Saltar al contenido.

Entradas de la Categoría ‘No ficción’

Edjengui se ha dormido… y Chema Caballero nos cuenta cómo quieren despertarlo

imagen-video

Fotografía: Goteo.org

Tras leer este libro, me he puesto a leer otra vez.

He buscado la “Declaración de las Naciones Unidas sobre los pueblos indígenas” de 2007 y me he encontrado lo que ya sabía. Mis ojos se han deslizado artículo tras artículo hasta completar los 46 que completan la lista de este sueño color rosa que son todas las declaraciones que existen y existirán para muchas personas. Después me he quedado un buen rato mirando por la ventana y reflexionando sobre nuestro mundo de asfalto y neón, tan alejado del de los pigmeos bakas, alma de este libro, que se consideraban hasta hace poco parte de la selva (pensad en esto) para verse de pronto desalojados de ella y obligados a habitar los bordes de las carreteras.

Se me ocurren unas cuantas maneras de acercarse a una comunidad indígena: a través de algún libro de antropología, de algún reportaje fotográfico o periodístico, de algún testimonio de viajero, o de manera menos frecuente conociéndolas in situ. Este libro lo consigue de una manera diferente. Si con Los hombres leopardo se están extinguiendo  (PPC, 2011) Chema Caballero había conseguido casi un “manual”, con Edjengui se ha dormido completa una mezcla de géneros, logrando un libro “intramundos” que nos mete de lleno en los poblados de los pigmeos bakas del sur de Camerún. Su recorrido parece el de un detective con los ojos muy abiertos que ha llegado a la escena después del crimen y se dispone a observar, reflexionar y entrevistar a toda persona vinculada con el caso para intentar aclarar la crítica situación que delante se le presenta. Después nos reúne a todos para ofrecernos sus conclusiones y, para ya sin sorpresa, mostrarnos que el culpable no es uno sino muchos y otro tanto ocurre con el motivo.

Espero no haber cometido un “spoiler” al adelantar que esta obra parte de una situación al límite y contaros un poco el final de este libro que nació con la intención de “mostrar el momento actual en el que se encuentra el pueblo baka”. La ONG Zerca y lejos nos propone unirnos a la lucha por los Derechos Humanos de los baka comprando este libro. Una manera, además, de lograr que con su lectura conozcamos y sintamos más próximos a los bakas de Camerún. Para ello han usado la vía del “crowfunding” y le han encomendado la labor a Chema Caballero. Éste, a través de un método de cirujano, abriendo, analizando, cerrando y volviendo a abrir, cumple la tarea sin arrogarse el papel de ser “la voz de los sin voz” y prefiriendo, de manera muy acertada, dar primerísima importancia a las historias personales. Que hablen ellos y ellas. Siendo a través de estas narraciones como se va encendiendo las bombillas que van dando luz a un universo desconocido y logrando que lo veamos casi como si estuviéramos sumergidos dentro de él.

¿De qué habla “Edjengui se ha dormido”?

De cuando todo se desmorona. De eso habla. De cuando ves que tu mundo deja de existir y comienzas a vagar como un fantasma al que le han quitado cualquier cimiento de solidez y no te puedes anclar a nada porque todo a tu alrededor maneja unas claves que desconoces.

No son los bakas, por desgracia, los únicos que han sido desalojados de sus tierras y que corren el peligro de perder sus culturas. A lo largo y ancho del planeta son muchos los grupos minoritarios que han visto cómo sus tierras ancestrales, aquellas que les pertenecen desde “muchos, muchísimos años” como dice una anciana en este libro, les han sido usurpadas. “Los pueblos indígenas están perdiendo la batalla contra la cultura occidental que se impone en todo el mundo” se afirma en sus páginas (¡y qué razón tiene¡). Se les expulsa de sus tierras para poder deforestar la selva y hacer negocios también de minería. El aceite de palma es uno de los últimos en sumarse a esta lista de productos que consumimos en nuestro mundo y que están ocasionando una situación irreversible en lugares como Camerún.

En el libro, a través de diversos testimonios y opiniones de personas pertenecientes a estas comunidades, se va denunciando que las concesiones para las explotaciones las da el gobierno, y que benefician además de “al presidente y a sus amigos”, a países europeos y en mayor medida los últimos años a China. Los bakas además sufren de racismo y discriminación por otros pueblos, como los bantúes que no les consideran seres humanos y que les esclavizan. El listado de derechos humanos que les es hurtado es extenso. La situación se torna descorazonadora, más aún si continúan en su posición de víctimas. Es necesario pasar a otro estadio: hay que despertar a Edjengui, el espíritu de la selva, hay que despertar a los bakas para que reclamen lo que les corresponde.

En la página 112 de su libro Los hombres leopardo se están extinguiendo, Chema Caballero escribía: “Los jóvenes son la única esperanza que le queda a África para romper con su situación actual y cambiar. Constituyen la mayoría de la población del continente. Son la fuerza que quiere que las cosas cambien en sus países y buscan medios y formas para conseguirlo”. En esta ocasión también la solución parece venir de los jóvenes que a través de la educación están consiguiendo concienciar al resto de los suyos de la importancia de no dejarse pisar y organizarse para conseguir, entre todos, que sus derechos les sean devueltos, para hacer que todas las declaraciones sobre comunidades indígenas no sean para nadie un cuento rosa.

Al igual que pasa con los culpables y con los motivos, tampoco Edjengui se ha dormido tiene un único final. El mundo que Chema Caballero nos ha mostrado se debate entre miles de interrogantes y contradicciones intentando seguir caminando después de que todo se ha desmoronado. Lo tienen difícil, son muchas las fuerzas que se ciernen sobre los pueblos indígenas empujando para que desaparezcan y con ellos todo un mundo. Estorban, sobran, no se les quiere en ningún lado. Así de sencillo y así de cruel. Zerca y lejos nos da la oportunidad de conocer y ser parte de un proyecto, a través de un libro que logra que conozcamos su lucha y su esfuerzo por levantarse ante todas las dificultades a las que se enfrentan. Es una lucha desigual, descomunal, Edjengui se ha dormido nos habla de ella, nos siembra de incertidumbres pero también de presente, a través del nuevo ciclo de vida que abren los jóvenes, y nos invita a todos a ser parte y altavoz de la situación que describe. El primer paso a tan solo un golpe de click.

 Para adquirir el libro: Zerca y lejos 

portada_rev03-480x422

Se puede haber estado en Yibuti o haber leído “El testamento del Chacal”

el_testamento_del_chacal

De Yibuti nos habló hace poco el escritor Abdourahman A. Waberi, sobre todo de la vertiente política de un país que lleva soportando al mismo hombre en el gobierno la friolera de 17 años. Y lo va a seguir haciendo ya que Ismaïl Omar Guelleh ha sido reelegido (bajo acusación de fraude) este mismo domingo. Es el “pequeño país del Cuerno de África”, en donde las grandes potencias compiten para desplazar sus tropas hasta allí. Incluso China lo ha hecho, ya ha anunciado que tendrá base militar en el continente.

De Yibuti, por lo demás, no sabemos nada.

Ander Izagirre, ese periodista con botas y mochila fácil, nos lo hace comprender de muchas maneras, la más gráfica cuando descubre que ni siquiera los médicos se acuerdan de colorear el país como zona con malaria en los mapas de las enfermedades. Yibuti será la pieza del puzzle que le faltaba a Ander y a su equipo para completar el viaje de nueve meses por los puntos más bajos de cada continente. Porque en aquel país está el lago Assal, 157 metros por debajo del nivel del mar. Y ello saben que en los sótanos del planeta se pueden encontrar tantas lecciones como en las cumbres más altas.

Pero sobre todo porque conciben el viaje como encuentro, como una manera de acercarse a los demás, de sondear esos abismos que nos separan y tratar de entender. Y todo ello desde el convencimiento último que da el saber que, en realidad, son las personas que viven de manera cotidiana situaciones extremas de carencias y sufrimiento las dignas de admiración y no los viajeros que, de manera privilegiada, tienen la suerte de ir a uno u otro país por voluntad propia. “A menudo, un viaje no se termina de comprender hasta que uno vuelve a casa, lo piensa y lo escribe” (pág. 18).

El testamento del Chacal tiene la virtud de penetrar en esta tierra olvidada y hacernos sentir que hemos estado allí. Yibuti cansa, afirma el periodista. Bofetadas de calor del país más calientes del planeta se elevan desde esa “roca volcánica, arena y sal” para abrasarnos también a nosotros, los lectores, que no podemos sino asistir con la mirada seca.  A través de su propia historia que se cuenta desde la época colonial en la que, bajo la dominación francesa, se impuso también allí el recurrido “divide y vencerás” aplicado a los afar y los issas, hasta la independencia que arroja el saldo de un país con altos niveles de corrupción, “pero lo realmente grave es que ese dinero de la corrupción no se queda aquí, se desvía a Europa”, afirma un yibutí. Pasando por la guerra civil, que duró tres años, y que parece haber acabado con el convencimiento de la necesidad de que ambas etnias vivan en paz y armonía juntas.

Y tras todo ello, el pueblo yibutí. Que sobrevive en un lugar en el que, según un proverbio issa, hasta los chacales dejan testamento antes de entrar en él, y es que “En las listas que miden el bienestar de las naciones, Yibuti siempre merodea el farolillo rojo” (pág. 86). En él,  seres humanos y cabras se disputan el agua en la misma lata oxidada, muchos mascan kat para evadirse de la realidad tórrida, algunos gastan sus últimas fuerzas escarbando en la basura algo que comer y otros intentan continuar en aquel territorio hostil, en donde no se puede cultivar nada. Pero también aparecen seres entusiastas y esperanzados que “con sus testimonios de supervivencia testaruda se levantan contra un paisaje atroz”.

De Yibuti también sabemos lo de la grieta. Que está partiendo el país en dos, dejando que el mar penetre y acabe por devorarlo todo. Pero hasta que eso ocurra hay otros planes para este país, el núcleo más importante de conectividad digital en el este de África y para el que China financia su nueva red ferrioviaria.  Y hasta que eso ocurra, seguirá siendo además el lugar de paso de miles de inmigrantes en tránsito de países como Somalia, Etiopía y Eritrea.

La lección abruma: nuestra vida no es la medición de todas las cosas; el universo se rige por motivos que no controlamos ni comprendemos. En esta forja de continentes y océanos, el hombre es polvo efímero. Sin embargo, esa conclusión no oprime, sino que inspira, porque la belleza terrible del Rift evoca una intención suprema que se intuye aunque no se entiende. El Rift es un gran recordatorio: hay que elegir entre el absurdo y el misterio (pág.150)

Ficha:

  • Título original:  El testamento del chacal (2003)
  • Editorial: Laertes
  • Nº páginas: 150
  • Imagen de portada: Duatis Disseny. Fotografía de Ander Izagirre

Un holocausto y medio cada año: Martín Caparrós nos desnuda El Hambre

Maquetación 1

Land grab es la palabra para designar el “acaparamiento de tierras”, una manera de nombrar un robo que es una condena a muerte para mucha gente. En nuestro moderno vocabulario contemporáneo las letras se juntan para disfrazar maneras de exterminar o, quizás, para hacer más digerible lo innombrable. O también para no acabar de nombrar nunca a las cosas por su nombre. Land grab es una de las causas por las que mucha gente alrededor del planeta pasan hambre. “Hambre” otra palabra que se volvió imposible de tanto usarla:“ El hambre en el mundo es una frase hecha, un lugar común”.

