra, corrupción, hambre… Eso les lleva, en cambio, a no ser considerados ya que el lector occidental huye de esas temáticas, y afirma que a los autores africanos les falta libertad para romper la tiranía mental que les impide escribir obras sobre grandes temas…

Aminatta Forna escribe sobre conflictos y también se las ha visto con el tema de la identidad. A menudo se engloba a esta autora bajo la etiqueta de “escritora africana” (en 2007 fue nombrada como una de las jóvenes escritoras africanas más prometedoras por la revista Vanity Fair). En más de una ocasión ella misma ha eludido este “título” alegando que no se ve dentro de esta clasificación. Su padre, Mohamed, salió de Sierra Leona para estudiar medicina en Escocia, lugar en el que conoció a la madre de la escritora y en donde nacieron sus hijos. Con seis meses de vida Aminatta, junto con su familia, regresó al país africano, donde pasó su infancia. Después, el matrimonio se desintegró y Forna vivió a caballo, sobre todo, entre Reino Unido y Sierra Leona, donde su padre ejerció la medicina hasta que se involucró en la política. Una noche se lo llevaron de casa. Aminatta no lo volvió a ver más. Tenía entonces 10 años.

The Devil that Danced on the Water (2002) fue su primera novela y excavaba en su propia memoria: en la necesidad de saber qué le había ocurrido a su padre. La vuelta al país africano, cuando el conflicto estaba terminando, para poder escribir el libro y el camino que emprendió hacia la verdad se cobró su peaje: descubrió que la mentira y la manipulación, la codicia y la corrupción, el miedo y la violencia estarían dentro de ella para siempre. En aquel viaje en el que descubrió que “la guerra había destrozado el país como un tornado”, también supo que el régimen torturó a su padre y sobornó a cuatro hombres para que dieran falso testimonio contra él, acabando por ahorcarle “por traición”. Era el fin de la inocencia.

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Donde crecen las flores silvestres (2013), traducida al castellano por Alfaguara, es su última novela escrita una década después de la primera pero no se aparta tanto de su trayectoria literaria como, a priori, pudiéramos llegar a pensar. En esta novela la escritora se aleja de tierras africanas para centrar la historia en el conflicto de la antigua Yugoslavia. Sin embargo, a pesar de haber cambiado el escenario, no ha hecho lo mismo con sus intereses y preocupaciones: la cruenta guerra civil de Sierra Leona, que ella descubrió en toda su extensión al investigar la muerte de su padre, y sus secuelas. Éstas se esconden pero no desaparecen tras la historia de Duro, el protagonista de la novela, ya que el dolor por la pérdida, el impacto de la traición y el terrible escenario de muerte y desamparo permanecen en su escritura.

Antes había publicado otras dos novelas que tenían como telón de fondo el conflicto sierraleonés, sin que en ninguna de ellas tratara de explicar las causas, Forna prefiere hablar de lo que se vive y de las consecuencias del mismo.

Tomando como protagonistas a cuatro mujeres El jardín de las mujeres (2006), cuyas historias se enmarcan en un tramo histórico que va desde 1926 hasta 1999 y sin ubicar lo narrado en un territorio concreto, aunque es inevitable pensar en Sierra Leona, nos cuenta la evolución de la saga familiar Kholifa. Abie vuelve a África para reclamar una herencia que su abuelo le legó al morir: los cafetales en los que solía jugar de niña en la aldea ancestral. Los recuerdos de sus cuatro tías lograrán confeccionar un tapiz que tiene el mundo espiritual muy presente. También la guerra civil, con sus traiciones y desapariciones aparecen en la trama. A pesar de que las voces femeninas parecen sólo una, es un texto repleto de escogidas palabras que van haciendo crecer un inmenso jardín ante nuestros ojos en el que las mujeres se reúnen y hablan con palabras elegidas, que logran pasajes luminosos.

Uno de los personajes de El jardín de las mujeres aparecerá en su siguiente novela La memoria del amor. Adrian Lockheart, es el psicólogo londinense que decide marcharse a África, en plena crisis personal, en busca de algo que le sacuda de la monotonía de una vida que fluye sin sentido y que tratará de ayudar a la gente a superar los traumas de la guerra. Si para Adrian ese lugar resguardado, protegido y a salvo que todos necesitamos tener, se llama “casa”; para el resto de africanos que, en este caso, han pasado por una guerra civil, terrible, desgarradora y paralizante, a ese lugar seguro, al que se acude en modo de fuga, se llama “refugio”. Parece el mismo concepto, pero difiere el camino por el que se llega.

En esta novela, al contrario que en El jardín de las mujeres, tres hombres nos narran sus historias. Casi todos los personajes guardan algún tipo de recuerdo doloroso, porque el libro habla sobre todo de la pérdida. Son los días posteriores a la guerra civil que arrancó en Sierra Leona en la década de los 90, los días en los que afloran las consecuencias de la misma, cuando llega el momento en el que víctimas y verdugos caminan por las mismas calles, héroes y traidores confunden sus historias.

