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Entradas de la Categoría ‘Ndongo, Donato’

30 años cumple “Las tinieblas de tu memoria negra”…¿la has leído ya?

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Assata ediciones

Fue en 1987 cuando la primera novela de Donato Ndongo salió a la luz. 30 años han pasado. Y desde entonces ha recibido premios (Sésamo, 1984), ha sido reeditada, entre otras, por Editorial Fundamentos y Assata, y estudiada y traducida a múltiples idiomas. Estamos ante una obra, la primera de su trilogía inacabada “Los hijos de la tribu”, que muchos críticos han calificado de autobiográfica (Donato sonríe meneando la cabeza en signo de negación cuando se lo mencionas) o novela de iniciación comparada con el Lazarillo de Tormes. Lo cierto es que narra, desde un estilo que repica lleno de oralidad, la historia de un niño y las diferentes etapas que va viviendo con el trasfondo de una Guinea Ecuatorial siniestra y, a un tiempo, mágica y plena de sugerencias.

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Donato Ndongo, escribir cuando se desborda el corazón

Donato Ndongo.

Donato Ndongo

La editorial Verbum publica el poemario ‘Olvidos’ y los cuentos ‘El sueño y otros relatos’

Publicado originalmente en África no es un país.  Bilbao 22 ABR 2017 – 20:15 CEST

Donato Ndongo-Bidyogo tiene un rostro afable y una mirada inteligente. Habla despacio y mesurado, con las ideas bien ordenadas y claras en su mente. Está acostumbrado a escuchar de manera atenta. A veces sonríe, y tras mirar fijo un rato con el ceño en modo reflexión, responde con suavidad: “preferiría no contestar a eso”, dice igual que podría hacerlo el Bartlebly de Herman Meville. Tiene la piel expuesta pero ya curtida por años opinando, escribiendo, hablando, y sus ojos se cierran casi hasta transformarse en dos puntos al argumentar que ya ha hablado de eso en el pasado, y que ahora no lo quiere hacer, esquivando de esta manera aquellas preguntas que considera que ya no debe contestar; como por ejemplo dar su opinión sobre la obra de tal o cual escritor de su país de origen: Guinea Ecuatorial.

Le comento, entonces, la eterna cuestión… si cree que la voz africana está siendo secuestrada por escritores de la diáspora frente a los que escriben en el continente y tienen que luchar para que su obra sea oída y leída. “Por lo que sé, ningún escritor africano ejerce de africano”, contesta. “No somos africanistas, sino africanos, vivamos donde vivamos empujados por las circunstancias de nuestras azarosas existencias. Más bien creo que somos voceros autorizados y cualificados para hablar en nombre de todos nuestros compatriotas que sufren en silencio, o porque no pueden expresarse por vivir bajo tiranías, o carecer de la instrucción, proyección u oportunidades que ayudan a crear opinión”.

Para leer el resto del artículo mapa-africa

Un poema de amor (¿y una canción desesperada?)

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   Borracho de ternura

                                                  llamé a ti, amiga mía,

                                                  cuando los llantos

                                                  suspiraban en mi recuerdo.

                                                  (Palabras en el tiempo)

Donato Ndongo-Biyogo, del libro Olvidos; Edit. Verbum, 2016

 

Fotografía: Malick Sidibé

Literaturas hispanoafricanas: realidades y contextos – Inmaculada Díaz Narbona (ed.)

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Si algo vamos aprendiendo es que hay muchas literaturas dentro de las áfricas. La editora de este libro y profesora en la Universidad de Cádiz, Inmaculada Díaz Narbona, que lleva metida en esto desde el 82 (y “esto” es el estudio, la enseñanza y la difusión de la literatura africana) lo sabe de sobra. Las literaturas hispanoafricanas, aún tan desconocidas, son una de ellas.

A través de este libro se asume la tarea de dar a conocer un nuevo panorama e indagar, a través de 15 artículos de otros tantos especialistas, sobre aquellos autores, originarios o procedentes del continente africano que, por diversos motivos o por elección, han preferido escribir en castellano, catalán o gallego. No se llega a nombrar a ninguno que haya optado por el euskera y yo misma, a pesar de andar investigando, no he encontrado “de momento” ningún nombre. Además, el libro amplía su visión al profundizar en la recepción de los libros que, escritos en otras lenguas, se han traducido aquí.

Donato Ndongo

Donato Ndongo

Uno de los pilares, que no el único, sobre el que gira gran parte de los textos del volumen tiene como protagonista a la literatura Guineo-ecuatoriana. Recuerda el escritor Donato Ndongo cómo se le acusó de inventar una literatura nacional inexistente cuando publicó en 1984 la primera Antología de la literatura guineana y cómo ahora mirando hacia atrás sabe que acertó. Con aquella obra inició su trayectoria literaria que se cimenta en la denuncia y el compromiso. Señas de identidad de un escritor humano, demasiado humano, y que se desparraman por sus novelas Las tinieblas de tu memoria negra (1987), Los poderes de la tempestad y El metro (2007) analizadas por Natalia Álvarez que nos hablan del pasado y presente del continente, “Tal como expresa Ndongo-Bidyogo en alguna de sus composiciones poéticas, el escritor llora su tierra y describe la triste historia de su mundo. De ahí que en el conjunto de su obra nos transmita su conciencia ética, su pretensión de hacer conocida la realidad africana y guineana” (pág. 41)

Junto al análisis de la obra de Ndongo, el libro contiene también el de las obras de César Mba Abogo, considerado “como laZemi Kede gran esperanza de la nueva literatura guineana” tras publicar El porteador de Marlow, de la mano de Lola Bermúdez.

Otro trabajo es el dedicado a las cartografías sexuales de las obras de Guillermina Mekuy y  Agnés Agboton,  que suscribe Asunción Aragón Varo, desde la visión más occidentalizada de la primera, hasta los cuentos recopilados de Zemi Kede de la segunda que “ofrecen nuevas maneras de repensar qué es lo erótico desde una mirada distinta, profunda y “extraña” (pág.63).

Precisamente sobre Guillermina Mekuy, una escritora cuya novela El llanto de la perra tuvo un recibimiento rodeado de polémica, escribe también Victorien Lavou Zoungbo. Él mismo hace mención a la reseña que escribió en su día Marta Sofía López, quien en una entrevista con Mischa G. Hendel (2008) opinaba de esta manera sobre la obra “podría ser de Guinea Ecuatorial y podría ser de Kuala Lumpur. No hay ningún tipo de referente al contexto histórico o político de Guinea Ecuatorial“. En este sentido explicaba que “si pretendes venderte como escritora de Guinea Ecuatorial, y cuando menos en El llanto de la perra en la contraportada se hace ese referente, luego no puedes sustraerte a este peso de la historia. No puedes escribir sobre un país más o menos utópico en el que el único gran problema es que las niñas de clase bien no pueden conseguir telas bonitas para su vestido de la primera comunión”. Victorien Lavou, en contraposición, quiere resaltar la disputa del referente Guinea Ecuatorial (en el caso de la novela de Mekuy)/África: “conste que lo que está en juego es la idea del África construida por unos sujetos colectivos desde distintos lugares de enunciación y desde historicidades y compromisos contradictorios” (pág.231)

Mención aparte merece el texto que firma Justo Bolekia Boleká, quien nos invita a hablar de poesía realizando un repaso extraordinario desde los poetas “anónimos” de la tradición oral hasta los más contemporáneos (entre los que señala a Juan Tomás Ávila Laurel y a Recadero Silebo Boturu) quienes “carecen de unas mínima promoción a nivel político-cultural (reconocimiento del escritor), socioeconómico (empoderamiento del escritor y poeta) etc… (pág.100).

Para conocer la literatura que se escribe en castellano desde Marruecos recomiendo asomarse al blog del escritor Sergio Barce, en quien Enrique Lomas López rastrea la “búsqueda identitaria en la escritura de uno de los autores más paradigmáticos de esta literatura intersticial que se sitúa entre el norte de África y el sur de Europa” (pág.271).

“Marruecos: poesía y narrativa social e independentista escrita en castellano”, es el texto que firma el escritor Cristián H. Ricci (autor de  ¡Hay moros en la costa! Literatura marroquí fronteriza en castellano y catalán, Editorial Iberoamericana, 2014) que le lleva en su recorrido por los escritores marroquíes en castellano desde Sabbag hasta Azzuz, afirmando “que, salvo contadas excepciones, la literatura marroquí en castellano ha progresado cuantitativa y cualitativamente, Laila_Karrouch_6con un contenido temático genuinamente marroquí que no difiere en nada del resto de la literatura nacional contemporánea” (pág. 143).

Continuando por el norte africano, de los escritores magrebíes que han abrazado la escritura en catalán nos informa Josefina Bueno. Inmigrantes de segunda generación como Laila Karrouch, Najat El Hachmi o Said El Kadaoui que “son ejemplos de cómo la literatura está contribuyendo a redefinir las identidades en un contexto marcado por el transnacionalismo, donde los refugiados, los exiliados y los migrantes están transformando los paradigmas de las literaturas nacionales” (pág.129).

Otra de las literaturas de las que se habla en el volumen es la que viene del Sáhara, de la que se encarga Conchi Moya. La Generación de la Amistad surgió desde los campamentos de refugiados, como “la primera generación de escritores del Sáhara Occidental que tomó la decisión de constituirse oficialmente como grupo literario (pág.312) y “que ha conseguido publicar libros con cierta regularidad”. Sus obras hablan en castellano sobre el olvido, el expolio, la ocupación, el exilio y el abandono.

Pero, como he adelantado al principio, el libro contiene además otros cuatro textos que tratan otros cuatro temas interesantes. Tanto la literatura africana anglófona  (sobre la que escribe Maya G. Vinuesa) como la literatura africana francófonoa (Claudine Lécrivain) y su posterior traducción al castellano y recepción, por el público y por el mundo editorial, son sometidas a estudio. Lo mismo hace Blanca Román con la literatura hispanoafricana y con la que deriva de los mundos de la traducción escrita por mujeres africanas, con la que guardo idéntica esperanza de verlas en el lugar que se merecen.

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Por último, Inmaculada Díaz Narbona nos ofrece una monografía para la reflexión (no en vano lo cierra con una interrogante que deja en el aire) al enfrentarnos a la literatura testimonial africana que utiliza alguna de estas lenguas como vehículo. Un corpus de obras que tienen como principal característica el querer contar la historia, sus historias. Desde Calella sen Saída escrita en gallego por el camerunés Víctor Omgbá  hasta Más allá del mar de arena de Agnes Agbotón, nos encontramos frente a una literatura que no es ficción. La dureza de la decisión, el tremendo viaje y “el descubrimiento de la realidad de Eldorado ansiado, es probablemente la culminación de la crueldad del viaje” (pág.159), y después la invisibilidad y la soledad. Es aquí cuando quiero enlazar con el ensayo de Mar García sobre ese “camerunés hispanófono, un “accidente de la migración”, como se le ha denominado a Inongo-vi-Makomé, quien invierte en su obra la escala de valores dominante,”los privilegiados no son los inmigrantes que han conseguido atravesar las fronteras y mezclarse, sino los que reúnen la energía y los medios suficientes para regresar a África” (pág.194)

Literaturas hispanoafricanas: realidades y contextos es un libro sobre literatura que se puede leer de un tirón o poco a poco, a ratos, según el momento. A algunos,  a priori, os puede parecer árido, pero no lo es en absoluto, es lo que he intentado deciros. Los textos seleccionados inciden en múltiples cuestiones que pueden alargar vuestros debates interiores (y si os animáis a comentar, también los exteriores) agrandando vuestra perspectiva sobre la literatura. Díaz Narbona continúa en su labor visibilizadora, aumentando la lupa con la que miramos a veces desde algunas esquinas demasiado estrechas y ensanchando el universo de la literatura que proviene de las áfricas con aquellos que han optado por el castellano, el catalán o el gallego (euskaraz ¿oraindik ez?) para expresarse por escrito.

No podemos sino agradecerle que nos siga enriqueciendo.

Ficha:

  • Título original:  Literaturas hispanoafricanas: realidades y contextos (2015)
  • Autores: Inmaculada Díaz Narbona (ed), Donato Ndongo-Bidyogo, Natalia Álvarez Méndez, Asunción Aragón Varo, Lola Bermúdez Medina, Justo Bolekia Boleká, Josefina Bueno Alonso, Inmaculada Díaz Narbona, Mar García, María G. Vinuesa, Victorien Lavou Zoungbo, Claudine Lecrivain, Enrique Lomas Lopez, Conchi Moya, Crstián H. Ricci, Blanca Román.
  • Idioma: Original: Castellano
  • Editorial: Verbum (2015)
  • Nº páginas: 375

Los poderes de la tempestad – Donato Ndongo

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La portada de este libro es obra de Luis Fernando Martín Santana que ya ilustró el poemario de Sib Sansan para la misma editorial Assata, y es un acierto. Los poderes de la tempestad está localizada temporalmente en la época de la dictadura en Guinea Ecuatorial de Francisco Macías (1969-1979), apodado “el tigre”, que devino una vez el país consiguió la independencia que, como en tantos países africanos, no trajo la libertad sino más opresión incluso. Los mecanismos del régimen personalista y tirano que él impuso quedan reflejados en la imagen de la cubierta, en la que se transmite la imposición y lo que el propio escritor denominó “la absoluta banalización de la vida y de la dignidad humana“.

Fastos conmemorativos del Acta de Independencia de la colonia española

Independencia de Guinea Ecuatorial (1968)

Donato Ndongo ha estado recientemente en Córdoba, en la 12ª edición del Festival de Cine Africano, en el encuentro denominado “Literatura e inmigración” junto a Mahmoud Traoré. En el mismo, el ecuato-guineano desvelaba que su primera incursión en la escritura fue el relato “El sueño” publicado en 1973 en una revista que dirigía Camilo José Cela, y que trataba de un sueño que en realidad era una pesadilla, basado en una noticia que él había escuchado sobre unos senegaleses que se habían ahogado en el río Bidasoa en un intento por pasar a Francia de manera clandestina.

La experiencia de la inmigración la contó también en otra novela suya El Metro (2007), queriendo dar el punto de vista del africano que se ve obligado a partir y formulando la siguiente pregunta: “¿por qué tenemos que salir de África y pasar todas estas dificultades hasta llegar aquí, donde tampoco encontramos la felicidad?”. Se trataba de una descripción detallada del viaje (“huida” lo llama el propio escritor) hasta alcanzar el lugar en el que poder llevar una vida mejor, la misma minuciosidad que años antes había utilizado para escribir Los poderes de la tempestad.

La pesadilla ecuato-guineana

Guinea-Ecuatorial

Guinea Ecuatorial. Fotografía: La aventura de la Historia

Más cerca le queda la experiencia del exiliado. La dictadura de Francisco Macías le sobrevino cuando se encontraba en territorio español y le fue imposible volver a su tierra. Lo intentaría tiempo después cuando, tras el derrocamiento del dictador, Teodoro Obiang (su sobrino y siguiente en la lista) le tomó el relevo, fracasando en su intento. Desde entonces ha residido fuera de su tierra natal. A pesar de ello, Donato sigue deseando con fuerza volver a Guinea Ecuatorial y vivir allí, pero de momento pertenece a una generación obligada a permanecer exiliada. “Creo que somos un laboratorio para que la gente vea, hasta que punto alguien puede aguantar dos dictaduras”, dice irónicamente otro escritor, Francisco Zamora, sobre Guinea Ecuatorial (casi tres, añadiría yo, con la que soportaron como colonia de Franco).

Se puede llegar a pensar que Los poderes de la tempestad, segunda entrega de la trilogía “Los hijos de la tribu” que inició con Las tinieblas de tu memoria negra (1987) es una novela autobiográfica. De hecho, narra el regreso de un hombre exiliado, que tiene un cierto nivel de vida como abogado en Madrid y que, junto a su mujer y su hija, vuelve a su tierra en un intento por contribuir al progreso de su país y ver a su familia y amigos de nuevo. Sin embargo, Donato Ndongo, en una entrevista, confesó que el itinerario del abogado es paralelo no al suyo propio sino al de su hermano, “…en Los poderes de la tempestad [dice] se presentan, de alguna forma, hechos basados en la vida real, en las experiencias, o mejor dicho, en las desgracias que le ocurrieron a un hermano mío que vivía en Guinea Ecuatorial. Mi hermano era funcionario de las Naciones Unidas y al llegar a Guinea, en época de Macías, fue encarcelado y estuvo en la cárcel durante varios años. La novela está inspirada de cierta forma en la vida de mi hermano”.

Lo cierto es que la aventura del protagonista sin nombre de la novela puede tener componentes de las historias de varias personas, tantas cuyos testimonios pudo llegar a escuchar o conocer el escritor en aquellos meses en los que regresó a su tierra y contempló desolado el páramo en el que se había convertido.

Se trata de un texto de clara denuncia, en el que el Ndongo vuelca en el abogado uno de sus anhelos fundamentales; salir de allí para contarlo, salir de allí para denunciar lo que ha visto, para gritar la injusticia, las atrocidades, la ruindad. ¿Cómo se puede vivir sabiendo que se asesina, que se mata a golpes, que se tortura y no decir nada?, ¿cómo se puede seguir viviendo conociendo lo que se conoce, habiendo visto lo que se ha visto?… No en vano el escritor afirma en una entrevista: “En la etnia fang, a la que pertenezco, no existe el arte por el arte, sino que tiene que ser útil, además de bello. Mis libros son una propuesta de acción para que se resuelvan los problemas que aquejan a esta generación de africanos.”

