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Entradas de la Categoría ‘Escribiendo y algo más’

Binyavanga Wainaina, una vuelta muy esperada

A veces los escritores tienen tanta presencia mediática, en redes sociales, revistas on line…, que perdemos de vista la primera y verdadera dimensión de ellos, aquella que nos fascinó: su escritura. Wainaina es, a mi entender, uno de esos casos. Al menos es lo que me ha ocurrido a mi al darme cuenta de que él sigue tan presente en mi vida que he dejado de esperar que su promesa de publicar un nuevo libro se cumpla, al ir amontonando información sobre su turbulenta existencia, sin percibir que su única obra publicada hasta el momento Algún día escribiré sobre África (Sexto Piso editorial, 2013) la escribió… en 2011.

La trayectoria de este escritor nacido en Nakuru (Kenia) en 1971 no es de las que pasa desapercibida. De madre peluquera ugandesa y padre ejecutivo keniano, estudió en Sudáfrica mientras la verdadera pasión de su vida, escribir, seguía creciendo en él sin parar. Kenneth Binyavanga Wainaina sorprende ya desde su mismo nombre. Difícil de pronunciar, su familia prefiere el diminutivo de Ken, pero él se decidió por el completo al parecerle exótico y diferente. Su presencia tampoco es de las que pasa desapercibida. Su pelo se colorea en rojo y azul o en verde y sus gestos son exagerados, histriónicos, mientras observa con mirada penetrante y aguda, a veces elegantemente vestido con un tutú. Binyavanga Wainaina es un ser mediático, puede que exagerado, pero ante todo es un hombre que nació para escribir.

Iniciando el camino

En 2002 ganó el “Premio Caine para las letras africanas” con su relato Discovering Home, un premio que, después en 2014, criticó a través de una serie de tuits. Twitter ha sido, en ocasiones, el medio a través del cual ha hecho públicas muchas de sus opiniones, ya que el escritor ha usado con soltura, desde sus comienzos como escritor, las redes sociales. De hecho, una de las partes de su vida más conocidas es su amistad con Chimamanda Adichie, la creadora de la novela Medio sol amarilloSe conocieron en 2001 a través de internet, en un sitio web que les permitía compartir su pasión por la escritura. Dieciséis años después la amistad continúa, ambos leen lo que escribe el otro y opinan sobre ello, a pesar de ser tan diferentes a la hora de escribir.

Wainaina, ha escrito para The New York Times, The Guardian y para The National Geographic y es el director del “Chinua Achebe Center for African Writers and Artists at Bard College” de New York. Tras recibir el “Premio Caine” decidió fundar en 2003 una revista que sirviera de plataforma para los jóvenes escritores africanos, así nació Kwanique significa “Y ahora qué”. En su página web explican sus intenciones… “¿por qué solo se conoce a Ngugi wa Thiong´o o a Meja Mwangi? hay muchos jóvenes talentos que escriben y que quieren darse a conocer”. Aspiran a ser un lugar de encuentro, difusión y promoción de las letras africanas. The Kwani? Manuscript Project es un premio para celebrar la novela africana y su capacidad de adaptación y resistencia, un nuevo premio literario para la escritura africana e invitan a la presentación de manuscritos inéditos de ficción de escritores de todo el continente africano y de la diáspora.

En 2005 presentó un texto breve, un ensayo, enfadado por un artículo que la revista Granta había publicado. En Cómo escribir sobre África  mostró una escritura irónica y contradictoria, que desmontaba tópicos y clichés que aún hoy se ciernen sobre el continente cuando se escribe sobre él.

Su actividad e inquietud le hizo ser merecedor del “Joven Líder Global” que concede anualmente el “Foro Económico Mundial”. Sin embargo, Wainaina rehusó el reconocimiento por considerar que sería un acto en extremo fraudulento aceptar por su parte, la idea trillada de que a partir de ahí su figura “incidiría significativamente en los acontecimientos mundiales”.

Después, otros relatos cortos anticiparon la publicación de su única obra hasta el momento. Unas memorias en las que el escritor daba un repaso a la Kenia en la que había nacido tanto a nivel político, como cultural y social. Un libro emblemático que supuso una ruptura en la manera en la que se conocía la narración africana para mostrar un texto brillante, lleno de vocablos inventados y un manejo del lenguaje extraordinario, en el que la música adquiría un papel muy relevante. Y que, además, volvía a mostrar la intención de Wainaina por demoler los clichés que como garrapatas parecen no querer desprenderse de la imagen del continente. Se trataba de One Day I Will Write About This Place y que se tradujo por Algún día escribiré sobre África.

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Por la vía de los ensayos controvertidos

Un año después publica la segunda parte de su satírico ensayo bajo el título: Cómo no escribir sobre África en 2012,  esta vez lo hace en The Guardian y empieza así: “Nairobi es el lugar perfecto para ser un corresponsal internacional. Hay vuelos regulares al genocidio más cercano, y hay césped, pistas de tenis y puedes conseguir un servicio adulador. Tienen panceta y puedes tener un chef estupendo para que trabaje en tu cocina por 300 euros al mes.”*

Su faceta de agitador cultural continúo cuando, a a finales de 2013, presentó un nuevo proyecto, se trataba de “Africa 39” para encontrar los mejores 39 escritores africanos por debajo de los 40 años, arrojando una lista atractiva y diversa que reconocía el trabajo de algunos y mostraba por primera vez el de otros tantos autores desconocidos.

Binyavanga Wainaina. Foto: Editorial Sexto Piso

A principios de 2014 sorprendía al mundo con el anuncio de su homosexualidad, publicando de nuevo otro artículo “Mum, I am homosexual“. Se trataba del capítulo perdido de su libro, aquel que no se atrevió a publicar hasta que su madre falleció y en el que confesaba que sabía que era homosexual desde los cinco años. En el libro él obviaba mencionar su orientación sexual, aunque una relectura del mismo, tras conocer el capítulo perdido, nos hace comprender muchas de las situaciones que vive, su comportamiento y su búsqueda y aceptación tanto personal como en su entorno más cercano y familiar. Además, publicó en YouTube las seis partes de un vídeo que tituló Debemos desatar nuestra imaginación donde hablaba sobre su decisión de dejar el país, la homosexualidad en África, la Iglesia y las leyes contra los homosexuales en el continente. Ese mismo año fue nombrado por la revista Time como una de las “Personas Más Influyentes del Mundo”. 

Mientras, seguía polemizando con unos y con otros sobre diversos temas, hasta que en 2015 sufrió un derrame cerebral que llevó a que se emprendiera una campaña de crowdfunding para pagar los gastos hospitalarios y médicos. Ese mismo año volvía a ser protagonista otra vez por motivos extraliterarios al denunciar en redes que había sido golpeado por un taxista alemán en Berlín. Para ya, en diciembre de 2016, realizar unas impactantes declaraciones al confesar que tenía SIDA.

A nivel literario, lo más reseñable estos años, ha sido su participación en la antología que el colectivo Jalada publicó sobre Ciencia Ficción (y del que la editorial 2709books ha traducido algunos para su volumen Afrofuturo(s), con el relato “Boonoonoonoos little bit Boonoonoonoos”.

Como curiosidad añadir que Wainaina colecciona recetas culinarias y que tiene alrededor de 13.000 tanto de cocina tradicional como moderna africana.

Un huracán devuelve al mejor Wainaina

Pero, por fin, este mismo año ha visto la luz otro ensayo suyo bajo el título “Since Everything Was Suddening into a Hurricane” de nuevo con Granta. En él escribe sobre su experiencia debida al derrame cerebral que sufrió y habla sobre su vuelta a Nairobi, al encuentro de su padre, en esta ocasión acompañado de su pareja. Se trata de un texto en el que las frases se cortan de manera deliberada, desajustando líneas, saltándose las reglas de puntuación y volviendo a jugar con las palabras, mezclando sustantivos y adjetivos. El ensayo ha sido calificado como “experimental” y ha hecho surgir una pequeña polémica entre los que alaban la manera en la que el escritor no sigue las reglas gramaticales y los que opinan lo contrario: que ocasionan un transtorno al lector y que las palabras deben ser claras y seguir un orden.

Lo cierto es que parece que Wainaina ha vuelto con fuerza, prueba de ello será la conferencia que dará en la Universidad de Witwatersrand en Johannesburgo, el próximo 25 de julio, bajo el título “How to write about Everything”. Promete.


*Traducción Aurora Alcojor.

Donato Ndongo, escribir cuando se desborda el corazón

Donato Ndongo.

Donato Ndongo

La editorial Verbum publica el poemario ‘Olvidos’ y los cuentos ‘El sueño y otros relatos’

Publicado originalmente en África no es un país.  Bilbao 22 ABR 2017 – 20:15 CEST

Donato Ndongo-Bidyogo tiene un rostro afable y una mirada inteligente. Habla despacio y mesurado, con las ideas bien ordenadas y claras en su mente. Está acostumbrado a escuchar de manera atenta. A veces sonríe, y tras mirar fijo un rato con el ceño en modo reflexión, responde con suavidad: “preferiría no contestar a eso”, dice igual que podría hacerlo el Bartlebly de Herman Meville. Tiene la piel expuesta pero ya curtida por años opinando, escribiendo, hablando, y sus ojos se cierran casi hasta transformarse en dos puntos al argumentar que ya ha hablado de eso en el pasado, y que ahora no lo quiere hacer, esquivando de esta manera aquellas preguntas que considera que ya no debe contestar; como por ejemplo dar su opinión sobre la obra de tal o cual escritor de su país de origen: Guinea Ecuatorial.

Le comento, entonces, la eterna cuestión… si cree que la voz africana está siendo secuestrada por escritores de la diáspora frente a los que escriben en el continente y tienen que luchar para que su obra sea oída y leída. “Por lo que sé, ningún escritor africano ejerce de africano”, contesta. “No somos africanistas, sino africanos, vivamos donde vivamos empujados por las circunstancias de nuestras azarosas existencias. Más bien creo que somos voceros autorizados y cualificados para hablar en nombre de todos nuestros compatriotas que sufren en silencio, o porque no pueden expresarse por vivir bajo tiranías, o carecer de la instrucción, proyección u oportunidades que ayudan a crear opinión”.

Para leer el resto del artículo mapa-africa

¿Por qué Yismake Worku es el escritor más leído en Etiopía?

En 2008 con solo 22 años, el etíope Yismake Worku publicó en amárico su primera novela, que está considerada un auténtico best – seller en su país, Dertogada, la cual ha sido traducida al inglés. A Worku se le considera un gran escritor, dotado de una gran imaginación y una capacidad intuitiva para describir detalles de la vida, la cultura y los incontables destinos de las gentes etíopes. Su traductor añade que ha sabido escoger caracteres interesantes, logrando lo que hasta ahora ningún otro escritor etíope ha conseguido: la posibilidad de interesar a la gente de su país… y también a un público más global.

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Yismake Worku. Foto Facebook

Si trasteáis por facebook, podéis encontraros con una página con el nombre del escritor. En realidad, se trata de una creación de sus fans. Yismake Worku parece emanar, al igual que su obra, de un misterio. Apenas hay noticias, comentarios o entrevistas sobre él (si exceptuamos lo que podemos encontrar en amárico). Se sabe que estudió en la Universidad de Awassa (lugar en el que se supone que reside, según me aseguraron sin mucha convicción en su propio país) y que ha estado viviendo,con anterioridad, muchos años en la capital, Addis Abeba.

La mayoría de los datos que se conocen en torno a él pertenecen al ámbito literario; Worku ha escrito más de diez libros, casi todos novelas de gran éxito, pero también de poesía. Poco más se sabe de él, excepto que es una especie de Michael Crichton a la etíope, que sus libros se los quitan de las manos y que ha conseguido vivir de la literatura.

Las pocas fotografías que se pueden localizar en internet nos muestran a un hombre joven, no muy alto y sí muy delgado, de aspecto frágil y sensible. Su mirada es fría y ajena e impenetrable. Como lo es prácticamente todo lo relacionado con su vida y su localización actual. Algunos le sitúan fuera del país en este momento (¿Inglaterra?). Pero nadie parece conocer cuál es su verdadero paradero.

El etíope escribe un género que oscila entre la ciencia ficción y la novela científica, contado desde el suspense y los enigmas. Pero sus libros van más allá; suponen en opinión de muchos un auténtico puente entre el pasado y el  futuro, entre la generación pasada y la que está por llegar. Worku es capaz de unir los monasterios que se encuentran en las islas del lago Tana con la NASA. En palabras de Sebhat G. Egzea’ bher, un gran autor muy leído en Etiopía, estamos ante un  escritor con un estilo único que escribe una literatura perfecta. Muchos coinciden en señalar que destaca por haber renovado la novela etíope dotándola de modernidad sin renunciar al lugar del que procede.

Dertogada, el comienzo

9789994484317-usMás de 100.000 ejemplares vendidos y más de 20 reimpresiones, son las cifras de vértigo que nos da a conocer Messeret Abeje, profesor de la UNECA en Addis Abeba, durante una charla informal. Cuando se publicó, en origen en amárico, todo el mundo quería leer la novela en Etiopía. Había múltiples razones para ello.

Se trataba de una novela con ritmo, aunque a ratos confusa, y que usaba la fantasía, lo cual era parte de su atractivo, pero lo más importante se encontraba en el argumento que lograba que muchos se sintieran identificados con lo que se contaba. Worku hablaba de una realidad que los etíopes conocían muy bien. Leían su propia historia y la de su país. De hecho, en su día se señaló este libro como nacionalista por el propio Sebhat G. Egzea’ bher.

Dertogada, la película

Dertogada, la película

Comenzando en un presente tecnológico, con ingenieros de la NASA que desaparecen, la trama nos lleva a 1969, al mismo corazón de Addis Abeba, delante de la estatua de Abune Petros. Éste fue todo un símbolo de resistencia y lucha: en 1936 Abuna Petros, un Arzobispo de la Iglesia Ortodoxa Etiope, fue ejecutado por su rechazo a rendirse ante los italianos fascistas que invadieron el país. En Etiopía simboliza la libertad y el rechazo a todo tipo de tiranía. Worku enlaza seguido su narración con el poema “La pasión de Peter” de Tsegaye Gabre-Medhin, y con una grabación del poeta en relación al mismo, que nos introduce en un código que se oculta detrás de las palabras del poema.

A través de una trama con flash-backs, suspense, intriga, espionaje, fantasía y amor, Worku habla del deseo de una nueva Etiopía, siendo en sus propias palabras el libro, la canción de libertad de toda una nueva generación.

En 2012 se ha traducido a inglés por Zelalem Nigussie y está publicada por Unity Publishers (con sede en Addis Abeba). Alguna noticia relaciona la novela con el cine, sin que este extremo lo pueda asegurar del todo. Lo que sí es seguro es que cuenta con versión audio, en amárico, lo que facilita que llegue a la población no alfabetizada. Además, Worku ha escrito varias secuelas de Dertogada, también con gran éxito: Ramatohara, Xantoxara Yoratorad, todas ellas de momento solo pueden ser leídas en amárico.

Dertogada está dedicada a Kitaw Ejigu, científico de la NASA, quien luchó para intentar que en Etiopía hubiera un cambio político en los tiempos de Meles Zenawi. Toda una declaración de intenciones para una novela que es el reflejo de una Etiopía que desea un futuro (y un presente) diferentes. Y que escribe (y lee) sobre ello.

This nation needs wise composers who can give it a sweet tone of harmony (pag.11)

 

 

El diálogo introspectivo de Edjanga Jones Ndjoli

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Edjanga Jones. Ed.Carena

Edjanga Divendu (German Jones Ndjoli) nació en Madrid en 1982 y es hijo de equatoguineanos emigrados. Ha estudiado Ciencias Políticas (UNED), ha sido delineante y boxeador y Heredarás la tierra (Carena, 2016) es su primera novela. Para hacerla realidad dedicó cinco años en los que incluso llegó a vivir durante ocho meses en la tierra de sus antepasados, esa Guinea Ecuatorial que para él (y para tantos) era una desconocida. 

¿Cuál fue el detonante para que te propusieras contar esta historia?

Siempre he escrito historias, pero nunca me lo tomé en serio. La verdad… fue cuando me fui a Inglaterra, en un periodo de soledad después de haber dejado a mi pareja, cuando decidí escribir esta historia. Surgió como un deber o una obligación. Necesitaba ordenar mis ideas, deseos, verdades encontradas a medias y reflejarlas de alguna forma. En definitiva, creo que esta obra es una forma de validar cuestiones íntimas y personales y darlas un enfoque mucho más allá del espacio privado.

Esta novela, como dije, surgió de la necesidad. De sentimientos rotos, de las ganas de saciar mi hambre, de rebeldía estúpida y de las ganas de romper y mirar al mundo cantándole las cuarenta. La verdad, encontré en escribir una forma revolucionaria de comunicarme no sólo con los demás, también conmigo mismo. Nunca pensé que tenía algo que contar y por ello nunca me tomé en serio la faceta de escribir. Hasta que me di cuenta que el problema realmente no era contar algo excepcional, es más o menos como en las canciones de hip hop; lo importante es cómo lo cuentas. Él recurso de la exageración está demasiado explotado y es lo más fácil. Pero ser sincero con uno mismo y exponer esa sinceridad en bruto, tratada con cariño, desde mi punto de vista, es la labor de un escritor: reflejarse en otros. Ser sincero en mis escritos es lo principal.

¿Los escritores de la diáspora pertenecéis también al mundo occidental, hasta qué punto esto puede suponer una pérdida de conexión con las personas africanas que no han salido del continente?, ¿te interesa llegar a ese público?.

África no tiene fronteras, para mí ser africano no es nacer en África, crecer en África, es vivir África desde sus herencias y ser partícipe de los viajes de ida y vuelta que continuamente se hacen del continente africano al punto de retorno. Mi apellido es Jones, un apellido de antiguos esclavos retornados al continente. Yo he crecido y nacido en España, mi manera de mirar el mundo desde que me reconozco como africano no puede ser igual a la de cualquier otro a menos que participe de este sentimiento y responsabilidad, pesada responsabilidad.

Los fronteras de África van mucho más allá de su continente, y los africanos también. África es Occidente, América, Asia… Creo que tenemos que empezar a reconocer las múltiples herencias africanas y a su vez las herencias de África en el mundo. Ser occidental es una parte de mí y solo en la medida que me presentó ante ustedes y ofrezco y hago uso de las formas y maneras que me caracterizan pueden observar que mi formar de entender el mundo no es muy diferente a la suya.

Pero en realidad vivo de herencias íntimas como la africana, que intentó reflejar y dar un salto cualitativo en un plano público. Combinar ambas es lo que creo que nos da valor, y eso está reflejado en mi forma de escribir.

Encontré en escribir una forma revolucionaria de comunicarme no sólo con los demás, también conmigo mismo 

¿Te sientes más identificado con las narrativas del norte o con las del sur?. ¿O por el contrario no haces/notas diferencias?.

No te puedo responder a esta pregunta, nunca he leído mucho. Mi primera motivación para escribir fue el hip hop cuando tenía catorce años. Luego me di cuenta que no tenía nada que contar, o mejor dicho creía que no tenía nada que contar… El hip hop me dio esta visión introspectiva de pensar y buscar. No puedo hablar de narrativas del norte o del sur porque no las conozco y sería arriesgado dar una conclusión sobre esto.

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Fotografía: Gloyer Matala Evita

Heredarás la tierra, ¿con quién salda cuentas?

Con nadie, simplemente, amor, amor para todos. Hablar de amor suena cursi, pero para mí el amor es la ciencia del equilibrio, y tiene que ver mucho con conocer y conocerse. El mundo nos aplasta, yo me niego,me niego a que el mundo me aplaste y me diga lo que soy yo. Tanto en mis sentimientos, fracasos de todo tipo, como en mi cultura, como en mi raza…

Teorías y más teorías de hace quinientos años, del hombre y la luna. Tengo la sensación de enfrentarme a siglos y miles de palabras ya dichas y repetidas. También es rebeldía, el orden de las cosas también las puede poner cada persona que racionalmente se sienta comprometida. Entre renglón y renglón de la historia siempre hay espacio.

Centrada en la tribu Ndowé, sin embargo no has usado la lengua nativa, ¿por qué? ¿hasta qué punto no comunicarte en tu lengua te aleja de tu propia gente?.

Desgraciadamente no hablo la lengua Ndowe, ni la controlo. Durante mucho tiempo esto ha sido y es un lastre para mí. Pero con el tiempo me di cuenta que tampoco era necesario. No tengo porqué ser una persona que representativamente  sepa y tenga un conocimiento absoluto de mi cultura, o en este caso, de la lengua Ndowe. Lo poco que sé o he aprendido he intentado exprimirlo al máximo para que se convierta en mi brújula. Conceptos como: metangani, Mutema, Ikaraka, mumu, muado, etc me dan una visión profunda de los valores y cultura ndowe. Los explotó en la novela y en mi día a día, me sirven de protección. Y con respecto con lo que no sé sobre la lengua, he aprendido a apoyarme en personas de confianza que me han ayudado a entender muchas cosas empezando por mis padres. Es esta la clave para formar parte de un colectivo y en el colectivo es donde se encuentran las soluciones y en donde uno se hace fuerte, yo no tengo porque saberlo todo.

Heredarás la tierra es el fruto  de una necesidad clara: volver a tus raíces, volver a encontrar tu origen. ¿Crees que todos tenemos necesidad de pertenecer a un lugar?

Todos somos de algún lugar, pero realmente ¿somos de allí?. Quiero decir, a los europeos tienen un marco construido a su medida y necesidad. ¿Pero realmente es cierto?. Yo he tenido que crear mi marco, buscar mi historia, y ahora siento que no soy tan manipulable al criterio de otros. Es duro y ha sido duro, pero esto lo he hecho con las perspectivas de que mis hijos crezcan en un entorno más amable, que tengan herramientas propias, criterios propios… Este es uno de los valores de la cultura Ndowe y por extensión africana, el individuo como base legítima donde se concentra, se crea y la cultura se reinterpreta. Sin tener las constricciones de marcos metodológicos donde te ves constreñido por un proceder académico protegido por ciertas élites.

Nuestra visión del mundo siempre es nuestra, de cada uno. Por eso existe la historia oral, aunque algunos lo puedan ver cómo una desventaja, es la mayor de las ventajas. Mi novela es una forma dar continuidad a la historia oral. Europa, el individuo europeo está constreñido y muy controlado en el marco institucional del conocimiento: eso tiene sus cosas malas y buenas, como también no tenerlas.

Las palabras parecen hijos bastardos, no tienen madre, no tienen padre, son deformaciones de un origen nada cercano. Pero la verdad es que somos incapaces de reconocerlas. (pág. 273)

En un fragmento de la novela, se lee sobre el choque cultural entre un nieto nacido aquí y una abuela guineoecuatoriana que ha sido traída con edad avanzada a un mundo que le parece ajeno. Se trata del momento en el que están viendo en la tele “Sabrina” y ella identifica la magia de la chica con la que se practica en Guinea Ecuatorial. ¿Cómo es ese choque intergeneracional?

El choque entre África y Europa sigue siendo como el de hace quinientos años. Europeos que viajan a África buscando algo “primitivo” desde su mentalidad, algo místico, una experiencia que les enfrenta con lo que ellos perciben que casi podría ser la colonización de Marte.

Y esto lo digo así porque lo he vivido en África todas las construcciones racistas campan a sus anchas. De todas formas hay diferentes velocidades en África, y no es lo mismo irte a Ciudad del Cabo que a Mauritania. Pero todavía se mantiene una visión mística desde Europa sobre África. De hecho uno de los capítulos de la novela tiene que ver con esa caricaturización de lo africano y europeo cuando el personaje principal llega al aeropuerto de Madrid. El choque intergeneracional creo que es algo normal en todas partes, lo que pasa con África que hay muchas o puede haber muchas confluencias de culturas entre las propias africanas, las occidentales, las religiosas, etc…

Tu novela es una historia íntima, de dolor y de dificultades en la que la familia es el universo alrededor del que gira todo, ¿la familia en qué proporción es transmisora de valores y en qué otra transmisora de complejos y frustraciones?

La familia lo es todo, en los Ndowes es la institución principal donde se trasmite todo: tu clan, tu pueblo, tus obligaciones como hombre o mujer, tu deber como descendiente de… Cargamos con esa responsabilidad y no podemos desprendernos de ella. Y respecto a las frustraciones se ven en la intimidad, aunque puedan ser muy visibles, en la familia las frustraciones siempre tienen que quedar en privado por eso prefiero no hablar de ello.

Otro fragmento muy autobiográfico es cuando el protagonista recuerda su infancia y cómo en la escuela “lo normal era pintar las caras de rosa” mientras él notaba las miradas sobre su piel y su cabello. Ese momento en el que uno percibe con claridad que le están discriminando por el color de la piel lo trasmites con una frase: yo soy negro, ellos negros…fue como ver en mi mirada los ojos de otro y hacerlos como míos… Una frase muy dura para expresar el comienzo de mucho dolor, ¿qué le dirías a un racista?

A un racista… Una persona que dice ser mejor que yo, que dice que yo soy como un animal, o que piensa que yo y mi estirpe debería estar muerta… No puedo decirle, mucho. Por una parte que no se excuse tanto, si realmente se cree mejor que yo que lo demuestre. Vivimos en una sociedad individualista donde somos valorados por nuestras capacidades, aún a pesar de la discriminación. Y si con esa ventaja no se sienten cómodos, que no caigan en excusas, que no intenten buscar privilegios estúpidos en un color de piel, en una cultura… ¿Cada una de estas personas qué hace o ha hecho por su país?,¿cuál es verdadero sacrificio que hacen por mejorar su entorno?. Su patriotismo es desconfianza, falta de capacidad, inseguridad, desconocimiento, y miedo.

¿Qué opinas de las últimas novelas que se han publicado en Guinea Ecuatorial?. ¿Y las que surgen desde fuera?, en concreto Palmeras en la Nieve, la novela, ¿qué opinión te merece?

No conozco la novela Palmeras en la nieve, la película es horrible y no habla de Guinea Ecuatorial, habla de todo menos de Guinea. Y en particular me puse a hojear la novela Palmeras en la nieve y vi escrita la palabra “djembe”. No seguí leyendo, a menos de que en la novela, cosa que dudo, alguien vendieran instrumentos de Senegal, o unos senegalés pasarán por allí, no sé porque razón se habla de djembes en una novela ambientada en Guinea.

Todavía se mantiene una visión mística desde Europa sobre África

¿Cómo ves la realidad literaria en Guinea Ecuatorial?. ¿Qué iniciativas destacarías en este ámbito?

Desgraciadamente no he leído a nadie. Destaco a César Mba y Mitoha Ondo Ayekaba, además de Antumi Toasije, aunque este último no es guineano, como mentores y personas que me han influenciado mucho, en especial Mitoha. Destaco el esfuerzo del reconocimiento desde el palco cultural de Marcelino Bondjale por ejemplo. Tenemos que apoyarnos más y conocernos más los escritores de Guinea Ecuatorial, debemos tener este deber, siento una pequeña distancia tal vez fruto de mi ignorancia ya que leo poco, pero creo que necesitamos de estos escritores y de su contacto, tanto por parte del lector como del escritor.

¿Por qué crees que se lee tan poca literatura africana en general y en concreto guineana en el estado español?

Si ni siquiera  se reconoce la historia reciente de Guinea respecto a España o viceversa… Hay una batalla muy dura en el recogimiento y tal vez la literatura pueda crear esos puentes, la experiencia real de cada uno. Yo por lo menos lo estoy intentando. Por lo demás hay prejuicios muy vivos sobre África y mucha gente cree que no podemos aportar nada excepto, tambores, música, baile y poco más. Pocos saben de nuestros logros, porque en África la propiedad de los logros de la historia no es propiedad de nadie, al contrario que en Occidente. Tal vez deberíamos ser más presumidos…

Heredarás la tierra. Ediciones Carena, 2016. También en: http://www.unitedminds.es

¿Sabes quién es el escritor negro más leído en Sudáfrica?

Hace tiempo que tengo ganas de hablar de realidades africanas. Quiero decir que llevo tiempo queriendo iniciar algo. Una cara nueva del prisma que permita conocer lo que en estos momentos se está leyendo en el continente, cuáles son los libros más vendidos y los autores más reconocidos y apreciados por los lectores.

Un artículo de Sebastián Ruiz publicado en la revista Wiriko ha logrado que encuentre la manera de comenzar.

El periodista arroja dos datos de interés sobre Sudáfrica. El primero, que “solamente un millón de sudafricanos y sudafricanas, de una población de 53 millones, compra libros” y el segundo, que “de los 88 2863948348_5a3e01c9a7_zmejores libros en el país, sólo uno, en el número 87, está escrito por un escritor negro, Khaya Dlanga“. A los cuales añado el tercero:  en Sudáfrica, sólo un 8’4% de la población, aproximadamente, ya que el dato oscila, es blanca.

¿Y quién es Khaya Dlanga?…

Proveniente del mundo de la publicidad, ha sido galardonado en varias ocasiones tanto por su trabajo en este campo como por el que ha venido realizando como blogger. Khaya Dlanga, también columnista y miembro de la plataforma Thought Leader, es una especie de celebridad en Sudáfrica, un hombre que posee una gran influencia gracias a las redes sociales (una clase de “guru” mediático) las cuales maneja con destreza, ya sea a través de facebook, twitter (casi 300.000 seguidores, entre los que se encuentran desde Binyavanga Wainaina hasta Gemma Parellada), instagram o de su ya cancelado blog, para opinar sobre una gran variedad de temas. Dotado de un gran sentido del humor, una de las frases más conocidas sobre él, afirma: “Si no te gustan sus opiniones… tiene otras”.

Como autor escribe best-sellers basados en su vida y en sus experiencias. El primero fue In My Arrogant Opinion (Pan MacMillan, 2012), una selección de escritos, en el que sin contar nada en particular, ni de una manera especial, hablaba sobre sexo, amor, dinero, racismo y política de manera divertida… lo que no impedía que tratara también de lograr una cierta influencia.

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Este mismo año se ha lanzado una nueva edición de su segundo y exitoso libro, To Quote Myself: A memoir (2015). Unas memorias escritas a la edad de 35 en donde comparte algunas lecciones que ha aprendido en la vida.

En esta ocasión el texto ha sido revisado y se ha cuidado la edición con una premiada portada de diseño. A raíz de esta publicación ha surgido la polémica a causa de un artículo escrito por el periodista Rod MacKenzie en el que criticaba el libro y preguntaba si quizás su publicación tenía que ver con el hecho de que su autor es negro y, por lo tanto, más comercial. En respuesta, Khaya ha afirmado que MacKenzie utiliza un racismo velado para llegar justo a la conclusión contraria a la realidad; precisamente por ser él un hombre negro, contando las experiencias de un hombre negro, es por lo que su libro no es nada comercial.

Será que Khaya Dlanga tiene en cuenta los datos que ahora todos conocemos.

 

De tal palo, tal astilla: Juliane Okot Bitek

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En 1966,  Okot p’Bitek publicó The Song of Lawino. Es decir, que este año se cumplen 50 desde que la obra del ugandés más conocido viera la luz (en su versión inglesa). Se trata de un largo poema que apareció en un momento en el que en África occidental seguía predominando la tradición oral y supuso la irrupción de una forma de contar la poesía nueva, desde el prisma africano.

Lawino es una mujer. Su queja da lugar a esta obra en la que lamenta que su marido Ocol la desprecie en favor de su segunda esposa, una europeizada Clementine. Tal y como señala Eva Torre, su traductora al castellano (CEDMA, ed.MARremoto, 2011, versión bilingüe), “La canción es una alabanza de las tradiciones Acholi y, en general, de las costumbres africanas, que se veían seriamente amenazadas en esa época de independencias y descolonización”.

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En origen escrita en acholi, fue traducida años después al inglés por su propio autor y en la actualidad se puede leer en más de 20 lenguas, incluídas luganda y swahili. Años más tarde, publicaría The Song of Ocol (1970), la respuesta del marido de Lawino.

Han pasado, como he dicho, más de 50 años. Y si bien mucho se le debe a este poema, la literatura ugandesa de hoy en día ha tomado otros caminos.

Juliane Okot Bitek es la hija del mítico escritor. También escribe como él. También poesía.

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Juliane Okot Bitek. Imagen: https://julianeokotbitek.com/

Nacida en Kenia el mismo año en el que el libro de su padre se publicaba en inglés, perdió la “p’” de su apellido paterno por razones prácticas al comenzar a residir en Vancouver. Ella es consciente de que parte de un entorno privilegiado. Su madre también fue una destacada narradora oral y de niña, a veces, hasta el propio Wole Soyinka la cuidaba a ella y a sus hermanos cuando sus padres tenían que ir a trabajar. Llamaba tíos y tías a talentos como JP Clark, Chinua Achebe, Taban lo Liyong, David Rubadiri y Wole Soyinka entre otros, que muchas noches debatían en su propia casa. Recuerdos de una infancia entre libros y conversaciones estimulantes.

Reconociendo el trabajo y la importancia de su padre, se aleja en cambio de su estilo sin dejar de experimentar nuevos caminos para su narrativa y publicando tanto en revistas especializadas como on line, “como hija de un exiliado, nacido en el exilio y que viven lejos del lugar al que llamo hogar, pertenencia, diáspora e identidad son los temas principales de mi trabajo”, afirma.

100 díasUno de sus trabajos más representativos es 100 days, el esfuerzo que realizó la escritora al completar un poema para cada uno de los 100 días ruandeses en los que el mundo pudo haberse detenido y no lo hizo. Se fueron publicando en la página web de Juliane, y este mismo año en enero lo han hecho en forma de libro (Universidad de Alberta Press, 2016).

En 2014 la artista Wangechi Mutu había comenzado un proyecto fotográfico para conmemorar los 20 años de lo ocurrido en Ruanda a través de facebook. Juliane, cuya familia sufrió las consecuencias del régimen de Idi Adim, está familarizada con el dolor. Da la circunstancia de que coincide en el Festival de poesía de Medellín con Yolande Mukagasana, víctima directa del genocidio ruandés, cuyo testimonio la impresiona y decide que ella quiere escribir también para ese proyecto que ha iniciado Mutu: #Kwibuka20#100 Days.

El resultado son 100 piezas tras las que Juliane confiesa sentirse exhausta, durante este período de tiempo siente que “corre” y su escritura se asemeja a un maratón.

Day 91

We couldn’t have known, nine days in
That it would ever be over
It was a time warp that had us
In flashes and then in woozy moments
That took forever

A machete hangs in a museum in Ottawa
A machete hangs perpetually in a museum in Ottawa
A machete hangs like a mockery of time
Like a semblance of that reality
In which another machete
Other machetes hang for what seemed a long time
But eventually they come down
Again and again and again and again and again
Even time marked by machete strokes
Can never be accurate

Mutu-kwibuka-91

Wangechi Mutu – 20th Anniversary Rwanda Genocide – day 91

Hoy, 26 de junio comienza el Festival Mundial de Poesía, en Caracas (Venezuela), de este año en el que ella va a participar en el Foro denominado “Poesía, Paz y Derechos humanos”. Juliane, junto a Koulsy Lamko (Chad), Alhaji Papa Susso (Gambia), Keorapetse Kgositsile (Sudafrica) y el argelino  Archour Fenni, serán los representantes este año del continente africano. Abordarán el tema de la poesía y la palabra como elemento pacificador en las zonas en conflicto, según fuentes del propio festival.

Las inquietantes (y cotidianas) visiones de Zoë Wicomb

La escritora sudafricana Zoe Wicomb. Fuente: Windham Campbell Prizes

La escritora sudafricana Zoe Wicomb. Fuente: Windham Campbell Prizes

Publicado originalmente en Wiriko-Artes y Culturas Africanas. 08/06/2016

Tenemos la costumbre de olvidarnos de algo cuando ya no aparece en primer plano. El Apartheid (en idioma afrikáans, separación), el régimen de segregación racial que comenzó en Sudáfrica en 1913, a mucha gente le parece, hoy en día, cosa del pasado. Sin embargo, solo han pasado veinticinco años desde la fecha en la que se le puso fin 1991, y como ya advirtió Nelson Mandela sigue sin ser fácil dar carpetazo a esos más de 80 años. La escritora Zoë Wicomb nació en Namaqualand en 1948, fecha que se reconoce como el inicio oficial del apartheid con la victoria del Partido Nacional, y lleva toda su vida escribiendo sobre ello, tras haber pasado por la experiencia del exilio en Gran Bretaña donde vivió treinta años antes de retornar a su tierra natal una vez finalizó el apartheid y acabar residiendo en la actualidad en Escocia.

Comenzó su trayectoria literaria con un libro de cuentos en 1987, You Can’t Get Lost in Cape Town. Después publicó las novelas David’s Story (Kwela, 2000), Playing in the Light (Umuzi, 2006) y The One That Got Away (Umuzi, 2008). En todas ellas aborda desde diferentes prismas lo que supuso el régimen de segregación racial sudafricano. October (The New Press, 2014) es su última publicación y ha sido descrita por ella misma con tres palabras, “Hogar, desarraigo y secretos familiares”. No en vano narra la historia de una mujer Marcia que vuelve desde Glasgow a su Ciudad del Cabo natal después de más de veinte años de exilio.

Para leer el resto del artículo:Wiriko

Sarah Ladipo, apuesta por una editorial africana para publicar su segunda novela

Sara Ladipo Manyika nació en Nigeria y ha vivido en Kenia, Francia e Inglaterra. En la actualidad reside en EEUU, pero ha elegido una editorial africana Cassava Republic para la publicación y difusión de su segunda novela, Like a Mule Bringing Ice Cream to the Sun

Ladipo parece una escritora a la que no le gusta caminar por caminos transitados.

Para su primera novela eligió una historia de amor. Ella misma explica cómo entre las muchas novelas que había leído no había encontrado ninguna historia de amor ambientada en África y Ladipo quería leer una narración de este tipo (añadiendo que sería un amor interracial) y que transcurriera en África occidental desde 1960 hasta la actualidad. Al no encontrarla, decidió que la escribiría para si misma. Así surgió su primera novela, In Dependence (2008). Un año después, Irene Sabatini escribió  The Boy Next Door, con la que ganó el Premio Orange, localizada en Zimbabue y que también trataba sobre una historia de amor interracial que se extendía por la década de los 80-90.

in depenenceIn Dependence se expande por tres continentes y cuatro décadas, trata de la difícil relación entre Tayo, un joven nigeriano con una beca para Oxford, y Vanessa, la hija de un oficial colonial británico.

Dicen que Ladipo huye de todo exotismo para centrarse en perfilar unos personajes creíbles que luchan por cuestiones como el amor, las relaciones familiares y la responsabilidad personal.

Pero no es “solo” una novela de amor, como telón de fondo surge una Nigeria, con todos los cambios políticos que se dieron desde la época de la independencia hasta hoy, y también Londres y San Francisco, lugares sobre los que se tuvo que documentar durante años.

Ladipo que también es jurado del Premio Etisalat (un premio literario pan-africano), ha publicado ensayos y relatos breves, hasta este mismo año en el que ha aparecido su segunda novela.

Elogiada por Aminatta Forna, NoViolet Bulawayo, Bernardine Evaristo o E.C. Osondu, por su prosa de gran calidadLike-A-Mule-1 y elegante, la historia de la jubilada profesora Dr.Morayo Da Silva contiene múltiples lecturas. En Like a Mule Bringing Ice Cream to the Sun se habla sobre identidad, el paso del tiempo y la amistad. Mientras la escribía anunciaba que estaba “explorando la cuestión de cómo se experimenta envejecimiento en América cuando uno viene de una cultura que tiene un enfoque muy diferente al envejecimiento en ese continente”.

En fechas recientes ha escrito un artículo para explicar su decisión de publicar con una editorial africana, la nigeriana Cassava Republic, que acaba de abrir sucursal en Londres.  Afirma que mucha gente se muestra escéptica ante su decisión, sobre todo teniendo en cuenta que ella reside en EEUU y que tiene mayor facilidad para poder contactar con grandes editoriales tanto americanas como europeas. Tras este tipo de comentarios lo que parecen sugerirle, según Ladipo, es si una editorial africana puede ser tan buena como una occidental. Y su respuesta es sí.

Considera que Cassava Republic en cuanto a todo lo relacionado con el marketing huye del cliché de lo que se vende como “literatura africana”. Las portadas de sus libros son frescas y creativas. Y han apostado por su historia sin tanto miedo al mercado. “Así que me siento orgulloso de apostar por África y sus editoriales de vanguardia para ofrecer nuevos nombres y nuevas historias que van a enriquecer y ampliar aún más las historias del mundo”, afirma convencida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Foto: annadeaveresmithprojects.net

La escritura como forma de luto de Scholastique Mukasonga

De Scholastique Mukasonga se dice que fue el genocidio de los tutsis de Ruanda en 1994 lo que la hizo escritora. Treinta y siete miembros de su familia, incluida su madre, fueron asesinados dentro del cataclismo en el que se sumió su tierra natal. Ella había abandonado su país antes, pero reunió el coraje necesario para volver en 2004 y enfrentarlo. Sintió el deber de hacerlo. Tal y como resalta Carlos Bajo, “Se trata seguramente de la sensación de tener la responsabilidad de contar y de buscar en la literatura algo así como una catarsis.”

Ella tiene su lectura de los hechos, tiene el dolor de la mortaja continua, tiene el peso de la rabia contenida del que sabe que todo aquello se pudo evitar. Ella espanta todos esos cuentos sobre el salvajismo bárbaro entre los hutus y los tutsis y pone el acento sobre lo que ocasionó la erosión.

C. Hélie/Gallimard

Foto: C. Hélie/Gallimard

Antes de que llegaran los colonos no se sabe a ciencia cierta si entre hutus y tutsis había rivalidades insalvables, parece que no. Pero está documentado que los belgas midieron las narices y los cráneos de los tutsis y concluyeron que eran más bellas, más rectas, y determinaron que eran diferentes, concediéndoles el carácter de superiores y sembrando la cizaña y la división con los hutus que eran mayores en número y, a partir de entonces, inferiores. Y dotaron a ambas etnias de documentos de identidad, lo que propició la rápida identificación de cada ruandés, en uno u otro grupo. Estamos hablando de la década de los 30.

Scholastique Mukasonga nació en Gikongoro en 1956. El 1 de noviembre de 1959, Mbonyumutwa, un activista hutu, recibió una brutal paliza de manos de un grupo tutsi que lo dejó al borde de la muerte. Dos años antes, los hutus habían comenzado a levantarse pregonando que eran el 85% de la población y, sin embargo, estaban sometidos, lo que había propiciado que los belgas convocaran elecciones y se pusieran del lado hutu. Aquel incidente fue la mecha de una matanza que propició el primer progromo contra los tutsis, miles de ellos murieron a machetazos y muchos huyeron a Uganda. Fue el primer genocidio ruandés. Después hubo más, en 1963 y en 1964, años en los que era fácil identificar a unos y a otros gracias a los documentos de identidad y en los que los hutus incitaban a la segregación, hasta el horror de 1994.

notre_dame_du_nilAsí, su primera novela no estrictamente autobiográfica como fueron las tres primeras: Inyenzi ou les Cafards, 2006; La femme aux pieds nus, (2008); L’Iguifou, Nouvelles rwandaises, (2010), se sitúa con deliberación en la década de los 70. Publicada originalmente en francés, como el resto de su narrativa, Notre-Dame du Nil (2012) recrea a través de un microcosmos la atmósfera de tensión y violencia racial que se vivía en el país y que terminaría en el agujero negro y sin fondo que se conocería como “los 100 días”.

La novela, narrada por una adolescente, transcurre en un internado a orillas del río Nilo, un selecto lugar al que son llevadas también jóvenes pertenecientes a la élite del país. “He optado por el género de la novela para tomar distancia, escapar del sufrimiento (…). Soy el testigo de fuera, no vivo el sufrimiento de la víctima”, aclara la autora en una entrevista.

Traducida al inglés el año pasado, Our Lady of the Nile opta al “International Dublin Literary Award 2016”. Premio que ha tenido entre sus preseleccionados a Zakes Mda (Rachel’s Blue), Mandla Langa (The Texture of Shadows)Imraan Coovadia (Tales of the Metric System), Dinaw Mengestu (All Our Names) Laila Lalami (The Moor’s Account), entre otros.

-Modesta, dijo Gloriosa, ¿observaste el rostro de la Virgen?
-¿Cual?
-El de la estatua de Nuestra Señora del Nilo.
-¿Y entonces? Es verdad que no es como el de las otras María. Es negro. Los blancos lo maquillaron de negro. Sin duda para darnos el gusto a los ruandeses, pero su hijo, en la capilla, sigue siendo blanco.
-¿Pero no te fijaste en su nariz? Es una naricita derecha, la nariz de los tutsi.
-Tomaron una Virgen que era blanca, la pintaron de negro, conservaron la nariz de los blancos.
-Sí, pero ahora que es negra, es la nariz de una tutsi.
-Sabés, en esa época, los blancos y los misioneros estaban del lado de los tutsi. Entonces, una Virgen negra con una nariz tutsi, estaba muy bien.
-Sí, pero yo no quiero una Santa Virgen con una nariz tutsi. Ya no quiero rezar delante de una estatua que tiene una nariz tutsi.
-¡Qué querés que hagamos! Creés que la madre superiora o Monseñor, si se los vas a pedir, van a cambiar la estatua. A menos que hables con tu padre…
-Por supuesto que hablaré con mi padre… Por otro lado me dijo que iban a destutsificar las escuelas y la administración. Ya empezó en Kigali y en la universidad de Butare. Nosotras vamos a destutsificar a la Santa Virgen, le voy a rectificar la nariz, algunas entenderán la advertencia.
-¡Querés romperle la nariz a la estatua! Cuando sepan que hiciste eso corrés el riesgo de hacerte echar.
-Para nada, le explicaré a todo el mundo por qué debía hacerlo : es un gesto político y van a felicitarme y además mi padre…
-Bueno, entonces, ¿cómo vas a hacer?
-No es difícil : rompemos la nariz de la estatua y le pegamos una nueva nariz. Un domingo iremos a lo de los Batwa, los hay en Kanazi. Tomamos arcilla, bien preparada, bien prensada, aquella con la que hacen las macetas, y le modelaremos una nueva nariz a María.
-Y esa nueva nariz, ¿cuándo la vas a pegar? Iremos de noche, la víspera de la peregrinación y, al día siguiente, todo el mundo verá la nueva nariz de Nuestra Señora del Nilo. Una verdadera nariz de ruandesa, la del pueblo mayoritario. Todo el mundo apreciará. Aún la madre superiora. Sin necesidad de explicarle. O más bien sí, yo le explicaré. Conozco algunos que bajarán la cabeza, que tratarán de esconder su naricita. Vos primera, Modesta, con la nariz de tu madre. Pero me vas a ayudar ya que sos mi amiga.
-Gloriosa, tengo miedo. Tendrás problemas de todos modos y yo, sobre todo, si te ayudo.
Nuestra Señora del Nilo, Gallimard, 2012 [Traducción del francés: La chanson de la cigale]

 

Ngũgĩ wa Thiong’o, el luchador incansable

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Publicado originalmente en África no es un país.  02/11/2015

Podríamos haber hablado de este escritor keniata las semanas pasadas cuando las sempiternas apuestas le señalaban, una vez más, como firme candidato al premio Nobel de Literatura. O también los días posteriores al anuncio del nombre de la ganadora (el de la periodista bielorrusa Svetlana Alexijevich), cuando se desplomó una vez más la oportunidad de que se le concediera el premio a uno de los más grandes escritores del continente africano (ya pasó, sobre todo, con Chinua Achebe y también con Assia Djebar, y puede volver a pasar con Nawal El Saadawi o con él mismo).

Sin embargo, es ahora con la traducción de  un nuevo libro suyo (y una reedición de su obra El brujo del cuervo), al albur de su eterna nominación al Nobel, que reúne cuatro conferencias escritas entre 1981-1985 (y en el que se echa en falta un prólogo del escritor a día de hoy) agrupadas bajo el descriptivo título de Descolonizar la mente (Editorial Debolsillo, 2015), cuando parece más propicio repasar su narrativa a partir de sus propias reflexiones y opiniones. Pero, ¿por qué recuperar un texto de hace más de treinta años sobre la política lingüística en las literaturas africanas, “aparentemente solo de interés para especialistas”, tal y como afirma Marta Sofía López, también autora de la traducción, en el prólogo?.

Descolonizar la mente es el fruto de un largo debate sobre en qué lengua se debe de escribir la literatura africana, que continúa hoy en día. El escritor argumenta que la asunción del lenguaje del colonizador supuso aceptar su visión del mundo; “La lengua fue el vehículo más importante mediante el cual el poder fascinó y atrapó el alma”. Para él cualquier lengua posee un doble componente, en cuanto medio de comunicación pero también como vehículo de la propia cultura. Es un elemento crucial de la propia identidad. Así, “El control político y económico no puede ser total ni efectivo sin el dominio de las mentes. Controlar la cultura de un pueblo es dominar sus herramientas de autodefinición en relación con otros“. Pero el libro habla también del Imperialismo y las formas de resistencia y aporta mucha información y reflexiones importantes para conocer en mayor profundidad la obra y el pensamiento de este hombre que nació en Limuru en 1938, en el seno de una extensa familia campesina que se relacionaba en gikuyu, y que es uno de los referentes indiscutibles no solo de las letras (africanas), sino también como artista comprometido.

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Zukiswa Wanner, una escritora africana

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Zukiswa Wanner. Foto: BooksLive courtesy Vodacom Now!

Esta mujer lo mismo escribe en “The Star“, un periódico local sobre sus experiencias en Nairobi (Kenia), ciudad en la que vive, que publica novelas o ensayos (en revistas literarias o de otro tipo como la que dirige Oprah o en la mismísima “Elle”), que se involucra activamente en una iniciativa destinada a alentar a los sudafricanos a leer obras sudafricanas.

La zambiana Zukiswa Wanner asegura que solo escribe cuando tiene algo que decir, y ésta puede ser, según ella, la razón por la que no la encontraréis en Twitter; se le hace difícil encontrar algo interesante que escribir cada día.

Zuki y Soyinka

Se considera una gran lectora y prefiere leer a escribir. A los 10 años se había leído todos los libros de Enid Blyton. Después, sus preferencias alcanzan a señalar hasta 7 títulos imprescindibles: Asenath Bole Odaga (A Bridge in Time), George Orwell (1984 y La granja), Jane Austen (Orgullo y prejuicio), Aldous Huxley (Un mundo feliz), Chimamanda Ngozie Adichie (Medio sol amarillo), y su libro favorito de todos los tiempos, Shimmer Chinodya (Harvest of Thorns).

Si se trata de nombrar a escritores africanos sus preferencias se decantan por: Leonora Miano, HJ Golakai, Ondjaki, Chika Unigwe y Thando Mgqolozana.

Zukiswa se describe en su blog como escritora, feminista, africana, madre y amante. Por si lo anterior fuera poco, ha sido incluída en la lista #Africa39 que relacionaba a algunos de los escritores más prometedores del continente y ha dirigido talleres en diversos festivales de Zimbabwe, Dinamarca, Alemania, Kenia y Uganda (FEMRITE 2013 con Doreen Baingana).

Repasando su trayectoria hasta el momento

Toda su obra la ha publicado en el continente africano (en concreto en Sudáfrica), a lo cual se ha de añadir los problemas de distribución. Al respecto ella alega que su escritura puede no ser lo suficientemente africana como para gustar al público no africano. Y añade que le gustaría ser leída en el mundo entero pero que prefiere serlo en Argelia, Tanzania o Cabo Verde, por poner algunos ejemplos.

Su trabajo se ha visto reconocido con diversos premios, pero no hay traducciones al castellano de su obra (salvo error).

Además de 5 novelas, ha publicado 2 libros para niños: Refilwe (Jacana, 2014) y Jama loves Bananas.

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Es coautora de sendos libros de fotografías. 8115 A Prisoner’s Home (2010), con instantáneas del reconocido artista sudafricano Alf Kumalo, que recoge algunas de las imágenes más importantes y bellas de la familia Mandela y de su casa, dando una visión única de su vida en familia. Se la considera la biógrafa más joven de Nelson Mandela.

Así como de L’Esprit du Sport (2010) con la fotógrafa francesa Amelie Debray.

The Madams (Jacana, 2006)

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Thandi, la protagonista, ama su vida; a su hijo, a su ingenioso marido Mandla, también ama su trabajo en la oficina de turismo, y a sus mejores amigas Nosizwe y Lauren. Pero ella tiene que admitir lo difícil que resulta ser una “Superwoman” hoy en Sudáfrica.

Con esta novela debutó Zukiswa como escritora y también mostró por primera vez una de sus obsesiones, a la que volvería en 2013: las relaciones entre señoras-criadas (sirvientas domésticas).

Ella lo expresaba así: El continente africano tiene una clase media emergente que, a menudo, escribe y habla de la justicia, la equidad, la igualdad, pero con demasiada frecuencia también, las relaciones con sus trabajadoras domésticas no encajan con todos estos ideales.

Behind Every Successful Man (Kwela, 2008)

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Nobantu tiene todo lo que una chica puede soñar: un brillante hombre de negocios como marido, dos niños descarados pero adorables, y dos de las mejores amigas que una chica pueda pedir. Y, sin embargo, en su trigésimo quinto cumpleaños,  rodeada de brillo, glamour y fama, se da cuenta de algo importante: ¿Qué le han ocurrido a sus ambiciones? ¿Y su carrera? ¿Qué le ha pasado a Nobantu? Un cuento moderno, ingenioso, de una madre convertida en empresaria, para gran exasperación del magnate Andile, su marido.

Men of the South (Kwela 2010)

descargaUna novela fascinante acerca de tres hombres pertenecientes a tres mundos diferentes. Mfundo, músico y padre; MZI, gay y casado y Tinyae, un zimbabuense desplazado en Sudáfrica.
Con esta novela fue finalista del Commonwealth Writer’s Prize en 2011.
Zakes Mad ha dicho sobre ella: “The beauty of Zukiswa Wanner’s Men of the South is that she creates, in a compelling prose, effective characters with whom I easily identify. I recognise them and therefore respond to them as people I know and experience daily. In their interaction important social issues of our time emerge organically in an entertaining storyline and are narrated in a voice that is both sensitive and witty.”

Maid in SA: 30 Ways to Leave Your Madam (Jacana, 2013)

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Es una mirada peculiar a las mujeres de nuestras vidas; nuestras madres, nuestras hermanas, nuestras primas, nuestras amigas, nosotras. Es la relación entre criadas y sus señoras. Criadas y señoras ofrecen una mirada más ligera dentro de una de las más importantes y frecuentes relaciones que se pasan por alto en Sudáfrica: la que existe entre una trabajadora doméstica y su señora.

Reviewed by Brian Bwesigye, aquí

 


London – Cape Town – Joburg (Kwela Books 2014)

9780795706301

London – Cape Town – Joburg establece un nuevo paisaje para los que tuvieron que exiliarse durante el apartheid y ahora tienen que volver a casa para reunirse con sus familias.

Reviewed by Lauren Beukes, aquí

La inteligente y extraña belleza de la narrativa de Aminatta Forna

La escritora Aminatta Forna. Fuente: The Guardian

La escritora Aminatta Forna. Fuente: The Guardian

Publicado originalmente en Wiriko-Artes y Culturas Africanas. 11/02/2015

En la década de los 80 se impuso la idea de que un autor blanco no podía escribir sobre negros, sobre la negritud o sobre la experiencia cultural negra o africana.  En una entrevista, Doris Lessing se expresaba así en relación al  dogma que proscribía esas narrativas: “Siento que yo puedo escribir de la experiencia africana tanto como un autor negro africano; así como un indio, como lo es Rushdie, puede escribir sobre la experiencia inglesa o Achebe, que es nigeriano, sobre la experiencia norteamericana.”  Parecería que este tipo de encorsetamientos fueran más propio del pasado, sin embargo en fechas recientes hemos leído artículos de opinión que volvían a encajonar la creatividad y libertad, así como la identidad, del escritor.

El más reciente ha sido el firmado por Ben Okri en el que hablaba sobre la “tiranía mental de los escritores africanos”. Alega que los escritores africanos (otro término sin definir) escriben siempre a partir de los temas que se espera de ellos (que esperan los lectores occidentales) por ser precisamente africanos; pobreza, dictaduras, guerra, corrupción, hambre… Eso les lleva, en cambio, a no ser considerados ya que el lector occidental huye de esas temáticas, y afirma que a los autores africanos les falta libertad para romper la tiranía mental que les impide escribir obras sobre grandes temas…

Aminatta Forna escribe sobre conflictos y también se las ha visto con el tema de la identidad. A menudo se engloba a esta autora bajo la etiqueta de “escritora africana” (en 2007 fue nombrada como una de las jóvenes escritoras africanas más prometedoras por la revista Vanity Fair). En más de una ocasión ella misma ha eludido este “título” alegando que no se ve dentro de esta clasificación. Su padre, Mohamed, salió de Sierra Leona para estudiar medicina en Escocia, lugar en el que conoció a la madre de la escritora y en donde nacieron sus hijos. Con seis meses de vida Aminatta, junto con su familia, regresó al país africano, donde pasó su infancia. Después, el matrimonio se desintegró y Forna vivió a caballo, sobre todo, entre Reino Unido y Sierra Leona, donde su padre ejerció la medicina hasta que se involucró en la política. Una noche se lo llevaron de casa. Aminatta no lo volvió a ver más. Tenía entonces 10 años.

The Devil that Danced on the Water (2002) fue su primera novela y excavaba en su propia memoria: en la necesidad de saber qué le había ocurrido a su padre. La vuelta al país africano, cuando el conflicto estaba terminando, para poder escribir el libro y el camino que emprendió hacia la verdad se cobró su peaje: descubrió que la mentira y la manipulación, la codicia y la corrupción, el miedo y la violencia estarían dentro de ella para siempre. En aquel viaje en el que descubrió que “la guerra había destrozado el país como un tornado”, también supo que el régimen torturó a su padre y sobornó a cuatro hombres para que dieran falso testimonio contra él, acabando por ahorcarle “por traición”. Era el fin de la inocencia.

Fornalandia

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Donde crecen las flores silvestres (2013), traducida al castellano por Alfaguara, es su última novela escrita una década después de la primera pero no se aparta tanto de su trayectoria literaria como, a priori, pudiéramos llegar a pensar. En esta novela la escritora se aleja de tierras africanas para centrar la historia en el conflicto de la antigua Yugoslavia. Sin embargo, a pesar de haber cambiado el escenario, no ha hecho lo mismo con sus intereses y preocupaciones: la cruenta guerra civil de Sierra Leona, que ella descubrió en toda su extensión al investigar la muerte de su padre, y sus secuelas. Éstas se esconden pero no desaparecen tras la historia de Duro, el protagonista de la novela, ya que el dolor por la pérdida, el impacto de la traición y el terrible escenario de muerte y desamparo permanecen en su escritura.

Antes había publicado otras dos novelas que tenían como telón de fondo el conflicto sierraleonés, sin que en ninguna de ellas tratara de explicar las causas, Forna prefiere hablar de lo que se vive y de las consecuencias del mismo.

Tomando como protagonistas a cuatro mujeres El jardín de las mujeres (2006), cuyas historias se enmarcan en un tramo histórico que va desde 1926 hasta 1999 y sin ubicar lo narrado en un territorio concreto, aunque es inevitable pensar en Sierra Leona, nos cuenta la evolución de la saga familiar Kholifa. Abie vuelve a África para reclamar una herencia que su abuelo le legó al morir: los cafetales en los que solía jugar de niña en la aldea ancestral. Los recuerdos de sus cuatro tías lograrán confeccionar un tapiz que tiene el mundo espiritual muy presente. También la guerra civil, con sus traiciones y desapariciones aparecen en la trama. A pesar de que las voces femeninas parecen sólo una, es un texto repleto de escogidas palabras que van haciendo crecer un inmenso jardín ante nuestros ojos en el que las mujeres se reúnen y hablan con palabras elegidas, que logran pasajes luminosos.

Uno de los personajes de El jardín de las mujeres aparecerá en su siguiente novela La memoria del amor. Adrian Lockheart, es el psicólogo londinense que decide marcharse a África, en plena crisis personal, en busca de algo que le sacuda de la monotonía de una vida que fluye sin sentido y que tratará de ayudar a la gente a superar los traumas de la guerra. Si para Adrian ese lugar resguardado, protegido y a salvo que todos necesitamos tener, se llama “casa”; para el resto de africanos que, en este caso, han pasado por una guerra civil, terrible, desgarradora y paralizante, a ese lugar seguro, al que se acude en modo de fuga, se llama “refugio”. Parece el mismo concepto, pero difiere el camino por el que se llega.

En esta novela, al contrario que en El jardín de las mujeres, tres hombres nos narran sus historias. Casi todos los personajes guardan algún tipo de recuerdo doloroso, porque el libro habla sobre todo de la pérdida. Son los días posteriores a la guerra civil que arrancó en Sierra Leona en la década de los 90, los días en los que afloran las consecuencias de la misma, cuando llega el momento en el que víctimas y verdugos caminan por las mismas calles, héroes y traidores confunden sus historias.

Podría Forna haber puesto más el dedo en la llaga de la sangría que supuso una guerra civil donde niños-soldado eran obligados a cometer las mayores barbaridades imaginables, donde las mujeres eran violadas hasta la muerte y donde miles de ojos aterrados contemplaban y soportaban lo inenarrable. Pero prefiere internarnos en las secuelas, en lo que continúa a pesar de que, en apariencia, la vida siga adelante, en la incapacidad de nombrar las cosas por su nombre, en la parálisis de las palabras que se atoran en la garganta. Un grito eterno en la oscuridad. El silencio odioso que se cierne como un velo denso sobre toda la ciudad, en un intento de olvidar lo ocurrido para que desaparezca por sí solo, mientras ganan las narrativas que dan la vuelta a los hechos, mientras las víctimas mantienen su silencio ante los verdugos que, sin haber rendido cuentas por sus actos, ahora pasean tranquilos por las mismas calles por donde sembraron el terror, hasta que la boca se abre: “Cada persona le contó una parte de la misma historia. Y contando la historia de otra persona, contaron la suya propia”. Mientras el occidental necesita encontrar algo que de sentido a lo que vive y llama “trastorno” a los traumas que va conociendo, los africanos saben que lo que transcurre delante de sus narices es la vida, “la guerra tenía el efecto de animar a la gente a tratar de seguir viva. También la pobreza. Era tan difícil sobrevivir que no podía tomarse a la ligera. Tal vez el doctor sueco se imagina intentando acabar con todo si viviera aquí”.

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Duro, el protagonista de Donde crecen flores silvestres, es un ser solitario que está obligado a vivir con el pasado. Cuando llega una familia inglesa a la casa azul, situada en el idílico pueblecito croata de Ghost, que tantos recuerdos guarda dentro de sí, y se ofrece para ayudarles a restaurarla, la sucesión de historias se va encadenando, sacando a la luz lo que parece ocultar la vida áspera y fría del pequeño pueblo. Junto a ellos, iremos descubriendo a unos turistas que no quieren enterarse de la verdad, a un país que ha sufrido una masacre humana y que tras el horror camina en silencio, esperando que ese ser querido desaparecido se aparezca un día delante de ellos, conviviendo con los que saben han sido traidores y culpables de los mayores crímenes imaginables. Una vez más víctimas y verdugos aparecen y todos saben, pero en esta ocasión todos callan y siguen viviendo, sin olvidar, pero sin añadir más dolor.

Leyendo Donde crecen flores silvestres una se da cuenta de que no es el tema lo importante sino la capacidad del escritor para lograr que sea cual sea el tema elegido surja auténtica literatura. Forna eligió un país que no es el suyo para contarnos una historia que transciende los límites estrechos de todos a los que les gusta etiquetar las narraciones, para regalarnos un inteligente texto que formula muchas cuestiones y es de interés tanto para europeos como para africanos o asiáticos. Cuando es verdadera literatura. Algo que Ben Okri debió de olvidar.

Wiriko

Wole Soyinka, un joven escritor de 80 años

La primera obra que escribió Wole Soyinka fue A Dance of the Forests (La danza de los bosques, 1963) y con ella marcó la declaración de independencia de Nigeria, conseguida en 1960.

En ella aparecían, en mi opinión, al menos, tres de los rasgos que iban a caracterizar su obra posterior; introducía las técnicas más vanguardistas con la cultura tradicional yoruba, realizaba una sátira sobre los problemas de una joven nación post-colonial corrupta y provocaba el enfado al destapar las miserias de una Nigeria a la que conminaba a no repetir los errores del pasado, y era un texto complejo y difícil de leer, mostrando las preocupaciones socio-políticas de un joven de veintinueve años, capaz de plasmarlas con profundidad y alcance.

“El hombre muere en todos los que callan ante la tiranía”

Desde el pasado año, Wole Soyinka ha aparecido en diversas ocasiones en los medios de comunicación, mostrando su carácter inconformista, crítico y comprometido, a la vez que demostrando que se trata de un personaje icónico vivo, espejo y reflejo de la fuerza y empuje de una letras africanas que, cada vez, tienen más presencia dentro y fuera de África. Sin embargo, él aparece como un intelectual más reconocido en su propia Nigeria natal por su activismo que por su obra.

Muchas han sido las ocasiones en el pasado en las que Soyinka no se ha callado; realizó una enérgica campaña contra las atrocidades cometidas por el dictador Idi Amin en Uganda, sus convicciones hicieron que acabara en la cárcel en 1967 durante la guerra civil nigeriana y apoyó al pueblo Ogoni en su lucha contra la actuación criminal de las petroleras. Aprovechó la ceremonia de entrega del Nobel de Literatura, que le otorgaron en 1986 siendo el primer escritor africano en recibirlo, para lanzar un apasionado discurso contra el Apartheid que dedicó al entonces encarcelado Nelson Mandela. Después, continuó con sus críticas contra el dictador Sanni Abacha ya en la década de los noventa, que provocaron su exilio, y hoy sigue con el mismo espíritu combativo de siempre.

Cuando en 2013 le tocó decir adiós a Chinua Achebe, en una entrevista para “The Sahara reporters“, reveló que había recibido peticiones para que mediara en la concesión del “Nobel de Literatura” con carácter póstumo a Achebe, lo cual consideraba que era hacer un flaco favor tanto a la obra del escritor como a la propia literatura que emana del continente, y dejó claro que llamar a Achebe “padre de la literatura africana” tiene tan poco sentido y denota tanta ignorancia como llamarle a él mismo “padre del teatro contemporáneo africano”.

A comienzos de 2014, fue la persona encargada de dar inicio al año de la “Capitalidad mundial del libro” que le había correspondido a Port Harcourt (Nigeria), al tiempo que daba a conocer la lista de preseleccionados al “Premio Caine“. En mayo, la revista “Africa is a country” recogía sus fobias sobre las redes sociales. En junio, arremetía contra la inusitada violencia de “Boko Haram” quien había secuestrado a 200 niñas que a día de hoy siguen en esta situación, hablaba del genocidio igbo en la guerra de Biafra y, recientemente, en la presentación de un libro-homenaje por sus 80 años de vida, Essays in honour of Wole Soyinka at 80, una colección de ensayos escritos por gente de la talla de Toni Morrison, Ngugi Wa Thiong´o Ama Ata Aidoo, elogió al presidente de Ruanda, Paul Kagame, de cuyo gobierno dijo “se funda en el respeto de los derechos humanos y la libertad.”

A pesar de que Soyinka sigue siendo un escritor políticamente activo,  no se ve a si mismo como tal, rechazando de plano dicha etiqueta y, aunque su trabajo, en realidad parece tener más que ver con su preocupación por el ser humano en clave social, resume su postura en esta frase: “Siempre he rechazado cualquier responsabilidad especial para el artista“. Él se declara humanista.

Aké, aquel terreno extendido y ondulante

1948

1966

2014

Su vida la ha ido volcando en sucesivos libros; sus experiencias y recuerdos de infancia y adolescencia en Aké, los años de la niñez (obra de la que se ha realizado una película que está pendiente de estreno), su experiencia de su paso por la cárcel, donde estuvo dos años, en el libro El hombre ha muerto, hasta que en 2006, publicó su libro de memorias Partirás al amanecer (You Must Set Forth at Dawn).

En 1989 emprende la escritura de su obra autobiográfica Aké, los años de la niñez (en castellano la editó Alfaguara). En ella narra su infancia en la aldea de Aké, una niñez en la “que se mezclaba la vida tradicional africana, las relaciones y la presencia del mundo colonial”. La obra se inicia con un Soyinka de apenas tres años, que va contando el día a día de una existencia vivida dentro de la cultura yoruba, con sus creencias y sus mitos, y cristiana. Junto al niño aparecen sus  padres: el director de la Escuela, Essay y la madre, a quien llama “la Cristiana Salvaje”, quienes le proporcionaron un hogar que supuso un  estímulo tanto vital como intelectual.

Diferente tono tiene El hombre ha muerto (1972). Soyinka, como otros intelectuales nigerianos, estaba intentando montar un grupo de presión que sirviera para que los países extranjeros se negaran a vender armas a ambas partes del conflicto de la guerra civil nigeriana, conocida como guerra de Biafra. Su acción se consideró subversiva y el Poder intentó acallar esa conciencia actuante. El hombre ha muerto son las notas de su paso por prisión, un alegato de la capacidad del hombre para subvertir las reglas establecidas y sobreponerse al mecanismo imparable de los que detentan el poder.

“Aunque llegué al final del viaje,
jamás sentí que hubiera llegado.”

La estacion del caos LOS INTERPRETES Aké, los años de la niñez El hombre ha muerto

La obra de Soyinka es extensa y variada. Ha escrito sobre todo teatro, pero también poesía, novela, ensayo o crónicas. Desde mi experiencia, sé que no es un escritor fácil. A menudo requiere mucha concentración y paciencia para ir adentrándose en su universo plagado de referencias a la cultura tradicional yoruba pero también encuadrado en la más moderna y contemporánea realidad, obra que nos habla de nosotros mismos, de nuestros límites y de nuestras fortalezas. Creo que leer a Soyinka es una experiencia que nos agranda como seres humanos.

Wole Soyinka fue el primer escritor africano que leí… y que sigo leyendo. No sé si algún día dejaré de hacerlo.

A vueltas con la ciencia ficción, Nnedi Okorafor muestra su enfado

Foto de su perfil de Twitter

A raíz de la publicación de un artículo en el periódico The New York Times, que bajo el título “New Wave of African writers with an internationalist bent” publicaba una lista de la nueva ola de escritores africanos que triunfan en EEUU y Gran Bretaña, le ha venido el enfado a la escritora Nnedi Okorafor. Incluyendo sólo nombres de escritores que escriben en inglés, la lista se encabezaba por la onmipresente Chimamanda Adichie Ngozi e incluía a Dinaw Mengestu, Helen Oyeyemi, NoViolet Bulawayo, Teju Cole, Yvonne Adhiambo Owuor y Taiye Selasi, entre otros… ni un nombre de escritor de Ciencia Ficción (tampoco de las letras africanas en otros idiomas que no sean el inglés, por ejemplo, añadiría yo). Ante dicha omisión, la escritora y editora Sheree Thomas, quien editó una antología de la ciencia ficción y fantasía, no podía creerlo, y se sirvió de Twitter para protestar: “Estoy tratando de averiguar cómo un artículo sobre la nueva ola de escritores africanos no incluye Nnedi Okorafor … la separación de los géneros”. Okorafor respondió agradeciendo a Thomas, y admitiendo que se sentía “enojada” por su omisión.

Nnedi Okorafor  se define a si misma como “una novelista de ciencia ficción africana, fantasía y realismo mágico, tanto para niños como para adultos.” Nacida en EEUU de padres nigerianos emigrantes, comenzó a escribir literatura de Ciencia Ficción para jóvenes con The Shadow Speaker y sobre todo Zahrah the Windseeker con la que obtuvo el “Premio Wole Soyinka”. No fue hasta 2010 cuando empezó a escribir para adultos. Who Fears Death se basa en un África post-apocalipsis, en la que, después de años de esclavizar al pueblo Okeke, la tribu Nuru ha decidido seguir el Gran Libro y exterminar a la primera para siempre. Una mujer Okeke que ha sobrevivido a la aniquilación de su pueblo y a una terrible violación por un general enemigo, se adentra en el desierto con la esperanza de morir. En cambio, dará a luz a una niña a la que pondrá por nombre Onyesonwu, que significa “¿Quién teme a la muerte?” en una lengua antigua, ante la certeza de que su hija es especial.

Portada Who fears death

Edición nigeriana

Edición francesa

En 2013 publica Kabu, Kabu, una colección de relatos y en 2014 llega Lagoon. La génesis de esta novela se remonta al momento en el que la escritora se enfureció al visionar la película  de ciencia ficción sudafricana, “Distrito 9”, nominada a un Oscar, por sus “estereotipos abismales” sobre los nigerianos. Okorafor decidió volcar su ira en un propósito más positivo, y lo usó como inspiración para su nueva novela. Así nació Lagoon.

Su segunda novela para adultos ha sido selañada como una de las mejores novelas publicadas en junio 2014 por The GuardianEn el fondo, explica su autora, es una historia sobre la humanidad en la encrucijada entre el pasado, presente y futuro, Lagoon toca temas políticos y filosóficos en la rica tradición de la mejor ciencia ficción, y en última instancia, nos pide que consideremos las cosas que nos unen y las cosas que nos hacen humanos.

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En castellano, dentro de la antología de relatos de ciencia ficción contemporánea “Terra Nova, volumen 2“, se puede leer el relato de Okorafor, Araña, la artista, “una historia de violencia, machismo, explotación, destrucción de la naturaleza y desprecio de los derechos humanos que, desgraciadamente, se hace cada día más y más cotidiana. Pero entre la devastación y la miseria, siempre es posible encontrar resquicios para la música y la amistad”, resumen añadiendo que la escritora nigeriana es todo un descubrimiento.

Pero, ¿es la ciencia ficción un género literario o se sigue considerando como un subgénero? y ¿tiene tanta importancia la separación estricta cuando la mezcla aparece más a menudo de lo que muchos quieren reconocer?. Dice Nnedi que una parte del obstáculo para la ciencia ficción son “las actitudes coloniales sobre lo que es literatura y lo que no lo es”. “La base de lo que es ‘gran literatura’ en África está demasiado definida todavía por Occidente y Occidente todavía tiene problemas para ver la ciencia ficción como un género de verdadera literatura”, señala la autora.

Venance Konan: “Intento conocer otras sensibilidades, otras culturas, a través de los libros”

Venance Konan

Fotografía: terangaweb.com

Entrevista realizada por LitERaFRicA al escritor Venance Konan, vía email. 22/05/2014.

Preséntate a ti mismo:

Soy Venance Konan y nací en el centro-este de Costa de Marfil en 1958. Estudié Derecho en Costa de Marfil y en Francia, y soy periodista desde 1987. Creo que desde que tengo uso de razón mi gran pasión siempre ha sido la lectura. Quizá porque soy tímido, soñador, vivía en un pequeño pueblo y los libros me permitían evadirme. Empecé con el periodismo en el instituto y, luego, seguí en la universidad. Escribí mi primera novela en 2003, tras largos años llevándola dentro de mí. No he dejado de escribir desde que se publicó aquel primer libro y ahora voy por el décimo: en marzo de este año se publicó Catapila chef du village (Catapila jefe del pueblo), la tercera entrega de la trilogía que comencé con Robert y los Catapila. Estoy casado, soy padre de dos hijos y me encanta viajar, descubrir otras culturas. Vivo y trabajo en Costa de Marfil. A principios de 2011, durante la crisis que sacudió a mi país tras las elecciones presidenciales, tuve que exiliarme durante tres meses en Francia porque las milicias de Laurent Gbagbo intentaban asesinarme. Había sido uno de los que había denunciado en voz alta su intento de apropiarse la democracia marfileña.

A Venance Konan, ¿qué le hace sentarse delante del papel blanco?

Creo que son las ganas de contar cosas. A veces, son ganas de gritar. Mi libro Le rebelle et le camarade président (El rebelde y el camarada presidente) fue un verdadero clamor en un momento en el que mi país estaba dividido por la guerra.

El etíope Hama Tuma se quejaba de que para que un libro de un autor africano sea reconocido, incluso en su propio país, primero ha de lograr el elogio de la crítica en París, Londres o Nueva York. Lo anterior, ¿puede estar llevando a que se acabe escribiendo para un público que no es africano?, ¿para quién escribe Konan?

Creo que hay temas universales que llegan igual de bien a los africanos y a los no africanos. Cuando escribo no lo hago para un público específico. Escribo porque tengo cosas que contar y pueden conmover por igual a un marfileño y a un español. Diría incluso que el público no africano intenta descubrir África a través de sus escritores y sus obras. Igual que yo intento conocer otras sensibilidades, de otras culturas, a través de los libros que llegan de otros lugares del mundo que no son África. Vivo en el continente y es aquí donde los lectores y editores no africanos me han descubierto y han apreciado mi trabajo. Pero no negaré el hecho de que un libro elogiado por las críticas de París, Londres o Nueva York tiene un éxito mucho mayor.

Tan solo hemos podido leer en castellano tres relatos cortos tuyos, gracias a la estupenda labor que han realizado desde 2709 books, pero el uso del humor es uno de sus rasgos más sobresalientes en ellos, ¿por qué lo usas? ¿crees que existe un humor africano?

¿Por qué el humor en mi escritura? No sabría decirlo. Es quizá un rasgo de mi carácter; o también que los asuntos serios llegan mejor cuando se narran desde el humor.

¿Por qué hay tan escasas novelas históricas del pasado con las grandes epopeyas africanas?

Existen libros sobre las grandes epopeyas africanas. Podría citar el de Djibril Tamsir Niane sobre la epopeya mandinga, el de Bernard B. Dadié sobre la de los baulé, y también la obra de Thomas Mofolo sobre Shaka Zulú. Estoy de acuerdo con usted en que no hay bastantes. Tenemos mucho trabajo por hacer a este respecto. Quizá también haría falta que nuestros historiadores se volcasen más en nuestra historia para dar material de trabajo a los escritores.

Para ti, ¿quién es un escritor africano? 

No es sencillo contestar a una pregunta de este tipo. Podría decir que el escritor africano es aquel que es de África, que lleva África dentro de sí, haya nacido o no en el continente, viva o no en el continente.

Además de Tanella Boni o Veronique Tadjo, extraordinarias escritoras, ¿qué otras escritoras destacarías de tu país? ¿y del continente?

Podría citar a muchas. En Costa de Marfil, Fatou Keïta, Flore Hazoumé, Wéré Wéré Liking, Régina Yaou… Son muchas. Y no podría citar a todas las del continente.

¿Qué importancia tiene la lengua en la que se escribe? 

Creo que el verdadero problema es que la mayoría de nuestras lenguas no son lenguas escritas y que hemos adoptado la del colonizador. En un país como el mío ninguna de las lenguas nacionales es la lengua oficial. Solo el francés nos une. No solo me resulta imposible escribir en mi lengua materna sino que, además, aunque pudiese hacerlo, nadie podría leerme. El debate en torno a la enseñanza de nuestras lenguas viene de lejos, se remonta a las independencias, pero todavía no se ha zanjado y, en la mayoría de nuestros países, la lengua del colonizador es la que nos permite entendernos.

Si tuvieras la capacidad de poder traducir  a todos los idiomas del mundo, uno solo de tus libros, ¿qué título elegirías?

Pues… La pregunta es difícil porque me gustan todos mis libros. Pero si realmente tuviese que elegir solo uno, me obligaría a elegir Robert y los Catapila.

Doomi Golo de Boubacar Boris Diop, escrita en wólof, también llegó en su momento a la población no alfabetizada senegalesa porque incluía un CD de audio, ¿cómo se fomenta la lectura? ¿qué se hace para que la literatura sea accesible a todo el mundo? ¿qué importancia puede tener el libro digital?

En efecto, uno de los problemas de los escritores africanos es hacer llegar el libro a la población no alfabetizada y que tiene un escaso poder adquisitivo. Una de las soluciones es bajar el precio del libro y conseguir que llegue a la población que no sabe leer. Me parece que el audiolibro en nuestras lenguas es una de las soluciones posibles.

¿En qué estás trabajando en la actualidad?

Acabo de lanzar una nueva novela (se refiere a Catapila chef du village) y otra me da vueltas en la cabeza, aunque todavía no ha tomado una forma definitiva.

 ¿Qué te preocupa en este momento?

Me preocupa el estado de mi continente, la destrucción del medioambiente en todo el mundo que me lleva a hacerme preguntas sobre la supervivencia de la humanidad a largo plazo. Mis inquietudes más inmediatas son el avance del terrorismo en nuestra región, el aumento de la intolerancia y la preservación de la paz en mi país.

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