Podría Forna haber puesto más el dedo en la llaga de la sangría que supuso una guerra civil donde niños-soldado eran obligados a cometer las mayores barbaridades imaginables, donde las mujeres eran violadas hasta la muerte y donde miles de ojos aterrados contemplaban y soportaban lo inenarrable. Pero prefiere internarnos en las secuelas, en lo que continúa a pesar de que, en apariencia, la vida siga adelante, en la incapacidad de nombrar las cosas por su nombre, en la parálisis de las palabras que se atoran en la garganta. Un grito eterno en la oscuridad. El silencio odioso que se cierne como un velo denso sobre toda la ciudad, en un intento de olvidar lo ocurrido para que desaparezca por sí solo, mientras ganan las narrativas que dan la vuelta a los hechos, mientras las víctimas mantienen su silencio ante los verdugos que, sin haber rendido cuentas por sus actos, ahora pasean tranquilos por las mismas calles por donde sembraron el terror, hasta que la boca se abre: “Cada persona le contó una parte de la misma historia. Y contando la historia de otra persona, contaron la suya propia”. Mientras el occidental necesita encontrar algo que de sentido a lo que vive y llama “trastorno” a los traumas que va conociendo, los africanos saben que lo que transcurre delante de sus narices es la vida, “la guerra tenía el efecto de animar a la gente a tratar de seguir viva. También la pobreza. Era tan difícil sobrevivir que no podía tomarse a la ligera. Tal vez el doctor sueco se imagina intentando acabar con todo si viviera aquí”.

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Duro, el protagonista de Donde crecen flores silvestres, es un ser solitario que está obligado a vivir con el pasado. Cuando llega una familia inglesa a la casa azul, situada en el idílico pueblecito croata de Ghost, que tantos recuerdos guarda dentro de sí, y se ofrece para ayudarles a restaurarla, la sucesión de historias se va encadenando, sacando a la luz lo que parece ocultar la vida áspera y fría del pequeño pueblo. Junto a ellos, iremos descubriendo a unos turistas que no quieren enterarse de la verdad, a un país que ha sufrido una masacre humana y que tras el horror camina en silencio, esperando que ese ser querido desaparecido se aparezca un día delante de ellos, conviviendo con los que saben han sido traidores y culpables de los mayores crímenes imaginables. Una vez más víctimas y verdugos aparecen y todos saben, pero en esta ocasión todos callan y siguen viviendo, sin olvidar, pero sin añadir más dolor.

Leyendo Donde crecen flores silvestres una se da cuenta de que no es el tema lo importante sino la capacidad del escritor para lograr que sea cual sea el tema elegido surja auténtica literatura. Forna eligió un país que no es el suyo para contarnos una historia que transciende los límites estrechos de todos a los que les gusta etiquetar las narraciones, para regalarnos un inteligente texto que formula muchas cuestiones y es de interés tanto para europeos como para africanos o asiáticos. Cuando es verdadera literatura. Algo que Ben Okri debió de olvidar.

Wiriko

Wole Soyinka, un joven escritor de 80 años

La primera obra que escribió Wole Soyinka fue A Dance of the Forests (La danza de los bosques, 1963) y con ella marcó la declaración de independencia de Nigeria, conseguida en 1960.

En ella aparecían, en mi opinión, al menos, tres de los rasgos que iban a caracterizar su obra posterior; introducía las técnicas más vanguardistas con la cultura tradicional yoruba, realizaba una sátira sobre los problemas de una joven nación post-colonial corrupta y provocaba el enfado al destapar las miserias de una Nigeria a la que conminaba a no repetir los errores del pasado, y era un texto complejo y difícil de leer, mostrando las preocupaciones socio-políticas de un joven de veintinueve años, capaz de plasmarlas con profundidad y alcance.

“El hombre muere en todos los que callan ante la tiranía”

Desde el pasado año, Wole Soyinka ha aparecido en diversas ocasiones en los medios de comunicación, mostrando su carácter inconformista, crítico y comprometido, a la vez que demostrando que se trata de un personaje icónico vivo, espejo y reflejo de la fuerza y empuje de una letras africanas que, cada vez, tienen más presencia dentro y fuera de África. Sin embargo, él aparece como un intelectual más reconocido en su propia Nigeria natal por su activismo que por su obra.

