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Entradas de la Categoría ‘Forna, Aminatta’

La inteligente y extraña belleza de la narrativa de Aminatta Forna

La escritora Aminatta Forna. Fuente: The Guardian

La escritora Aminatta Forna. Fuente: The Guardian

Publicado originalmente en Wiriko-Artes y Culturas Africanas. 11/02/2015

En la década de los 80 se impuso la idea de que un autor blanco no podía escribir sobre negros, sobre la negritud o sobre la experiencia cultural negra o africana.  En una entrevista, Doris Lessing se expresaba así en relación al  dogma que proscribía esas narrativas: “Siento que yo puedo escribir de la experiencia africana tanto como un autor negro africano; así como un indio, como lo es Rushdie, puede escribir sobre la experiencia inglesa o Achebe, que es nigeriano, sobre la experiencia norteamericana.”  Parecería que este tipo de encorsetamientos fueran más propio del pasado, sin embargo en fechas recientes hemos leído artículos de opinión que volvían a encajonar la creatividad y libertad, así como la identidad, del escritor.

El más reciente ha sido el firmado por Ben Okri en el que hablaba sobre la “tiranía mental de los escritores africanos”. Alega que los escritores africanos (otro término sin definir) escriben siempre a partir de los temas que se espera de ellos (que esperan los lectores occidentales) por ser precisamente africanos; pobreza, dictaduras, guerra, corrupción, hambre… Eso les lleva, en cambio, a no ser considerados ya que el lector occidental huye de esas temáticas, y afirma que a los autores africanos les falta libertad para romper la tiranía mental que les impide escribir obras sobre grandes temas…

Aminatta Forna escribe sobre conflictos y también se las ha visto con el tema de la identidad. A menudo se engloba a esta autora bajo la etiqueta de “escritora africana” (en 2007 fue nombrada como una de las jóvenes escritoras africanas más prometedoras por la revista Vanity Fair). En más de una ocasión ella misma ha eludido este “título” alegando que no se ve dentro de esta clasificación. Su padre, Mohamed, salió de Sierra Leona para estudiar medicina en Escocia, lugar en el que conoció a la madre de la escritora y en donde nacieron sus hijos. Con seis meses de vida Aminatta, junto con su familia, regresó al país africano, donde pasó su infancia. Después, el matrimonio se desintegró y Forna vivió a caballo, sobre todo, entre Reino Unido y Sierra Leona, donde su padre ejerció la medicina hasta que se involucró en la política. Una noche se lo llevaron de casa. Aminatta no lo volvió a ver más. Tenía entonces 10 años.

The Devil that Danced on the Water (2002) fue su primera novela y excavaba en su propia memoria: en la necesidad de saber qué le había ocurrido a su padre. La vuelta al país africano, cuando el conflicto estaba terminando, para poder escribir el libro y el camino que emprendió hacia la verdad se cobró su peaje: descubrió que la mentira y la manipulación, la codicia y la corrupción, el miedo y la violencia estarían dentro de ella para siempre. En aquel viaje en el que descubrió que “la guerra había destrozado el país como un tornado”, también supo que el régimen torturó a su padre y sobornó a cuatro hombres para que dieran falso testimonio contra él, acabando por ahorcarle “por traición”. Era el fin de la inocencia.

Fornalandia

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Donde crecen las flores silvestres (2013), traducida al castellano por Alfaguara, es su última novela escrita una década después de la primera pero no se aparta tanto de su trayectoria literaria como, a priori, pudiéramos llegar a pensar. En esta novela la escritora se aleja de tierras africanas para centrar la historia en el conflicto de la antigua Yugoslavia. Sin embargo, a pesar de haber cambiado el escenario, no ha hecho lo mismo con sus intereses y preocupaciones: la cruenta guerra civil de Sierra Leona, que ella descubrió en toda su extensión al investigar la muerte de su padre, y sus secuelas. Éstas se esconden pero no desaparecen tras la historia de Duro, el protagonista de la novela, ya que el dolor por la pérdida, el impacto de la traición y el terrible escenario de muerte y desamparo permanecen en su escritura.