Todo lo que leáis a continuación es el resultado de una lectura extenuante y exprimidora como es El Hambre (Anagrama, 2014) de Martín Caparrós sobre un tema tan difícil, tan esquivo, tan directo y tan brutal (tan asqueroso, en suma). Se trata de uno de esos libros que una va escuchando que están en camino, que una va leyendo en adelantos, luego en entrevistas, sobre cómo surgió, por qué, que una va tentando desde lejos hasta que llega el día en el que no se aplaza más su lectura. Hasta que llega el día en el que una deja de preguntar, como coartada, ¿para qué leer un libro sobre un tema como el “Hambre”? (cuando en realidad lo que una no quiere es verse metida en ese barro). Para confirmar que cuando lo acabas, éste te taladra y te deja demolida (por razones obvias) pero sobre todo te deja interrogada.

En Daca, Bihar, Bentiu, José León Suárez, aquí mismo, me parece que todo lo que puedo contar son obviedades: lo que abunda, lo corriente, lo evidente. Y después vuelvo al mundo donde vivo y caigo otra vez en la distancia: lo fácil es vivir ahí ignorando -todo esto-y lo bien que nos sale (pág.587)

El libro se inicia en Níger con la historia de Aisha, la joven que si pudiera pedir lo que quisiera pediría dos vacas para no volver a pasar hambre. A priori, Níger “se supone que es el ejemplo más claro del hambre estructural, un lugar muy árido donde es difícil cultivar”. Sin embargo, es el segundo productor de uranio del mundo (pero los que lo explotan son una empresa francesa y una china) y el 40% de su presupuesto estatal viene de ayudas y cooperaciones del Primer Mundo. Es una de esas verdades que se nos escamotean (que no queremos mirar), para que sigamos pensando que en Níger la gente pasa hambre porque hay pobreza, cuando “la causa principal del hambre en el mundo es la riqueza: el hecho de que unos pocos se queden con lo que muchos necesitan, incluida la comida” (pág.274).

Después de Aisha vendrá un torbellino de desigualdad en forma de datos, países, personas, historias, hasta completar un ensayo que Caparrós tardó cinco años en escribir y que se desparrama en más de 600 páginas en las que el componente autobiográfico es muy fuerte y en el que va desnudando nuestras imágenes y estereotipos sobre el hambre (y nuestras inacciones).

Pero, ¿qué es el hambre?. En un momento del libro una mujer dice que lo que ella soporta no es hambre. Tenemos asociada la palabra a las grandes desgracias, a las hambrunas que dejan sin aliento. Pero, a su lado, se encuentra la menos visible “malnutrición estructural”, la “normalidad de tantos”, de muchísimas personas que no comen a diario, provocándoles enfermedades o directamente la muerte, de tantos seres que su única lucha diaria es la de llevarse algo a la boca. Esa hambre silenciosa, que se escenifica tan mal, de la que nos habla Martín Caparrós en este libro, o esa hambre escondida sobre la que escribe Lola Hierro en este artículo.

A las madres de Sudán del Sur, a las de la India o a las de Argentina, les da vergüenza que alguien mencione siquiera la posibilidad de que su hijo esté en el límite porque no come lo suficiente. Se sienten malas madres y sufren el doble, por su hija moribunda y por su suerte de madre y mujer. El hambre tiene su rostro: “el 60% de los hambrientos del mundo son mujeres”.

Caparrós ha sentido la necesidad de escribir el libro, “porque no me soporto si no hago” y por sus páginas, en la convicción de que la solución es política“, no esquiva la actuación de las ONG, de las religiones y de las creencias, del ecologismo, de los gobiernos y sus políticas. Pero, sobre todo, carga contra nuestra fracasada civilización, en un planeta capaz de producir comida más que suficiente para alimentar a todos sus habitantes, ignoramos al “Otro Mundo”, son deshecho, nada.

“Siempre lo tentamos todo al futuro”, escribe Manuel Caparrós. Pero, en este caso, “El futuro es el lujo de los que se alimentan”.

Ficha:

  • Título original:  El Hambre (2014)
  • Idioma: Original: Castellano
  • Editorial: Anagrama. Colección Argumentos (2014)
  • Nº páginas: 632
  • Puedes leer un capítulo, aquí
  • En la Revista Altaïr Magazine, Martín Caparrós desglosa algunos capítulos del libro con fotografías, aquí

“Beasts of No Nation”, la película, y otros libros que hablan de una infancia en el infierno

beastsofnonationart_reference

Con fecha de estreno el próximo 16 de octubre, a través de Netflix se estrenará Beasts of No Nation dirigida por Cary Fukunaga para aquellos que puedan tener acceso a ella y sin saber si la película se visionará también en nuestras salas de cineLa cinta, definida por The Economist como “una mezcla entre Peter Pan y Apocalypse Now”, está basada en la novela Bestias sin patria del nigeriano Uzodinma Iweala y ha competido ya en el Festival de Toronto y en el de Venecia. Con un Idris Elba como protagonista, en un papel que muchos auguran le hará ganar un Oscar, y una actuación del niño Abraham Attah que ha levantado muchos elogios, la película ha sido comentada por ahondar en los mismos clichés que se asocian al continente africano una y otra vez: donde la violencia es el tema central que justifica por si misma la película, sin importar las causas, razones o los porqués ni ahondar en lo que supone para ellos el ser reclutado y, lo que quizás sea más importante, cómo se vive después.

No descubro nada nuevo si aseguro que la narrativa sobre la dramática situación sobre menores soldados en el continente africano es larga. Demasiado para muchos que consideran que se trata más de una demanda de un público occidental que gusta asociar al continente con lo primitivo y lo violento. Nunca suficiente para los que saben que esta situación se sigue dando, tal y como de manera continua se denuncia desde diferentes ámbitos. El dilema suele estar en cómo contarlo más que en lo que se cuenta, porque si lo que se cuenta es siempre desde la misma óptica, solo se generará un único modo de conocerla. Incompleto y encorsetado.

Destaco tres títulos en castellano: Ninguna de estas tres novelas está contada por una persona que haya padecido esta situación. No son autobiografías, se trata de ficción. Son tres narrativas diferentes, que difieren en sus intenciones completándose y que coinciden en usar la voz infantil como hilo narrador, masculina en el caso de la primera y la tercera y mixta en la de Emmanuel Dongala que está narrada desde el punto de vista de dos personajes; el niño-soldado que va cambiando de nombre según transcurre la acción y la joven inteligente y valiente Laokolé, en una historia en la que se puede leer sobre el violento conflicto entre etnias en el que estaban inmersos: “nunca habíamos vivido en términos de tribu” (pág. 93)

ala_no1012009

emmanuel-dongala-johnny-perro-malo-como-nuevo_iz303082xvzixpz1xfz98771704-126944888-1xim

escanear0055

El problema de una película comercial (insisto en que no la he visto y puede que tenga sus valores, lo dejo en cuarentena) o de un libro superficial en el análisis, que solo haga sentir, alimentando el morbo, y no haga además pensar, es que se emerge a la luz del día con la sensación de que “toda” África es un lugar terrible, violento y devastador, situación de la que no hay salida y sobre la que no podemos hacer absolutamente nada, ya que queda siempre claro que es un problema exclusivo de ellos, y sólo podemos, en el mejor de los casos, compadecerlos … y, casi siempre, olvidarlos. Y así es como la situación se sigue perpetuando, dejándoles a ellos a la deriva y ahogando al continente entero, porque “eso” es África (se dice pronto), en una imagen desacertada, simple y limitadora que le lastra y le mina un poco más.

Reconozco el poder que puede llegar a tener una imagen y no reniego de ello.  Sólo pretendo que se complete si es necesario, que no se simplifique, que se ahonde en lo que nos muestra, que se contraste si hay dudas. Es una manera de saber más. Por eso os propongo otro libro, esta vez de no-ficción. Se trata de Salvar a los niños soldados escrito en 2004 por Gervasio Sánchez quien durante 5 años se documentó sobre el trabajo realizado por Chema Caballero en el proyecto de rehabilitación de menores soldados en Sierra Leona. En el que podéis encontrar testimonios además de reflexiones, datos, hechos y acontecimientos que pueden desmontar muchas de las ideas preconcebidas que sobre ellos suelen aparecer:

9788483066010

1.-Los niños-soldado son verdugos, criminales a los que les gusta matar, merecen ser castigados. Falso: son víctimas y las niñas de manera doble.

Se les separa del núcleo familiar (algunos, incluso, son obligados a matar a sus progenitores u a observar cómo la muerte se produce), son drogados, abusados y alentados por otros para realizar actos de violencia indiscriminada y gratuita. Ishah Johnson fue secuestrada por los rebeldes en 1999 con once años. Fue “violada, usada sexualmente, utilizada como esclava doméstica, pisoteada a lo largo de toda su vida, morirá en el verano de 2003” (pág.88). A pesar de lo cruel, terrible y sanguinario que pueden llegar a ser los actos de los menores soldado, Chema Caballero afirma “que el crimen más brutal, que supera las narraciones más sanguinarias, es el propio secuestro del menor”. Además, sufren una serie de secuelas físicas y psíquicas para el resto de su vida.

2.-Pobres, pobres víctimas, no podemos hacer sino compadecerlos. Falso: “Victimizamos demasiado”, como dice la periodista congoleña Caddy Abduza, “lo vemos con imágenes pero nunca enseñamos qué ha sido de este niño, en qué se ha convertido. Debemos hacer seguimiento de las historias”

Y eso es lo que hace este libro. Son ellos mismos los que nos cuentan sus historias; la de “Killer”, que llevaba en un morral la calavera del primer hombre al que había asesinado, la de Komba Gbanya que mató a un soldado nigeriano y obligado (o eso o la muerte) le sacó el hígado y se lavó con la sangre, la de Isha Kondek secuestrada, embarazada y después abandonada en la selva o la de “Justice” a quien con ocho años le dieron un AK-47 y le asignaron la primera misión. Después hay que ganarse su confianza para que entiendan todo lo que de malo había en sus vidas pasadas, pero sin culpabilizarles. En el libro hay éxitos y también fracasos. Sobre todo entre las niñas, muchas de las cuales acaban en la prostitución.

3.-La esperanza y el final del túnel no existen. Falso: Los niños – soldado pueden rehabilitarse. Y de hecho a veces lo hacen.

Chema Caballero ha calculado el tiempo que precisa un niño-soldado para su reintegración social: 8 meses. Necesitan contar en alguna etapa de la rehabilitación sus historias verdaderas de los años pasados en la guerrilla, algunos no lo harán nunca ni tampoco las niñas se atreven a contar las vejaciones sexuales a las que han sido sometidas. Se va produciendo el “proceso de humanización”, en el que se le hace una de las preguntas más importantes de la nueva etapa que se abre ante ellos: “¿qué quieres hacer a partir de ahora?. Algunos acabarán formando una familia, desempeñando un empleo e incluso estudiando una carrera universitaria. El peligro puede estar en lugares como RD Congo en los que el conflicto armado se encadena y nunca cesa, y los menores si no tienen otro medio para sobrevivir acaban volviendo al ciclo de violencia.

4.-Los conflictos entre los propios africanos que se tornan en primitivos e irracionales son los que originan las guerras étnicas o tribales. Falso: las razones son mucho más complejas y no se trata de “guerras étnicas o tribales” en la gran mayoría de los casos.

“Para quienes siguen con lupa los acontecimientos de África Occidental, las guerras civiles entre distintos grupos armados obedecen a un plan preconcebido que tiene como objetivo mantener la inestabilidad para robar con más facilidad las materias primas” (pág.166) Así, tanto Liberia como Burkina Faso que apoyaron a la guerrilla de Sankoh eran simples marionetas manejadas tanto por Libia como por Francia.

5.-Las guerras en África no nos conciernen. Falso: Lo hacen y mucho

Detrás de la realidad de los menores soldados hay razones de tipo económico (en el caso de Sierra Leona, los diamantes) y político en las que está envuelto el mundo occidental. No nos es ajeno. “La situación actual no se reduce al hecho de que los gobiernos de Liberia y Burkina Faso estén contribuyendo directamente a la catástrofe humanitaria de Sierra Leona, usando redes delictivas internacionales que extienden sus tentáculos por otros países africanos y por los Emiratos Árabes Unidos, sino que también se trata de la trágica inacción de gobiernos poderosos como los de Bélgica y Gran Bretana (ambos pertenecientes a la unión Europea) y Suiza a la hora de establecer mecanismos adecuados de regulación destinados a controlar las actividades de los traficantes y transportistas de diamantes en bruto” (pág.166)

6.-Los africanos tienen armas que ellos mismo fabrican. Falso: El 95% de las armas que hay en el continente son importadas.

“Muchas de las guerras posmodernas o conflictos pequeños y baratos de los años noventa han tenido como objetivo dar salida a una industria del armamento en declive después de la guerra fría”.

7.-Todo el mundo sabe lo que es un niño-soldado. Falso: Tenemos una imagen de ellos, pero desconocemos casi todo en relación a sus vidas.

Eso mismo se pregunta el propio Chema Caballero. Y todavía hoy no es capaz de responder con certeza a esa pregunta. “Hay visitantes que tocan a los niños y se dejan tocar por ellos, y otros, la inmensa mayoría, que sólo miran  de lejos. Como si fuera un zoológico humano. Los grupos guiados llegan casi siempre acompañados por una cohorte de fotógrafos y cámaras de televisión. Muy pocos invitados tienen un verdadero interés por conocer las espeluznantes historias de los beneficiarios del programa” (pág.173)

MISIONERO CHEMA CABALLERO Y GERVASIO SÁNCHEZ PERIODISTA

Chema Caballero y Gervasio Sánchez

La lectura del libro te demuestra que estás ante un gran documento que a pesar de haberse escrito en 2004 tiene, por desgracia, plena actualidad. Nos enseña a mirar la realidad desde otro punto de vista, ahonda en la necesidad de contar que está presente en todo el que ha sufrido una injusticia, a veces la gente sólo quiere eso, que se la escuche (no olvido a los sobrevivientes de aquellos ataques ni a los miles que les amputaron las manos).

La guerra no acaba en esa fecha tan redonda que nos gusta poner separada por un guión al lado de la de inicio. La vida continúa, los hechos atroces pasan y llega la hora de vivir con ello. Suele coincidir con el momento en el que los focos se alejan hacia otro punto caliente del planeta. Pero Chema Caballero continuó alumbrando miles de salidas de aquel infierno en un trabajo titánico y entregado que parece fácil cuando él lo hace, pero estoy segura de que no lo es en absoluto (de hecho es el único programa de este tipo en el mundo que ha tenido éxito). Y Gervasio Sánchez decidió que tenía que contarlo.

Vivo el periodismo como un compromiso permanente y me siento en la obligación de acudir las veces que sean necesarias a esos lugares horribles donde aparece lo peor del ser humano cuando todo se desmorona y buscar esos documentos gráficos y literarios para que nadie pueda decir que no sabía lo que estaba pasando. (Fragmento del discurso pronunciado por Gervasio Sánchez al recibir el Premio Brunet, marzo 2015)

 

 

 

 

 

Los hombres leopardo se están extinguiendo – Chema Caballero

descarga

En este caso voy a empezar por la última página del libro en la que, junto a los agradecimientos, una nota nos informa que todos los beneficios que reporte la obra estarán destinados a una ONG, Dyes (Desarrollo y Educación solidaria), que en 2005 fundó Chema Caballero, junto a sus tres hermanas, cuando todavía se encontraba en Sierra Leona, país en el que permaneció desde 1992 hasta 2009. Este libro lo escribió después, en 2011 instalado ya entre nosotros, y no digo “fuera de África” porque eso en Chema Caballero es imposible.

De la terrible guerra civil sierraleonesa a pesar de no querer hablar en esta ocasión (podéis leer la entrevista que le hizo Ramón Lobo en “Jot Down“) acaba haciéndolo (él sabe que es algo inevitable), ya que su intención es contar “lo que están viviendo hoy día, los hombres y mujeres de Sierra Leona y, más concretamente, de Tonko Limba“. Y eso (aunque no solo) es lo que encontramos en sus páginas: el día a día vibrante y triste, vital y amargo, por el que transcurre ese pequeño universo que él conoció y todavía ama. Como diría Biyavanga Wainaina por el que aflora mucha cotidianeidad. Así, el libro es un auténtico regalo para todo aquel que quiera asomarse a este continente desde la mirada de un extremeño que pasó dieciocho años en Tonko Limba, trabajando con la comunidad y rehabilitando a menores soldados, pero ante todo caminando con ellos desde la humildad, con ganas de conocer, intentando aceptarlos en su totalidad y aparcando las tentaciones de juzgar…por que, como bien se encarga él mismo de subrayar, ¿quién conoce qué?.

En una ocasión anterior califiqué este libro de “manual”, y lo dije porque en esta obra aparecen muchos temas de la sociedad y cultura sierraleonesa que están tratados con profundidad y nos aportan la visión del que las ha vivido “con nuestra mirada”. El título del libro hace referencia a una de las sociedades secretas de aquel país, la de los hombres leopardo, según la cual estos hombres se transformaban en leopardos, tradiciones y creencias que nos descubren la magia y las supersticiones que aún perviven en el continente y que se enfrentan a una modernidad apabullante (donde el móvil es el artículo estrella).

Junto a ellas, aparece la situación de la mujer (“No se puede negar que las mujeres sierraleonesas, como todas las africanas, son supervivientes natas, que buscan los medios y las formas para, a pesar de la opresión y marginación en que se encuentran, sacar adelante a sus familias”), la educación, la sexualidad y los embarazos adolescentes (“Durante años he estado promoviendo el uso del preservativo entre los jóvenes, pero cuesta mucho que opten por él”), el consumo de yamba-marihuana local, la mutilación genital femenina, la medicina tradicional africana, la brujería (“Los extranjeros solemos considerar como hechiceros a toda una serie de personajes que juegan un papel muy distinto en la vida de los sierraleoneses”) o los jóvenes (que se ven influenciados por la televisión, Internet y que se encuentran atrapados entre la modernidad y la tradición) a quienes considera los verdaderos motores del cambio, porque Chema Caballero es de los que opina que a África la sacará de su situación los propios africanos.

i-016

Fotografía: Gervasio Sánchez.

Los jóvenes son la única esperanza que le queda a África para romper con su situación actual y cambiar. Constituyen la mayoría de la población del continente. Son la fuerza que quiere que las cosas cambien en sus países y buscan medios y formas para conseguirlo.

Los jóvenes tienen la capacidad de llevar a cabo la revolución que necesita África y todo nuestro planeta. Una revolución que venga del Sur, de forma pacífica, y que cambie todas las estructuras políticas y económicas que rigen las relaciones internacionales para, así construir un mundo más justo e igualitario para todos. Pág.112

No se obvia, tal y como ya he comentado, la dramática e infernal situación que se vivió durante y después de la guerra civil. Aquella guerra fue una de las más crueles de finales del siglo XX y principios del XX y duró 12 años. Bajo ella no se encontraba “una guerra tribal” como se suele denominar, tal y como denunciaba el escritor Ahmadou Kourouma en Alá no está obligado, a todo conflicto que suceda en aquel continente, sino la codicia de Occidente por hacerse con los recursos naturales africanos, el mantenimiento del negocio de las armas y el control de las minas de diamantes, entre otros, lo que produjo un conflicto de especial crudeza con la población civil que la vivió, además de con muertes y desolación, con amputaciones de manos, y niños y niñas convertidos en menores soldados y esclavas sexuales. Chema Caballero testificó en el juicio contra el “señor de la guerra” Charles Taylor y luchó para que no se juzgara a los menores soldado por “crímenes de guerra”.

“Las guerras las diseñan y manipulan los poderosos y las viven y sufren los más pobres”(pág. 41)

A la crudeza de la guerra le sobrevino el tiempo después, el necesario tiempo de la reconciliación (“el asunto pendiente de todas las guerras“), cuando víctimas y verdugos compartían los mismos espacios y en el aire se respiraba el deseo de venganza, la insatisfacción de los jóvenes, la propia dificultad por parte de los menores soldados para volver a la sociedad por miedo a ser reconocidos. Una vidas que había que reconstruir y que fueron abandonadas, tras el desembarco de ONG y organismos internacionales (con los que se muestra muy crítico) que acudieron cuando “Sierra Leona se puso de moda” en tropel y que después, justo cuando más se les necesitaba, desaparecieron.  A pesar de que considera que la ayuda es necesaria, afirma que “África necesita más justicia que ayuda material”.

624e810139bd04ec2d4e245336419ca6

Fotografía: Yannis Konto. Sierra Leona

Además, es un libro autobiográfico en el que el ex-misionero javeriano nos descubre sus propias dudas y desilusiones (“A veces me pregunto si tanto esfuerzo en el campo de la educación vale la pena. Cuando veo las dificultades que tienen que superar los estudiantes, las de sus familias y la forma en la que malviven los maestros, pienso que tanto aprender no lleva a nada. Son pocos los que después de tanto sacrificio conseguirán un empleo digno”, pág. 153). Sus dificultades para comunicarse, incluso estudió krio, porque se llega con ideas preconcebidas (“Por muy bien que hablemos el idioma local, la mentalidad que existe detrás de las palabras y los conceptos es siempre difícil de captar”, pág.31) o sus momentos de enfado, cuando la rabia le sale a borbotones (como cuando un niño le interpela sobre los diamantes: “¿Y para que vosotros os digáis “te quiero” tenemos que matarnos nosotros?”) Pero es un libro en donde sobre todo aparecen los sentimientos de un hombre que tuvo la suerte de vivir en Sierra Leona.

market

Un día de mercado. Sierra Leona. Fotografía: AFP: Carl de Souza

Ahora termino por el principio del libro. Nada más leer la dedicatoria sabemos que estamos ante un libro escrito por alguien a quien le apasiona leer. El co-fundador del blog “África no es un país” le dedica su obra al Coronel Aureliano Buendía, aquel personaje creado por la magia del gran Gabo, “que promovió treinta y dos levantamientos y los perdió todos”. Además de estar ante un buen lector, verificamos que es alguien que no ceja, ni se deja vencer por las adversidades, que se cae y se levanta miles de veces hasta la extenuación, a pesar de que conoce también cuáles pueden ser los resultados. Pero este libro no habla de Chema Caballero, el extremeño que aprendió krio para poder abrazar con la mente y con el corazón a miles de menores que sufrieron una de las mayores atrocidades que se le puede cometer a un niño/a, ni siquiera habla de África, porque no existe. Este libro habla de un gran hombre que un buen día llegó a un lugar llamado Tonko Limba en el que sus habitantes solo querían, como todos, ser felices.

“Los extranjeros tendemos a imaginar África como algo estático, que se ha detenido en el tiempo. Tenemos en nuestra mente las imágenes de las películas de Tarzán, Las minas del rey Salomón, Memorias de África… y nos es difícil imaginar un continente distinto al que nos enseña Hollywood.
Sin embargo, África es un continente joven, lleno de esperanza y de ganas de cambiar. Está evolucionando continuamente. A pesar de estar condenados a la supervivencia básica, sus habitantes, especialmente los más jóvenes, no se resignan y buscan día a día cómo salir adelante. Por eso es un continente siempre en movimiento, que nunca se para, por más que nosotros sigamos pensando que allí se ha detenido el tiempo” (pág.200)

Ficha:

Los cínicos no sirven para este oficio – Ryszard Kapuscinski

9788433967961

El tema de mi vida son los pobres.
Es eso lo que yo entiendo por Tercer Mundo. 
El Tercer Mundo no es un término geográfico y  ni siquiera racial. Es un concepto existencial.

De este breve libro (del que brotan frases como esta: “Es un error escribir sobre alguien con quien no se ha compartido al menos un tramo de la vida”), compuesto por dos encuentros y una entrevista con Ryszard Kapuscinski, “el maestro”, como lo llamó García Márquez, voy a resaltar la parte segunda, en la que habla de África; “Explicar un continente: la historia de su desarrollo“. Se trata de una entrevista que le realizó el 28 de noviembre de 2000, Andre Semplici, periodista y fotógrafo.

En ella explica que fue al continente africano por trabajo, frente a otros como Alberto Moravia (¿A qué tribu perteneces?, Cartas del Sahara) que fueron como escritores. Kapuscinski argumenta que él era un “esclavo de su trabajo obsesivo”, un corresponsal para “toda África”.”No me era posible, ni siquiera, ser un free-lance. Un periodista polaco no podía tener tal oportunidad. Por eso, a diferencia de Moravia, en mis libros solo he podido hablar del África de los golpes de estado, de las guerras, de los grandes líderes políticos” (pág.85)

thumb

Kapuscinski viajó a África por primera vez en 1958, tenía veintiséis años y su destino fue la Ghana recién independizada de Kkrumah. En aquel momento, el espíritu de Uhuru, el espíritu de la independencia, estaba en todos los lugares de África. En 1963 los protagonistas de las independencias se reunieron en Addis Abeba. Así nació la OUA (Organización para la Unidad Africana).

De sus recuerdos comienzan a brotar nombres propios. Kwane Kkrumah, “un gran político y un gran escritor (…) era un visionario y sabía muy bien que los estados africanos aislados, por sí solos, no estarían en condiciones de competir con el mundo moderno”. A pesar de que Krumah fuera el “más grande entre los nuevos jefes de África”, desde Etiopía emergía con una personalidad extraordinaria, el Negus, Haile Selassie, sobre quien escribiría un libro: El Emperador.

descargaEntre la crónica y el reportaje periodístico, en torno a la figura del emperador Haile Selassie, el Negus, rey de reyes, León de Judá, descendiente directo de Salomón, gobernante de una Etiopía desconocida hasta que fue derrocado en 1974. Siempre rodeado de esa áurea de grandeza, el emperador emerge como una figura inquietantemente huidiza y misteriosa. Kapuscinski se sumerge en la clandestinidad de los que sirvieron a Haile y hace que broten  las conversaciones como cuentos orales llenos de espeluzne y de grandeza (el susurro del encargado de cambiar el cojín de los pies del emperador, es un ejemplo). Sus voces se amontonan, sin conexión ni orden aparente, como si formaran una columna de humo que se va formando y elevándose. “Cada noche me dedicaba a escuchar a los que habían conocido la corte del Emperador“, así empieza su narración. Sobre Selassie podemos encontrar tanto alabanzas (venerado por el movimiento rastafari) como críticas (tirano, cruel, gobernante de mano férrea).

También habla de Nasser “punto de referencia para toda el África árabe”, de Sékou Touré (que pasó de líder del panafricanismo a dictador despiadado) y de Lumumba.

Y tras el estallido de las independencias, el desinfle. “Una élite negra sustituyó automáticamente a los colonialistas blancos. Ésta es una de las razones del completo fracaso de los nuevos estados” (pág.76) Y así los militares se hicieron con el poder. “Los años setenta en África, significaron el final de toda esperanza (…) la gente de África había creído que que la libertad encendería la chispa del desarrollo, que la independencia haría posible una vida mejor” (pág.78). Se esfumó el sueño de la unidad, y “África conoció nuevas divisiones”. Algunos países lograron cierto equilibrio, aunque precario, otros aparecen perdidos con guerras civiles que les han devastado- y otro grupo de países más pobres que intentan la estabilidad. “Son estas tres Áfricas demasiado distintas entre ellas: pero es así, con estas impresionantes divisiones, como ha entrado el continente en el siglo XXI” (pág.79)

africa

“África en la mirada”, fotografía de R.Kapucinski

En otra obra suya, Ébano (1998)pudo por fin mostrar la “belleza de África”. Lo escribió en otra época de su vida, cuando ya no tenía que ocuparse de la economía y de las guerras, y pudo hacerlo de su cultura y de los grandes entornos, “pero siempre con una atención particular por el hombre, por sus relaciones con esa extraordinaria naturaleza” (pág.86)

La tragedia de Ruanda fue presentada como la tumba de África. La muerte de África. Nadie señaló que Ruanda es una nación muy pequeña, cuyos habitantes ascienden a menos del uno por ciento de la población africana. Pero los que fueron enviados a Ruanda, dado que no conocen nada de África, estaban plenamente convencidos de que aquello era África (pág.113)

Ficha:

  • Título original: Il cinico non è adatto a questo mestiere.Conversiazioni sul bun giornalismo (2000)
  • Idioma: Original: Italinao
  • Traducción al castellano: Anagrama (2002)
  • Traductor: Xavier González Rovira
  • Nº páginas: 125
  • Portada: Foto de Ryszard Kapuscinski

Viaje al Congo – André Gide

9788483076255

-¿Qué le lleva a ir allí?
-Espero a estar allí para saberlo. (pág.11)

El viaje realizado durante los años 1925-1926 por el escritor André Gide y el cineasta Marc Allégret, es irrepetible. Mucho ha cambiado todo desde el momento en el que el escritor eligió, para recorrer lo que hoy es República del Congo, Chad, República Centroafricana y Camerun, como inspiración, el libro de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas

André Gide había tomado bajo su protección a Marc, hijo del que había sido su tutor y amigo, el pastor Elie Allégret, diez años atrás. Tal y como prueba su correspondencia, el escritor se enamoró de manera inmediata del joven del que le distanciaban más de treinta años de edad. De aquella relación compleja su punto culminante fue el viaje que ambos emprendieron al Congo.

andre_gide_congo-1-300x215

André Gide © Marc Allégret

gide

Marc Allégret y André Gide © Marc Allégret

George D. Painter escribía sobre los motivos que llevaron a Gide a realizar el viaje: el escritor “experimentaba su acostumbrada necesidad de desaparecer antes de la publicación de una obra mayor”. La obra en cuestión era esta vez Los monederos falsos. El 18 de julio de 1925, pocos días después de terminarla, Gide partía al Congo.

Los dos artistas escribirían sus impresiones en sendos libros, Gide lo hizo en Viaje al Congo y un año después Regreso de Chad, Allégret las plasmó en Carnets du Congo.

Carnets du Congo: Voyage avec Gide (Singulier, pluriel)

A ambos les impresionó profundamente lo que vieron. Gide se sintió obligado a denunciar la política colonial francesa, lo que conllevó un largo debate que llegó hasta el Parlamento a su vuelta. Allégret tomó una gran cantidad de fotografías y filmó un documental Voyage au Congo en el que ponía en imágenes lo que Gide recogió en palabras.

El viaje al Congo fue una experiencia fundamental para Gide quien, como escribe el 4 enero de 1933 en su Journal (Diario), hasta entonces no había sabido interesarse en los hombres, “únicamente absorbido como estaba por la contemplación de mí mismo. […] De manera que fue necesario ese contacto con la oprimida raza negra para arrancarme de mi narcisismo”.

Muy serio todo y alejado de la corrección general que opinaba en sentido contrario a lo que aparece en el libro, no en vano el propio Gide fue considerado a su muerte por Sartre y Camus “el escritor más libre de su siglo”.

Estas son algunas de las instantáneas que Allégret consiguió en aquel viaje.

2_69l00309-6

4_B3-pl12-263RET-2

1794542_778301422252674_4287298375121235493_n

No me basta con decirme, como hacemos a menudo, que los indígenas eran más desgraciados todavía antes de la ocupación de los franceses. Hemos asumido respecto a ellos unas responsabilidades a las que no tenemos el derecho a sustraernos. A partir de este momento, siento en mi interior un lamento inmenso; sé cosas sobre las que no puedo opinar. ¿Qué demonios me ha empujado a ir a África? ¿Qué he venido a buscar en este país? Antes, estaba tranquilo; ahora sé y debo hablar (pág. 89)

Ficha:

  • Título original: Voyage au Congo (1927)
  • Idioma: Original: Francés (Gallimard)
  • Traducción al castellano: Península (2004)
  • Traductora: Marga Latorre
  • Nº páginas: 222
  • Portada: Fotografía de Marc Allégret

Océano África-Xavier Aldekoa

gide

André Gide, viaje al Congo

Al principio, lo que hizo que muchos partieran hacia el continente africano fue la fascinación por descubrir nuevos territorios. Tengo guardado por ahí un cuadernillo de la revista “Siete Leguas” que escribió Pilar Rubio dedicado a África y sus “descubridores” y donde se pueden leer, además de relatos protagonizados por nombres conocidos, historias como las de la familia Tinné, formada por tres mujeres estrepitosamente ricas, que apostaron toda su fortuna a la posibilidad de llevar una vida sin tabúes, sin convencionalismos, partiendo a la búsqueda de las fuentes del Nilo.

Después (y durante) las voces que nos hablaron de África se diversificaron. Científicos, antropológos, historiadores o escritores tuvieron como centro de partida de tantos libros una África que todos nombraron como tal, a pesar de que no existiera. A la lista se unieron periodistas, corresponsales de guerra, reporteros o fotoperiodistas que habían acudido al continente y habían contado sus experiencias.

Pilar Rubio afirma que “los testimonios más atractivos suelen ser a menudo los de aquéllos que tuvieron la oportunidad de vivir in situ, dejándose impregnar por el lento transcurrir del tiempo.” Y da nombres y títulos de muchos que pasaron por allí y lo quisieron plasmar en papel. Algunos con un interés científico; Gerard Durrell (El arca sobrecargada) o Nigel Barley (El antropólogo inocente) y otros más literario; Conrad, GideGreene, Alberto Moravia (Paseos por África), Hemingway (Las nieves del Kilimanjaro), Evelyn Waugh (Gente remota) o Paul Theroux (En Lower River). Para finalizar con los viajeros y corresponsales de prensa; Kapuscinski (Ébano) o Javier Reverte (El sueño de África), entre otros.

Completando la selección incluyo las recomendaciones que realizaron en su día desde Cultura Africana y a dos escritores que no conocen África (de sobra saben que eso no es posible) Henning Mankell y Chema Caballero.

descarga (1) 9788499420080 220px-JourneyWithoutMaps

Bru Rovira (Áfricas), Ramón Lobo (Isla África), José Naranjo (Los invisibles de Kolda), Gervasio Sánchez o Alfonso Armada (Cuadernos africanos) publicaron libros basados en sus vivencias en el continente africano. Xavier Aldekoa se une a ellos con su Océano África. El periodista que viajó por primera vez con poco más de veinte años al continente, vive desde el año 2009 en Johannesburgo, Sudáfrica.

descarga (2)La anterior introducción viene a cuento porque Aldekoa confiesa que es un ávido lector. Y en Océano África se respira que hay muchos libros detrás, no solo de Kapuscinski, a quien cita y nombra a lo largo de la narración varias veces. De hecho su primera África fue literaria, la conoció en uno de los relatos que su padre le contaba antes de ir a dormir y se la trajo Julio Verne y su obra Un capitán de quince años.

Después vinieron otras Áfricas. Muchas de ellas aparecen en este libro. Se trata de un trabajo que se lee con facilidad y que tiene una estructura que se repite en cada uno de los 21 capítulos de los que se compone, cada uno dedicado a un país africano (incluso hay espacio para hablar de la presencia China en el continente) y en el que aparecen un buen puñado de historias de personas africanas, acompañadas de datos y de una explicación histórica o socio-política amena y clara.

Si enseñamos a un niño que no sabe nada de la Guerra Civil diría que no le transmite nada, si creamos un contexto al lado entonces sí, ya sabemos lo que ocurre. Cuando vemos una foto de una patera nos olvidamos no sólo de dónde viene, sino lo que ha provocado y qué responsabilidad tenemos.

¿Qué mueve a Xavier Aldekoa a escribir el libro?. Desde las primeras páginas sobre el primer país que visitó, Malí, recuerda lo siguiente: “Aquella frase de Cissé, en la parte trasera de una canoa en medio del Níger, fue la primera de mis Áfricas. “Cuando seas presidente de Europa no te olvidarás de nosotros, ¿verdad?”, me había preguntado. Desde entonces, dedico mi vida a la parte del trato que puedo cumplir“. La parte del trato que Aldekoa puede cumplir es aquella que le lleva a ser testigo y dar voz a aquellos que occidente ha silenciado (historias que no aparecen en los medios). Su trabajo consiste en explicar África.

Habla alto, “Hay fortunas descomunales construidas sobre los riñones de miles de negros que trabajaron en condiciones inhumanas en granjas de blancos o en las profundidades del subsuelo sudafricano.” (pág.59). Es capaz de mirar más allá de la pobre creencia occidental de considerar a todo pueblo que vive al margen de la “civilización” como atrasado culturalmente, descubriendo culturas de una sofisticación social y ética admirables, y nombra a los bosquimanos del Kalahari o a los nuer de Sudán del Sur, al tiempo que denuncia los reasentamientos forzosos. Discrepa con la idea de progreso que aparece en grandes titulares al lado de muchos países africanos que está provocando enormes desigualdades e injusticias. Cuenta la tristísima historia que se vive en el Delta del Niger. Elogia el trabajo de personas que trabajan en el continente como los miembros de Médicos Sin Fronteras, cree que la educación (como Mandela) es el arma más poderosa para cambiar el mundo y confiesa que África no está perdida, “está esperando a que las mujeres ocupen el sitio que les corresponde” (aquí Aldekoa sí contempla África como un todo).

Júlia Badenes

¿Y tú qué vas a hacer?. Fotografía: Júlia Badenes. Tomada en el campo de refugiados de Dadaab

Aldekoa habla también de la “ayuda”. En Dadaab, el mayor campo de refugiados del mundo,  mantiene un intercambio de opiniones con Mathieu, “que conocía la región como su casa”. Frente a su creencia de que la emergencia humanitaria si se perpetúa convierte a quien la recibe en dependiente, Mathieu le responde que Dadaab es la última oportunidad para miles de personas. Los campos de refugiados suponen un problema muy grave de seguridad ante todo, y también un tremendo no-futuro para miles de personas, algunas de las cuales nunca han conocido otra vida más allá de esas fronteras.

Bru Rovira percibía la distancia kilométrica que hay entre “ellos” y “nosotros”, reconociendo en su Áfricas que él se gana la vida contando historias de las que se encontraba siempre a salvo. Aldekoa en un momento del libro se muestra decepcionado y confuso al comprobar cómo al lado de su artículo publicado en el periódico “La Vanguardia”, dedicado a la denuncia de un acoso a una familia bosquimana junto a una mina de diamantes, aparecía un anuncio publicitario con vivas letras: “Compramos diamantes”.

Más de una vez, después de Sarajevo, después de Ruanda, he sentido la inutilidad de todas las palabras con las que cuidadosamente trato de describir lo que veo y lo que siento. La sensación de que tanto el sufrimiento como su relato son inútiles (inútiles para alterar el estado de las cosas) me traba como un perro los tobillos. Pero no por ello dejo de insistir, dejo de, acaso, ser testigo, de mirar dentro del horror, de volver al corazón de las tinieblas. Acaso sea ése un perverso sentido: el propio viaje con el que llenar la vida sin dejar de visitar, de vez en cuando, los lugares más atroces del mundo. (Alfonso Armada. Cuadernos africanos)

Más allá de las guerras, del hambre, del SIDA, más allá de todo el infinito dolor e injusticia en el que se baña el continente, las personas que allí viven demuestran un coraje y una fuerza, una ventaja inusitada. Es hora de romper tanto silencio en torno a las áfricas, abrirse a su diversidad, a su creación artística, a su riqueza musical y literaria, al día a día cotidiano y dejarnos sorprender. Es hora de dejar de lado la simplificación. Aldekoa, por su parte, cumple con creces, y que lo siga haciendo por muchos años, su parte del trato.

Para querer a África no basta con soñarla, hay que caminar sus calles, reírse con su gente, escuchar sus alegrías o tristezas, sentirse ridículo por no entender nada y volver a sorprenderse para comprender. Cualquiera que ansíe conocer un territorio tan vasto y diverso debe recorrerlo con los ojos abiertos y cerrarlos para volver a empezar. pág. 137

Ficha:

  • Título original: Océano África (2014)
  • Idioma: Original: Castellano
  • Editorial: Península, 2014
  • Páginas: 292

Inventores y científicos negros-Yves Antoine

 portadaINVENTORES_PROMO

¿Por qué este libro?. La anterior puede ser quizás la pregunta que se hagan algunas personas al leer el título. ¿Es necesario escribir y publicar un libro dedicado en exclusiva a los inventores y científicos negros?. El  propio autor, Yves Antoine, nos da la respuesta en el prólogo: “Al escribir esta obra, hemos querido al mismo tiempo perpetuar la memoria de algunos inventores y científicos, restablecer una cierta verdad y hacer cierta justicia. Podemos darnos por satisfechos si este trabajo logra debilitar, por poco que sea, los prejuicios que aún subsisten en nuestras sociedades donde desgraciadamente, el racismo todavía persiste”.

ce9b60b639

Sir William Arthur Lewis Foto: Unesco

Si se echa un vistazo a la lista de los ganadores negros de los Premios Nobeles, de un total de quince, se puede observar que la mayoría lo son en la categoría “Nobel de la Paz” (11) y después en la de “Nobel de Literatura” (3) y solamente hay una persona, Sir William Arthur Lewis, nacido en Barbados, que lo logró en Economía.

Desde 1980, para “honrar y sostener a personalidades que proponen soluciones concretas y ejemplares a los retos del mundo actual” y unos días antes del 10 de diciembre, momento de la celebración de entrega de los premios, se conceden los “Right Livelihood Award“, conocidos como los Nobeles alternativos. En este listado de premiados podemos encontrar a eminentes personalidades negras que han destacado en campos como la Biodiversidad, la Ecología (Ken Saro-Wiwa), la resolución pacífica de conflictos o la Arquitectura (Hassan Fathy).

La inteligencia negra

86cc64cb8d50a104df3e2023c28e359f 2be7d8eb00fe06db174b375762ba60e0

En 2007, James Watson, Nobel de medicina estadounidense, codescubridor de la doble hélice de ADN, aseguró al diario británico The Sunday Times que “toda la gente que ha tenido que emplear negros sabe que [la igualdad de razas] no es verdad”. Esta clase de afirmaciones, que no encierran sino puros prejuicios raciales, tienen una oportuna contestación en este libro en el que se logra resaltar las aportaciones de la negritud al saber occidental y romper el mito de que hay una inteligencia superior a otra. De hecho, el zimbabués Christopher Chetsanga descubrió dos enzimas válidas para reparar el ADN.

31a46661a4170c64fd6cd398ef9ccd0bEntre muchos otros inventos que se nombran, Garret Morgan inventó los semáforos viales. Ralph Gardner impulsó la fabricación de plásticos duros. Granville T. Woods “derrotó dos veces ante los tribunales al famoso Thomas E. Edison que le cuestionaba sus derechos sobre unos inventos relacionados con la electricidad” (pág.67). Patricia E. Bath desarrolló una técnica de operación con láser de la catarata. Y, al igual que Marie Curie, Shirley A. Jackson eligió especializarse en física, una disciplina en la que muy pocas mujeres tienen acceso en numerosos países.

Sin embargo, no todos los descubrimientos que aparecen en el libro tuvieron consecuencias beneficiosas para la humanidad. Lloyd Quarterman, físico nuclear, fue uno de los seis negros que, con Albert Einstein (de quien la historia cuenta envió dos cartas en las que expresaba su remordimiento por no haber podido evitar la tragedia de Hiroshima y Nagasaki), contribuyeron al  «Manhattan Project», el proyecto de la investigación de la bomba atómica.

Entre los científicos e inventores, los hay que provienen de la esclavitud (Edward Albion, Lewis H. Latimer) y los que formaron una pareja de científicos al estilo de los Curie (Dale Brown y Philip Emeagwali). Los hay que lograron el reconocimiento en vida y los que no lo lograron. Muchos de ellos sufrieron el rechazo por el color de su piel: Percy L. Julian estudió en Harvard donde se graduó y trabajó, “No obstante nunca le ofrecieron un puesto de profesor para no disgustar a los estudiantes de raza blanca” (pág. 50) y alguno como Elijah McCoy consiguió que su nombre formara parte del lenguaje común.

Muchos de los hombres y mujeres que aparecen en el libro tuvieron que sufrir la esclavitud o la pobreza extrema, también el rechazo, los prejuicios y actitudes racistas y aún así lograron aportar sus conocimientos

Inventores y científicos africanos

1804-4428-mali-cheik-modibo-diarra-devient-le-premier-ministre-de-la-transition_L

Cheik M. Diarra

De los cuarenta y seis nombres expuestos en el libro, ocho son africanos de origen. En concreto, el senegalés Cheikh Anta Diop, quien presentó una tesis doctoral en la Universidad de Paris en la cual argumentaba que el antiguo Egipto había sido una cultura negra, el astrofísico Cheik M. Diarra (Mali), quien fue además nombrado en 2012 primer ministro de su país, Philip Emeagwali (Nigeria), Edmond Albius (Reunión) o Christopher Chetsanga (Zimbabue). Además en el libro aparecen tres etíopes: Aklilu Lemma, Tilahun D. Yilma y Kita Eligu.

De todos ellos quiero destacar a Aklilu Lemma. Su descubrimiento tiene mucho de serendipiaFue profesor de la Universidad de Addis Abeba y su aportación a la ciencia fue el descubrimiento de la planta indígena endod, con la que consiguió una forma de lucha eficaz contra la esquistosomiasis. Esta enfermedad crónica afecta a millones de personas en diferentes lugares en Asia, África, América del Sur y también en El Caribe. La esquistosomiasis se aloja en moluscos.

El Dr. Lemma, enviado en 1964 al norte de Etiopía para llevar a cabo una investigación de una erupción cutánea provocada por esta enfermedad, observó a unas lavanderas que lavaban su ropa en cursos de agua dulce con “bayas de endod” a modo de jabón. Lemma se fijó que en la superficie del agua flotaban numerosos caracoles muertos. Y sin embargo, río arriba había muchos caracoles vivos. Así la planta se convirtió en el remedio contra la enfermedad. El endod tiene además otros usos, pero, tal y como señala el autor, “A pesar de todo, la industria farmacéutica no parece tener prisa en preparar productos en base a esta planta que serían económicamente accesibles en los países más pobres” (pág.28).

El anterior descubrimiento y sus dificultades para aplicarse, une al mismo tiempo los años sesenta con la triste actualidad del ébola, dándonos razones para pensar que, por desgracia, casi nada ha cambiado desde entonces. Lo que afirmaba el doctor etíope Legesse Wolde-Yohannes, que trabajó con Lemma, se puede afirmar hoy, “Las enfermedades de los pobres no interesan a los inversores occidentales” (pág.27).

Aquello sólo fue (es) una ilusión

Uno de los objetivos que se propone Yves Antoine con el libro, es que el lector se sienta tentado a indagar y descubrir más inventores y científicos negros. Además de un listado final que incluye a otras cuarenta personalidades, por mi parte he localizado a Valerie Thomas y su rompedor invento.

Esta analista de datos matemáticos para la NASA, posee desde 1980 la patente del “illusion transmitter” (un transmisor de ilusión). Esta futurista invención ayudó a sentar las bases de la tecnología 3D que se utiliza en el cine o la televisión.

A priori, Inventores y científicos negros podría parecer un libro tedioso porque tiene el formato de pequeña enciclopedia o de compilación de nombres agrupados por ramas del saber (Biología, Química, Ciencias Sociales, Psicología…) pero no lo es en absoluto. Al contrario. Porque, a pesar de que los datos puramente académicos podrían haber aparecido como notas a pie de página, se trata de un texto divulgativo de gran interés y fácil lectura. Y además, completa un luminoso cuadro de seres no siempre reconocidos que, a pesar de las duras condiciones, dedicaron su vida a la investigación y al estudio, a la invención y al descubrimiento, y que han logrado que nuestras vidas (las de todos) sean mejores, al tiempo que desmonta prejuicios y rompe mitos como el de la inteligencia superior.

“Pensándolo bien, es posible que algunos científicos europeos, convencidos hasta ahora de la superioridad de su sangre, constaten con sorpresa que han sido el juguete de una burda ilusión.” (Anténor Firmin, primer pensador de la condición hecha al hombre negro) (pág.16)

Ficha:

  • Título original: Inventeurs et Savants noirs (2012)
  • Idioma: Original: Francés
  • Traducción al castellano: Ediciones Wanafrica (2014)
  • Traductora: Carolina Carrizo Allais
  • Nº páginas: 172

Áfricas- Bru Rovira

africas_bru-rovira_libro-onfi128

Desde el inicio de este libro, el periodista Bru Rovira, nos advierte: “Sin la experiencia del sentir-y no sólo del dolor, sino también del gozo-es improbable que se produzca el fogonazo del saber. Los libros, las fantasías, los sueños, los ideales, el amor, “la pasión intelectual” se convierten en conocimiento sólo cuando les acompaña la “expresión física de la vida”: aunque no es imprescindible viajar en trineo hasta el polo Sur, es importante salir de casa” (pág. 11).  Áfricas, entre la crónica y el periodismo literario, es el mejor ejemplo del tipo de periodismo que le gusta realizar a este reportero que huye de ir a donde van todos y a quien le gusta transitar por “carreteras secundarias“, y es un libro contado desde las entrañas. “Me quedan pocos ideales sobre el heroísmo y la mítica figura del reportero”, escribe. “Rezo para que no se me atrofie la sensibilidad que me permite percibir los gritos del silencio, la de vida de los parias de esta tierra”.

Áfricas da datos y sitúa cada país en su contexto histórico y político, a veces utilizando explicaciones más largas y otras veces, en cambio, sirviéndose de apenas una cita o la historia de una fotografía, pero sobre todo logra explicar los conflictos o la situación de carestía de las cuatro Áfricas que aparecen en el libro: Sudán del Sur, Somalia, Liberia y Ruanda, a través de las voces y de los silencios de las personas que va conociendo, con las que comparte, a veces minutos y a veces días. Rovira sabe que no son necesarios fríos datos para hacer llegar al lector lo que supone vivir una Somalia, por ejemplo, cuyos habitantes pueblan la deriva.

Áfricas  es un libro que intenta hacernos partícipe del horror de la niña violada en múltiples ocasiones, del estupor que causa conocer que una vida en Somalia  vale 10 céntimos de euro, de la incapacidad de sacar una sonrisa de un grupo de niños hambrientos, extenuados, que deambulan por la tierra arenosa del sur de Sudán. Los seres que se asoman por sus historias nos retuercen el corazón y nos dejan sin aliento. Son cosas que pasan no tan lejos. En ese continente al que solo volvemos la vista cuando asoman, en la televisión o en los periódicos, cuerpos inertes, atravesados por el hambre, la desesperanza o las enfermedades. Son las Áfricas de los conflictos con miles de muertos interminables, de los niños-soldados, de las violaciones en masa, del fracaso de occidente, de los intereses creados, de nuestra responsabilidad, de la cobardía cuando llega el horror y del “sálvese quien pueda” que tanto nos gusta practicar, de toda esa verdad incómoda.

El texto es un conjunto de relatos que consigue orquestar cada voz dentro de un coro que nos habla de miseria y dolor, mucho, mucho dolor, pero también de la dignidad de los que, a pesar de lo que han vivido, siguen adelante. Es un alegato frente al anonimato en el que se sumerge una y otra vez al continente. Está escrito con lágrimas, desgarros, recuerdos e, incluso traumas. Su lectura es de las que te deja sin aliento por lo incómoda que resulta a menudo. Al leerlo sientes como si estuvieras encima de un fuego lento que te está quemando por dentro, abrasándote con las historias, quemándote sin posibilidad de volcar agua encima. Sabes que no hay salida para el mutismo del niño en el campo de refugiados de Liberia que se encierra en si mismo y sientes esa desesperanza absoluta descrita en su larga mirada vacía, ese insondable dolor, ese despiece que se ha producido en su alma infantil ya para siempre. Percibes la distancia kilométrica que hay entre ellos y nosotros, distancia que Rovira siente también al reconocer que él se gana la vida contando historias de las que se encontraba siempre a salvo. Esa duplicidad insoportable.

Rovira afirma en el libro: “En las guerras olvidadas, la víctima no tiene personalidad. Ni siquiera forma parte de un tiempo histórico y su lugar en el mundo se diluye en el mapa mudo de la desmemoria, desdibujando una geografía sin nombres” (pág. 129). De ahí la importancia de poner nombres a los rostros anónimos, identificarlos, conocer sus historias, sacarlos de esa masa uniforme, difusa y vaga que caracteriza lo colectivo, que estereotipa, tipifica y encapsula, y a la larga silencia y olvida. Contar sus vidas.

Áfricas es un libro dolido, en el que Bru Rovira se va quedando en carne viva. Duro y desesperanzado, repleto de reflexiones personales, a modo de exorcismo de lo vivido y sentido. Comienza con un viaje en el que acompaña a unos músicos de ruta por Sudán del Sur y acaba con la mirada negra, como un pozo lleno de sangre, de la niña de Nyamata en Ruanda. No creo que puedas olvidarla.

Durante las inundaciones de Mozambique del año 2000, una mujer fue rescatada por un helicóptero junto al grupo que se había refugiado en unos árboles. Con gran dificultad, la tripulación sudafricana del helicóptero consiguió echar unos cables para subirlos a bordo, pero al llegar a la cabina, la mujer, desesperada, empezó a gritar y, de pronto, se lanzó al agua. ¡Había olvidado su olla y de ninguna manera se marcharía sin ella!

El piloto del helicóptero no podía creerlo. Una hora de vuelo de aquellos aparatos alquilados en Sudáfrica costaba cinco mil dólares. ¿Cuánto cuesta una maldita olla?

Nosotros no lo sabemos. Los que viajamos con un billete de ida y vuelta jamás conoceremos su precio. Pero el precio no explica la vida de la mujer. El precio es nuestra mirada. Ésta es la distancia que a veces siento me separa de la mujer de la olla. La distancia insondable que me separa de África (Página 87)

Ficha:

  • Título original:  Áfricas (2006)
  • Idioma: Original: Castellano
  • Traducción al castellano: RBA (2006)
  • Imagen de portada:  Fotografía de S.Salgado . Amazonia images.
  • Nº páginas: 266

Ensaya, que algo queda

Propongo la lectura de dos ensayos (uno lo es y el otro lo parece) con dos temas de actualidad, como son: la persecución de la homosexualidad y el uso de las redes sociales en África.

Esto no es africano 

portada_estonoesafricano

Últimamente las noticias sobre más y más medidas represoras en contra de la comunidad LGBT en África, sobre todo en medios como “GuinGuinBali“, han propiciado un debate mayor que el que se había producido hasta el momento sobre la realidad que padecen algunas personas debido a su orientación sexual, en el continente africano. Uganda y Nigeria endurecían los castigos para las personas pertenecientes a este colectivo. Etiopía parecía querer subirse a este carro también y, aunque “el ministro de Información de Etiopía, Redwan Hussein, ha comunicado que finalmente su Gobierno no incluirá los actos homosexuales entre los delitos no sujetos a indulto” (*), no hay que olvidar que en este país es delito y que puede conllevar pena de cárcel de hasta 25 años. Incluso en Sudáfrica, donde se permite el matrimonio entre personas del mismo sexo, hay una gran homofobia: las “violaciones correctivas” son habituales y se practican contra mujeres poco femeninas o que mantienen relaciones con otras mujeres, para “corregirlas”. Esto, como dice Marc Sena, en el país más progresista de África en relación a este tema.

El periodista Marc Serena (Manresa, 1983) viajó siete meses (2011–2012) de norte a sur del continente para retratar de manera meticulosa las vidas africanas de gays, lesbianas, bisexuales, trans e intersexuales. En una entrevista para Público  afirma que lo que le interesaba  “no era centrarme tanto en cómo está el mundo sino en qué hay en el mundo que deba denunciarse y cambiar. Pensando en injusticias, me di cuenta de que una de las más terribles es que por amar te pueda pasar algo malo”. 

Aquí podéis leer el primer capítulo. Esto no es africano. Marc Serena. Editorial Xplora

Las redes sociales en África: instrumentos para la transformación y el cambio

portada-redes-socialesOtro tema que está suscitando interés es el avance de las TIC en el continente africano, que aunque tímido, sigue creciendo y el uso de las redes sociales como cauces de participación y de denuncia. Éstas abren el debate político, la construcción social, a colectivos que hasta ese momento no participaban de ello. Convirtiendo por ejemplo, tal y como dice Carlos Bajo, un instrumento como “Google maps” en una herramienta para coordinar la solidaridad directa en una crisis.

Antoni Castel, profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona y Carlos Bajo Erro, periodista apasionado por las posibilidades de liberación y de crecimiento que ofrecen las nuevas tecnologías, son los autores de este libro ganador del “IV Premio de Ensayo Casa África”. 

La experiencia de Cheikh Fall aparece perfectamente relatada en el ensayo. Este hombre se esconde detrás de su alterego digital Cypher007 en todas las acciones que realiza a través internet. En 2012 creó la plataforma SUNU, que canalizó el descontento popular frente a la candidatura de Abdoulaye Wade en las últimas elecciones en su país.

Tal y como resumen desde Casa África, “La conclusión de este ensayo es que, a pesar de la relativamente baja penetración de internet en el continente africano, el ciberespacio abre nuevas posibilidades a la contestación popular a regímenes antidemocráticos y la construcción de nuevas estructuras políticas y sociales, además de canalizar las inquietudes de amplios sectores sociales a través de la militancia o el activismo digital.”

 Las redes sociales en África: instrumentos para la transformación y el cambio. Antoni Castel y Carlos Bajo Erro. Editorial La Catarata

 

 

Cartas abisinias- Arthur Rimbaud

cartas-abisiniasBreve resumen:

En el verano de 1880 Rimbaud parte de Chipre con destino incierto hacia las ciudades costeras del Mar Rojo. Desde allí se interna en Etiopía, pasando a vivir largas épocas en Harar. Once años después regresaría a Marsella, en la costa mediterránea de Francia, para morir. Tenía 36 años. Las cartas de esa época de su vida, apenas nos dan atisbos del sufrimiento de una persona que había perdido su lugar en el mundo. Son cartas que cuentan proyectos, casi siempre poco realistas, y el deseo, por encima de todo, de conseguir establecerse como un feliz burgués, una pacífico padre de familia en la lejana y húmeda Francia. Una historia de desarraigo en que el poeta va poco a poco avanzando hacia la soledad en tierra africanas y que no regresa a su patria más que a morir trágica y prematuramente. (Fuente: Ediciones del Viento)

Ficha:

  • Título original:  De la edición de Éditions Gallimard,1972
  • Idioma: Francés
  • Traducción al castellano: Ediciones del Viento, 2010  www.edicionesdelviento.es
  • Traducción, notas, prólogo y epílogo: Lolo Rico, con la colaboración de Marijose Oliver
  • Fotografía de portada: Arthur Rimbaud, primero por la izquierda, entre un grupo de cazadores. Sheikh-Othmanin cerca de Adén (Yemen). Ca. 1882. Archivo Revista Poesía.
  • Nº páginas: 245
  • Otras publicaciones de esta obra: “Cartas abisinias”. Editorial Tusquets.

Tras leerlo:

En estas cartas nada extraordinario ocurre, siendo precisamente eso lo extraordinario, proviniendo de quien vienen. Rimbaud había abandonado la poesía y su vida y se había marchado a África. Ahora sabemos que quería hacer dinero. Huía, parece ser. ¿De su escandalosa vida en París?, ¿de su relación con Verlaine?, ¿de si mismo?. Tras su muerte, muchas preguntas quedaron sin responder y sus cartas fueron (siguen siendo) el objeto de estudio y de lecturas de muchas personas que buscaban un porqué. Sin embargo, pocas respuestas vamos a encontrar en sus cartas o, quizás, todas.

Por lo demás, las cartas son aburridas y desconcertantes al principio, cuando habla de planes comerciales, de dinero y de peticiones de libros con títulos como “Manual del viajante” o “Construcciones marítimas” a su madre y su hermana. Después descubriremos que aceptó el tráfico de armas (para suministrar a Menelik) y el tráfico de esclavos (sobre los esclavos, “si no lo hizo, sí que los utilizó para sus caravanas”[prólogo]) como manera de ganarse la vida. Entre tanto ni un verso. Lo que más sorprende es la desapasionada redacción de las misivas. De un poeta como él, se esperaría un mayor apasionamiento hacia su nueva aventura, una descripción sensible y luminosa de las tierras y las gentes por las que deambuló desde 1880-1891; Adén (Yemen), sobre todo Harar (Etiopía) y, en menor medida, Egipto.

A medida que vamos avanzando en las lecturas de las cartas, empezamos a comprender la soledad de Rimbaud, en un mundo ajeno, pero en el que continúa, lamentando la falta de vínculos afectivos (una esposa, unos hijos). Mucho se ha estudiado, especulado y hablado sobre los últimos años de Rimbaud. Hay pocas fotografías del poeta (si no me equivoco en la actualidad hay nueve). Esta (la que aparece en la portada del libro) fue tomada cerca de Adén (Yemen), Rimbaud es el primero de pie empezando por la izquierda. Es una figura enigmática, huidiza, en una postura extraña. Su rostro apenas se vislumbra, pero parece como si mirara huraño, grave y reflexivo. Sabemos que sufrió mucho al final y que estuvo muy solo.

La supuesta casa en la que vivió, durante su estancia (casi cinco años) en Etiopía, en Harar, una casa hermosa de madera, grande de tres pisos, construida por un comerciante indio y con coloridos cristales en las ventanas, no fue de su propiedad y no vivió allí. En la actualidad aloja una casa-museo. Si preguntas en Harar te dirán que le gustaba aquella vida, que estuvo con dos mujeres abisinias, que nunca se supo que era poeta. Podemos creer lo que nos dicen o no hacerlo en absoluto, podemos leer alguno de los libros que se han escrito sobre su persona (Enid Starkie escribió una biografía muy completa) y podemos peregrinar tras sus pasos como hicieron muchos. Evelyn Waugh, se sintió decepcionado al no encontrar ninguna pista sobre la estancia del poeta en aquellas tierras, tal y como expuso en su relato sobre la coronación de Halie Selassie, “Gente remota”. Como él, otros quisieron encontrar respuestas a algunas de las preguntas que giraban alrededor del poeta, intentando contestar a las múltiples interrogantes que se abrían tras su huida a África… ¿la razón por la que el poeta dejó de escribir versos?, ¿el motivo que le hizo abandonar toda su vida y refugiarse en el continente africano?, ¿los pasos que debió de dar para pasar de ser un poeta a un traficante de mentalidad materialista?…

Evelyn Waugh podía haber leído estas cartas (desconozco si estaban publicadas en su época y si lo hizo, en caso de ser así). Ya lo escribió Albert Camus:“Para mantener la leyenda uno tiene que ignorar estas decisivas cartas. Son sacrílegas como a veces lo es la verdad”. Leyéndolas se habría dado cuenta de que Rimbaud, el gran innovador, el luminoso poeta, el que en una carta a Georges Izambard en 1871 había escrito:”(…) Yo es otro … Nos equivocamos al decir: yo pienso, deberíamos decir me piensan”, no estaba en ellas, ni tampoco en Etiopía.

(…) Me aburro tanto como siempre; nunca he conocido a nadie que se aburra como yo. ¿Acaso no es miserable esta existencia sin familia, sin ocupaciones intelectuales, perdido en medio de negros cuya suerte nos gustaría mejorar, mientras que ellos sólo buscan aprovecharse y nos impiden solucionar nuestros asuntos en un breve plazo? Obligados a hablar su chapurreo, a comer su asquerosa comida y a padecer un sinfín de problemas debidos a su pereza, a sus traiciones y a su estupidez.

Lo más triste no termina aquí sino en el miedo de que poco a poco uno pueda embrutecerse, aislados como estamos de toda sociedad inteligente (…).

Harar, 4 de agosto de 1888

Fragmentos  de algunas de las cartas, aquí

Sobre el  autor:

Arthur Rimbaud nace en Charleville, Francia, en 1854. Hijo de un militar y segundo de cinco hermanos, muy pronto sufrió el abandono del hogar por parte de su padre, dejando a los hijos al cargo de una madre autoritaria. De temprana vocación literaria, escribe a Verlaine, ya consagrado poeta simbolista, que lo invita a reunirse con él en París. Su relación acabaría con la famosa trifulca del verano del 73. Regresó a Charleville, donde escribió Una temporada en el infierno y, en 1874 viajó a Londres, donde finalizó sus Iluminaciones. En 1880 llega a Yemen y permanecerá a ambas márgenes del golfo de Arabia hasta su regreso a Marsella, en 1891 con una pierna gangrenada, cuya amputación no lograría evitarle la muerte. (Fuente: Ediciones del viento).

En el año 1871 entra en contacto con Paul Verlaine por carta; éste, intrigado por sus versos misteriosos, le manda una carta con un tiquet de tren para París y le responde “Ven, querida gran alma. Te esperamos, te queremos”. Una vez instalado en la casa que Verlaine compartía con su mujer de 17 años, embarazada, éste y Rimbaud inician una tormentosa relación sentimental, que los llevaría a vivir como vagabundos, enfant terrible el uno, abandonado de sí mismo el otro, en vorágines bohemias y discusiones perpetuas. En una de ellas Verlaine disparó a Rimbaud en la muñeca, lo cual pareció definitivo: dos años de cárcel para el uno y el regreso al pueblo natal para el joven poeta, que terminaría entonces de escribir su famosa Una temporada en el infierno. (Fuente: La Central).

Obras: 

Para saber más:

 escanear0028

Gente remota-Evelyn Waugh

51EUsakGdYL._SY300_Breve resumen:

El 19 de Octubre de 1930, con veintisiete años de edad, Evelyn Waugh —que alcanzaría gran fama con su novela Retorno a Brideshead— emprende viaje hacia la lejana Etiopía con el propósito de relatar, para el periódico londinense The Times, los fastos de la coronación del nuevo emperador de Abisinia, el Ras Tafari, autodenominado Haile Selassie I, Rey de Reyes. El acontecimiento congrega a altísimos dignatarios de las grandes potencias y algunos miembros de las familias reales europeas. Tras casi un mes de celebraciones y despropósitos —que traen a la memoria del escritor pasajes de Alicia en el País de las Maravillas— Waugh decide continuar su extravagante excursión por África. Cinco meses después es depositado en los muelles de Southampton por un trasatlántico procedente de El Cabo. Este libro es el relato irónico, brillante y divertido de aquel viaje. (Fuente: Ediciones del Viento)

“Tenía un sentido tremendo de la aventura y en el libro queda clara también su experiencia personal. Era un finísimo escritor, un grandísimo observador y con un extraordinario sentido del humor. Recomiendo este libro con toda mi alma”, dijo Javier Reverte.

Ficha:

  • Título original:  Remote people (1931)
  • Idioma: Inglés
  • Traducción al castellano: Ediciones del Viento, 2003
  • Traductora: Paula García Manchón
  • Imagen de portada: Un grupo de sacerdotes de la Iglesia Etiope posa en traje de ceremonia. Dos de los sacerdotes sostienen cruces similares a las que el Emperador de Etiopía regaló a la Catedral de Washington. Autor desconocido, Etiopía, enero de 1931. (c)Hulton-Deutsch Collection/Corbis
  • Otras publicaciones de esta obra: “Gente remota”. Ediciones del Viento. De bolsillo

Tras leerlo:

Hale Selassie no solo fue Rey de Reyes, León de Judá y Emperador de Etiopía (1930-1974), también es para los Rastafaris la encarnación del Mesí­as según la profecí­a de Marcus Garvey, liberador del Caribe y fundador del movimiento Rastafari. Sobre Hale Selassie, Ryszard Kapuściński  escribió un libro titulado “El Emperador” donde hacía un recopilatorio de las entrevistas que había conseguido del entorno y de la corte imperial del negus. Antes, en 1930 Evelyn Waugh había sido testigo directo de su coronación y ése es el punto de partida de este libro.

Si Leon Wieseltein calificó el libro de Kapuściński como una mezcla del Ubú rey, de Jarry, y de los despachos de prensa, Evelyn Waugh habla de lo que vio en estos términos: “De hecho mis pensamientos vuelven una y otra vez a Alicia en el País de las Maravillas cuando trato de establecer algún  paralelismo histórico de la vida en Addis Abeba”. Es decir, entre el absurdo y lo maravilloso.

Antes del relato de la coronación que ocupa las 68 primeras páginas, con ironía y humor que seguirá durante todo el libro, el escritor nos ha descrito a las personas que le acompañaban en su viaje en barco hasta Djibuti. La propia presencia del escritor será fruto de una suerte de azar; ya que decide ir a Abisinia cuando se entera de la coronación y le proporcionan las credenciales de prensa, embarcándose hacia el evento como un auténtico aventurero. En las primeras páginas leemos los conocimientos, a cual más absurdo, que la sociedad del momento tenía sobre Etiopía: “se decía que la Iglesia de Abisinia había canonizado a Poncio Pilato, y ordenaba a sus Obispos escupiéndoles en la cabeza…que la gente vivía a base de carne cruda e hidromiel”, entre otras afirmaciones tan delirantes como las anteriores.

descarga

Evelyn Waugh. Foto:www.nndb.com

Evelyn Waugh opina y expone su punto de vista abiertamente, sin enmascararlo. Estamos en 1930, con gente remota, en Abisinia y todo lo que acontece allí le resulta lo más parecido a “Alicia en el País de las Maravillas” (sensación derivada del choque entre su “civilizado” mundo, era un firme creyente de la civilización, y lo que se encuentra en la “primitiva” África, también la compara con la Israel de Saul y la Escocia de Macbeth). “En Addis Abeba todo era azaroso e incongruente; uno acababa aprendiendo a esperar siempre lo más inesperado, y aún así, siempre se sorprendía.”

Pero de la mano, mordaz y crítica de Waugh, no escapa nadie. Este libro contiene una implacable denuncia del modo de actuar de algunos medios de comunicación. Describe una forma de comportarse que por avidez de noticias “amarillas” (así considera a la coronación), incita a los reporteros a escribir las crónicas “antes de que ocurrieran”. “Lo que me sorprende al leer en la prensa las descripciones de la coronación no es que mis colegas más impetuosos se hubieran permitido ser chapuceros acerca de los detalles o que hubieran cometido alguna que otra exageración de los aspectos más románticos e incongruentes del asunto. Me parecía que habían presenciado una serie de acontecimientos muy diferentes.” Tampoco deja de criticar el comportamiento “tipo contagio” que había llevado a las “Potencias civilizadas a, no solamente llevar regalos al emperador, sino a incluir la presencia de casas reales y altos mandatarios en la celebración: “no dábamos demasiada importancia a Tafari -señaló el sirviente inglés- hasta que nos enteramos de que vuestro Rey había mandado a su propio hijo a la coronación. Y, finalmente, también opina sobre los etíopes y el momento que ha ido a contar, una sucesión de acontecimientos de carácter increíblemente espectacular, y una forma de vida, mezcla de modernidad y de barbarie, europea, africana y estadounidense, que tenía definitivamente una personalidad propia.”

Después, decide continuar su viaje por África. Harar (Etiopía) le defrauda (“nadie sabe lo que es aburrirse de verdad hasta que no llega al trópico“) y le decepciona al intentar encontrar pistas sobre la estancia de Rimbaud en aquellas tierras, en vano. Aden (Yemen) le fascina y, lo que adivinaba como espantosa estancia (Kenia), será todo lo contrario. En cambio, en Zanzíbar (la isla a la que todos van) la belleza que encontró Burton le será escamoteada. Uganda y Congo completan el periplo.

A lo largo de todo el texto, Waugh no oculta su opinión respecto a los africanos/as: los gruesos labios y narices aplastadas de algunos etíopes son rasgos que cree producto de la “infección de la sangre de esclavos; alude a los rostros simiescos y piel tiznada de los somalíes”, o a las voces de las mujeres árabes, “ningún sonido realizado por ser humano es tan insufrible como las voces de dos mujeres árabes discutiendo.” Alaba el colonialismo del Imperio Británico y lo compara con el Belga. Y va soltando aquí y allí frases como éstas: “En el Este de África aún no hay negros que estén en posición de contemplar siquiera el considerarse  en igualdad con los blancos; la cordura anglosajona continúa estando intacta en este sentido.”

A Evelyn Waugh se le ha tachado de misógino, racista, reaccionario, antisemita, arisco y agresivo. Pero también de ser un magnífico escritor, irónico y con sentido del humor. “¿Para qué salir al extranjero? Mejor conocer antes Inglaterra. Sencillamente, Londres le da cien mil vueltas al continente negro.” Antes de pronunciar esta frase había realizado un viaje de cinco meses, toda una aventura, en 1930, entre gente remota. 

Pero es bastante seguro  que, en el optimismo expansionista del último siglo, África no hubiera permanecido sola. Quisiera o no, iban a arrojarle encima toda la basura de nuestro continente; el transporte mecánico, el Gobierno representativo, el trabajo organizado, apetitos estimulados artificialmente hacia la variedad de la ropa, comida y entretenimiento esperaban a África a la vuelta de la esquina. Todos los elementos negativos iban a llegar inevitablemente.

Sobre el  autor:

Evelyn Waugh nació en Hampstead, Inglaterra, en 1903. Tras licenciarse en historia moderna por la Universidad de Oxford, publicó su primera novela, Decadencia y caída, en 1928. En los siguientes años aparecieron Cuerpos viles (1930), Merienda de negros (1932), Un puñado de polvo (1934) y Noticia bomba (1938). Viajó intensamente por Europa, África y América, experiencias que recogió en los libros Etiquetas: viaje por el Mediterráneo (1930), Gente remota (1931) o Noventa y dos días (1934). Tras los años de guerra, en los que sirvió entre Yugoslavia y Oriente Medio, dio a la imprenta, entre otros títulos, la novela Retorno a Brideshead (1945), que le proporcionó fama mundial. En 1964 publicó su último libro, Una educación incompleta, que había de ser el primer volumen de una autobiografía inconclusa pues el autor murió en 1966. Si bien en su país pronto fue reconocido como uno de los grandes novelistas del pasado siglo, en el resto del mundo la fama llegaría con posterioridad a su muerte ocurrida en 1966, con la versión para la televisión de Retorno a Brideshead (Fuente: “Me gusta leer” y “Ediciones del viento”)

Obras: 

  • Viaje por el Mediterráneo (2002). Editorial/es:  Ediciones Península S.A.
  • Retorno a Brideshead  (2002). Editorial/es:  Mediasat Group, S.A.
  • ¡Noticia bomba! : novela de periodistas  (2003). Editorial/es:  Círculo de Lectores, S.A.; Ediciones El País, S.L.
  • Cuerpos viles (2003). Editorial/es:  Círculo de Lectores, S.A.
  • Hombres en armas (2003).Editorial/es:  Ediciones Cátedra, S.A.
  • Elena (2003). Editorial/es:  Editorial Planeta DeAgostini, S.A.
  • Noventa y dos días (2004)  Editorial/es:  Ediciones del Viento, S.L.
  • Ronald Knox  (2005). Editorial/es:  Ediciones Palabra, S.A.
  • Una educación incompleta : autobiografía parcial  (2007)    Editorial/es:  Libros del Asteroide
  • La prueba de fuego de Gilbert Pinfold   (2007). Editorial/es:  Homo Legens, S.L.
  • Merienda de negros (2008). Editorial Anagrama, S.A; Editorial Cahoba Promociones y Ediciones.

Para saber más:

A %d blogueros les gusta esto: