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Entradas de la Categoría ‘No ficción’

Edjengui se ha dormido… y Chema Caballero nos cuenta cómo quieren despertarlo

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Fotografía: Goteo.org

Tras leer este libro, me he puesto a leer otra vez.

He buscado la “Declaración de las Naciones Unidas sobre los pueblos indígenas” de 2007 y me he encontrado lo que ya sabía. Mis ojos se han deslizado artículo tras artículo hasta completar los 46 que completan la lista de este sueño color rosa que son todas las declaraciones que existen y existirán para muchas personas. Después me he quedado un buen rato mirando por la ventana y reflexionando sobre nuestro mundo de asfalto y neón, tan alejado del de los pigmeos bakas, alma de este libro, que se consideraban hasta hace poco parte de la selva (pensad en esto) para verse de pronto desalojados de ella y obligados a habitar los bordes de las carreteras.

Se me ocurren unas cuantas maneras de acercarse a una comunidad indígena: a través de algún libro de antropología, de algún reportaje fotográfico o periodístico, de algún testimonio de viajero, o de manera menos frecuente conociéndolas in situ. Este libro lo consigue de una manera diferente. Si con Los hombres leopardo se están extinguiendo  (PPC, 2011) Chema Caballero había conseguido casi un “manual”, con Edjengui se ha dormido completa una mezcla de géneros, logrando un libro “intramundos” que nos mete de lleno en los poblados de los pigmeos bakas del sur de Camerún. Su recorrido parece el de un detective con los ojos muy abiertos que ha llegado a la escena después del crimen y se dispone a observar, reflexionar y entrevistar a toda persona vinculada con el caso para intentar aclarar la crítica situación que delante se le presenta. Después nos reúne a todos para ofrecernos sus conclusiones y, para ya sin sorpresa, mostrarnos que el culpable no es uno sino muchos y otro tanto ocurre con el motivo.

Espero no haber cometido un “spoiler” al adelantar que esta obra parte de una situación al límite y contaros un poco el final de este libro que nació con la intención de “mostrar el momento actual en el que se encuentra el pueblo baka”. La ONG Zerca y lejos nos propone unirnos a la lucha por los Derechos Humanos de los baka comprando este libro. Una manera, además, de lograr que con su lectura conozcamos y sintamos más próximos a los bakas de Camerún. Para ello han usado la vía del “crowfunding” y le han encomendado la labor a Chema Caballero. Éste, a través de un método de cirujano, abriendo, analizando, cerrando y volviendo a abrir, cumple la tarea sin arrogarse el papel de ser “la voz de los sin voz” y prefiriendo, de manera muy acertada, dar primerísima importancia a las historias personales. Que hablen ellos y ellas. Siendo a través de estas narraciones como se va encendiendo las bombillas que van dando luz a un universo desconocido y logrando que lo veamos casi como si estuviéramos sumergidos dentro de él.

¿De qué habla “Edjengui se ha dormido”?

De cuando todo se desmorona. De eso habla. De cuando ves que tu mundo deja de existir y comienzas a vagar como un fantasma al que le han quitado cualquier cimiento de solidez y no te puedes anclar a nada porque todo a tu alrededor maneja unas claves que desconoces.

No son los bakas, por desgracia, los únicos que han sido desalojados de sus tierras y que corren el peligro de perder sus culturas. A lo largo y ancho del planeta son muchos los grupos minoritarios que han visto cómo sus tierras ancestrales, aquellas que les pertenecen desde “muchos, muchísimos años” como dice una anciana en este libro, les han sido usurpadas. “Los pueblos indígenas están perdiendo la batalla contra la cultura occidental que se impone en todo el mundo” se afirma en sus páginas (¡y qué razón tiene¡). Se les expulsa de sus tierras para poder deforestar la selva y hacer negocios también de minería. El aceite de palma es uno de los últimos en sumarse a esta lista de productos que consumimos en nuestro mundo y que están ocasionando una situación irreversible en lugares como Camerún.

En el libro, a través de diversos testimonios y opiniones de personas pertenecientes a estas comunidades, se va denunciando que las concesiones para las explotaciones las da el gobierno, y que benefician además de “al presidente y a sus amigos”, a países europeos y en mayor medida los últimos años a China. Los bakas además sufren de racismo y discriminación por otros pueblos, como los bantúes que no les consideran seres humanos y que les esclavizan. El listado de derechos humanos que les es hurtado es extenso. La situación se torna descorazonadora, más aún si continúan en su posición de víctimas. Es necesario pasar a otro estadio: hay que despertar a Edjengui, el espíritu de la selva, hay que despertar a los bakas para que reclamen lo que les corresponde.

En la página 112 de su libro Los hombres leopardo se están extinguiendo, Chema Caballero escribía: “Los jóvenes son la única esperanza que le queda a África para romper con su situación actual y cambiar. Constituyen la mayoría de la población del continente. Son la fuerza que quiere que las cosas cambien en sus países y buscan medios y formas para conseguirlo”. En esta ocasión también la solución parece venir de los jóvenes que a través de la educación están consiguiendo concienciar al resto de los suyos de la importancia de no dejarse pisar y organizarse para conseguir, entre todos, que sus derechos les sean devueltos, para hacer que todas las declaraciones sobre comunidades indígenas no sean para nadie un cuento rosa.

Al igual que pasa con los culpables y con los motivos, tampoco Edjengui se ha dormido tiene un único final. El mundo que Chema Caballero nos ha mostrado se debate entre miles de interrogantes y contradicciones intentando seguir caminando después de que todo se ha desmoronado. Lo tienen difícil, son muchas las fuerzas que se ciernen sobre los pueblos indígenas empujando para que desaparezcan y con ellos todo un mundo. Estorban, sobran, no se les quiere en ningún lado. Así de sencillo y así de cruel. Zerca y lejos nos da la oportunidad de conocer y ser parte de un proyecto, a través de un libro que logra que conozcamos su lucha y su esfuerzo por levantarse ante todas las dificultades a las que se enfrentan. Es una lucha desigual, descomunal, Edjengui se ha dormido nos habla de ella, nos siembra de incertidumbres pero también de presente, a través del nuevo ciclo de vida que abren los jóvenes, y nos invita a todos a ser parte y altavoz de la situación que describe. El primer paso a tan solo un golpe de click.

 Para adquirir el libro: Zerca y lejos 

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Se puede haber estado en Yibuti o haber leído “El testamento del Chacal”

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De Yibuti nos habló hace poco el escritor Abdourahman A. Waberi, sobre todo de la vertiente política de un país que lleva soportando al mismo hombre en el gobierno la friolera de 17 años. Y lo va a seguir haciendo ya que Ismaïl Omar Guelleh ha sido reelegido (bajo acusación de fraude) este mismo domingo. Es el “pequeño país del Cuerno de África”, en donde las grandes potencias compiten para desplazar sus tropas hasta allí. Incluso China lo ha hecho, ya ha anunciado que tendrá base militar en el continente.

De Yibuti, por lo demás, no sabemos nada.

Ander Izagirre, ese periodista con botas y mochila fácil, nos lo hace comprender de muchas maneras, la más gráfica cuando descubre que ni siquiera los médicos se acuerdan de colorear el país como zona con malaria en los mapas de las enfermedades. Yibuti será la pieza del puzzle que le faltaba a Ander y a su equipo para completar el viaje de nueve meses por los puntos más bajos de cada continente. Porque en aquel país está el lago Assal, 157 metros por debajo del nivel del mar. Y ello saben que en los sótanos del planeta se pueden encontrar tantas lecciones como en las cumbres más altas.

Pero sobre todo porque conciben el viaje como encuentro, como una manera de acercarse a los demás, de sondear esos abismos que nos separan y tratar de entender. Y todo ello desde el convencimiento último que da el saber que, en realidad, son las personas que viven de manera cotidiana situaciones extremas de carencias y sufrimiento las dignas de admiración y no los viajeros que, de manera privilegiada, tienen la suerte de ir a uno u otro país por voluntad propia. “A menudo, un viaje no se termina de comprender hasta que uno vuelve a casa, lo piensa y lo escribe” (pág. 18).

El testamento del Chacal tiene la virtud de penetrar en esta tierra olvidada y hacernos sentir que hemos estado allí. Yibuti cansa, afirma el periodista. Bofetadas de calor del país más calientes del planeta se elevan desde esa “roca volcánica, arena y sal” para abrasarnos también a nosotros, los lectores, que no podemos sino asistir con la mirada seca.  A través de su propia historia que se cuenta desde la época colonial en la que, bajo la dominación francesa, se impuso también allí el recurrido “divide y vencerás” aplicado a los afar y los issas, hasta la independencia que arroja el saldo de un país con altos niveles de corrupción, “pero lo realmente grave es que ese dinero de la corrupción no se queda aquí, se desvía a Europa”, afirma un yibutí. Pasando por la guerra civil, que duró tres años, y que parece haber acabado con el convencimiento de la necesidad de que ambas etnias vivan en paz y armonía juntas.

Y tras todo ello, el pueblo yibutí. Que sobrevive en un lugar en el que, según un proverbio issa, hasta los chacales dejan testamento antes de entrar en él, y es que “En las listas que miden el bienestar de las naciones, Yibuti siempre merodea el farolillo rojo” (pág. 86). En él,  seres humanos y cabras se disputan el agua en la misma lata oxidada, muchos mascan kat para evadirse de la realidad tórrida, algunos gastan sus últimas fuerzas escarbando en la basura algo que comer y otros intentan continuar en aquel territorio hostil, en donde no se puede cultivar nada. Pero también aparecen seres entusiastas y esperanzados que “con sus testimonios de supervivencia testaruda se levantan contra un paisaje atroz”.

De Yibuti también sabemos lo de la grieta. Que está partiendo el país en dos, dejando que el mar penetre y acabe por devorarlo todo. Pero hasta que eso ocurra hay otros planes para este país, el núcleo más importante de conectividad digital en el este de África y para el que China financia su nueva red ferrioviaria.  Y hasta que eso ocurra, seguirá siendo además el lugar de paso de miles de inmigrantes en tránsito de países como Somalia, Etiopía y Eritrea.

La lección abruma: nuestra vida no es la medición de todas las cosas; el universo se rige por motivos que no controlamos ni comprendemos. En esta forja de continentes y océanos, el hombre es polvo efímero. Sin embargo, esa conclusión no oprime, sino que inspira, porque la belleza terrible del Rift evoca una intención suprema que se intuye aunque no se entiende. El Rift es un gran recordatorio: hay que elegir entre el absurdo y el misterio (pág.150)

Ficha:

  • Título original:  El testamento del chacal (2003)
  • Editorial: Laertes
  • Nº páginas: 150
  • Imagen de portada: Duatis Disseny. Fotografía de Ander Izagirre

Un holocausto y medio cada año: Martín Caparrós nos desnuda El Hambre

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Land grab es la palabra para designar el “acaparamiento de tierras”, una manera de nombrar un robo que es una condena a muerte para mucha gente. En nuestro moderno vocabulario contemporáneo las letras se juntan para disfrazar maneras de exterminar o, quizás, para hacer más digerible lo innombrable. O también para no acabar de nombrar nunca a las cosas por su nombre. Land grab es una de las causas por las que mucha gente alrededor del planeta pasan hambre. “Hambre” otra palabra que se volvió imposible de tanto usarla:“ El hambre en el mundo es una frase hecha, un lugar común”.

Todo lo que leáis a continuación es el resultado de una lectura extenuante y exprimidora como es El Hambre (Anagrama, 2014) de Martín Caparrós sobre un tema tan difícil, tan esquivo, tan directo y tan brutal (tan asqueroso, en suma). Se trata de uno de esos libros que una va escuchando que están en camino, que una va leyendo en adelantos, luego en entrevistas, sobre cómo surgió, por qué, que una va tentando desde lejos hasta que llega el día en el que no se aplaza más su lectura. Hasta que llega el día en el que una deja de preguntar, como coartada, ¿para qué leer un libro sobre un tema como el “Hambre”? (cuando en realidad lo que una no quiere es verse metida en ese barro). Para confirmar que cuando lo acabas, éste te taladra y te deja demolida (por razones obvias) pero sobre todo te deja interrogada.

En Daca, Bihar, Bentiu, José León Suárez, aquí mismo, me parece que todo lo que puedo contar son obviedades: lo que abunda, lo corriente, lo evidente. Y después vuelvo al mundo donde vivo y caigo otra vez en la distancia: lo fácil es vivir ahí ignorando -todo esto-y lo bien que nos sale (pág.587)

El libro se inicia en Níger con la historia de Aisha, la joven que si pudiera pedir lo que quisiera pediría dos vacas para no volver a pasar hambre. A priori, Níger “se supone que es el ejemplo más claro del hambre estructural, un lugar muy árido donde es difícil cultivar”. Sin embargo, es el segundo productor de uranio del mundo (pero los que lo explotan son una empresa francesa y una china) y el 40% de su presupuesto estatal viene de ayudas y cooperaciones del Primer Mundo. Es una de esas verdades que se nos escamotean (que no queremos mirar), para que sigamos pensando que en Níger la gente pasa hambre porque hay pobreza, cuando “la causa principal del hambre en el mundo es la riqueza: el hecho de que unos pocos se queden con lo que muchos necesitan, incluida la comida” (pág.274).

Después de Aisha vendrá un torbellino de desigualdad en forma de datos, países, personas, historias, hasta completar un ensayo que Caparrós tardó cinco años en escribir y que se desparrama en más de 600 páginas en las que el componente autobiográfico es muy fuerte y en el que va desnudando nuestras imágenes y estereotipos sobre el hambre (y nuestras inacciones).

Pero, ¿qué es el hambre?. En un momento del libro una mujer dice que lo que ella soporta no es hambre. Tenemos asociada la palabra a las grandes desgracias, a las hambrunas que dejan sin aliento. Pero, a su lado, se encuentra la menos visible “malnutrición estructural”, la “normalidad de tantos”, de muchísimas personas que no comen a diario, provocándoles enfermedades o directamente la muerte, de tantos seres que su única lucha diaria es la de llevarse algo a la boca. Esa hambre silenciosa, que se escenifica tan mal, de la que nos habla Martín Caparrós en este libro, o esa hambre escondida sobre la que escribe Lola Hierro en este artículo.

A las madres de Sudán del Sur, a las de la India o a las de Argentina, les da vergüenza que alguien mencione siquiera la posibilidad de que su hijo esté en el límite porque no come lo suficiente. Se sienten malas madres y sufren el doble, por su hija moribunda y por su suerte de madre y mujer. El hambre tiene su rostro: “el 60% de los hambrientos del mundo son mujeres”.

Caparrós ha sentido la necesidad de escribir el libro, “porque no me soporto si no hago” y por sus páginas, en la convicción de que la solución es política“, no esquiva la actuación de las ONG, de las religiones y de las creencias, del ecologismo, de los gobiernos y sus políticas. Pero, sobre todo, carga contra nuestra fracasada civilización, en un planeta capaz de producir comida más que suficiente para alimentar a todos sus habitantes, ignoramos al “Otro Mundo”, son deshecho, nada.

“Siempre lo tentamos todo al futuro”, escribe Manuel Caparrós. Pero, en este caso, “El futuro es el lujo de los que se alimentan”.

Ficha:

  • Título original:  El Hambre (2014)
  • Idioma: Original: Castellano
  • Editorial: Anagrama. Colección Argumentos (2014)
  • Nº páginas: 632
  • Puedes leer un capítulo, aquí
  • En la Revista Altaïr Magazine, Martín Caparrós desglosa algunos capítulos del libro con fotografías, aquí

“Beasts of No Nation”, la película, y otros libros que hablan de una infancia en el infierno

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Con fecha de estreno el próximo 16 de octubre, a través de Netflix se estrenará Beasts of No Nation dirigida por Cary Fukunaga para aquellos que puedan tener acceso a ella y sin saber si la película se visionará también en nuestras salas de cineLa cinta, definida por The Economist como “una mezcla entre Peter Pan y Apocalypse Now”, está basada en la novela Bestias sin patria del nigeriano Uzodinma Iweala y ha competido ya en el Festival de Toronto y en el de Venecia. Con un Idris Elba como protagonista, en un papel que muchos auguran le hará ganar un Oscar, y una actuación del niño Abraham Attah que ha levantado muchos elogios, la película ha sido comentada por ahondar en los mismos clichés que se asocian al continente africano una y otra vez: donde la violencia es el tema central que justifica por si misma la película, sin importar las causas, razones o los porqués ni ahondar en lo que supone para ellos el ser reclutado y, lo que quizás sea más importante, cómo se vive después.

No descubro nada nuevo si aseguro que la narrativa sobre la dramática situación sobre menores soldados en el continente africano es larga. Demasiado para muchos que consideran que se trata más de una demanda de un público occidental que gusta asociar al continente con lo primitivo y lo violento. Nunca suficiente para los que saben que esta situación se sigue dando, tal y como de manera continua se denuncia desde diferentes ámbitos. El dilema suele estar en cómo contarlo más que en lo que se cuenta, porque si lo que se cuenta es siempre desde la misma óptica, solo se generará un único modo de conocerla. Incompleto y encorsetado.

Destaco tres títulos en castellano: Ninguna de estas tres novelas está contada por una persona que haya padecido esta situación. No son autobiografías, se trata de ficción. Son tres narrativas diferentes, que difieren en sus intenciones completándose y que coinciden en usar la voz infantil como hilo narrador, masculina en el caso de la primera y la tercera y mixta en la de Emmanuel Dongala que está narrada desde el punto de vista de dos personajes; el niño-soldado que va cambiando de nombre según transcurre la acción y la joven inteligente y valiente Laokolé, en una historia en la que se puede leer sobre el violento conflicto entre etnias en el que estaban inmersos: “nunca habíamos vivido en términos de tribu” (pág. 93)

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El problema de una película comercial (insisto en que no la he visto y puede que tenga sus valores, lo dejo en cuarentena) o de un libro superficial en el análisis, que solo haga sentir, alimentando el morbo, y no haga además pensar, es que se emerge a la luz del día con la sensación de que “toda” África es un lugar terrible, violento y devastador, situación de la que no hay salida y sobre la que no podemos hacer absolutamente nada, ya que queda siempre claro que es un problema exclusivo de ellos, y sólo podemos, en el mejor de los casos, compadecerlos … y, casi siempre, olvidarlos. Y así es como la situación se sigue perpetuando, dejándoles a ellos a la deriva y ahogando al continente entero, porque “eso” es África (se dice pronto), en una imagen desacertada, simple y limitadora que le lastra y le mina un poco más.

Reconozco el poder que puede llegar a tener una imagen y no reniego de ello.  Sólo pretendo que se complete si es necesario, que no se simplifique, que se ahonde en lo que nos muestra, que se contraste si hay dudas. Es una manera de saber más. Por eso os propongo otro libro, esta vez de no-ficción. Se trata de Salvar a los niños soldados escrito en 2004 por Gervasio Sánchez quien durante 5 años se documentó sobre el trabajo realizado por Chema Caballero en el proyecto de rehabilitación de menores soldados en Sierra Leona. En el que podéis encontrar testimonios además de reflexiones, datos, hechos y acontecimientos que pueden desmontar muchas de las ideas preconcebidas que sobre ellos suelen aparecer:

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1.-Los niños-soldado son verdugos, criminales a los que les gusta matar, merecen ser castigados. Falso: son víctimas y las niñas de manera doble.

Se les separa del núcleo familiar (algunos, incluso, son obligados a matar a sus progenitores u a observar cómo la muerte se produce), son drogados, abusados y alentados por otros para realizar actos de violencia indiscriminada y gratuita. Ishah Johnson fue secuestrada por los rebeldes en 1999 con once años. Fue “violada, usada sexualmente, utilizada como esclava doméstica, pisoteada a lo largo de toda su vida, morirá en el verano de 2003” (pág.88). A pesar de lo cruel, terrible y sanguinario que pueden llegar a ser los actos de los menores soldado, Chema Caballero afirma “que el crimen más brutal, que supera las narraciones más sanguinarias, es el propio secuestro del menor”. Además, sufren una serie de secuelas físicas y psíquicas para el resto de su vida.

2.-Pobres, pobres víctimas, no podemos hacer sino compadecerlos. Falso: “Victimizamos demasiado”, como dice la periodista congoleña Caddy Abduza, “lo vemos con imágenes pero nunca enseñamos qué ha sido de este niño, en qué se ha convertido. Debemos hacer seguimiento de las historias”

Y eso es lo que hace este libro. Son ellos mismos los que nos cuentan sus historias; la de “Killer”, que llevaba en un morral la calavera del primer hombre al que había asesinado, la de Komba Gbanya que mató a un soldado nigeriano y obligado (o eso o la muerte) le sacó el hígado y se lavó con la sangre, la de Isha Kondek secuestrada, embarazada y después abandonada en la selva o la de “Justice” a quien con ocho años le dieron un AK-47 y le asignaron la primera misión. Después hay que ganarse su confianza para que entiendan todo lo que de malo había en sus vidas pasadas, pero sin culpabilizarles. En el libro hay éxitos y también fracasos. Sobre todo entre las niñas, muchas de las cuales acaban en la prostitución.

3.-La esperanza y el final del túnel no existen. Falso: Los niños – soldado pueden rehabilitarse. Y de hecho a veces lo hacen.

Chema Caballero ha calculado el tiempo que precisa un niño-soldado para su reintegración social: 8 meses. Necesitan contar en alguna etapa de la rehabilitación sus historias verdaderas de los años pasados en la guerrilla, algunos no lo harán nunca ni tampoco las niñas se atreven a contar las vejaciones sexuales a las que han sido sometidas. Se va produciendo el “proceso de humanización”, en el que se le hace una de las preguntas más importantes de la nueva etapa que se abre ante ellos: “¿qué quieres hacer a partir de ahora?. Algunos acabarán formando una familia, desempeñando un empleo e incluso estudiando una carrera universitaria. El peligro puede estar en lugares como RD Congo en los que el conflicto armado se encadena y nunca cesa, y los menores si no tienen otro medio para sobrevivir acaban volviendo al ciclo de violencia.

4.-Los conflictos entre los propios africanos que se tornan en primitivos e irracionales son los que originan las guerras étnicas o tribales. Falso: las razones son mucho más complejas y no se trata de “guerras étnicas o tribales” en la gran mayoría de los casos.

“Para quienes siguen con lupa los acontecimientos de África Occidental, las guerras civiles entre distintos grupos armados obedecen a un plan preconcebido que tiene como objetivo mantener la inestabilidad para robar con más facilidad las materias primas” (pág.166) Así, tanto Liberia como Burkina Faso que apoyaron a la guerrilla de Sankoh eran simples marionetas manejadas tanto por Libia como por Francia.

5.-Las guerras en África no nos conciernen. Falso: Lo hacen y mucho

Detrás de la realidad de los menores soldados hay razones de tipo económico (en el caso de Sierra Leona, los diamantes) y político en las que está envuelto el mundo occidental. No nos es ajeno. “La situación actual no se reduce al hecho de que los gobiernos de Liberia y Burkina Faso estén contribuyendo directamente a la catástrofe humanitaria de Sierra Leona, usando redes delictivas internacionales que extienden sus tentáculos por otros países africanos y por los Emiratos Árabes Unidos, sino que también se trata de la trágica inacción de gobiernos poderosos como los de Bélgica y Gran Bretana (ambos pertenecientes a la unión Europea) y Suiza a la hora de establecer mecanismos adecuados de regulación destinados a controlar las actividades de los traficantes y transportistas de diamantes en bruto” (pág.166)

6.-Los africanos tienen armas que ellos mismo fabrican. Falso: El 95% de las armas que hay en el continente son importadas.

“Muchas de las guerras posmodernas o conflictos pequeños y baratos de los años noventa han tenido como objetivo dar salida a una industria del armamento en declive después de la guerra fría”.

7.-Todo el mundo sabe lo que es un niño-soldado. Falso: Tenemos una imagen de ellos, pero desconocemos casi todo en relación a sus vidas.

Eso mismo se pregunta el propio Chema Caballero. Y todavía hoy no es capaz de responder con certeza a esa pregunta. “Hay visitantes que tocan a los niños y se dejan tocar por ellos, y otros, la inmensa mayoría, que sólo miran  de lejos. Como si fuera un zoológico humano. Los grupos guiados llegan casi siempre acompañados por una cohorte de fotógrafos y cámaras de televisión. Muy pocos invitados tienen un verdadero interés por conocer las espeluznantes historias de los beneficiarios del programa” (pág.173)

MISIONERO CHEMA CABALLERO Y GERVASIO SÁNCHEZ PERIODISTA

Chema Caballero y Gervasio Sánchez

La lectura del libro te demuestra que estás ante un gran documento que a pesar de haberse escrito en 2004 tiene, por desgracia, plena actualidad. Nos enseña a mirar la realidad desde otro punto de vista, ahonda en la necesidad de contar que está presente en todo el que ha sufrido una injusticia, a veces la gente sólo quiere eso, que se la escuche (no olvido a los sobrevivientes de aquellos ataques ni a los miles que les amputaron las manos).

La guerra no acaba en esa fecha tan redonda que nos gusta poner separada por un guión al lado de la de inicio. La vida continúa, los hechos atroces pasan y llega la hora de vivir con ello. Suele coincidir con el momento en el que los focos se alejan hacia otro punto caliente del planeta. Pero Chema Caballero continuó alumbrando miles de salidas de aquel infierno en un trabajo titánico y entregado que parece fácil cuando él lo hace, pero estoy segura de que no lo es en absoluto (de hecho es el único programa de este tipo en el mundo que ha tenido éxito). Y Gervasio Sánchez decidió que tenía que contarlo.

Vivo el periodismo como un compromiso permanente y me siento en la obligación de acudir las veces que sean necesarias a esos lugares horribles donde aparece lo peor del ser humano cuando todo se desmorona y buscar esos documentos gráficos y literarios para que nadie pueda decir que no sabía lo que estaba pasando. (Fragmento del discurso pronunciado por Gervasio Sánchez al recibir el Premio Brunet, marzo 2015)

 

 

 

 

 

Los hombres leopardo se están extinguiendo – Chema Caballero

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En este caso voy a empezar por la última página del libro en la que, junto a los agradecimientos, una nota nos informa que todos los beneficios que reporte la obra estarán destinados a una ONG, Dyes (Desarrollo y Educación solidaria), que en 2005 fundó Chema Caballero, junto a sus tres hermanas, cuando todavía se encontraba en Sierra Leona, país en el que permaneció desde 1992 hasta 2009. Este libro lo escribió después, en 2011 instalado ya entre nosotros, y no digo “fuera de África” porque eso en Chema Caballero es imposible.

De la terrible guerra civil sierraleonesa, a pesar de no querer hablar en esta ocasión (podéis leer la entrevista que le hizo Ramón Lobo en “Jot Down“), acaba haciéndolo (él sabe que es algo inevitable), ya que su intención es contar “lo que están viviendo hoy día, los hombres y mujeres de Sierra Leona y, más concretamente, de Tonko Limba“. Y eso (aunque no solo) es lo que encontramos en sus páginas: el día a día vibrante y triste, vital y amargo, por el que transcurre ese pequeño universo que él conoció y todavía ama. Como diría Binyavanga Wainaina por el que aflora mucha cotidianeidad. Así, el libro es un auténtico regalo para todo aquel que quiera asomarse a este continente desde la mirada de un extremeño que pasó dieciocho años en Tonko Limba, trabajando con la comunidad y rehabilitando a menores soldados, pero ante todo caminando con ellos desde la humildad, con ganas de conocer, intentando aceptarlos en su totalidad y aparcando las tentaciones de juzgar…por que, como bien se encarga él mismo de subrayar, ¿quién conoce qué?.

En una ocasión anterior califiqué este libro de “manual”, y lo dije porque en esta obra aparecen muchos temas de la sociedad y cultura sierraleonesa que están tratados con profundidad y nos aportan la visión del que las ha vivido “con nuestra mirada”. El título del libro hace referencia a una de las sociedades secretas de aquel país, la de los hombres leopardo, según la cual estos hombres se transformaban en leopardos, tradiciones y creencias que nos descubren la magia y las supersticiones que aún perviven en el continente y que se enfrentan a una modernidad apabullante (donde el móvil es el artículo estrella).

Junto a ellas, aparece la situación de la mujer (“No se puede negar que las mujeres sierraleonesas, como todas las africanas, son supervivientes natas, que buscan los medios y las formas para, a pesar de la opresión y marginación en que se encuentran, sacar adelante a sus familias”), la educación, la sexualidad y los embarazos adolescentes (“Durante años he estado promoviendo el uso del preservativo entre los jóvenes, pero cuesta mucho que opten por él”), el consumo de yamba-marihuana local, la mutilación genital femenina, la medicina tradicional africana, la brujería (“Los extranjeros solemos considerar como hechiceros a toda una serie de personajes que juegan un papel muy distinto en la vida de los sierraleoneses”) o los jóvenes (que se ven influenciados por la televisión, Internet y que se encuentran atrapados entre la modernidad y la tradición) a quienes considera los verdaderos motores del cambio, porque Chema Caballero es de los que opina que a África la sacará de su situación los propios africanos.

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Fotografía: Gervasio Sánchez.

Los jóvenes son la única esperanza que le queda a África para romper con su situación actual y cambiar. Constituyen la mayoría de la población del continente. Son la fuerza que quiere que las cosas cambien en sus países y buscan medios y formas para conseguirlo.

Los jóvenes tienen la capacidad de llevar a cabo la revolución que necesita África y todo nuestro planeta. Una revolución que venga del Sur, de forma pacífica, y que cambie todas las estructuras políticas y económicas que rigen las relaciones internacionales para, así construir un mundo más justo e igualitario para todos. Pág.112

No se obvia, tal y como ya he comentado, la dramática e infernal situación que se vivió durante y después de la guerra civil. Aquella guerra fue una de las más crueles de finales del siglo XIX y principios del XX y duró 12 años. Bajo ella no se encontraba “una guerra tribal” como se suele denominar, tal y como denunciaba el escritor Ahmadou Kourouma en Alá no está obligado, a todo conflicto que suceda en aquel continente, sino la codicia de Occidente por hacerse con los recursos naturales africanos, el mantenimiento del negocio de las armas y el control de las minas de diamantes, entre otros, lo que produjo un conflicto de especial crudeza con la población civil que la vivió, además de con muertes y desolación, con amputaciones de manos, y niños y niñas convertidos en menores soldados y esclavas sexuales. Chema Caballero testificó en el juicio contra el “señor de la guerra” Charles Taylor y luchó para que no se juzgara a los menores soldado por “crímenes de guerra”.

“Las guerras las diseñan y manipulan los poderosos y las viven y sufren los más pobres”(pág. 41)

A la crudeza de la guerra le sobrevino el tiempo después, el necesario tiempo de la reconciliación (“el asunto pendiente de todas las guerras“), cuando víctimas y verdugos compartían los mismos espacios y en el aire se respiraba el deseo de venganza, la insatisfacción de los jóvenes, la propia dificultad por parte de los menores soldados para volver a la sociedad por miedo a ser reconocidos. Una vidas que había que reconstruir y que fueron abandonadas, tras el desembarco de ONG y organismos internacionales (con los que se muestra muy crítico) que acudieron cuando “Sierra Leona se puso de moda” en tropel y que después, justo cuando más se les necesitaba, desaparecieron.  A pesar de que considera que la ayuda es necesaria, afirma que “África necesita más justicia que ayuda material”.

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Fotografía: Yannis Konto. Sierra Leona

Además, es un libro autobiográfico en el que el fue misionero javeriano nos descubre sus propias dudas y desilusiones (“A veces me pregunto si tanto esfuerzo en el campo de la educación vale la pena. Cuando veo las dificultades que tienen que superar los estudiantes, las de sus familias y la forma en la que malviven los maestros, pienso que tanto aprender no lleva a nada. Son pocos los que después de tanto sacrificio conseguirán un empleo digno”, pág. 153). Sus dificultades para comunicarse, incluso estudió krio, porque se llega con ideas preconcebidas (“Por muy bien que hablemos el idioma local, la mentalidad que existe detrás de las palabras y los conceptos es siempre difícil de captar”, pág.31) o sus momentos de enfado, cuando la rabia le sale a borbotones (como cuando un niño le interpela sobre los diamantes: “¿Y para que vosotros os digáis “te quiero” tenemos que matarnos nosotros?”) Pero es un libro en donde sobre todo aparecen los sentimientos de un hombre que tuvo la suerte de vivir en Sierra Leona.

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Un día de mercado. Sierra Leona. Fotografía: AFP: Carl de Souza

Ahora termino por el principio del libro. Nada más leer la dedicatoria sabemos que estamos ante un libro escrito por alguien a quien le apasiona leer. El cofundador del blog “África no es un país” le dedica su obra al Coronel Aureliano Buendía, aquel personaje creado por la magia del gran Gabo, “que promovió treinta y dos levantamientos y los perdió todos”. Además de estar ante un buen lector, verificamos que es alguien que no ceja, ni se deja vencer por las adversidades, que se cae y se levanta miles de veces hasta la extenuación, a pesar de que conoce también cuáles pueden ser los resultados. Pero este libro no habla de Chema Caballero, el extremeño que aprendió krio para poder abrazar con la mente y con el corazón a miles de menores que sufrieron una de las mayores atrocidades que se le puede cometer a un niño/a, ni siquiera habla de África, porque no existe. Este libro habla de un gran hombre que un buen día llegó a un lugar llamado Tonko Limba en el que sus habitantes solo querían, como todos, ser felices.

“Los extranjeros tendemos a imaginar África como algo estático, que se ha detenido en el tiempo. Tenemos en nuestra mente las imágenes de las películas de Tarzán, Las minas del rey Salomón, Memorias de África… y nos es difícil imaginar un continente distinto al que nos enseña Hollywood.
Sin embargo, África es un continente joven, lleno de esperanza y de ganas de cambiar. Está evolucionando continuamente. A pesar de estar condenados a la supervivencia básica, sus habitantes, especialmente los más jóvenes, no se resignan y buscan día a día cómo salir adelante. Por eso es un continente siempre en movimiento, que nunca se para, por más que nosotros sigamos pensando que allí se ha detenido el tiempo” (pág.200)

Ficha:

Los cínicos no sirven para este oficio – Ryszard Kapuscinski

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El tema de mi vida son los pobres.
Es eso lo que yo entiendo por Tercer Mundo. 
El Tercer Mundo no es un término geográfico y  ni siquiera racial. Es un concepto existencial.

De este breve libro (del que brotan frases como esta: “Es un error escribir sobre alguien con quien no se ha compartido al menos un tramo de la vida”), compuesto por dos encuentros y una entrevista con Ryszard Kapuscinski, “el maestro”, como lo llamó García Márquez, voy a resaltar la parte segunda, en la que habla de África; “Explicar un continente: la historia de su desarrollo“. Se trata de una entrevista que le realizó el 28 de noviembre de 2000, Andre Semplici, periodista y fotógrafo.

En ella explica que fue al continente africano por trabajo, frente a otros como Alberto Moravia (¿A qué tribu perteneces?, Cartas del Sahara) que fueron como escritores. Kapuscinski argumenta que él era un “esclavo de su trabajo obsesivo”, un corresponsal para “toda África”.”No me era posible, ni siquiera, ser un free-lance. Un periodista polaco no podía tener tal oportunidad. Por eso, a diferencia de Moravia, en mis libros solo he podido hablar del África de los golpes de estado, de las guerras, de los grandes líderes políticos” (pág.85)

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Kapuscinski viajó a África por primera vez en 1958, tenía veintiséis años y su destino fue la Ghana recién independizada de Kkrumah. En aquel momento, el espíritu de Uhuru, el espíritu de la independencia, estaba en todos los lugares de África. En 1963 los protagonistas de las independencias se reunieron en Addis Abeba. Así nació la OUA (Organización para la Unidad Africana).

De sus recuerdos comienzan a brotar nombres propios. Kwane Kkrumah, “un gran político y un gran escritor (…) era un visionario y sabía muy bien que los estados africanos aislados, por sí solos, no estarían en condiciones de competir con el mundo moderno”. A pesar de que Krumah fuera el “más grande entre los nuevos jefes de África”, desde Etiopía emergía con una personalidad extraordinaria, el Negus, Haile Selassie, sobre quien escribiría un libro: El Emperador.

descargaEntre la crónica y el reportaje periodístico, en torno a la figura del emperador Haile Selassie, el Negus, rey de reyes, León de Judá, descendiente directo de Salomón, gobernante de una Etiopía desconocida hasta que fue derrocado en 1974. Siempre rodeado de esa áurea de grandeza, el emperador emerge como una figura inquietantemente huidiza y misteriosa. Kapuscinski se sumerge en la clandestinidad de los que sirvieron a Haile y hace que broten  las conversaciones como cuentos orales llenos de espeluzne y de grandeza (el susurro del encargado de cambiar el cojín de los pies del emperador, es un ejemplo). Sus voces se amontonan, sin conexión ni orden aparente, como si formaran una columna de humo que se va formando y elevándose. “Cada noche me dedicaba a escuchar a los que habían conocido la corte del Emperador“, así empieza su narración. Sobre Selassie podemos encontrar tanto alabanzas (venerado por el movimiento rastafari) como críticas (tirano, cruel, gobernante de mano férrea).

También habla de Nasser “punto de referencia para toda el África árabe”, de Sékou Touré (que pasó de líder del panafricanismo a dictador despiadado) y de Lumumba.

Y tras el estallido de las independencias, el desinfle. “Una élite negra sustituyó automáticamente a los colonialistas blancos. Ésta es una de las razones del completo fracaso de los nuevos estados” (pág.76) Y así los militares se hicieron con el poder. “Los años setenta en África, significaron el final de toda esperanza (…) la gente de África había creído que que la libertad encendería la chispa del desarrollo, que la independencia haría posible una vida mejor” (pág.78). Se esfumó el sueño de la unidad, y “África conoció nuevas divisiones”. Algunos países lograron cierto equilibrio, aunque precario, otros aparecen perdidos con guerras civiles que les han devastado- y otro grupo de países más pobres que intentan la estabilidad. “Son estas tres Áfricas demasiado distintas entre ellas: pero es así, con estas impresionantes divisiones, como ha entrado el continente en el siglo XXI” (pág.79)

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“África en la mirada”, fotografía de R.Kapucinski

En otra obra suya, Ébano (1998)pudo por fin mostrar la “belleza de África”. Lo escribió en otra época de su vida, cuando ya no tenía que ocuparse de la economía y de las guerras, y pudo hacerlo de su cultura y de los grandes entornos, “pero siempre con una atención particular por el hombre, por sus relaciones con esa extraordinaria naturaleza” (pág.86)

La tragedia de Ruanda fue presentada como la tumba de África. La muerte de África. Nadie señaló que Ruanda es una nación muy pequeña, cuyos habitantes ascienden a menos del uno por ciento de la población africana. Pero los que fueron enviados a Ruanda, dado que no conocen nada de África, estaban plenamente convencidos de que aquello era África (pág.113)

Ficha:

  • Título original: Il cinico non è adatto a questo mestiere.Conversiazioni sul bun giornalismo (2000)
  • Idioma: Original: Italinao
  • Traducción al castellano: Anagrama (2002)
  • Traductor: Xavier González Rovira
  • Nº páginas: 125
  • Portada: Foto de Ryszard Kapuscinski

Viaje al Congo – André Gide

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-¿Qué le lleva a ir allí?
-Espero a estar allí para saberlo. (pág.11)

El viaje realizado durante los años 1925-1926 por el escritor André Gide y el cineasta Marc Allégret, es irrepetible. Mucho ha cambiado todo desde el momento en el que el escritor eligió, para recorrer lo que hoy es República del Congo, Chad, República Centroafricana y Camerun, como inspiración, el libro de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas

André Gide había tomado bajo su protección a Marc, hijo del que había sido su tutor y amigo, el pastor Elie Allégret, diez años atrás. Tal y como prueba su correspondencia, el escritor se enamoró de manera inmediata del joven del que le distanciaban más de treinta años de edad. De aquella relación compleja su punto culminante fue el viaje que ambos emprendieron al Congo.

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André Gide © Marc Allégret

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Marc Allégret y André Gide © Marc Allégret

George D. Painter escribía sobre los motivos que llevaron a Gide a realizar el viaje: el escritor “experimentaba su acostumbrada necesidad de desaparecer antes de la publicación de una obra mayor”. La obra en cuestión era esta vez Los monederos falsos. El 18 de julio de 1925, pocos días después de terminarla, Gide partía al Congo.

Los dos artistas escribirían sus impresiones en sendos libros, Gide lo hizo en Viaje al Congo y un año después Regreso de Chad, Allégret las plasmó en Carnets du Congo.

Carnets du Congo: Voyage avec Gide (Singulier, pluriel)

A ambos les impresionó profundamente lo que vieron. Gide se sintió obligado a denunciar la política colonial francesa, lo que conllevó un largo debate que llegó hasta el Parlamento a su vuelta. Allégret tomó una gran cantidad de fotografías y filmó un documental Voyage au Congo en el que ponía en imágenes lo que Gide recogió en palabras.

El viaje al Congo fue una experiencia fundamental para Gide quien, como escribe el 4 enero de 1933 en su Journal (Diario), hasta entonces no había sabido interesarse en los hombres, “únicamente absorbido como estaba por la contemplación de mí mismo. […] De manera que fue necesario ese contacto con la oprimida raza negra para arrancarme de mi narcisismo”.

Muy serio todo y alejado de la corrección general que opinaba en sentido contrario a lo que aparece en el libro, no en vano el propio Gide fue considerado a su muerte por Sartre y Camus “el escritor más libre de su siglo”.

Estas son algunas de las instantáneas que Allégret consiguió en aquel viaje.

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No me basta con decirme, como hacemos a menudo, que los indígenas eran más desgraciados todavía antes de la ocupación de los franceses. Hemos asumido respecto a ellos unas responsabilidades a las que no tenemos el derecho a sustraernos. A partir de este momento, siento en mi interior un lamento inmenso; sé cosas sobre las que no puedo opinar. ¿Qué demonios me ha empujado a ir a África? ¿Qué he venido a buscar en este país? Antes, estaba tranquilo; ahora sé y debo hablar (pág. 89)

Ficha:

  • Título original: Voyage au Congo (1927)
  • Idioma: Original: Francés (Gallimard)
  • Traducción al castellano: Península (2004)
  • Traductora: Marga Latorre
  • Nº páginas: 222
  • Portada: Fotografía de Marc Allégret

Océano África-Xavier Aldekoa

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André Gide, viaje al Congo

Al principio, lo que hizo que muchos partieran hacia el continente africano fue la fascinación por descubrir nuevos territorios. Tengo guardado por ahí un cuadernillo de la revista “Siete Leguas” que escribió Pilar Rubio dedicado a África y sus “descubridores” y donde se pueden leer, además de relatos protagonizados por nombres conocidos, historias como las de la familia Tinné, formada por tres mujeres estrepitosamente ricas, que apostaron toda su fortuna a la posibilidad de llevar una vida sin tabúes, sin convencionalismos, partiendo a la búsqueda de las fuentes del Nilo.

Después (y durante) las voces que nos hablaron de África se diversificaron. Científicos, antropológos, historiadores o escritores tuvieron como centro de partida de tantos libros una África que todos nombraron como tal, a pesar de que no existiera. A la lista se unieron periodistas, corresponsales de guerra, reporteros o fotoperiodistas que habían acudido al continente y habían contado sus experiencias.

Pilar Rubio afirma que “los testimonios más atractivos suelen ser a menudo los de aquéllos que tuvieron la oportunidad de vivir in situ, dejándose impregnar por el lento transcurrir del tiempo.” Y da nombres y títulos de muchos que pasaron por allí y lo quisieron plasmar en papel. Algunos con un interés científico; Gerard Durrell (El arca sobrecargada) o Nigel Barley (El antropólogo inocente) y otros más literario; Conrad, GideGreene, Alberto Moravia (Paseos por África), Hemingway (Las nieves del Kilimanjaro), Evelyn Waugh (Gente remota) o Paul Theroux (En Lower River). Para finalizar con los viajeros y corresponsales de prensa; Kapuscinski (Ébano) o Javier Reverte (El sueño de África), entre otros.

Completando la selección incluyo las recomendaciones que realizaron en su día desde Cultura Africana y a dos escritores que no conocen África (de sobra saben que eso no es posible) Henning Mankell y Chema Caballero.

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Bru Rovira (Áfricas), Ramón Lobo (Isla África), José Naranjo (Los invisibles de Kolda), Gervasio Sánchez o Alfonso Armada (Cuadernos africanos) publicaron libros basados en sus vivencias en el continente africano. Xavier Aldekoa se une a ellos con su Océano África. El periodista que viajó por primera vez con poco más de veinte años al continente, vive desde el año 2009 en Johannesburgo, Sudáfrica.

descarga (2)La anterior introducción viene a cuento porque Aldekoa confiesa que es un ávido lector. Y en Océano África se respira que hay muchos libros detrás, no solo de Kapuscinski, a quien cita y nombra a lo largo de la narración varias veces. De hecho su primera África fue literaria, la conoció en uno de los relatos que su padre le contaba antes de ir a dormir y se la trajo Julio Verne y su obra Un capitán de quince años.

Después vinieron otras Áfricas. Muchas de ellas aparecen en este libro. Se trata de un trabajo que se lee con facilidad y que tiene una estructura que se repite en cada uno de los 21 capítulos de los que se compone, cada uno dedicado a un país africano (incluso hay espacio para hablar de la presencia China en el continente) y en el que aparecen un buen puñado de historias de personas africanas, acompañadas de datos y de una explicación histórica o socio-política amena y clara.

Si enseñamos a un niño que no sabe nada de la Guerra Civil diría que no le transmite nada, si creamos un contexto al lado entonces sí, ya sabemos lo que ocurre. Cuando vemos una foto de una patera nos olvidamos no sólo de dónde viene, sino lo que ha provocado y qué responsabilidad tenemos.

¿Qué mueve a Xavier Aldekoa a escribir el libro?. Desde las primeras páginas sobre el primer país que visitó, Malí, recuerda lo siguiente: “Aquella frase de Cissé, en la parte trasera de una canoa en medio del Níger, fue la primera de mis Áfricas. “Cuando seas presidente de Europa no te olvidarás de nosotros, ¿verdad?”, me había preguntado. Desde entonces, dedico mi vida a la parte del trato que puedo cumplir“. La parte del trato que Aldekoa puede cumplir es aquella que le lleva a ser testigo y dar voz a aquellos que occidente ha silenciado (historias que no aparecen en los medios). Su trabajo consiste en explicar África.

Habla alto, “Hay fortunas descomunales construidas sobre los riñones de miles de negros que trabajaron en condiciones inhumanas en granjas de blancos o en las profundidades del subsuelo sudafricano.” (pág.59). Es capaz de mirar más allá de la pobre creencia occidental de considerar a todo pueblo que vive al margen de la “civilización” como atrasado culturalmente, descubriendo culturas de una sofisticación social y ética admirables, y nombra a los bosquimanos del Kalahari o a los nuer de Sudán del Sur, al tiempo que denuncia los reasentamientos forzosos. Discrepa con la idea de progreso que aparece en grandes titulares al lado de muchos países africanos que está provocando enormes desigualdades e injusticias. Cuenta la tristísima historia que se vive en el Delta del Niger. Elogia el trabajo de personas que trabajan en el continente como los miembros de Médicos Sin Fronteras, cree que la educación (como Mandela) es el arma más poderosa para cambiar el mundo y confiesa que África no está perdida, “está esperando a que las mujeres ocupen el sitio que les corresponde” (aquí Aldekoa sí contempla África como un todo).

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¿Y tú qué vas a hacer?. Fotografía: Júlia Badenes. Tomada en el campo de refugiados de Dadaab

Aldekoa habla también de la “ayuda”. En Dadaab, el mayor campo de refugiados del mundo,  mantiene un intercambio de opiniones con Mathieu, “que conocía la región como su casa”. Frente a su creencia de que la emergencia humanitaria si se perpetúa convierte a quien la recibe en dependiente, Mathieu le responde que Dadaab es la última oportunidad para miles de personas. Los campos de refugiados suponen un problema muy grave de seguridad ante todo, y también un tremendo no-futuro para miles de personas, algunas de las cuales nunca han conocido otra vida más allá de esas fronteras.

Bru Rovira percibía la distancia kilométrica que hay entre “ellos” y “nosotros”, reconociendo en su Áfricas que él se gana la vida contando historias de las que se encontraba siempre a salvo. Aldekoa en un momento del libro se muestra decepcionado y confuso al comprobar cómo al lado de su artículo publicado en el periódico “La Vanguardia”, dedicado a la denuncia de un acoso a una familia bosquimana junto a una mina de diamantes, aparecía un anuncio publicitario con vivas letras: “Compramos diamantes”.

Más de una vez, después de Sarajevo, después de Ruanda, he sentido la inutilidad de todas las palabras con las que cuidadosamente trato de describir lo que veo y lo que siento. La sensación de que tanto el sufrimiento como su relato son inútiles (inútiles para alterar el estado de las cosas) me traba como un perro los tobillos. Pero no por ello dejo de insistir, dejo de, acaso, ser testigo, de mirar dentro del horror, de volver al corazón de las tinieblas. Acaso sea ése un perverso sentido: el propio viaje con el que llenar la vida sin dejar de visitar, de vez en cuando, los lugares más atroces del mundo. (Alfonso Armada. Cuadernos africanos)

Más allá de las guerras, del hambre, del SIDA, más allá de todo el infinito dolor e injusticia en el que se baña el continente, las personas que allí viven demuestran un coraje y una fuerza, una ventaja inusitada. Es hora de romper tanto silencio en torno a las áfricas, abrirse a su diversidad, a su creación artística, a su riqueza musical y literaria, al día a día cotidiano y dejarnos sorprender. Es hora de dejar de lado la simplificación. Aldekoa, por su parte, cumple con creces, y que lo siga haciendo por muchos años, su parte del trato.

Para querer a África no basta con soñarla, hay que caminar sus calles, reírse con su gente, escuchar sus alegrías o tristezas, sentirse ridículo por no entender nada y volver a sorprenderse para comprender. Cualquiera que ansíe conocer un territorio tan vasto y diverso debe recorrerlo con los ojos abiertos y cerrarlos para volver a empezar. pág. 137

Ficha:

  • Título original: Océano África (2014)
  • Idioma: Original: Castellano
  • Editorial: Península, 2014
  • Páginas: 292
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