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Entradas de la Categoría ‘Matar, Hisham’

“El regreso” de Hisham Matar, historia de una obsesión

La búsqueda del padre ausente es uno de los temas más recurrentes en la literatura universal desde la aparición del mítico Telemaco. En las letras africanas, así a bote pronto, me vienen a la memoria al menos dos novelas que giran en torno a dicha temática: Los pies sucios del togolés Edem Awumey y The Devil that Danced on the Water  de Aminatta Forna. Pero Hisham Matar es el único nombre que me viene a la cabeza si me piden nombres de escritores cuya obra entera gire sobre el tema.

Matar es una obsesión con patas, si se me permite esta forma ligera de describirle. O lo fue, que es lo que parece intentar mostrar en este volcado terapéutico. Para los que desconozcan la historia de este escritor hay que explicar que proviene de Libia y que su padre, Jaballa Matar, un diplomático opositor a Gadafi, fue desaparecido por él. Desde los diecinueve años, edad que tenía Matar cuando esto ocurrió, se dedicó en cuerpo y alma a intentar saber si su padre seguía con vida, después a descubrir qué había ocurrido con él. En la misma línea de lo que hizo Nadine Barry en su obra Grain de sable que cuenta los once años de investigación hasta que descubrió toda la verdad sobre la muerte de su marido fallecido tras ser torturado bajo el régimen de Sékou Touré en Guinea Conakry.

Regresar o no hacerlo, es el dilema al que se enfrenta el protagonista, el propio escritor. “Si vuelves, te enfrentarás a la ausencia o a la desfiguración de lo que amabas”, afirma al comienzo del libro. Matar es un ser que ha peregrinado de un sitio a otro: ha vivido en diversos países, hasta llegar a preguntarse ¿de dónde es realmente?. Arrastrando siempre consigo la necesidad de una identidad y la interrogante continua sobre qué le ocurrió a su padre. Él sabe que solo se vuelve en realidad a un lugar: el que vivimos en nuestra infancia.

El tratamiento de la ausencia invade toda la novela. Por supuesto la ausencia notoria del padre, por otro lado tan presente, pero también la de la madre, que sigue a su lado, y la del propio Gadafi que vuela por todas las páginas sin detenerse apenas en ninguna de ellas. Ese vacío que nació desde el momento en el que Gadafi se llevó a su padre y “me colocó en un lugar no mucho mayor que la celda en la que lo encerró”. Ese no saber junto a la necesidad de dar sepultura al ser querido, que tan bien queda descrita en la historia del viejo al que han desenterrado a su hijo, sacándolo de la tumba, y que mantiene el cuerpo sin vida de su primogénito, en su casa, soportando a duras penas el hedor, a la espera de poder enterrarlo otra vez.

Pero, además de la ausencia, el otro gran protagonista de la historia es la poesía. Capaz de ser aliento para los resistentes, los versos aparecen muchas veces en este libro, como los que manan de la garganta del preso Jaballa en la prision, quien afirma que quien se sabe de memoria un poema tiene una casa. La literatura, o como queráis llamarla, qué prodigio, otra vez, capaz de poner alas y elevarnos más allá de toda situación represiva. Para los que estamos convencidos del poder de la lectura, de la palabra escrita o versada, para romper diques y saltar montañas, nos quedamos colgados de las páginas en las que habla del poeta Rajab Abuhweish, que volvió a Libia en 1911 para unirse a la resistencia frente a los italianos y quien compuso mentalmente un poema de treinta estrofas.  En esa forma oral  los versos se extendieron por todo el país, fortaleciendo el espíritu de la resistencia.

El regreso lo compartimos en el primer Club de Lectura “Mamah Africa” de este año. De su mano nos adentramos de puntillas en ese país tan desconocido y hermoso del Norte de Africa (muchas confesaron que se habían quedado con ganas de conocer más). La obsesión por saber la verdad sobre el padre de Hisham Matar nos llevó a un viaje introspectivo en el que visionamos la historia reciente de este país, todo su dolor silenciado. Pero también nos hizo constatar la importancia de la poesía, la necesidad de escribir sobre lo vivido y el lugar que pueden llegar a ocupar los libros y la palabra escrita u oral en sociedades reprimidas y sin libertad.

El regreso (The Return, 2016) – Editorial Salamandra. Traducción: Javier Guerrero. 2017. También en formato e-book.

Solo en el mundo – Hisham Matar

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Tras la historia que nos acerca el libio Hisham Matar, encuadrada en la época de los primeros tiempos de Gaddafi, hallamos la descolocación de una infancia cuando se ve envuelta en sucesos que ni los propios adultos son capaces de asimilar. Solimán tiene apenas nueve años y vive inmerso en una soledad que le imposibilita entender lo que ocurre a su alrededor. Su mundo está lleno de ocultaciones, para tapar la dura realidad que puede dañar su infancia, y de carencias afectivas fruto de los propios caracteres de sus progenitores forjados en sus íntimas experiencias.

Con esta su primera novela Hisham Matar quedó finalista del Man Booker y recibió elogios de personajes como Coetzee. Después llegaría Historia de una desaparición (Salamandra, 2012) en la que el protagonista emprende la búsqueda de su padre desaparecido, en un texto sin referencias explícitas a Gadafi, y este mismo año ha publicado su tercera obra: The Return: Fathers, Sons, and the Land in Between. Las tres  pivotan sobre unas relaciones familiares condicionadas por una realidad política y social restrictiva y minante. Son formas de exhumar el dolor y de traer el recuerdo, una vez más.

Como Aminatta Forna, Hisham Matar también tuvo la necesidad de volver a Libia para saber qué le había ocurrido a su padre. En 1990, agentes secretos secuestraron a su padre, un opositor al régimen del Guía, en El Cairo. En 2012, tras la caída de Gadafi, el escritor volvió a Libia a intentar encontrar alguna noticia sobre el paradero de su progenitor, al igual que Forna hizo lo propio en Sierra Leona. En Típoli pasó por la cárcel de Abu Salim, tristemente famosa por las torturas y las ejecuciones, en donde supo que había estado su padre, pero no pudo acercarse al lugar. Matar volvió a EEUU con las manos vacías y, desde entonces, su padre continúo en paradero desconocido.

Solo en el mundo nos habla de la ausencia del padre, un intelectual comprometido. Y también de una madre que ha tenido que asumir su destino trazado por otros, en el que también tiene su hueco el propio Solimán. En el medio, queda un niño que no entiende la mayoría de las cosas que ocurren a su alrededor pero que poco a poco comienza a necesitar hablar de ellas, racionalizarlas y darles un sentido. Desde la memoria del adulto que rememora su infancia, contempla aquellos tiempos en los que sabe que pedía “Afecto. Creo que era lo que yo deseaba. Un afecto seguro y firme. En una época de sangre y lágrimas, en una Libia llena de hombres golpeados y manchados de orina, castigados por la miseria y ansiosa de libertad, aquel niño ridículo ansiaba afecto. Entonces no me lo planteaba en estos términos, pero de pronto mi autocompasión se convirtió en odio hacia mi mismo” (pág.175).

El pequeño Solimán realiza justo los actos contrarios que debería de realizar para ser amado. Hiere a sabiendas y es violento de manera voluntaria. Matar nos dice que tras el comportamiento arisco de un niño de nueve años se puede encontrar una necesidad extrema de ser amado. Rodeado de un mundo en el que parece que los sentimientos se han encerrado bajo llave, en el que el caos y la insensibilidad han aflorado de una manera brutal, Matar vuelve una y otra vez a través de Solimán a su único hogar. En mi opinión, cuando sus padres deciden enviarle a El Cairo a estudiar para ponerle a salvo de la locura, el joven comprende que la Libia a la que no desea retornar pero que echa de menos, es la que formaban sus padres y él.

Hay muchos momentos en esta novela que te transmiten una gran carga de sentimientos. Quizás es fácil conmover cuando se escribe sobre temas tan brutales. Se dice que es una novela trillada (pérdida de la infancia y de la identidad al dejar de pertenecer a un lugar). Matar incide, sobre todo al final del texto, un tanto precipitado, en la falta de valentía a la hora de abordar nuestro propio destino. A mi me ha parecido excelente la manera en la que nos va describiendo al pequeño Solimán, cómo vamos descubriendo con él lo que de verdad está ocurriendo, observamos desalentados a través de sus ojos el brutal ambiente que lo condiciona todo, nos sentimos a su lado cuando relata cómo se aferra a la cintura de su padre y le comprendemos cuando sueña otro pasado para su madre.

Empecé a imaginar lo que habría hecho yo para salvarla. Golpeaba el cristal de la ventana de la habitación en que estaba prisionera y la ayudaba a saltar. Escapábamos a un lugar donde nadie pudiera encontrarnos. Y, para evitar murmuraciones, fingiríamos ser hermanos, porque yo tendría nueve años y ella catorce. Yo haría barritas de sésamo que vendería a los niños y repartiría por las casas en mi potente motocicleta. Con el dinero que ganara le compraría libros. Y un día ella encontraría al chico con el que estaba en el Cafe italiano y volvería a enamorarse de él. Pasaría en mi moto y los vería con las manos juntas en la mesa de un café y una gran sonrisa en los labios. Y cuando ellos hubieran descubierto muchas razones para estar juntos y leído todos los libros del mundo, llegaría el momento de que yo naciera. Repetía la historia con la imaginación: la salvaba, escapaba con ella, volvía a salvarla…hasta que el sueño me envolvió y me dejé arrastrar por él, sintiendo que dentro de mí se encendía la suave luz de la esperanza (pág. 182)

Pero también la manera en la que describe una ejecución. Estremece. Tanto la escena en sí como la reacción de la gente. Y volvemos a entender la necesidad de Solimán de hablar sobre ello.

Ficha:

  • Título: In the Country of Men
  • Idioma: Original: Inglés (2006)
  • Traducción al castellano:  Salamandra (2007)
  • Traductor: Ana María de la Fuente
  • Fotografía portada: Jake Wyman. Getty images
  • Nº páginas: 252

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