Saltar al contenido.

Entradas de la Categoría ‘Khadra, Yasmina’

Las andanzas argelinas del Comisario Brahim Llob continúan (o empiezan)

Hay personas que siguen las aventuras de sus detectives favoritos de tal manera que no se pierden uno solo de los libros que las contienen. Mohamed Moulessehoul, el seudónimo que usa Yasmina Khadra, es uno de los (prolificos) escritores argelinos más (re)conocidos por su narrativa. Hace tiempo, en 1990 inició una serie protagonizada por el Comisario Brahim Llob usando para ello ya el seudónimo por el que se ha hecho famoso. La obra en cuestión fue El loco del bisturí, escrita en francés como el resto de su narrativa, no se tradujo al castellano hasta el año pasado en el que la editorial Esdrújula lo hizo, lo cual nos permite ordenarnormal_yasmina_khadra cronológicamente las aventuras del comisario argelino. Sí se publicaron las siguientes entregas de la serie: Morituri (1997), Doble blanco (1998) y El otoño de las quimeras (1998). Tiempo más tarde, en 2004, el prolífico escritor sorprendió presentando una novela anterior en el tiempo a la denominada “Trilogía de Argel”, La parte del muerto.
El Comisario Llob es un hombre honrado y felizmente casado, pero también directo, violento y dueño de un lenguaje brutal, que además escribe novelas policíacas. Le suele acompañar el tembloroso y despistado Teniente Lino. Duras y descarnadas, las novelas que protagonizan muestran las lacras profundas de un país cosido por el integrismo y sometido a una auténtica “mafia política”. Hay personas que desdeñan el género negro o policíaco por considerarlo “menor”. A favor de estas narrativas se puede señalar que suelen ser espejos que reflejan las preocupaciones sociales y las problemáticas más señaladas de las sociedades en las que se encuadran. En el caso de Khadra pone una enorme lupa sobre su país. De hecho, él fue un ex – comandante del ejército argelino que descubrió muy pronto cuál era la senda por la que quería transitar, tal y como explicó en su libro El escritor, “Lo que sí sé es que (los libros) me han aportado lo esencial: el valor para aceptar mi destino y no renunciar nunca a lo que considero que es más fuerte que un destino, mi vocación de escritor” (pág.127).

El loco del bisturiEn fechas recientes (2015) la editorial Esdrújula (también granadina) ha publicado El loco del bisturí, que es la primera cronológicamente, e inédita en castellano. Una llamada telefónica pondrá los pelos de punta al aburrido comisario al que un mindundi y enchufado jefe, quien “simboliza, él solito, toda la farsa de este país”, le ha colocado los casos más insignificantes. Un desconocido le informa sobre sus intenciones, mientras sujeta con una mano el teléfono y con la otra un bisturí: va a descuartizar a un hombre. Así comienza para la pareja uno de las historias “más espantosas de asesinatos y horror desde julio de 1962” y que llevará a que el comisario Llob se llegue a preguntar “¿Qué es un criminal?”.

morituri-de-yasmina-khadraLa desaparecida editorial gradina Zoela nos acercó la denominada “Trilogía de Argel” que iniciaba Morituri, el  libro que dio la fama al escritor. “Morituri cuenta la vida en Argelia durante el conflicto de finales de los 80. No se sabe en qué año exactamente pero da igual. Y en realidad da igual si eran islamistas o no lo eran. Para el comisario Llob son los malos y punto. Y son unos malos que lo tienen amenazado de muerte porque es policía. (…) La cosa empieza porque ha desaparecido la sobrina de un gerifalte y le encargan a Llob que investigue de forma discreta para que no salpique al hombre importante. Llob pasa de todo y ni discreto ni nada. Pero es que además, llega un punto en que ya da igual encontrar a la chica o no, se despliega ante el lector un abanico de podredumbre y miedo que lo tapa todo, que llega a todas las esferas de un Estado, de un país, en descontrol total.” [Maite Uró]

27737758“¿Quién se beneficia del doble asesinato,en pocos días, de un famoso diplomático a punto de denunciar la corrupción de su país y de un profesor de universidad que deja escritas con su sangre las misteriosas iniciales HIV?”, decía la contraportada de Doble blanco, la segunda (ahora sabemos que no) entrega del comisario argelino.

En LitERaFRicA, tras la lectura de esta novela, mandamos una postal literaria desde Argel gracias a este título. Una de las cosas que más impresiona desde el primer momento es la portada que eligió la editorial Zoela para ella.