Antes había publicado otras dos novelas que tenían como telón de fondo el conflicto sierraleonés, sin que en ninguna de ellas tratara de explicar las causas, Forna prefiere hablar de lo que se vive y de las consecuencias del mismo.

Tomando como protagonistas a cuatro mujeres El jardín de las mujeres (2006), cuyas historias se enmarcan en un tramo histórico que va desde 1926 hasta 1999 y sin ubicar lo narrado en un territorio concreto, aunque es inevitable pensar en Sierra Leona, nos cuenta la evolución de la saga familiar Kholifa. Abie vuelve a África para reclamar una herencia que su abuelo le legó al morir: los cafetales en los que solía jugar de niña en la aldea ancestral. Los recuerdos de sus cuatro tías lograrán confeccionar un tapiz que tiene el mundo espiritual muy presente. También la guerra civil, con sus traiciones y desapariciones aparecen en la trama. A pesar de que las voces femeninas parecen sólo una, es un texto repleto de escogidas palabras que van haciendo crecer un inmenso jardín ante nuestros ojos en el que las mujeres se reúnen y hablan con palabras elegidas, que logran pasajes luminosos.

Uno de los personajes de El jardín de las mujeres aparecerá en su siguiente novela La memoria del amor. Adrian Lockheart, es el psicólogo londinense que decide marcharse a África, en plena crisis personal, en busca de algo que le sacuda de la monotonía de una vida que fluye sin sentido y que tratará de ayudar a la gente a superar los traumas de la guerra. Si para Adrian ese lugar resguardado, protegido y a salvo que todos necesitamos tener, se llama “casa”; para el resto de africanos que, en este caso, han pasado por una guerra civil, terrible, desgarradora y paralizante, a ese lugar seguro, al que se acude en modo de fuga, se llama “refugio”. Parece el mismo concepto, pero difiere el camino por el que se llega.

En esta novela, al contrario que en El jardín de las mujeres, tres hombres nos narran sus historias. Casi todos los personajes guardan algún tipo de recuerdo doloroso, porque el libro habla sobre todo de la pérdida. Son los días posteriores a la guerra civil que arrancó en Sierra Leona en la década de los 90, los días en los que afloran las consecuencias de la misma, cuando llega el momento en el que víctimas y verdugos caminan por las mismas calles, héroes y traidores confunden sus historias.

Podría Forna haber puesto más el dedo en la llaga de la sangría que supuso una guerra civil donde niños-soldado eran obligados a cometer las mayores barbaridades imaginables, donde las mujeres eran violadas hasta la muerte y donde miles de ojos aterrados contemplaban y soportaban lo inenarrable. Pero prefiere internarnos en las secuelas, en lo que continúa a pesar de que, en apariencia, la vida siga adelante, en la incapacidad de nombrar las cosas por su nombre, en la parálisis de las palabras que se atoran en la garganta. Un grito eterno en la oscuridad. El silencio odioso que se cierne como un velo denso sobre toda la ciudad, en un intento de olvidar lo ocurrido para que desaparezca por sí solo, mientras ganan las narrativas que dan la vuelta a los hechos, mientras las víctimas mantienen su silencio ante los verdugos que, sin haber rendido cuentas por sus actos, ahora pasean tranquilos por las mismas calles por donde sembraron el terror, hasta que la boca se abre: “Cada persona le contó una parte de la misma historia. Y contando la historia de otra persona, contaron la suya propia”. Mientras el occidental necesita encontrar algo que de sentido a lo que vive y llama “trastorno” a los traumas que va conociendo, los africanos saben que lo que transcurre delante de sus narices es la vida, “la guerra tenía el efecto de animar a la gente a tratar de seguir viva. También la pobreza. Era tan difícil sobrevivir que no podía tomarse a la ligera. Tal vez el doctor sueco se imagina intentando acabar con todo si viviera aquí”.

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Duro, el protagonista de Donde crecen flores silvestres, es un ser solitario que está obligado a vivir con el pasado. Cuando llega una familia inglesa a la casa azul, situada en el idílico pueblecito croata de Ghost, que tantos recuerdos guarda dentro de sí, y se ofrece para ayudarles a restaurarla, la sucesión de historias se va encadenando, sacando a la luz lo que parece ocultar la vida áspera y fría del pequeño pueblo. Junto a ellos, iremos descubriendo a unos turistas que no quieren enterarse de la verdad, a un país que ha sufrido una masacre humana y que tras el horror camina en silencio, esperando que ese ser querido desaparecido se aparezca un día delante de ellos, conviviendo con los que saben han sido traidores y culpables de los mayores crímenes imaginables. Una vez más víctimas y verdugos aparecen y todos saben, pero en esta ocasión todos callan y siguen viviendo, sin olvidar, pero sin añadir más dolor.

Leyendo Donde crecen flores silvestres una se da cuenta de que no es el tema lo importante sino la capacidad del escritor para lograr que sea cual sea el tema elegido surja auténtica literatura. Forna eligió un país que no es el suyo para contarnos una historia que transciende los límites estrechos de todos a los que les gusta etiquetar las narraciones, para regalarnos un inteligente texto que formula muchas cuestiones y es de interés tanto para europeos como para africanos o asiáticos. Cuando es verdadera literatura. Algo que Ben Okri debió de olvidar.

Wiriko

La memoria del amor- Aminatta Forna

Para Adrian Lockheart, el psicólogo londinense y uno de los protagonistas de La memoria del amor, que decide marcharse a África, en plena crisis personal, en búsqueda de algo que le sacuda de la monotonía de una vida que fluye sin sentido, ese lugar resguardado, protegido y a salvo que todos necesitamos tener, se llama “casa”. Para el resto de africanos en este caso, que han pasado por una guerra civil, terrible, desgarradora y paralizante, a ese lugar seguro, al que se acude en modo de fuga, se llama “refugio”. Parece el mismo concepto, pero difiere el camino por el que se llega a él.

En esta novela, al contrario que en El jardín de las mujeres, tres hombres nos narran sus historias. En ella no hay cabida para la alegría, si bien no cuesta deslizarse por su historia, bien narrada y atrayente, con todos sus meandros y sus hoyos, a veces sus párrafos son en exceso largos y distraen de lo que se cuenta y sus personajes aparecen un tanto desdibujados. Sin embargo, es un texto que engancha por su enfoque y por los dilemas que plantea. Casi todos los personajes guardan algún tipo de recuerdo doloroso, porque el libro de Aminatta Forna habla sobre todo de la pérdida. Como si estuviéramos en el diván de un psiquiatra y fuera apareciendo esa corriente subterránea que atraviesa a todo ser humano y que casi siempre calla más que dice. Son los días posteriores a la guerra civil que arrancó en Sierra Leona en la década de los 90, los días en los que afloran las consecuencias de la misma, cuando llega el momento en el que víctimas y verdugos caminan por las mismas calles, héroes y traidores confunden sus historias.

Forna nos va introduciendo en la vida de un hospital psiquiátrico, donde muchas vidas irrecuperables luchan por salir adelante, nos presenta a un joven doctor británico que llega para curar lo que países europeos como el suyo han provocado y han ignorado, un occidental que no entiende lo que le pasa a aquella gente,”Caballeros de la edad moderna, cada uno de ellos en busca de su propio trofeo, su Santo Grial” (pág.280). Frente a él, el torturado Kai Manseray, el joven cirujano que guarda demasiados secretos dentro. Y en el medio, Elias Cole, un anciano enfermo que va contando su historia, su obsesión por Saffia (¿acaso era amor?) y su amistad con su marido Julius, rememorando los disturbios políticos ocurridos en 1969, en un intento por redimirse.

Podría Forna haber puesto más el dedo en la llaga de la sangría que supuso una guerra civil donde niños soldado eran obligados a cometer las mayores barbaridades imaginables, donde las mujeres eran violadas hasta la muerte y donde miles de ojos aterrados contemplaban y soportaban lo inenarrable. Pero prefiere internarnos en las secuelas, en lo que continúa a pesar de que, en apariencia, la vida siga adelante, en la incapacidad de nombrar las cosas por su nombre, en la parálisis de las palabras que se atoran en la garganta. Un grito eterno en la oscuridad. El silencio odioso que se cierne como un velo denso sobre toda la ciudad, en un intento de olvidar lo ocurrido para que desaparezca por si solo, mientras ganan las narrativas que dan la vuelta a los hechos, mientras las víctimas mantienen su silencio ante los verdugos que, sin haber rendido cuentas por sus actos, ahora pasean tranquilos por las mismas calles por donde sembraron el terror, hasta que la boca se abre,”Cada persona le contó una parte de la misma historia. Y contando la historia de otra persona, contaron la suya propia” (pág.390).

Mientras el occidental necesita encontrar algo que de sentido a lo que vive y llama “trastorno” a los traumas que va conociendo, los africanos saben que lo que transcurre delante de sus narices es la vida, “la guerra tenía el efecto de animar a la gente a tratar de seguir viva. También la pobreza. Era tan difícil sobrevivir que no podía tomarse a la ligera. Tal vez el doctor sueco se imagina intentando acabar con todo si viviera aquí” (pág.434).

Una novela que nos lleva de la mano por el paisaje humano que queda después de un conflicto bélico, y nos descubre el inmenso túnel en el que muchas personas siguen inmersas y seguirán en otros múltiples conflictos de los muchos que, por desgracia, continúan vivos a lo largo y ancho del planeta. Una novela que nos habla de lo que ya no se podrá recuperar, de todo lo que perdemos, de los seres queridos que no volverán, de la inocencia y de la belleza que se arrebató a mucha gente, allí en Sierra Leona, un lugar que apenas conocemos, un lugar al que nos cuesta mirar.

-¿Qué te contaron sobre lo que pasó aquí? Antes de que llegaras, me refiero-pregunta Mamakay, volviéndose hacia él-¿Violencia étnica? ¿Divisiones tribales? ¡Negros matándose entre ellos, violencia inconsciente¡ La mayoría de los que escribieron esas cosas jamás salieron de la habitación de su hotel, tenían demasiado miedo. Y no conocían la diferencia entre un mende y un fula. Pero siguieron escribiendo la misma historia una y otra vez. Era más fácil así. ¿Y quién había para contradecirlos?. (pág.324)

Ficha:

  • Título original:  The memory of love (2010)
  • Idioma: Original: Inglés
  • Traducción al castellano: Alfaguara (2010)
  • Traductora: Isabel Murillo
  • Imagen de portada:  Fotografía Photodisc/Alamy
  • Nº páginas: 567
  • Premios del libro: Shortlisted for the 2011 Orange Prize for Fiction

5 nombres para seguir en Twitter que no son Teju Cole

Cada vez son más los escritores/as que se dejan tentar por las redes sociales. Twitter, con una técnica de mini-blogging atrae a un buen número. En esta entrada he querido destacar a 5 que tuitean desde la diáspora.

1.-Aminatta Forna (@aminattaforna)

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Foto: mg.co.za

Es, además de escritora, una influyente periodista, locutora de radio y presentadora de televisión. Su primer libro, The Devil that Danced on the Water, unas memorias sobre su padre, disidente político asesinado en Sierra Leona, recibió grandes elogios por parte de la crítica. En 2013 ha publicado su cuarta novela: The hired man.

Tweet seleccionado: aminatta “I have no sense of direction. In American grid plan cities I just walk around in squares” (No tengo ningún sentido de la orientación. En las ciudades americanas diseñadas en cuadrícula, siempre acabo dando vueltas).

2.-Maaza Mengiste (@MaazaMengiste)

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Foto: tadias.com

Escribe para medios como The Guardian, New York Times, BBC Radio 4,Granta, y Lettre International. Con su primera novela Beneath the Lion’s Gaze, ambientada en los últimos años del emperador de Etiopía Haile Selassie fue seleccionada por The Guardian como una de las 10 mejores novelas de literatura africana contemporánea. Prepara su segunda novela: The Shadow King.

Tweet seleccionado:maaza “There´s more to Ethiopia than cute kids&carity&churches. Where are the photos depiciting that?” (Etiopía es algo más que niños encantadores, caridad e iglesias. ¿Dónde están las fotos que lo reflejan?).

3.-Léonora Miano (@leonoramiano)

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Foto: respectmag.com

Premio Femina 2013 por su novela La saison de l’ombre, cuestiona el impacto de las grandes historias sobre las pequeñas. Su primera novela, escrita en francés, se tradujo al inglés y mostró su público desacuerdo con el prólogo de la misma, acusando a los editores de inventarse la trama de la novela y sus intenciones.

Tweet seleccionado: leonora “Les pays africains se mobilisent enfin pour Haïti. On attend le Camerun¡” ( Los países africanos se movilizan por Haití. ¡Falta Camerún!).

4.-Laila Lamani (@LailaLalami)

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Fotos: voiceseducation.org

La puedes leer en Boston Globe, Los Angeles Times, The Nation, New York Times, Washington Post. Su primera novela, Secret Son, fue publicada en 2009 y fue finalista del Orange Prize. La historia de Youssef El Mekki criado por su madre en una casa de una habitación en uno de los barrios pobres de Casablanca, cree poder llegar a realizar sus sueños cuando descubre que su padre a quien creía muerto está muy vivo.

Tweet seleccionado: lalami “Romance novels: life as you wish it is. Crime novels:life as you wish it is not. Literary novels: life as it is.” (Novela romántica: la vida como la deseas. Novela negra: la vida como no la deseas. Novela literaria: la vida tal cual).

5.-Chika Unigwe (@chikaunigwe)

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Foto: naijastories.com

Ha publicado varias historias cortas en diversas antologías. Además ha escrito poemas, novelas y material educativo. Con “On Black Sisters Street” ganó el más importante premio de Literatura en Nigeria, en 2012. De sus lecturas más recientes resalta: Saro-Wiwa, “Looking for Transwonderland”, Tendai Huchu, “The Hairdresser of Harare”, y Onuzo “The Spider King’s daughter.”

Tweet seleccionado: unigwe “Some people come into our lives to prove to us that the human capacity for stupidity is infinite” (Algunas personas llegan a nuestras vidas para demostrarnos que la capacidad humana para la estupidez es infinita).

El jardín de las mujeres-Aminatta Forna

Como en  El jardín de las mujeres también en la vida de la escritora hay una carta. El padre de Aminatta Forna escribió “una carta, una hora antes de ser ejecutado, que fue publicada en la prensa y en la que describía lo que pasaría si no se acababa con la dictadura”. Decía que “se terminaría el estado de derecho, que el país acabaría en la anarquía. Y eso fue lo que pasó”, le contaba a EFE la escritora. Forna habla sobre su padre, un médico de Sierra Leona que había llegado a Escocia para estudiar medicina. Cuando regresó a África se sintió atraído por la política, convirtiéndose en ministro de finanzas. El régimen impuesto por la dictadura le torturó, y sobornó a cuatro hombres para que dieran falso testimonio contra él. Fue ahorcado por “traición” en 1975.

The Devil that Danced on the Water (no traducida al castellano) fue su primera novela y se basó en la investigación que llevó a cabo para llegar a conocer a aquellos que habían conducido a la muerte a su padre de la muerte de su padre (cuando sucedió ella tenía solamente 10 años y durante mucho tiempo desconoció lo sucedido). La escritora solamente cambió un nombre al escribirla: el de uno de aquellos cuatro hombres que habían sido comprados para mentir sobre su padre. “Cambié su nombre porque él era un pobre hombre, vulnerable al tipo de venganza y cruel linchamiento en las calles que suele acontecer después de una guerra civil”

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Aminatta Forna. 2006. Fotografía: The Independent

Su segunda novela fue El jardín de las mujeres. Abie vuelve a África para reclamar una herencia que su abuelo le legó al morir: los cafetales en los que solía jugar de niña en la aldea ancestral y con la vuelta llegaran los recuerdos.

Es cierto que hay muchas historias en este libro. Es cierto que las protagonistas son mujeres, cuatro aunque a menudo parezcan una. Es cierto que es un texto repleto de escogidas palabras que van haciendo crecer un inmenso jardín a nuestros ojos en donde las mujeres se reúnen y hablan. Es cierto que las palabras escogidas son bellas y logran pasajes luminosos de los que una no querría salirse nunca. Es cierto todo eso y mucho más.

Este libro es un lento susurrar a nuestro oído con sonidos de un África lejana en el tiempo, ancestral y repleta de tradiciones, donde las mujeres leen piedras, hasta un continente inmerso en guerras y conflictos que, sin embargo, lucha por salir adelante.

Cada una de estas historias, enmarcadas en un tramo histórico que va desde 1926 hasta 2003, tiene múltiples lecturas. La historia conmovedora de la joven Shera que quiere unos zapatos rojos, es también la del deseo de occidentalizarse. La del joven Janneh, que desaparece por denunciar la corrupción en su país, es también un poco la del propio padre de la escritora. La Noche de Reyes de Mariama, que nos transmite las vivencias y el dolor encerrado en la mente de la que ha visto la muerte, el horror y la guerra, es también la del intento del que llega de fuera para ayudar; en este caso el psicólogo Lockheart, que intenta ayudar a la gente a superar los traumas de la guerra, sin llegar a conseguirlo.

Aminatta Forna escoge a sus protagonistas (cuatro mujeres) para darle la vuelta a las ideas previas que se vierten sobre las mujeres africanas. Y, además, nos habla sobre los sueños y las frustraciones, sobre el amor y el deseo, los cuales no tienen porqué ir unidos, sobre la sumisión, sobre la traición masculina, sobre ser fiel a uno mismo, sobre las catástrofes externas y las internas y sobre el afán por vivir, a pesar de los pesares, con toda la intensidad posible.

El libro habla sobre la opresión de los ricos sobre los pobres, de la corrupción del poder y de la dificultad de plantar cara al abuso, a la injusticia; narra sobre la importancia de la implicación personal, sobre la triste hipocresía de una sociedad que valora de manera más negativa la venganza de una mujer herida que el adulterio del hombre. Habla sobre la gente que decide intentar poner en marcha mecanismos de libertad, de gente idealista que cree en el cambio, de las desilusiones cuando vemos que aquellos a los que amábamos no están a la altura, que se ocultan bajo el ala y prefieren no tomar partido.

La verdadera riqueza, tal y como descubrirá Abie, la protagonista, la encontrará, no en el pedazo de tierra que le han legado, sino en el reencuentro con el pasado de su familia, en las historias que sus tías le cuentan, en las vidas que se encuentran agazapadas en ellas; en todas esas contradicciones, costumbres, ritos,  consejos; en todas esas desilusiones, traiciones y olvidos. En definitiva, en todo lo que para estas mujeres es amado, digno de ser recuperado y contado.

Ahora creo que tal vez nos gustaba tanto copiar a los demás porque así acabábamos olvidando quiénes éramos.

Ficha:

  • Título original:  Ancestor Stones (2006)
  • Idioma: Inglés (Bloomsbury Publishing PLC)
  • Traducción al castellano:  Punto de lectura (2007)
  • Traductor: Íñigo García Ureta
  • Premios:  2008/Hurston Wright Legacy Award, Literaturpreis en Alemania y fue elegida por The Washington Post como una de las novelas más importantes de 2006
  • Otras publicaciones de esta obra:
    • El jardín de las mujeres. Ediciones Alfaguara (2006)
  • Sobre la autora: Aminatta Forna nació en Escocia (1964)  y pasó su infancia en Sierra Leona. Es, además de escritora, una influyente periodista, locutora de radio y presentadora de televisión. Su primer libro, The Devil that Danced on the Water, unas memorias sobre su padre, disidente político asesinado en Sierra Leona, recibió grandes elogios por parte de la crítica. En 2007 Vanity Fair nombró a Forna como una de las escritoras africanas más prometedoras. (www.alfaguara.com)
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