Muchas han sido las ocasiones en el pasado en las que Soyinka no se ha callado; realizó una enérgica campaña contra las atrocidades cometidas por el dictador Idi Amin en Uganda, sus convicciones hicieron que acabara en la cárcel en 1967 durante la guerra civil nigeriana y apoyó al pueblo Ogoni en su lucha contra la actuación criminal de las petroleras. Aprovechó la ceremonia de entrega del Nobel de Literatura, que le otorgaron en 1986 siendo el primer escritor africano en recibirlo, para lanzar un apasionado discurso contra el Apartheid que dedicó al entonces encarcelado Nelson Mandela. Después, continuó con sus críticas contra el dictador Sanni Abacha ya en la década de los noventa, que provocaron su exilio, y hoy sigue con el mismo espíritu combativo de siempre.

Cuando en 2013 le tocó decir adiós a Chinua Achebe, en una entrevista para “The Sahara reporters“, reveló que había recibido peticiones para que mediara en la concesión del “Nobel de Literatura” con carácter póstumo a Achebe, lo cual consideraba que era hacer un flaco favor tanto a la obra del escritor como a la propia literatura que emana del continente, y dejó claro que llamar a Achebe “padre de la literatura africana” tiene tan poco sentido y denota tanta ignorancia como llamarle a él mismo “padre del teatro contemporáneo africano”.

A comienzos de 2014, fue la persona encargada de dar inicio al año de la “Capitalidad mundial del libro” que le había correspondido a Port Harcourt (Nigeria), al tiempo que daba a conocer la lista de preseleccionados al “Premio Caine“. En mayo, la revista “Africa is a country” recogía sus fobias sobre las redes sociales. En junio, arremetía contra la inusitada violencia de “Boko Haram” quien había secuestrado a 200 niñas que a día de hoy siguen en esta situación, hablaba del genocidio igbo en la guerra de Biafra y, recientemente, en la presentación de un libro-homenaje por sus 80 años de vida, Essays in honour of Wole Soyinka at 80, una colección de ensayos escritos por gente de la talla de Toni Morrison, Ngugi Wa Thiong´o Ama Ata Aidoo, elogió al presidente de Ruanda, Paul Kagame, de cuyo gobierno dijo “se funda en el respeto de los derechos humanos y la libertad.”

A pesar de que Soyinka sigue siendo un escritor políticamente activo,  no se ve a si mismo como tal, rechazando de plano dicha etiqueta y, aunque su trabajo, en realidad parece tener más que ver con su preocupación por el ser humano en clave social, resume su postura en esta frase: “Siempre he rechazado cualquier responsabilidad especial para el artista“. Él se declara humanista.

Aké, aquel terreno extendido y ondulante

1948

1966

2014

Su vida la ha ido volcando en sucesivos libros; sus experiencias y recuerdos de infancia y adolescencia en Aké, los años de la niñez (obra de la que se ha realizado una película que está pendiente de estreno), su experiencia de su paso por la cárcel, donde estuvo dos años, en el libro El hombre ha muerto, hasta que en 2006, publicó su libro de memorias Partirás al amanecer (You Must Set Forth at Dawn).

En 1989 emprende la escritura de su obra autobiográfica Aké, los años de la niñez (en castellano la editó Alfaguara). En ella narra su infancia en la aldea de Aké, una niñez en la “que se mezclaba la vida tradicional africana, las relaciones y la presencia del mundo colonial”. La obra se inicia con un Soyinka de apenas tres años, que va contando el día a día de una existencia vivida dentro de la cultura yoruba, con sus creencias y sus mitos, y cristiana. Junto al niño aparecen sus  padres: el director de la Escuela, Essay y la madre, a quien llama “la Cristiana Salvaje”, quienes le proporcionaron un hogar que supuso un  estímulo tanto vital como intelectual.

Diferente tono tiene El hombre ha muerto (1972). Soyinka, como otros intelectuales nigerianos, estaba intentando montar un grupo de presión que sirviera para que los países extranjeros se negaran a vender armas a ambas partes del conflicto de la guerra civil nigeriana, conocida como guerra de Biafra. Su acción se consideró subversiva y el Poder intentó acallar esa conciencia actuante. El hombre ha muerto son las notas de su paso por prisión, un alegato de la capacidad del hombre para subvertir las reglas establecidas y sobreponerse al mecanismo imparable de los que detentan el poder.

“Aunque llegué al final del viaje,
jamás sentí que hubiera llegado.”

La estacion del caos LOS INTERPRETES Aké, los años de la niñez El hombre ha muerto

La obra de Soyinka es extensa y variada. Ha escrito sobre todo teatro, pero también poesía, novela, ensayo o crónicas. Desde mi experiencia, sé que no es un escritor fácil. A menudo requiere mucha concentración y paciencia para ir adentrándose en su universo plagado de referencias a la cultura tradicional yoruba pero también encuadrado en la más moderna y contemporánea realidad, obra que nos habla de nosotros mismos, de nuestros límites y de nuestras fortalezas. Creo que leer a Soyinka es una experiencia que nos agranda como seres humanos.

Wole Soyinka fue el primer escritor africano que leí… y que sigo leyendo. No sé si algún día dejaré de hacerlo.

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