En El otoño de las quimeras, Llob asumirá las consecuencias de haber escrito Morituri bajo el EL_OTONO_DE_LAS_QUIMERAS_CASAHOBBYseudónimo de Yasmina Khadra. A la jerarquía argelina no le gusta que un poli escriba novela negra, aún más cuando se dedica a desvelar las oscuras complicidades entre la mafia político-financiera y el terrorismo integrista….

9788420666235Aún quedaría una entrega más, una precuela, La parte del muerto (que no parece estar a la altura de la trilogía), que ahora dudamos en dónde colocar, ¿no debería ir al principio de esta cronología?. Sin embargo, Khadra la escribió la última y es por esa razón que así la mantenemos.

En realidad con ella lo que hizo fue cerrar un ciclo, el que abrió en 1990 mostrándonos las andanzas de Llob y al que después de esta última obra nunca más volvió. La narrativa posterior del hombre que escribía bajo nombre de mujer, no se adentró de nuevo en la literatura policíaca.

Para saber más sobre otros detectives africanos, puedes leer: Hoy contamos una de detectives, publicado en “Africa no es un país” el 17/03/2016

Tanta locura les ha vuelto cuerdos

6a01b7c7d5cc28970b01b7c81b51e0970b-550wi

Joseph Bertiers (Kenia, 1963) “Kenya´s Craziest Bar”, 2006

Publicado originalmente en África no es un país.  09/03/2016

¿Existen las coincidencias?

Sobre mi mesa en este momento hay dos libros de reciente publicación que llevan la palabra “loco” en su portada. Uno es de un marroquí, el otro de un argelino. No tienen nada que ver el uno con el otro, aluden a dos tipos diferentes de locura (veremos), excepto que ambos provienen del norte de África. Pero no solo, pienso, así que reflexiono y recuerdo.

El enterrador compasivo y otros sueños-B. Bandele. Ed.El CobreEl primer libro del continente que leí y que rondaba alrededor de la locura fue El enterrador compulsivo y otros cuentos (El Cobre, 2006), del después director de cine (Medio sol amarillo), el nigeriano Biyi Bandele Thomas. En aquel libro, el narrador indagaba sobre las razones que habían llevado a su hermano Rayo a tal abismo. Se trataba de una inteligencia privilegiada, un empeño en intentar cambiar la realidad y una lucha desigual (siempre lo es) contra el devastador régimen instaurado en Nigeria. Hay una frase, que pronuncia el narrador, que me llamó de manera especial la atención: “Esta cordura me está volviendo loco”. La lucidez ante la sinrazón, el ser tan consciente, sensible y humano, ante la barbarie y la imposición, después de haber intentado derrocar la violencia, aislar la corrupción, poner coto a los miserables, en un entorno social malvado y terrorífico.

La locura.

Para leer el resto del artículo mapa-africa

De dos en dos

Así nos han ido llegando las novedades editoriales (en castellano) en torno a las letras africanas durante el 2015, ¿continuará la racha?.

Ngũgĩ wa Thiong’o

9788490627594 6a00d8341bfb1653ef01b7c7e44c38970b-300wi

La editorial Debolsillo publicaba dos libros del keniata al albur de su eterna nominación al Nobel. Aprovechando el tirón que suponía que el nombre apareciera en todas partes se editaron dos de sus obras (si bien en formato de bolsillo). Se trataba de un ensayo escrito entre 1981-1985 (inédito en castellano) y de la reedición de una novela más reciente, la última que ha publicado antes de empezar con sus memorias.

Desde su brillante comienzo, El brujo del cuervo te hace subir a una atracción de la que no querrás bajarte con facilidad. Ngũgĩ wa Thiong’o condensa en más de setecientas páginas, cientos de historias y personajes llenos de originalidad, imaginación y magia. Se habla de “realismo mágico” y es que la narración no cesa de sorprendernos, entre la risa y la congoja. El “Sunday Times” de Londres reseñaba esta obra así: “Una traviesa y alucinante sátira sobre un dictador. Como si Saddam Hussein hubiera dado un golpe de estado en el País de las Maravillas y enviado a Alicia y al conejo a un campo de trabajo soviético.”