Si alguna conclusión ventajosa podía deducirse de vuestro viaje absurdo y desgraciado, era ésa: a partir de ese momento te ibas a oponer con todas tus fuerzas a la barbarie imperante en tu país, donde, bajo la falacia de un tribalismo envuelto en nacionalismo, en la más aterradora dictadura recubierta por palabras altisonantes y huecas como libertad e independencia, los hombres eran tratados peor que los animales y ya no quedaba lugar para el humanismo y la misericordia. (pág.118)

El libro es fruto de muchas preguntas, a muchos niveles e induce a pensar en las causas, los posibles factores que han llevado al país a la situación en la que se encuentra. Para ello no se libran de la crítica ni siquiera sus compatriotas.

El pueblo guineano jamás saldrá de la opresión mientras siga soportándolo todo sin la más mínima protesta, fue lo que pensaste, indignado.  ¿Resignación cristiana, cobardía innata?  ¿Era culpa del sistema colonial, colonial y fascista, y del catolicismo que os impusieron a machamartillo, sin un resquicio para la reflexión, sin posibilidad de raciocinio? … ¿Apenas un siglo de dominación extranjera os había convertido en seres amorfos, egoístas hasta la insensibilidad, envidiosos y mezquinos, sin conciencia solidaria? ¿O era consustancial con la cosmogonía africana esa inhibición constante de los deberes sociales, incapaces de asumir un esfuerzo colectivo? ¿Qué nos pasa, qué nos pasa?. ” (pág. 145)

El periplo vital del abogado y su familia, ya sea contado desde una tercera persona onmipresente, ya sea en primera persona, se torna infernal casi desde las primeras páginas. Es una novela muy física, en la que se puede leer de manera minuciosa el despelleje y la deshumanización que trae consigo la imposición ciega. El encarcelamiento y la tortura, en todas sus variantes, física y psicológica, adquieren en el libro un protagonismo especial, y descritos sin cortapisas, en un tono realista, logran proporciones de auténtica nausea, consiguiendo de esta manera transmitirnos , a través de la historia personal del abogado, hasta qué punto su país se ha tornado un mundo desolado, terrible e inhumano, donde el escritor no se resiste a dibujar, sin embargo, un futuro más esperanzador.

Creo que Donato Ndongo entiende la escritura como forma de sacar a la luz, de señalar de manera valiente y de intentar mover el mundo con cada una de sus obras. No es demasiado usual encontrar un escritor que otorga a la escritura la posibilidad del cambio. En este sentido, recogí sus palabras en otro artículo mío, pero no me resisto a volver a compartirlas: “Nosotros (los escritores) tratamos de romper el discurso único. Y la única forma de romperlo, para que haya una verdadera pluralidad en la opinión de los guineanos, es hacer una literatura creíble. Y esta, no solamente ahora sino también en el futuro, transforma y transformará esa realidad.”

Ficha:

  • Título original:  Los poderes de la tempestad (1987)
  • Idioma: Castellano
  • Editorial: Assata Ediciones (2014)
  • Imagen portada: Luis Fernando Martín Santana
  • Lectura de fragmentos: Biblioteca Virtual Cervantes – Natalia Álvarez Méndez (ed.)
  • Para su adquisición, ponerse en contacto mediante correo electrónico con la editorial:  info@assata.es

Planeta Kurtz. Más de cien años de “El corazón de las tinieblas”

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A Conrad se le recuerda, además de por su obra escrita, por su amor al mar, ya a los 17 años dejó los estudios y, en contra de la opinión familiar, se fue a Marsella para enrolarse de marinero, en la marina mercante francesa, su verdadera obsesión, y “se olvida que los últimos treinta años de su existencia los pasó en tierra, llevando una vida insospechadamente sedentaria”. Se estableció en Inglaterra, formó una familia y se dedicó por entero a la literatura.

En 1899 escribió El corazón de las tinieblas y lo publicó en 1902. Hace ya más de un siglo. La novela se inicia en un bergantín con la narración de uno de los viajes de Marlow. Éste cuenta el recorrido que realizó en el pasado a África como agente de una empresa de marfil. Así narrará cómo llegó, qué es lo que vio, y cómo tuvo que remontar el río hasta dar con Kurtz, el enigmático Kurtz, perdido en las tinieblas.

Joseph Conrad. Caricatura

Joseph Conrad. Caricatura

Al narrador, Marlow, se le ha identificado con frecuencia como una especie de alterego del escritor polaco, que aparece en al menos otras tres novelas suyas. En El corazón de las tinieblas hay un momento en el que Marlow-Conrad nos describe ese momento en el que el deseo por viajar hacia un lugar desconocido (un espacio en blanco en el mapa) prende dentro, nos dibuja esa sensación de introducirnos en una aventura, en esa clase de viajes que parecen que en nuestro mundo globalizado actual han dejado de ser posibles, como escribe Nuno Cobre, “África casi ni resulta exótica. Por supuesto que lo es, pero no es ni de lejos tan desconocida como lo era en 1899.”

3558En aquella época había en la tierra muchos espacios en blanco, y cuando veía uno en un mapa que me resultaba especialmente atractivo (aunque todos lo eran), solía poner un dedo encima y decir: Cuando crezca iré aquí (…) Pero había un espacio, el más grande, el más vacío por así decirlo, por el que sentía verdadera pasión. En verdad ya en aquel tiempo no era un espacio en blanco. Desde mi niñez se había llenado de ríos, lagos, nombres. Había dejado de ser un espacio en blanco con un delicioso misterio, una zona vacía en la que podía soñar gloriosamente un muchacho. Se había convertido en un lugar de tinieblas. Había en él especialmente un río, un caudaloso gran río, que uno podía ver en el mapa, como una inmensa serpiente enroscada con la cabeza en el mar, el cuerpo ondulante a lo largo de una amplia región y la cola perdida en las profundidades del territorio. Su mapa, expuesto en el escaparate de una tienda, me fascinaba como una serpiente hubiera podido fascinar a un pájaro, a un tonto pajarillo. (pág.21-El corazón de las tinieblas, versión de Sergio Pitol, Editorial Lumen, 1991).

Río Congo

Leyendo este fragmento, podemos casi, casi, ver al joven Conrad con la nariz pegada al cristal mirando el mapa. Aquella magnífica serpiente que era el río Congo ejercía una fascinación sobre él y, a pesar de las burlas de los que no le creían, acabó yendo. Él mismo reconoció que sus vivencias en África formaron parte de esta novela.

Años después, El corazón en las tinieblas fue una dramatización radiofónica realizada en 1945 por Orson Welles. Años después, el cineasta Francis Ford Coppola adaptó la novela para dar forma a Apocalypse Now, película cuya acción se situaba en Vietnam, y que se iniciaba con el tema “The End” de The Doors, con su también magnética “the snake is long”. Y, años después, estamos hablando de más de un siglo, esta obra se sigue leyendo, sigue inspirando, sigue preguntando y sigue removiendo.

La primera vez que leí El corazón de las tinieblas no tuve conciencia de estar leyendo un libro sobre la colonización africana como tema central, flotaba en mi algo inconcreto, profundo, terrible y desolador, semejante a haber abierto la puerta un poquito y haberla cerrado pronto ante el saqueo y la crueldad. Con el paso del tiempo y las relecturas (bastante recientes), al cerrarlo he llegado a sentir una especie de vacío clavado en la cuenca de mis ojos, como si hubiera asistido al descenso a unas tinieblas terribles e inabarcables (a lo anterior creo que han contribuido también y mucho Coppola y el Rey Lagarto) y hubiera contemplando insólita todo lo que al corazón se le había hecho callar durante tantos actos injustos, crueles y despiadados en tantas conquistas, en tantos saqueos y apropiaciones. ¿Cómo explicarlo?, ¿llegar a elegir las palabras exactas que lo condensen todo?. Una serpiente enroscada hacia el corazón de la bestia.

El horror.

Llegar a conocer la magnitud de ese abismo en el que muchos nos adentramos de puntillas, duro y firme como una roca (el poder absoluto, por encima de todos y a pesar de todos, masacrando y humillando). Y la locura, claro. Kurtz en el centro de esa espiral tremenda de tiranía y voracidad. Aquella sensación, aquel removerme entera, que provocó en mi su lectura, todavía me sigue ocurriendo y no tiene nada que ver con nada y tiene que ver con todo. No solo en la luz, pienso, la oscuridad es un buen lugar para buscarse y encontrarse. “Fue algo bastante sombrío, digno de compasión…, nada extraordinario sin embargo…, ni tampoco muy claro. No, no muy claro. Y sin embargo, parecía arrojar una especie de luz.” (pág.20)

Kurtz y su planeta

Busqué este libro de ensayos “Planeta Kurtz. Cien años de El corazón de las tinieblas”, porque Chinua Achebe había escrito uno de ellos.  “Una imagen de África: nazismo en “El corazón de las tinieblas”, de Conrad“, es una lectura muy crítica del libro argumentado que “(la novela) proyecta la imagen de África como “el otro mundo”, la antítesis de Europa y, por tanto, de la civilización, un lugar donde la cacareada inteligencia y refinamiento del hombre son finalmente burlados por la bestialidad triunfante”. Desde la antítesis que plantea ya desde el inicio, entre dos ríos, uno europeo, el Támesis (la civilización), el otro africano, el Congo (el salvajismo), de donde parte y a donde llega Marlow, Achebe va mostrando sus argumentos para mostrar lo pernicioso de la novela, sobre todo en relación a las personas.

Achebe no duda en llamar racista a Conrad (es una de las clásicas afirmaciones que se vuelcan sobre el escritor, al igual que su machismo). Para ello elige fragmentos tan significativos como éste: “los hombres  eran… No, no eran inhumanos. Bueno, sabéis, eso era lo peor de todo: esa sospecha de que no fueran inhumanos. Brotaba en uno lentamente. Aúllaban y brincaban y daban vueltas y hacían muecas horribles, pero lo que estremecía era pensar en su humanidad (como la de uno mismo), pensar en ese remoto parentesco de uno con ese salvaje y apasionado alboroto. Desagradable. Sí, era francamente desagradable; pero sí uno fuera lo bastante hombre, reconocería que había en su interior una ligerísima señal de respuesta a la terrible franqueza de aquel ruido, una oscura sospecha de que había en ellos un significado que uno, tan alejado de la noche de los primeros tiempos, podía comprender” (pág.43). Achebe resalta la descripción que realiza Conrad de uno de los africanos, el fogonero: se le tilda de”salvaje”, se le compara con un perro que da saltos y brincos y se le llama “ejemplar perfeccionado”, y también la contraposición entre las “dos mujeres” de Kurtz, la africana, salvaje y feroz; la inglesa, sensible y con alma.

Los estudiosos de El corazón de las tinieblas suelen decirte que a Conrad no le preocupaba tanto África como el deterioro de una mente europea causada por la soledad y la enfermedad. Te señalan que Conrad es, si acaso, menos caritativo con los europeos de la historia que con los nativos, que el tema del relato consiste en ridiculizar la misión civilizadora de Europa en África (…) En parte esa es la cuestión. África como escenario y telón de fondo que elimina al africano como factor humano. África como campo de batalla metafísico dedicado a toda la humanidad reconocible, en el que el europeo errante penetra por su cuenta y riesgo (…) La auténtica cuestión es la dehumanización de África y los africanos que esta eterna actitud ha fomentado y continúa fomentando en el mundo. (pág. 49)

La fascinación de lo abominable

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Ilustraciones de Abraham Cruzvillegas para “El corazón de las tinieblas”. Editorial Sexto Piso

En su clásico “Verdad, idea e imagen en Conrad”, Edward Said señala en qué se sustenta la afinidad entre Marlow y Kurtz en la novela: “en un nivel metafísico como una afinidad entre oscuridad y luz, entre el impulso hacia la oscuridad mantenida por Marlow hasta que ve a Kurtz y el impulso hacia la luz mantenida por Kurtz en la más profunda oscuridad.” (pág.213) Ya que es el espíritu de aventura y el colonialismo los que han llevado a Kurtz al centro de las cosas, y es allí donde Marlow espera encontrarlo. Así, Lomomba Emongo y Patrick Cloos afirman que “innegablemente Conrad fue un crítico de la colonización (…) lo que no es óbice para que el autor de El corazón de las tinieblas sea él mismo merecedor de crítica.” (pág.78) Porque si bien Conrad fue crítico no tomó distancia con aquello que fustigaba. Y aquello que fustigaba se torna testimonio en las bocas de los congoleños de la época, unos testimonios abrumadores.

Joan Bestard arroja un poco de luz sobre las últimas palabras de Kurtz, “El horror de Kurtz es realmente el horror de la colonización llevada a cabo por Leopoldo II, rey de Bélgica y del Estado Libre del Congo. Bajo la apariencia de una gran misión civilizadora se escondía el horror de una población que huye aterrorizada ante la presencia colonial o es esclavizada y castigada por los blancos (…) Conrad consideraba que era un buen conocedor del horror colonial. Así hablaba de él en una carta a un amigo: ‘Os podría explicar cosas. Cosas que yo he intentado olvidar y cosas que nunca conocí.’ ” (pág.61) y Frank Westenfelder, tras dar un repaso a la figura de los mercenarios,  afirma que “Probablemente, el horror del que Conrad nos habla tenía su origen en el propio espanto de verse enfrentado a una desaforada realidad de la que él mismo formaba parte. O quizás, como hijo de su tiempo, no estaba en disposición de aceptar la terrible banalidad del mal en toda su dimensión.” (pág.251)

Simon Njami escribe, desde la “crítica cultural”, sobre el arte producido en África y su mirada. “El malentendido fundamental que persiste cuando cuando se habla de creación africana deriva sin duda del hecho de que, hasta el día de hoy, las definiciones y las categorizaciones han sido establecidas por unas miradas exteriores, y de que estas nuevas aspiraciones, en las que se basa el arte actual africano, no son siempre tenidas en cuenta.” (pág.152). Mientras, el escritor guineano Donato Ndongo, lo hace desde la “crítica política” y opina al igual que Jorge Luis Marzo que la novela no cuestiona la filosofía del colonialismo en si, pero sí la forma, los métodos empleados. Hablando del África actual señala ” nada puede existir si no es otorgado por el líder: y de la misma manera, fuera de la protección del líder sólo son posibles las tinieblas, la nada. Así fundamenta Kurtz su poder, en el que la misión última, la acumulación de riquezas, se convierte en realidad en una finalidad secundaria, puesto que lo único importante es la dominación por si misma. Es, en palabras de Conrad, la “fascinación de lo abominable” que los imitadores africanos de Kurtz supieron asimilar.” (pág. 129)

Retomando una cita de Conrad, “Porque uno sólo escribe la mitad del libro-insistía Conrad-la otra mitad está en el lector”, Jeanne  Randolph nos introduce en los pasadizos psicoanalíticos de la obra y enfatiza sobre el hecho de que ella es una mujer lectora: “nada en mi psique reconoce el tono de voz de Marlow; apenas puedo adivinar cuándo se muestra sarcástico; sus fugaces declaraciones acerca de sus propias necesidades casi se me escapan íntegramente, mientras que los atrozmente insignificantes hombres de la compañía que le irritan siguen siendo demasiado ubicuos en nuestro días, y el implosivo narcisismo que constituye la maldición personal de Kurtz es, por desgracia, una condición intemporal” (pág. 166)

Marc Roig nos trae la lectura a la actualidad. “Me parece un argumento absurdo pensar que los problemas políticos de África se deben a la falta de cultura o de preparación política de los africanos. Los africanos ofrecieron resistencia a la ocupación europea y luego, en los procesos  de independencia, plantearon propuestas serias de soberanía. En el caso del Congo, el asesinato de Lumumba y el apoyo estadounidense y belga al golpe de estado de Mobutu truncaron cualquier posibilidad, cualquier sueño de un “verdadero Congo independiente”(pág. 195).

Joseph Conrad y Roger Casement

En este libro se menciona en varios lugares a Roger Casement. Casement (1864-1916), esto lo dice la Wikipedia, viajó a África por primera vez en 1883, a los diecinueve años. Trabajó en el Estado Libre del Congo para varias empresas y para la Asociación Internacional Africana fundada por el rey Leopoldo II de Bélgica. Durante su estancia en el Congo, conoció al famoso explorador Henry Morton Stanley y también a Joseph Conrad, que era entonces un joven marino y no había publicado todavía su novela El corazón de las tinieblas.

Joseph Conrad mantuvo una amistad con Roger Casement en cuya compañía se sentía a gusto, tal y como nos dice Joan Bestard, que aparece recogido en su Diario del Congo. Pero no llegó a la denuncia expresa y explícita a la que llego éste.

Casement escribió La tragedia del Congo en 1903, a donde fue enviado para narrar lo ocurrido allí. Viajó a África, convencido de que el colonialismo era un movimiento benéfico para los indígenas porque les aportaba el cristianismo y la civilización, era el sueño de Leopoldo II. Sin embargo, descubrió que era un sistema de explotación monstruoso y profundamente destructor.

