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Entradas de la Categoría ‘Ficción’

Borja Monreal con “El sueño eterno de Kianda” novela un tabú histórico angoleño

El sueño eterno de Kianda está escrita por Borja Monreal periodista de formación y cooperante de profesión. Sin embargo, si me pidieran destacar algo subrayaría que ha vivido muchos años en Angola y que conoce en profundidad los entresijos históricos y sociales de este país. Y que se trata, como él mismo se define, de una persona inquieta, que le gusta el descubrimiento continuo y la búsqueda incesante de afinidades entre lo que denominamos “nosotros” y “ellos”.

Todo lo anterior se plasma en esta su ópera prima; un texto documentado, que nos introduce de lleno en la historia más reciente de este país que el propio Monreal define como “intenso” y que contiene varias novedades interesantes, a caballo entre una novela histórica y un thriller,  y que nos habla, además, de un tema tabú en Angola.

Quizás la primera parte de la obra traiga para un lector avezado en narrativas basadas en momentos históricos como las independencias-post independencias, una ligera sensación de déjà vú. Rezuma el texto de Monreal frases que hilan de manera directa con un tema con el que se asocia a menudo a las literaturas africanas; el del proceso/ lucha por la independencia y lo que vino después. Y ya situándonos en Angola, nos trae a la memoria la recreación que de aquellos momentos hizo Pepetela, aquel escritor que contaba lo que antes él había vivido en su propia tierra y en su propia piel, sobre todo en su obra La Generación de la Utopía, en la que logró transmitir con acierto la sensación que queda cuando se ha dado todo por un ideal  y el resultado no ha sido el esperado.

El sueño eterno de Kianda se narra desde varios momentos temporales, con continuos saltos de tiempo. Desde su inicio más contemporáneo, 2012, se retrotrae a la década de los 60, cuando comenzó una de las guerras de independencia más largas del continente africano, de 1961 a 1975, hasta que el texto va llegando a la fatídica fecha del 27 de mayo de 1977. Por sus páginas van surgiendo los tres movimientos de independencia que aparecieron, cada uno de ellos con su propia ideología y fines: el MPLA de Angostinho Neto, el que sería el primer presidente de la Angola independiente y el partido que ha gobernado el país desde entonces hasta hoy, el FNLA y el UNITA. Se trata, en suma, de un texto que nos involucra en este periodo desde la perspectiva de unos seres que Monreal ha escuchado (a través de cientos de entrevistas) para poder escribir sobre lo que ocurrió.

Pero, además, la historia se cuenta desde varias voces que pertenecen a diferentes generaciones. Y yendo un poco más lejos ha incorporado la de Kianda, hija de los dos combatientes protagonistas, que se vio exiliada cuando era una niña y que lo mira todo desde los ojos de una persona occidentalizada pero que necesita saber sobre su pasado, su familia y su país. A la vez que le sirve para ampliar el enfoque hacia otros temas más existencialistas, como el vacío de una vida que no tiene sentido (envuelta en el reconfortante colchón capitalista) frente a la de otros que la han vivido y exprimido hasta sus últimas consecuencias.

Kianda, la protagonista, es el punto de arranque que permite a Monreal contar la historia “desde fuera” mientras abre un coro de personajes que personifican a aquellos que lucharon por la independencia o aquellos que decidieron matarla desde sus inicios. Esta mujer, que vive en la actualidad con su madre ex-combatiente en Londres, decide que debe regresar junto con ella a su país para conocer qué le ocurrió de verdad a su padre. Se trata de un periplo que debe realizar para poder cerrar un círculo y avanzar. Lo conseguirá gracias al diario (en cuidada edición de Salto de Página y presentado en hoja negra con letras blancas y dibujos) que su padre escribió antes, durante y después de la lucha, y la toma de contacto con otros seres que marcaron la existencia de sus progenitores.

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Foto: Borja Monreal en Quedas de Kalandula, Provincia de Malanje. Angola.

Se trata de una obra que en su segunda parte comienza a destapar los numerosos secretos con los que han vivido sus personajes. Así, el ritmo y el tono convierte la narración en un thriller en el que cada persona arroja un poco de luz hasta el desenlace final. Aunque tampoco hay excesivas sorpresas (y se echa en falta quizás más densidad y arrojo a la hora de tratar los claroscuros de algunos personajes), se sigue con interés, sobre todo aquellos episodios que se sumergen en la historia o indagan en el ser y estar angoleño y nos muestran vértices de su cultura.

Además, Monreal ha querido plasmar lo que ocurrió el 27 de mayo de 1977. Una historia que ha sido largamente silenciada y que una y otra vez se siente la necesidad de sacar a la luz. De ella emerge también un mito: Nito Alves, quien fue Ministro de interior durante la independencia y fue el motor del levantamiento de 1977 que los “fraccionistas” con él a la cabeza llevaron a cabo para derrotar a Angostinho Neto. Se habla de una auténtica masacre. Sin duda, este episodio silenciado genera cada vez más preguntas que respuestas y es difícil conocer todos los ángulos del mismo. Se habla de 30.000 muertos, sobre los que nadie quiere empezar a destapar nada, y en la actualidad habría más desaparecidos que en Argentina. Una herida demasiado grande para que aún siga abierta.

A través de El sueño eterno de Kianda, Monreal transmite, en todo momento, la necesidad de encontrarse a uno mismo, de interrogarse sobre los propios actos e inacciones. Y esto, él lo sabe, lo hacemos tanto los “unos” como los “otros”. No en vano, parece decirnos el escritor, no somos tan diferentes…

¿o sí?.

El sueño eterno de Kianda. Editorial Salto de Página y Fundación Caja Canarias, 2017. Borja Monreal Gainza. Ilustraciones: Loraxi López.

Un “detective” muy particular: Touré de San Francisco, de Bilbao

En el mismo centro de la ciudad de Bilbao está el barrio de San Francisco. Se trata, o al menos así ha sido hasta fechas recientes, de lo que se suele describir como un gueto. Se asocia a lugar marginal, inseguro, de mala vida, lleno de inmigrantes, violencia, prostitución y drogas. Todos esos cajones enconsertados encuentran su mueble a medida en esta zona de la ciudad de Bilbao. La gente suele rodear estas calles intentando no cruzar a través de ellas. Pero allí han encontrado también refugio y acogida cientos de inmigrantes que llegan intentando tener, como cualquiera, una vida mejor. “Todos los emigrantes pobres, vivan donde vivan, tienen una pelea diaria por la supervivencia, la suya y la de su familia, que casi siempre está en su país”, afirma el escritor Jon Arretxe. Y esa lucha cotidiana es la que ha querido plasmar en su serie protagonizada por Touré.

Sobre San Francisco se puede escribir y mucho. Desde varios prismas, como el que se encuadra bajo ese concepto que desde hace poco todos manejamos con soltura: “gentrificación” y del que este pedacito de Bilbao tampoco se libra.

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Jon Arretxe. Fotografía: Erein

Jon Arretxe, que escribe en euskera y ha sido traducido en estas cinco novelas por Cristina Fernández Blanco, quiso situar allí, en sus calles llenas de colorido y diversidad, la trama de una saga que ha ido creciendo bajo demanda de un público lector que le ha ido reclamando continuarla. En realidad se trata de una serie de novela negra con un personaje diferente, poco habitual. Es un burkinés, emigrante africano, sin papeles, que vive en el bilbaíno barrio de San Francisco, en un piso patera. Entre vidente, gigoló e improvisado “detective”, Touré muestra muchas caras de una realidad que, a menudo, se trata de ocultar. Con esta creación el escritor “quería un personaje diferente a lo habitual, algo original que sorprendiera al lector, alejado del típico hombre blanco con problemas con el alcohol y con su esposa“.

La novela negra tiene como uno de sus componentes principales su carácter de denuncia social y plasmación de las tripas de la sociedad en la que se desarrolla, aspectos estos que ya han aparecido en varios momentos en este blog. Son una buena radiografía de las sociedades en las que se encuadran. En este sentido, le pregunto a Arretxe si la población bilbaína es más racista y llena de prejuicios de lo que nos creemos. “No creo que sea más racista que el resto de las sociedades de su entorno, pero sí más de lo que ella misma se considera”, me contesta. Y añade que se tolera “una multiculturalidad solo hasta cierto punto, folklórico y superficial”.

Además de ser un gran conocedor del continente, ya que ha viajado por varios países (de hecho existe un Touré, que no tiene que ver nada con la novela, originario de Malí), para ambientarse a la hora de recrear sus novelas, Arretxe escribe desde el corazón del que considera “el barrio más vivo de todo Euskadi” gracias a una conocida que le cedió un piso, que quería alquilar, para poder escribir desde él. Cuando éste terminó por alquilarse, el vecino de enfrente le ofreció continuar la serie desde su piso, que apenas usaba. Fue así como el escritor se metió de lleno en el día a día del vibrante y variado barrio, escuchando decenas de historias y conociendo a muchas personas que después introdujo incluso como personajes de la saga. De ellas resalta que “tienen cosas buenas y malas, como todo el mundo, pero la gente emigrante, sobre todo la africana, es mucho más solidaria y hospitalaria que en el mundo occidental”. Del barrio además destaca su biblioteca, de la que ha sido frecuente usuario, y en la que también ha encontrado muchos motivos de inspiración. Uno de esos lugares donde habitan los libros más diversos y que es, por cierto, de las más desconocidas de Bilbao.

La saga Touré

Los títulos que componen hasta el momento la serie (parece que Arretxe ha decidido aparcar el personaje por un tiempo) son los siguientes, descritos de manera breve por el propio escritor:

  • 19 kamera / 19 cámaras. Erein Argitaletxea, S.A, 2012. “La más original y tal vez sorprendente, por el tipo de personaje”.
  • 612 euro / 612 € euros. Erein Argitaletxea, S.A, 2013. “La de más humor”.
  • Hutsaren itzalak / Sombras de la nada. Erein Argitaletxea, S.A, 2014. ” La más dura, la más cruda”.”Para mí la mejor es la tercera, Sombras de la Nada, aunque es tan dura que deja mal cuerpo, lo cual no sé si es contraproducente”.
  • Estolda jolasak / Juegos de cloaca. Erein Argitaletxea, S.A, 2015. ” Casi una novela de viaje, un thriller africano”.
  • Sator lokatzak / Piel de topo. Erein Argitaletxea, S.A, 2016. “La que tiene una trama más sólida”.

La serie comenzó con 19 camaras/19 kameraEl título hace referencia al número de cámaras situadas en el barrio desde las que se vigila lo que allí ocurre. Estas son un narrador frío que va contando “según lo que enfoca” descubriendo situaciones muy duras, violentas. Pero la trama también cuenta con un punto de vista lleno de humor y cariño hacia las peripecias de Touré que se deslizan desde esa zona oculta de la ciudad hasta la sociedad más acomodada que vive apenas cruzando el puente y que le acaba dando la oportunidad de cantar en un coro.

Con otro título muy significativo, continuaron al año siguiente las aventuras de Touré. 612 euro/ 612 €uros hace referencia al importe de la renta básica con la que tienen que vivir muchas familias. Vuelven los personajes de la anterior y también el tono que no en vano sirven para afirmar que  Arretxe  “utiliza la narración policial para entrar en la crítica social, pintando la pobreza y la xenofobia que rodea a sus personajes”. La llegada de un supuesto primo y su hijo complicarán la existencia de Touré.

A partir de la tercera entrega el tono de la narración cambia. Esta obra la dedica a “A todos esos africanos que no existen a pesar de estar entre nosotros“. De esta manera,

“Arretxe da un giro de tuerca y nos narra la cruda realidad del periplo al que se ven forzados los emigrantes subsaharianos. Ya no hay sonrisas, no hay situaciones hilarantes, no hay pesquisas absurdas. La larga travesía de los desplazados hasta las puertas del Edén, la intervención de las mafias, las violaciones de derechos humanos… relegan la ironía y el humor a un segundo plano. Una historia verosímil, donde no falta la intriga, que obliga al protagonista a enfrentarse a enemigos más poderosos, acompañado siempre por los pocos, pero incondicionales, compañeros de la Pequeña África de San Francisco.” (Un lector indiscreto)

Tras vivir una situación límite, durísima,  Touré regresa a África. Arretxe ha plasmado en varios de sus títulos sus viajes por el continente. Y aprovecha esta obra para introducirnos en las calles de Bamako. Pero también para volver a integrar a un personaje diferente, en este caso un albino.

-Yo me hacía pasar por un poderoso vidente y echaba los cauris. Algunos incautos se lo creían y hasta me pagaban, pero no creas que me siento orgulloso por ello.
-Es el destino de los africanos, Touré –me consoló Alou-. Aquí o en Europa, da lo mismo, el tema es sobrevivir. No hay de qué avergonzarse. (Juegos de cloaca. Pág. 81)

“La Pequeña África de San Francisco vuelve a ser el escenario de las andanzas de nuestro detective-vidente. De vuelta a Bilbao, Touré recuperará sus relaciones anteriores con la finalidad de recomponer su maltrecha existencia. Una dura realidad, la de los sin papeles en el Paraíso soñado, que obliga a una vida clandestina en un mísero y asfixiante escenario controlado por las autoridades. No hay posibilidad de escape, a la xenofobia y a la escasez de medios para asegurar su sustento se suma la coacción, la exigencia a colaborar con el adversario, la policía, delatando a sus cercanos, a aquellos que se encuentran en su misma situación. Touré y sus compañeros tratarán por todos los medios de liberarse de esta red de chantaje y extorsión en la que están atrapados. La descripción detallada del submundo de la emigración, del monótono día a día de los “inexistentes”, de su realidad, es en lo que Arretxe persevera con un lenguaje dinámico y descarnado.” (Sinopsis).

El africano – J.M.G. Le Clezio

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Le Clezio tuvo una relación difícil con su padre. Como ejemplo del desdén con el que trató a su hijo, se puede mencionar como éste ignoró su vocación hasta que no recibió el Premio Renadout en 1963 por su primera novela (El atestado)Su obra El africano es una vuelta atrás a su infancia y al reencuentro con la figura paterna desconocida hasta entonces, contando el viaje que realizó al continente con 8 años, por momentos comprensiva y por momentos lejana. Lo que parece querer indagar el escritor al escribir este breve texto es si fue la guerra o África lo que convirtieron a su padre en un hombre pesimista y sombrío, autoritario, al que tanto él como su hermano temían más que amaban.

El padre del escritor ejerció de médico en Nigeria, enviado por los británicos, con escasos medios (se señala, en varias ocasiones, que su instrumental consistía en una aguja de latón) y se fue desgastando poco a poco por lo que vivió en aquel país, hasta llegar a ser para su hijo un desconocido. Le Clézio nos muestra trozos de una infancia pasada en aquella tierra africana (que rememora como un lugar de total libertad) en la que recupera los recuerdos familiares y los de aquel tiempo que vivió allí. “En El africano, en particular, el tema es el descubrimiento de las sensaciones, del lenguaje, del acceso a la conciencia más que los acontecimientos en sí mismos o las particularidades de “mi” conciencia”, explicará el propio escritor.

No quiero hablar de exotismos; los niños son absolutamente ajenos a este vicio. No porque vean a través de los seres y de las cosas, sino porque, justamente, sólo ven eso; un árbol, un hueco en la tierra, una colonia de hormigas constructoras, una banda de chicos turbulentos en busca de un juego, un viejo de ojos nublados que tiende una mano descarnada, una calle en un pueblo africano un día de mercado, eran todas las calles de todos los pueblos, todos los chicos, todos los árboles y todas las hormigas. Ese tesoro está siempre vivo en el fondo de mí y no puede ser extirpado. Mucho más que de simples recuerdos, está hecho de certezas” (pág 134)

Tras su lectura, me llamó la atención la acumulación de lugares comunes con los que el escritor (que redactó el libro de apenas 135 páginas, con fotografías, en un mes) describía el continente. Al leer la última página pensé que Le Clézio, que proviene de una familia emigrada a Mauricio (por lo que a veces he visto su nombre en el cómputo de los Nobeles recibidos en Literatura por parte africana, y de quien he leído sólo otros dos libros más, ninguno de los cuales me gustó demasiado: Diego y Frida y La cuarentena) y que ha vuelto a escribir sobre África en otras ocasiones: Onitsha (1991) que narra el mismo viaje que esta novela o Viaje a Rodrigues y ya sobre el norte africano, Desierto (1981) escribe bien pero está envolviendo sus vivencias con algo que chirría (esa África tan común).

He leído que se trata de un libro bello, incluso que es una pequeña joya, y es cierto que está muy bien escrito. ¿Pero esconde su belleza una trampa?.

Como escribir sobre África

Geoff Wisner es el autor de A Basket of Leaves: 99 Books That Capture the Spirit of Africa  (libro en el que propone un tour literario por el continente africano mediante la crítica de 99 libros). En un artículo titulado “J.M.G. Le Clézio Shows Us How It’s Done“(J.M.G. Le Clézio nos muestra cómo se hace), realiza un paralelismo entre El africano y los consejos, llenos de ironía, que en su día dio Binyavanga Wainaina sobre “Cómo escribir sobre África“. Os pongo algunos ejemplos:

  • “Utilizar siempre la palabra “África” o “Tinieblas” o “Safari” en el título”: Sólo hay que leer el título.
  • “No se le ocurra poner la foto de un africano bien pinteado en la portada de su libro, ni menos adentro, salvo que ese africano haya ganado el premio Nobel. Una AK-47, costillas salientes o tetas al aire: esas sí son imágenes. Si debe incluir a un africano, asegúrese que sea uno envuelto en un vestido Masai o Zulú o Dogón”: En la portada para la edición estadounidense (está incluida más abajo) se ve una foto de un niño con cicatrices y de pie, detrás de una mujer con el pecho desnudo.
  • “Tratar a África como si fuera un único lugar”: esto ocurre a lo largo de todo el texto, por ejemplo: “El viaje a África puso fin a todo esto”, “La llegada a África fue para mí la entrada en la antecámara del mundo adulto” (pág.61) “Al irnos a África habíamos cambiado de mundo”(pág.30) etc…
  • “Asegurarse de mostrar bien que los africanos tienen música y ritmo enquistados en el fondo del alma”: Este pasaje es especialmente significativo y termina con sus propios padres haciendo el amor al ritmo del tambor, “Mi madre hablaba de fiestas que estallaban de pronto, en los pueblos, como en Babubgo, en el país nkom, a cuatro días de marcha de Banso (…) Debajo de un banano se sentaban los tocadores de tam-tam, golpeaban y el llamado de la música repercutía a lo lejos. Las mujeres empezaban a bailar, estaban completamente desnudas salvo un hilo de perlas alrededor de la cintura. Avanzaban una detrás de otra, inclinadas hacia adelante, con los pies golpeaban la tierra al mismo ritmo que los tambores (…) pág.97
  • Incluir temas tabú, como referencias a escritores o intelectuales africanos: A pesar de que Le Clézio cita a Chinua Achebe y su poema “Navidad en Biafra”, lo hace en el contexto de crueldad, guerra y hambre.
  • “Sus lectores se desilusionarán si usted no menciona la luz de África. Ah, y las puestas de sol”: “Puedo sentir la emoción que él sintió al cruzar las altas mesetas y las llanuras cubiertas de hierba … los contornos azules de los picos que salían de las nubes como espejismos, bañados en la luz africana, el duro resplandor de mediodía, el resplandor del crepúsculo ablandado cuando el rojo de la tierra y la hierba de color paja parecían estar iluminado desde dentro por un fuego sagrado”.
  • Y más ejemplos, aquí.

Geoff Wisner concluye que el escritor casi ha logrado la máxima puntuación tras la comparativa y, dado lo corto que es el libro, parece difícil que alguien lo pueda superar. Es cierto que da la sensación de que el escritor hubiera recurrido a casi todos los tópicos para describir esa “África” de su infancia de forma demasiado literaria (e incluso idealizada) y puede que ahí esté la clave.

¿Tal vez fue la mirada de mi madre sobre ese continente a la vez tan nuevo y tan maltratado por el mundo moderno? No recuerdo lo que ella nos decía, a mi hermano y a mí, cuando nos hablaba del país donde había vivido con mi padre, donde debíamos volver un día. Sólo sé que, cuando mi madre decidió casarse con mi padre e ir a vivir a Camerún, sus amigas parisienses le dijeron: “¿Cómo, entre salvajes?”, y que ella, después de todo lo que mi padre le había contado, sólo pudo contestar: “¡No son más salvajes que la gente de París!” (pág. 75)

Ficha:

  • Título original:  L´Africain  (2004)
  • Idioma: Original: Francés
  • Traducción al castellano: Adriana Hidalgo editora (2007)
  • Traductora: Juana Bignozzi
  • Nº páginas: 135
  • Premio Nobel de Literatura 2008
  • Otras traducciones:
    • L’africà. Edicions 62 [Catalán]
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El ojo del leopardo – Henning Mankell

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“El paisaje invernal congelado de Härjedalen, en el norte de Suecia, me recuerda el paisaje árido de Mozambique y viceversa, así como el calor seco de África puede recordarme el frío de Suecia”, afirma el sueco Henning Mankell en una entrevista. En su novela El ojo del leopardo, escrita en 1990, en la que el protagonista se traslada de Suecia a Zambia, se produce este contraste inquietante por similar. Se contraponen a cada momento los dos mundos, en apariencia, tan opuestos, que el escritor conoce tan bien. De hecho, vive medio año en Mozambique y el otro medio año en Suecia.

Enganchado a África desde que tenía veinte años, ha ido trasladando esta pasión a su extensa narrativa. Alejándose, pero nunca abandonando, el género policíaco, que tantas satisfacciones le ha dado con la creación de su inspector Wallander, publica sucesivamente, entre otras, Comedia infantil, El Chino, El hijo del viento, además de su “Trilogía africana”, cuya protagonista es una niña Sofía mutilada por una mina antipersona:  El secreto del fuego (2000), Jugar con fuego (2001), La ira del fuego (2005).

“La razón por la que escribo tanto sobre África es porque me indigna cómo es vista por el resto del mundo. Cuando la literatura sudamericana llegó a Europa cambió por completo nuestra perspectiva sobre los seres humanos. Pronto sucederá lo mismo con la literatura africana: entonces nos enteraremos de lo que tienen que decir sobre la humanidad”, subraya Mankell.

Hans Olofson, abandonado por su madre desde su nacimiento y a la que nunca ha vuelto a ver, vive con su padre alcohólico manteniendo una difícil convivencia. Su universo se completa con Janine, la mujer sin nariz, y su mejor amigo. Impulsado por una especie de vacío existencial que le lleva a querer saber quién es, y teniendo la sensación de que está viviendo el sueño de otra persona (visitar la tumba de un misionero legendario, tal y como era el deseo de su añorada Janine), viajará hasta Zambia con la intención de permanecer unas semanas, que se convertirán en casi una veintena de años, sin saber cómo. “¿Por qué venimos a África? ¿por qué nos marchamos?”, son dos de las cuestiones a las que intentará responder a lo largo de ellos.

Las tensas relaciones post-independencia, entre los colonos blancos y los negros colonizados asoman desde su primer contacto en tierras africanas. La conciencia de que lo que llega a saber o conocer de África es escaso, la tendrá desde el primer momento y salpicará el texto de manera continua: “No sé casi nada de África-reconoce Hans Olofson. Lo poco que sabía ya he empezado a dudarlo. Aunque sólo llevo aquí dos días” (pág. 58). Pero, aún reconociendo esta dificultad, Hans no se encuentra a gusto en el cerrado círculo que los blancos le proponen como solución. Él intenta una vía intermedia, que le ponga más en contacto con la gente local. Mientras observa cómo a su alrededor las diferencias se enquistan y las diferencias y el odio acaban erosionando el frágil muro con el que se intenta mantener las distancias.

Entre los blancos, aterrorizados, que viven en auténticos bunkers, solo relacionándose entre ellos, construyendo un reducto de defensa con el racismo y el desprecio como manera de comportarse (explotando a los negros laboralmente). O entre lo blancos, corruptos, que utilizan su poder para turbios y asquerosos negocios. Y los negros, que padecen la tiranía de unos pocos que se han enriquecido desde el poder y que siempre están observando lo que los blancos hacen porque de ellos depende su sustento, pero que quieren que se marchen y abandonen de manera definitiva el país… Hans contará con la amistad de Peter, un hombre negro, un hombre comprometido, un hombre dispuesto a darlo todo y que le hará entender muchas cosas sobre ese África que no logra comprender.

Cerrando episodios de su vida pasada, Hans encontrará alguna respuesta en su relación con Joyce, una mujer madre de cinco hijos, a quien ayudará, la más sobrehumana resistencia que sobrevive siempre en el más pisoteado de los mundos. En ella verá la fuerza, la confianza y el futuro de África.

“Ser adulto tal vez consista en ser consciente de nuestra soledad”, piensa (pág. 251)

Ficha:

  • Título original:  Leopardens öga (1990)
  • Idioma: Original: Sueco
  • Traducción al castellano: Tusquets Editorial (2010)
  • Traductora: Francisca Jimenez Pozuelo
  • Nº páginas: 377
  • Leer comienzo del libro, aquí

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El pasado mes de enero, Henning Mankell dio a conocer a la prensa internacional que le habían diagnosticado cáncer. En la actualidad está bajo tratamiento y desde su página web ha comenzado a contar su experiencia con la enfermedad “desde la perspectiva de la vida”.

En Lower River- Paul Theroux

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Paul Theroux cuenta una experiencia personal en este audio, que es el origen de su novela En Lower River: un suceso inquietante que el escritor vivió en Zambia.

En la Navidad de 1954, junto con unos amigos, se adentró en una aldea remota para celebrar la fecha. Allí, bebieron y bebieron, pero cuando intentaron decir que se querían marchar, recibieron por respuesta un “no, no puedes irte, te tienes que quedar“. Fueron cuatro los días que pasaron en esta situación y el motivo que aduce Theroux era que los nativos necesitaban que se quedaran para que continuaran pagando las bebidas. Aquella sensación de impotencia al no poder salir de allí, aquel viaje a la cautividad, nunca le abandonó del todo, y años más tarde le sirvió para escribir esta adictiva novela.

Ellis Hock, el sesentón protagonista de En Lower River, en el pasado fue muy feliz en África. Pasó cuatro años en Malaui, como voluntario, profesor (como el propio Theroux), de los “Cuerpos de Paz”, entre los Sena, en Malabo, una remota aldea en la región de Lower River. Ahora que su vida parece ir a la deriva y su pequeño negocio se está hundiendo al igual que su matrimonio y su vida familiar, el recuerdo de aquella época se le aparece como una suerte de paraíso: unos años idílicos, perfectos, “los años más felices de su vida” (pág.48), en los que, además, se enamoró de una mujer llamada Gala. En este estado de desolación, decide hacer realidad su sueño: regresar. Craso error que pagará muy caro. Una vez en Malabo pronto se dará cuenta de que nada es cómo él lo recordaba (¿o siempre fue así?). Hace cuarenta años la situación era diferente, la gente tenía esperanza, pero después esa esperanza voló. La gente aguardaba un milagro y cuando no ocurrió, se enfureció. Hartos de que sean otros los que imponen las reglas de juego, son ellos ahora los que han dado la vuelta a la máquina infernal.

¿Qué ha querido contarnos Paul Theroux con esta historia?.

Nos transmite lo que se siente al ser cautivo, al no poder elegir, al tener que estar plegado a lo que otros han decidido por ti, mediante una claustrofóbica aventura que lleva una y otra vez a Ellis Hock al punto de partida. En la historia el falto de libertad es el blanco, y el negro el que pone todas las cortapisas posibles. Podríamos llegar a tener lástima de Hock, pero Theroux, sin embargo, no es clemente con su personaje. A pesar de sus buenas intenciones, Ellis Hock es el prototipo de hombre que va a África, para ayudar, con buenas intenciones pero poca información o cautela. No se da cuenta de lo que vivió hace cuarenta años, ya no es posible. “Esto parecía una constante en la vida del país: saludar a los extranjeros, dejarles vivir su fantasía filantrópica-una escuela, un orfanato, una clínica, un centro de bienestar social, un programa para la erradicación de la malaria o una iglesia- para luego determinar si cabía la posibilidad de un beneficio alrededor de todo ese trabajo y gasto-una comisión, un soborno, un puesto cómodo, un vehículo gratis-. Si la estrategia no funcionaba- y pocas cumplían las expectativas-, ¿de quién era la culpa? ¿De quién había partido la idea?.” (pág.134)

Ellis Hock es el tipo de persona que necesita sentirse útil. Sin embargo, su idealismo (“vengo a ayudar”) parece que sólo se pone en práctica en África (“donde está todo por hacer”).  Algo que choca cuando todos conocemos los múltiples lugares/personas/colectivos a nuestro alrededor en los que poder volcar nuestra solidaridad. La aventura de Hock es más una huida, un último intento de alcanzar la “verdadera felicidad”, una manera de tratar dar sentido a una vida infeliz en el civilizado y deshumanizado “primer mundo”. Y es aquí donde surge el África como paraíso, una visión estereotipada más del continente.

Las simpatías del escritor son aún menores hacia las agencias de ayuda internacional. Malabo es una metáfora de lo que supone la misma, un circo montado por políticos y famosos, cantantes o actores/actrices  que tiran cajas de comida desde un helicóptero a un montón de niños huérfanos y abandonados, mientras filman la escena. Un sistema que algunos han sabido tomar para su provecho, convirtiendo al propio Hock en moneda de cambio.

El África de la que Hock tiene añoranza es una visión de su juventud y de un mundo que ya no existe . Con las independencias, nos parece decir Theroux, los antaño colonizadores pervirtieron el sistema acomodándolo a sus conveniencias, con “la ayuda” mantenían la dependencia, la sumisión y lograban apropiarse de los recursos de los países. Apareció así la violencia ciega, la ira desbordada y el horror. A estas alturas, podríamos decir que se da una imagen no conveniente o mala de África (a pesar de que la novela discurre en un único país: Malaui) pero Theroux deja que los africanos expresen las razones, la relación causa-efecto (algunas, hay más) que les ha llevado a aquella situación. Y tanto el pérfido Festus (“-¡Mzungu, puedes irte a cualquier parte¡ Los tuyos pueden hacer lo que les viene en gana. ¡Sois libres de moveros a vuestro antojo porque tenéis dinero¡ Esto son unas pequeñas vacaciones para ti, pero para nosotros es toda nuestra vida,¡ estamos condenados a vivir en Lower River para siempre¡” (pág.368) como sobre todo la anhelada Gala, conducen a pensar que tales comportamientos los han copiado de las actuaciones de la gente de la Agencia, que les tira la comida como si fueran animales para después abandonarles de nuevo.

“-¿Por qué miente la gente?

-Porque les han enseñado a mentir. La mentira les aporta más que la verdad. Y están hambrientos. Si tienes hambre, harás lo que sea, estarás conforme con cualquier cosa, dirás todo lo necesario. Y, además, son perezosos. Es un sitio terrible. (pág.326)

Ellis Hock se asemeja al Allie Fox de La costa de los mosquitos, ambos igual de soñadores y aventureros. Además, me arriesgo a decir, también tiene algo de El señor de las moscas de William Golding, en el desasosegante pasaje de la aldea de niños abandonados, víctimas del SIDA, cuyos padres han fallecido, vestidos con harapientas camisetas donadas por los occidentales, alimentados de vez en cuando por comida que cae del cielo, una aldea de niños y niñas que intentan sobrevivir dejados de la mano por todos, estableciendo una nueva organización entre ellos. Pero sobre todo tiene ecos de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad, ya que ambas contemplan el reverso del alma humana. Ellis, como Marlowe, el narrador de la novela de Conrad, odia mentir; Ellis da mucha importancia a las voces de la aldea de Malabo y Marlowe sabe que el Sr.Kurtz es sólo una voz, un desgarro, y tanto en una como en otra se da la misma situación: alguien a quien no se le quiere dejar marchar.

Nada es estático, todo es dinámico, “nadie se baña dos veces en el mismo río” (Heráclito). Todo cambia, nada permanece. Las imágenes de nosotros mismos en el pasado quedan difusas y descentradas, perdidas cualquier intento de hallarlas de nuevo. Inútil el esfuerzo de Ellis en su búsqueda de lo soñado, la realidad es muy tozuda.

El otro día, nada más aterrizar aquí, me sentí rejuvenecido, como la primera vez que vine. Es una cosa rara la sensación de poder que un hombre blanco experimenta en África. Debería ser al contrario, como si fueras la excepción. Pero no, se nos atribuye una especie de fuerza.

-Porque usted es rico, un triunfador, y está sano. Puede otorgar favores. Ellos nos dan esa ilusión de poder. (pág.60)

Ficha:

  • Título original:  In the Lower River (2012)
  • Idioma: Original: Inglés (Publicado por acuerdo con Peter Lampack Agencgy, Inc, Nueva York)
  • Traducción al castellano: Editorial Alfaguara (2014)
  • Traductor: Ezequiel Martínez Llorente
  • Imagen de portada: Getty images
  • Nº páginas: 372

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Las etiópicas- Hugo Pratt

etipics

Hugo Pratt estuvo durante algunos años viviendo en Etiopía. En 1936, a los ocho años, se instaló allí en compañía de su padre, funcionario colonial, que falleció en aquellas tierras. Pratt estuvo seis años en Abisinia y dicen que su forma de entender el mundo cambió. De la amistad que trabó  con un joven etíope nacería luego el personaje de Beni Amer Cush de Las etiópicas, un guerrero Afar. Cush es la encarnación del África que adora Pratt, a las antípodas del sueño  colonial de su padre. “Me di cuenta que los países colonizados me gustaban mucho  más que aquellos que los habían conquistado”, explicaría años más tarde [1].

Este italiano fue un hombre de una intensísima e interesante vida. Culto, inteligente, excelente escritor y dibujante, toda su trayectoria anterior y posterior tuvo que quedar por fuerza bajo la sombra del personaje por el que será recordado siempre: ”Corto Maltés“. Pero, ¿quién se puede resistir a este marinero hijo de una gitana, romántico y aventurero, siempre viajando de un lado para otro y conociendo a múltiples personajes históricos?, ¿cómo podría ser recordado sino por esta creación mezcla de vagabundo errante y hombre solitario?.  Corto Maltés es un personaje inquietantemente atractivo e hipnótico, rodeado de escenarios míticos y diálogos escuetos plagados de literatura. Un personaje de otra época. En un mundo donde todo es electrónico, donde todo se encuentra calculado e industrializado, no hay lugar para un tipo como Corto Maltés” (Hugo Pratt, citado en la obra de V. Mollica y M. Paganelle, Pratt, 1980).

Las fronteras entre el creador y  su criatura no siempre son muy nítidas y en este caso parecen que confluyen en muchos puntos en común. De hecho en los dos únicos libros que existen sobre su vida, parece mezclar la suya con la del personaje que creó. Es por esa confluencia por la que podemos leer en la biografía de Corto: “en Diciembre de 1928 Corto se encuentra en Harar, Etiopía, acompañado del novelista Henry de Monfreid y del paleontólogo y teólogo Teilhard de Chardin. Una acuarela de Hugo Pratt aparecida en la Revista Corto lo atestigua.”[2]

Hugo Pratt fue un gran lector; entre sus escritores favoritos se encuentran: Jorge Luis Borges, Joseph Conrad, Fenimore Cooper, Herman Corto Maltes, las etiopicas, con cush, hugo pratt, corto maltese, 2Melville o Jack London y Rimbaud, quien como él pasó una temporada en Etiopía. En 1991 la editorial independiente Gallo Nero le encargó diez acuarelas para ilustrar el libro del poeta francés Cartas de África (también conocidas como cartas de Abisinia). La segunda de las aventuras de Las etiópicas se abre con los versos de Rimbaud y no son los únicos en el libro (Bradt, el oficial de la armada británica que los lee, comenta en voz alta maravillado: “francés maldito, pero gran poeta”). También hay una alusión a R.Kipling (al que Corto denomina el escritor de los imperialistas). Sin duda muchas referencias literarias en las aventuras de Corto Maltés, lo que lo puede convertir en un personaje no apto para todos los públicos.

Las etiópicas pueden llevar a engaño porque no se ambientan únicamente en Etiopía, sino que se desarrollan tanto en Yemen como en varias localizaciones africanas, junto al ciclo Los Escorpiones del Desierto y Ana de la jungla recuperan en parte las vivencias de Pratt en su estancia en Etiopía [3]. Son 4 aventuras y vamos contemplando cómo se afianza la amistad entre Corto y Cush a través de ellas. En Las etiópicas, situada la acción aproximadamente en 1918, Corto realiza una reflexión sobre si mismo: “Yo no soy un héroe…Soy como los demás. Y como los demás tengo derecho a equivocarme sin estar obligado a hacer examen de conciencia cada vez…” frase que constituye toda una descripción de lo que es este personaje de cómic en las antípodas de otros como Tintín

El libro se cierra con una aventura que tiene como protagonista a los leopardos, una especie de policía africana, Sin embargo, uniendo de nuevo (ya había aparecido en el capítulo anterior el personaje de Samhael, el hijo de la muerte) realidad o creencias, vivos o muertos, magia o realidad (lo que para nosotros es difícil de entender), Corto se encuentra cara a cara con un leopardo, un hombre convertido en leopardo, y Pratt pone en boca de uno de estos hombres-animales la siguiente frase: “Los mandatarios coloniales son blancos…Y los blancos nunca han entendido África.”

Ficha:

  • Título original:  Les ethiopiques (1972)
  • Idioma: Original: Francés
  • Para escribir este comentario he utilizado como lectura la versión en euskera publicada por “Antxeta argitaletxea”(Baiona)- Ethiopikoak
  • Otras traducciones de esta obra:
    • Las etiópicas-Editorial Norma (2006)
    • Las etiópicas-New Comic (1987)
    • Las etiópicas-Nueva Frontera, S.A
    • Ethiopikoak [euskaraz] Antxeta argitaletxea
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