Saltar al contenido.

Entradas de la Categoría ‘Iweala, Uzodinma’

“Beasts of No Nation”, la película, y otros libros que hablan de una infancia en el infierno

beastsofnonationart_reference

Con fecha de estreno el próximo 16 de octubre, a través de Netflix se estrenará Beasts of No Nation dirigida por Cary Fukunaga para aquellos que puedan tener acceso a ella y sin saber si la película se visionará también en nuestras salas de cineLa cinta, definida por The Economist como “una mezcla entre Peter Pan y Apocalypse Now”, está basada en la novela Bestias sin patria del nigeriano Uzodinma Iweala y ha competido ya en el Festival de Toronto y en el de Venecia. Con un Idris Elba como protagonista, en un papel que muchos auguran le hará ganar un Oscar, y una actuación del niño Abraham Attah que ha levantado muchos elogios, la película ha sido comentada por ahondar en los mismos clichés que se asocian al continente africano una y otra vez: donde la violencia es el tema central que justifica por si misma la película, sin importar las causas, razones o los porqués ni ahondar en lo que supone para ellos el ser reclutado y, lo que quizás sea más importante, cómo se vive después.

No descubro nada nuevo si aseguro que la narrativa sobre la dramática situación sobre menores soldados en el continente africano es larga. Demasiado para muchos que consideran que se trata más de una demanda de un público occidental que gusta asociar al continente con lo primitivo y lo violento. Nunca suficiente para los que saben que esta situación se sigue dando, tal y como de manera continua se denuncia desde diferentes ámbitos. El dilema suele estar en cómo contarlo más que en lo que se cuenta, porque si lo que se cuenta es siempre desde la misma óptica, solo se generará un único modo de conocerla. Incompleto y encorsetado.

Destaco tres títulos en castellano: Ninguna de estas tres novelas está contada por una persona que haya padecido esta situación. No son autobiografías, se trata de ficción. Son tres narrativas diferentes, que difieren en sus intenciones completándose y que coinciden en usar la voz infantil como hilo narrador, masculina en el caso de la primera y la tercera y mixta en la de Emmanuel Dongala que está narrada desde el punto de vista de dos personajes; el niño-soldado que va cambiando de nombre según transcurre la acción y la joven inteligente y valiente Laokolé, en una historia en la que se puede leer sobre el violento conflicto entre etnias en el que estaban inmersos: “nunca habíamos vivido en términos de tribu” (pág. 93)

ala_no1012009

emmanuel-dongala-johnny-perro-malo-como-nuevo_iz303082xvzixpz1xfz98771704-126944888-1xim

escanear0055

El problema de una película comercial (insisto en que no la he visto y puede que tenga sus valores, lo dejo en cuarentena) o de un libro superficial en el análisis, que solo haga sentir, alimentando el morbo, y no haga además pensar, es que se emerge a la luz del día con la sensación de que “toda” África es un lugar terrible, violento y devastador, situación de la que no hay salida y sobre la que no podemos hacer absolutamente nada, ya que queda siempre claro que es un problema exclusivo de ellos, y sólo podemos, en el mejor de los casos, compadecerlos … y, casi siempre, olvidarlos. Y así es como la situación se sigue perpetuando, dejándoles a ellos a la deriva y ahogando al continente entero, porque “eso” es África (se dice pronto), en una imagen desacertada, simple y limitadora que le lastra y le mina un poco más.

Reconozco el poder que puede llegar a tener una imagen y no reniego de ello.  Sólo pretendo que se complete si es necesario, que no se simplifique, que se ahonde en lo que nos muestra, que se contraste si hay dudas. Es una manera de saber más. Por eso os propongo otro libro, esta vez de no-ficción. Se trata de Salvar a los niños soldados escrito en 2004 por Gervasio Sánchez quien durante 5 años se documentó sobre el trabajo realizado por Chema Caballero en el proyecto de rehabilitación de menores soldados en Sierra Leona. En el que podéis encontrar testimonios además de reflexiones, datos, hechos y acontecimientos que pueden desmontar muchas de las ideas preconcebidas que sobre ellos suelen aparecer:

9788483066010

1.-Los niños-soldado son verdugos, criminales a los que les gusta matar, merecen ser castigados. Falso: son víctimas y las niñas de manera doble.

Se les separa del núcleo familiar (algunos, incluso, son obligados a matar a sus progenitores u a observar cómo la muerte se produce), son drogados, abusados y alentados por otros para realizar actos de violencia indiscriminada y gratuita. Ishah Johnson fue secuestrada por los rebeldes en 1999 con once años. Fue “violada, usada sexualmente, utilizada como esclava doméstica, pisoteada a lo largo de toda su vida, morirá en el verano de 2003” (pág.88). A pesar de lo cruel, terrible y sanguinario que pueden llegar a ser los actos de los menores soldado, Chema Caballero afirma “que el crimen más brutal, que supera las narraciones más sanguinarias, es el propio secuestro del menor”. Además, sufren una serie de secuelas físicas y psíquicas para el resto de su vida.

2.-Pobres, pobres víctimas, no podemos hacer sino compadecerlos. Falso: “Victimizamos demasiado”, como dice la periodista congoleña Caddy Abduza, “lo vemos con imágenes pero nunca enseñamos qué ha sido de este niño, en qué se ha convertido. Debemos hacer seguimiento de las historias”

Y eso es lo que hace este libro. Son ellos mismos los que nos cuentan sus historias; la de “Killer”, que llevaba en un morral la calavera del primer hombre al que había asesinado, la de Komba Gbanya que mató a un soldado nigeriano y obligado (o eso o la muerte) le sacó el hígado y se lavó con la sangre, la de Isha Kondek secuestrada, embarazada y después abandonada en la selva o la de “Justice” a quien con ocho años le dieron un AK-47 y le asignaron la primera misión. Después hay que ganarse su confianza para que entiendan todo lo que de malo había en sus vidas pasadas, pero sin culpabilizarles. En el libro hay éxitos y también fracasos. Sobre todo entre las niñas, muchas de las cuales acaban en la prostitución.

3.-La esperanza y el final del túnel no existen. Falso: Los niños – soldado pueden rehabilitarse. Y de hecho a veces lo hacen.

Chema Caballero ha calculado el tiempo que precisa un niño-soldado para su reintegración social: 8 meses. Necesitan contar en alguna etapa de la rehabilitación sus historias verdaderas de los años pasados en la guerrilla, algunos no lo harán nunca ni tampoco las niñas se atreven a contar las vejaciones sexuales a las que han sido sometidas. Se va produciendo el “proceso de humanización”, en el que se le hace una de las preguntas más importantes de la nueva etapa que se abre ante ellos: “¿qué quieres hacer a partir de ahora?. Algunos acabarán formando una familia, desempeñando un empleo e incluso estudiando una carrera universitaria. El peligro puede estar en lugares como RD Congo en los que el conflicto armado se encadena y nunca cesa, y los menores si no tienen otro medio para sobrevivir acaban volviendo al ciclo de violencia.

4.-Los conflictos entre los propios africanos que se tornan en primitivos e irracionales son los que originan las guerras étnicas o tribales. Falso: las razones son mucho más complejas y no se trata de “guerras étnicas o tribales” en la gran mayoría de los casos.

“Para quienes siguen con lupa los acontecimientos de África Occidental, las guerras civiles entre distintos grupos armados obedecen a un plan preconcebido que tiene como objetivo mantener la inestabilidad para robar con más facilidad las materias primas” (pág.166) Así, tanto Liberia como Burkina Faso que apoyaron a la guerrilla de Sankoh eran simples marionetas manejadas tanto por Libia como por Francia.

5.-Las guerras en África no nos conciernen. Falso: Lo hacen y mucho

Detrás de la realidad de los menores soldados hay razones de tipo económico (en el caso de Sierra Leona, los diamantes) y político en las que está envuelto el mundo occidental. No nos es ajeno. “La situación actual no se reduce al hecho de que los gobiernos de Liberia y Burkina Faso estén contribuyendo directamente a la catástrofe humanitaria de Sierra Leona, usando redes delictivas internacionales que extienden sus tentáculos por otros países africanos y por los Emiratos Árabes Unidos, sino que también se trata de la trágica inacción de gobiernos poderosos como los de Bélgica y Gran Bretana (ambos pertenecientes a la unión Europea) y Suiza a la hora de establecer mecanismos adecuados de regulación destinados a controlar las actividades de los traficantes y transportistas de diamantes en bruto” (pág.166)

6.-Los africanos tienen armas que ellos mismo fabrican. Falso: El 95% de las armas que hay en el continente son importadas.

“Muchas de las guerras posmodernas o conflictos pequeños y baratos de los años noventa han tenido como objetivo dar salida a una industria del armamento en declive después de la guerra fría”.

7.-Todo el mundo sabe lo que es un niño-soldado. Falso: Tenemos una imagen de ellos, pero desconocemos casi todo en relación a sus vidas.