En cuanto a Descolonizar la mente, es el fruto de un largo debate sobre en qué lengua se debe de escribir la literatura africana, que continúa hoy en día. El escritor argumenta que la asunción del lenguaje del colonizador supuso aceptar su visión del mundo; “La lengua fue el vehículo más importante mediante el cual el poder fascinó y atrapó el alma”. Para él cualquier lengua posee un doble componente, en cuanto medio de comunicación pero también como vehículo de la propia cultura. Es un elemento crucial de la propia identidad. Pero el libro habla también del Imperialismo y las formas de resistencia y aporta mucha información y reflexiones importantes para conocer en mayor profundidad la obra y el pensamiento de este hombre que nació en Limuru en 1938, en el seno de una extensa familia campesina que se relacionaba en gikuyu, y que es uno de los referentes indiscutibles no solo de las letras (africanas), sino también como artista comprometido.

Yasmina Khadra

noche-rais locobisturihd

La última noche del Rais se centra en esas horas finales que transcurren la noche del 19 al 20 de octubre de 2011, en las que el coronel comprende que va a ser definitivamente derrotado. Parece que Khadra escribió este libro en una especie de estado de gracia, con una escritura compulsiva, que le llegó tras indagar en la mente del líder libio y que acabó dando forma a esta exoficción, o el arte de crear una ficción a partir de elementos reales.

El loco del bisturí de Esdrújulas Ediciones  recupera la figura del comisario Llob que ya aparecía en las novelas de la Trilogía de Argel y también en La parte del muerto. Tal y como señalan desde la editorial, El loco del bisturí las precede cronológicamente y viene por fin a completar en nuestro idioma las andanzas de este comisario argelino íntegro y gruñón que se las ve y se las desea para poner coto a la delincuencia y a la corrupción en el desgarrado Argel del último decenio del siglo XX.

Boubacar Boris Diop

9788416392070_portadaweb2 MurambiP

De nuevo se vuelve a utilizar la misma fórmula con el senegalés, solamente que esta vez son dos editoriales diferentes las que publican dos novelas.

Desde la Editorial Almuzara nos dicen que El libro de los Secretos (que el escritor publicó en wólof en 2006 bajo el título Doomi Golo) está “Escrito en un lenguaje hermoso, henchido de metáforas y vivas evocaciones, este libro pletórico de símbolos es un viaje a través de la rica herencia cultural de Senegal y una celebración de la memoria y los vínculos entre generaciones. Tanto fábula política como narración íntima, esta ambiciosa novela reexamina un pasado mítico para iluminar una modernidad inquietante.”

De signo muy diferente es Murambi, el libro de los huesos que nos acerca la Editorial Wanafrica y que surgía de la experiencia colectiva “Ruanda: escribir por deber de memoria”, en la que participaron diez escritores y de cuyo germen surgiría, entre otras, esta novela de la que  Ousmane Sembène dijo: “Gracias a su talento creativo, el escritor senegalés hace penetrar en nuestras conciencias los nombres y rostros de las víctimas de la sangrienta tragedia ruandesa. Murambi, el Libro de los huesos permite también medir la responsabilidad, a menudo ocultada, de las potencias occidentales en las grandes tragedias africanas”.

La última noche del Rais–Yasmina Khadra

noche-rais2011. Año en el que nacieron las llamadas “Primaveras árabes”. En Túnez y Egipto, las protestas provocaron la caída de sus respectivos regímenes. En Libia, la capital Trípoli, había sucumbido en manos rebeldes apoyadas por las fuerzas de la OTAN.

Muamar Gadafi, que cuando su pueblo se levantó contra él los calificó de “ratas, burros, drogadictos,cobardes y traidores”, lo que desató un nivel de violencia no vista en los levantamientos árabes, masacraba a su propia población, y Naciones Unidas firmaba una Resolución que le permitía entrar en el país para proteger a los civiles. Tras la caída de Trípoli, nadie sabía dónde estaba el “líder de la revolución”, se especuló sobre su fuga. Pero, Gadafi no huyó, no abandonó Libia, se quedó en su país.

Se escondió en domicilios particulares, hasta que tuvo que buscar refugio dentro de unas tuberías. En Sirte. Allí nació y allí murió el autodenominado “Rey de los reyes tradicionales africanos”. Cuando la ciudad cayó, se terminó también con un símbolo; sucumbía el último bastión del antiguo régimen. Sin que se supiera qué iba a venir después.

