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Entradas de la Categoría ‘Especiales’

El terrorismo de estado, un tema a esquivar

En 1904 Frank Kafka escribía una carta a su amigo, el historiador de arte checo Oskar Pollak, en la cual opinaba sobre los libros que merece la pena leer: “Pienso que sólo debemos leer libros de los que muerden y pinchan. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como un puñetazo en la cara, ¿para qué molestarnos en leerlo?… Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. Eso es lo que creo”.

Son muchos los libros que producen el efecto anterior. En este espacio han aparecido unos cuantos. Hace poco leí un artículo que recogía una conversación entre el marroquí Mahi Binebine y el nigeriano Elnathan Jhon. Mencionaban el terrorismo de estado, me recordó a la cita anterior, y me dije que era una buena ocasión para traerlo también aquí.

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Cerrando el 2017

Libros de Ngugi wa Thiong´o. Kenia. Foto: SFQ

Volvemos a cerrar año, con un breve resumen de la actividad literaria, como hicimos en 2013,20142015 y 2016.

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En 2017 nos visitaron…

Entramos en la última recta del año. Los 365 días de 2017 han dado para mucho (y van a dar para más). El intento de transmitir toda la actualidad a veces deja flecos en el camino (lo cual es un signo positivo, en el sentido de que este universo se está agigantando para los de este lado, y la tendencia es al alza). Uno de ellos es la visita de diversos escritores que nos han dado la oportunidad de escucharles y han sido, por momentos, foco de atención para el mundo literario en general (y no solo de aquel que disfruta y sigue estas letras).

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Pero, ¿qué es eso de “pornografía de la pobreza” en literatura?

El aniversario de los cincuenta años de la declaración de la fallida independencia de Biafra, han devuelto a primer plano aquellas imágenes infames de las que hablaba Chimamanda Adichie Ngozi en su novela Medio sol amarillo. La hambruna como arma de guerra llegó, así, a los hogares del mundo entero a través de los televisores. Fue la primera vez que se mostraban imágenes tan crudas desde este medio. La primera vez que los cuerpos desnudos, exhaustos, hinchados por inanición se metían de lleno en nuestras vidas. Dicen que fue el nacimiento de lo que se ha denominado “pornografía de la pobreza”.

Desde siempre (un indefinido más) se ha asociado al continente africano con la pobreza. África es pobre , nos han repetido machaconamente. Eso es lo que nos han hecho creer, cuando la realidad es otra. Sin embargo demoler esta percepción está siendo un camino largo, tal y como explicó en su día Ainehi Edoro. Las imágenes han sido una importante herramienta para perpetuar el mito.

Con el tiempo se fue haciendo cada vez más necesario cambiar este tipo de “conversación visual“.  Se criticó e incluso se agudizó el ingenio, como hizo SAIH  con sus premios “Rusty Radiator” para denunciar su uso desde el humor.

De esta polémica no se ha librado tampoco la literatura.

Binyavanga Wainaina en “Cómo escribir sobre África” insertaba esta pieza sobre la visión de “los pobres” por el mundo occidental:

Entre sus personajes no puede faltar la Africana Hambrienta, que vagabundea casi totalmente desnuda por los campos de refugiados esperando la ayuda de Occidente. Sus hijos tienen moscas sobre los párpados y sus estómagos están hinchados de tanto no comer. Debe lucir totalmente indefensa. No puede tener pasado ni historia porque esas cosas arruinan lo dramático del momento. Los gemidos son recomendables pero ella nunca debe decir nada acerca de ella misma en el diálogo excepto cuando narre su (inenarrable) sufrimiento.*

Sin embargo, en los últimos años los que han sido acusados de utilizar “pornografía de la pobreza”, la estética del sufrimiento, en sus obras han sido los escritores africanos.

En 2013, No Violet Bulawayo ganó varios premios, e incluso fue finalista del Booker Prize, con su novela We Need New Names (que, a pesar de ello, no encontró editor entre nosotros). A raíz de aquel título, varios escritores encabezados por Helon Habila la acusaron de haber usado todos los clichés que se ciernen en torno a la pobreza y África para su obra.

En fechas recientes, el término “pornografía de la pobreza” fue usado por el crítico Pa Ikhide (quien ya arremetió con dureza contra Chris Abani y su Graceland, en la que narraba la historia de un niño de la calle en la ciudad de Lagos) para describir otro título que también ha tenido eco internacional (nominación al Booker Prize y traducción al catalán incluido). Se trataba de Fiston Mujilla y su Tram83, de la cual se ha destacado su estilo y composición. El crítico nigeriano comenzaba a dar forma a su opinión con un “Requiem por el escritor africano”. Después acusaba al escritor de mostrar una África llena de estereotipos y caricaturas, tal y como occidente suele describirla. Añadiendo, además, que es misógina (otro debate interesante).

Las reacciones no se han hecho esperar. Si en el caso de No Violet Bulawayo fueron muchos los que discutieron en torno  a la cuestión, en el más reciente de Fiston Mujilla, sobre todo han hablado  Zukiswa Wanner y  Richard Oduor Oduku.

Precisamente Wanner fue parte del jurado que seleccionó la obra de Mujilla para el Premio Etisalat 2015 (primer premio pan-africano del continente). Ella es una mujer que vive y escribe en el continente. En su artículo reflexiona en voz alta sobre cuestiones como  por qué los pueblos de las naciones en desarrollo sienten que necesitan que su arte para ser considerado arte tenga que estar reconocido por alguien de occidente. Oduor llega a afirmar que todas estas polémicas no hacen sino crear más prisiones para los escritores. ¿Acaso el escritor africano tiene que ser un embajador del continente?, llegan a preguntarse.

Son visiones de realidades que el escritor no tiene porqué dejar de mostrar, añaden. Muchos lanzan interrogantes interesantes, como esta: ¿captar la realidad de la pobreza de un continente se traduce en “pornografía de la pobreza” solo porque el continente se ha convertido en sinónimo de pobreza en las narrativas globales?.

Defendiéndose del ataque, Ikhide ha vuelto a escribir sobre ello, lo que en el fondo, afirma, se está debatiendo es si la “literatura africana” que se lee en Occidente beneficia o perjudica a “África”.

Volvemos al juego de espejos.

Dan qué pensar los tours de turistas para visitar Kibera, uno de los suburbios más grandes, en Kenia. ¿Sirven para que la gente conozca una realidad diferente?, ¿convierten a sus habitantes en mero espectáculo?, ¿contribuyen a aumentar la visión de África como un lugar lleno de pobreza, suciedad etc…? …  Bien, me diréis, pero del lenguaje visual al narrativo hay un gran paso. Cierto. En los tours no hay arte. Es equivocado mezclar planos. ¿Es diferente la “pornografía de la pobreza” según cómo/desde dónde se perciba?. ¿Está bien hablar de ella cuando nos referimos a un texto literario?.

Estamos dando vueltas otra vez a lo mismo.

¿Hay que dejar de escribir sobre lo que uno ve, le preocupa o quiere transmitir solo porque contribuye a la imagen que se tiene del continente en Occidente?. El peso de la opinión en occidente es importante, lo sigue siendo, al menos eso parece. A menudo, se lee en artículos de opinión, frases del tipo: al fin un texto que no habla de menores soldados, mutilación genital femenina, guerra o violencia … destacamos a escritores que se salen de lo que se espera, de escritores que nos hablan con otras temáticas más allá de los “temas africanos”.

Mia Couto escribió Tierra sonámbula, sobre su visión de la guerra mozambiqueña, y se considera una obra maestra. Ahmadou Kourouma escribió Alá no está obligado sobre los menores soldados y se considera un clásico. Puedo seguir… Entonces, ¿el punto de inflexión está en cómo se narra?. La queja parece provenir más de la manera en cómo se plasma en las novelas comentadas el “ser africano” y no tanto en la temática que abordan.

Un poco más allá… ¿una elevada calidad literaria queda invalidada si el texto estereotipa a “África”?.