Casement se abstiene casi en todo momento de hacer comentarios, se limita a transcribir testimonios y a describir lo que ve, y es precisamente esa neutralidad, volcada sobre la macabra fantasmagoría que describe, la que hace que su informe se convierta en algo más que un simple texto oficial o en una “galería de los horrores” (…) El tono de Casement no es frío porque le falte emoción, sino porque la emoción ha rebasado en él el límite de lo comunicable. (El Cultural)

Ficha:

  • Título original: Planeta Kurtz. Cien años de “El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad” (2002)
    • Jorge Luis Marzo y Marc Roig son los comisarios de la exposición “El corazón de las tinieblas”.
  • Editorial: Mondadori, 2002
  • Autores: Chinua Achebe, Edward Said, Lomomba Emongo y Patrick Cloos, Joan Bestard, Frank Westenfelder, Simon Njami, Donato Ndongo, Jorge Luis Marzo, Jeanne  Randolph, Marc Roig
  • Páginas: 283

 

El Metro-Donato Ndongo

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¿Alguna vez te has preguntado qué se esconde detrás de la mirada profunda de ese hombre que te ofrece llaveros, linternas, pañuelos o mecheros a la salida del metro?. Casi seguro que, en algún momento, has pasado delante de las mantas extendidas que tapizan los suelos con objetos accesorios o llamativos y quizás, hasta en alguna ocasión, has preguntado el precio. Sin embargo, me atrevo a afirmar que es probable que no hayas cruzado más palabras con él, ni hayas escuchado cuál ha sido la travesía que le ha llevado a colocarse justo ahí, delante de ese trapo colorido y viejo. El metro nos cuenta la historia de uno de estos vendedores ambulantes; la del camerunés Obama Ondo.

A menudo, parece que la historia de los inmigrantes es siempre la misma. Asistimos, con rabia e impotencia, a veces, y con aburrimiento e indiferencia, otras, a la llegada de africanos que intentan partir del continente. Dentro de nuestro insensibilizado mundo, en el que equivocamos países o conflictos, las imágenes y los estereotipos nos hacen, con frecuencia pensar que “esta historia ya nos la han contado”. Y, sin embargo, al leer novelas como ésta apreciamos que cada narración es única, personal e intransferible y que está poblada de múltiples detalles que componen una vida diferente al resto. Hallamos momentos, pensamientos y sentimientos que nos suenan conocidos, pero bajo el prisma y el enfoque de un ser que individualizamos y dotamos de rostro, nunca jamás ya parte de la masa anónima de generalidades, que llega a disminuirles hasta ser un mero número, con la que con frecuencia les identificamos.

El guineoecuatoriano Donato Ndongo decidió emprender la escritura de esta novela para responder a unas preguntas que le inquietaban; ¿por qué estas personas se marchaban de África?, ¿qué les llevaba a arriesgar su vida, a soportar una travesía durísima para alcanzar Europa donde tampoco encontrarán la felicidad?. En un revelador pasaje se afirma al respecto que nadie sabrá nunca el inmenso sufrimiento que padecen estos africanos para llegar a Europa, la minoría, porque la mayoría perece en el intento, en el desierto o en el mar, y nunca se conocen sus historias. Así, el escritor se zambulle en la vida de un camerunés desde su África natal hasta el momento presente en el que sobrevive vendiendo mercancías en el metro madrileño, mediante un texto directo, narrado con fluidez, en el que arroja gran cantidad de reflexiones.

Obama Ondo huye de la miseria y de un régimen político que socava libertades para terminar en un mundo occidental que lo ignora, explota y margina, la situación de injusticia y de explotación que se muestra es tanto interna como externa. En el medio, aparecerá el mosaico de su sociedad de origen, su cultura bajo la influencia de un colonialismo no olvidado, en la que el peso de la tradición se impone al proyecto personal. En El Metro hay también una historia de amor imposible que empuja a los amantes a caminar por el mundo siempre envueltos en tristeza, alejados los caminos para siempre. En El Metro hay mujeres y madres (a pesar de que la novela carece de puntos de vista profundos del lado femenino), obligadas a prostituirse, que son usadas como si solo fueran un pedazo de carne, sin dedicarles una sola mirada de más, una simple caricia. En El metro hay un recorrido horrible, infernal, doloroso hasta el infinito que es el que separa una realidad, del mundo de las esperanzas. En El Metro hay mucha humanidad, una mirada cercana y nunca lo suficientemente narrada hacia ese “otro” que tenemos delante de manera casi cotidiana y al que apenas reconocemos si no es por su tintineo cuando se acerca con su manojo de artículos a la búsqueda de un cliente que le compre algo, lo que sea. En El Metro surge la mirada también del migrante hacia nosotros, cómo nos ve y cómo nos percibe, se refleja el egoísmo de nuestro mundo, nuestra indiferencia y nuestra insolidaridad pero también se individualiza en personas que se muestran generosas y abiertas ante la realidad de Lambert Obama. En El Metro, en definitiva, hay mucha soledad, la del migrante africano en nuestras sociedades y mucho dolor al dejar atrás un mundo que ama y al que no quiere dejar de pertenecer. ¿Alguien a estas alturas piensa que un ser humano puede emprender semejante calvario si no es debido a que huye de algo terrible o de una falta total de futuro?.

Obama Ondo entona el cántico de muchos de sus compatriotas; preferiría no hacerlo, de poder elegir se quedaría, pero sabe que ha de marchar.

Escucho hablar de la “narrativa del inmigrante”. Creo que sus historias nunca serán lo bastante contadas, lo bastante oídas, lo bastante escuchadas o lo bastante narradas. El Metro ofrece otra oportunidad, esta vez la de conocer la vida de Obama Ondo. Con nombre y apellido.

Obama Ondo supo que la curiosidad de los blancos es inagotable. Quieren saberlo todo. Quizá por ello progresaban. Y que tampoco era fácil la monótona vida de aquella gente: levantarse siempre al alba, hacer el mismo trayecto cada jornada, asistir a la misma rutinaria faena cinco o seis días a la semana, dejar que el tiempo transcurriese con la sola ilusión de que siempre llegaría el domingo y descansarían un poco, sacarían a la parienta y a los niños de paseo, verían un rato la televisión, tomarían un chatito con los amigos. Toda una vida agobiados, con ese trajin. No era fácil para nadie ganar dinero. Requería abnegación, esfuerzo, organización. Ya nunca más creería que los blancos son  seres privilegiados: su sacrificio les costaba comer cada día, adquirir aquellos pisitos como colmenas, pagar los plazos del coche y de los muebles, vestir, educar a los hijos. (Página 451)

Ficha:

  • Título original:  El Metro (2007)
  • Idioma: Original: Castellano
  • Traducción al castellano: El Cobre (2007)
  • Nº páginas: 458

2014: La editorial Assata Ediciones ha reeditado El Metro

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Imaginar África: los estereotipos occidentales sobre África y los africanos

Imaginar África

El título de esta colección de ensayos, una obra coral de nueve africanistas, nos induce a pensar en la palabra “imaginar”: ¿cómo y por qué imaginamos África y a los africanos? y ¿por qué “imaginar”?. Pero os aseguro que cuando acabéis de leerlo habréis “pensado” África y, por extensión, vuestra imagen de los africanos.

Imaginar es “representar idealmente algo, inventarlo, crearlo en la imaginación”. Inventamos África, en una palabra. Y lo hacemos a partir de imágenes o ideas aceptadas comúnmente por nuestro grupo o sociedad occidental con carácter inmutable (estereotipos). El problemas de los estereotipos, los clichés, es que, una vez implantados, cuesta que desaparezcan. El profesor Ferran Iniesta es partidario de llevar a cabo una deconstrucción: “demoler pieza a pieza la sinrazón de nuestra imagen animalizada del negro” (pág. 32).

Estereotipos sobre África hay muchos: se habla de África como si se hablara de un país, sin diferencias (África como un todo), se habla de un continente incapaz de gobernarse por si mismo, lleno de seres pasivos, sin capacidad de iniciativa, necesitado de la ayuda occidental (África dependiente), se siente África como un lugar terrible, donde el caos más absoluto y el terror campan a sus anchas (África terrorífica o peligrosa), o se imagina África como un paraíso (África exótica), etc.

José Carlos Sendín ahonda en las razones de esta solidificación de las imágenes sobre el continente: estudiando el caso de Ruanda y el tratamiento mediático (televisión) que se le dio. No fue sólo que fuera objeto de una información escasa, sino que además la forma en la que se realizó no fue la más adecuada: resaltando la parte horrible y ahondando en el terror, con casi nula indagación sobre las causas, e incidiendo en la crisis humanitaria africana como paradigma y marco de interpretación de lo africano. “Más y mejor información” es lo que pide, lo que “nos permitirá comprender sus orígenes, sus causas y quizá, la indiferencia de Occidente aparecerá reflejada en el espejo y empecemos a comprender nuestra parte de responsabilidad en esta situación” (pág.62). Josep M. Catalá hace lo propio desde la mirada que nos proporciona el imaginario cinematográfico, en un recorrido por conocidas películas, de los años treinta a inicios de los sesenta, que tanto han servido a la construcción de esos estereotipos y que, sin embargo, a su modo de ver, “eran más genuinas que la insensibilidad actual, alimentada por una televisión que mira obsesivamente sin ser capaz de ver” (pág.89)

Continuando con el análisis, Gerardo González Calvo escribe y reflexiona sobre la información. Una noticia vale en cuanto “vende”: “informar ya no es dar noticias veraces, sino elaborar informaciones que vendan” (pág.152) y África no cuenta;  la información que llega de allí no es negocio. La misma CNN apenas tiene abiertas 3 oficinas (a fecha 2009) en toda África. Así, la información llega elaborada desde fuera del continente, lo que multiplica la imagen de África hambrienta, en constante conflicto bélico, brutal e infantilizada. Se acaba usando el dolor como algo rentable y hablando de la “obscenidad de la violencia”. Como asegura Ignacio Ramonet, “El Sur es, en nuestro sistema comunicacional, un infierno o un paraíso: pero jamás un país normal” (pág.163), para acabar concluyendo, como Antoni Castel, quien examina la imagen del africano como sujeto periodístico, que es necesario visibilizar al africano, dándoles la palabra a ellos, escuchando sus voces.

Mención aparte merece Lola López, impagable en su capítulo sobre los menores subsaharianos. Escribiendo sobre el paso de la apropiación simbólica a la apropiación real de los niños, desde el análisis de sucesos tan impactantes como el que se produjo cuando  el “Arca de Zoé” (una ONG francesa),  intentó en 2007 llevarse de Chad a 103 niños. López encuentra corresponsabilidades de las ONG y sus campañas de “sensibilización”, que han propiciado esa imagen del niño del Sur, que acaba estigmatizando a las propias sociedades de las que proceden (que no sabe cuidarlos) y ahondando en la idea de situación de deriva de los niños, que es el caldo de cultivo para que se de la apropiación simbólica y de ésta a la (tremenda) apropiación real. (pág. 92)

Y si Gustau Nerín hace un repaso por la literatura que emana desde África o desde fuera del continente, pero que habla sobre el mismo, en general, y de la guineoecuatoriana, en particular (capítulo que me guardo como un tesoro por el alud de nombres y obras que vierte), concluyendo que “la literatura de temática guineana está aún por descolonizar” (pág. 124), Jean- Bosco Botsho, lo hace por la religión, incidiendo en varias creencias, entre las que destaco “la convicción de que las tradiciones culturales africanas que contradicen la cultura occidental son incompatibles con el cristianismo” (pág. 140)

El escritor Donato Ndongo, además de contarnos su propia experiencia personal en relación a los estereotipos, cierra el libro y afirma que “Sólo cuando se perciba al africano como un ser humano más (…) Sólo entonces podremos decir que los negros somos iguales que los blancos, porque no habrá seres superiores ni inferiores, sino simplemente seres humanos, sujetos de los mismos derechos en tanto que vecinos de un mismo planeta” (pág.182). Ni más ni menos.

Porque cambiar la manera de ver las cosas, es un ejercicio muy sano… no imagines, piensa África.

Ficha:

  • Título original:  Imaginar África: Los estereotipos occidentales sobre África y los africanos (2009)
  • Editorial “Los libros de La Catarata”. Casa África. Antonio Castel y José Carlos Sendín (eds)
  • Nº páginas: 182
  • Mediateca online “Casa África” 
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