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Entradas de la Categoría ‘Farah, Nuruddin’

Escribir sobre Somalia para tratar de mantenerlo vivo

Nuruddin Farah: el gran intérprete de Somalia

Publicado originalmente en África no es un país.  13/12/2018

Causa asombro y perturba, cuando menos, ver imágenes de Mogadiscio anteriores a los años noventa. Fotografías que muestran una ciudad cosmopolita, hermosa y vibrante, la perla del océano Índico, que contrastan con otras instantáneas más recientes de la capital de Somalia. De este país del llamado Cuerno de África parece que solo nos llegan ecos de destrucción y caos, no en vano está considerado un “estado fallido” y uno de los lugares “más peligrosos del mundo”. Sin duda, sobrepasar todo esta montaña de lugares comunes, penetrar y analizar, no es tarea fácil. A ello ha dedicado su vida el que está considerado una de las grandes plumas africanas: el somalí Nuruddin Farah.

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Love is in the air (o lo contrario), algunas pasiones literarias muy africanas

LoVE iS In tHe aIR

Binyavanga Wainaina- Chimamanda Ngozi Adichie

Adichie guarda de sus tiempos de aspirante a escritora su amistad con Binyavanga Wainaina quien desde entonces es uno de sus mejores amigos. Se conocieron en 2001 a través de internet, en un sitio web que les permitía compartir su pasión por la escritura. Quince años después la amistad continúa, ambos leen lo que escribe el otro y opinan sobre ello, a pesar de ser tan diferentes a la hora de escribir.

Cuando Adichie le explicó su intención de escribir sobre la guerra civil de Biafra (es el argumento central de Medio sol amarillo), Wainaina exclamó “¡estás loca¡” y le expresó sus temores sobre el tema elegido. Sin embargo, añade, “ella no tiene miedo y por eso pudo escribir esa novela”. Adichie, por su parte, opina que Wainaina no es solamente un magnifico escritor sino también una generosa persona.

Abdourahman A. Waberi- Nuruddin Farah

Nuruddin Farah Abdourahman-A.-Waberi1

En la propia página web de Waberi, éste se declara admirador del somalí, sobre el que escribió su tesis doctoral (una comparativa entre su obra y la de la argelina Assia Djebar). Le considera más que un maestro, un hermano mayor. Es raro leer alguna entrevista realizada al yibutí y que no aparezca por una u otra razón el de Nuruddin Farah, quien también suele nombrar a su amigo de manera constante. Ambos comparten además de región de nacimiento, un pasado doloroso y la “identidad del nómada” que tanto ha marcado la narrativa de Waberi, pasaje de lágrimas o país sin sombras.

“Uno no viaja para proveerse de exotismo y anécdotas con que adornarse como un árbol de Navidad, sino para que el camino lo desplume, lo enjuague, lo escurra, lo deje como esas toallas, raídas por los lavados con lejía, que te entregan junto con un pedazo de jabón en los burdeles… Sin este desapego y esta transparencia, ¿cómo puede uno esperar hacer ver lo que ha visto?” Elogio del nomadismo-Abdourahman A.Waberi

La primera novela de Waberi Le pays sans ombre (1994) está dedicado al somalí, quien le prologa el libro. Toda una declaración de amor.

… o ToDO lo CoNTrArIO

Chinua Achebe- Joseph Conrad

000272022W Chinua Achebe 1967

El nigeriano escribió un texto muy crítico en relación a la mítica obra de Joseph Conrad y le acusó de manera abierta de racista.“Una imagen de África: nazismo en “El corazón de las tinieblas” (1975), es una lectura del libro argumentado que “(la novela) proyecta la imagen de África como “el otro mundo”, la antítesis de Europa y, por tanto, de la civilización, un lugar donde la cacareada inteligencia y refinamiento del hombre son finalmente burlados por la bestialidad triunfante”. Desde la antítesis que plantea ya desde el inicio, entre dos ríos, uno europeo, el Támesis (la civilización), el otro africano, el Congo (el salvajismo), de donde parte y a donde llega Marlow, Achebe va mostrando sus argumentos para mostrar lo pernicioso de la novela, sobre todo en relación a las personas. “La cuestión es si una novela que celebra de deshumanización, que despersonaliza a una parte de la raza humana, puede denominarse una gran obra de arte. Mi respuesta es no, no puede”, concluyó

El discurso de Achebe ha tenido seguidores y detractrores, son muchos los que opinan que Conrad a pesar de su tibieza creó un texto con propósito anticolonial. Otros, en cambio, coinciden con Achebe y respaldan que fuera tan valiente y sintiera la responsabilidad de decir lo que opinaba.

Ngugi wa Thiong´o- Karen Blixen

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Algo parecido a lo que le suscitó a Achebe la lectura del libro de Conrad, le ocurrió a Ngugi wa Thiong´o con la baronesa Blixen aunque en menor medida. Muchos han sido los libros que han indagado en la vida íntima de esta mujer que luchó contra viento y marea para escribir (tuvo que asumir el seudónimo masculino de Isak Dinesen para poder publicar) y que han mostrado que a pesar de lo idílico y romántico que adorna su perfil, no rechazó la política colonial en el continente, de hecho tuvo esclavos en su plantación de café.

Blixen tuvo una granja en Kenia, y su perro se llamaba Dust y su sirviente Kamante y a partir de ahí Ngugi wa Thiong´o escribió un texto en 1980 Her Cook, Her Dog. Frente a la conmoción que le supuso la lectura de  In the Castle of My Skin (1953) del escritor de Barbados George Lamming, Las memorias de África (1937) de la danesa le provocaron el efecto contrario, “uno de los libros más peligrosos que se han escrito sobre el continente desde una condescendencia que se hacía pasar por amor“. El escritor señala el uso repetido que realiza Blixen de la imaginería animal al describir a los africanos. En su representación de su sirviente Kamante, Ngugi ve la comparación de Blixen con un perro como insulto extremo. Opinión que también compartía Nuruddin Farah quien en su novela Regalos admite que “(Blixen) tal vez se enamorase de aquella parte del continente pero que sin duda no amó a las gentes del lugar”. Ella, por su parte, siempre soñó con volver a Kenia.

Eslabones-Nuruddin Farah

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Somalia de nuevo.

Se trata del primer título de la tercera de las trilogías del autor, la centrada en el periodo que va desde la década de los 90, cuando el país se sumergió en el caos y en la guerra civil tras el derrocamiento del dictador Mohamed Siad Barré, hasta el momento actual. El segundo título es Nudos y queda un tercero: Crossbones, aún sin traducir al castellano. Esperemos que no ocurra lo mismo que con su segunda trilogía, de la que se tradujeron Secretos y Regalos, pero no así el tercer título Maps.

Aunque la narrativa de Farah está repleta de elementos genuinos de su tierra natal y sus títulos se adentran en periodos de la historia reciente de Somalia, no podemos encasillar a Farah como un simple cronista. Sus novelas encierran un prosa elegante trabada por estructuras complejas bien ensambladas y de ágil lectura. Los diálogos suelen cristalizar en intercambios cargados de intensidad, siempre reveladores y, en consecuencia, un tanto profanadores, como baúles que explotan al levantar la tapa. [Oscar Escudero. Revista Pueblos]

De nuevo alguien llega a Mogadiscio, esa ciudad cuya decadencia duele a todo aquel que vuelve, después de años fuera. Esta vez es Jeebleh, que tras 20 años viviendo en Nueva York, donde tiene familia y una vida estable, regresa a la Somalia que abandonó después de ser preso político. Los “lazos”, que no “eslabones”, que le unen a aquella tierra le reclaman cuando Raasta, la sobrina de uno de sus mejores amigos, Bile, y una amiga de la infancia, han sido secuestradas. Además, quiere también encontrar la tumba en la que descansa su madre.

Mogadiscio, en otro tiempo esplendorosa

Jeebleh contemplará desolado la situación actual de la ciudad, en la que el caos y la destrucción han acabado por convertirla en una triste copia de lo que fue aquella ciudad cosmopolita. Es difícil imaginar un lugar diferente al que las imágenes nos tienen acostumbrados, pero existió.

En resumidas cuentas, la ciudad había sido pasto del vandalismo, propiedad de los malhechores resueltos a robar todo lo que pudieran, que dejaban la mera destrucción a su paso. El Mogadiscio de Jeebleh había sido una ciudad ordenada, apacible, con integridad y vida propias, una maravillosa metrópolis con sus playas, cafés, restaurantes, cines a altas horas de la noche. Seguramente había sido pobre, aunque al menos revestía de dignidad su pobreza, y nadie tenía ninguna prisa por saquear ni destruir lo que no estuviera a su alcance. Dudó que existiera espacio suficiente en la mentalidad de los habitantes para los placeres de los que disfrutó él cuando vivía en Mogadiscio. (pág. 61)

Su entrada en el país vendrá marcada por lo que se encontrará en adelante. Primero, un hombre grita una frase en la que la palabra “armas” brilla con inusitada fuerza. “Los somalíes nunca rinden pleitesía a la autoridad de un uniforme del modo en que lo hacen los alemanes, pensó Jeebleh. Nosotros nos plegamos sólo a la fuerza bruta de las armas.” Para añadir a continuación que la razón puede encontrarse ya desde tiempos del colonialismo hasta los más años recientes de presencia de las tropas estadounidenses, “corruptas y partidarias de los clanes”. Después, para que no quepa duda,  un niño de 10 años es abatido por una bala perdida.

Dagaalka sokeeye, guerreando contra un íntimo

Cosida de mitos y leyendas africanas, con algo de realismo mágico, e internándonos siempre en la vida más intima de sus personajes, que van desde una “niña milagro”, Raasta, cuyo verdadero nombre significa “esperanza” y que se erige en el símbolo de la deseada paz, hasta Bile, el pacifista, o Caloosha, un señor de la guerra, hasta el irlandés Seamus, que deja su tierra para encontrarse a si mismo en Somalia.

El laberinto en el que se va internando Jeebleh, lleno de intrigas y desconfianzas, es una especie de terreno movedizo en el que nunca está del todo seguro de lo que está pisando, y que le hace ser testigo dolorido de la dura y tremenda realidad. La guerra civil que se libra en su tierra se va desmadejando tras esos “lazos de sangre”, verdaderos “eslabones”, los “clanes”, que unen a las personas y a sus destinos de manera irremediable. No es coincidencia que el término somalí de “guerra civil” se traduce aproximadamente por “matar a un íntimo” y Farah va desgranando la intrahistoria de estos “clanes” y su poder a lo largo del libro.

El dinero es el motor de la guerra civil, desde luego-reconoció Bile-Para empezar, a los señores de la guerra se les pagan comisiones corruptas, luego está el dinero que ganan al intervenir en los contratos de las milicias que protegen a las legaciones extranjeras de visita en el país. Está el dinero que se paga a los señores de la guerra en forma de tributos que abonan a las empresas extranjeras en funcionamiento en el país. Y en Mogadiscio se pagan otros tributos a los señores de la guerra, que cobran impuestos de circulación y aranceles sobre toda la mercancía importada en los accesos a la ciudad, que, de hecho, controlan (pág.197)

Farah no es nada complaciente con su país y tampoco se calla a la hora de criticar la actuación de la intervención humanitaria de las tropas estadounidenses. Aunque una gran parte de los estadounidenses no podrían encontrar Somalia en un mapa, sí comparten una clara imagen mental del país africano: el cuerpo mutilado de un ranger del ejército siendo arrastrado por las calles de Mogadiscio, durante la fracasada intervención que se llevó a cabo en 1993. Frente a esta imagen, Farah contrapone la historia desgarradora de la chiquilla de un año que las ráfagas de los helicópteros americanos hicieron volar por el aire arrancada de los brazos de su madre, con cuyo testimonio da voz a los silenciados: “Me puse histérica- siguió diciendo-y me arañé los pechos desnudos, los pechos que habían amamantado a mi hija hacía sólo unos minutos. Aullé, sollocé, lancé maldiciones, recé, pero todo fue en vano. Me rasgué las vestiduras hasta despojarme de la ropa, convencida de que el torbellino de arena que había provocado la llegada repentina del helicóptero había engullido a mi hija. Vi entonces el mal encarnado: los rangers señalaban mi cuerpo desnudo y reían. Dejé de aullar y cubrí mis indecencias y a continuación maldije a las madres que habían llevado en el vientre a aquellos individuos.”(pág.344)

La novela adolece de demasiadas repeticiones, lo que hace que en el texto a veces se de una especie de déjà vu, pero aún así la acción avanza imparable, subyugante, hasta el final, entre reflexiones, diálogos e historias. Eslabones es superior, en mi opinión, a la más floja Nudos. Y, aunque realiza un retrato interesante y bien contado sobre ese desconocido país que es Somalia, Farah nos habla de mucho más. Sólo hay que leer la hermosa leyenda en la que explica cómo se acaban por romper los eslabones, la eterna cadena de dolor y muerte. Para mi, Farah, es imprescindible.

-¿Y sabes lo que el tío Bile dijo sobre la guerra civil?-le preguntó a Shanta.

-Dímelo.

-Que una guerra civil es una lucha incesante basada en agravios que cambian una y otra vez. (pág.388)

Ficha:

  • Título original:  Links (2004)
  • Idioma: Inglés
  • Traducción al castellano:  Editorial Siruela, 2011
  • Traductor: miguel Martínez Lange con la colaboración de eugenia vazquez nacarino
  • Portada: Fotografía de José Cendón. Getty Images
  • Nº páginas: 416
  • Puedes leer el comienzo del libro, aquí

LINKS

El déjà vu de los candidatos africanos al Nobel de Literatura

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Empiezo a sentir una especie de déjà vucada vez que se anuncian las apuestas para ganar el Premio Nobel de Literatura, en relación con los posibles nombres que se barajan en general y en particular por parte del continente africano. Si clikais aquí, aquí y aquí vais a entender en seguida el porqué.

La diferencia fundamental está en el orden, en 2010 el primero de los autores africanos con posibilidades era el keniata Ngũgĩ wa Thiong’o y parece que ocurre lo mismo este año. En cambio, en 2013 se le adelantaba la argelina Assia Djebar. El somalí Nuruddin Farah, en cambio, siempre ha estado en un discreto medio. En las apuestas de Ladbrokers para este año (es muy significativo que los posibles ganadores salgan de los resultados que arrojan los apostantes, lo que ahonda en la imagen que el propio premio refleja para muchos) aunque el japonés Haruki Murakami sigue estando el primero, sorprende que el segundo y tercer puesto lo ocupen escritores africanos, podría deberse a algún tipo de filtración, ya que a estas alturas los candidatos, que han sido nominados por miembros de la propia Academia Sueca, profesores de literatura en importantes universidades, sociedades literarias de gran prestigio o los propios autores premiados en ediciones anteriores, se han reducido a 5 nombres.

Si bien la lista repite posibles ganadores, sin introducir ninguna novedad por el momento (el año pasado se mencionó que también estaba Mia Couto-a recordar que ha ganado el “Premio Internacional Neustadt de Literatura” 2014-conocido como el Nobel americano, Ben Okri o Chimamanda Ngozi Adichie), no propiciará la polémica que surgió el año pasado en el continente africano. Cuando, tras la muerte de Chinua Achebe,  Wole Soyinka desveló, en una entrevista para “Sahara Reporters”, que había recibido peticiones y solicitudes por escrito para que él, como ex ganador del premio, utilizara su posibilidad de nominar candidatos y apoyará el nombre de Achebe para concederle un premio póstumo. Soyinka consideró tal petición como algo “obsceno e hipócrita” y que, en el fondo, le hacía un flaco favor al ya universal nigeriano; Chinua Achebe no necesitaba ganar ningún premio póstumo para ser considerado un gran escritor, su obra ya hablaba por él.

Este año se apunta con fuerza, de nuevo, hacia Ngũgĩ wa Thiong’o. Su primera novela fue escrita en 1962 Weep not Child (traducida al euskera por la editorial Txalaparta, bajo el título Negarrik ez, haurra), en la que contaba la oposición de los Mau Mau frente a la autoridad colonial británica, después vinieron, entre otras, Un grano de trigo, El diablo en la cruzMatigarisu hilarante, brillante y genial El brujo del cuervo, cuya historia transcurre en la imaginaria República Libre de Aburĩria. Su faceta de pensador ha alumbrado varios títulos como el ensayo Decolononising the Mind: The Politics of Language in African Literature y también ha escrito obras de teatro como Ngaahika Ndeenda Ngaahika Ndeenda (Me casaré cuando yo quiera), que fue representada en Kenia y motivo de su encarcelamiento. Lo más reciente lo ha publicado en 2012 con la segunda parte de sus memorias, In the house of the interpreter. En Ngũgĩ, se une una alta calidad literaria con una vida de compromiso y denuncia.

Si bien no es una mujer (13 ganadoras de un total de 113, de las que sólo una ha sido africana: Nadine Gordimer, ninguna africana negra), escribe en su lengua materna, gikuyu o kikuyu. Para un premio en el que la mayoría de los ganadores son escritores en lenguas europeas (el top lo tiene el inglés e idiomas como el árabe solamente tienen un ganador en nómina, el también africano Naguib Mahfuz), un ganador que se negó a usar la lengua del colonizador, desafiando la hegemonía del inglés, y apostó por el uso de una lengua propia, con los obstáculos para la difusión que suelen acompañar a este tipo de opciones, sería una victoria y un reconocimiento también para las miles de lenguas que en el mundo siguen vivas y tienen voluntad de perdurar y seguir siendo vehículo de expresión literaria.

Pero, tan injusto como el olvido de tantos otros nombres que deberían de haber figurado como ganadores, eternos candidatos que nunca lo lograron, puede ser el hecho de que  Ngũgĩ wa Thiong’o pase a ser recordado como una rara avis; algo así como “el Nobel que escribía en un idioma africano”, es decir, como otro exotismo más que unir al continente. Me estoy adelantando, lo sé, pero es mejor decirlo desde ya: Ngũgĩ wa Thiong’o es un gran escritor, que ama su cultura y que además escribe en su lengua materna: una lengua africana, gikuyu. 

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