“Libia no tiene futuro, los libios no tendremos otro futuro que la guerra en los próximos diez años”, añade con un gesto teñido de resignación, dolor y cierta ira. Directivo de alto perfil en una de las compañías petroleras punteras en tiempos del derrocado Muamar Gadafi. Hazouni no era un hombre del sistema. En Libia, subraya, no había sistema. Era un régimen esculpido a imagen y semejanza de su líder: tan excéntrico como personalista. Todo giraba en torno al tirano y sus caprichos. Nada más importaba. Ni siquiera, a veces, su propia familia, rememora. Él era el principio y el fin de la nación inventada, el señor tribal al que el resto de clanes solo respetaban tanto como temían. El único cemento que cohesionaba una heterogénea sociedad de apenas seis millones de habitantes regida por costumbres ancestrales, donde las fidelidades se compraban con petróleo y las conspiraciones se pagaban con la vida. (“Estado islámico”- Javier Martín. pág. 13-14)

La última noche del Rais se centra en esas horas finales que transcurren la noche del 19 al 20 de octubre de 2011, en las que el coronel comprende que va a ser definitivamente derrotado. Parece que Khadra escribió este libro en una especie de estado de gracia, con una escritura compulsiva, que le llegó tras indagar en la mente del líder libio y que acabó dando forma a esta exoficción, o el arte de crear una ficción a partir de elementos reales.

No es extraño que el propio escritor cite a Rabelais como uno de los autores que habría estado encantado de escribir sobre la vida y obra del que gobernó Libia durante más de cuarenta años. Extravagante, mesiánico, megalómano, desmesurado, egótico y mostrando pocas debilidades, así se muestra el hombre que estaba tras la leyenda que a él tanto le gustaba mencionar. Una figura desquiciada que apenas nos conmueve al recordar su infancia de niño pobre, marcada por la ausencia del padre, ya que casi a renglón seguido rememora la cruel venganza que ejerció contra la mujer que en su juventud amó y que la familia de ella le impidió desposar. O afirma, rotundo, que “Jamás he hecho caso a otra voz que no sea la mía” (pág.79).

Su presencia, que de la mano de Khadra, sólo provoca miedo o sumisión, emerge de sus propias sombras, entre recuerdos (su familia beduina), horrores (la matanza de 1600 presos en la prisión de Abu Salim), lamentos (¿cómo entender que el pueblo quiera acabar con él después de lo que ha hecho por ellos?) y alabanzas (“Soy un ser excepcional, la providencia encarnada y enviada por los dioses”). Especialmente duro en su trato con las mujeres a las que considera meros objetos sexuales, se muestra implacable con cualquiera que osara llevarle la contraria.

Necesitado de adulación de manera constante, la histriónica figura de Gadafi proyecta su penumbra más allá de lo soportable. Dicen que en sus últimas horas se encontró perdido y que temió acabar como Sadam Hussein, con el que en el libro (que se puede permitir este tipo de ¿inverosímiles? situaciones) tiene un revelador encuentro onírico. Además en el texto del argelino también se nombra a Hugo Chávez o a Ben Ali, pero rehúye dedicar ni una palabra a Mandela que siempre defendió a Gadafi, ya que éste lo mismo sufragaba la lucha anti-apartheid sudafricana que apoyaba en Uganda a Idi Amin.

Las terribles imágenes de su muerte en manos de los rebeldes adquieren tintes aún más dramáticos al ser descritas en el papel. Tan solo una metáfora sobre la obsesión (una elegante licencia del autor) que Gadafi tuvo en torno a la figura del pintor Van Gogh nos hace más llevaderas las atrocidades finales, no por conocidas menos impactantes, pero que no nos permite abandonar del todo la sensación de que quizás la novela, muy bien escrita, escora demasiado hacia el lado más obvio y más reconocible de este ¿tipo? de personajes. Nada apenas se sale del cliché en el marco de una vida y una influencia que merece mayor profundidad y alcance. Y una lee (también) para intentar entender.

Todo tiene su precio, Mansur. Tanto la fidelidad como la traición. A los cocodrilos no se les engatusa secándoseles las lágrimas. Eran ellos o yo, los intereses de los Cruzados o los de Libia. Cuando pienso que mis valientes compañeros de armas, esos mismos que se jugaron la vida ayudándome a destronar a ese rey holgazán de Idris, se han dejado seducir por las promesas de los imperialistas y no han vacilado en conspirar contra mí, contra el pueblo libio, contra la patria eterna…Cuando pienso en esos traidores, me digo que no he sido lo bastante severo, que debí ser más féroz, más cruel. Si hoy me encuentro con esta insurrección, es porque mi lado paternal se ha impuesto a mi intransigencia de soberano. Tenía que liquidar a la mitad de mi pueblo para que se salvaran los demás.(pág.72)

Ficha:

  • Título original:  La Dernière nuit du Rais  (2015)
  • Idioma: Original: Francés. Éditions Julliard, París, 2015
  • Traducción al castellano: Alianza Editorial (2015)
  • Traductor: Wenceslao-Carlos Lozano
  • Nº páginas: 174
  • Imagen de portada: Ouchene Amine

106249349

 

Argel, Argelia

Argel, Argelia

Me presenta Argel con gesto folclórico:

-Mire usted esta ciudad. Se está derrumbando de pura insignificancia. Impersonal, anónima, plebeya. Parece una maqueta carcomida. Sin embargo, el cielo que hay encima de ella no tiene igual. Su sol es orgasmo. Idilio su noche.Doble blanco 1997, Yasmina Khadra. Ediciones Zoela (2001) pág. 17

El sol se complica la existencia corriendo tras la estela del Maqam. Le encantaría flirtear con las nubes, pero teme que lo tomen por un pato salvaje. El cielo despliega su azulada tiritera sobre la bahía estremecida. Argel arrulla su pena como lo haría un vagabundo con su botella de vino peleón. Acurrucada sobre sí misma, se esfuerza en contener sus sobresaltos para no estallar. Doble blanco 1997, Yasmina Khadra. Ediciones Zoela (2001) pág. 35

CashbaArgel

Fotografía del Blog de Daniel Chiarenza

Casbah, Old Algiers National Geographic August 1973 Thomas J Abercrombie

National Geographic 1973-Thomas J Abercrombie

Hay ciudades que parecen surgidas de la noche de los tiempos. Sus glorias son letra muerta. Sus historias divagan. Sólo están ahí para atormentar a las conciencias. A veces museo precintado, a veces musa amordazada, el Sol les pone mala cara, y cuando es de día, lo que se discierne es una noche en blanco. 

La Casbah no se remonta tan lejos en los tiempos, pero toma de la noche sus dramas y sus fantasmas (…)

Aquí, en esta inextricable telaraña, la renuncia fermenta como una masa envenenada que crece incesante. La gente ha dejado de esperar. Tiene los pies en el purgatorio, la cabeza en el limbo, y sus oraciones se prolongan en imprecaciones. Las pintadas en las paredes parecen epitafios. Los adoquines hinchan de cardenales la calzada en desgracia. Las puertas cocheras segregan su penumbra hasta en las mentalidades.

Vertedero de todos los infortunios, la Casbah vive asediada por sus epopeyas, al igual que la viuda por los amores de su esposo crucificado cuyos hijos martirizan su memoria por las esquinas.  Doble blanco” 1997, Yasmina Khadra. Ediciones Zoela (2001) pág. 39

argel01

Abajo, la ciudad no acaba de remendar sus caserones familiares. Parece, entre la bruma canicular, una enorme obra. Más allá de la carretera del aeropuerto, el Mediterráneo se solaza, dejándose inspirar por sus chapoteos. Mar adentro, los barcos se entretienen con sus anclas como si fueran anzuelos. Al parecer, así se arman de paciencia.  Doble blanco” 1997, Yasmina Khadra. Ediciones Zoela (2001) pág. 93

Algeria.1890 – www.photographium.com

Por la carretera donde espejea el sol, he visto a felahs deslomándose en sus campos, a camioneros abrazados a su volante, a mujeres esperando un autobús olvidadizo, a niños correteando hacia su colegio, a ociosos meditabundos en las terrazas de los cafetines, a ancianos amojamándose al pie de los vallados. En su rostro, no obstante el peso de las incertidumbres y la negrura del drama nacional, he atisbado una especie de seneridad admirable-la fe de un pueblo bonachón, generoso hasta regalar su última camisa, tan humilde que suscita el desprecio de los que no han entendido en absoluto las profecíasDoble blanco” 1997, Yasmina Khadra. Ediciones Zoela (2001) pág. 72

El escritor- Yasmina Khadra

escanear0018

A estas alturas, quien más quien menos, sabe que detrás del nombre Yasmina Khadra se encuentra un escritor. Argelino por más señas y militar antes de dedicarse a la escritura. Su verdadero nombre es Mohamed Moulessehoul, pero tras seis novelas escritas con su nombre real, decide en 1989 publicar bajo seudónimo, fundamentalmente para poner fin a la autocensura que se había impuesto debido a la delicada situación política de su país y a su posición dentro del ejército. De todo esto nos habla en El escritor, que es una novela autobiográfica, tras la cual hizo pública su verdadera identidad lo que causó un gran escándalo tanto en Francia (en donde residía en aquella época) como en Argelia. Por un lado, porque muchos creían que sus obras estaban escritas por una desgarrada mujer argelina y al descubrir la verdad se sintieron decepcionados y, por otro lado, su pertenencia a un ejército que había perpetrado masacres le acarrea fuertes críticas. El descubrimiento también le ocasionó amenazas por parte de los integristas.