*Traducción: Ciudad de las ideas. Blogspot.

 

5 personajes literarios que nos hablan de Áfricas y colectivo LGBTIA

El sexo-y poco importa con quién se practique-no debería darnos miedo nunca” (pág.10) – El Ejército de Salvación. Abdelá Taia

No hay excesiva literatura africana cuyo protagonista sea una persona perteneciente a una minoría sexual. El colectivo LGBTIA apenas aparece contando sus historias y vivencias a través de la escritura, más allá de esa isla que ha sido Sufáfrica. Sin embargo, es una temática que interesa y que lleva recorrido un camino, no por poco abundante, insignificante. Desde el Joe Golder, aquel profesor gay en una Nigeria que castigaba la homosexualidad que creó Wole Soyinka en Los interpretes, hasta la lesbiana Marija de Nuestra hermana aguafiestas de Ama Ata Aidoo, el tejido de personajes que se asoman desde la palabra escrita para contar su vida y experiencias ha ido creciendo y enriqueciéndonos. Muestra de ello son los personajes de los cuentos del somalí Diriye Osman, la narrativa de K. Sello Duiker, o las voces frescas y sinceras de Wame Molefhe (A Sethunya le gustan las chicas, donde se cuestiona la hegemonía heterosexual) o de Beatriz Lamwaka (El señor de la casa), entre muchas otras.

Hoy os presento cinco protagonistas de otras tantas novelas. Hay más. Lo sé, como sé también que la lista DEBE aumentar.

1.-Abdelá en El ejercito de salvación (Alberdania, 2007)

El Ejército de Salvación es una novela de corte autobiográfico. Su protagonista es un trasunto del propio escritor. Abdelá Taia hace asomar por sus páginas a su familia, el amor que sintió por su hermano mayor, sus inicios en una Europa (se marchará a estudiar a Ginebra) en la que, como muy pronto se dará cuenta, él será siempre “un marroquí”. También, los primeros escarceos en los callejones de Marruecos, en los cines, donde se practica el sexo sin la mirada asfixiante de una sociedad que castiga la homosexualidad. Hasta narrar el enamoramiento de un hombre mayor, occidental, Jean, con quien descubrirá también que la libertad es una palabra que se emplea a menudo de forma ligera.

Taia narra su búsqueda por ese espacio necesario. Suyo. Que en Marruecos se le niega. Y muestra la hipocresía de una sociedad que practica la homosexualidad pero que no acepta que se hable de ella. En esta obra aparecen también el dolor del exilio (a medias autoimpuesto, valga recordar que en Marruecos la homosexualidad es delito y tabú), la desilusión al descubrir la Europa que él imaginaba en libros y películas, pero sobre todo la conmovedora, directa y franca manera en la que narra su propia búsqueda personal.

Fue llevada al cine por el propio autor en 2014.

2.-Sanju en El Jambul (Dos bigotes, 2014)

En un país, Uganda, en el que las relaciones lésbicas están prohibidas, dos mujeres se aman y muestran la fuerza y la capacidad de los seres humanos para soñar y elevarse por encima de un entorno hostil, así como la hipocresía en relación a lo que es y no moral. Miedo, intolerancia e hipocresía social, situaciones que también denuncian muchos de los anteriores escritores.

Se trata de un relato breve incluido en la antología Los deseos afines. Narraciones africanas contra la homofobia, con el que Mónica Arac de Nyeko ganó el Premio Caine en 2011.

3.-Dumi en El peluquero de Harare (Baphala, 2017)

En esta novela de Tendai Huchu, narrada en primera persona y considerada una de las mejores novelas africanas contemporáneas por The Guardian, se parte de la visión de una mujer, una peluquera. Vimbai ha sido vapuleada y abusada por los hombres con los que se ha cruzado en el pasado, tiene una hija a la que adora y es la mejor peluquera de Harare, hasta que ve peligrar su estatus ante la aparición de un hombre, Dumi. Éste representa lo que contrario a los hombres que ha frecuentado, es guapo, educado, atento y viste muy bien.

Vimbai y Dumi provienen de dos mundos diferentes. Es una novela sobre clases, que irá descubriendo lo complicado que es para ambos, cada uno con su propia problemática, vivir el día a día. Es también un texto sobre los prejuicios, los condicionantes sociales y lo difícil que es librarse de ellos, lo normal que resulta agarrarse a veces a la solución más fácil: trepar a costa de otro. Pero es, además, una obra sobre el amor; sobre lo duro que es amar a alguien cuando se tiene que estar siempre escondiéndose, forzados a llevar una doble vida, sin poder mostrar ese amor día a día, y sobre cómo el amor (aquí con “A” mayúscula) es capaz de superar hasta los obstáculos más impensables.

4.-Okomo en La bastarda (Flores raras,2016)

Trifonia Melibea Obono propone visiones nuevas de la mujer, desde su propia experiencia como parte de la etnia fang (Guinea Ecuatorial), en la que “la mujer es posesión del hombre”, afirma. Y va más allá al hablar sobre homosexualidad en un entorno en el que, al ponerlo de manifiesto y sacarlo fuera, mueres tanto para tu familia como para la sociedad que te rodea.  La Bastarda empieza de una manera rotunda y desde allí ya no hace sino llevarnos hasta el centro de una historia que impacta por su intento de mostrar la realidad de manera sincera y sin tabúes impuestos:  “Bastarda yo, una mujer fang; bastarda yo, la hija de una mujer fang; bastarda yo, lesbiana”.

Okomo, una lesbiana equatoguinea, va enfrentándose a todo un sistema familiar y social que niega la posibilidad de amar a quien una desea. Valentía y frescura, en una narración corta que mostrará para muchos una realidad que se quiere ocultar.

5.-Chinedu en El temblor -Algo alrededor de tu cuello- (Mondadori,2015 )

En esta breve historia, Chimamanda Adichie Ngozi nos presenta dos personajes nigerianos que estudian y viven en Estados Unidos. Un accidente de avión y la muerte de la primera dama nigeriana nos introducen en las preocupaciones de la obsesiva Ukamaka, cuyo novio la acaba de dejar pero a quien ella es incapaz de olvidar y quien puede haber viajado en aquel avión. Sin embargo, su soledad se verá aliviada por Chinedu, que llama a su puerta para invitarla a rezar con él por lo que está ocurriendo en su país.

“Alguien me dijo una vez que yo era la persona más heterosexual que había conocido nunca y me odié porque me gustó oírlo.”, afirma en un momento del relato Chinedu. Para pasar a relatar su historia de amor por un hombre en Nigeria. Adichie nos muestra a un personaje religioso y gay.

Visibilizar la literatura de autora africana

ACNUR Euskal Batzordea ha impulsado la publicación de tres libros para visibilizar la literatura africana de autora. Se trata de tres obras que abarcan diversas disciplinas a través de las cuales se plantean varios prismas de la realidad de la presencia de las mujeres en la literatura. Precisamente en fechas recientes ha llegado a nuestras librerías una antología Ellas [también] cuentan, del editor y traductor Federico Vivanco publicada por “Casa África” y “Baile del Sol”, que llena un poco más el todavía no demasiado notorio espacio que ocupan estas letras femeninas en el panorama literario en general.

Los tres libros se van a presentar en el marco del ciclo “Otra historia de la historia”. Ésta comenzará con una exposición por mi parte sobre mujer y literatura africana en el siglo XXI, para después centrarse en las diversas situaciones que padecen las mujeres en territorio africano y que han derivado en diversas expresiones escritas. Cerca de la mitad de refugiados y desplazados que hay en el mundo son mujeres y niñas y huyen de la guerra, de la persecución de diferentes tipos, de la violación de DDHH… Muchas son africanas y cogen la pluma como arma de denuncia, de reconocimiento, de lucha, de reclamo y de necesidad de dar la vuelta a la realidad.

Una cuantas de estas voces, por tiempo es imposible analizar en profundidad cada una de ellas, tomarán el protagonismo para mostrarnos decenas de realidades y para invitarnos a compartir cuánto de fuerte, de valeroso y de profundamente humano hay en sus letras.

Después el ciclo de charlas seguirá el siguiente guión:

Catálogo de Autoras Africanas, presentado por las autoras Estefanía Calcines y Ángeles Jurado (Casa África), que recoge la totalidad de obras de autoras africanas publicadas en el estado español. Se trata de una obra imprescindible para toda persona interesada en estas literaturas que arrojará datos y reflexiones interesantes. Sus autoras hablarán sobre el proceso de elaboración y las dificultades halladas.

La segunda parte será la presentación de Emakume oinutsa / La mujer descalza obra de Scholastique Mukasonga, que correrá a cargo mío. Partiendo del genocidio ruandés, nos internaremos en las diversas obras literarias que han hablado del mismo, para acabar centrándonos en la trayectoria de Mukasonga.

La femme aux pieds nus, es la primera obra de la ruandesa que se publica en castellano y en euskera.

Finalmente, El libro de la paz de la mujer africana en Euskadi recoge testimonios de mujeres africanas inmigradas en Euskadi sobre la percepción que tienen desde aquí de sus países, de la mujer africana, de lo que supone para ellas la paz y sus vivencias en Euskadi.

Información de interés: Conoce los lugares, los días y las horas de las presentaciones de estas conferencias en Bilbao, Vitoria y San Sebastián.

Más información: ACNUR

Afrofuturismo, un género en movimiento

Algunos de los géneros que han crecido entre los escritores africanos, teniendo en cuenta su carácter minoritario, han sido aquellos que se agrupan bajo el paraguas de la “Ficción especulativa”, una auténtica ensalada en la que podemos encontrar desde “Terror” hasta “Ciencia Ficción” y junto a los que, a menudo, aparecen el “Realismo mágico” o la “Fantasía”. En los últimos tiempos, además, ha aparecido con fuerza otra denominación “Afrofuturismo” que tiene su origen y desarrollo entre la comunidad afroamericana, pero que comienza a tener su anclaje también en el continente africano.

¿Desde cuándo se escribe Ciencia Ficción en África?. Para encontrar los inicios del género hemos conseguido remontarnos hasta 1945 cuando el etíope Makonnen Endalkaččäw escribió una obra en amárico, Yayne Abeba, considerada la precursora de la ciencia ficción musulmana, junto a él surgen los nombres más conocidos de Tomás Mofolo (Lesotho,1986), Felix Couchoro (Benin, 1900), Abubakar Imam (Nigeria, 1911) o el camerunés Jean-Louis Njemba Medou quien escribió, en 1932, la novela Nnanga Kon (traducida como “fantasmas albinos” o “fantasmas blancos”) sobre el primer contacto entre los colonialistas blancos y las personas Bulu en Camerún.  El egipcio Nihad Sherif es uno de los pioneros de la literatura de ciencia ficción del norte del continente y, junto a él, se encuentran el marroquí Ahmed Abd El-Salam El-Baqqali quien ha sido comparado con Julio Verne y Ralph Ellison, y el egipcio Ahmed Khaled Tawfiq que ha escrito más de 200 libros la mayoría de ellos de ciencia ficción y de terror.

A pesar de la acogida a las obras de escritores como Nnedi Okorafor, Lauren Beukes, Dilma Dilan o Sofía Samatar, y de la aparición, gracias a la labor de  Ivor Hartmann, de la primera antología de ciencia ficción escrita por africanos (de expresión inglesa), se trataba de Sciencie Fiction by african writers, la “Ficción especulativa”, y dentro de ella la ciencia ficción, seguía siendo considerada un género menor.

En 2015, uno de esos grandes nombres de la ciencia ficción africana, Nnedi Okorafor, mostraba su enfado por el “olvido” al que se sometía a este tipo de creadores. La polémica había surgido a raíz de la publicación de un artículo en el periódico “The New York Times” que, bajo el título “New Wave of African writers with an internationalist bent”, publicaba una lista de la nueva ola de escritores africanos que triunfaban en EEUU y Gran Bretaña en la que no aparecía ningún nombre de escritor/a de Ciencia Ficción. Okorafor argumentó en aquella ocasión, que una parte del obstáculo para la ciencia ficción son “las actitudes coloniales sobre lo que es literatura y lo que no lo es”. “La base de lo que es ‘gran literatura’ en África está demasiado definida todavía por Occidente, y Occidente todavía tiene problemas para ver la ciencia ficción como un género de verdadera literatura” concluyó la autora.

Sin embargo, el debate se extendía también, con otras ramificaciones, en el seno de los propios creadores. Como bien nos habían hecho notar desde “Afribuku”, algunos criticaban el sesgo del prefijo “Afro”, como en la denominación “Afrofuturismo”, que parecía no aportar novedad alguna, frente a aquellos que consideraban lo contrario: que se trata de una nueva manera de narrar el mundo africano. Se dice que este término tiene sus orígenes en el músico Sun Ra, quien afirmaba que provenía de Saturno y que estaba en la Tierra para una misión, la de salvar a la humanidad mediante la música. Aunque se usara por primera vez como tal en 1994 en el artículo Black To The Future de Mark Dery, es decir que sus cimientos surgen en EEUU.

En 2015, el colectivo pan-africano Jalada presentó un nuevo número dedicado al “Afrofuturismo”.  Se trataba de treinta historias que se podían leer on line. Estaban escritos por personas de diferentes procedencias y orígenes. De aquella antología (una “selección” de una “elección”) es de donde ha surgido el e-book que este mismo año nos ha presentado “2709books”.afrofuturos

Afrofuturo(s) es la traducción de cinco de aquellos relatos realizada por Alejandra Guarinos. Sus autores son Suleiman Agbonkhianmen Buhari, Ivor W. Hartmann, Sheree Renée Thomas, Zachariah Waweru Njeri y Ytasha L. Womack.

La editorial nos emplaza a adentrarnos en unos relatos sobre los que opinan “no estamos ante un movimiento estrictamente literario, sino ante una estética cultural”. “Cinco relatos afrofuturistas que abordan algunos temas clásicos de la ciencia ficción, como el viaje en el tiempo y el control mental, y otros más actuales, como el medioambiente, el transhumanismo y el mundo digital. Distopías para reexaminar el pasado y cuestionar el presente, desde una perspectiva afrodescendiente”, afirman.

Carlos Bajo Erro (Wiriko), autor del prólogo, confiesa que “No soy un lector habitual de ciencia ficción. En realidad, el género no es de los que me resulten más atractivos. Pero me parece que este proyecto es muy especial, en primer lugar por la cuestión del género del que hablabas, aunque no me atraiga la ciencia ficción poner la atención en ciencia ficción africana, me parece un acto de resistencia poética especial. Por otro lado, por la apuesta, que 2709Books se haya lanzado con esta publicación es una deliciosa locura, ante la que uno sólo se puede poner al lado. Y, por último, por el lugar del que viene, el hecho de que sea una secuela de un proyecto de Jalada, también es suficiente para sumarse”.

Marina M. Mangado, la editora de 2709books, afirma: “Diría que es el género que rompe más moldes sobre la idea que el lector occidental tiene sobre qué es la literatura africana y quién es un autor africano. Y una herramienta para construir un futuro literario desde una perspectiva africana.” En estos relatos ella ve “una recuperación orgullosa de tradiciones e historias de pueblos que fueron ninguneadas y aplastadas durante la colonización. Se recrean para concebir distopías o universos fantásticos que beben del mundo de los espíritus y las divinidades de muchas culturas africanas para reivindicar el lugar de «lo africano» en la sociedad”.

En cuanto a cuáles son las aportaciones que se realizan a través de esta literatura, Mangado nos habla de “Diversidad y ruptura. Aire fresco. Reivindicación: de la tradición cultural africana con la que se crean nuevos mundos fantásticos, de las aportaciones africanas a la sociedad occidental, del derecho de un autor a escribir sobre lo que quiera, saliiéndose del espacio en el que la sociedad y la industria editorial le encasillan”.

Afrofuturo(s). Editorial 2709 books. Varios autores: Suleiman Agbonkhianmen Buhari, Ivor W. Hartmann, Sheree Renée Thomas, Zachariah Waweru Njeri y Ytasha L. Womack. Traducción: Alejandra Guarinos, 2017

Los Booktube africanos que te van a abrir el apetito…lector

El pasado mes de febrero la revista Mundo Negro inauguraba un nuevo espacio literario. De la mano del periodista Gonzalo Gómez, que se encarga de la cámara, la realización y el montaje, el magazine estrenaba la sección “África Booktube” a través del cual distintas personas vinculadas a la cultura y/o el continente africano comenzaron a recomendar, a través de un vídeo, uno de sus libros favoritos. Con carácter mensual, tres han sido hasta el momento las recomendaciones que han aparecido.

Del trabajo de Gonzalo Gómez ya disfrutamos en #100lecturasafricanas con su recomendación del libro del gran Ngugi wa Thiong´o, El diablo en la cruz que merece más que un visionado por el arte con el que está realizado. Y, por supuesto, más de una lectura.

Ángela Rodríguez Perea (Afribuku) recomienda Los transparentes de Ondjaki

En 2013 el angoleño Ondjaki lograba ganar la 8ª edición del Premio José Saramago (que premia obra publicada en portugués de autores con menos de 35 años), con la novela Os transparentes, publicada en 2012 por la editorial Caminho.

Ondjaki, que en umbundú, la lengua nacional angoleña, significa “guerrero”, es un joven escritor que ya cuenta con una larga trayectoria de obras y premios. Os transparentes se ha publicado en castellano en México por Almadía y en Argentina por Letrasnomadas.

Ángela Rodríguez Perea, una gran lectora y una avezada crítica literaria, nos invita de una manera muy especial a adentrarnos en este libro tan sugerente.

José Naranjo (El País) recomienda Sunyata o la epopeya mandinga de Djibril Tamsir Niane

La historia de Sundiata Keita contada aquí, sobre la que recalca el propio autor que su libro es sobre todo la obra de un griot de la zona de Siguiri, es apasionante. Sundiata Keita o la epopeya mandinga, fue publicada en 1960 por la editorial “Presence Africaine” y traducida por “Casa África“. El que fuera rey fundador del Imperio de Malí nació en 1217 en Niani, la actual Guinea, y era hijo del rey Maghan Kon Fatta, perteneciente al clan de Keita, quien controlaba un pequeño territorio.

No es extraño que un periodista como José Naranjo, que conoce a la perfección la región y que es un gran contador de historias, haya elegido este título imprescindible. Como él.

Aurora M. Alcojor (Por fin en África) recomienda Las que aguardan de Fatou Diome

Fatou Diome es una escritora más que interesante. Siempre crítica, nada complaciente y dispuesta a dar la vuelta a muchas creencias y prejuicios, en Las que aguardan, Diome nos habla también de múltiples paradojas, como la que se da al comprobar que las mujeres que se han casado con hombres que se han quedado viven mejor que las que lo hicieron con los que partieron,  o al descubrir lo necesaria que era la pesca que ese hijo traía día a día y que ahora que no está se muestra como un trabajo al que no se le daba su verdadero valor. Y, sin dejar de mirar hacia dentro, nos describe una sociedad polígama, patriarcal y llena de silencios, a través de la que se descubre que “la palabra inmigración contiene múltiples realidades, algunas de las cuales son tan subterráneas que escapan a la agudeza de los analistas del fenómeno”.

A Aurora M. Alcojor se la tiene un especial afecto en este blog. De ella fueron las primeras páginas on line que leí sobre escritoras africanas. Su trabajo en este sentido es digno de resaltar y agradecer.

Para saber más, no te pierdas esta magnífica sección en la revista “Mundo negro”

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