Eso mismo se pregunta el propio Chema Caballero. Y todavía hoy no es capaz de responder con certeza a esa pregunta. “Hay visitantes que tocan a los niños y se dejan tocar por ellos, y otros, la inmensa mayoría, que sólo miran  de lejos. Como si fuera un zoológico humano. Los grupos guiados llegan casi siempre acompañados por una cohorte de fotógrafos y cámaras de televisión. Muy pocos invitados tienen un verdadero interés por conocer las espeluznantes historias de los beneficiarios del programa” (pág.173)

MISIONERO CHEMA CABALLERO Y GERVASIO SÁNCHEZ PERIODISTA

Chema Caballero y Gervasio Sánchez

La lectura del libro te demuestra que estás ante un gran documento que a pesar de haberse escrito en 2004 tiene, por desgracia, plena actualidad. Nos enseña a mirar la realidad desde otro punto de vista, ahonda en la necesidad de contar que está presente en todo el que ha sufrido una injusticia, a veces la gente sólo quiere eso, que se la escuche (no olvido a los sobrevivientes de aquellos ataques ni a los miles que les amputaron las manos).

La guerra no acaba en esa fecha tan redonda que nos gusta poner separada por un guión al lado de la de inicio. La vida continúa, los hechos atroces pasan y llega la hora de vivir con ello. Suele coincidir con el momento en el que los focos se alejan hacia otro punto caliente del planeta. Pero Chema Caballero continuó alumbrando miles de salidas de aquel infierno en un trabajo titánico y entregado que parece fácil cuando él lo hace, pero estoy segura de que no lo es en absoluto (de hecho es el único programa de este tipo en el mundo que ha tenido éxito). Y Gervasio Sánchez decidió que tenía que contarlo.

Vivo el periodismo como un compromiso permanente y me siento en la obligación de acudir las veces que sean necesarias a esos lugares horribles donde aparece lo peor del ser humano cuando todo se desmorona y buscar esos documentos gráficos y literarios para que nadie pueda decir que no sabía lo que estaba pasando. (Fragmento del discurso pronunciado por Gervasio Sánchez al recibir el Premio Brunet, marzo 2015)

 

 

 

 

 

“Bestias sin patria” de Uzodinma Iweala y la narrativa de los niños-soldados

En la actualidad, una veintena de países siguen reclutando a menores como soldados. Se localizan en todo el mundo y, lo que es peor, Siria, Malí, República Centroafricana o Sudán del Sur, confirman el dato: la existencia de niños y niñas soldado no remite. Por LitERaFRicA ha pasado un autor que escribe sobre los niños y niñas soldado: el marfileño Ahmadou Kourouma. Las casualidades han hecho que otro escritor que trata el tema, el nigeriano Uzodinma Iweala, que lo escogió para su ópera prima (elogiada por múltiples escritores, entre ellos Salman Rushdie), haya caído en mis manos y he acabado por interesarme por la que se viene llamando “narrativa de los niños soldado”, que viene repleta de nombres y títulos.

Solo como ejemplo, Ahmadou Kourouma, Alá no está obligado (2000, Liberia ); China Keitetsi, Mi vida de niña soldado: me quitaron a mi madre y me dieron un fusil (2002, Uganda); Emmanuel Dongala, Johnny Perro malo (2002, África Occidental); Senait Mehari, Heart of fire: from child soldier to soul singer (2004, Etiopía/Eritrea); Uzodinma Iweala, Bestias sin patria (2005,  Nigeria); Delia Jarrett – Macauley, Moses, Citizen and Me (2005,  Sierra Leona); Chris Abani, Canción para la noche (2007,  África Occidental ); y Joshua Dysart, Unknown Soldier (2009,  Uganda).[fuente]

Pero, ¿qué hace que un escritor elija el tema de los niños-soldado como el centro de una novela?.

Ishmael Beah era apenas un adolescente cuando su pueblo se vio envuelto en la guerra civil de Sierra Leona en la década de los 90. En su libro, Un largo camino: memorias de un niño soldado (RBA, 2007) narra sus vivencias de primera mano. Él fue un niño-soldado y, quizás el haberlo plasmado en un libro, sacándolo fuera, le ha dado las fuerzas para intentar vivir con lo que hizo. Por la misma experiencia pasó China Keitetsi, la cual vierte en Mi vida de niña soldado: me quitaron a mi madre y me dieron un fusil(Maeva, 2005). Una ugandesa que fue reclutada con nueve años y que nos muestra el infierno añadido de las violaciones sistemáticas.

Diferente es el punto de partida de Ahmadou Kourouma y Uzodinma Iweala, ninguno de los cuales fue niño-soldado. Con respecto a las motivaciones del segundo para escribirlo, él mismo las explica: “Escribía y escribo sobre la violencia porque quiero entender qué es lo que lleva a alguien a matar, violar y destruir. Escribía y escribo sobre la violencia por miedo a encontrarme algún día en el lado del que agrede o en el lado la víctima de la agresión. Escribía y escribo sobre la violencia porque hay algo fascinante e inspirador en la capacidad humana de enfrentarse a las peores circunstancias e imponerse a ellas” (nota bene).

No he podido evitar acordarme de la novela de Kourouma al terminar de leer la de Iweala. La misma repetición de sucesos horribles encadenados con una lógica que parte en dos la mentes: ¿cómo puede un niño llegar a acometer semejantes atrocidades?. Nuestra imagen de lo que consideramos “un niño” salta por los aires cuando lo enfrentamos a la de “un soldado”, hasta el punto de removernos por dentro de manera insólita.

A pesar de ser narraciones diferentes, ambas utilizan la voz infantil para narrar, con una voz tratada de manera oral, como testigo privilegiado de lo que sucede. Sin embargo, mientras en la novela de Kourouma había humor y sátira, ésta luce por su ausencia en la de Iweala donde todo es sombrío y triste. El protagonista de Kourouma es Birahima, el niño de los cuatro diccionarios, el de Iweala se llama Agu, el niño que sueña con ser médico o ingeniero. Si el primero tiene una forma de comunicarse directa y llena de palabras malsonantes, el segundo habla como un niño que no sabe conjugar bien las palabras. Birahima busca a una tía y Agu a su madre y hermana. Ambos sufren todo tipo de vejaciones físicas, sexuales y psicológicas, a la vez que hacen sufrir a otros todo tipo de salvajadas, mientras consumen droga para adormecerles.

Una de las diferencias fundamentales entre ambas novelas, además del destino de ambos que será diferente, se basa en que Kourouma habla sobre la historia y la política de varios países de la zona, en un esfuerzo por trasladarnos lo que hay detrás de la situación de los niños-soldado. Una diatriba soltada de manera eficaz para hacernos entender que la realidad es la que es porque tras la excusa de las “guerras tribales” se encuentra la codicia de algunos, la riqueza natural de los países, la pasividad de muchos, y una maquinaria muy efectiva que hace ganar dinero (de manera muy rápida, sobre todo a través del tráfico de armas).

Alá no está obligado me dejó noqueada (su inacabada secuela, Cuando uno rechaza dice no, menos). Mientras la leía, veía a un niño cometiendo unas atrocidades  que aún hoy me siguen poniendo los pelos de punta. Su voz era la de un niño, pero se había convertido en un soldado. Me preguntaba qué parte del niño seguía viva en Birahima. Bestias sin patria, que toma su título de una canción del cantante nigeriano Fela Kuti, roza más la niñez, se palpa y se siente a Agu como un niño, aunque realice y padezca las mayores barbaridades, su voz recupera siempre al niño que lleva dentro, aunque a veces le cueste volver a encontrarlo. No sé cómo se puede vivir después de una experiencia como ésta. Lo que sí es cierto es que todos repiten, más o menos, lo mismo: que se han convertido en una mezcla entre niños y ancianos y que “lo más duro es conseguir vivir con los recuerdos y volver a ser tú mismo después de hacer lo que has hecho“.

…y yo pienso que todo se mueve muy rápido, seré un viejo antes de que la guerra acaba. Sé que ya no soy un niño así que si esta guerra acaba no puedo volver a hacer cosas de niños. No volveré para ser maestro o granjero, o Doctor o Ingeniero, y encontraré a mi madre y a mi hermana, pero no a mi padre porque se muere en esta guerra. (pág. 94)

Ficha:

  • Título original:  Beasts of no nation (2005)
  • Idioma: Original: Inglés
  • Traducción al castellano: Duomo Edicones, SL (2009)
  • Traductor: Ramón de España
  • Nº páginas: 140
  • Cine: En agosto de 2013 se anunciaba la posible adaptación al cine de la novela por el director Cary Fukunaga y con el actor Idris Elba en el papel del Comandante, sin que se sepa nada de esta película hasta la fecha.
  • Premios del libro:
    • Premio Los Angeles Times First Fiction
    • Premio Barnes & Nobles discover
    • Premio New York Public Library Young Lions

beasts_final

Nota: Actualización a fecha 14/10/2015. El libro es llevado al cine por el director Cary Fukunaga y con el mismo título. Podéis leer sobre la misma aquí.





A %d blogueros les gusta esto: