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Entradas de la Categoría ‘Novela’

Kintu: ¿la gran novela de Uganda?

Kintu me llamó con fuerza la atención hace años. En varios medios africanos se saludaba y elogiaba esta novela que Jennifer Makumbi comenzó a escribir en 2003, que fue publicada en Kenia por Kwani en 2014 y que fue finalista aquel mismo año para el premio “Etisalat”. Intenté conseguirla pero no lo conseguí en aquel momento, así que me limité a seguir su recorrido esperando el momento de poder leerla.

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Volver al principio: el primer Ngugi wa Thiong´o al alcance de tu mano

Ngugi wa Thiong´o es cada vez más conocido, de lo cual estamos muy satisfechos. Sin duda, su apoyo y defensa continua de la escritura en lenguas africanas suele ser la faceta de él que más se resalta. Sin embargo, basta indagar un poco para saber que  lo anterior se queda corto (su activismo hace ponerse en pie) y que estamos, ante todo, frente a un gran intelectual y un brillantísimo escritor.

Una vez más ha sido una editorial no especializada en literaturas africanas, Kailas fundada en 2004, la que ha apostado y ha integrado en su catálogo las dos primeras novelas del keniano. Este tipo de iniciativas editoriales nos resultan especialmente esperanzadoras ya que introducen las literaturas africanas entre el resto de libros fomentando la normalidad con la que estas literaturas merecen ser tratadas.

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“Mujer en punto cero”: cuando la sinceridad mata igual que la muerte

De esta novela se dijo que “no se podía considerar literatura” y que fomentaba el vicio y la prostitución. Además, a Nawal El Saadawi le fue imposible publicarla en Egipto. Todas las puertas se le cerraron. Se trataba de otro obstáculo, uno más, en el camino que había emprendido desde tiempo atrás. Antes había perdido su trabajo por publicar otro libro, Las mujeres y el sexo, a principios de los setenta, en el que denunciaba la mutilación genital femenina, práctica que ella misma había sufrido. Después pasaría tres meses en la cárcel por su activismo y su insobornable postura vital de denuncia constante en torno a la opresión de la mujer. Y acabó teniendo que exiliarse.

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Restableciendo la verdad a través de “Tranvía 83”

Un libro llega. Algunos llevan llegando desde hace mucho tiempo. Tram 83, la primera novela de Fiston Mwanza Mujila, un joven congoleño de origen afincado en Austria, es de estos. Mwanza Mujila la escribió en 2014, ganó el premio de literatura Etisalat 2015 y estuvo nominada en 2016 al Man Booker International Prize, junto con el angoleño Agualusa. Alain Mabanckou la ha calificado de “obra maestra” y han dicho de ella que es “Blade Runner en África con banda sonora de John Coltrane”. Veo vuestros dientes largos.

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10 títulos para entender el país presidido durante 37 años por Robert Mugabe

Un dependiente en una librería de Harare, en Zimbabue. JEKESAI NJIKIZANA AFP)

Libros sobre Zimbabue para el fin de una era

Publicado originalmente en África no es un país.  26/11/2017

Desde 1980 hasta el 21 de noviembre de 2017. Ese es el tramo. Durante ese tiempo han sido muchas las voces que han surgido también a partir de la fuerza de la escritura y han querido expresar y compartir lo que estaban viviendo, lo que observaban y lo que les preocupaba o alentaba. Y siempre bajo el mandato del mismo hombre, durante 37 años, el tiempo que ha permanecido en el poder el único presidente que ha conocido Zimbabue: Robert Mugabe.

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“El enigma del pájaro azul”, una novela que combina la investigación científica con el vino de palma

Sobre esta novela he leído diversas opiniones. Una de ellas es la que mantiene que en su centro lo importante es la historia. Otra, que lo que hace que la trama avance es la focalización en el “modo” en que se ha llevado a cabo el asesinato y no en el “quién” es el asesino. Y una tercera, que mantiene que en la obra de Nii Avikwei Parkes no se hace crítica social, tal y como en la mayoría de las novelas negras africanas, al menos, ocurre. Todas, en realidad, parecen ser la cara de la misma moneda e intentan revelarnos que la trama de El enigma del pájaro azul es diferente a otras lecturas pertenecientes a este género.

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¿Dónde está la versión en igbo de “Todo se desmorona”?

Nº 1 AWS 1958

Nº 1 African Writers Series 1958

Por todos es sabido que el nigeriano Chinua Achebe decidió no escribir en su lengua materna, el igbo, para hacerlo en inglés. Lo hizo, según sus propias palabras, “para infiltrarse en las filas del enemigo y destruirlo desde dentro”*. Lo que muy pocos saben es que su obra maestra, Todo se demoronaparece seguir el mismo camino. Traducida a más de sesenta idiomas (incluido castellano, euskera, catalán y gallego), sin embargo no lo está en igbo.

Portada 50 aniversario

Portada 50 aniversario

Achebe introdujo proverbios y frases en igbo en este libro, de hecho él mismo, de niño, fue instruido en su cultura, al tiempo que lo hizo en la inglesa. En la obra, en un pasaje determinado, se destaca la importancia de la lengua: “¿Entiende el hombre blanco nuestras costumbres acerca de la tierra? ¿Cómo va a entenderlas, cuando ni siquiera habla nuestro idioma?“. Un idioma que es hablado por cerca de diecinueve millones de personas y que tiene en su haber obras literarias pre-coloniales redactadas por escritores que sí que la usaron. Pero no la traducción de la que es la obra más conocida internacionalmente de un escritor africano.

Ya en 2007, cuando se cumplieron cincuenta años desde que su publicación, se recogieron algunas voces en diversos medios de comunicación que hacían presagiar que la traducción se haría en un plazo de tiempo corto. A pesar de ello, el próximo año se cumplirán sesenta desde que la obra vio la luz y su lectura en igbo sigue siendo imposible de realizar.

Muchos, la mayoría desde Nigeria, nos hacemos la misma pregunta, ¿por qué?. Así que empecé a tirar del hilo.

La primera pista que encontré se remontaba a 2007. En el magazine All Africa se mencionaba a Izuu Nwankwo como el elegido traductor gracias al cual la novela, así acabada, llegaría al público lector igbo el primer semestre de 2008. En la nota se decía que Nwankwo tuvo la iniciativa de ponerse en contacto con Achebe, quien le animó a traducir la obra a cualquiera de las lenguas nigerianas, que se aseguró los derechos de autor para la editorial Heinemann y que la traducción le llevó cuatro años. Sin embargo, es imposible encontrar en la red más referencias de este hombre y de lo que ocurrió con su trabajo.

En fechas recientes ha aparecido la portada del clásico que el artista Viktor Ekpuk ha realizado para la edición que la casa “Penguin Random House” le ha encargado con el objeto de conmemorar los sesenta años de su publicación. A raíz de la proximidad de esta fecha, será en 2018, algunos intelectuales y escritores nigerianos han vuelto a sacar el tema de la no traducción a igbo de una obra de la que se han vendido más de 20 millones de copias desde su publicación, preguntándose ¿hasta cuándo?.

Portada realizada para los 60 años de su publicación. Autor: Viktor Ekpuk

Portada realizada para los 60 años de su publicación. Autor: Viktor Ekpuk

*. Traducción de la frase: Olga Barrios

Al encuentro entre seres humanos: “Las que se atrevieron” de Lucía Mbomío

Para mi era una cuestión de reconocimiento de algo tan natural y antiguo como el encuentro entre seres humanos. Eso y la necesidad de conversar con mi madre. (Lucía Mbomio)

Dice mi admirada Marta Sofía López, filóloga inglesa y especialista en literaturas postcoloniales, en el prólogo de este libro, que ha pasado años (y sigue) investigando sobre las culturas e identidades afroeuropeas. Resalta que, como teórica, ha conjugando palabras como “mestizaje”, “sujetos nómadas” o similares, pero que todo este edificio de vocablos lo entendió de inmediato al conversar una noche con la autora de este libro, la periodista Lucía Mbomio, y con Ladislao Bapory Site, dos personas con orígenes equatoguineanos pero que han nacido, crecido y vivido fuera de Guinea Ecuatorial.

Las que se atrevieron nos ofrece a todos nosotros una oportunidad parecida al invitarnos a compartir una tarde o dos leyendo los testimonios y confidencias de un puñado de mujeres blancas que se atrevieron a seguir adelante con su relación con sus parejas negras. Ellas, que fueron capaces de transgredir las normas, cuentan sus vivencias a una Lucía que quiere, a través de sus voces, consumar un reconocimiento. Así, Mbomío moldea las historias que ha ido recopilando y crea personajes a partir de las descripciones que aquellas le ofrecieron. Partiendo de su propia madre, con quien se ha sentido en deuda, deja que escuchemos las de otras tantas mujeres, historias sencillas, íntimas, pero que nos hablan de la rebeldía y de la fortaleza de aquellas que se mantuvieron firmes en sus sentimientos y pensamientos.

Hay que tener en cuenta que estos testimonios pertenecen a otra época, la de hace treinta o cincuenta años; aquella en la que las relaciones interraciales se señalaban con el dedo, pesaban demasiado los prejuicios y “no existían palabras para designar conceptos que no existían, puesto que la realidad  a la que pertenecerían tampoco existían“.

Desde su papel de esposas, madres, hijas, hermanas de aquellas que llegaron a tener por pareja a un hombre negro de origen guineoecuatoriano, hasta las que nombra con el seudónimo “Ellas”, todas nos transmiten con palabras sencillas y un lenguaje cercano, las dificultades, el entorno social y político en el que se tuvieron que mover y el rechazo que sufrieron, en primer lugar de sus propias familias. Estamos hablando de un momento en el que apenas había una docena de negros entre nosotros y en el que no se sabía nada sobre Guinea Ecuatorial (aunque ahora tampoco es que se sepa demasiado, todo hay que decirlo).

A pesar de los años transcurridos desde que estos testimonios se vivieron, algunas historias nos suenan a conocidas. Si bien es cierto, como ellas mismas destacan, que los tiempos han cambiado (o quizás se han refinado, como opina la propia Mbomío), se siguen repitiendo muchas de las situaciones que se visibilizan en sus relatos. Como el racismo, que duele aún más cuando se ceba en tus propios hijos. Porque esta gran verdad es una de las cicatrices más hondas de esta obra: esas madres saben y son conscientes de que jamás conocerán en toda su dimensión lo que han tenido que soportar sus hijos por ser negros.

En este sentido, se agradece la sinceridad que destilan estas voces que en ningún momento tienen otro afán más allá del de contar sus vivencias, pero que acaban elaborando algo tan necesario, en palabras de Marta Sofía como “recuperar la historia perdida”. Tan importante para todos. Es, a través de esos relatos, la manera en la que nos adentramos en ese ámbito privado, tantas veces desconocido, pero tan necesario para intentar comprender lo que a través de otros intentos más teóricos o generales se ha querido transmitir muchas veces.

Es gracias a estos micromundos, abiertos para dejarnos sentir sus trayectorias personales, valientes, dolorosas, fracasadas y sencillas, a través de los que comenzamos a comprender todo un macromundo, que este sí nos pertenece a todos, y que las ha intentado reconducir a una senda por la que ellas se negaban a transitar. Así, estas mujeres se convierten en la cámara que nos proyecta en unas cuantas escenas todo lo que ha supuesto una vida que comenzó a cambiar el día que se enamoraron de un hombre negro.

Porque ante todo este libro nos habla de amor. De ese vocablo tan usado y tan manido pero que tanto, tanto necesitamos recuperar. Cada palabra de esta breve obra nos habla de la fuerza de un sentimiento que no distingue entre colores, nacionalidades o procedencias. Ya sea el de una mujer por un hombre, el de una madre por una hija, o el de una hermana por otra.

Según avanzaron los segundos comencé a pensar con claridad: yo no era como todo el mundo, al fin me había despojado de mis prejuicios, mi pareja tampoco era igual al resto y mi relación no tenía por qué serlo. “La vida es corta-pensé-y estoy enamorada. Viviré mi relación hasta el final.” (pág.38)

Me gusta que Lucía haya destacado que estaba en deuda con su madre de quien minusvaloró su trayectoria frente a la de su padre “porque ella no había ido nunca descalza a la escuela”. Me gusta que haya roto esta lanza y haya querido reconocer a esas mujeres blancas que un día mostraron a “sus mundos” su error y su injusto comportamiento.

A menudo, tendemos a ningunear las vidas más silenciosas, las que cuesta más poner en escena como protagonistas principales, las que en apariencia no son tan “interesantes”… Nos equivocamos, porque tal y como demuestra este libro, detrás de muchas biografías sencillas, en apariencia simples, están miles de gestos cotidianos que han contribuido a derribar muros, a lograr el acercamiento, a mostrarnos nuestras sociedades y nuestras derivas. En definitiva, a enseñarnos que el odio, el rechazo, los prejuicios, la violencia, la discriminación… siempre el maldito racismo, nos conducen a una casa más pequeña y estrecha, más injusta y mucho menos humana.

Las que se atrevieron. Editorial Sial. Lucía Asué Mbomío Rubio. Prólogo: Marta Sofía López Rodriguez. Ilustración de portada: Lydia Mba. 2017

Volver a casa, Yaa Gyasi indica el camino

VOLVER A CASA

Publicado en origen en Altaïr Magazine. 19-07-2017

En un momento determinado de esta historia, casi al final del relato y ya en los tiempos actuales, una profesora pone en su sitio a una joven descendiente de ghaneses (Marjorie), la cual estudia en un instituto estadounidense. El suceso se produce cuando ésta intenta explicar que en casa tienen otra palabra para denominar a los afroamericanos; utilizan la palabra «Akata». A través de dicho término designan a las personas que llevan ya demasiado tiempo fuera de Ghana como para seguir considerándose ghanesas. La profesora ataja la explicación de la alumna subrayando que a los blancos «que manejan el cotarro» no les importa el origen de ningún negro, «aquí un negro es un negro y punto» concluye. Con Volver a casa (ed. Salamandra, traducción de Maia Figueroa), Yaa Gyasi, nacida en Ghana y emigrada con su familia a los dos años a Estados Unidos, nos ha querido mostrar precisamente eso; la búsqueda de sus orígenes, el recorrido posterior y la necesidad de recuperar la propia «casa».

Para seguir leyendo…Altair

Innovando en la literatura de viajes: por Nigeria con Noo Saro-Wiwa

El día 97 de la iniciativa #100lecturasafricanas nos ofreció un ejemplo de cómo desde una red social como es Twitter se puede llegar a invitar a la lectura de un libro gracias a un atractivo, original e interesante formato.

Fulgence Ouagadougou @fvlgenseudónimo de un usuario de Twitter, a quien conozco personalmente y del que aprecio tanto su acierto a la hora de elegir lecturas, como su ojo inteligente en el momento de comentar con un punto de ironía y siempre con sentido del humor, nos lo demostró. Gran lector y viajero, es un apasionado de la “literatura de viajes” y ha escrito alguna colaboración narrando su experiencia en alguno de ellos (este sobre Siria no tiene desperdicio). En su biblioteca personal se amontonan los volúmenes de este género, de entre los que destaca con orgullo “una colección de 4 o 5 libros de viajes sobre la reina de Saba y el cuerno de África muy chulos, imposibles de encontrar”.

Fulgence se decantó, en esta ocasión, por un libro de Noo Saro-Wiwa, escritora de la que ya hemos hablado en este blog. La verdad es que ya solo por la elección de la autora se puede conectar con muchas otras realidades e historias.

Noo es la hija del que fue activista y también escritor Ken Saro-Wiwa. A pesar de la importancia de la figura de este hombre, todavía hay muchas personas que desconocen su trayectoria. Ken pertenecía al pueblo ogoni, del delta del río Niger, zona petrolera desde 1958. Al ver la impotencia de su gente ante la actuación de las multinacionales puso su imagen, que gozaba de prestigio internacional gracias a sus logros tanto como productor de televisión como por sus éxitos como escritor (publicó más de veinte libros), para dar voz a los que no la tenían. Fue presidente del Movimiento para la Supervivencia de los Ogoni, la cual dirigió una campaña no violenta contra los daños ambientales de diversas multinacionales petroleras, especialmente la holandesa “Shell”, pero también la francesa “Total” o la italiana “Agip”. En 1992 escribió el libro Genocide in Nigeria:The Ogoni Tragedy en el que denunciaba la impunidad con la que actuaba la multinacional. A consecuencia de su activismo fue ahorcado junto a otros siete presos de conciencia en 1995 por el general Sani Abacha, que gobernaba entonces Nigeria.

Noo tras la muerte de su padre, perdió interés por Nigeria, país que contemplaba como si fuera “el repositorio de todos mis miedos y decepciones, un lugar donde las pesadillas se hacían realidad”. Pero el tiempo todo lo cura y, después de trabajar durante un tiempo escribiendo guías de viaje para Lonely Planet y Rough Guide, decidió que quería regresar.

Así nació Looking for Transwonderland: Travels in Nigeria. Su viaje, de cinco meses de duración a lo largo y ancho de su país de origen, dio como resultado un libro de viajes diferente, en el que se entremezcla la historia de Nigeria y su complejo tapiz de sociedades y culturas con su propia historia personal, con un estilo divertido y a la vez íntimo.

La propuesta de Fulgence Ouagadougou

Fulgence situó en el mapa las localizaciones que Noo describe en su obra (con algunas ligeras alteraciones en el orden).

Iniciamos viaje…

MAPA

1-LAGOS

2.-EL PARQUE DE ATRACCIONES DE TRANSWONDERLAND Y ACTUAL MUSEO DE IBADAN

3.-ABUJA

4, 5, 6.-KANO, NGURU, MAIDUGURI

7, 8, 9.-SUKUR, JOS, YANKARI

10,11,12.-AFI, CALABAR, PORT HARCOURT

13.-BENIN

Con este tuit enlazamos con el Imperio de Benin. Precisamente acabo de enterarme de que en el año 2014 se devolvió a Nigeria una increíble escultura de bronce de uno de sus Obas (Reyes). Este imperio se encontraba en zona yoruba.

“Los bronces de Benín son una colección constituida por más de mil piezas conmemorativas que provienen del palacio real del reino Edo de Benín (en la actualidad Nigeria). Fueron creadas por los pueblos edos desde el siglo XIII y, en 1897, los británicos se apoderaron de la mayor parte de ellas.” (Wikipedia)

Uno de los personajes de otra novela nigeriana Medio sol amarillo, Richard el británico, llega a Nigeria porque quiere escribir un libro; está enamorado del arte de “Igbo Ukwu” y, en concreto, maravillado por la vasija de cuerdas de bronce (Pot roped), uno de los artefactos que allí se encontraron. Datada entre los años 800-900 A.D, se encuentra, en la actualidad, en el Museo Nacional de Lagos. Igbo Ukwu fue una ciudad en el estado de Anambra. Este arte pertenece al denominado Reino de Nri que “se considera atípico en la historia mundial de los gobiernos en la medida que su líder no ejercía ningún tipo de poder militar sobre sus súbditos”. Los hallazgos que se encontraron allí, además de ser objetos artísticos de gran belleza, probaron cómo algunas comunidades africanas estaban civilizadas más de mil años antes de la llegada del hombre blanco, y que aquellos antepasados también tenían tecnologías avanzadas. Algunos entendidos simplemente han descrito el Pot Roped Igboukwu como la escultura de bronce más complejas jamás fabricada por el hombre. La atención a la simetría y los detalles en el acabado son sorprendentes, y muchos más artefactos como estos fueron fabricados en el corazón de Alaigbo cuando la mayoría de la Europa de hoy estaba en la Edad Media.

+.-…

Looking for Transwonderland termina con la mención al músico Fela Kuti, del que, por cierto, podemos leer en castellano, Fela Kuti. Espíritu Indómito (Editorial Milenio) de Sagrario Luna.

Looking for Transwonderland: Travels in Nigeria  (2012) – Granta, 2013. Hay traducciones a francés e italiano.

Leila Slimani, reciente Goncourt con “Canción dulce”

Desconocía que la novela con la que la marroquí Leila Slimani había ganado el Gouncourt el año pasado tenía por protagonista a una niñera asesina y que estuviera basada en un hecho real. Por eso me quedé tan sorprendida cuando en las primeras páginas de Canción dulce me encontré con el doble y salvaje infanticidio. Me sonaron a algo conocido, ya visto, ya leído, la niñera que acaba convirtiéndose en psicópata, perdida en su horripilante mundo y que mata de manera brutal a dos pequeños. Tampoco el estilo tan cinematográfico, que hacía ver cada línea, ayudó. Pensé, “otra vez una de estas historias…” Sin embargo, la narración comenzó a adquirir perfiles más afilados a medida que avanzaba por este thriller, para mi, “psico-social”.

La editorial Cabaret Voltaire lleva publicados varios libros muy interesantes del norte africano. A la recuperación de toda la obra de Mohamed Chukri, se han unido Amor por un puñado de pelos (Mohamed Mrabet), Infieles y Mi Marruecos (Abdelá Taia) y El caracol obstinado (Rachid Boudjedra). El último título publicado ha sido precisamente la novela de Slimani.

La escritora se crió en Rabat y vivió en Marruecos hasta los catorce años en una “burbuja”, tal y como ella misma ha descrito su existencia en el seno de una familia rica. Después se desplazó a Francia, para estudiar primero y abandonar después el periodismo y centrarse en la literatura, e irrumpió en 2014 de manera exitosa con su primera novela, Dans le jardin de l’ogre (Gallimard) donde contó la historia de una ninfómana de clase media.

Canción dulce va perfilándose con la precisión de un estilete. Escrita de una manera directa, heladora, te da la sensación de estar frente a una lectura incómoda todo el tiempo. Es como si te tocara la piel de un reptil a cada momento. Nada de lo que se narra provoca sentimientos agradables. Las escenas se suceden en una escalada en la que vamos entrando en mundos insatisfechos, infelices y brumosos. Y tan, tan, cotidianos.

Una mujer magrebí, Myriam, que quiere volver a trabajar y decide, junto a su pareja, dejar al cuidado de una niñera a sus dos hijos. Louise, de rubia cabellera y elegante porte, aparece como la candidata perfecta. El intercambio de papeles, la necesidad de ser aceptada y de vivir una vida soñada, van deslizándose por una trama que agarrota y que nos coloca dentro de un escenario que vivimos a nuestro alrededor, en nuestras propias vidas. El racismo, el clasismo, la situación de la mujer, los prejuicios, la pobreza y sus situaciones de no-retorno, y la oscuridad en la que circunscribimos a los que no son “como nosotros” van apareciendo en inteligentes pinceladas, a pesar de que la propia escritora ha negado querer hacer ninguna crítica de tipo social.

“No existen razones simples o binarias para explicarse lo que sucede en mi libro, pero no se debe ignorar que la miseria provoca violencia y locura, y que puede empujar a cometer actos terribles. Cuando uno hiere a un animal, este se vuelve contra su agresor y es capaz de devorarlo. Incluso cuando está domesticado” ha afirmado la escritora en una entrevista reciente.

En el universo acomodado de la joven pareja, la supuesta integración y acogida que se hace a la niñera, como si fuera una más de la familia, acaba colocando a cada cual en su sitio: “nosotros arriba, tú abajo”, parecen decirle cuando a medida que transcurre la historia, la presencia de la mujer les empieza a agobiar, “Solo las negras aceptarían un trabajo como ese” (pág.121), le dice incluso el propio marido de Louise.

La maternidad y la compaginación con la vida profesional (la de ella, claro) y las dudas que ello genera son otro de los pivotes de la obra. Las críticas y las opiniones de todo tipo sobre la maternidad afloran bajo varios prismas y por ende se refleja también el papel de la paternidad hoy en día.

En Canción dulce, sabes lo que está pasando y cuál va a ser el resultado, pero aún así la lectura agranda como una lupa la convivencia del día a día, esos momentos que van creando una montaña de falta de comunicación, donde “los otros” son molestos excepto si sirven para algo. Porque Louise cuando sale del círculo cálido, alegre y despreocupado, de ese piso situado en un barrio burgués parisino, tiene (ha tenido) otra vida, incluso ha sido madre.  ¿Qué conoce la familia de la vida de esa mujer extraña, cada vez más enigmática y que les incomoda cada día más?. ¿De esa mujer que les ha salvado la vida y de la que poco a poco se va destapando su historia?. “¿A dónde va Louise?”, se preguntan en una ocasión en la que la vislumbran por la calle.

Canción dulce (Chanson douce, 2016) – Editorial Cabaret Voltaire. Traducción: Malika Embarek López. 2016.

Nace una nueva pionera: Imbolo Mbue, premio PEN/Faulkner 2017

Fotografía: Página web de la autora

El pasado 7 de marzo, para el periódico The Washington Post, el crítico literario Ron Charles escribía con ironía cómo hubo un tiempo en el que la literatura estadounidense parecía estar escrita solo por hombres blancos y rectos de nombre John. Lo hacía para señalar que en esta edición de 2017 el premio PEN/Faulkner rompía con sus, hasta ese momento, monocromáticas listas y las llenaba de diversidad, mostrando una deslumbrante variedad de voces que mostraban otros prismas de la realidad estadounidense.

En esa lista figuraba Imbolo Mbue, que con su debut literario, Behold The Dreamers  se ha hecho, finalmente, con el premio. Se trata de la primera persona africana en conseguirlo.

El propio Ron Charles nos invitaba a conocerla (y a su obra) resaltando el hecho de que parecía llegar en el momento oportuno. El crítico hablaba de Behold The Dreamers como la única novela que debería leer Donald Trump ahora.

Lo que casi todos desconocemos sobre esta novela es que ya en 2014, tal y como nos informaba Wiriko, la editorial Random House había comprado en la Feria de Frankfurt el manuscrito, bajo otro título en aquel entonces (The Longings of Jende Jonga) que mutó por el más comercial actual, por una cifra altísima (un millón de dólares) y que en 2015, los derechos de la película también se habían vendido.

Se anticipaba como “la gran novela africana de la temporada”.

¿Quién es Mbue?

Hasta ese momento muy poco se sabía, y se podía saber, sobre la joven escritora debutante que tiene fobia a las redes sociales.

Como Chimamanda Ngozi Adichie, Chinelo Okparanta o NoViolet Bulawayo, ella también se marchó del continente (Camerún) hacia América siendo adolescente. El viaje lo sufragaron sus familiares y salió de una infancia en situación de pobreza desesperante para intentar tener un futuro mejor. Una vez en Estados Unidos, después de graduarse, consiguió un trabajo y lo perdió con la crisis de 2008. Su primera obra escrita fue el relato corto Enke en 2015. Después escribió Behold The Dreamers. Estuvo tres años buscando agente para poder publicarla, hasta que David Ebershoff  lo hizo.

Alabada por escritores como Jonathan Franzen, su imagen se repite sin cesar desde hace unas horas, tras conocerse que es la ganadora del PEN/Faulkner. Sobre todo la que aparece en la cabecera de este post: con el pelo negro y abundante, como una nube esponjosa, y la sonrisa enorme de felicidad.

Gran lectora, admira a muchos escritores, entre ellos cita Toni Morrison y La canción de Salomón, Jonathan Franzen y Las correcciones, Joan Didion, Junot Díaz, Jhumpa Lahiri, Kazuo Ishiguro o Gabriel Garcia Marquez, habla sobre la dificultad de la escritura, y de cómo escuchó decenas de historias sobre la cotidiana lucha inmigrante que luego plasmó en magníficos diálogos.

¿El gran sueño americano?

Los protagonistas de su novela, dos inmigrantes cameruneses, creen en el sueño americano. Han huido, como la propia escritora, de una situación desesperada, y alcanzan los Estados Unidos con la creencia, la ilusión y el deseo de poder emprender una nueva vida. Jende Jonga, el protagonista, encuentra trabajo como chófer de un ejecutivo de Lehman Brothers. De esta manera, Imbolo Mbue se adentra en la sociedad estadounidense desde dos prismas: blanco-rico/pobre-negro, en pleno estallido de la crisis económica, dos maneras de reflejar el sueño americano.

Su novela, que ha tenido muy buena acogida, parece ser, dicen los críticos, o bien “una sátira del sueño americano” o bien “el momento después, lo que viene al despertar y vivir”.

Ella habla de la necesidad de “redefinirlo”… Creo que estamos ante una nueva visión, una nueva manera de contarnos la realidad. 

Lo cierto es que ha nacido una estrella. Esta vez literaria. Y de una de las muchas áfricas.

‘Nubes de lluvia’ o el tormento del exilio para Bessie Head

Publicado originalmente en África no es un país.  

La editorial Palabrero Press edita por primera vez en español la novela Nubes de lluvia, de la autora sudafricana Bessie Head. En ella cuenta su experiencia como exiliada a través de la historia de un periodista, Makhaya, que es obligado a abandonar su tierra natal: Sudáfrica.

Cuando en 1984 propusieron a Bessie Head que escribiera su autobiografía (contaba en aquel momento con 47 años de edad, estaba alcoholizada y casi al borde de la muerte). Ella aceptó pero puso una condición: no hablar de su dolorosa infancia y comenzar la narración partiendo de su vida adulta. Los editores no aceptaron la propuesta, querían la historia completa, incluidos sus primeros años. La escritora se sintió entonces obligada a volver a su pasado, mientras bebía de manera compulsiva, encaminándose hacia la hepatitis crónica que la acabó por matar casi dos años después. Puede que bebiera intentando mitigar las alucinaciones que la acompañaban sin tregua o la dura realidad en la que se veía obligada a vivir, pero puede que también lo hiciera por el trance de abrir aquellas heridas que nunca se cerraron del todo.

Tuvo la vida de Bessie Head, en su conjunto, demasiadas oscuridades impenetrables. Pero fue su inicio, sin duda, el secreto más oscuro y terrible, aquel que hay que esconder debajo de la alfombra para que nadie lo vea. Hija de una mujer blanca adinerada y de un sirviente negro en la Sudáfrica de la prohibición de las relaciones interraciales, vio la luz en el hospital psiquiátrico en el que su madre había sido recluida. Nadie de su familia materna quiso hacerse cargo de ella, excepto su abuela, la única que sintió hacia la niña algún tipo de reconocimiento y quien la dio en adopción a una familia de blancos que la devolvieron al conocer que Head lo era a medias. Después, una familia de devotos católicos negros la acogió y ella creció creyendo que aquellos eran sus verdaderos padres.

Para leer el resto del artículo mapa-africa

 Además Reseña en la Revista Altaïr: aquí 
Sin título

“El regreso” de Hisham Matar, historia de una obsesión

La búsqueda del padre ausente es uno de los temas más recurrentes en la literatura universal desde la aparición del mítico Telemaco. En las letras africanas, así a bote pronto, me vienen a la memoria al menos dos novelas que giran en torno a dicha temática: Los pies sucios del togolés Edem Awumey y The Devil that Danced on the Water  de Aminatta Forna. Pero Hisham Matar es el único nombre que me viene a la cabeza si me piden nombres de escritores cuya obra entera gire sobre el tema.

Matar es una obsesión con patas, si se me permite esta forma ligera de describirle. O lo fue, que es lo que parece intentar mostrar en este volcado terapéutico. Para los que desconozcan la historia de este escritor hay que explicar que proviene de Libia y que su padre, Jaballa Matar, un diplomático opositor a Gadafi, fue desaparecido por él. Desde los diecinueve años, edad que tenía Matar cuando esto ocurrió, se dedicó en cuerpo y alma a intentar saber si su padre seguía con vida, después a descubrir qué había ocurrido con él. En la misma línea de lo que hizo Nadine Barry en su obra Grain de sable que cuenta los once años de investigación hasta que descubrió toda la verdad sobre la muerte de su marido fallecido tras ser torturado bajo el régimen de Sékou Touré en Guinea Conakry.

Regresar o no hacerlo, es el dilema al que se enfrenta el protagonista, el propio escritor. “Si vuelves, te enfrentarás a la ausencia o a la desfiguración de lo que amabas”, afirma al comienzo del libro. Matar es un ser que ha peregrinado de un sitio a otro: ha vivido en diversos países, hasta llegar a preguntarse ¿de dónde es realmente?. Arrastrando siempre consigo la necesidad de una identidad y la interrogante continua sobre qué le ocurrió a su padre. Él sabe que solo se vuelve en realidad a un lugar: el que vivimos en nuestra infancia.

El tratamiento de la ausencia invade toda la novela. Por supuesto la ausencia notoria del padre, por otro lado tan presente, pero también la de la madre, que sigue a su lado, y la del propio Gadafi que vuela por todas las páginas sin detenerse apenas en ninguna de ellas. Ese vacío que nació desde el momento en el que Gadafi se llevó a su padre y “me colocó en un lugar no mucho mayor que la celda en la que lo encerró”. Ese no saber junto a la necesidad de dar sepultura al ser querido, que tan bien queda descrita en la historia del viejo al que han desenterrado a su hijo, sacándolo de la tumba, y que mantiene el cuerpo sin vida de su primogénito, en su casa, soportando a duras penas el hedor, a la espera de poder enterrarlo otra vez.

Pero, además de la ausencia, el otro gran protagonista de la historia es la poesía. Capaz de ser aliento para los resistentes, los versos aparecen muchas veces en este libro, como los que manan de la garganta del preso Jaballa en la prision, quien afirma que quien se sabe de memoria un poema tiene una casa. La literatura, o como queráis llamarla, qué prodigio, otra vez, capaz de poner alas y elevarnos más allá de toda situación represiva. Para los que estamos convencidos del poder de la lectura, de la palabra escrita o versada, para romper diques y saltar montañas, nos quedamos colgados de las páginas en las que habla del poeta Rajab Abuhweish, que volvió a Libia en 1911 para unirse a la resistencia frente a los italianos y quien compuso mentalmente un poema de treinta estrofas.  En esa forma oral  los versos se extendieron por todo el país, fortaleciendo el espíritu de la resistencia.

El regreso lo compartimos en el primer Club de Lectura “Mamah Africa” de este año. De su mano nos adentramos de puntillas en ese país tan desconocido y hermoso del Norte de Africa (muchas confesaron que se habían quedado con ganas de conocer más). La obsesión por saber la verdad sobre el padre de Hisham Matar nos llevó a un viaje introspectivo en el que visionamos la historia reciente de este país, todo su dolor silenciado. Pero también nos hizo constatar la importancia de la poesía, la necesidad de escribir sobre lo vivido y el lugar que pueden llegar a ocupar los libros y la palabra escrita u oral en sociedades reprimidas y sin libertad.

El regreso (The Return, 2016) – Editorial Salamandra. Traducción: Javier Guerrero. 2017. También en formato e-book.

El libro de Memory: secretos, prejuicios y perdón

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La mariposa que aparece en la portada de El libro de Memory es blanca con unos puntitos negros y está dentro de un frasco cerrado. A este ejemplar se la conoce como la “mariposa del abedúl”, habita en Manchester en un bosque poblado por estos arboles blancos y la utilizó Charles Darwin para explicar la teoría de la evolución. El naturalista, exponiendo su mutación para adecuarse al medio en el que le tocaba sobrevivir, demostró quelas mariposas más adaptadas al medio eran las que podían dar descendencia también adaptada al nuevo medio”. 

Petina Gappah ha sabido elegir las imágenes que enfocan a sus personajes. Esta abogada internacional que ha trabajado en Ginebra, publicó en 2009 una primera colección de trece historias bajo el título An Elegy for Easterly y volvió en 2011 a la tierra en la que se crió, Zimbabue. El año pasado vio la luz su segundo volumen de relatos en torno al crimen en este país africano, Rotten Row (Faber&Faber, 2016), pero ha sido su segundo libro y primera premiada novela, El libro de Memory (2015) el que le ha dado reconocimiento internacional.

La historia comienza con un recuerdo (pues de memoria, sus equívocos y la importancia que tiene trata toda la obra) que será clave en la vida de Memory, una niña albina entonces de apenas nueve años. Un día de agosto, rememora, sus padres la vendieron a un desconocido, un hombre blanco, Lloyd. Estos primeros trazos escritos de la memoria de la protagonista salen desde la cárcel en la que se encuentra acusada de haber matado al hombre que la compró, y en ellos percibimos el vaivén de recuerdos que saltan de uno a otro y que, Memory confusa, es incapaz de ordenar.

Gappah es una escritora que pone toda la carga en el lenguaje y su uso. A través de este, nos adentra en dos mundos, en el de su infancia de manera brillante y en el carcelario (para el que parece que se documentó a fondo). La calle Mharapara es testigo de la vida del extraño e inquietante núcleo familiar de la protagonista. El mundo en prisión acompaña escenas en las que describe las rutinas diarias bajo el peso de la amenaza de la oscuridad total. La descripción de las reclusas, con sus historias delictivas, me ha recordado a El Carro dorado de la egipcia Salwa Bakr, pero sin la carga de denuncia que tenían en aquella otra obra.

Si lo anterior es de destacar, sin embargo, no logra interesar del todo en su universo central, aquel al que llega de la mano su padre adoptivo, Lloyd. Este aparece apenas bajo unas pinceladas, sin acabar de dotar de fondo y profundidad su papel y su vida. Lo mismo ocurre con el resto de seres que comienzan a aparecer para hacer que todo se descubra y se desvele como lo que es. Le falta a Gappah psicología para adentrarse de manera más definitiva y punzante en esta parte de la historia.

Es una pena que la escritora no logre cerrar todos los engranajes y deje una sensación agridulce, la de estar ante una historia interesante, con un enfoque distinto, que nos habla de dos seres procedentes de diferentes ambientes, enfrentados a dos clases de discriminación terribles y paralizantes y también, una vez más, del poder de los libros y la educación para salir de universos de marginación… A su favor, el haber elegido para protagonizar su obra a dos seres tan machacados y tan necesitados de comprensión y la estupenda recreación de la infancia de la protagonista y todo su mundo familiar que nos traslada de inmediato a Zimbabue. Solo por eso, merece la pena leerse.

El libro de Memory (The Book of Memory, 2015) – Editorial HarperCollins. Traducción: Victoria Horrillo Ledesma. 2017. También en formato e-book.

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