El escritor se lee con atención pero sin entusiasmo. Aporta, eso sí, el germen del nacimiento de la necesidad de escribir en Khadra y su amor por la literatura, lugares estos con los que se pueden identificar todos aquellos que, publicando o no, escriben. Y es, a la vez, un elogio al libro y a la lectura.

Mohamed es un niño feliz y despreocupado hasta el día en el que su padre, un ex-oficial del ejército argelino, decide ingresarlo en la Escuela de Cadetes, junto a su primo. Se trata de una ruptura terrible en su vida, de la que ya nunca más se recuperará. La relación con su padre, un hombre al que en un principio tiene idolatrado, se resentirá para siempre de esta decisión. A partir de ese momento, no volverá a tener la clase de sentimientos que albergaba hacia él. Sin embargo, su vínculo afectivo jamás llegará a romperse del todo. La descripción de los sentimientos del niño de nueve años que solo espera que su padre le abrace, mientras el otro se mantiene alejado, hierático y desapasionado, nos hace comprender hasta qué punto afectó a Mohamed aquella decisión. 

La visión del niño al que pronto colocan en un lugar tan disciplinado y rígido como es el cuadro militar, bajo órdenes férreas, sufriendo física y mentalmente y sintiendo un desamparo que no logra entender (a la Escuela de Cadetes van huérfanos, pero él no lo es), nos hablan de la pérdida de la niñez y su imposible retorno. La necesidad de mantener el vínculo con sus familiares es lo único que lo mantiene a flote, junto a su cada vez más creciente deseo por escribir. Khadra es un niño, y sus lecturas son las de un niño, leyendo Pulgarcito es cuando se dará cuenta de la fuerza del verbo, su lectura será como una iluminación: “Yo había nacido para escribir” (pág.95). Algo que ya se le mostrará como irremediable: “Lo que sí sé es que me han aportado lo esencial: el valor para aceptar mi destino y no renunciar nunca a lo que considero que es más fuerte que un destino, mi vocación de escritor” (pág.127).

El niño crece, y el joven Khadra vivirá sus primeros amores y contemplará cómo su pasión por la escritura no encaja en la disciplina militar de la que no escapará hasta la edad de cuarenta y cinco años cuando decide dedicarse a escribir, “Pero si como civil ya es sopechoso un escritor, ¿qué no será en el ejército? En la institución militar tienes derecho a llevar la cabeza bien alta a condición de que no sobresalga entre las demás. “(pág.212). De ese choque surgirá la necesidad de resguardarse bajo un seudónimo para poder escribir, como hizo con posterioridad. Porque Khadra necesitaba escribir como respirar, rodeado de unos padres a los que ama, pero que se muestran incapaces de llevar adelante una familia; un padre que repudia a su mujer y les obliga a vivir en la indigencia, una madre que es incapaz de vivir en su nueva situación, y una Argelia desesperanzada.

La lectura, en un entorno opresivo y duro, como tabla de salvación, que libera y abre horizontes. Una vez más.

La lectura era nuestra principal forma de evasión. Nos hablaba del mundo que tanto echábamos de menos, de gente que nos hubiera gustado conocer, de tierras lejanas y de otras civilizaciones: nos contaba las guerras, los dramas y las aberraciones de una humanidad en perpetuo cuestionamiento: nos explicaba los mecanismos de la gloria y la decadencia, nos enseñaba a conocer mejor a los demás y nos hablaba de acontecimientos en los que una escuela como la nuestra no tenía por qué fijarse. Teníamos sed de aprender, sed de vivir y de existir; no ya como matrículas, como individuos, con lo que eso supone en cuanto a estados de ánimo, aspiraciones, voluntad de ser distintos, de vestirse de manera distinta, de caminar de manera distinta en lugar de caminar al paso, de llevar el mismo uniforme y la misma cruz sin tener la posibilidad de examinar nuestra situación o de contar con todo. (pág.165)

Ficha:

  • Título original:  L´Écrivain (2001)
  • Idioma: Original: Francés
  • Traducción al castellano: Alianza Editorial, S.A. (2001)
  • Traductor: Santiago Martín Bérmudez
  • Nº páginas: 262

Lécrivain

A %d blogueros les gusta esto: