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Entradas de la Categoría ‘Escribiendo y algo más’

Binyavanga Wainaina, una vuelta muy esperada

A veces los escritores tienen tanta presencia mediática, en redes sociales, revistas on line…, que perdemos de vista la primera y verdadera dimensión de ellos, aquella que nos fascinó: su escritura. Wainaina es, a mi entender, uno de esos casos. Al menos es lo que me ha ocurrido a mi al darme cuenta de que él sigue tan presente en mi vida que he dejado de esperar que su promesa de publicar un nuevo libro se cumpla, al ir amontonando información sobre su turbulenta existencia, sin percibir que su única obra publicada hasta el momento Algún día escribiré sobre África (Sexto Piso editorial, 2013) la escribió… en 2011.

La trayectoria de este escritor nacido en Nakuru (Kenia) en 1971 no es de las que pasa desapercibida. De madre peluquera ugandesa y padre ejecutivo keniano, estudió en Sudáfrica mientras la verdadera pasión de su vida, escribir, seguía creciendo en él sin parar. Kenneth Binyavanga Wainaina sorprende ya desde su mismo nombre. Difícil de pronunciar, su familia prefiere el diminutivo de Ken, pero él se decidió por el completo al parecerle exótico y diferente. Su presencia tampoco es de las que pasa desapercibida. Su pelo se colorea en rojo y azul o en verde y sus gestos son exagerados, histriónicos, mientras observa con mirada penetrante y aguda, a veces elegantemente vestido con un tutú. Binyavanga Wainaina es un ser mediático, puede que exagerado, pero ante todo es un hombre que nació para escribir.

Iniciando el camino

En 2002 ganó el “Premio Caine para las letras africanas” con su relato Discovering Home, un premio que, después en 2014, criticó a través de una serie de tuits. Twitter ha sido, en ocasiones, el medio a través del cual ha hecho públicas muchas de sus opiniones, ya que el escritor ha usado con soltura, desde sus comienzos como escritor, las redes sociales. De hecho, una de las partes de su vida más conocidas es su amistad con Chimamanda Adichie, la creadora de la novela Medio sol amarilloSe conocieron en 2001 a través de internet, en un sitio web que les permitía compartir su pasión por la escritura. Dieciséis años después la amistad continúa, ambos leen lo que escribe el otro y opinan sobre ello, a pesar de ser tan diferentes a la hora de escribir.

Wainaina, ha escrito para The New York Times, The Guardian y para The National Geographic y es el director del “Chinua Achebe Center for African Writers and Artists at Bard College” de New York. Tras recibir el “Premio Caine” decidió fundar en 2003 una revista que sirviera de plataforma para los jóvenes escritores africanos, así nació Kwanique significa “Y ahora qué”. En su página web explican sus intenciones… “¿por qué solo se conoce a Ngugi wa Thiong´o o a Meja Mwangi? hay muchos jóvenes talentos que escriben y que quieren darse a conocer”. Aspiran a ser un lugar de encuentro, difusión y promoción de las letras africanas. The Kwani? Manuscript Project es un premio para celebrar la novela africana y su capacidad de adaptación y resistencia, un nuevo premio literario para la escritura africana e invitan a la presentación de manuscritos inéditos de ficción de escritores de todo el continente africano y de la diáspora.

En 2005 presentó un texto breve, un ensayo, enfadado por un artículo que la revista Granta había publicado. En Cómo escribir sobre África  mostró una escritura irónica y contradictoria, que desmontaba tópicos y clichés que aún hoy se ciernen sobre el continente cuando se escribe sobre él.

Su actividad e inquietud le hizo ser merecedor del “Joven Líder Global” que concede anualmente el “Foro Económico Mundial”. Sin embargo, Wainaina rehusó el reconocimiento por considerar que sería un acto en extremo fraudulento aceptar por su parte, la idea trillada de que a partir de ahí su figura “incidiría significativamente en los acontecimientos mundiales”.

Después, otros relatos cortos anticiparon la publicación de su única obra hasta el momento. Unas memorias en las que el escritor daba un repaso a la Kenia en la que había nacido tanto a nivel político, como cultural y social. Un libro emblemático que supuso una ruptura en la manera en la que se conocía la narración africana para mostrar un texto brillante, lleno de vocablos inventados y un manejo del lenguaje extraordinario, en el que la música adquiría un papel muy relevante. Y que, además, volvía a mostrar la intención de Wainaina por demoler los clichés que como garrapatas parecen no querer desprenderse de la imagen del continente. Se trataba de One Day I Will Write About This Place y que se tradujo por Algún día escribiré sobre África.

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Por la vía de los ensayos controvertidos

Un año después publica la segunda parte de su satírico ensayo bajo el título: Cómo no escribir sobre África en 2012,  esta vez lo hace en The Guardian y empieza así: “Nairobi es el lugar perfecto para ser un corresponsal internacional. Hay vuelos regulares al genocidio más cercano, y hay césped, pistas de tenis y puedes conseguir un servicio adulador. Tienen panceta y puedes tener un chef estupendo para que trabaje en tu cocina por 300 euros al mes.”*

Su faceta de agitador cultural continúo cuando, a a finales de 2013, presentó un nuevo proyecto, se trataba de “Africa 39” para encontrar los mejores 39 escritores africanos por debajo de los 40 años, arrojando una lista atractiva y diversa que reconocía el trabajo de algunos y mostraba por primera vez el de otros tantos autores desconocidos.

Binyavanga Wainaina. Foto: Editorial Sexto Piso

A principios de 2014 sorprendía al mundo con el anuncio de su homosexualidad, publicando de nuevo otro artículo “Mum, I am homosexual“. Se trataba del capítulo perdido de su libro, aquel que no se atrevió a publicar hasta que su madre falleció y en el que confesaba que sabía que era homosexual desde los cinco años. En el libro él obviaba mencionar su orientación sexual, aunque una relectura del mismo, tras conocer el capítulo perdido, nos hace comprender muchas de las situaciones que vive, su comportamiento y su búsqueda y aceptación tanto personal como en su entorno más cercano y familiar. Además, publicó en YouTube las seis partes de un vídeo que tituló Debemos desatar nuestra imaginación donde hablaba sobre su decisión de dejar el país, la homosexualidad en África, la Iglesia y las leyes contra los homosexuales en el continente. Ese mismo año fue nombrado por la revista Time como una de las “Personas Más Influyentes del Mundo”. 

Mientras, seguía polemizando con unos y con otros sobre diversos temas, hasta que en 2015 sufrió un derrame cerebral que llevó a que se emprendiera una campaña de crowdfunding para pagar los gastos hospitalarios y médicos. Ese mismo año volvía a ser protagonista otra vez por motivos extraliterarios al denunciar en redes que había sido golpeado por un taxista alemán en Berlín. Para ya, en diciembre de 2016, realizar unas impactantes declaraciones al confesar que tenía SIDA.

A nivel literario, lo más reseñable estos años, ha sido su participación en la antología que el colectivo Jalada publicó sobre Ciencia Ficción (y del que la editorial 2709books ha traducido algunos para su volumen Afrofuturo(s), con el relato “Boonoonoonoos little bit Boonoonoonoos”.

Como curiosidad añadir que Wainaina colecciona recetas culinarias y que tiene alrededor de 13.000 tanto de cocina tradicional como moderna africana.

Un huracán devuelve al mejor Wainaina

Pero, por fin, este mismo año ha visto la luz otro ensayo suyo bajo el título “Since Everything Was Suddening into a Hurricane” de nuevo con Granta. En él escribe sobre su experiencia debida al derrame cerebral que sufrió y habla sobre su vuelta a Nairobi, al encuentro de su padre, en esta ocasión acompañado de su pareja. Se trata de un texto en el que las frases se cortan de manera deliberada, desajustando líneas, saltándose las reglas de puntuación y volviendo a jugar con las palabras, mezclando sustantivos y adjetivos. El ensayo ha sido calificado como “experimental” y ha hecho surgir una pequeña polémica entre los que alaban la manera en la que el escritor no sigue las reglas gramaticales y los que opinan lo contrario: que ocasionan un transtorno al lector y que las palabras deben ser claras y seguir un orden.

Lo cierto es que parece que Wainaina ha vuelto con fuerza, prueba de ello será la conferencia que dará en la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo, el próximo 25 de julio, bajo el título “How to write about Everything”. Promete.


*Traducción Aurora Alcojor.

Donato Ndongo, escribir cuando se desborda el corazón

Donato Ndongo.

Donato Ndongo

La editorial Verbum publica el poemario ‘Olvidos’ y los cuentos ‘El sueño y otros relatos’

Publicado originalmente en África no es un país.  Bilbao 22 ABR 2017 – 20:15 CEST

Donato Ndongo-Bidyogo tiene un rostro afable y una mirada inteligente. Habla despacio y mesurado, con las ideas bien ordenadas y claras en su mente. Está acostumbrado a escuchar de manera atenta. A veces sonríe, y tras mirar fijo un rato con el ceño en modo reflexión, responde con suavidad: “preferiría no contestar a eso”, dice igual que podría hacerlo el Bartlebly de Herman Meville. Tiene la piel expuesta pero ya curtida por años opinando, escribiendo, hablando, y sus ojos se cierran casi hasta transformarse en dos puntos al argumentar que ya ha hablado de eso en el pasado, y que ahora no lo quiere hacer, esquivando de esta manera aquellas preguntas que considera que ya no debe contestar; como por ejemplo dar su opinión sobre la obra de tal o cual escritor de su país de origen: Guinea Ecuatorial.

Le comento, entonces, la eterna cuestión… si cree que la voz africana está siendo secuestrada por escritores de la diáspora frente a los que escriben en el continente y tienen que luchar para que su obra sea oída y leída. “Por lo que sé, ningún escritor africano ejerce de africano”, contesta. “No somos africanistas, sino africanos, vivamos donde vivamos empujados por las circunstancias de nuestras azarosas existencias. Más bien creo que somos voceros autorizados y cualificados para hablar en nombre de todos nuestros compatriotas que sufren en silencio, o porque no pueden expresarse por vivir bajo tiranías, o carecer de la instrucción, proyección u oportunidades que ayudan a crear opinión”.

Para leer el resto del artículo mapa-africa

¿Por qué Yismake Worku es el escritor más leído en Etiopía?

En 2008 con solo 22 años, el etíope Yismake Worku publicó en amárico su primera novela, que está considerada un auténtico best – seller en su país, Dertogada, la cual ha sido traducida al inglés. A Worku se le considera un gran escritor, dotado de una gran imaginación y una capacidad intuitiva para describir detalles de la vida, la cultura y los incontables destinos de las gentes etíopes. Su traductor añade que ha sabido escoger caracteres interesantes, logrando lo que hasta ahora ningún otro escritor etíope ha conseguido: la posibilidad de interesar a la gente de su país… y también a un público más global.

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Yismake Worku. Foto Facebook

Si trasteáis por facebook, podéis encontraros con una página con el nombre del escritor. En realidad, se trata de una creación de sus fans. Yismake Worku parece emanar, al igual que su obra, de un misterio. Apenas hay noticias, comentarios o entrevistas sobre él (si exceptuamos lo que podemos encontrar en amárico). Se sabe que estudió en la Universidad de Awassa (lugar en el que se supone que reside, según me aseguraron sin mucha convicción en su propio país) y que ha estado viviendo,con anterioridad, muchos años en la capital, Addis Abeba.

La mayoría de los datos que se conocen en torno a él pertenecen al ámbito literario; Worku ha escrito más de diez libros, casi todos novelas de gran éxito, pero también de poesía. Poco más se sabe de él, excepto que es una especie de Michael Crichton a la etíope, que sus libros se los quitan de las manos y que ha conseguido vivir de la literatura.

Las pocas fotografías que se pueden localizar en internet nos muestran a un hombre joven, no muy alto y sí muy delgado, de aspecto frágil y sensible. Su mirada es fría y ajena e impenetrable. Como lo es prácticamente todo lo relacionado con su vida y su localización actual. Algunos le sitúan fuera del país en este momento (¿Inglaterra?). Pero nadie parece conocer cuál es su verdadero paradero.

El etíope escribe un género que oscila entre la ciencia ficción y la novela científica, contado desde el suspense y los enigmas. Pero sus libros van más allá; suponen en opinión de muchos un auténtico puente entre el pasado y el  futuro, entre la generación pasada y la que está por llegar. Worku es capaz de unir los monasterios que se encuentran en las islas del lago Tana con la NASA. En palabras de Sebhat G. Egzea’ bher, un gran autor muy leído en Etiopía, estamos ante un  escritor con un estilo único que escribe una literatura perfecta. Muchos coinciden en señalar que destaca por haber renovado la novela etíope dotándola de modernidad sin renunciar al lugar del que procede.

Dertogada, el comienzo

9789994484317-usMás de 100.000 ejemplares vendidos y más de 20 reimpresiones, son las cifras de vértigo que nos da a conocer Messeret Abeje, profesor de la UNECA en Addis Abeba, durante una charla informal. Cuando se publicó, en origen en amárico, todo el mundo quería leer la novela en Etiopía. Había múltiples razones para ello.

Se trataba de una novela con ritmo, aunque a ratos confusa, y que usaba la fantasía, lo cual era parte de su atractivo, pero lo más importante se encontraba en el argumento que lograba que muchos se sintieran identificados con lo que se contaba. Worku hablaba de una realidad que los etíopes conocían muy bien. Leían su propia historia y la de su país. De hecho, en su día se señaló este libro como nacionalista por el propio Sebhat G. Egzea’ bher.

Dertogada, la película

Dertogada, la película

Comenzando en un presente tecnológico, con ingenieros de la NASA que desaparecen, la trama nos lleva a 1969, al mismo corazón de Addis Abeba, delante de la estatua de Abune Petros. Éste fue todo un símbolo de resistencia y lucha: en 1936 Abuna Petros, un Arzobispo de la Iglesia Ortodoxa Etiope, fue ejecutado por su rechazo a rendirse ante los italianos fascistas que invadieron el país. En Etiopía simboliza la libertad y el rechazo a todo tipo de tiranía. Worku enlaza seguido su narración con el poema “La pasión de Peter” de Tsegaye Gabre-Medhin, y con una grabación del poeta en relación al mismo, que nos introduce en un código que se oculta detrás de las palabras del poema.

A través de una trama con flash-backs, suspense, intriga, espionaje, fantasía y amor, Worku habla del deseo de una nueva Etiopía, siendo en sus propias palabras el libro, la canción de libertad de toda una nueva generación.

En 2012 se ha traducido a inglés por Zelalem Nigussie y está publicada por Unity Publishers (con sede en Addis Abeba). Alguna noticia relaciona la novela con el cine, sin que este extremo lo pueda asegurar del todo. Lo que sí es seguro es que cuenta con versión audio, en amárico, lo que facilita que llegue a la población no alfabetizada. Además, Worku ha escrito varias secuelas de Dertogada, también con gran éxito: Ramatohara, Xantoxara Yoratorad, todas ellas de momento solo pueden ser leídas en amárico.

Dertogada está dedicada a Kitaw Ejigu, científico de la NASA, quien luchó para intentar que en Etiopía hubiera un cambio político en los tiempos de Meles Zenawi. Toda una declaración de intenciones para una novela que es el reflejo de una Etiopía que desea un futuro (y un presente) diferentes. Y que escribe (y lee) sobre ello.

This nation needs wise composers who can give it a sweet tone of harmony (pag.11)

 

 

El diálogo introspectivo de Edjanga Jones Ndjoli

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Edjanga Jones. Ed.Carena

Edjanga Divendu (German Jones Ndjoli) nació en Madrid en 1982 y es hijo de equatoguineanos emigrados. Ha estudiado Ciencias Políticas (UNED), ha sido delineante y boxeador y Heredarás la tierra (Carena, 2016) es su primera novela. Para hacerla realidad dedicó cinco años en los que incluso llegó a vivir durante ocho meses en la tierra de sus antepasados, esa Guinea Ecuatorial que para él (y para tantos) era una desconocida. 

¿Cuál fue el detonante para que te propusieras contar esta historia?

Siempre he escrito historias, pero nunca me lo tomé en serio. La verdad… fue cuando me fui a Inglaterra, en un periodo de soledad después de haber dejado a mi pareja, cuando decidí escribir esta historia. Surgió como un deber o una obligación. Necesitaba ordenar mis ideas, deseos, verdades encontradas a medias y reflejarlas de alguna forma. En definitiva, creo que esta obra es una forma de validar cuestiones íntimas y personales y darlas un enfoque mucho más allá del espacio privado.

Esta novela, como dije, surgió de la necesidad. De sentimientos rotos, de las ganas de saciar mi hambre, de rebeldía estúpida y de las ganas de romper y mirar al mundo cantándole las cuarenta. La verdad, encontré en escribir una forma revolucionaria de comunicarme no sólo con los demás, también conmigo mismo. Nunca pensé que tenía algo que contar y por ello nunca me tomé en serio la faceta de escribir. Hasta que me di cuenta que el problema realmente no era contar algo excepcional, es más o menos como en las canciones de hip hop; lo importante es cómo lo cuentas. Él recurso de la exageración está demasiado explotado y es lo más fácil. Pero ser sincero con uno mismo y exponer esa sinceridad en bruto, tratada con cariño, desde mi punto de vista, es la labor de un escritor: reflejarse en otros. Ser sincero en mis escritos es lo principal.

¿Los escritores de la diáspora pertenecéis también al mundo occidental, hasta qué punto esto puede suponer una pérdida de conexión con las personas africanas que no han salido del continente?, ¿te interesa llegar a ese público?.

África no tiene fronteras, para mí ser africano no es nacer en África, crecer en África, es vivir África desde sus herencias y ser partícipe de los viajes de ida y vuelta que continuamente se hacen del continente africano al punto de retorno. Mi apellido es Jones, un apellido de antiguos esclavos retornados al continente. Yo he crecido y nacido en España, mi manera de mirar el mundo desde que me reconozco como africano no puede ser igual a la de cualquier otro a menos que participe de este sentimiento y responsabilidad, pesada responsabilidad.

Los fronteras de África van mucho más allá de su continente, y los africanos también. África es Occidente, América, Asia… Creo que tenemos que empezar a reconocer las múltiples herencias africanas y a su vez las herencias de África en el mundo. Ser occidental es una parte de mí y solo en la medida que me presentó ante ustedes y ofrezco y hago uso de las formas y maneras que me caracterizan pueden observar que mi formar de entender el mundo no es muy diferente a la suya.

Pero en realidad vivo de herencias íntimas como la africana, que intentó reflejar y dar un salto cualitativo en un plano público. Combinar ambas es lo que creo que nos da valor, y eso está reflejado en mi forma de escribir.

Encontré en escribir una forma revolucionaria de comunicarme no sólo con los demás, también conmigo mismo 

¿Te sientes más identificado con las narrativas del norte o con las del sur?. ¿O por el contrario no haces/notas diferencias?.

No te puedo responder a esta pregunta, nunca he leído mucho. Mi primera motivación para escribir fue el hip hop cuando tenía catorce años. Luego me di cuenta que no tenía nada que contar, o mejor dicho creía que no tenía nada que contar… El hip hop me dio esta visión introspectiva de pensar y buscar. No puedo hablar de narrativas del norte o del sur porque no las conozco y sería arriesgado dar una conclusión sobre esto.

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Fotografía: Gloyer Matala Evita

Heredarás la tierra, ¿con quién salda cuentas?

Con nadie, simplemente, amor, amor para todos. Hablar de amor suena cursi, pero para mí el amor es la ciencia del equilibrio, y tiene que ver mucho con conocer y conocerse. El mundo nos aplasta, yo me niego,me niego a que el mundo me aplaste y me diga lo que soy yo. Tanto en mis sentimientos, fracasos de todo tipo, como en mi cultura, como en mi raza…

Teorías y más teorías de hace quinientos años, del hombre y la luna. Tengo la sensación de enfrentarme a siglos y miles de palabras ya dichas y repetidas. También es rebeldía, el orden de las cosas también las puede poner cada persona que racionalmente se sienta comprometida. Entre renglón y renglón de la historia siempre hay espacio.

Centrada en la tribu Ndowé, sin embargo no has usado la lengua nativa, ¿por qué? ¿hasta qué punto no comunicarte en tu lengua te aleja de tu propia gente?.

Desgraciadamente no hablo la lengua Ndowe, ni la controlo. Durante mucho tiempo esto ha sido y es un lastre para mí. Pero con el tiempo me di cuenta que tampoco era necesario. No tengo porqué ser una persona que representativamente  sepa y tenga un conocimiento absoluto de mi cultura, o en este caso, de la lengua Ndowe. Lo poco que sé o he aprendido he intentado exprimirlo al máximo para que se convierta en mi brújula. Conceptos como: metangani, Mutema, Ikaraka, mumu, muado, etc me dan una visión profunda de los valores y cultura ndowe. Los explotó en la novela y en mi día a día, me sirven de protección. Y con respecto con lo que no sé sobre la lengua, he aprendido a apoyarme en personas de confianza que me han ayudado a entender muchas cosas empezando por mis padres. Es esta la clave para formar parte de un colectivo y en el colectivo es donde se encuentran las soluciones y en donde uno se hace fuerte, yo no tengo porque saberlo todo.

Heredarás la tierra es el fruto  de una necesidad clara: volver a tus raíces, volver a encontrar tu origen. ¿Crees que todos tenemos necesidad de pertenecer a un lugar?

Todos somos de algún lugar, pero realmente ¿somos de allí?. Quiero decir, a los europeos tienen un marco construido a su medida y necesidad. ¿Pero realmente es cierto?. Yo he tenido que crear mi marco, buscar mi historia, y ahora siento que no soy tan manipulable al criterio de otros. Es duro y ha sido duro, pero esto lo he hecho con las perspectivas de que mis hijos crezcan en un entorno más amable, que tengan herramientas propias, criterios propios… Este es uno de los valores de la cultura Ndowe y por extensión africana, el individuo como base legítima donde se concentra, se crea y la cultura se reinterpreta. Sin tener las constricciones de marcos metodológicos donde te ves constreñido por un proceder académico protegido por ciertas élites.

Nuestra visión del mundo siempre es nuestra, de cada uno. Por eso existe la historia oral, aunque algunos lo puedan ver cómo una desventaja, es la mayor de las ventajas. Mi novela es una forma dar continuidad a la historia oral. Europa, el individuo europeo está constreñido y muy controlado en el marco institucional del conocimiento: eso tiene sus cosas malas y buenas, como también no tenerlas.

Las palabras parecen hijos bastardos, no tienen madre, no tienen padre, son deformaciones de un origen nada cercano. Pero la verdad es que somos incapaces de reconocerlas. (pág. 273)

En un fragmento de la novela, se lee sobre el choque cultural entre un nieto nacido aquí y una abuela guineoecuatoriana que ha sido traída con edad avanzada a un mundo que le parece ajeno. Se trata del momento en el que están viendo en la tele “Sabrina” y ella identifica la magia de la chica con la que se practica en Guinea Ecuatorial. ¿Cómo es ese choque intergeneracional?

El choque entre África y Europa sigue siendo como el de hace quinientos años. Europeos que viajan a África buscando algo “primitivo” desde su mentalidad, algo místico, una experiencia que les enfrenta con lo que ellos perciben que casi podría ser la colonización de Marte.

Y esto lo digo así porque lo he vivido en África todas las construcciones racistas campan a sus anchas. De todas formas hay diferentes velocidades en África, y no es lo mismo irte a Ciudad del Cabo que a Mauritania. Pero todavía se mantiene una visión mística desde Europa sobre África. De hecho uno de los capítulos de la novela tiene que ver con esa caricaturización de lo africano y europeo cuando el personaje principal llega al aeropuerto de Madrid. El choque intergeneracional creo que es algo normal en todas partes, lo que pasa con África que hay muchas o puede haber muchas confluencias de culturas entre las propias africanas, las occidentales, las religiosas, etc…

Tu novela es una historia íntima, de dolor y de dificultades en la que la familia es el universo alrededor del que gira todo, ¿la familia en qué proporción es transmisora de valores y en qué otra transmisora de complejos y frustraciones?

La familia lo es todo, en los Ndowes es la institución principal donde se trasmite todo: tu clan, tu pueblo, tus obligaciones como hombre o mujer, tu deber como descendiente de… Cargamos con esa responsabilidad y no podemos desprendernos de ella. Y respecto a las frustraciones se ven en la intimidad, aunque puedan ser muy visibles, en la familia las frustraciones siempre tienen que quedar en privado por eso prefiero no hablar de ello.

Otro fragmento muy autobiográfico es cuando el protagonista recuerda su infancia y cómo en la escuela “lo normal era pintar las caras de rosa” mientras él notaba las miradas sobre su piel y su cabello. Ese momento en el que uno percibe con claridad que le están discriminando por el color de la piel lo trasmites con una frase: yo soy negro, ellos negros…fue como ver en mi mirada los ojos de otro y hacerlos como míos… Una frase muy dura para expresar el comienzo de mucho dolor, ¿qué le dirías a un racista?

A un racista… Una persona que dice ser mejor que yo, que dice que yo soy como un animal, o que piensa que yo y mi estirpe debería estar muerta… No puedo decirle, mucho. Por una parte que no se excuse tanto, si realmente se cree mejor que yo que lo demuestre. Vivimos en una sociedad individualista donde somos valorados por nuestras capacidades, aún a pesar de la discriminación. Y si con esa ventaja no se sienten cómodos, que no caigan en excusas, que no intenten buscar privilegios estúpidos en un color de piel, en una cultura… ¿Cada una de estas personas qué hace o ha hecho por su país?,¿cuál es verdadero sacrificio que hacen por mejorar su entorno?. Su patriotismo es desconfianza, falta de capacidad, inseguridad, desconocimiento, y miedo.

¿Qué opinas de las últimas novelas que se han publicado en Guinea Ecuatorial?. ¿Y las que surgen desde fuera?, en concreto Palmeras en la Nieve, la novela, ¿qué opinión te merece?

No conozco la novela Palmeras en la nieve, la película es horrible y no habla de Guinea Ecuatorial, habla de todo menos de Guinea. Y en particular me puse a hojear la novela Palmeras en la nieve y vi escrita la palabra “djembe”. No seguí leyendo, a menos de que en la novela, cosa que dudo, alguien vendieran instrumentos de Senegal, o unos senegalés pasarán por allí, no sé porque razón se habla de djembes en una novela ambientada en Guinea.

Todavía se mantiene una visión mística desde Europa sobre África

¿Cómo ves la realidad literaria en Guinea Ecuatorial?. ¿Qué iniciativas destacarías en este ámbito?

Desgraciadamente no he leído a nadie. Destaco a César Mba y Mitoha Ondo Ayekaba, además de Antumi Toasije, aunque este último no es guineano, como mentores y personas que me han influenciado mucho, en especial Mitoha. Destaco el esfuerzo del reconocimiento desde el palco cultural de Marcelino Bondjale por ejemplo. Tenemos que apoyarnos más y conocernos más los escritores de Guinea Ecuatorial, debemos tener este deber, siento una pequeña distancia tal vez fruto de mi ignorancia ya que leo poco, pero creo que necesitamos de estos escritores y de su contacto, tanto por parte del lector como del escritor.

¿Por qué crees que se lee tan poca literatura africana en general y en concreto guineana en el estado español?

Si ni siquiera  se reconoce la historia reciente de Guinea respecto a España o viceversa… Hay una batalla muy dura en el recogimiento y tal vez la literatura pueda crear esos puentes, la experiencia real de cada uno. Yo por lo menos lo estoy intentando. Por lo demás hay prejuicios muy vivos sobre África y mucha gente cree que no podemos aportar nada excepto, tambores, música, baile y poco más. Pocos saben de nuestros logros, porque en África la propiedad de los logros de la historia no es propiedad de nadie, al contrario que en Occidente. Tal vez deberíamos ser más presumidos…

Heredarás la tierra. Ediciones Carena, 2016. También en: http://www.unitedminds.es

¿Sabes quién es el escritor negro más leído en Sudáfrica?

Hace tiempo que tengo ganas de hablar de realidades africanas. Quiero decir que llevo tiempo queriendo iniciar algo. Una cara nueva del prisma que permita conocer lo que en estos momentos se está leyendo en el continente, cuáles son los libros más vendidos y los autores más reconocidos y apreciados por los lectores.

Un artículo de Sebastián Ruiz publicado en la revista Wiriko ha logrado que encuentre la manera de comenzar.

El periodista arroja dos datos de interés sobre Sudáfrica. El primero, que “solamente un millón de sudafricanos y sudafricanas, de una población de 53 millones, compra libros” y el segundo, que “de los 88 2863948348_5a3e01c9a7_zmejores libros en el país, sólo uno, en el número 87, está escrito por un escritor negro, Khaya Dlanga“. A los cuales añado el tercero:  en Sudáfrica, sólo un 8’4% de la población, aproximadamente, ya que el dato oscila, es blanca.

¿Y quién es Khaya Dlanga?…

Proveniente del mundo de la publicidad, ha sido galardonado en varias ocasiones tanto por su trabajo en este campo como por el que ha venido realizando como blogger. Khaya Dlanga, también columnista y miembro de la plataforma Thought Leader, es una especie de celebridad en Sudáfrica, un hombre que posee una gran influencia gracias a las redes sociales (una clase de “guru” mediático) las cuales maneja con destreza, ya sea a través de facebook, twitter (casi 300.000 seguidores, entre los que se encuentran desde Binyavanga Wainaina hasta Gemma Parellada), instagram o de su ya cancelado blog, para opinar sobre una gran variedad de temas. Dotado de un gran sentido del humor, una de las frases más conocidas sobre él, afirma: “Si no te gustan sus opiniones… tiene otras”.

Como autor escribe best-sellers basados en su vida y en sus experiencias. El primero fue In My Arrogant Opinion (Pan MacMillan, 2012), una selección de escritos, en el que sin contar nada en particular, ni de una manera especial, hablaba sobre sexo, amor, dinero, racismo y política de manera divertida… lo que no impedía que tratara también de lograr una cierta influencia.

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Este mismo año se ha lanzado una nueva edición de su segundo y exitoso libro, To Quote Myself: A memoir (2015). Unas memorias escritas a la edad de 35 en donde comparte algunas lecciones que ha aprendido en la vida.

En esta ocasión el texto ha sido revisado y se ha cuidado la edición con una premiada portada de diseño. A raíz de esta publicación ha surgido la polémica a causa de un artículo escrito por el periodista Rod MacKenzie en el que criticaba el libro y preguntaba si quizás su publicación tenía que ver con el hecho de que su autor es negro y, por lo tanto, más comercial. En respuesta, Khaya ha afirmado que MacKenzie utiliza un racismo velado para llegar justo a la conclusión contraria a la realidad; precisamente por ser él un hombre negro, contando las experiencias de un hombre negro, es por lo que su libro no es nada comercial.

Será que Khaya Dlanga tiene en cuenta los datos que ahora todos conocemos.

 

De tal palo, tal astilla: Juliane Okot Bitek

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En 1966,  Okot p’Bitek publicó The Song of Lawino. Es decir, que este año se cumplen 50 desde que la obra del ugandés más conocido viera la luz (en su versión inglesa). Se trata de un largo poema que apareció en un momento en el que en África occidental seguía predominando la tradición oral y supuso la irrupción de una forma de contar la poesía nueva, desde el prisma africano.

Lawino es una mujer. Su queja da lugar a esta obra en la que lamenta que su marido Ocol la desprecie en favor de su segunda esposa, una europeizada Clementine. Tal y como señala Eva Torre, su traductora al castellano (CEDMA, ed.MARremoto, 2011, versión bilingüe), “La canción es una alabanza de las tradiciones Acholi y, en general, de las costumbres africanas, que se veían seriamente amenazadas en esa época de independencias y descolonización”.

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En origen escrita en acholi, fue traducida años después al inglés por su propio autor y en la actualidad se puede leer en más de 20 lenguas, incluídas luganda y swahili. Años más tarde, publicaría The Song of Ocol (1970), la respuesta del marido de Lawino.

Han pasado, como he dicho, más de 50 años. Y si bien mucho se le debe a este poema, la literatura ugandesa de hoy en día ha tomado otros caminos.

Juliane Okot Bitek es la hija del mítico escritor. También escribe como él. También poesía.

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Juliane Okot Bitek. Imagen: https://julianeokotbitek.com/

Nacida en Kenia el mismo año en el que el libro de su padre se publicaba en inglés, perdió la “p’” de su apellido paterno por razones prácticas al comenzar a residir en Vancouver. Ella es consciente de que parte de un entorno privilegiado. Su madre también fue una destacada narradora oral y de niña, a veces, hasta el propio Wole Soyinka la cuidaba a ella y a sus hermanos cuando sus padres tenían que ir a trabajar. Llamaba tíos y tías a talentos como JP Clark, Chinua Achebe, Taban lo Liyong, David Rubadiri y Wole Soyinka entre otros, que muchas noches debatían en su propia casa. Recuerdos de una infancia entre libros y conversaciones estimulantes.

Reconociendo el trabajo y la importancia de su padre, se aleja en cambio de su estilo sin dejar de experimentar nuevos caminos para su narrativa y publicando tanto en revistas especializadas como on line, “como hija de un exiliado, nacido en el exilio y que viven lejos del lugar al que llamo hogar, pertenencia, diáspora e identidad son los temas principales de mi trabajo”, afirma.

100 díasUno de sus trabajos más representativos es 100 days, el esfuerzo que realizó la escritora al completar un poema para cada uno de los 100 días ruandeses en los que el mundo pudo haberse detenido y no lo hizo. Se fueron publicando en la página web de Juliane, y este mismo año en enero lo han hecho en forma de libro (Universidad de Alberta Press, 2016).

En 2014 la artista Wangechi Mutu había comenzado un proyecto fotográfico para conmemorar los 20 años de lo ocurrido en Ruanda a través de facebook. Juliane, cuya familia sufrió las consecuencias del régimen de Idi Adim, está familarizada con el dolor. Da la circunstancia de que coincide en el Festival de poesía de Medellín con Yolande Mukagasana, víctima directa del genocidio ruandés, cuyo testimonio la impresiona y decide que ella quiere escribir también para ese proyecto que ha iniciado Mutu: #Kwibuka20#100 Days.

El resultado son 100 piezas tras las que Juliane confiesa sentirse exhausta, durante este período de tiempo siente que “corre” y su escritura se asemeja a un maratón.

Day 91

We couldn’t have known, nine days in
That it would ever be over
It was a time warp that had us
In flashes and then in woozy moments
That took forever

A machete hangs in a museum in Ottawa
A machete hangs perpetually in a museum in Ottawa
A machete hangs like a mockery of time
Like a semblance of that reality
In which another machete
Other machetes hang for what seemed a long time
But eventually they come down
Again and again and again and again and again
Even time marked by machete strokes
Can never be accurate

Mutu-kwibuka-91

Wangechi Mutu – 20th Anniversary Rwanda Genocide – day 91

Hoy, 26 de junio comienza el Festival Mundial de Poesía, en Caracas (Venezuela), de este año en el que ella va a participar en el Foro denominado “Poesía, Paz y Derechos humanos”. Juliane, junto a Koulsy Lamko (Chad), Alhaji Papa Susso (Gambia), Keorapetse Kgositsile (Sudafrica) y el argelino  Archour Fenni, serán los representantes este año del continente africano. Abordarán el tema de la poesía y la palabra como elemento pacificador en las zonas en conflicto, según fuentes del propio festival.

Las inquietantes (y cotidianas) visiones de Zoë Wicomb

La escritora sudafricana Zoe Wicomb. Fuente: Windham Campbell Prizes

La escritora sudafricana Zoe Wicomb. Fuente: Windham Campbell Prizes

Publicado originalmente en Wiriko-Artes y Culturas Africanas. 08/06/2016

Tenemos la costumbre de olvidarnos de algo cuando ya no aparece en primer plano. El Apartheid (en idioma afrikáans, separación), el régimen de segregación racial que comenzó en Sudáfrica en 1913, a mucha gente le parece, hoy en día, cosa del pasado. Sin embargo, solo han pasado veinticinco años desde la fecha en la que se le puso fin 1991, y como ya advirtió Nelson Mandela sigue sin ser fácil dar carpetazo a esos más de 80 años. La escritora Zoë Wicomb nació en Namaqualand en 1948, fecha que se reconoce como el inicio oficial del apartheid con la victoria del Partido Nacional, y lleva toda su vida escribiendo sobre ello, tras haber pasado por la experiencia del exilio en Gran Bretaña donde vivió treinta años antes de retornar a su tierra natal una vez finalizó el apartheid y acabar residiendo en la actualidad en Escocia.

Comenzó su trayectoria literaria con un libro de cuentos en 1987, You Can’t Get Lost in Cape Town. Después publicó las novelas David’s Story (Kwela, 2000), Playing in the Light (Umuzi, 2006) y The One That Got Away (Umuzi, 2008). En todas ellas aborda desde diferentes prismas lo que supuso el régimen de segregación racial sudafricano. October (The New Press, 2014) es su última publicación y ha sido descrita por ella misma con tres palabras, “Hogar, desarraigo y secretos familiares”. No en vano narra la historia de una mujer Marcia que vuelve desde Glasgow a su Ciudad del Cabo natal después de más de veinte años de exilio.

Para leer el resto del artículo:Wiriko

Sarah Ladipo, apuesta por una editorial africana para publicar su segunda novela

Sara Ladipo Manyika nació en Nigeria y ha vivido en Kenia, Francia e Inglaterra. En la actualidad reside en EEUU, pero ha elegido una editorial africana Cassava Republic para la publicación y difusión de su segunda novela, Like a Mule Bringing Ice Cream to the Sun

Ladipo parece una escritora a la que no le gusta caminar por caminos transitados.

Para su primera novela eligió una historia de amor. Ella misma explica cómo entre las muchas novelas que había leído no había encontrado ninguna historia de amor ambientada en África y Ladipo quería leer una narración de este tipo (añadiendo que sería un amor interracial) y que transcurriera en África occidental desde 1960 hasta la actualidad. Al no encontrarla, decidió que la escribiría para si misma. Así surgió su primera novela, In Dependence (2008). Un año después, Irene Sabatini escribió  The Boy Next Door, con la que ganó el Premio Orange, localizada en Zimbabue y que también trataba sobre una historia de amor interracial que se extendía por la década de los 80-90.

in depenenceIn Dependence se expande por tres continentes y cuatro décadas, trata de la difícil relación entre Tayo, un joven nigeriano con una beca para Oxford, y Vanessa, la hija de un oficial colonial británico.

Dicen que Ladipo huye de todo exotismo para centrarse en perfilar unos personajes creíbles que luchan por cuestiones como el amor, las relaciones familiares y la responsabilidad personal.

Pero no es “solo” una novela de amor, como telón de fondo surge una Nigeria, con todos los cambios políticos que se dieron desde la época de la independencia hasta hoy, y también Londres y San Francisco, lugares sobre los que se tuvo que documentar durante años.

Ladipo que también es jurado del Premio Etisalat (un premio literario pan-africano), ha publicado ensayos y relatos breves, hasta este mismo año en el que ha aparecido su segunda novela.

Elogiada por Aminatta Forna, NoViolet Bulawayo, Bernardine Evaristo o E.C. Osondu, por su prosa de gran calidadLike-A-Mule-1 y elegante, la historia de la jubilada profesora Dr.Morayo Da Silva contiene múltiples lecturas. En Like a Mule Bringing Ice Cream to the Sun se habla sobre identidad, el paso del tiempo y la amistad. Mientras la escribía anunciaba que estaba “explorando la cuestión de cómo se experimenta envejecimiento en América cuando uno viene de una cultura que tiene un enfoque muy diferente al envejecimiento en ese continente”.

En fechas recientes ha escrito un artículo para explicar su decisión de publicar con una editorial africana, la nigeriana Cassava Republic, que acaba de abrir sucursal en Londres.  Afirma que mucha gente se muestra escéptica ante su decisión, sobre todo teniendo en cuenta que ella reside en EEUU y que tiene mayor facilidad para poder contactar con grandes editoriales tanto americanas como europeas. Tras este tipo de comentarios lo que parecen sugerirle, según Ladipo, es si una editorial africana puede ser tan buena como una occidental. Y su respuesta es sí.

Considera que Cassava Republic en cuanto a todo lo relacionado con el marketing huye del cliché de lo que se vende como “literatura africana”. Las portadas de sus libros son frescas y creativas. Y han apostado por su historia sin tanto miedo al mercado. “Así que me siento orgulloso de apostar por África y sus editoriales de vanguardia para ofrecer nuevos nombres y nuevas historias que van a enriquecer y ampliar aún más las historias del mundo”, afirma convencida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto: annadeaveresmithprojects.net

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